FUTURO DE SUBJUNTIVO

© Justo Fernández López


 

A QUIEN LEYERE

 

Si las páginas de este libro

consienten algún verso feliz,

perdóneme el lector la

descortesía de haberlo

usurpado yo, previamente.

Nuestras nadas poco difieren;

es trivial y fortuita la

circunstancia de que seas tú el

lector de estos ejercicios, y yo

su redactor.

[J. L. Borges]

                                                                                                                              

Quien no diere de sus penas, que no espere de las ajenas.

 

El que me dijere negro, negro tendrá el corazón.

 

Zurcir y remendar, y mejores tiempos esperar;

y si no vinieren será lo que Dios quisiere.

 


 

Ejemplos de futuro de subjuntivo

 

[1]            Al que te puede tomar lo que tienes, dale lo que te pidiere.

[2]            Adonde fueres, haz lo que vieres.

[3]            Juan Carlos I
Rey de España
A todos los que la presente vieren y entendieren.
Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado y yo vengo a sancionar la siguiente ley.

[4]            Sea como fuere, el morbo ya está servido. Bien para el lector anónimo, que si no se ha acercado a la literatura de Francisco Umbral, lo hará ahora espoleado por la  actualidad y miserias de los personajes que retrata; bien para aquellos personajes-protagonistas, que ansiosos buscarán su capítulo.

[5]            En Galicia también hay otro caso especial, aunque no se trate de racismo propiamente dicho. Es el caso de los retornados, los que un día se fueron y ahora regresaron. Manuel señala que „son gallegos, pero existen ciertos prejuicios en torno a ellos. Lo cierto es que hemos constatado que en algún caso se les discrimina y encuentran dificultades para salir adelante“. Sea como fuere, Vigo está muy lejos de llegar al grado de barbarie alcanzado en otros puntos del planeta.

[6]            No es un azar ni mera insolencia subversiva la inveterada furia de los populares  contra el privilegio de la caza. Está sobremanera justificada: en ella revelan que son hombres como los de arriba, y que es normal en el ser humano la ilusión felicitaria de la caza. Lo que es un error es creer que ese privilegio tiene un origen arbitrario, que es pura injusticia y abuso de poder. No; pronto vamos a ver por qué la caza – no sólo la deportiva, sino toda la caza, sea la que fuere - reclama esencialmente limitación y privilegio. Dispútese, peléese cuanto se quiera sobre quiénes han de ser los privilegiados, pero no se pretenda que los cuadrados sean redondos y que la caza no sea un privilegio. [Ortega y Gasset, VI, 427]

[7]            Sea de esto lo que fuere, la invención de la esclavitud no es de Roma.

[8]            Vamos, que Dios, digan lo que dijeren, no hace nunca las cosas completas. [Galdós]

[9]            No sé cómo te las arreglas, pero, hagas lo que hagas, encubridores no te faltan.

[10]       Espero, Fernando, que sea cual fuere la ofensa que nos haya hecho, usted rectificará la mala opinión que se haya formado de él.

[11]       Lo de saber para saber, no es, dígase lo que se quiera, sino una tétrica petición de principio. [Miguel de Unamuno: Del sentimiento trágico de la vida, cap. I]

[12]       El que atentare contra la propiedad privada de los medios de producción será severamente castigado.

[13]       Ese cuadro será mío, valga lo que valiere.

[14]       Es Sartre quien demanda la necesidad de la más estrecha intimidad entre el autor y su obra. Y, en tal sentido, hay preguntas ineludibles. Sean cuales fueren los esfuerzos de Lanzmann y de una residual guardia pretoriana por desvirtuar los hechos históricos, las posturas de Sartre y de Beauvoir durante la ocupación fue de resistencia.

[15]       La „afinidad electiva“ Sartre-Beauvoir - sea cual fuere su íntima sustancia - no sólo  arroja luz a los anales de las simbiosis de colaboración y del amor, sino también a  la crónica de la revolución en la que se hallan comprometidos los sexos en nuestra sociedad actual.

[16]       Sea cual fuere el resultado de las elecciones del domingo, el PSOE perderá con toda seguridad la mayoría absoluta.

[17]       El político, sea cual fuere el color con que se adorne, debe saber ser responsable.

[18]       De ahí que al hacerse deportiva una actividad, sea la que fuere, queda invertida la jerarquía de sus términos.

[19]       El autor mejicano Octavio Paz confronta la colonia española con la inglesa o anglosajona: "La diferencia con las colonias sajonas es radical. Nueva España conoció muchos horrores, pero por lo menos ignoró el más grave de todos: negarle un sitio, así fuere el último en la escala social, a los hombres que la componían. Había clases, castas, esclavos, pero no había parias, gente sin condición social determinada o sin estado jurídico, moral o religioso. La diferencia con el mundo de las modernas sociedades totalitarias es también decisiva." ("El laberinto de la soledad" de Octavio Paz (México, Madrid, Buenos Aires 1982, p.93).

[20]       «La España no sólo consta de liberales, como quieren llamarles; nombre bajo el cual se ocultan muchas ambiciones, muchas envidias y muchas ligerezas; hay clases numerosas y dignas de la mayor consideración, que deben entrar a la parte en los intereses nacionales, con sus ideas e inclinaciones, sean éstas como fueren. De la mezcla y modificación de liberales y serviles debe resultar el orden de cosas que únicamente puede convenir a España» (Blanco White). Esta invitación transversal a la concordia, más allá de las facciones o partidos, se resume en este postulado, que hoy podríamos denominar de consenso centrista: «Más vale caminar de acuerdo hacia el bien en una dirección media que haga moverse a la nación entera, que no correr de frente atropellando y pisando a la mitad de ella».

[21]       Todos deberíamos hacer el esfuerzo que fuere necesario para recibir las decisiones de los jueces, no ya con el acatamiento debido, sino con respeto y conformidad. No andan demasiado templados algunos hornos de la justicia, o al revés, a veces se calientan demasiado y abusan. [ABC, 19.09.97]

[22]       Que la moneda única haya sido el corolario de la combinación estricta de los criterios de convergencia nominal, tal vez le haya acarreado al conjunto de los países de la UE perder algún punto en su potencial tasa de crecimiento económico y una menor capacidad en la creación de empleo. Sea como fuere, disponer de una misma moneda es una condición necesaria para unir a Europa y para el progreso de sus pueblos en un mundo mercantilmente globalizado. De entrada, es mejor haberla constituido con una base amplia de 11 divisas que si se hubiera restringido al entorno de influencia del marco.

[23]       Así, por un primer lado, en el dictamen del Tribunal Supremo (TS) de Canadá  ha de entenderse decisivo el entendimiento de Canadá como el resultado de un previo pacto federativo, en el que la voluntad de los pueblos contratantes continúa reteniendo una parcela decisiva de legitimación de cara a toda eventual reactivación constituyente (ya sea ésta de reforma, revisión, reajuste, reconcepción o disolución, en su caso del pacto federativo). Mientras, muy distintamente, la introducción en España de la sola idea de „pueblos“ con proyección constituyente, perfectamente posible como hipótesis, implicaría hoy por hoy lo que el artículo 168 de la CE califica nada menos que de „revisión total“ (no una simple „reforma“) de la Constitución, con todas sus dificultades.  Pero, por un segundo lado, aun cuando dicha secuencia fuere posible en virtud de una indiscutida primacía del Derecho resultante de un proceso democrático, libremente conformado, cabe enjuiciar, no ya con dudas, sino con el mayor escepticismo, su viabilidad política y fáctica entre nosotros, dada la situación de anormalidad democrática en la que en tantos sentidos se situaría el debate sobre la soberanía en Euskadi, y la más que previsible ausencia de garantías acerca de la aceptación pacífica y general de los resultados que fueren. [EL PAÍS DIGITAL. Jueves 24 septiembre 1998. JUAN F. LÓPEZ AGUILAR, Catedrático de Derecho Constitucional e investigador del Gobierno federal canadiense en la Universidad de Montreal]

[24]       El apoyo popular que concitan los militantes de ETA   no puede ser menor. La gente se acostumbra enseguida a prescindir de ellos en cuanto no los tiene encima y por eso ha acogido con entusiasmo el alto el fuego, sean cuales fueren sus razones maquiavélicas.

[25]       Las feministas de EEUU ven en los intentos de echar a Bill Clinton de la Casa Blanca por su relación con Mónica Lewinsky una „caza de brujas“ sexual que comparan con la persecución de los comunistas desatada durante el McCarthysmo en los años 50. En un comunicado conjunto los grupos feministas advierten del peligro de que las mujeres dejen de votar en las elecciones legislativas del próximo noviembre y den así aún más paso a la gran mayoría conservadora. Las feministas estadounidenses, que deploran la conducta de Clinton en el asunto Lewinsky, aseguran que, sea como fuere, una conducta sexual equivocada no es razón para que el Congreso inicie un proceso de destitución del presidente. Las firmantes del comunicado consideran que el sexo está tomando en la sociedad actual el lugar que ocupó el comunismo durante la Guerra Fría y subrayan que „las verdaderas obscenidades son la pobreza y la violencia“.

[26]       Lo cierto es que se ha descubierto que la teoría de la infalibilidad pontificia fue expuesta por primera vez sólo en el siglo XIII, por un famoso franciscano, Pedro Olivi. Pero su enseñanza fue condenada años después por el papa Juan XXII, nada menos que como „obra del diablo, padre de la mentira“. ¿Qué conclusión sacar de todo esto?: que „Jesús mismo no tuvo la menor idea de la infalibilidad“, según K. Rahner, y que  „en general, no es posible obtener de la Escritura ninguna razón en apoyo de la infalibilidad, sea de la infalibilidad de la Iglesia universal o del colegio episcopal“, señala el profesor de la Universidad de Tubinga, el católico Hermann Häring. Por eso, un número creciente de teólogos piensa que lo único que quiere decirse con la infalibilidad es que la Iglesia no perecerá y siempre se predicará en ella el Evangelio, a pesar de sus errores particulares, vengan éstos de donde vinieren. Incluso los que hablan de esta prerrogativa coinciden en decir que sólo dos veces en veinte siglos hubo alguna definición infalible de papas. Fueron sobre dos cuestiones piadosas: la Inmaculada Concepción de María en el siglo pasado, y su Asunción a los cielos definida en el nuestro.

[27]       En uno de sus últimos libros publicados en España – La inclusión del otro, editorial Paidós-, Jürgen Habermas se plantea con rigor desde el pensamiento progresista ilustrado la cuestión de los nacionalismos étnicos y el porvenir de la ciudadanía en los Estados nacionales europeos. Una de las partes más interesantes de la obra es su discusión de las tesis de Carl Schmitt, el brillante jurista de la ultraderecha racionalizada. Para Schmitt, la homogeneidad nacional es un presupuesto básico del Estado y sin ella se da una anomalía esencial que debe ser corregida como fuere: “Un Estado nacional homogéneo aparece entonces como algo normal; un Estado al que le falta dicha homogeneidad tiene una anormalidad, algo que hace peligrar la paz”.

 


Don QUIJOTE

 

„Viendo, pues Sancho la última resolución de su amo y cuán poco valían con él sus lágrimas, consejos y ruegos, determinó de aprovecharse de su industria y hacerle esperar hasta el día, si pudiese; y así, cuando apretaba las cinchas al caballo, bonitamente y sin ser sentido, ató con el cabestro de su asno ambos pies a Rocinante, de manera que cuando don Quijote se quiso partir, no pudo, porque el caballo no se podía mover sino a saltos. Viendo Sancho Panza el buen resultado de su embuste, dijo:

–Ea, señor, que el cielo, conmovido por mis lágrimas y plegarias, ha ordenado que no se pueda mover Rocinante; y si vos queréis porfiar, y espolear, y darle, será enojar a la fortuna y dar coces, como dicen, contra el aguijón.

Desesperábase con esto don Quijote, y, por más que ponía las piernas al caballo, menos le podía mover;  y, sin caer en la cuenta de la ligadura, tuvo por bien de sosegarse y esperar, o a que amaneciese, o a que Rocinante se menease, creyendo, sin duda, que aquello venía de otra parte que de la industria de Sancho; y así, le dijo:

–Pues así es, Sancho, que Rocinante no puede moverse, yo soy contento de esperar a que ría el alba, aunque yo llore lo que ella tardare en venir.

–No hay que llorar –respondió Sancho–, que yo entretendré a vuestra merced contando cuentos desde aquí al día, si ya no es que se quiere apear y echarse a dormir un poco sobre la verde hierba, a uso de caballeros andantes, para hallarse más descansado cuando llegue el día y punto de cometer esta tan incomparable aventura que le espera.

–¿A qué llamas apear o a qué dormir? –dijo don Quijote–. ¿Soy yo, por ventura, de aquellos caballeros que toman reposo en los peligros? Duerme tú, que naciste para dormir, o haz lo que quisieres, que yo haré lo que viere que más viene con mi pretensión.

No se enoje vuestra merced, señor mío –respondió Sancho–, que no lo dije por tanto.

Y, llegándose a él, puso la una mano en el arzón delantero y la otra en el otro, de modo que quedó abrazado con el muslo izquierdo de su amo, sin osarse apartar de él un dedo: tal era el miedo que tenía a los golpes, que todavía alternativamente sonaban. Dijo don Quijote que contase algún cuento para entretenerle, como se lo había prometido, a lo que Sancho dijo que sí hiciera si le dejara el temor de lo que oía.

–Pero, con todo esto, yo me esforzaré a decir una historia que, si la acierto a contar y no me interrumpen, es la mejor de las historias y esteme vuestra merced atento, que ya comienzo. «Érase que se era, el bien que viniere para todos sea, y el mal, para quien lo fuere a buscar ...» Y advierta vuestra merced, señor mío, que el principio que los antiguos dieron a sus consejas no fue así comoquiera, que fue una sentencia de Catón Zonzorino, romano, que dice: „Y el mal, para quien le fuere a buscar“, que viene aquí como anillo al dedo, para que vuestra merced se esté quedo y no vaya a buscar el mal a ninguna parte, sino que nos volvamos por otro camino, pues nadie nos fuerza a que sigamos éste, donde tantos miedos nos sobresaltan.

–Sigue tu cuento, Sancho –dijo don Quijote–, y del camino que hemos de seguir déjame a mí el cuidado.

–«Digo, pues –prosiguió Sancho–, que en un lugar de Extremadura había un pastor cabrerizo (quiero decir que guardaba cabras), el cual pastor o cabrerizo, como digo, de mi cuento, se llamaba Lope Ruiz; y este Lope Ruiz andaba enamorado de una pastora que se llamaba Torralba, la cual pastora llamada Torralba era hija de un ganadero rico, y este ganadero rico ...»

–Si desa manera cuentas tu cuento, Sancho –dijo don Quijote–, repitiendo dos veces lo que vas diciendo, no acabarás en dos días; dilo seguidamente y cuéntalo como hombre de entendimiento, y si no, no digas nada.

–De la misma manera que yo lo cuento –respondió Sancho– se cuentan en mi tierra todas las consejas, y yo no sé contarlo de otra, ni es bien que vuestra merced me pida que haga usos nuevos.

–Di como quisieres –respondió don Quijote–; que, pues la suerte quiere que no pueda dejar de escucharte, prosigue:

–«Así que, señor mío de mi ánima –prosiguió Sancho–, que, como ya tengo dicho, este pastor andaba enamorado de Torralba, la pastora, que era una moza rolliza, zahareña y tiraba algo a hombruna, porque tenía unos pocos de bigotes, que parece que ahora la veo.»

–Luego ¿conocístela tú? –dijo don Quijote.

–No la conocí yo –respondió Sancho–, pero quien me contó este cuento me dijo que era tan cierto y verdadero que podía bien, cuando lo contase a otro, afirmar y jurar que lo había visto todo. «Así que, yendo días y viniendo días, el diablo, que no duerme y que todo lo añasca [enreda / embrolla], hizo de manera que el amor que el pastor tenía a la pastora se volviese omecillo [rencor / odio] y mala voluntad; y la causa fue, según malas lenguas, una cierta cantidad de celillos que ella le dio, tales que pasaban de la raya y llegaban a lo vedado; y fue tanto lo que el pastor la aborreció de allí en adelante que, por no verla, se quiso ausentar de aquella tierra e irse donde sus ojos no la viesen jamás. La Torralba, que se vio desdeñada del Lope, luego le quiso bien, mas que [aunque] nunca le había querido.»

–Ésa es natural condición de mujeres –dijo don Quijote–: desdeñar a quien las quiere y amar a quien las aborrece. Pasa adelante, Sancho.

–«Sucedió –dijo Sancho– que el pastor puso por obra su determinación, y, llevando por delante recogidas sus cabras, se encaminó por los campos de Extremadura, para pasarse a los reinos de Portugal. La Torralba, que lo supo, se fue tras él, y seguíale a pie y descalza desde lejos, con un bastón en la mano y con unas alforjas al cuello, donde llevaba, según la fama, un pedazo de espejo y otro de un peine, y no sé qué botecillo de maquillajes para la cara; mas, llevase lo que llevase, que yo no me quiero meter ahora en averiguarlo, sólo diré que dicen que el pastor llegó con su ganado a pasar el río Guadiana, y en aquella sazón iba crecido y casi fuera de madre, y por la parte que llegó no había barca ni barco, ni quien lo pasase a él ni a su ganado de la otra parte, de lo que se congojó mucho, porque veía que la Torralba venía ya muy cerca y le había de dar mucha pesadumbre con sus ruegos y lágrimas; mas, tanto anduvo mirando, que vio un pescador que tenía junto a sí un barco, tan pequeño que solamente podían caber en él una persona y una cabra; y, con todo esto, le habló y concertó con él que le pasase a él y a trescientas cabras que llevaban. Entró el pescador en el barco, y pasó una cabra; volvió, y pasó otra; tornó a volver, y tornó a pasar otra.» Tenga vuestra merced cuenta en las cabras que el pescador va pasando, porque si se pierde una de la memoria, se acabará el cuento y no será posible contar más palabra de él. «Sigo, pues, y digo que el desembarcadero de la otra parte estaba lleno de cieno y resbaloso, y tardaba el pescador mucho tiempo en ir y volver. Con todo esto, volvió por otra cabra, y otra, y otra ...»

–Haz cuenta que las pasó todas –dijo don Quijote–; no andes yendo y viniendo desta manera, que no acabarás de pasarlas en un año.

–¿Cuántas han pasado hasta agora? –dijo Sancho.

–¡Yo qué diablos sé! –respondió don Quijote–.

–He ahí lo que yo dije: que tuviese buena cuenta. Pues, por Dios, que se ha acabado el cuento, que no hay pasar adelante.

–¿Cómo puede ser eso? –respondió don Quijote–. ¿Tan de esencia de la historia es saber las cabras que han pasado, por estenso, que si se yerra una del número no puedes seguir adelante con la historia?

–No señor, en ninguna manera –respondió Sancho–; porque, así como yo pregunté a vuestra merced que me dijese cuántas cabras habían pasado y me respondió que no sabía, en aquel mismo instante se me fue a mí de la memoria cuanto me quedaba por decir, y a fe que era de mucha virtud y contento.

–¿De modo –dijo don Quijote– que ya la historia es acabada?

–Tan acabada es como mi madre –dijo Sancho.

–Dígote de verdad –respondió don Quijote– que tú has contado una de las más nuevas consejas, cuento o historia, que nadie pudo pensar en el mundo; y que tal modo de contarla ni dejarla, jamás se podrá ver ni habrá visto en toda la vida, aunque no esperaba yo otra cosa de tu buen discurso; mas no me maravillo, pues quizá estos golpes, que no cesan, te deben de tener turbado el entendimiento.

–Todo puede ser –respondió Sancho–, mas yo sé que en lo de mi cuento no hay más que decir; que allí se acaba do comienza el yerro de la cuenta del pasaje de las cabras.

–Acabe norabuena donde quisiere –dijo don Quijote–, y veamos si se puede mover Rocinante.

Tornóle a poner las piernas, y él tornó a dar saltos y a estarse quedo: tanto estaba bien atado.“

[Cervantes, Miguel de: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Ed. revisada y ampliada de Florencio Sevilla Arroyo y Antonio Rey Hazas, Alcalá de Henares: Ediciones del Centro de Estudios Cervantinos, 1994, pág. 185-189]

 


 

Haya lo que hubiere -replicó Sancho-; que al buen pagador no le duelen prendas, y más vale al que Dis ayuda que al que mucho madruga, y tripas llevan pies, que no pies a tripas; quiero decir que si Dios me ayuda, y yo hago lo que debo con buena intención, seguro que gobernaré mejor que un gerifalte.

Maldito seas de Dios y de todos sus santos, Sancho maldito -dijo don Quijote-, y cuándo será el día, como otras muchas veces he dicho, donde yo te vea hablar sin refranes una razón corriente y concertada. [El Quijote]

 


 

Coplas de Lope de Estúñiga

[+1465]

 

Ve, dormidera cuitada

llena de gande amargura,

amarte sin ser amada

fue siempre la mi ventura.

Bien segura puede estar

cualquiera que me tomare,

que nunca verá pesar

de cosa que bien amare.

Esperanza los que esperan

me suelen todos llamar,

mas algunos desesperan

por mucho tiempo esperar.

·

Ya tenemos una bula

que comer carne concede.

Así tuviéramos otra

que mandara que la hubiere.

[Epigrama de Juan de Iriarte (1702-1771)]

·

Aunque eres, Teresilla, tan muchacha,

le das quehacer al pobre de Camacho,

porque dará tu disimulo a un chacho

a aquél que se pintare más sin tacha.

De los empleos que tu amor despacha

anda el triste cargado como un macho,

y tiene tan crecido el penacho

que ya no puede entrar si no se agacha.

Estás a hacerle burlas ya tan ducha,

y a salir de ellas bien estás tan hecho,

que de lo que tu vientre desembucha

sabes darle a entender, cuando sospecha,

que has hecho, por hacer su hacienda mucha,

de ajena siembra, suya la cosecha.

[Sor Juana Inés de la Cruz: O. c., México, 1992, 141]