Vergangenheitszeiten ▪ Spanische Beispiele

Los tiempos narrativos ▪ Ejemplos en español

© Justo Fernández López


La maté porque era mía. 


El casamiento del piojo y la pulga

 

El piojo y la pulga se van a casar,

y no se han casado por falta de pan.

Responde la hormiga desde su hormigal:

–Que se hagan las bodas, que yo daré el pan.

–¡Albricias, albricias, ya el pan lo tenemos!:

pero ahora la carne, ¿dónde la hallaremos?

Ahí responde el lobo desde su lobal:

–Que se hagan las bodas, que carne aquí hay.

–¡Albricias, albricias, ya carne tenemos!,

pero ahora el vino, ¿dónde lo hallaremos?

Responde el mosquito desde el mosquital:

–Si me dan un frasco, lo voy a buscar.

–¡Albricias, albricias, ya vino tenemos!,

pero de quien guise, ¿ahora sí qué haremos?

Responde la araña desde su arañal:

–Que se hagan las bodas, que yo iré a guisar.

–¡Albricias, albricias, quien guise tenemos!,

pero ahora quien cante ¿dónde lo hallaremos?

Responde la rana desde su ranal:

–Que se hagan las bodas, que yo iré a cantar.

–¡Albricias, albricias, quien cante tenemos!,

pero de quien baile ¿ahora sí qué haremos?

Responde una mona desde su nogal:

–Hágase la boda, que yo iré a bailar.

–¡Albricias, albricias, ya todo tenemos!,

sólo de madrina quién sabe qué haremos.

Responde la gata desde la cocina:

–Que se hagan las bodas, yo seré madrina.

–¡Albricias, albricias, madrina tenemos!,

pero ¿y el padrino dónde lo hallaremos?

Responde el ratón, como buen vecino:

–Si amarran la gata, yo seré padrino.

Se hicieron las bodas, hubo mucho vino,

se soltó la gata, se comió al padrino.

Se soltó la gata, se comió al ratón,

¡ay, qué mala suerte!, ¡todo se acabó!         

(Canción popular mexicana)

 

Romance de las señas del marido

 

–Soldadito, soldadito,

¿de la guerra viene usted?

 

–Sí, señora, de allá vengo,

¿por qué lo pregunta usted?

 

–Por si ha visto a mi marido

en la guerra alguna vez.

 

–Si lo he visto o no lo he visto,

dígame las señas de él.

 

–Mi marido es alto y rubio,

vestido de coronel,

y en la punta de la espada

lleva un pañuelito inglés,

que lo bordé cuando niña,

cuando niña en mi niñez.

 

–Por las señas que me ha dado,

su marido muerto es,

y en su testamento ha dicho

que me case con usted.

 

–Eso sí que no lo hago,

eso sí que no lo haré;

siete años lo he esperado,

otros siete esperaré;

estas tres hijas que tengo

¿dónde las colocaré?

Una en casa de doña Ana,

otra en casa de la Inés,

y la más chica que tengo

conmigo la dejaré,

pa que me lave y me planche

y me haga de comer.

 

–¡Mire usted, la picarona,

si se supo defender,

siendo yo su amado esposo

y ella mi amada mujer!

 

Caminito

tango-canción  (Argentina)

 

 Caminito que el tiempo ha borrado,   

 que juntos un día nos viste pasar,     

 he venido por  última vez,             

 he venido a contarte mi mal.      

                                                           

 Caminito que entonces estabas

 bordeado de trébol y juncos en flor,

 una sombra  ya pronto serás,

 una sombra lo mismo que yo.                     

 Desde que se fue, triste vivo yo,

 caminito amigo, yo también me voy.

 Desde que se fue, nunca más volvió

 seguiré sus pasos, caminito, adiós.                

 Caminito que todas las tardes    

 feliz recorría cantando mi amor,        

 no le digas, si vuelve a pasar,           

 que mi llanto tu suelo regó.                            

 Caminito cubierto de cardos,                

 la mano del tiempo tu huella borró;   

 yo a tu lado quisiera caer              

 y que el tiempo nos cubra a los dos.              

 Desde que se fue, nunca más volvió

 seguiré sus pasos, caminito, adiós.

·

Del pretérito imperfecto

brotó el romance en Castilla.    

[Antonio Machado: Notas sobre poesía.]

·

-Tú has destrozado mi vida.

 -Sí, pero fue en legítima defensa.

 [-Du hast mein Leben zerstört. -Ja, aber es war Notwehr.] 

·

Eran ayer mis dolores

como gusanos de seda

que iban labrando capullos;

hoy son mariposas negras.

¡De cuántas flores amargas

he sacado blanca cera!

 ·

Sentía los cuatro vientos

en la encrucijada

de su pensamiento.

·

Por dar al viento trabajo,

cosía con hilo doble

las hojas secas del árbol.

·

Creí mi hogar apagado,

 y revolví la ceniza ...

Me quemé la mano.

 ·

¡Reventó de risa!

¡Un hombre tan serio!

... Nadie lo diría.

·

Érase de un marinero

que hizo un jardín junto al mar,

y se metió a jardinero.

Estaba el jardín en flor,

y el jardinero se fue

por esos mares de Dios.

·

Mi vida, ¡cuánto te quiero!,

dijo mi amada y mentía.

Yo también mentí: Te creo.

 

Si dos mentirosos hablan,

ya es la mentira inocente;

se mienten, mas no se engañan.

 

[Antonio Machado (1875-1939):

Poesías completas, Madrid: Austral,  1963, p. 71, 204, 164, 294]

·

A florecer las rosas madrugaron,

y para envejecer florecieron:

cuna y sepulcro en un botón hallaron.

 

Tales los hombres sus fortunas vieron:

en un día nacieron y expiraron;

que, pasados los siglos, horas fueron.

 

[Calderón de la Barca: A las flores (De «El príncipe constante»)]

·

Éste era un rey ...

 

Éste era un rey que tenía

un palacio de diamantes,

una tienda hecha del día

y un rebaño de elefantes,

 

un kiosko de malaquita,

un gran manto de tisú,

y una gentil princesita,

tan bonita, Margarita,

tan bonita como tú.

 

Una tarde la princesa

vio una estrella aparecer;

la princesa era traviesa,

y la quiso ir a coger.

 

La quería para hacerla

decorar un prendedor,

con un verso y una perla

y una pluma y una flor.

 

Pues se fue la niña bella

bajo el cielo y sobre el mar

a cortar la blanca estrella

que la hacía suspirar.

 

Las princesas primorosas

se parecen mucho a ti:

cortan lirios, cortan rosas,

cortan astros. Son así ...

[Ruben Darío (1867-1916)] 

·

Del salón en el ángulo oscuro,

de su dueña tal vez olvidada,

silenciosa y cubierta de polvo,

veíase el arpa.

 

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,

como el pájaro duerme en las ramas,

esperando la mano de nieve

que sabe arrancarlas!

 

¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio

así duerme en el fondo del alma,

y una voz como Lázaro espera

que le diga «Levántate y anda»!     

[Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1871)]

·

PABLO NERUDA – Poema 20

 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, par ejemplo: "La noche está estrellada,     

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".            

 

El viento de la noche gira en el cielo y canta.      

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.       

 

Yo la quise, y a veces ella también me quiso.         

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.            

La besé; tantas veces bajo el cielo infinito!            

Ella me quiso, a veces yo también la quería.              

 

¡Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos!        

Puedo escribir los versos más tristes esta noche,       

Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido        

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.

 

Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.      

¡Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.

La noche está estrellada y ella no está conmigo.     

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.        

 

Mi alma no se contenta con haberla perdido.       

Como para acercarla mi mirada la busca.      

Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.        

 

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero ¡cuánto la quise!  

Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.  

 

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. 

Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.     

Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

 

Porque en noches como ésta, la tuve entre mis brazos,

mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, 

y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

 

[1]

-¿Por qué llega usted tan tarde?

-Es que mi mujer tuvo un niño.

-Pero era su mujer la que tuvo el niño, no usted.

-Sí, pero tuve que acompañarla al médico, no podía ir sola. Y cuando llegamos a la consulta del médico, había mucha gente. Tuvimos que esperar mucho. Era su primer hijo, llevamos diez años casados y hasta ahora no habíamos tenido hijos.

-¿Por qué no telefoneó usted para decir que llegaba tarde?

-¡Estaba tan nervioso!

[2]

Mis vacaciones no fueron muy buenas. El tiempo fue desagradable: llovía y al mismo tiempo hacía sol. Por la mañana hacía frío y por la tarde un calor insoportable. No hubo ni un día completo que hiciera sol.

[3]

Cuando llegué a casa mi mujer y mis hijos ya estaban durmiendo. Al otro día no los pude ver porque tuve que salir muy temprano en avión.

[4]

Fui a buscarlo a la estación, pero por poco no nos encontramos. Cuando yo entraba por la puerta, él estaba ya tomando un taxi. Me vio y me llamó. Luego fuimos a cenar juntos y me contó todo lo que le había pasado en Nueva York.

[5]

Como los oyentes no sabían japonés, tuvimos que buscar un traductor de japonés. El traductor vino enseguida, pero sabía tan poco que no nos enteramos de nada de lo que el conferenciante dijo.

[6]

El cartero vino y trajo una carta para ti. Como tú no estabas en casa, firmé yo por ti, porque estaba certificada. Tuve que pagarle ochenta pesetas y, además, le di cien de propina.

[7]

EL PAIS: ¿ETA tiene razón? Imanol Arias: La perdió.

[8]

Fue una noche de homenajes. El primero, el que tributaba el presidente del PP, José María Aznar, a más de un millón de madrileños que votaron popular el 3 de marzo; era el homenaje también de dos mil asistentes a la cena del Palacio Municipal de Congresos a su líder y era, en fin, el homenaje de la Comunidad de Madrid al futuro presidente del Gobierno.

[9]

Si yo le hubiera dicho a los argentinos lo que iba a hacer en la economía del país, no ganaba las elecciones.  [Presidente Menem]

[10]

En 1962 se casan los Príncipes Don Juan Carlos y Doña Sofía en Atenas. El reportaje de la TV fue aplazado hasta la madrugada para disminuir la audiencia. Allí donde aparecía el padre del novio, Don Juan de Borbón, la censura hizo que apareciera un árbol o un mueble.

[11]

Desde 1800 no ha vuelto a Occidente una fe común. A veces pareció que un nuevo orden de creencias iba a establecerse en alguna de las colectividades nacionales. Pero el hecho no acabó de producirse.

[12]

Chiste:  Éste era un señor tan alto, tan alto, que se comió un yogur y cuando le llegó al estómago estaba ya caducado.

[13]

El partido comenzó mal para el Madrid, que se mostraba nervioso, pero pasada la primera media hora empezó a soltar los nervios y a crear peligro.

[14]

Cuando Luis XV iba de caza se llevaban cuarenta botellas de vino por si el rey quería beber, aun cuando ordinariamente no solía hacerlo. Un día que tenía sed pidió un vaso de vino.

-Señor, no hay, contestaron.

-¿Cómo es eso? ¿No se traen cuarenta botellas?

-Sí, señor, pero ya se las han bebido.

-Pues en lo sucesivo que traigan cuarenta y una para que haya siempre una para mí.

[15]

-Es la misma tesis que sostiene el Papa en una entrevista concedida a un intelectual polaco que publicó EL PAIS hace unas semanas.

-¡Ah! No lo sabía, no la leí. No me refiero en mi carta a los checos de la resignación de aquellos tiempos del comunismo. Tenían un sueldo pequeño pero seguro. Ahora lo que nos viene a decir la democracia es que cuatro quintas partes del país van a vivir mucho mejor de lo que vivían, van a encontrar la alegría de vivir, pero la quinta parte queda  marginada, entregada  al  hambre,  la  cuarta parte en el Este o el

80 % en las naciones negras. 

[16]

Si hubiera ocasión de análisis se podría debatir qué componentes de los antiguos imperios recogía la figura de Stalin, y si las nuevas glorificaciones de Iván el Terrible suponían una especie de inspiración: la idea de que a sangre y fuego se construiría el imperio de los hombres libres.

El ensueño comunista se quedó en Lenin, huyó con Trotzki, se pervirtió con la guerra civil, se esfumó con el fracaso del internacionalismo, se corrompió con el hambre del pueblo.

[17]

Yo pertenezco a la generación, digamos, del 1971, y cuando tenía 14 años y estuve en el Liceo, en los años antes de la llegada de Hitler, yo ya era comunista. Siempre lo he sido. Por muchas decepciones y muchos escepticismos que haya habido a través del tiempo, siempre es duro vivir el fin de una causa que para nosotros ha sido nuestra vida. En mi juventud hubo un periodo de 20 o 30 años en los que la militancia en la causa comunista era casi todo lo que contaba en la vida. Me importante que el amor, más importante que el trabajo.

[18]

El pensamiento griego se constituye en Parménides, Sin duda fue este hombre pura esencia de lo griego, porque el hecho es que el eleatismo ha imperado siempre en las cabezas helénicas. Todo lo que era eleatismo fue sólo oposición. [Ortega]

[19]

Contra el veneno de la codicia, el más mortal, el que mata por dentro, el Che dijo cuanto dijo y escribió cuanto escribió, y vivió como vivió y murió como murió. Y esto es lo que nuestra civilización de consumo no puede tragarse, y convierte a este héroe de nuestro tiempo en un mero "tiratiros" de un "western" de colores.

[20]

La respuesta a los interrogantes de qué es la música está en el pensamiento de un filósofo que hace medio siglo se preguntaba: "¿Cómo puede haber mala música? La música o es música o es puro ruido".

[21]

Smithson murió en 1973, cuando sobrevolaba los Andes, contaba 35 años y había publicado ya cinco libros sobre los incas.

[22]

En 1941, Alfonso XIII abdicó en su hijo Don Juan. Un mes más tarde, el monarca español fallecía víctima de una angina de pecho. Don Juan presidió los funerales junto al rey Víctor Manuel III de Italia y su hermano Jaime, y decidió asumir el título de Conde de Barcelona.

[23]

Por los televisores de la sala se veían concursos llenos de azafatas con la patorra al aire, y en cuanto al puesto de prensa, eso ya era el acabóse: portadas con señoras desnudas ...

[24]

"Cuando empecé de artista, había gente que iba a verme por curiosidad, pero luego pude hacerme un nombre como artista".  Sin embargo, sí reconoce Carolina que antes de la operación se sintió afectivamente rechazada en alguna ocasión. "Tenía la psique de una mujer y me enamoraba de hombres, pero de hombres a los que les gustan las mujeres, no de a los que les gustaban los hombres. "Yo enterré realmente al hombre que era. Ni siquiera me molesta recordarlo porque lo tengo todo supera-do", dice Carolina Santana.

[25]

En 1962 se casan los Príncipes Don Juan Carlos y Doña Sofía en Atenas. El reportaje de la TV fue aplazado hasta la madrugada para disminuir la audiencia. Allí donde aparecía el padre del novio, Don Juan de Borbón, la censura hizo que apareciera un árbol o un mueble.

[26]

Hay destinos que consisten en desaparecer, en dejar paso libre a quien viene detrás. Son destinos de puente levadizo, difíciles de aceptar y de comprender. El conde de Barcelona, un experto en renuncias, cumplió el suyo con toda la elegancia; ahora acaba de rematar tal cumplimiento. Estuvo donde creyó que debía estar, hasta que su razón de ser le aconsejó no estar. No ser visible al menos, porque estar sí que estuvo: aconsejó, enseñó, previno, corrigió... A menudo el agradecimiento de los pueblos rinde su ofrenda en un ara equivocada. Creo que, ante la figura de don Juan de Borbón, republicanos y monárquicos - quizás aun más los primeros - siente idéntica gratitud histórica. Descanse entre los reyes. [ABC, con motivo de la muerte del padre del rey Juan Carlos]

[28]

Alicia Castro: “A veces llegan cartas”, en TIEMPO 6/5/96/3.

La primera vez que la vi fue en la sesión de apertura del Congresos, que estaba yo en la tribuna de prensa raja que raja con Consuelo Álvarez de Toledo mientras los diputados tomaban posesión, y de pronto oigo que me llaman: “¡Alicia Castro!” Y yo, distraída, contesto: “¡Qué!” Y la Consu, muerta de risa: “Calla, boba, que no es a ti”, y vi a mi tocaya, la diputada del PP, guapetona ella, asturiana, tomando posesión opíparamente. Ahora me manda una edición de La Regenta que vale un Perú, con una carta deliciosa en la que me invita a culines de sidra en Oviedo a cambio de que yo la lleve de jarana por Madrid y nos contemos chismes. Ah, yo encantadísima, hija; transfusión de influencias le llama a eso mi redactor jefe, ya te llamaré. Aunque, para cartas, la de un lector que me pedía hace poco una foto dedicada, pero no piqué: reconocí la letra de Miguel Ángel Aguilar. Y yo que creía que el único vicio solitario de este chico era chinchar a Perdo J ...

[28]

Un escritor firmaba libros en la feria y tenía una buena cola formada ante su mostrador. Este ensayista y novelista no pertenece a los dos géneros más portentosos de escritores firmantes que conozco: el que insulta a sus rendidos lectores, clavándoles a veces el bolígrafo en la nalga cuando se dan la vuelta, felices con su libro firmado como un rey mago en el momento de la adoración, y el que liga al firmar, poniendo, si le gusta la persona que solicita su firma, el teléfono a continuación. El escritor del que hablo se limitaba a sonreír sin engreimiento, a sentirse tímido y agradecido mientras preguntaba el nombre y estampaba su rúbrica, y de repente llegó ante él una mujer de edad indefinida que le hizo un ruego: «antes de firmar, ¿le importaría ponerse en pie dentro de la caseta?». El firmante es un hombre solícito y así lo hizo. «Ah, pues muchas gracias. Sólo quería ver, después de leerle tanto, cómo era usted de cuerpo entero».

[29]

En una ocasión le preguntaron a Luis Buñuel por las diferencias entre la cultura española y la francesa, y don Luis venía a contestar así: “Mire usted, es muy sencillo: los españoles conocemos todo lo importante de la cultura francesa; los franceses no saben nada de la cultura española. Por ejemplo, Jean-Claude Carrière, antes de visitar la ciudad, creía que Toledo era una marca de motocicletas”.

[30]

Cena de despedida: Primero, la cena de homenaje a los intelectuales y artistas que ayudaron en la campaña electoral (hubo chistes); después, una con periodistas habituales en La Moncloa (hubo cánticos), y más tarde, la del Gobierno con los Reyes en el Palacio Real (hubo palabras). Había en este abril casi como un ambiente de fin de año, con tanto trajín de despedidas y promesas de buenos deseos para el «año nuevo-vida nueva».

[Despedida del PSOE tras perder las elecciones generales]

[31]

Pío Baroja cuando terminaba una novela, se olvidaba y se curaba de ella tomando un tren hacia cualquier capital europea.

[32]

A las 1:05 p. m., la turista española Marta Tapiero tomaba el sol al lado de la piscina en Tabacón Lodge. Levantó su mirada para darle un vistazo al volcán, inusualmente despejado, y lo que observó fue una inmensa nube ardiente que se levantaba sobre el cono. Su primer impulso no fue huir sino tomar fotografías. Una de ellas es la de esta primera gran erupción.

[33]

Era un buen día del pasado enero cuando el presidente Felipe González recibía en su despacho del palacio de la Moncloa un curioso documento personal, cuyo texto comenzaba con una cita de Leopoldo Alas, Clarín:   

 

Te quejas, Flora, porque ya no canto

al pie de tu balcón como solía                      

vertiendo dulce llanto                      

en la mañana fría.

Perdona si tal hago,

no pienses que no es amor ni fuego interno,

pero ayer era un vago                      

y hoy soy un empleado del Gobierno. 

 

El informe, que Felipe González leería completo, comenzaba pues con buen tono. Pero el contenido era demoledor.

·

En la plaza de toros

una mujer dio un "chillío" 

porque un toro que salió

le pareció su "marío".    

Mi marido en los toros   

bien se divierte.  

Cada uno se alegra

al ver su gente.   

[copla popular] 

 ·

Un sevillano contaba   

a un patán que oyendo estaba

las bellezas que encerraba   

la Ciudad del Vaticano: 

Mira tú si habrá extensión   

que el que oyendo misa esté   

en la iglesia al cura ve

del tamaño de un piñón.

-¿Y hay altares?

-Más de mil; el mayor es colosal,   

basta decir que el misal

lo pasan en ferrocarril.                                                   

 ·

Un ricachón mentecato,   

ahorrador empedernido,

por comprar jamón barato,

lo compró medio podrido.

Le produjo ingestión,  

y entre botica y galeno,  

gastó el doble que el jamón   

por no comprar jamón bueno.    

[Francisco de Quevedo]  

·

Del salón en el ángulo oscuro,

por su dueño tal vez olvidada,

silenciosa y cubierta de polvo,

veíase el arpa.

 

¡Cuánta nota en ella dormía

como el pájaro duerme en la rama,

esperando una mano de nieve

que sepa arrancarla!

¡Ay!, pensé, ¡cuántas veces el genio 

así duerme en el fondo del alma,   

y una voz como Lázaro espera   

que le diga: "¡Levántate y anda!".     

[Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1871)]                             

·

Pasaron como pasan por la cumbre

rezagadas las nubes del estío

sin dejar en los riscos el rocío

de sus pechos; pasaron, y la lumbre

 

del sol, desenvainada, pesadumbre

para su frente fue; lejos, el río,

por la fronda velado, a mi desvío

cantando reclamaba a la costumbre.

 

De la montaña al pie verdeaba el valle

del sosiego en eterna primavera,

rompía entre sus árboles la calle

 

pedregosa que sube a la cantera,

y en el delirio el susurrar del dalle

de la muerte segando en la ribera.

[Miguel de Unamuno (+1936)]  

·

Cerraron sus ojos,

que aún tenía abiertos;

taparon su cara

con un blanco lienzo,

y, unos sollozando,

otros en silencio,

de la triste alcoba

todos se salieron.

 

La luz, que un vaso

ardía en el suelo,

al muro arrobaja

la sombra del lecho;

y, entre aquella sombra,

veíase a intervalos

dibujarse, rígida,

la forma del cuerpo.

 

Despertaba el día,

y, a su albor primero,

con sus mil ruïdos

despertaba el pueblo.

Ante aquel contraste

de vida y misterio,

de luz y tinieblas,

medité un momento:

é un momento:

¡Dios mío, qué solos

se quedan los muertos!

 

De la casa en hombros

lleváronla al templo,

y en una capilla

dejaron el féretro.

Allí rodearon

sus pálidos restos

de amarillas velas

y de paños negros.

 

Al dar de las ánimas

el toque postrero,

acabó una vieja

sus últimos rezos;

cruzó la ancha nave,

las puertas gimieron,

y el santo recinto

quedose desierto.

 

De un reloj se oía

compasado el péndulo,

y de algunos cirios

el chisporroteo.

Tan medroso y triste,

tan oscuro y yerto

todo se encontraba ...,

que pensé un momento:

¡Dios mío, qué solos

se quedan los muertos!

 

De la alta campana

la lengua de hierro

le dio, volteando,

su adiós lastimero.

El luto en las ropas,

amigos y deudos

cruzaron en fila,

formando el cortejo.

 

Del último asilo,

oscuro y estrecho,

abrió la piqueta

el nicho a un extremo.

Allí lo acostaron,

tapiáronla luego,

y con un saludo,

despidiose el duelo.

 

La piqueta al hombro,

el sepulturero

cantando entre dientes

se perdió a lo lejos.

La noche se entraba,

reinaba el silencio;

perdido en las sombras,

medité un momento:

¡Dios mío, qué solos

se quedan los muertos!

 

En las largas noches

del helado invierno,

cuando las maderas

crujir hace el viento,

y azota los vidrios

el fuerte aguacero,

de la pobre niña

a solas me acuerdo.

 

Allí cae la lluvia

con un son eterno:

allí la combate

el soplo del cierzo.

Del húmedo muro

tendida en el hueco,

¡acaso de frío

se hielan los huesos!

 

¿Vuelve el polvo al polvo?

¿Vuela el alma al cielo?

¿Todo es vil materia,

podredumbre y cieno?

¡No sé; pero hay algo

que explicar no puedo,

que al par nos infunde

repugnancia y miedo,

al dejar tan tristes,

tan solos, los muertos!

 

[Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1871)]                             

·

Era un niño que soñaba

un caballo de cartón.

Abrió los ojos el niño

y el caballito no vio.

Con un caballito blanco

el niño volvió a soñar;

y por la crin lo cogía ...

¡Ahora no te escaparás!

Apenas lo hubo cogido,

el niño se despertó.

Tenía un puño cerrado.

¡El caballito voló!

Quedóse el niño muy serio

pensando que no es verdad

un caballito soñado.

Y  ya no volvió a soñar.

Pero el niño se hizo mozo

y el mozo tuvo un amor,

y a su amada le decía:

¿Tú eres de verdad o no?

Cuando el mozo se hizo viejo

pensaba: Todo es soñar,

el caballito soñado

y el caballo de verdad.

Y cuando vino la muerte,

el viejo a su corazón

preguntaba: ¿Tú eres sueño?

¡Quién sabe si despertó!

[Antonio Machado (1875-1939):

Poesías completas, Madrid: 

Austral, 1963, p. 163-164]                                             

·

Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido

 

Al fin una pulmonía

mató a don Guido, y están

las campanas todo el día

doblando por él: ¡din-dán!

 

Murió don Guido, un señor

de mozo muy jaranero,

muy galán y algo torero;

de viejo, gran rezador.

 

Dicen que tuvo un serallo

este señor de Sevilla;

que era diestro

en manejar el caballo,

y un maestro

en refrescar manzanilla.

 

Cuando mermó su riqueza,

era su monomanía

pensar que pensar debía

en asentar la cabeza.

 

Y asentola

de una manera española,

que fue casarse con una

doncella de gran fortuna;

y repintar sus blasones,

hablar de las tradiciones

de su casa,

a escándalos y amoríos

poner tasa,

sordina a sus desvaríos.

 

Gran pagano,

se hizo hermano

de una santa cofradía;

el Jueves Santo salía,

llevando un cirio en la mano

¡aquel trueno! -,

vestido de nazareno.

 

Hoy nos dice la campana

que han de llevarse mañana

al buen don Guido, muy serio,

camino del cementerio.

 

Buen don Guido, ya eres ido

y para siempre jamás ...

Alguien dirá: ¿Qué dejaste?

Yo pregunto: ¿Qué llevaste

al mundo donde hoy estás?

 

¿Y tu amor a los alamares

y a las sedas y a los oros,

y a la sangre de los toros

y al humo de los altares?

 

Buen don Guido y equipaje,

¡buen viaje! ...

 

El acá

y el allá,

caballero,

se ve en tu rostro marchito,

lo infinito:

cero, cero.

 

¡Oh las enjutas mejillas,

amarillas,

y los párpados de cera,

y la fina calavera

en la almohada del lecho!

 

¡Oh fin de una aristocracia!

La barba canosa y lacia

sobre el pecho;

metido en tosco sayal,

las yertas manos en cruz,

¡tan formal!

el caballero andaluz.

 

[Antonio Machado (1875-1939): Poesías completas, Madrid: Austral, 1963, p. 149-150]                                                         

·

Flor        

canción yucateca

 

Flor se llamaba, flor era ella,

flor de los bosques en una palma,

flor de los cielos en una estrella,

flor de mi vida, flor de mi alma.

 

Murió  de pronto mi flor querida,

erré el sendero, perdí la calma,

y para siempre quedó mi vida

sin una estrella, sin una palma.

·

 

La pluma, la mano y la cabeza

por Manuel del Palacio

 

No recuerdo en qué lugar,

ni a qué fin, ni en qué sazón,

se hallaron en un rincón,

reunidas al azar, 

una pluma muy usada,

una mano desprendida 

y una cabeza cortada.

 

Comprarlas quiso un inglés:

al verlas se aproximó 

y sorprendido quedó 

oyendo hablar a las tres. 

 

La pluma 

 

Olvidada duermo aquí;

pero aunque en el polvo estoy,

no me quita lo que soy 

la gloria de lo que fui.

 

La mano  

 

Mucho te enorgulleciste

y yo tu poder no acato,

que sólo de mi mandato 

dócil instrumento fuiste. 

 

La cabeza 

 

Callad: vuestro orgullo vano 

yo desharé como espuma.

¿Qué fuera sin mí la pluma? 

¿Qué sin mí fuera la mano? 

 

El inglés 

 

Dice la cabeza bien,

y sus razones son graves;

que plumas tienen las aves 

y el cerdo manos también.

Pero cabeza en que ardiente 

brille del ingenio el sol,

¿quién la tiene? ¿Mucha gente? 

Los ingleses solamente 

y acaso algún español.

 

Lector, quienquiera que seas: 

De cuantas cabezas veas, 

pocas hallarás vacías;

pero diez tienen ideas, 

y noventa, tonterías.