© Justo Fernández López

FORO DE CONSULTAS - ARCHIVO

Se trata de esta construcción: Ayer (LA) vi a tu hermana.

Pienso que el uso de LA suena mal (pero no es agramatical) y que es mejor así:

Ayer vi a tu hermana.

En español, los pronombres átonos de objeto aparecen en muchos casos junto al verbo en presencia del complemento canónico, en especial si este es pronominal. Este fenómeno se conoce como ‘redundancia pronominal’, ‘reduplicación de clíticos’ o ‘doblado de clíticos’. Este fenómeno distingue al español de otras lenguas con las que tiene directo parentesco, como el francés o el italiano, que no admiten nunca la coaparición de un pronombre átono y un sintagma complemento.

Según el DPD: «En el español general, el complemento directo tónico pospuesto al verbo no suele admitir la coaparición del pronombre átono, salvo que se trate también de un pronombre personal, caso en el que es obligada. Solo es normal la duplicación en todo el ámbito hispánico cuando el complemento directo tónico es el pronombre todo, el complemento directo es un numeral precedido de artículo; o cuando se trata del indefinido uno y su referente es la persona que habla. También favorecen la duplicación del complemento directo las oraciones de carácter enfático, como ya lo creo que vendrá. La duplicación del complemento directo en otros casos (Lo vi a Juan; La saludé a María) es ajena a la norma culta de gran parte del ámbito hispánico, pero es normal en algunas regiones americanas, especialmente en los países del Río de la Plata.»

Citas

 

«Duplicación de complementos: coaparición del clítico y el complemento tónico. En español, los pronombres átonos aparecen a menudo dentro de la misma oración junto con el complemento tónico al que se refieren: Me dijo a mí que me callara; Lo sabe todo. La duplicación del complemento indirecto a través del pronombre átono es siempre posible y, en algunos casos, obligatoria, mientras que la del complemento directo está sujeta a muchas más restricciones. En el español general culto la coaparición del pronombre átono y el complemento tónico responde a las pautas siguientes:

Si el complemento tónico es también un pronombre personal, la coaparición del pronombre átono es obligatoria, tanto si el complemento es directo como indirecto: Me castigaron a mí; A ti te dieron el premio (no *Castigaron a mí; *A ti dieron el premio). Aunque son posibles, en estos casos, oraciones idénticas sin el complemento tónico (Me castigaron; Te dieron el premio), existen diferencias expresivas de importancia entre ambas posibilidades: la presencia del complemento tónico denota un propósito de contraste o discriminación, ausente de la oración en la que solo aparece el pronombre átono; así, en Me castigaron a mí, frente a Me castigaron, se subraya el hecho de que ha sido solo a mí, y no a otros igualmente merecedores de ello o más culpables que yo, a quien se ha castigado.

Si el complemento tónico no es un pronombre personal y aparece antepuesto al verbo, también es obligatoria la coaparición del pronombre átono, tanto si el complemento es directo como indirecto: A tu hermano lo vi en el cine (no *A tu hermano vi en el cine); La tarta la llevo yo (no *La tarta llevo yo); A mi madre le he dicho la verdad (no *A mi madre he dicho la verdad); A Juan le han denegado la beca (no *A Juan han denegado la beca). Deben diferenciarse estas construcciones, con el complemento tónico antepuesto y coaparición del pronombre átono, de aquellas en que la anteposición del complemento es enfática, contrastiva, en las que no coaparece el pronombre átono: Un libro te daré, y no dos (y no *Un libro te lo daré, y no dos).

Pero si el complemento tónico aparece pospuesto al verbo, las condiciones para la coaparición del pronombre átono son diferentes según que el complemento sea directo o indirecto:

a) En el caso del complemento indirecto, la coaparición del pronombre átono es normalmente opcional y suele ser lo más frecuente, especialmente en la lengua oral: No (les) da importancia a los problemas; (Les) he contado nuestro secreto a unos amigos; (Le) han denegado la beca a Juan; (Le) he dicho la verdad a mi madre. E incluso hay verbos, como gustar, encantar y sinónimos, que exigen la presencia del pronombre átono junto con el complemento tónico: ¿Le gustan a tu hermana los bombones? (y no *¿Gustan a tu hermana los bombones?). En general, suele ser necesaria la duplicación en los verbos cuyo complemento indirecto designa, no al destinatario de la acción, sino al que la experimenta, como ocurre con los llamados verbos de «afección» (psíquica o física), como molestar, divertir, interesar, cansar, etc., y con muchos otros, como parecer, resultar, convenir, etc.: Le molestó a tu padre que no vinieras; Le ha cansado a la abuela el paseo; Le pareció bien al jefe nuestro plan; No le conviene al niño comer tantos dulces. No obstante, cuando la función de complemento indirecto es desempeñada por los cuantificadores universales todo, nadie o similares, la presencia del pronombre átono no resulta siempre necesaria: Su decisión no (le) gustó a todo el mundo; Sus palabras no (le) molestaron a nadie; (Les) cansó a todos con su discurso.

b) En el español general, el complemento directo tónico pospuesto al verbo no suele admitir la coaparición del pronombre átono, salvo que se trate también de un pronombre personal, caso en el que es obligada. Solo es normal la duplicación en todo el ámbito hispánico cuando el complemento directo tónico es el pronombre todo: Lotodo; (Las) conozco a todas; cuando, con referente animado, el complemento directo es un numeral precedido de artículo: (Los) invité a los cuatro; o cuando se trata del indefinido uno y su referente es la persona que habla: Si la ven a una vacilar, enseguida se aprovechan. También favorecen la duplicación del complemento directo las oraciones de carácter enfático, como Ya lo creo que vendrá o ¡Vaya si las castigo a las niñas! La duplicación del complemento directo en otros casos (Lo vi a Juan; La saludé a María) es ajena a la norma culta de gran parte del ámbito hispánico, pero es normal en algunas regiones americanas, especialmente en los países del Río de la Plata: «Al pasar la madre cerca del baño la vio a Mariana tomando comprimidos» (Rausch/Bay Anorexia [Arg. 1990]).»

[Real Academia Española: Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Santillana, 2005, p. 528-529]

«Duplicación de objetos directos e indirectos

Los casos de reduplicación o duplicación de objetos directos e indirectos propiamente dicha son casos como los siguientes

Me lo han dicho a mí,

Le dijeron a Juan que viniera,

en los que el clítico coaparece en la misma oración con un sintagma en posición canónica de objeto. Estas construcciones no son posibles ni en francés ni en italiano.

Pero el doblado en español se ajusta a restricciones bien definidas.

a) Cuando el objeto canónico, sea directo o indirecto, es un pronombre, la aparición del clítico es obligatoria:

Me ha visto a mí (*ha visto a mí).

Le di el regalo a él (*di el regalo a él).

Nos llamó a nosotros (*llamó a nosotros).

Parece que la forma usted muestra un comportamiento distinto:

Agradezco a usted (vs. *agradezco a ti).

¿En qué puedo servir a ustedes?

No hay más que ver a usted para comprenderlo.

El neutro ello supone también una excepción. Como objeto directo nunca aparece y, cuando lo hace como indirecto, puede no estar reduplicado:

Dedicaré a ello el siguiente capítulo.

b) Dentro de los objetos no pronominales, los indirectos se reduplican con libertad en todos los dialectos del español:

Le di el regalo a Juan.

Los objetos directos no pronominales no se reduplican, en la variedad estándar, si coaparecen con un clítico:

??Lo vi a Juan.

Aunque hay excepciones:

Son generales ciertos casos de lo neutro oracional del tipo de

Ya lo creo que vendrá.

Lo que te sientes mal.

Ya se lo he dicho a la asamblea que vendrás.

Parece que la aparición de adverbios iniciales enfáticos del tipo de ya favorece estos contextos de doblado, pero no es estrictamente necesario:

Lo que te sientes mal. / Ya sé que te sientes mal.

Otro caso general de doblado del objeto directo es el que se da cuando va precedido de cuantificadores del tipo todo(s) o < Art + numeral > (los dos / tres...):

Lo todo.

Los conozco a los cuatro.

Cuando el objeto directo es humano, y va precedido de preposición, el doblado es la opción preferida:

Los conozco {a todos / a los tres}.

?Conozco {a todos / a los tres}.

Hay que señalar que la imposibilidad de doblado no está relacionada con la forma del clítico sino con el tipo de complemento. Así, en los dialectos leístas, que usan le para los objetos directos personales, se producen contrastes como los siguientes:

Le di el regalo a Juan,

¿Le has hablado a tu padre del asunto?

*Le vi a Juan,

*Le quiero a Mario,

donde se dobla un objeto indirecto, pero no los directos. Además, son los clíticos de tercera persona los que no admiten el doblado. En casos de discordancia como

Nos vieron a los estudiantes,

Os quieren sólo a los elegidos,

sí pueden coexistir un objeto directo no prominal en posición canónica y un clítico de primera o segunda persona.

c) En cuanto a los objetos indirectos, hay algunos que se reduplican potestativamente (si bien la opción del doblado es, con mucho, la preferida) mientras que en otros casos la aparición del clítico es obligatoria.

En los ejemplos siguientes la aparición del clítico es obligatoria y el dativo recibe un papel semántico que no es el regularmente asignado de destinatario.:

Le gusta el cine a Juan. / *Gusta el cine a Juan.

[dativo experimentante]

Le preparó un brebaje al enfermo. / *Preparó un brebaje al enfermo.

Le hice los deberes a la niña. / *Hice los deberes a la niña.

[dativo de beneficiario]

Le cortaron las uñas al niño. / *Cortaron las uñas al niño.

Le duele la pierna a Pedro. / *Duele la pierna a pedro.

[experimentante, beneficiario y posesor inalienable].

Los únicos casos que admiten la ausencia de doblado son los dativos metas o destinatarios:

Le dijeron a Juan que viniera. / Dijeron a Juan que viniera.

Le dieron el premio al escritor. / Dieron el premio al escritor.

Así pues, en un sentido no meramente estadístico sino basado en el análisis sintáctico, las construcciones de doblado son claramente mayoritarias en español: se dan siempre que el objeto sea pronominal y, dentro de los no pronominales, sólo tienen restricciones con objetos directos. Hay, además variación entre los distintos dialectos del español por lo que se refiere a las construcciones redundantes que se permiten y las restricciones a que están sometidas.»

[Fernández Soriano, Olga: “El pronombre personal. Formas y distribuciones. Prnombres átonos y tónicos”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999. § 19.4.1]

«La redundancia pronominal y la variación dialectal

La primera variación dialectal que tiene que ver con el doblado por clítico de objetos directos no pronominales se refiere a la zona de Río de la Plata. Este dialecto contrasta con la variedad estándar del español en permitir el doblado de objetos directos mediante el clítico acusativo lo/la (dado que se trata de una variedad no leísta):

Lo vimos a Juan.

La encontré a mi hija.

Parece claro, sin embargo, que el doblado de clíticos en el habla rioplatense está restringido, dado que oraciones como las siguientes son imposibles:

*No lo oyeron a ningún ladrón.

*La buscaban a alguien que los ayudara.

*Lo alabarán al niño que termine primero.

*¿A quién lo condecoraron?

Lo que muestran estos ejemplos es que la restricción que opera en el doblado tiene que ver no con la condición de humano/animado (marcado por la preposición a) del objeto directo sino con la especificidad. Parece, así, que el rioplatense se distingue por permitir la reduplicación por un clítico acusativo de los objetos directos que son específicos.

La segunda variación dialectal es la que se da en el dialecto hablado en Quito (Ecuador). Este dialecto muestra leísmo generalizado para objetos directos de persona y cosa, masculino y femenino. A diferencia de los otros dialectos leístas, sin embargo, se produce doblado del objeto directo:

Le conoció a mamá.

Les calentará a los pollitos.

Le contrataré al taxi.

Ya le veo a la camioneta.

En este dialecto no pueden aparecer un clítico de objeto directo y otro de indirecto con el mismo verbo (no existen estructuras como Se lo di). Paralelamente, las oraciones del tipo de los ejemplos anteriores coexisten con otras en que ni el objeto directo canónico ni el clítico están presentes. El clítico sólo aparece cuando también está presente un sintagma nominal. La ausencia de clítico se da incluso en casos de objeto directo antepuesto:

Las elecciones yo nunca entendí.

La leche vendían a $ 1.20.

Un caso parecido es el que presenta el español en el País Vasco. En este dialecto se usa también la forma le para objeto directo masculino y femenino, pero sólo con referente humano. Es igualmente posible la reduplicación de de estos objetos, así como las construcciones en que no aparecen ni el complemento canónico ni el clítico, pero aquel se interpreta generalmente como human.

Existen, pues, variedades del español en que los objetos directos aparecen siempre en construcciones de reduplicación por clíticos, bien por la forma etimológica lo/la bien por el dativo le, en dialectos con leísmo generalizado.»

[Fernández Soriano, Olga: “El pronombre personal. Formas y distribuciones. Prnombres átonos y tónicos”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999. § 19.4.2]