LA CONJUNCIÓN QUE

Norma académica

RAE: Diccionario panhispánico de dudas, 2005

© Justo Fernández López


 

La conjunción que introduce oraciones subordinadas sustantivas

 

1. Introduce oraciones subordinadas sustantivas en función de sujeto:

«No le gusta que su mujer trabaje» (Hoy [Chile] 11-17.7.84);

de complemento directo:

«¡Yo no quiero que te vayas!» (Santiago Sueño [P. Rico 1996]);

y de término de preposición, en secuencias que funcionan como complemento de un sustantivo o de un adjetivo, o como complemento de régimen de un verbo:

«Despertó su temor el hecho de que la tía Julia fuera boliviana» (VLlosa Tía [Perú 1977]);

«Estoy segura de que lo lograrás» (O’Donnell Vincent [Arg. 1982]);

«Gregorio insistió en que no necesitaba absolutamente nada» (Padilla Jardín [Cuba 1981]).

1.1. Cuando la oración sustantiva funciona como sujeto, puede ir opcionalmente precedida del artículo el:

«El que hubiera una escena de amor pudo ser mera casualidad» (GlzLeón Viejo [Ven. 1995]);

«Que el asesino hubiera usado un cuchillo era muy significativo» (Rojo Matar [Esp. 2002]).

1.2. Cuando la oración subordinada funciona como complemento directo de un verbo de «ruego» o «temor», se suprime a veces la conjunción que:

«Le rogué me permitiera acompañarla hasta la entrada» (Cano Abismo [Col. 1991]);

«Ya me temo no termine nunca [esta guerra]» (Umbral Leyenda [Esp. 1991]);

 sucede también, aunque más raramente, con verbos de «opinión»:

«El comunicado [...] eriza el cabello y supongo habrá espantado al ministro Belloch» (Mundo [Esp.] 21.12.94).

En todos estos casos, aunque no se censura la supresión de la conjunción, se considera preferible mantenerla:

Le rogué que me permitiera, me temo que no termine, supongo que habrá espantado.

1.3. Es rechazable la supresión de la preposición delante de la conjunción que cuando aquella viene exigida por la función que la subordinada sustantiva ejerce dentro de la principal; así pues, es incorrecto decir

*estoy seguro que...,

en lugar de estoy seguro de que;

*me acordé que...,

en lugar de me acordé de que..., etc. (ver Dequeísmo).

1.4. Aún más censurable resulta la anteposición de la preposición de a la conjunción que cuando la subordinada sustantiva ejerce una función que no admite preposición; por tanto, no se debe decir *pienso de que..., sino pienso que...; *es posible de que..., sino es posible que..., etc. (Dequeísmo).

1.5. Cuando, con el verbo decir y similares, entre la conjunción y la oración que esta introduce se intercala una oración condicional, en la lengua coloquial tiende a repetirse el que tras el inciso:

«Me dijo que, si no quería ir por las buenas, que acudiera a las autoridades» (NHerald [EE. UU.] 2.3.97).

1.6. Delante de las oraciones interrogativas indirectas dependientes del verbo preguntar, es habitual en la lengua coloquial la presencia de un que, innecesario pero admisible, ante la conjunción si o el pronombre o adverbio interrogativo que introducen la subordinada:

«Nos pregunta que si nos gusta la exposición» (Hidalgo Azucena [Esp. 1988]);

«Larrocha pregunta que qué significa eso» (País [Esp.] 2.6.87);

«El oficial le preguntó que dónde estaba el sospechoso» (Flores Siguamonta [Guat. 1993]),

de igual sentido que pregunta si nos gusta la exposición, pregunta qué significa eso, preguntó dónde estaba el sospechoso. Cuando se utiliza decir con el sentido de ‘preguntar’, es igualmente superfluo el uso de que cuando la interrogativa va introducida por la conjunción si:

«Un día me dijo que si quería ir a la Liga del Cauca» (Tiempo [Col.] 11.11.96),

de igual sentido que me dijo si quería ir... Pero cuando la interrogativa dependiente de decir va introducida por un pronombre o un adverbio interrogativo, la presencia de que es obligatoria, para evitar la confusión con los usos en que decir significa ‘comunicar’, y no ‘preguntar’:

«Un señor llamó diciendo [= preguntando] que qué pasaba con su ordenador» (Mundo [Esp.] 16.2.97);

«¡He dicho [= preguntado] que dónde está!» (Mendizábal Cuponazo [Esp. 1992]);

si en estos dos ejemplos se suprimiese la conjunción que, se interpretarían en un sentido diferente: Un señor llamó diciendo [= comunicando] qué pasaba con su ordenador; He dicho [= comunicado] dónde está.

 

La conjunción que introduce segundo término de una comparación

 

2. Introduce el segundo término de una comparación propia, es decir, aquella en la que se comparan dos entidades diferentes en relación con una determinada noción o magnitud. La conjunción que va siempre precedida, inmediatamente o no, de un adjetivo o adverbio de sentido comparativo (mejor, peor, mayor, menor, igual, más, menos, antes, después, etc.) o de un sustantivo multiplicativo o fraccionario (doble, triple, mitad, etc.): Tu automóvil es mejor que el mío; Su hermano pequeño es más alto que él; Mi maleta llegó después que yo; Ahora gano el doble que hace un año. En cambio, se emplea la preposición de, y no la conjunción que, para introducir oraciones de relativo sin antecedente expreso que denotan, no una entidad distinta, sino grado o cantidad en relación con la magnitud que se compara:

«Le pagaré el doble de lo que marque el taxímetro» (Ribera Sangre [Esp. 1988]);

«El Viejo sabe del testigo más de lo que aparenta» (Pozo Noche [Esp. 1995]);

«Me despierto varias horas antes de lo que solía» (Téllez Trastornos [Méx. 1995]).

Obsérvese, a este respecto, la diferencia entre estos dos enunciados:

Eso importa más que lo que tú dices [= A importa más que B],

frente a Eso importa más de lo que tú dices [= A importa más de lo que tú dices que importa].

2.1. El complemento de los adjetivos inferior, superior, posterior y anterior no va introducido por la conjunción que, sino por la preposición a:

«Mi capacidad de resistencia ante el pasado es inferior a la tuya» (Moix Arpista [Esp. 2002]),

y no *que la tuya.

2.2. Cuando el segundo término de una comparación propia es una oración subordinada introducida a su vez por la conjunción que, es gramaticalmente impecable la emisión conjunta del que comparativo y el que introductor de la subordinada:

«Parece más positivo que él exista que que no exista» (Cabrera Cine [Esp. 1999]).

No obstante, para evitar la cacofonía, es habitual introducir entre ambas conjunciones un no expletivo:

«Mejor es eso que no que a uno lo ignoren» (Landero Juegos [Esp. 1989]).

No debe sustituirse en estos casos el que comparativo por la preposición a:

*«Es mejor que te llamen guapo a que te tachen de feo» (Tiempo [Esp.] 28.5.90);

este error se explica por el influjo de construcciones similares con preferir o ser preferible, cuyos complementos sí llevan la preposición a (cf. preferir y preferible):

Prefiero que vengas a que te quedes;

Es preferible que te llamen guapo a que te tachen de feo.

Lo que no debe hacerse en ningún caso es eliminar, sin más, el que conjuntivo:

*Es mejor que salgas que te quedes en casa.

También la conjunción comparativa que puede ir seguida del relativo que:

Tengo más cosas que alabarte que que criticarte;

Hay más que perder que que ganar.

Tampoco es recomendable aquí suprimir uno de los dos que:

*Tengo más cosas que alabarte que criticarte;

*Hay más que perder que ganar.

En casos como estos se aconseja evitar la cacofonía haciendo explícito el antecedente cosas y repitiéndolo en el segundo término de comparación: Tengo más cosas que alabarte que cosas que criticarte; Hay más cosas que perder que cosas que ganar.

2.3. Para el uso de que en construcciones de sentido comparativo con preferir y ser preferible, ver preferir y preferible.

2.4. Para el uso de que como introductor del segundo término de comparación en estructuras comparativas con igual.

2.5. También se usa la conjunción que en estructuras contrastivas del tipo yo que tú...; tú, al contrario que él...; o él, al revés que su hija...:

«Yo que usted lo pensaría» (Lynch Dedos [Arg. 1977]);

«Yo pienso, al contrario que mi admirado Manuel Hidalgo, que las guerras son muy peligrosas» (Mundo [Esp.] 12.5.99).

No debe usarse en su lugar la preposición de, uso achacable en muchos casos al influjo de otras lenguas, como el catalán, donde se emplea en estas construcciones la preposición:

*«Yo de Leguina no dimitiría» (País [Esp.] 1.4.85);

*«Porque Yeltsin, al contrario de Gorbachov, reniega del marxismo-leninismo» (Universal [Ven.] 21.4.93);

debió decirse Yo que Leguina y Yeltsin, al contrario que Gorbachov.

Pero si con al contrario y al revés el segundo término es un grupo nominal que encierra una oración de relativo, debe usarse de y no que:

Yo, al contrario de lo que tú piensas, creo que es mejor así (y no *Yo, al contrario que lo que tú piensas...);

Eso se hará al revés de como se dijo en un principio (y no *Eso se hará al revés que como se dijo...).

 

La conjunción que introduce oraciones subordinadas consecutivas

 

3. Introduce oraciones subordinadas consecutivas, normalmente en correlación con tan(to) o tal:

«Es tanto lo que se ha popularizado este canario que hoy existen grandes criaderos» (Wundt Cría [Arg. 1990]);

«Fue algo tan sencillo que nunca le prestaste atención» (Salazar Selva [Col. 1991]);

«El hecho adquirió tales proporciones que [...] Jerusalén sufrió una conmoción» (Benítez Caballo 1 [Esp. 1984]).

4. En determinadas expresiones coloquiales de valor ponderativo, se elide, por sobrentendido, el primer segmento de la consecutiva:

«El ministro está que trina» (Leguina Nombre [Esp. 1992]);

«Pero si toreas que da gusto» (MtzMediero Lola [Esp. 1988]).

Se sobrentiende tan enfadado, en el primer caso, y tan bien, en el segundo.

 

La conjunción que introduce oraciones subordinadas causales explicativas

 

5. Introduce oraciones subordinadas causales explicativas, con sentido equivalente a porque:

«Me voy, que tengo que vigilar a Rigoberto» (Quintero Esperando [Cuba 1996]).

Normalmente van pospuestas y la coma que precede a la oración introducida por que es obligatoria.

 

La conjunción que introduce oraciones finales

 

6. Introduce oraciones subordinadas finales, con sentido equivalente a para que:

«¡Quítate ese pelucón, que te veamos el pelo de costurera!» (MtnRecuerda Arrecogías [Esp. 1980]);

«¡Ven que te vea!» (Pombo Metro [Esp. 1990]).

 

La conjunción que combinada con una negación

 

7. Cuando se combina con una negación, adquiere sentido adversativo. Si precede a la negación, equivale a y:

«Esa [bota] sí es de él, que no mía» (Boullosa Duerme [Méx. 1994]).

Si sigue a una oración negativa, equivale a sino:

«Pepe, que eso tuyo no es color, que es barro de la Atalaya» (Guerra Cuentos [Esp. 1941-61]).

 

La conjunción que equivale a la conjunción o en expresiones con sentido concesivo

 

8. Repetida o no, equivale a la conjunción o en expresiones de sentido concesivo:

Que venga, que no venga [= venga o no venga, ‘aunque no venga’], yo sí pienso ir a la fiesta;

«Pero quieras que no [= quieras o no, ‘aunque no quieras’], tiene sus días contados esta mentalidad» (Ocampo Testimonios [Arg. 1977]).

 

La conjunción que introduce oraciones independientes

 

9. Introduce oraciones independientes que expresan diversos matices, entre los que cabe destacar los siguientes:

a) Advertencia: «¿Qué haces ahí arriba? ¡Que te vas a caer!» (Galán/Garcimartín Posada [Esp. 1990]).

b) Queja o lamentación: ¡Que me pase esto a mí, a mis años!

c) Deseo: «¡Que te vaya bien, Doroteo!» (Scorza Tumba [Perú 1988]).

d) Asombro, generalmente en oraciones interrogativas: «¿Que no quiere gas? ¿Pues qué quiere?» (Morales Verdad [EE. UU. 1979]).

e) Resumen de lo oído o de lo enunciado con anterioridad: «O sea, que eres feliz» (Pozo Novia [Esp. 1995]); «Vamos, que no existe educación musical» (Vanguardia [Esp.] 28.2.95).

f) Hipótesis, generalmente en oraciones interrogativas, con sentido equivalente a si: ¿Que no llegamos a tiempo? [= si no llegamos a tiempo] Pues nos volvemos.

g) Precedido de la preposición a, manifiesta convencimiento sobre lo que se expresa a continuación:

«¿A que es preciosa?» (VqzFigueroa Taberna [Esp. 1994]);

«A que te fusilan encima, idiota» (MtzMediero Lola [Esp. 1988]);

también se usa para incitar o retar al interlocutor a realizar una acción:

«¡A que no me alcanzas, Scaramouche!» (Paso Palinuro [Méx. 1977]).

 

La conjunción que como refuerzo detrás de adverbios

 

10. Se usa como refuerzo detrás de adverbios de afirmación como sí, claro, naturalmente, seguro, seguramente, etc.:

«Claro que tiene razón» (Morales Verdad [EE. UU. 1979]);

«Naturalmente que te conmoví» (Ocampo Cornelia [Arg. 1988]);

«Seguro que también te ha engañado» (Parra Tristán [Chile 1994]).

Con y seguramente, su presencia es opcional:

«Sí (que) funciona. Mirá» (Fresán H.ª argentina [Arg. 1991]);

«Seguramente (que) este sabe algo» (Alegre Sala [Esp. 1982]);

pero cuando se usa irónicamente expresando negación, o forma parte de expresiones de carácter ponderativo, es obligada la presencia de que:

«¡Pues sí que estamos buenos!» (GaBadell Funeral [Esp. 1975]);

«Déjeme ayudarle con estos mamotretos... ¡Caramba, pues sí que pesa el nuevo mundo!» (Savater Sinapia [Esp. 1983]).

11. Es opcional su empleo detrás de ojalá:

«Ojalá (que) esto termine pronto» (Montero Trenza [Cuba 1987]),

aunque la lengua culta suele preferir la omisión de que.

12. También es opcional su presencia tras las locuciones adverbiales temporales en esto, en eso:

«En esto (que) salió la enfermera a reñirnos un poco [...] y se perdió la evocación» (País [Esp.] 10.9.77);

«En eso (que) el mexicano se embroca un sarape [...] y, disfrazado de foldorista, grita» (Mojarro Yo [Méx. 1985]).

En todos los casos señalados en que es opcional su empleo, su presencia es más propia del habla coloquial que del habla culta.

 

La conjunción que forma parte de locuciones conjuntivas

 

13. Forma parte de numerosas locuciones conjuntivas: al punto que, a no ser que, antes (de) que, así que, comoquiera que, con tal (de) que, dado que, de manera o modo que, después (de) que, dondequiera que, en tanto que, mientras que, por más que, puesto que, ya que, etc.

 

La conjunción que forma perífrasis verbales

 

14. Con los verbos haber y tener, y seguida de infinitivo, forma perífrasis verbales que expresan necesidad u obligación:

«¡Hay que seguir adelante!» (Moncada Otoño [Esp. 1993]);

«Tenemos que encontrarlo» (López Vine [Méx. 1975]).

 

La conjunción que forma parte de estructuras reiterativas

 

15. Entre formas verbales idénticas de tercera persona del singular del presente de indicativo, forma parte de estructuras de valor reiterativo, en las que el segundo verbo aparece opcionalmente precedido de te:

«Esa pobre sigue llora que llora» (Merino Choz [Esp. 1987]);

«Ella continuó llora que te llora» (Vergés Cenizas [R. Dom. 1980]);

«Todo el año trabajando, dale que dale» (Hoy [Chile] 13-19.1.97).

 

Presencia superflua de que en oraciones ponderativas

 

16. Es uso popular, que debe evitarse en el habla culta, la presencia superflua de que en oraciones ponderativas encabezadas por qué, cuánto o menudo:

*¡Qué simpático que es tu amigo!;

*¡Qué bien que canta este pájaro!;

*¡Cuánto trabajo que tengo esta semana!;

*Menuda cara que tienes.

 

de que

 

17. de que.

a) En el habla popular se emplea como locución conjuntiva con el sentido de ‘en cuanto, tan pronto como’:

*«De que el Picaza venga a la mili, ni se vuelve a acordar de ella» (Delibes Hoja [Esp. 1986]).

Es uso que hoy rechaza la norma culta.

b) Sobre el uso correcto o incorrecto de la preposición de ante la conjunción que, ver Dequeís y Queísmo.

 

ni que decir tiene

 

18. ni que decir tiene. Significa ‘no hace falta decir(lo)’ y funciona como locución adverbial equivalente a por supuesto:

«La oposición, ni que decir tiene, censuró unánimemente a los interpelados» (Tiempos [Bol.] 2.2.97);

«Ni que decir tiene que este trabajo excelente les prestará un servicio inestimable» (Vanguardia [Esp.] 2.6.95).

En esta locución, que es conjunción átona que no debe tildarse.

 

no... más que

 

19. no... más que. Seguido de una expresión cuantitativa, esta construcción significa ‘solamente’:

«No tiene más que 28 años» (Tiempo [Col.] 1.12.91).

No debe confundirse con no... más de, que expresa límite máximo, no cantidad exacta:

«En esa época Buenos Aires no tenía más de 25 cuadras» (Zaefferer Navegación [Arg. 1987]).

 

[RAE: Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Santillana, 2005, p. 214-215]