EL LOÍSMO

Norma académica

RAE: Diccionario panhispánico de dudas, 2005

© Justo Fernández López


 

El loísmo

 

1. Es el uso impropio de lo(s) en función de complemento indirecto masculino (de persona o de cosa) o neutro (cuando el antecedente es un pronombre neutro o toda una oración), en lugar de le(s), que es la forma a la que corresponde etimológicamente ejercer esa función.

2. El pronombre lo procede de las formas latinas de acusativo singular illum (masculino) e illud (neutro), y los, de la forma de acusativo masculino plural illos. El acusativo es el caso de la declinación latina en el que se expresaba el complemento directo. Por ello, la norma culta del español estándar solo admite el uso de estas formas para desempeñar dicha función: «Me lo encontré en la calle. Estaba muy contento» (Parra Tristán [Chile 1994]); «Esto Manuel lo comprendió muy bien» (Gironella Hombres [Esp. 1986]); «Yo los estrecho contra mi corazón y deseo se den cuenta de cuánto los amo» (Posse Pasión [Arg. 1995]). No son aceptables en la norma culta usos como los ejemplificados a continuación, en los que lo(s) funciona como complemento indirecto: *«¿Tu identificación?, me dijo; y lo di mi acta de nacimiento» (Excélsior [Méx.] 8.6.96); *Los dije que no se movieran de aquí.

3. El loísmo, al igual que otros fenómenos paralelos relacionados con el uso antietimológico de los pronombres átonos de tercera persona, como el laísmo y el leísmo, comienza a fraguarse en la Castilla primitiva durante la Edad Media. Para las razones de su aparición, leísmo. La incidencia del loísmo ha sido siempre muy escasa en la lengua escrita, especialmente en singular, y solo se documenta hoy en textos de marcado carácter dialectal. La marginación de este fenómeno dentro de la propia norma peninsular de España hizo que no se instalase en el español atlántico (Canarias e Hispanoamérica).

4. Con ciertos verbos y en ciertos contextos sintácticos, es posible que no esté claro para el hablante si el complemento verbal es directo o indirecto, lo que conduce, en ocasiones, a un uso erróneo de los pronombres átonos de tercera persona. Como reacción ante el leísmo aparente de determinadas construcciones, se incurre, en ocasiones, en loísmo o laísmo ultracorrectos. Para estos casos dudosos, ver leísmo. En cuanto a las oraciones impersonales con se seguido de pronombre átono (Se le/lo considera el mejor).

5. Se aprecian usos loístas (y laístas) más frecuentes, incluso entre hablantes de cierta cultura, con verbos que se construyen con un sustantivo en función de complemento directo y que se comportan como semilocuciones verbales. Son casos del tipo de echar un vistazo, prender fuego, sacar brillo, etc. La secuencia formada por el verbo más el complemento directo puede ser sustituida normalmente por un verbo simple de significado equivalente, que lleva como complemento directo el elemento que funciona como indirecto en la semilocución: echar un vistazo [a algo (c. i.)] = mirar u ojear [algo (c. d.)]; prender fuego [a algo (c. i.)] = quemar [algo (c. d.)]; ello explica estos casos de loísmo que, no obstante, deben evitarse: *Acabo de terminar el trabajo, échalo un vistazo si puedes; *Una vez recuperados los informes, los prendieron fuego; debió decirse échale un vistazo y les prendieron fuego. No deben confundirse estos casos con los de verdaderas locuciones verbales formadas por un verbo y un sustantivo, como hacer añicos o hacer polvo, cuyo complemento sí es directo: Tiró el jarrón y lo hizo añicos; La noticia de la muerte de Pedro los ha hecho polvo.

6. Existe actualmente un loísmo dialectal distinto de los casos anteriormente señalados. Se trata del empleo de lo en la función que le corresponde (complemento directo), pero en casos en que la norma del español estándar emplearía otra forma pronominal de acuerdo con el género o el número del antecedente. Este loísmo se da en zonas en las que el español se halla o se halló en contacto con otras lenguas. No obstante, hay que señalar que, en general, los hablantes cultos de estas zonas emplean los pronombres átonos de acuerdo con la norma culta estándar. Por tanto, los fenómenos señalados a continuación son sobre todo propios de hablantes de zonas rurales o pertenecientes a las capas populares de las ciudades.

a) En la zona andina del Perú, Bolivia y el noroeste de la Argentina, el español ha estado durante siglos en contacto con el quechua y el aimara. Estas lenguas no indoeuropeas se caracterizan por no contar con distinción de género y por marcar el número y el caso de forma muy diferente al español. Estas diferencias gramaticales tan profundas acarrean gran dificultad a los hablantes indígenas cuando se enfrentan al aprendizaje del español y produce fenómenos muy peculiares. El más llamativo es la utilización del pronombre lo como complemento directo, sin distinción de género ni número: *Después toda la oveja me quitó y lo ha llevado a la hacienda; *No lo conozco a sus hermanos.

b) En zonas del norte de España en contacto con el dialecto asturleonés oriental, el sistema de uso de los pronombres átonos de tercera persona se basa en la condición contable o no contable del antecedente, y no en la función sintáctica del pronombre. Así, en el español hablado en la zona central y oriental de Asturias, y en la mayor parte de Cantabria, se usa lo cuando el antecedente es un sustantivo no contable, incluso si este es femenino: *La leche lo cuajaban para hacer queso.

[Real Academia Española: Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Santillana, 2005, p. 403-404]