Ortografía RAE 2010

Tilde diacrítica

RAE: Ortografía básica de la lengua española, 2010


 

LA TILDE DIACRÍTICA

Solo las palabras tónicas son susceptibles de llevar tilde en español. El sistema acentual no tiene como función distinguir sistemáticamente entre palabras tónicas y palabras átonas.

«Puesto que el sistema de acentuación gráfica tiene como objetivo identificar cuál es la sílaba tónica de las palabras, solo son susceptibles de recibir la marca acentual las palabras prosódicamente acentuadas, esto es, las palabras tónicas. Por lo tanto, las palabras átonas, aquellas que carecen normalmente de acento prosódico en la cadena hablada, no llevan tilde.

Hoy por hoy, la única excepción a este principio la constituyen algunos usos de la palabra más, en los que, aun siendo átona, se escribe con tilde. [...]

Las categorías con significado léxico (sustantivos, adjetivos, verbos y adverbios) son, en general, tónicas, mientras que las palabras gramaticales (artículos, conjunciones y preposiciones) son normalmente átonas. [...]

La oposición entre palabras tónicas y átonas no resulta distintiva salvo en muy pocos casos, aquellos en que existen pares de palabras de diferente significado que, siendo idénticas en su composición grafémica, solo se diferencian fónicamente en ese aspecto, como ocurre, por ejemplo, con el pronombre él (tónico) y el artículo el (átono): Él vino de Italia [él | bíno | deitália] y El vino de Italia [elbíno | deitália]. El sistema de acentuación gráfica del español solo tiene en cuenta algunos de estos casos de oposición distintiva entre formas átonas y tónicas en palabras monosílabas y en algunas polisílabas (casi todas bisílabas), señalando la forma tónica del par mediante la aplicación de la llamada tilde diacrítica.» (Real Academia Española: Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2010, § 3.2)

La función de la tilde no es la de indicar cuál es la sílaba tónica (función prosódica), sino la de señalar que la palabra que la lleva es tónica y no debe confundirse con otra formalmente idéntica, pero de pronunciación átona (función diacrítica). La función diacrítica del acento no se verifica en todos aquellos casos en que existen pares de palabras de igual forma, pero distinto significado, que se oponen por su tonicidad o atonicidad. Así, hay ejemplos de pares de monosílabos que cumplen dicha condición en los que, sin embargo, no se distingue la forma tónica de la átona mediante la tilde diacrítica: don (tiene un don), frente al tratamiento de cortesía don (ha venido don Pedro); el nombre de la nota musical la (tónico), frente al artículo la (átono); los nombres de las letras a, de, e, o, te y u, que, como sustantivos, son tónicos y coinciden en su forma con preposiciones, conjunciones o pronombres átonos; palabras polisílabas como las formas verbales tónicas entre, para y sobre (esta última, tónica también como sustantivo), frente a las preposiciones homónimas átonas; el adverbio tónico luego (luego iré), frente a la conjunción átona luego (pienso, luego existo); la voz santo/ta, tónica como sustantivo (es un santo) o como adjetivo (sábana santa), y átona como forma de tratamiento (santa Marta); puesto, palabra tónica cuando es sustantivo o verbo (vete a tu puesto; se ha puesto un gorro) y átona cuando forma parte de la locución conjuntiva puesto que (puesto que él no va, iré yo), etc.

«En español existen infinitud de homónimos tónicos que no se distinguen mediante el uso de la tilde diacrítica, ni siquiera cuando pueden dar lugar a enunciados ambiguos. Así, en el mismo caso que solo se encuentra, por ejemplo, la palabra seguro, que puede ser tanto un adjetivo (‘exento de peligro’) como un adverbio (‘seguramente’), y puede aparecer en enunciados ambiguos como Pedro trabaja seguro (‘trabaja sin peligro’, si seguro se interpreta como adjetivo; o ‘seguramente tenga que trabajar’ o ‘con seguridad tiene que trabajar’, si seguro se interpreta como adverbio). Caso análogo al de los demostrativos es el de los indefinidos otro, algunos, pocos, muchos, etc., que también pueden funcionar como pronombres o como determinantes, y no por ello se tildan en sus usos pronominales, ni aun en los raros casos en que puede darse la doble interpretación en un mismo enunciado, como en ¿Encontraron otros indicios de delito? (si el indefinido otros es pronombre, se pregunta si otras personas, por ejemplo, otros jueces, encontraron algún indicio de delito; mientras que, si otros es aquí un determinante, se pregunta si ciertas personas que no se mencionan encontraron más indicios de delito, indicios adicionales, además de los ya encontrados con anterioridad).» (Real Academia Española: Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2010, § 3.4.3.3)

La tilde diacrítica tiene, por tanto, dentro del sistema acentual del español un carácter excepcional. La nómina de palabras escritas con tilde diacrítica es limitada y ha sido fijada a lo largo del tiempo por la tradición ortográfica. Todas las voces que integran esta nómina tienen en común ser palabras de empleo frecuente.

«La tilde diacrítica en español no se emplea para distinguir pares de palabras de igual forma y distinto significado que siempre son tónicas, como di del verbo decir y di del verbo dar; ve del verbo ir y ve del verbo ver; fue del verbo ir, y fue y fui del verbo ser; sal del verbo salir y el sustantivo sal; vino del verbo venir y el sustantivo vino, etc. Todas estas palabras, de acuerdo con las reglas generales de acentuación, se escriben siempre sin tilde, sea cual sea su significado.» (Real Academia Española: Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2010, § 3.4.3)

TILDE DIACRÍTICA EN PALABRAS MONOSÍLABAS

Las palabras monosílabas se escriben sin tilde. Excepción a esta regla son un grupo de palabras monosílabas tónicas de uso frecuente que se oponen a otras formalmente idénticas, pero de pronunciación átona: pronombres personales tú, él, mí, sí, las formas verbales y , el sustantivo y la palabra más, perteneciente a varias categorías gramaticales.

Se escriben con tilde diacrítica los monosílabos tónicos y sin ella cuando son átonos. Hay excepciones a esta pauta: las letras te y de, y los de las notas musicales mi y si, que no llevan tilde diacrítica aun siendo voces tónicas. Son palabras de baja frecuencia de uso en la lengua corriente, y su distinción gráfica de su homónimo átono no resulta rentable.

Otra excepción es la palabra más, que es átona cuando se emplea como conjunción que indica adición o suma, y se escribe tradicionalmente con tilde por su parentesco formal y semántico con el cuantificador tónico más (adverbio, adjetivo o pronombre). El adverbio más conserva la tilde, aunque se pronuncia átono, en la construcción ponderativa «adjetivo, + más que + el mismo adjetivo»: Tú, vago, más que vago. También conserva la tilde, aunque suele ser átono, en la locución conjuntiva más que (equivalente a sino): Me amarga la vida, pero no me tiene más que a mí.

 

Monosílabos

con tilde diacrítica

sin tilde diacrítica

pronombre personal:

no digas nada.

tu

posesivo:

¿Dónde está tu casa?

él

pronombre personal:

Él lo ha visto todo.

el

artículo:

El cartero ya ha venido

pronombre personal:

Hazlo por .

Solo dependo de mismo.

mi

posesivo:

Olvidé mi sombrero.

sustantivo (‘nota musical’):

empieza por mi natural

pronombre personal:

se lo ha reservado para .

Estaba orgullosa de misma.

adverbio de afirmación:

, lo haré.

sustantivo (‘aprobación no asentimiento’):

En el referéndum triunfó el .

si

conjunción, con distintos valores:

Si no lo encuentras, dímelo.

Pregúntale si quiere ir.

Haz como si no lo supieras.

¿Cómo podría habértelo dicho?

¡Si yo no lo sabía!

Si será bobo...

sustantivo (‘nota musical’):

La obra está en si bemol.

sustantivo (‘plante’ e ‘infusión’):

Posee una plantación de .

Desayuno con leche.

Advertencia: El plural tés mantiene la tilde diacrítica del singular.

te

pronombre, con distintos valores:

Ayer no te vi en la reunión.

¿De qué te arrepientes?

sustantivo (‘letra’):

Escribió una te mayúscula.

forma del verbo dar:

gracias a que estoy de buen humor.

de

preposición:

Vienen de lejanos países.

sustantivo (‘letra’):

Borra esa de.

forma del verbo ser:

más discreto, por favor.

forma del verbo saber:

Ya qué ha pasado.

se

pronombre, con distintos valores:

¿Se lo has traído?

Luis se preparó la comida.

Solo se han visto una vez.

indicador de impersonalidad:

Aquí se trabaja mucho.

indicador de pasiva refleja:

Se hacen trajes a medida.

más

cuantificador (adverbio, adjetivo o pronombre):

Ana vive más lejos que tú.

Cada vez tiene más canas.

No puedes pedir más.

en diversas construcciones o locuciones:

Es de lo más refinado.

Canta más bien mal.

Estate quieto, tonto, más que tonto.

conjunción con valor de suma o adición:

Seis más cuatro, diez.

Son diez más los invitados.

sustantivo (‘signo matemático’):

Coloca el más entre las cifras.

en la locución conjuntiva más que (‘sino’):

No escucha más que a sus amigos.

mas

conjunción adversativa equivalente a pero:

Me creyeron, mas solo después de verle.

 

 

 

 

Es incorrecto escribir el pronombre personal ti con tilde por analogía con y , pues no existe ningún monosílabo átono de igual forma del que deba distinguirse.

En ediciones modernas de textos antiguos, donde la forma pronominal nos es muy frecuente, se escribe con tilde diacrítica para facilitar la lectura y comprensión de los enunciados en que aparece: Si nós muriéremos en campo, en castiello nos entrarán. Otro coraçón tiene Él que nós.

Otras palabras monosílabas tónicas, caídas en desuso, se escriben con tilde diacrítica en ediciones modernas de textos antiguos para diferenciarlas de las homónimas átonas: á del verbo aver (hoy haber), frente a la preposición a; el adverbio tónico ý (‘allí’), frente a la conjunción y; o la forma verbal del verbo seer (hoy ser), frente a la preposición o el posesivo so: Tu amiga só.

ELIMINACIÓN DE LA TILDE DIACRÍTICA en el adverbio solo y los pronombres demostrativos

La palabra solo, tanto cuando es adverbio y equivale a solamente (Solo llevaba un par de monedas en el bolsillo) como cuando es adjetivo (No me gusta estar solo), así como los demostrativos este, ese y aquel, con sus femeninos y plurales, funcionen como pronombres (Este es tonto; Quiero aquella) o como determinantes (aquellos tipos, la chica esa), no deben llevar tilde según las reglas generales de acentuación, bien por tratarse de palabras llanas terminadas en vocal o en -s, bien, en el caso de aquel, por ser aguda y acabar en consonante distinta de n o s.

Aun así, las reglas ortográficas anteriores prescribían el uso de tilde diacrítica en el adverbio solo y los pronombres demostrativos para distinguirlos, respectivamente, del adjetivo solo y de los determinantes demostrativos, cuando en un mismo enunciado eran posibles ambas interpretaciones y podían producirse casos de ambigüedad, como en los ejemplos siguientes: Trabaja sólo los domingos [= ‘trabaja solamente los domingos’], para evitar su confusión con Trabaja solo los domingos [= ‘trabaja sin compañía los domingos’]; o ¿Por qué compraron aquéllos libros usados? (aquéllos es el sujeto de la oración), frente a ¿Por qué compraron aquellos libros usados? (el sujeto de esta oración no está expreso y aquellos acompaña al sustantivo libros).

La última norma académica (2010) permite prescindir de la tilde en los demostrativos incluso en casos de ambigüedad. La recomendación general es, pues, no tildar nunca ni el adverbio solo ni los demostrativos:

«Puesto que ese empleo tradicional de la tilde diacrítica no opone en estos casos formas tónicas a otras átonas formalmente idénticas (requisito prosódico que justifica el empleo de la tilde diacrítica), ya que tanto el adjetivo solo como los determinantes demostrativos son palabras tónicas, lo mismo que el adverbio solo y los pronombres demostrativos, a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en estas formas incluso en casos de doble interpretación. Las posibles ambigüedades son resueltas casi siempre por el propio contexto comunicativo.» (Real Academia Española: Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2010, § 3.4.3.3)

Las posibles ambigüedades pueden resolverse casi siempre por el propio contexto comunicativo (lingüístico o extralingüístico), en función del cual solo suele ser admisible una de las dos opciones interpretativas. Los casos reales en los que se produce una ambigüedad que el contexto comunicativo no es capaz de despejar son raros y rebuscados, y siempre pueden evitarse por otros medios, como el empleo de sinónimos (solamente o únicamente, en el caso del adverbio solo), una puntuación adecuada, la inclusión de algún elemento que impida el doble sentido o un cambio en el orden de palabras que fuerce una única interpretación.

Las formas neutras de los demostrativos, es decir, las palabras esto, eso y aquello, que solo pueden funcionar como pronombres, se han escrito siempre sin tilde: Eso no es cierto; No entiendo esto.

SUPRESIÓN DE LA TILDE DIACRÍTICA en la conjunción disyuntiva o: 4 o 5 y no 4 ó 5

Las viejas ortografías se preparaban pensando en que todo el mundo escribía a mano. La nueva no ha perdido de vista la moderna escritura mecánica: de la ya vetusta máquina de escribir al ordenador. Hasta ahora, la conjunción o se escribía con tilde cuando aparecía entre cifras (4 ó 5 millones) para no confundirla con el 0. Era una excepción de las reglas de acentuación del español: "era la única palabra átona que podía llevar tilde". Sin embargo, los teclados de ordenador han eliminado "el peligro de confundir la letra o con la cifra cero, de tamaño mayor".

El uso de la tilde diacrítica en la conjunción disyuntiva o no está justificado desde el punto de vista prosódico, puesto que la conjunción o es átona (se pronuncia sin acento) y tampoco se justifica desde el punto de vista gráfico, ya que tanto en la escritura mecánica como en la manual los espacios en blanco a ambos lados de la conjunción y su diferente forma y menor altura que el cero evitan suficientemente que ambos signos puedan confundirse (1 o 2, frente a 102). Por lo tanto, a partir de este momento, la conjunción o se escribirá siempre sin tilde, como corresponde a su condición de palabra monosílaba átona, con independencia de que aparezca entre palabras, cifras o signos: ¿Quieres té o café?; Terminaré dentro de 3 o 4 días; Escriba los signos + o en la casilla correspondiente.

La tilde en aún/aun

El adverbio aún/aun puede pronunciarse como una palabra tónica con hiato: [a.ún] (No la he visto aún); o como una palabra átona con diptongo: [aun] (Aun cuando sea verdad, no te creerán). La forma bisílaba tónica debe escribirse con tilde, la átona sin ella.

Pautas generales, basadas en la pronunciación que suele corresponder a cada uno de los valores, para determinar cuándo este adverbio debe escribirse con tilde o cuándo sin ella:

a) El adverbio aún es tónico y debe escribirse con tilde cuando se puede sustituir por todavía, con valor temporal (aún me emociona esta canción); con valor ponderativo o intensivo, acompañado de los adverbios más, menos, mejor, peor, etc. (no te quejes, que aún has tenido suerte).

b) El adverbio aun es átono y debe escribirse sin tilde: cuando se utiliza con el mismo sentido que hasta, incluso, también (o siquiera, cuando va precedido de ni en construcciones de sentido negativo): Aun dormida re recita la lista de los reyes godos. Ni aun su padre consiguió convencerla; cuando tiene valor concesivo en oraciones que admiten paráfrasis con aunque o a pesar de, tanto en la locución conjuntiva aun cuando como seguido de un gerundio, un participio, un adverbio o un grupo preposicional: Continuó hablando, aun cuando nadie le escuchaba.

Tilde en qué, cuál/es, quién/es, cómo, cuán, cuánto/a/os/as, cuándo, dónde y adónde

Escritura con tilde

Las palabras qué, cuál/es, quién/es, cómo, cuán, cuánto/a/os/as, cuándo, dónde y adónde (y las formas de plural y de femenino: cuáles, quiénes, cuántas, cuántos) son tónicas y se escriben con tilde diacrítica cuando tienen sentido interrogativo o exclamativo para diferenciarlas de sus homónimas átonas que, cual, quien, como, cuan, cuanto, cuando, donde y adonde (asimismo con sus femeninos y plurales: cuales, quienes, cuantas, cuantos).

Estas palabras, por sí solas o precedidas de alguna preposición, introducen oraciones interrogativas o exclamativas directas:

¿Qué ha dicho?

¡Con qué seriedad trabaja!

¿Con cuál se queda usted?

¿De quién es esto?

¡Cómo ha crecido este niño!

¡Cuán bello es este paisaje!

¿Cuántos han venido?

¿Hasta cuándo os quedáis?

¿Adónde quieres ir?

No siempre los enunciados interrogativos y exclamativos independientes se escriben necesariamente entre signos de interrogación o exclamación. Se prescinde de estos signos si se trata de preguntas retóricas que no requieren respuesta; no obstante, los interrogativos y exclamativos que las encabezan siguen siendo tónicos y mantienen su acentuación gráfica:

De qué sirve huir de las ciudades si lo persiguen a uno hasta el fin del mundo.

Cuántas cosas he vivido a su lado y cuántas podían aún sucederme en su compañía.

También introducen oraciones interrogativas o exclamativas indirectas (con verbo explícito o sin él), que constituyen oraciones subordinadas sustantivas, es decir, que ejercen funciones propias del sustantivo (sujeto, complemento directo, etc.) dentro de otra oración:

Ya verás qué bien lo pasamos.

Le explicó cuáles eran sus razones.

No sé quién va a venir.

No te imaginas cómo ha cambiado todo.

La nota indica cuándo tienen que volver.

Voy a preguntar por dónde se va al castillo.

Quieren ir de vacaciones, pero no saben aún dónde.

«Se consideran interrogativas indirectas no solo las oraciones subordinadas que se corresponden con una pregunta real en estilo directo, como en el enunciado Preguntó qué tenía que hacer para ir al centro, sino también aquellas en las que, sin implicar una pregunta directa, el interrogativo representa la existencia de una incógnita o una incertidumbre (referida a persona, lugar, cosa, etc.).

Al tratarse de oraciones subordinadas, las interrogativas y exclamativas indirectas no se pronuncian con la entonación específicamente interrogativa o exclamativa de las directas, ni se escriben tampoco entre signos de interrogación o exclamación; no obstante, las palabras que las introducen (aparte de la conjunción si, que es átona: Dime si vas a venir; Depende de si he terminado a tiempo) son siempre interrogativos y exclamativos tónicos, que deben escribirse con tilde:

Hay que preguntarse qué hemos hecho de nuestra libertad rebelde.

Ahora entiendo para qué me citó en el Cuartel General.

Venga usted en invierno y verá qué frío.

Yo sé quién es usted y desde dónde viene.

Me di cuenta de cuánto lo quería.

Recordó a tiempo cómo había echado de menos a los niños.

Comprendió cuán breve era la vida.

Como se ve, también en las interrogativas y exclamativas indirectas los interrogativos y exclamativos pueden ir precedidos de preposición.» (RAE: Ortografía 2010: 3.4.3.2.1.1.1)

Los interrogativos sustantivados mediante un determinante, normalmente el artículo el, son tónicos y conservan la tilde diacrítica, incluso cuando van en plural:

Que me expliquen bien el cómo y el cuándo, el lugar y el tiempo en que todo esto sucede.

En este trabajo lo importante no es el qué, sino el cuánto.

Ahora queda decidir el cómo y el cuándo de la intervención.

Nadando en el río del cuándo y los tres dóndes de mi dimensión actual y eterna.

Muchos interrogativos y exclamativos forman parte de locuciones, expresiones o fórmulas oracionales:

Deja de pensar en el qué dirán y decide ya.

–Muchas gracias. –No hay de qué.

Me da no sé qué decírselo.

Me pidió el auto para ir qué sé yo dónde.

Me dieron un susto que para qué.

–¿Te has enfadado? –¡Qué va!

Se quitó el sombrero y, sin qué ni para qué, lo tiró por la ventana.

Entonces, sin venir a qué, comenzó a reír.

Tiene un no sé qué que consigue encandilar a todos.

Tiene tres hijas, a cuál más guapa.

Mira quién fue a hablar, el de la conducta irreprochable.

Lo preguntó no sé quién.

Tú no eres quién para prohibírselo.

Quién sabe, algún día saldremos de pobres.

Esa película es del año no sé cuántos.

Pasó por no sé cuántas manos antes de que tú lo compraras.

En este punto, mira por dónde, estoy de acuerdo contigo.

En correlaciones distributivas, con valor de indefinidos, las palabras quién, cuál y cuándo son tónicas y se escriben con tilde:

En nuestra cabina se respira una atmósfera de serenidad. Quién lee revistas, quién escribe cartas, quién juega al ajedrez.

Luego hacían los toros cosas graciosas. Cuál fingía que se despanzurraba, cuál pegaba una voltereta, cuál buscaba hierba.

La correlación cuándo..., cuándo..., poco frecuente hoy, significa ‘unas veces..., otras veces...’:

Cuándo este, cuándo el otro, dejaban escapar un suspiro.

Sin embargo, cual y quien son átonos y se escriben sin tilde en las locuciones pronominales indefinidas cual más, cual menos y quien más, quien menos, cada cual, cada quien.

Escritura sin tilde

Cuando estas mismas palabras funcionan como adverbios o pronombres relativos o, en el caso de algunas de ellas, también como conjunciones, son átonas (salvo el relativo cual, que es tónico cuando va precedido de artículo) y se escriben sin tilde.

Se escriben sin tilde los relativos que introducen oraciones subordinadas con antecedente expreso:

¿Conoces a ALGUIEN que pueda alojarme allá?

Otra cosa linda era esa ELEGANCIA con que soltaba los billetes.

NADA tengo que perder.

TODO cuanto publica tiene un enorme interés.

Así pudo darse cuenta del MODO como gozan los hijos de Dios.

Abrirán una TIENDA donde habrá de todo.

¿Estás buscando un LUGAR donde dormir?

El relativo cual, a pesar de ser tónico cuando va precedido de artículo, se escribe sin tilde, como los relativos con antecedente expreso:

El PUERTO hacia el cual nos dirigimos.

Se escriben también sin tilde los relativos que introducen oraciones subordinadas de relativo sin antecedente expreso (salvo cuando el antecedente implícito es da carácter inespecífico, caso en el que el relativo puede ser tónico y escribirse con tilde:

Quien lo había convencido al fin era su hermana.

Si actuamos como lo hacemos, no es por lucro personal.

Se tumbo cuan largo era en el diván.

Demoró el trámite cuanto pudo.

Te llevo donde quieras.

Cuando se coordinan varios relativos sin antecedente expreso, todos, salvo el último, se pronuncian tónicos; no obstante, mantienen su grafía sin tilde:

Puedes conseguirlo donde, como y cuando quieras.

Cuando funcionan como conjunciones algunas de las palabras de esta serie son átonas y se escriben sin tilde:

Le preocupa que el plan fracase.

Hay más pobres ahora que antes.

Yo que tú no lo haría.

Está que no cabe en sí de gozo.

Me voy, que ya llego tarde.

¡Que te mejores!

¡Que viene el jefe!

Estoy dispuesto a no dormir con tal de que terminemos.

Es listo como su madre.

La palabra como tampoco lleva tilde cuando funciona como conjunción completiva (equivalente a que), especialmente con verbos de percepción o que denotan exposición o relato:

Me contó como habían quedado en verse al salir del trabajo.

Verás como al final no viene.

Ya habrás oído como le echan la culpa a él.

No obstante, en muchos de estos casos puede articularse como voz tónica y escribirse con tilde: Vi cómo lo hizo [= ‘vi de qué modo lo hizo’]

Las palabras como, cuando y donde o adonde también son átonas y se escriben sin tilde cuando funcionan con otros valores: Como preposición equivalente a de o con el sentido de ‘en calidad de’: jugaba como delantero centro. Como adverbio de valor aproximativo: Estuve esperando como media hora. Cuando preposición: Cuando niño solía ir todas las tardes a ver a sus abuelos. Donde o adonde preposición con el sentido de ‘junto a’: Se detuvo a descansar donde el obelisco.

Muchos de estos relativos y conjunciones forman parte de construcciones, en las que mantienen su pronunciación átona y su escritura sin tilde: ¿A que no sabes quién ha venido? El caso es salir a como dé lugar. La flor dura cuando más un par de días. Volveré cuanto antes.

ESCRITURA CON O SIN TILDE

Hay casos en los que son posibles las dos acentuaciones prosódicas y las dos soluciones gráficas. En algunos casos, la alternativa tónica o átona supone una diferencia sustancial de significado, mientras que en otros el significado es muy similar, si no idéntico.

La escritura con tilde o sin tilde depende del sentido que se quiera expresar. Un mismo contexto lingüístico puede acoger tanto un elemento tónico escrito con tilde como un elemento átono escrito sin ella, si bien cada una de dichas opciones corresponde a un tipo diferente de oración y expresa un significado sustancialmente distinto:

Se ha olvidado de quién la cuidó toda su infancia. (El interrogativo tónico quién introduce una oración interrogativa indirecta y el enunciado significa ‘se ha olvidado de qué persona la cuidó, no recuerda quién fue esa persona’).

Se ha olvidado de quien la cuidó toda su infancia. (El relativo átono quien introduce una oración de relativo sin antecedente expreso y el enunciado significa ‘se ha olvidado de la persona que la cuidó, ya no tiene presente a esa persona’).

La decisión dependerá de cuántos participen en el proyecto. (El interrogativo tónico cuantos introduce una oración de relativo sin antecedente expreso y el enunciado significa ‘la decisión dependerá de qué número de persona participen en el proyecto’).

La decisión dependerá de cuantos participen en el proyecto. (El relativo átono cuantos introduce una oración de relativo sin antecedente expreso y el enunciado significa ‘la decisión dependerá de lo que opinen las personas que participen en el proyecto’).

No nos habló de cuándo estuvo aquí. (El interrogativo tónico cuándo introduce una interrogativa indirecta y el enunciado significa ‘no nos dijo en qué momento concreto estuvo aquí’).

No nos habló de cuando estuvo aquí. (El relativo átono cuando introduce una oración de relativo sin antecedente expreso y el enunciado significa ‘no nos habló, no nos contó cosas, de la época en que estuvo aquí’).

Aunque los relativos, presenten o no antecedente expreso, son normalmente átonos y se escriben sin tilde, hay casos en que pueden pronunciarse tanto con acento prosódico como sin él. Esta doble posibilidad se da cuando los relativos introducen subordinadas relativas sin antecedente expreso, siempre que el antecedente implícito sea indefinido y tenga carácter inespecífico (una persona, alguien, algo, algún lugar, nadie, nada, etc.). Esto ocurre cuando la oración de relativo sin antecedente depende de verbos como haber, tener, buscar, encontrar, necesitar, etc., que admiten complementos indefinidos de carácter inespecífico. En estos casos es aceptable escribir el relativo tanto con tilde, reflejando la pronunciación tónica, como sin ella, representando la pronunciación átona.

El problema es que no hay con qué/que alimentar a tanta gente.

Ya ha encontrado quién/quien le quiera y no necesita nada más.

Buscó dónde/donde sentarse, pero no había asientos libres.

No tenía cómo/como defenderse de las acusaciones.

En la fórmula interjectiva hay que ver la conjunción que (átona) se escribe sin tilde: ¡Hay que ver lo caro que está todo!

No debe confundirse esta fórmula con los casos en los que el relativo tónico que introduce una oración relativa con el verbo ver y el antecedente indefinido implícito: La televisión se ha vuelta aburrida: ya no hay qué ver por las noches (‚no hay nada que ver por las noches’).

Hay verbos como gustar, depender, saber, ignorar, olvidar, recordar, imaginar, etc., o expresiones como según o independientemente de, que pueden construirse, bien con oraciones de relativo sin antecedente expreso introducidas por un relativo átono (sin tilde), bien con oraciones interrogativas indirectas encabezadas por un interrogativo tónico (con tilde). A menudo la elección de una u otra estructura oracional no supone una diferencia sustancial de significado:

Me gusta como viste (oración de relativo sin antecedente = ‘me gusta la manera como viste’).

Me gusta cómo viste (oración interrogativa indirecta = ‘me gusta de qué manera viste’).

Depende de cuando llegue (oración de relativo sin antecedente = ‘depende del momento en el que llegue’).

Depende de cuándo llegue (oración interrogativa indirecta = ‘depende de en qué momento llegue’).

En general, suele ser más frecuente en estos casos el empleo de interrogativas indirectas y, por tanto, de interrogativos tónicos escritos con tilde.

La palabra como puede funcional como conjunción completiva (equivalente a que) introduciendo oraciones sustantivas de complemento directo dependientes de ciertos verbos como los de percepción (ver, oír, observar, comprobar, etc.) o los que denotan exposición o relato (explicar, relatar, señalar, etc.). Este como conjuntivo es átono y se escribe sin tilde, y lo que se percibe o expone es el hecho que expresa la subordinada:

Ya verá como al final todo se resuelve [= ‘ya verá que...’].

Este mismo tipo de verbos se construyen frecuentemente también con oraciones interrogativas indirectas de valor modal introducidas por el adverbio interrogativo tónico cómo:

Ve cómo lo hizo [= ‘vi de qué modo lo hizo’].

Me contó cómo consiguió convencerlo [= ‘me contó de qué modo logró convencerlo’].

«Puesto que en muchas ocasiones la percepción o exposición de un hecho es indisoluble de la del modo en que este se produce, la conjunción átona como viene a confluir a menudo, en oraciones dependientes de estos verbos, con el adverbio interrogativo tónico cómo. En esos casos en que el elemento introductor de la subordinada puede interpretarse de ambas formas y articularse como voz átona o tónica, es admisible su escritura sin tilde o con ella:

Oyó como se abría una puerta.

Oyó cómo madre e hijo bajaban las escalera de nuevo.

Rogelio vio como Mayra se alejaba.

Vi cómo en cada salida se llevaban los cubiertos de plata.

Cuenta como un pastor que apacentaba allí sus rebaños venía observando la existencia de un pequeño rectángulo al que las ovejas nunca se acercaban

Contó cómo una noche había parecido por casa seguido de una docena de estudiantes.

No obstante, hay contextos en que el uso de la conjunción átona o del adverbio interrogativo tónico en oraciones dependientes de estos verbos supone una diferencia notable de significado. En esos casos la presencia o ausencia de tilde no es indistinta ni opcional, sino que debe adecuarse al sentido que se desea expresar:

Ya verás como viene (‘seguro que viene, ya verás’).

Ya verás cómo viene (‘ya verás de qué manera viene: desaliñado, cansado...’).» (RAE: Ortografía 2010: § 3.4.3.2.3)

Porqué / porque / por qué / por que

a) porqué

Es un sustantivo masculino que equivale a causa, motivo, razón, y se escribe con tilde por ser palabra aguda terminada en vocal. Puesto que se trata de un sustantivo, se usa normalmente precedido de artículo u otro determinante:

No comprendo el porqué de tu actitud [= la razón de tu actitud].

Todo tiene su porqué [= su causa o su motivo].

Como otros sustantivos, tiene plural:

Hay que averiguar los porqués de este cambio de actitud.

b) por qué

Se trata de la secuencia formada por la preposición por y el interrogativo o exclamativo qué (palabra tónica que se escribe con tilde diacrítica para distinguirla del relativo y de la conjunción que). Introduce oraciones interrogativas y exclamativas directas e indirectas:

¿Por qué no viniste ayer a la fiesta?

No comprendo por qué te pones así.

¡Por qué calles más bonitas pasamos!

Obsérvese que, a diferencia del sustantivo porqué, la secuencia por qué no puede sustituirse por términos como razón, causa o motivo.

c) porque

Se trata de una conjunción átona, razón por la que se escribe sin tilde. Puede usarse con dos valores:

Como conjunción causal, para introducir oraciones subordinadas que expresan causa, caso en que puede sustituirse por locuciones de valor asimismo causal como puesto que o ya que:

No fui a la fiesta porque no tenía ganas [= ya que no tenía ganas].

La ocupación no es total, porque quedan todavía plazas libres [= puesto que quedan todavía plazas libres].

También se emplea como encabezamiento de las respuestas a las preguntas introducidas por la secuencia por qué:

  –¿Por qué no viniste? –Porque no tenía ganas.

Cuando tiene sentido causal, es incorrecta su escritura en dos palabras.

Como conjunción final, seguida de un verbo en subjuntivo, con sentido equivalente a para que:

Hice cuanto pude porque no terminara así [= para que no terminara así].

En este caso, se admite también la grafía en dos palabras (pero se prefiere la escritura en una sola):

Hice cuanto pude por que no terminara así.

d) por que

Puede tratarse de una de las siguientes secuencias:

La preposición por + el pronombre relativo que. En este caso es más corriente usar el relativo con artículo antepuesto (el que, la que, etc.):

Este es el motivo por (el) que te llamé.

Los premios por (los) que competían no resultaban muy atractivos.

No sabemos la verdadera razón por (la) que dijo eso.

La preposición por + la conjunción subordinante que. Esta secuencia aparece en el caso de verbos, sustantivos o adjetivos que rigen un complemento introducido por la preposición por y llevan además una oración subordinada introducida por la conjunción que:

Al final optaron por que no se presentase.

Están ansiosos por que empecemos a trabajar en el proyecto.

Nos confesó su preocupación por que los niños pudieran enfermar.