VALORES DE LA PARTÍCULA SE

© Justo Fernández López


 

SE

CATEGORÍA GRAMATICAL

VALOR

FUNCIÓN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

pronombre personal de tercera persona

 

reflexivo

Puede desempeñar funciones de objeto directo o indirecto:

La niña se lava. [complemento directo reflexivo]

La niña se lava las manos. [complemento indirecto reflexivo]

recíproco

Los novios se conocieron en un viaje [complemento directo recíproco]

Los novios se escribían cartas. [complemento indirecto recíproco]

 

expresivo

Dativo de interés referido al sujeto, con función sintáctica similar a la del complemento indirecto, pero sin ser argumental, es decir, sin venir exigido por el verbo:

Se leyó a todos los clásicos.

Se merece ese premio.

 

personal

Dativo variante formal de le/les, que sustituye al pronombre personal átono le/les cuando precede al acusativo lo, la, los, las:

Le devolví el disco que me presto.

Se lo devolví [*le lo devolví].

componente de tercera persona de verbos pronominales

Función pronominalizadora: modifica el significado de algunos verbos transitivos o intransitivos (Acordó dejar los estudios. > No se acordó de cerrar la puesta con llave.

No desempeña ninguna función sintáctica en la oración cuando no es reflexivo – no es un mero componente integrado en el verbo y forma con él un verbo pronominal:

me avergüenzo [no significa ‘yo me avergüenzo a mí mismo’]

me alegro [no significa ‘yo me alegro a mí mismo’, sino que hay algo por lo que me alegro, que me causa alegría]

El pronombre no es separable del verbo ni desempeña función nominal, ya que con él constituye el núcleo del predicado.

 

 

intransitivizador

Con la incorporación de se, un verbo transitivo de cambio de estado pasa a intransitivo, pierde uno de sus argumentos y se altera el tipo de sujeto que toma:

Miguel y Ana se casaron.

El objeto pasa a ser sujeto:

La clase los aburre. > Se aburren con la clases.

El sol derrite la nieve. > La nieve se derrite con el sol.

El verbo deja de ser causativo.

componente o morfema de pasiva y de impersonalidad

sin valor pronominal ni funcional

“No es un reflexivo ni desempeña función nominal, sino que no es ni siquiera pronombre. Es una mera partícula encubridora de «actor».” [Gómez Torrego, L.: Gramática didáctica..., p. 115]

Se venden libros de textos.

Se trabaja mejor en equipo.

LA PARTÍCULA SE

La forma se encierra un gran número de valores gramaticales y aparece en estructuras sintácticas muy diversas, por lo que resulta una de las piezas más complejas de la sintaxis española.

Aunque todo pronombre puede desempeñar las mismas funciones que el nombre, se solo puede ser complemento directo (CD) o complemento indirecto (CI). Por tanto, no se le debe asignar ninguna otra función, ni siquiera la de sujeto, como con frecuencia se hace erróneamente.

«Los problemas que plantea la partícula se para un análisis serio y exhaustivo son ya muy conocidos. Particularmente difícil es aprehender todos sus matices significativos, y aún más intentar establecer unos pocos valores, o incluso un valor único, a partid e los cuales poder deducir todos sus matices de sentido.

Su frecuencia de aparición es muy elevada: casi la cuarta parte de las formas verbales que aparecen en un texto español van incrementadas por se. Y de todas ellas, solo una pequeña parte puede calificarse como propiamente ‘reflexiva’. La mayor parte de los verbos incrementados por se indicar un ‘proceso’ desarrollado dentro del sujeto sintáctico. Por otro lado, el uso de se en la llamada ‘pasiva refleja’ y en construcciones impersonales constituye también un apartado más numeroso que el de frases propiamente ‘reflexivas’.

Por todo ello, no parece muy acertado afirmar que el valor primario de se es el ‘reflexivo’, y que todos los demás no son sino extensiones. Por lo menos, en una perspectiva sincrónica, ya que diacrónicamente, partiendo del latín hasta llegar al español actual, sí parece cierto que el valor primitivo de se fue el ‘reflexivo’, y que de él surgieron todos los demás.» [Cano Aguilar, R.: Estructuras sintácticas transitivas en el español actual. Madrid: Gredos, 1987, p. 256]

«Hasta ahora no se ha llegado a ningún acuerdo en la clasificación de este se pasivo. Alarcos, tras negar que la pasiva con ser sea una auténtica pasiva en español, hace lo mismo con la ‘pasiva refleja’. En frases como se construye una casa o se construyen casas, considera que se es un implemento, u objeto directo, pues el sujeto es el elemento que concuerda con el verbo, y hay posibilidad de complemento, u objeto indirecto: se le construye una casa, se le construyen casas. No deja de ser una solución algo forzada, y excesivamente formalista. En estas frases no puede decirse que se sea pronombre personal, pues al conmutarse por otro cambia la estructura de la frase. (me construye una casa, etc.), y se tampoco tiene ahí función deíctica.

Tampoco era un pronombre en lo que hemos llamado ‘voz media’. Pero en ella podía sustituirse por otro pronombre, sin que variara la estructura sintáctico-semántica de la frase: Juan se alegra, me alegro, etc. [...]

Ahora bien, se no es un pronombre sujeto, como lo es on en francés, man en alemán, o como lo fue omne, ome, en el español medieval, y hombre en el siglo XVI. No solo no se conmuta con formas nominales o pronominales, sino que ciertos hechos distribucionales le niegan el carácter de pronombre sujeto: él no quiere a Juana / *se no quiere a Juana, *no él quiera a Juana / no se quiere a Juana.

Por supuesto, se no es un pronombre sujeto en se venden botellas, donde la concordancia nos indica cuál es el sujeto sintáctico, a pesar de que frases como esta tiendan cada vez más a interpretarse como ‘activas’. Aquí podemos considerar a se como ‘marca de pasiva’; y en frases como se te quiere mucho podemos llamarlo ‘impersonal’ o signo de indeterminación léxica de sujeto. Pero la historia de estas construcciones y el sentimiento lingüístico del hablante, o del gramática, al interpretarlas, parecen mostrarnos que nos hallamos ante un mismo se, aunque los tipos de frases que constituyen no sean idénticos y les demos denominaciones distintas.» [Cano Aguilar, Rafael: Estructuras sintácticas transitivas en el español actual. Madrid: Gredos, 1987, p. 295-296]

·

«Roldán (1971), Schroten (1972), Martin (1979), entre otros, tratan a se como un pronombre reflexivo y afirman que todas las construcciones en que aparece pueden derivarse mediante una regla de ‘reflexivización’. Ahora bien, ni el estatuto de pronombre ni el de reflexivo dejan de ser controvertidos. En cuanto a su naturaleza pronominal, Mendikoetxea (1999b) observa que la posibilidad de considerar se como un sustituto de un SN disminuye en cuanto dejamos las construcciones propiamente reflexivas y consideramos las medias, impersonales y pasivas. En general, las gramáticas están de acuerdo en negar estatuto pronominal al se de las pasivas e impersonales –si exceptuamos aquellos que consideran al impersonal como un pronombre de referencia indefinida–, pero atribuírselo al de las media obligaría a distinguir los usos pronominales de los no pronominales del ‘pronombre’ se (como hace, por ejemplo, Gómez Torrego (19992)).

Por otra parte, también la consideración de se como reflexivo se ha puesto en duda. Mendikoetxea (1999b) y Otero (1999) distinguen entre expresiones anafóricas reflexivas y clíticos. Para la primera de ambos autores, solo pueden considerarse auténticas expresiones pronominales reflexivas los sintagmas nominales con pronombres personales acompañados del adjetivo mismo (yo mismo, tú mismo, sí mismo...). Estas pueden o no admitir o exigir la presencia del clítico, pero en cualquier caso la reflexividad de la construcción parece deberse a ellas y no a ningún otro elemento.

Una postura opuesta es la defendida por Vera Luján. Desde el punto de vista de la teoría de los prototipos, concluye que es posible defender la unicidad de los distintos ses que aparecen en las construcciones medias, pasivas e impersonales con el se reflexivo. Según esta teoría, las categorías se consideran entidades estructuradas que incluyen elementos centrales o prototípicos y además otros que pueden alejarse parcialmente del prototipo y participar solo parcialmente de sus propiedades. Desde esta perspectiva, los ses que aparecen en las construcciones medias, pasivas e impersonales no son sino imágenes parciales del prototipo correspondiente al pronombre reflexivo; el hecho de tener solo alguna de sus propiedades no constituye un obstáculo para su inclusión en la misma categoría. El rasgo que los ses no reflexivos han perdido es la naturaleza lexemática, relacionada, según Vera, con la posibilidad de encarnar una función sintáctica autónoma; de ello se deriva que tampoco tendrán marca de caso acusativo (frente a lo que opinan otros autores), y no establecerán relación de correferencia con el sujeto.» [Sánchez López, Cristina (ed.): Las construcciones con SE. Madrid: Visor Libros, 2002, p. 138-139]

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«Desde luego, el problema del análisis de se y su posible tratamiento en las diversas construcciones en las que aparece sigue todavía pendiente de estudio y resolución, como ha puesto en evidencia recientemente Sánchez López (2002). [...]

Existen pruebas que justifican la afirmación de que los clíticos del español son un tipo especial de afijos, análogos a la flexión verbal. En primer lugar, parece claro que los clíticos pertenecen a las llamadas categorías flexivas y no a las gramaticales, puesto que no tienen significado léxico, constituyen clases cerradas y, lo que es más importante, sus rasgos con todos de tipo flexivo: rasgos de número, persona, género y también de caso. Así, los clíticos me, te, nos, os poseen rasgos de persona, número y caso; por su parte, los clíticos lo/los, la/las, le/les, además, tienen rasgos de género, mientras que el clítico se es especial, pues es el que menos rasgos propios posee; tal vez, por ello, puede aparecer en muy distintas construcciones.» [Rodríguez Ramalle, T. M.: Manual de Sintaxis del Español. Madrid: Editorial Castalia, 2005, p. 453 + 363]

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«Se distinguen básicamente dos tipos: el se paradigmático y el se no paradigmático.

El se paradigmático es propio de las oraciones en las que la forma se alterna con los pronombres átonos correspondientes a otras personas.

Es lo que sucede cuando se es un pronombre reflexivo (Se cuida poco; Me lo puse; recíproco (Se adoran; Os entendéis); es parte de un verbo pronominal (Yo me canso; Tú te cansas; Él se cansa), o es un dativo no argumental (Se lo terminó; Te lo comiste).

El se no paradigmático aparece en oraciones en las que la forma se no alterna con los pronombres átonos correspondientes a otras personas. Este uso de la forma se es característico de dos construcciones: la pasiva refleja o pasiva con se, como en Las noticias se recibieron ayer (es decir, ‘fueron recibidas’), donde el sujeto las noticias concuerda en número con recibieron, y la impersonal refleja o impersonal con se, como en Se vive bien siendo estudiante, con el verbo siempre en singular.  En ambas estructuras se oculta un argumento verbal. Así, en las oraciones No se le trató bien (impersonal refleja) y Se revisaron todas las tuberías (pasiva refleja) se presenta un estado de cosas en el que se menciona cierta acción y también la entidad que la recibe, pero no se especifica el agente que la lleva a cabo.» [RAE: Nueva gramática de la lengua española. Manual. Madrid: Espasa Libros, 2010, § 41.5.1a-b]

El concepto de PREDICADO, tomado de la lógica, designa la expresión gramatical cuyo contenido se atribuye al referente del sujeto: el grupo verbal que se subraya en El maestro explicaba la lección a los alumnos es el predicado de esa oración, y el elemento variable que lo completa o satura es el sujeto: el maestro. Este verbo explicaba denota, por su significado, una acción que requiere la concurrencia de tres participantes: un agente, que lleva a cabo la acción (el maestro), una información que se expone (la lección) y un destinatario, al que esa acción se dirige (los alumnos). Estos participantes que intervienen en la noción predicativa se suelen denominar ARGUMENTOS o ACTANTES, porque recuerdan los papeles que se atribuyen a los actores en las representaciones dramáticas: sujeto, complemento directo, complemento indirecto, complemento de régimen preposicional.

Un elemento es “no argumental” cuando no está exigido, pedido o seleccionado por el significado del verbo (predicado), es decir, cuando no desempeña ninguna función sintáctica. Los sintagmas (generalmente preposicionales o adverbiales) que no están requeridos semánticamente, pero que contribuyen a precisar el significado de la oración: son los denominados adjuntos.

 

 

 

 

 

 

 

 

SE

 

 

 

paradigmático

alterna con otros pronombres átonos correspondientes a otras personas

 

pronombre reflexivo de complemento directo o indirecto (CD/DI)

pronombre recíproco de complemento directo o indirecto (CD/DI)

morfema pronominal átono no argumental que no desempeña ninguna función sintáctica con los verbos pronominales

se medio de los verbos intransitivos de cambio de estado o verbos medios cuando son pronominales (cansarse, secarse)

dativo no argumental o dativo superfluo: dativo de interés, dativo ético y dativo simpatético

se aspectual o télico: se comió toda la carne

no paradigmático

no alterna con los pronombres átonos correspondientes a otras personas

pasiva refleja con morfema de pasiva se

impersonal refleja o impersonal con se, morfema de impersonalidad

El se es componente oracional de la pasiva refleja o de la impersonal.

Este se ya no es pronombre desde el momento en que no entra a formar parte del paradigma pronominal átono; es decir, en su lugar no caben las formas me, te, nos, os.

variante del dativo le/les ante los acusativos lo, la, los, las

 

SE PRONOMBRE PERSONAL CON VALOR REFLEXIVO o RECÍPROCO

En una oración cuyo verbo tiene valor reflexivo, sujeto y complemento son correferentes, es decir, se refieren a la misma persona, que es, semánticamente, agente y paciente al mismo tiempo, realizador y receptor de la acción. En estas construcciones, el pronombre se –y el resto de los pronombres reflexivos: me, te, nos, os– funciona como complemento directo o como complemento indirecto.

Pronombre personal de tercera persona con valor reflexivo (el sujeto realiza la acción, o la manda realizar, sobre sí mismo) o recíproco (la acción la realizan varios individuos, los unos sobre los otros). En ambos casos el pronombre se puede desempeñar funciones de complemento directo o indirecto:

María se pinta (se = complemento directo reflexivo);

María se pinta los labios (se = complemento indirecto reflexivo);

En construcciones como esta última en la que se funciona como complemento indirecto, se habla a veces de dativo posesivo al admitir la conversión:

María se pinta los labios. > María pinta sus labios.

En las construcciones recíprocas, también los individuos a los que remiten sujeto y complemente son agente y paciente a la vez, y se funciona como complemento directo o indirecto; pero la acción de dos o más sujetos es recibida por ellos mismos de forma intercambiada, de modo que cada uno es receptor de la acción del otro.

Los novios se conocieron en un viaje (complemento directo recíproco);

Ana y Luis se escriben cartas de amor (complemento indirecto recíproco):

Los dos se llaman por teléfono diariamente.

En el uso reflexivo, puede añadirse el refuerzo tónico a sí mismo, siempre que sea el sujeto quien efectivamente realice la acción:

Se convenció a sí mismo de que podía ganar,

frente a

Se convenció [gracias a los argumentos de otros] de que podía ganar.

En las construcciones recíprocas se puede añadir el refuerzo: el uno al otro; el uno con el otro; mutuamente; recíprocamente.

Hay verbos que admiten el uso conjunto del se reflexivo en función de complemento directo y del prefijo de sentido reflexivo auto-.

Tradicionalmente se describen como ‘oraciones reflexivas’ las integradas por un verbo transitivo, en las que, bien mediante formas específicas en el objeto, bien mediante afijos en el predicado, se expresa que el agente o experimentador representado por el sujeto de la oración y el paciente o el receptor del evento denotado por el verbo son una misma entidad, que ambos papeles los asume, pongamos por caso, una misma persona.

«Algunos gramáticos tradicionales añadían al paradigma de los tipos de oraciones que se distinguen en función de la naturaleza del predicado las oraciones REFLEXIVAS. No obstante, estas oraciones pueden ser

transitivas

Se cuida a sí mismo,

intransitivas

Solo confía en sí mismo

y copulativas

Siempre es igual a sí mismo,

en lo que coinciden con las recíprocas.

Así pues, no constituyen una clase distinta, sino clasificaciones cruzadas de los tipos anteriores [transitivas, intransitivas y copulativas]. En general, predomina en la actualidad la opinión de que las propiedades específicas de algunos componentes de las oraciones no determinan necesariamente TIPOS ORACIONALES.» [RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 1.13.k]

En este sentido tampoco se puede hablar de ‘verbos reflexivos’, sino de verbos pronominales que tienen valor reflexivo en el sentido de que la acción que expresan revierte sobre el sujeto: el referente del sujeto ejerce la acción por sí solo y sin ayuda: autolesionarse, autoengañarse, autoconvercerse.

«El español deja a menudo abierta la elección entre la interpretación media y la reflexiva de muchas oraciones construidas con verbos pronominales. La elección entre una y otra es relevante, pero ha de hacerse a partir del contexto o la situación. Es clásica en la gramática tradicional española la polémica acerca de si Me lavo (frente a Me lavo a mí mismo) debe analizarse como oración intransitiva, de forma que me sería la marca del verbo pronominal lavarse, o bien como transitiva y, en tal caso, me constituiría el complemento directo reflexivo del verbo lavar. [...] En el español actual Me lavo es una oración transitiva en la que el pronombre me designa el complemento directo. De este modo, se distinguen claramente en castellano el uso pronominal del verbo llamar (Así es como me llamo) y el transitivo (Se llama a sí mismo Campeón). Como en otros muchos casos, el primer uso alterna en la lengua clásica con la pasiva de participio (Así es como soy llamado).» [RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 41.13.g]

Se tiende a pensar que todo verbo que en infinitivo lleva un se enclítico es un verbo reflexivo: morirse, asustarse, alegrarse. En realidad los verbos reflexivos propiamente dichos no existen. Únicamente existen verbos utilizados como tales, ya que todos los verbos pueden usarse también de forma reflexiva cuando el sujeto resulta ser al mismo tiempo el objeto o el beneficiario de la acción que realiza: Lavarse, afeitarse, peinarse, lavarse la cara, afeitarse la barba, peinarse el pelo. Cuando no es este el caso, se trata de un verbo pronominal.

MORFEMA PRONOMINAL ÁTONO NO ARGUMENTAL

Se llaman verbos pronominales los que contienen en su conjugación formas pronominales átonas con rasgos de persona: arrepentirse, cansarse, marearse.  Entre el sujeto y el pronombre átono se establece concordancia de número y persona: Yo me canso; Tú te arrepientes ~ Vos te arrepentís; Ellas se mareaban.

Los verbos pronominales contienen pronombres átonos como parte de su estructura morfológica. La RAE evita la denominar estos verbos con el término voz media, ya que los pronombres átonos no se asimilan a los morfemas flexivos, y prefiere en su lugar la expresión construcción media aplicada a las oraciones intransitivas que expresan cambio de estado, sea con verbos pronominales (Se secan los campos) l no pronominales (Crece la hierba).

Hay que distinguir también entre la interpretación medio de una oración refleja (Me mojé ‘Resulté mojado’) y la interpretación reflexiva, de significado activo (Me mojé ‘Vertí líquido sobre mí mismo’).

Verbos pronominales:

Verbos intransitivos necesariamente pronominales: atreverse.

Verbos pronominales con complemento preposicional: avergonzarse de.

Verbos doblemente pronominales: se me antoja una paella; se me ocurre una cosa.

Un se intransitivizador unido a un verbo transitivo da lugar a oraciones intransitivas pronominales: pone > ponerse.

Verbos intransitivos que alternan con la forma pronominal sin cambio importante de significado: caer > caerse.

Al no ser argumental el se de los verbos pronominales, no le corresponde una función sintáctica y no constituye el complemento directo del verbo pronominal, sino un segmento que forma parte de la constitución léxica del verbo pronominal.

«El morfema pronominal átono que caracteriza a los verbos pronominales no es argumental, por lo que no le corresponde propiamente una función sintáctica. Así, el morfema se no constituye el complemento directo de despertar en El niño se despertó, sino un segmento que forma parte de la constitución léxica del verbo despertarse. Los mismos pronombres pueden ser también reflexivos, y en tal caso se interpretan como argumentos. De esta forma, la oración Se secó puede ser reflexiva (Se secó con una toalla) o media (Se secó al sol).» [RAE: Nueva gramática de la lengua española. Manual. Madrid: Espasa Libros, 2010, § 41.7.1c]

«Muchos complementos de régimen preposicional se construyen con los llamados verbos pronominales, o verbos que llevan ligado a ellos un morfema verbal que no cumple ninguna función sintáctica:

arrepentirse (de), avergonzarse (de), apoderarse (de), percatarse (de), negarse (a), apresurarse (a), empeñarse (en), batirse (con), etc.

La forma pronominal es morfema verbal. Siempre coincide en persona con el sujeto; si se sustituye por otra no coincidente, la oración es agramatical:

Pedro se arrepintió de su conducta. / *Pedro te arrepintió de tu conducta.

Yo me avergüenzo de ello. / *Yo os avergüenzo de ello.

Se apoderaron del territorio. / *Me apoderaron de él.

Cuando admite sustitución por otra forma pronominal de diferente persona de la del sujeto, sí suele considerarse pronombre y analizarse como CD:

Se convenció de las ventajas del producto.

La / os / te / nos / los... convenció de las ventajas del producto.

Se defendió del agresor.

Me / te / lo / nos... defendió del agresor.»

[Gómez Manzano, P. et al.: Ejercicios de gramática y de expresión. Con nociones teóricas. Madrid: Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, 2006, p. 111]

Juan se durmió cuando intentaba dormir al niño. En Juan se durmió, el se sigue siendo pronombre pues comparte el paradigma de pronombres átonos, pero está despersonalizado al ser un mero morfema o componente verbal. Son verbos que son intransitivos, o han pasado a ser intransitivos con se. Son verbos que se han intransitivizado por la inclusión del pronombre, o bien han pasado a significar algo distinto del verbo pronominal: dormir, levantar, separar no significan lo mismo con el pronombre que sin él. Hay un solo verbo dormir y un verbo dormirse, etc. Existen otros verbos pronominales cuyos significados están aún mucho más lejos de los que poseían los mismos verbos no pronominales: acordar > acordarse; negar > negarse.

EL SE MEDIO

«Los verbos intransitivos de cambio de estado o VERBOS MEDIOS pueden ser pronominales (cansarse, secarse) o no pronominales (aumentar, morir). Se forman a menudo verbos transitivos, llamados causativos, combinando el significado de un verbo de causación (hacer, causar) con el del verbo medio correspondiente. Se suelen reconocer tres variantes en las relaciones léxicas que se obtienen:

  1. El verbo causativo y el verbo medio se diferencian léxicamente: matar ~ hacer morir.

  2. El verbo causativo se diferencia morfológicamente del pronominal en que no incorpora la forma se: secar ~ hacer secarse.

  3. El verbo causativo es idéntico en su forma al verbo medio: aumentar ~ hacer aumentar.

A las alternancias del tipo 1 pertenecen unos pocos pares, entre ellos acallar ~ callar; acrecentar ~ crecer; alumbrar (o dar a luz) ~ nacer; quemar ~ arder. Las del tipo 2 son, en cambio, muy numerosas. A este grupo corresponden acostar ~ acostarse; enfriar ~ enfriarse; llenar ~ llenarse. El tipo 3 alude a contrastes como Los comerciantes subieron los precios (variante transitiva) ~ Los precios subieron (variante intransitiva o media). [RAE: Nueva gramática de la lengua española. Manual. Madrid: Espasa Libros, 2010, § 41.7.3a]

COMPLEMENTOS INDIRECTOS NO ARGUMENTALES

Se habla de dativo cuando se –y el resto de pronombres átonos de complemento indirecto: me, te, nos, le, les– es un signo innecesario que puede suprimirse sin que la estructura resulte agramatical; de ahí, dativo superfluo o expletivo, llamado también a veces ético. Aunque resulte superfluo, suele aportar énfasis o indicar el interés del emisor del enunciado en la acción verbal:

¿Cuántas cervezas te tomas al día?

[= dativo concordado (el sujeto y el dativo te son correferentes]

¿Cuántas cervezas tomas al día?

La madre se queja porque su hijo no le aprueba inglés.

[= dativo no concordado (el sujeto su hijo y el dativo le, referido a la madre, no son correferentes]

Mi hijo no aprueba todas las asignaturas.

Dativo de interés y dativo simpatético

«Se suele denominar dativo ético el pronombre dativo átono no reflexivo que señala al individuo que se ve afectado indirectamente por la acción verbal: No se me acalore (Valle-Inclán, Gerifaltes); Luego la dejé a ella con el timón otra vez y otra vez se me puso nerviosa (Fuentes, Naranjo). Tiene alto contenido afectivo, y se emplea con más frecuencia en el español americano que en el europeo, pero se atestigua en ambos, sobre todo en la lengua oral. Los dativos éticos pueden alternar con otras interpretaciones de los pronombres de complemento indirecto. En efecto, mientras que el pronombre me en Te me olvidaste del niño no admite más interpretación que la de dativo ético, en oraciones como No te me vas a escapar, Juan (Uslar Pietri, Visita) podría interpretarse como un complemento indirecto argumental de procedencia (‘No te vas a escapar de mí’). El dativo ético está próximo en algunos aspectos al simpatético y al de interés, pero es el único que puede aparecer junto a otro pronombre átono con su mismo caso, en contra de las pautas habituales de colocación de los pronombres (§ 16.4.2b), como se ve en Y además dijo ya por último tu abuelo Teófilo, me le quitás esos zapatos de tacones altos (Ramírez, Baile) o en No, no me le estropeen la cabeza, carajo, que es un profesor (Vázquez Montalbán, Galíndez). Este rasgo ha llevado a algunos autores a interpretarlo como morfema pronominal desprovisto de caso.» [RAE: Nueva gramática de la lengua española. Manual. Madrid: Espasa Libros, 2010, § 35.4.2a-b]

Dativo ético y dativo concordado

«Se suele denominar dativo ético el pronombre dativo átono no reflexivo que señala al individuo que se ve afectado indirectamente por la acción verbal: No se me acalore (Valle-Inclán, Gerifaltes); Luego la dejé a ella con el timón otra vez y otra vez se me puso nerviosa (Fuentes, Naranjo). Tiene alto contenido afectivo, y se emplea con más frecuencia en el español americano que en el europeo, pero se atestigua en ambos, sobre todo en la lengua oral.» [RAE: Nueva gramática de la lengua española. Manual. Madrid: Espasa Libros, 2010, § 35.4.2a]

El dativo aspectual

Pronombre personal de tercera persona con valor expresivo. Se trata del uso del se reflexivo (referido al sujeto de la oración), con función sintáctica similar a la del complemento indirecto, pero sin venir exigido por el verbo. Su presencia aporta matices expresivos de diferente tipo y a menudo su uso es expletivo, pudiendo suprimirse sin que la oración sufra cambios de significado:

María (se) leyó la novela de un tirón.

El dativo aspectual se llama también intensivo. Se combina con predicados delimitados o télicos que expresan la culminación de la situación denotada: beberse un litro de vino. Son imprecisos los límites entre el se aspectual y los dativos no argumentales o superfluos.

«El llamado dativo aspectual se parece al ético en su valor fundamentalmente afectivo, pero se diferencia de él en que, como los reflexivos, concuerda en número y persona con el sujeto, por lo que se denomina también dativo concordado: Ya me [1.ª persona singular] leí [1.ª persona singular] toda la prensa; Nos [1.ª persona plural] fumábamos [1.ª persona plural] dos cajetillas diarias. Ambos dativos, el ético y el aspectual, pueden concurrir en la misma oración: Mi hija se [dativo aspectual] me [dativo ético] comió toda la tarta. El dativo aspectual tiene valor enfático. En efecto, la diferencia entre Leímos toda la prensa y Nos leímos toda la prensa radica en que en la segunda opción se da a entender que la lectura implicaba algún esfuerzo, que comportaba cierto mérito o que había algo de particular en el hecho de hacerla. A veces se sugiere que la acción descrita sobrepasa lo que se considera normal o se añaden otras connotaciones similares. El dativo concordado solo se combina con predicados que expresan eventos delimitados, por lo que se rechazan oraciones como *Ana se bebió leche (frente a la leche, un litro de leche o toda la leche); *No me sé geografía (frente a la geografía o la lección de geografía); *Los invitados se bebieron vino (frente a el vino o todo el vino).» [RAE: Nueva gramática de la lengua española. Manual. Madrid: Espasa Libros, 2010, § 35.4.2c]

«A veces se incluyen estas construcciones de dativos en las medias, con las que tienen en común el que se no admite duplicación; sin embargo, debe repararse en que, en las oraciones con dativo, el sujeto es agente y la acción del verbo no le afecta del mismo modo que cuando interviene el se medio. Además, el dativo es eliminable sin que cambie sensiblemente el significado ni la estructura resulte agramatical, y el se medio, normalmente, no puede suprimirse.

Asimismo, se debe procurar distinguir el dativo superfluo del llamado dativo de interés, que nosotros analizamos como una clase de complemento indirecto no argumental. Observe que el superfluo no admite duplicación con el pronombre tónico reflexivo:

*¿Cuántos cafés te tomas a ti mismo?

y sí el dativo de interés

Nos hemos barnizado las puertas a nosotros mismos.

Sin embargo, los dos tienen en común el poderse eliminar:

¿Cuántos cafés tomas al día?

Hemos barnizado las puertas.» [Gómez Manzano et al., o. cit., p. 221]

EL PRONOMBRE SE DE LAS PASIVAS REFLEJAS

Las pasivas con se o pasivas reflejas se construyen con verbos transitivos, pero no contienen participios, sino el morfema pronominal se:

La noticia se publicó en todos los diarios;

Se recibieron los informes y se archivaron.

«Se no es un pronombre sujeto, como lo es on en francés, man en alemán, o como lo fue omne, ome, en el español medieval, y hombre en el siglo XVI. No solo no se conmuta con formas nominales o pronominales, sino que ciertos hechos distribucionales le niegan el carácter de pronombre sujeto: él no quiere a Juana / *se no quiere a Juana, *no él quiere a Juana / no se quiere a Juana.

Por supuesto, se no es un pronombre sujeto en se venden botellas, donde la concordancia nos indica cuál es el sujeto sintáctico, a pesar de que frases como esta tiendan cada vez más a interpretarse como ‘activas’. Aquí podemos considerar a se como ‘marca de pasiva’; y en frases como se te quiere mucho podemos llamarlo ‘impersonal’ o signo de indeterminación léxica del sujeto. Pero la historia de estas construcciones y el sentimiento lingüístico del hablante, o del gramático, al interpretarlas, parecen mostrarnos que nos hallamos ante un mismo se, aunque los tipos de frases que constituyen no sean idénticos y les demos denominaciones distintas.» [Cano Aguilar, o. cit., p. 296]

EL PRONOMBRE SE DE LAS IMPERSONALES REFLEJAS

«El pronombre se de las impersonales reflejas encierra gramaticalmente algunas de las informaciones semánticas que corresponden a los sujetos. No ocupa la posición sintáctica de los sujetos preverbales porque es una forma átona o clítica. Como tal, y a diferencia de los sujetos nominales, se integra morfofonológicamente en el verbo en posición proclítica o enclítica (§ 16.4.1), lo que explica que no vaya seguido de adverbios: No se come ~ *Se no come; Nunca se está satisfecho ~ *Se nunca está satisfecho; Se trabajó ayer ~ *Se ayer trabajó.

Se ha señalado en varios estudios que la forma pronominal se posee rasgos de tercera persona que se manifiestan en la concordancia con el verbo: Se [tercera persona] hablaba [tercera persona] mucho de política. Este hecho ha llevado a algunos gramáticos, clásicos y modernos, a interpretar la forma se de las impersonales reflejas como un CLÍTICO DE SUJETO, es decir, como un pronombre que encierra gramaticalmente algunas de las informaciones semánticas que corresponden a los sujetos. Desde este punto de vista, el pronombre se de las impersonales reflejas (Se trabaja poco) constituye la marca o el exponente de un sujeto tácito, casi siempre de naturaleza genérica, en concordancia con la flexión verbal.

Suele pensarse hoy que la pregunta tradicional acerca de si el pronombre se es o no el sujeto de trabaja en Se trabaja mucho es imprecisa, en la medida en que está en función de varias interpretaciones que recibe el término sujeto. El pronombre se no puede ocupar la posición de los grupos nominales que ejercen esta función sintáctica, ya que es un pronombre átono (es decir, un pronombre clítico adjunto al verbo). Así, pues, junto a

La gente no trabaja mucho,

no se obtiene

*Se no trabaja mucho (frente al francés On ne travaille pas beaucoup), sino

No se trabaja mucho.

En cuanto que se es un clítico de sujeto (no de objeto) en las impersonales reflejas, el verbo manifiesta sus rasgos de tercera persona. Algunos autores han propuesto que estas oraciones contendrían un pronombre nulo o tácito en posición que corresponde a los sujetos nominales preverbales (por tanto, Ø no se trabaja mucho), lo que tendría la ventaja de distinguir el grupo verbal de la oración en su conjunto. Otros entienden que este elemento nulo es innecesario, puesto que el pronombre se identifica por sí solo el argumento del verbo que estas oraciones requieren.» [RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 41.10g-h; § 41.5.2b]

SE VARIANTE FORMAL DEL DATIVO LE/LES

Cuando el pronombre de dativo le/les precede a alguno de los pronombres de acusativo de tercera persona lo, la, los, las adopta la forma se:

Les compré caramelos > Se los compré;

Le puse los zapatos > Se los puse.

El marido le dio un regalo a su mujer.

El marido se lo dio. [se = a su mujer; lo = un regalo]

En cuanto a la transferencia del rasgo plural del dativo invariable se al pronombre de acusativo que le sigue

Les di un premio > *Se los di.

Aunque es obligatorio que comparezcan las dos formas pronominales –la de complemento directo y complemento indirecto–, puede aparecer en casos esporádicos un se variante formal de los pronombres de acusativo lo(s), la(s), sin que concurra un pronombre átono con función de complemento indirecto:#

Llaman cobarde a María > La llaman cobarde > Se lo llaman.

[la = complemento directo; cobarde = complemento predicativo; se = complemento directo; lo = complemento predicativo]

a María contar un chiste > La oír contarlo > Se lo oír contar.

a las niñas cantar la canción > Las oí cantar la canción > Se la oí cantar.

«Este se no tiene nada que ver con su homónimo reflexivo, pues, mientras éste procede del latín se, aquél lo hace de la forma, también latina illi, la cual, asociada con illud, illum, illam, dio el conglomerado pronominal gelo(s), gela(s), existente en el español medieval, y de aquí se pasó a se lo.

Pese a tratarse de un se distinto al reflexivo, al se pasivo e impersonal, es curioso notar que es incompatible con cualquiera de ellos en una misma oración. De ahí que la expresión impersonal

Se le dio el libro

no pueda convertirse en

*Se se lo dio

por pronominalización de el libro. Al lado de se (dativo) no puede aparecer un pronombre de primera o segunda persona.

Teniendo en cuenta que el dativo se aparece siempre seguido de una forma de acusativo de tercera persona [se lo(s), se la(s)], tal vez por esa razón el se impersonal es reacio a juntarse con esas mismas formas, a fin de evitar así la consiguiente ambigüedad. Compárese

Se lo busca (< Se busca profesor de inglés) / Se lo busca (< Le busca profesor de inglés).

Cabe también la interpretación reflexiva:

Se lo busca para sí.

Esto explica tal vez la tendencia, incluso entre hablantes no leístas, a sustituir la forma de acusativo con se impersonal, por le(s), sobre todo cuando se refiere a personas. Así,

Se le busca.

Se les ve pasear.

Se le teme.

Con todo, especialmente en el español actual, no es infrecuente el uso de las formas de acusativo en este caso:

Se la quiere mucho aquí.

Se los vio pasear.» [Porto Dapena, Álvaro: Los pronombres. Madrid: Edi 6, 1986, p. 34-35]

«Cuando el dativo iba unido al acusativo del mismo pronombre, se construía delante de él, siguiendo la forma latina dat illi illum, al revés que, por ejemplo, en francés (que construye primero el acusativo: je le lui donne, je la lui donne) o el alemán (ich gebe es ihm); de donde resultaban los grupos llie llo, llie llos, llie lla, llie llas, que por ley fonética a que se ajusta el grupo de ll + yod intervocálica, tenían que dar ge lo, ge los, ge la, ge las, claro es que con la pronunciación de la g a la manera de la francesa, como lo comprueban las formas coexistentes del leonés ye lo y lle lo. Este ge lo pasó por analogía al plural, y en vez de dat illis illum, que daba lógicamente da-les-lo, se dijo como en singular da-ge-lo.

En el siglo XIV, la forma ge lo empezó a ser sustituida por se lo, que es la moderna, generalizada, gracias a la influencia analógica ejercida por expresiones reflexivas como echóselo, atóselo (a sí mismo), sobre echógelo, atógelo (a otro). La analogía morfológica fue apoyada por la analogía fonética entre g y s, que se ve en formas como tijeras, quijo, vigitar, en vez de las formas etimológicas tiseras, quiso, visitar.» [Martínez Amador, Emilio M.: Diccionario gramatical y de dudas del idioma. Barcelona: Sopena, 1974, p. 1303-1304]

 


 

Colocación de la partícula SE

 

La forma se debe preceder siempre a cualquier otro pronombre átono. Por tanto son falsas construcciones como:

*Me se cayó el libro. Correcto: Se me cayó el libro.

*Te se olvidaron las llaves. Correcto: Se te olvidaron las llaves.

*Os se escapó el perro. Correcto: Se os escapó el perro.

Cuando se trata de un verbo pronominal auxiliar de perífrasis verbal, los pronombres átonos van siempre detrás del verbo principal y no pueden intercalarse entre SE y el verbo, a no ser que se trata de pronombres en función de dativos éticos:

*Se nos puso a criticar. Correcto: Se puso a criticarnos.

Pero sí es correcto

*Se nos echó a llorar (y no *Se echó a llorarnos).

*Se me puso a llorar (y no *Se puso a llorarme).

Cuando en una construcción formada por dos verbos, los dos son pronominales, el clítico debe aparecer en los dos verbos:

Se negó a marcharse.

Se puso a quejarse.

Cuando en una construcción formada por dos verbos, el verbo pronominal es solo uno, el clítico debe aparecer solo una vez, tanto en las construcciones de infinitivo como de gerundio:

*Se estuvo quejándose. Correcto: Se estuvo quejando. / Estuvo quejándose.

Cuando SE es partícula en una oración pasiva refleja o impersonal refleja, o es pronombre reflexivo o recíproco, solo puede aparecer una vez en construcciones de infinitivo y gerundio:

*¿Se puede saberse qué está pasando? Correcto:

¿Se puede saber qué está pasando?

¿Puede saberse qué está pasando?

*Se están insultándose. Correcto:

Están insultándose.

Se están insultando.

En las perífrasis verbales el pronombre átono puede preceder al verbo auxiliar o seguir al principal, excepto cuando el verbo auxiliar es un verbo pronominal. En este caso SE nunca puede ir con el verbo principal:

Se tuvo que ir. / Tuvo que irse. [verbo principal es irse]

Se está lavando. / Está lavándose. [verbo lavar + complemento directo se]

Se pudieron conocer las noticias. / Pudieron conocerse las noticias. [pasivas reflejas]

Pero:

Se puso a discutir (y no *Puso a discutirse). [verbo pronominal auxiliar ponerse a]

Cuando el pronombre átono se intercala entre SE y el verbo en forma personal, el pronombre átono siempre desempeña la función de complemento indirecto, bien con valores simpateticos (posesivos) o bien como dativos éticos (afectivos y expletivos). Esto ocurre cuando la forma SE es componente de un verbo pronominal. Si se trata de la partícula de pasivas reflejas o de impersonales, los pronombres intercalados desempeñan funciones de complemento directo o complemento indirecto.

Se nos (les...) acercó un policía. [complemento indirecto ¿o suplemento?]. Verbo: acercarse.

Se me murió el perro. [simpatético: mi perro]

Este chico se nos va a volver loco. [dativo ético. Verbo volverse]

Se nos recibió con aplausos. [complemento directo. Impersonal]

Se les entregaron los regalos. [complemento indirecto. Pasiva refleja]

[Fuente: Gómez Torrego, Leonardo: Valores gramaticales de “se”. Madrid: Arco, 1992, pp. 38-41]