SER y ESTAR

Teorías y comentarios

© Justo Fernández López


 

Cuervo, R. J., 1953

 

Ser es por excelencia el verbo copulativo y su función como tal es la de atribuir un predicado nominal al sujeto para calificarlo o clasificarlo. Es tan estrecha la unión entre sujeto y predicado nominal que en español conciertan en género y número y en latín concertaban además en caso nominativo. Con ser la atribución se considera como inherente, definidor o que forma parte de la naturaleza del objeto representado por el sujeto, mientras que con  estar la característica atribuida se ve como algo  accidental transitorioalcanzado  o mudable.“ [Cuervo, R. J.: Diccionario de ..., 1994, t. 8, p. 474]

„Con ser la atribución se juzga como algo inherente, definidor o que forma parte de la naturaleza del objeto representado por el sujeto, mientras que con estar la característica atribuida se ve cmo no inherente, esto es, como algo accidental, transitorio, alcanzado o mudable. Naturalmente, esto no significa que la alternancia ser-estar sea posible en todos los contextos, sino más bien al contrario: depende de que el contenido del atributo pueda o no concebirse como una característica inherente y/o no inherente.“ [ebd., p. 1076]

 

Moliner, María, 1970

 

„Ser“ atribuye al sujeto una cualidad o una manera de ser que le corresponde por su naturaleza; „estar“ le atribuye al sujeto un estado pasajero; diremos ‘el cielo es azul’ si nos referimos a su color natural, y ‘el cielo está azul’ si queremos decir que en el momento en que hablamos no hay nubes. En otros términos: cuando la cualidad que se atribuye es consecuencia de una acción o fenómeno ejercidos sobre el objeto u ocurridos en él („devenir, werden, become“), o bien es consecuencia de no haberse ejercido o haber ocurrido tal acción o fenómeno, se emplea „estar“; en otro caso, „ser“. [M. Moliner, t. 2, 1144]

 

 Marcos Marín, 1980

 

Ser y estar no se limitan a un uso atributivo [= copulativo], aunque éste sea su uso normal.

También tienen un uso predicativo, en los siguientes casos:

 

Construcciones arcaicas:

El Senor es contigo.

Valor existencial:

Érase una vez.   Dios es.

De relación: 

¿Es a mí?

De suceso: 

¿Qué será de mí?

De tiempo:

Son las siete.

De causa:

Es por tu bien.

Locativo:

Aquí es.

 

Uso predicativo de estar:

 

Expresión de situación:

No está aquí.

Indica permanencia:

Estaré tres días.

 

El problema no se plantea hasta que ambos verbos, tras un proceso de gramaticalización, pierden su significación propia al usarse como verbos copulativos. Se establece una diferenciación que plantea problemas muy arduos en la enseñanza del español como segunda lengua y que se pueden resolver a partir de ciertos postulados.

Hay que tener en presente que no se trata de un uso que corresponda a la realidad, sino que corresponde a una percepción peculiar de la realidad. Ser tiene un valor esencial, mientras que estar tiene un valor perfectivo. Por ello a un tiempo simple de estar corresponde un tiempo compuesto de ser para expresar la misma significación.

Esto está estudiado.

Esto ha sido estudiado.

La dificultad es inexistente con la mayoría de los atributos, puesto que sólo se plantea con los adjetivos predicativos o calificativos.

Son atributos de ser

       

Sustantivos:

Juan es hombre.

Pronombres sustantivos:

Juana es aquélla.

Infinitivo:

Esto es vivir.

 

Se construyen con estar

Los adverbios y locuciones adverbiales (pronombres adverbiales, o usados con valor adverbial, etc.)

 

Uso predicativo:

Juan está aquí. 

Eso estará ahora. 

No está lejos.

Uso predicativo con gerundio:

Está lloviendo mucho.

 

Hasta aquí no se plantean dificultades. Gili y Gaya (6.46) añade una norma de tipo práctico que puede introducirnos en el problema de los calificativos: „Para los extranjeros puede servir de guía la siguiente norma: Usamos en español estar cuando pensamos que la realidad es resultado de un devenir, und werden, o un become, real o supuesto. Basta con que, al anunciar una cualidad, haya en nuestro pensamiento una leve suposición de que ha podido ser causada por una acción o cambio, por algún devenir, para que empleemos el verbo estar.“

Más adelante añade: „A las personas de lengua inglesa puede servirles la siguiente regla: Cuando los verbos to feel  o  to look pueden sustituir a to be, debe emplearse estar en español. Ejemplos: Este traje está  (looks) sucio, limpio, arrugado, etc. El café está  (feels) dulce, caliente, etc.“ A ello podemos añadir la sustitución con el alemán sich befinden.

En líneas generales, podemos decir que la idea eje que separa los dos verbos es la de temporalidad: ser es la intemporalidad en la atribución, estar, en cambio, la temporalidad.

El uso actual, finalmente, no es el mismo registrado en los textos a lo largo de la historia del español. Por ejemplo, la lengua antigua empleaba ser para la designación de los estados sociales, de ahí quedan aún duplicidades como ser/estar casado, o, regionalmente, estar novio, frente al general ser novio. A lo largo del idioma ha habido una progresiva fijación de usos, así, hoy no admitimos estar con sustantivo en el predicado, ni ser con adjetivos para situación momentánea. En cambio, el Poema de Mío Cid puede usar ser alegre en el sentido actual de ‘estar alegre’.

Cuando hablamos de cualidades esenciales o expresamos juicios absolutos independientes de nuestra experiencia usamos ser:

Pero la idea eje que separa ambos verbos es la temporalidad: ser es la intemporalidad en la atribución, mientras que estar, en líneas generales, es la temporalidad, insistimos.

Adjetivos predicativos que significan una cualidad esencial o intrínseca, o considerada como tal: ser.

el café es amargo

en clase somos cuarenta (la clase está compuesta por cuarenta)

Con estar:

Transformación real o pensada:   

El café está dulce.

La estatua está rota. [se ha caído al suelo y se ha roto]

La estatua está entera. [se ha caído al suelo y no se ha roto]

Experiencia inmediata: La nieve está blanca. [en el momento de verla]

No dudamos que a pesar de todas estas subdivisiones y aclaraciones en una serie de casos el problema se sigue planteando.“ 

[Marcos Marín, Francisco: Curso de gramática española. Madrid: Cincel, 1980, S. 357-362]

 

 Hernández Alonso, C., 1986

  

Ser es verbo casi transparente y sólo expresa la existencia y sus formas; estar, partiendo de una significación etimológica de „situación firme“, ha pasado a significar „situación temporal“. De aquí podemos deducir la base que los diferencia; que estar es un verbo marcado por lo circunstancial, por la temporalidad, de significado concreto, mientras que ser es un verbo de lo atemporal, más abstracto y susceptible de lo definitorio por esa misma abstracción. Como consecuencia de esta nota que los diferencia podemos decir que ser es verbo idóneo para significar lo inmutable, más gramaticalizado que estar, mientras éste es el verbo del predicado con significado de mutación.

Efectivamente, la diferencia que distingue ser de estar se basa precisamente en el carácter abstracto, atemporal (aunque puede ser usado en distintos tiempos verbales) del enunciado con verbo ser; mientras que las oraciones con estar poseen una mayor concreción, están sometidas al tiempo y a las circunstancias. Ser implica en el hablante un deseo de evadirse del tiempo. Por esos rasgos distintivos, ser es el verbo idóneo para las frases de valor permanente y definitorias, que estar rechaza. [...] Pero bien claro queda que las diferencias entre uno y otro verbo son de carácter semántico, pues las estructuras que forman son igualmente atributivas.“ 

[Hernández Alonso, C.: Gramática funcional del español. Madrid, ²1986, S. 153-154]

 

 Molina Redondo / Ortega Olivares , 1987

 

«Con estar se hace una descripción del sujeto, el enunciado es descriptivo. Con ser se hace una clasificación del sujeto, el enunciado es clasificatorio. Clasificar es incluir un elemento dentro de una clase. Las clases pueden estar objetivamente establecidas (dadas en la realidad), y la lengua “se limita” a reflejarlas o pueden ser creadas lingüísticamente. La clase objetiva, que la lengua se limita a reflejar, está representada por los sustantivos; de ahí que  cuando es un sustantivo el que funciona como atributo sólo sea posible emplear ser. Igualmente, los adjetivos que significan algo que se aplica, sin excepción, a todos los individuos o elementos de la especie designada por el sustantivo al que se unen constituyen una clase objetiva, y, en consecuencia, se construyen con ser.

Los hombres son mortales.

La sangre es roja.

Lo mismo ocurre cuando el adjetivo expresa una cualidad o propiedad del sujeto que relaciona a éste de modo necesario co un complemento del adjetivo:

El oxígeno es indispensable para los seres vivos.

El agua es necesaria para la vida.

En casos como los anteriores, pues, en que la clasificación es objetiva, el uso de ser es obligatorio, y el hablante no puede hacer una elección diferente.

Pero en la lengua hay miles de adjetivos y no todos ellos cumplen, por su significado y por su uso, las dos condiciones arriba enumeradas. Con ellos, en principio, se da la posibilidad de elección al hablante: si éste quiere clasificar debe emplear el verbo ser (en esto consiste la “creación lingüística” de clases); dicho con un ejemplo, el hablante de español tiene la posibilidad de “crear” una clase de entes “interesantes” e incluir en ella a cualquiera; así, puede decir

La conferencia fue interesante.

Tus amigos son interesantes.

Investigar es interesante.

Describir consiste meramente en expresar una cualidad, propiedad o característica del “referente” al que designa el sujeto, sin establecer relación con clase alguna.

Puede, por tanto, el hablante optar por decir:

La conferencia estuvo interesante.

Tus amigos están interesantes.

La realidad designada al decir

La conferencia estuvo interesante.

Tus amigos están interesantes.

es la misma (hay equivalencia en la designación), pero el significado de las oraciones es distinto, y lo es en el sentido indicado: con fue el hablante clasifica, con estuvo sólo describe. Esta diferencia es la misma en todos los casos en que hay posibilidad de elección; queremos decir que ésta es la diferencia básica, que después, y dependiendo de factores diversos, tales como el contenido léxico del sujeto y del aributo y de otros posibles elementos de la oración, del tiempo verbal y de la situación en que se profiera el enunciado, se traduce en una serie de efectos de sentido más o menos diferentes y alejados entre sí. El caso que estamos comentando

La conferencia fue interesante.

La conferencia estuvo interesante.

ha sido escogido deliberadamente, pues se trata de dos oraciones que hemos sometido a la consideración de un buen número de hablantes de español: todos han estado de acuerdo en la opinión de ue las dos son correctas, la mayoría no ha encontrado diferencia perceptible entre ellas y unos pocos, si bien han creído captar alguna diferencia, no han sabido determinar en qué consistel. Se trata, pues, de un caso de diferencia mínima, y algunos incluso propondrían hablar aquí de “neutralización” de la posible diferencia. En nuestra opinión, estamos ante un par de oraciones entre las cuales la diferencia es la mínima, la “básica”, que, persiguiendo ya los matices, se traduce en que

La conferencia fue interesante.

es un juicio categórico – hay un mayor compromiso por parte de quien lo emite –, mientras que en

La conferencia estuvo interesante.

es descriptiva, representa un juicio “circunstancial”, más neutro – el hablante se compromete menos con lo que dice –; así,

La conferencia fue interesante.

parece caracterizar como un todo, acabado y perfecto, al acto que fue la conferencia, en tanto que

La conferencia estuvo interesante.

parece referirse más bien al desarrollo de tal acto.»

[Molina Redondo, J. A. / Ortega Olivares, J.: Usos de „ser“ y „estar“. Madrid: SGEL, 1987, p. 117-119]

 

 Berschin et. a. , 1987

  

Morphosyntaktisch kommen ser und estar als Hilfsverb, Vollverb oder Kopula vor; das Abgrenzungsproblem stellt sich für den deutschsprechenden Lerner nur bei Kopulafunktion.

Die Kopula kombiniert mit einer Substantiv- oder Adjektivgruppe als Prädikativ. Bei substantivischem Prädikativ steht in der Regel ser: Juan es médico. Das semantische Abgrenzungsproblem zwischen ser und estar stellt sich nur bei adjektivischem Prädikativ.

Der Bedeutungsunterschied von ser und estar liegt in der verschiedenen semantischen Beziehung zwischen Subjekt und Adjektiv. Die Konstruktion ser  + Adj. ordnet dem Subjekt ein konstitutives Merkmal zu, estar + Adj. gibt einen durch Veränderung entstandenen oder veränderbaren Zustand des Subjekts an.

Verkürzt kann man folgende Abgrenzungsregel aufstellen: ser  + Adj. klassifiziert und definiert das Subjekt, estar + Adj. konkretisiert; den Unterschied verdeutlichen folgende Beispielpaare:

 

 

ser

estar

 

(1)

María es guapa.

Maria ist hübsch.       

María está guapa.

Maria sieht hübsch aus.

 

(2)

El niño es alto.

Das Kind ist groß.       

El niño está alto.

Das Kind ist groß geworden.

[gegenüber früher]

(3)

María es joven.

Maria ist jung.   

María está joven.

Maria wirkt jung.

[sie wirkt so]

 

(4)

La nieve es blanca.

Schnee ist weiß.

La nieve está blanca.

Der Schnee ist weiß.

[könnte auch ‘schmutzig’ sein]

 

 

Klassifikatorische und konkretisierende Sicht können bei der Eigenschaftsangabe kombiniert auftreten: María no era gorda, pero ahora sí está gorda „Maria war nicht dick [= früherer Normalzustand], aber jetzt ist sie dick geworden [= Zustandsänderung]“.

Die verbreitete Grammatikerlehre, ser + Adj. bezeichne ‘dauerhafte’ und ‘wesentliche’ Eigenschaften des Subjekts, estar + Adj. ‘vorübergehende’ und ‘zufällige’ Zustandsausprägungen, ist als Faustregel richtig, darf aber nicht ontologisch interpretiert werden: Ser und estar bilden nicht Strukturen der Wirklichkeit ab, noch sind sie Ausdruck einer Weltanschauung - objektiv ist der Tod in está muerto ‘dauerhaft’ und der Sturz in La caída fue dura ‘vorübergehend’ -, sondern kategorisieren sprachlich die Wirklichkeit.“

[Berschin, H./Fernández-Sevilla, J./Felixberger, J.: Die spanische Sprache, München, 1987, S. 272-274]

Berschin (1987: 273) faßt die aspektuelle Dichotomie ser <> estar zusammen:

Die Konstruktion ser + Adjektiv ordnet dem Subjekt ein konstitutives Merkmal zu, estar + Adjektiv gibt einen durch Veränderung entstandenen oder veränderbaren Zustand des Subjekts an.

La sangre es roja.

Das Blut ist (immer) rot.

La semáforo está rojo.

Die Ampel ist (im Augenblick) rot.

 

Cartagena / Gauger, 1989

 

„Das Spanische verfügt, im Unterschied zum Deutschen, über zwei zentrale Kopulaverben: ser und estar.

Ser meint erstens eine wesenmäßige, essentielle Eigenchaft, genauer: eine Eigenschaft, die als solche empfunden wird; zweitens meint ser, damit zusammenhängend, ein imperfektives, also zustandhaft gesehenes Prädikat. Ser meint die Eigenschaft als solche, in objektivem Sinn.

Estar meint erstens eine nicht wesensmäßige, akzidentelle, kontintenge Eigenschaft; zweitens meint es, damit zusammenhängend, ein perfektives, also vorganghaft gesehenes Prädikat. Estar meint die als ... gefühlte, erlebte Eigenschaft.

Qualität als solche (el agua es fríagegen  erlebte Qualität (el agua está fría = „mir kommt es so vor“ / „es kommt einen so vor“)

Nur ser kann stehen.

1. wenn das Prädikatsnomen - im Sinne der Klassifizierung, der Identifizierung - ein Substantiv oder ein Pronomen ist,  steht: Pedro es profesor. Es usted.  Somos nosotros.

2. wenn es um Herkunft, Zugehörigkeit, Material geht: Carmen es de Madrid, El armario es de mi abuelo, El reloj es de oro.

3. Nationalität, Konfession, Beruf: Es español, Es católico, Es médico.

Nur estar kann stehen:

1. bei einer BefindlichkeitEstoy de pie desde hace tres horas; Estüa enfermo. Está curado.

   Auch dies ist - gleichsam metaphorisch - eine Lokalisierung. Also Lokalisierung im Raum (está en casa), dann aber auch in der Zeit, die bekanntlich nur als Raum vorstellbar ist (estamos en verano).

   Lokalisierung als Befindlichkeit (está enfermo).

2. Hierher gehört auch die Verwendung von estar de: está de alcalde, gegen es alcalde; estar de ... „als ... tätig sein“: Está de catedrático en Zaragoza, Está de notario en Bilbao im Unterschied zu Es catedrático, Es notario.“ [Cartagena / Gauger, Teil 2, S. 381-382]

„Im Spanischen ist die Differenzierung zwischen Darstellung als Zustand und Darstellung als Geschehen sehr viel stärker ausgebildet als im Deutschen. Wir haben hier alles andere als ein Gleichgewicht. Zunächst fehlt im Deutschen innerhalb der Tempusformen ein aspektdifferenzierendes Instrument, wie es die Opposition zwischen ‘pretérito imperfecto’ und ‘pretérito perfecto simple’ [‘indefinido’] ist: leía  <> leyó gegenüber einem undifferenzierten er las. Sodann fehlt im Deutschen bei der Eigenschaftszuweisung durch die Kopula eine Differenzierung zwischen dem Sein als solchem und einem qualifizierten als zustandhaft, als begrenzt gesehenen, erlebten Sein, wie wir sie finden in der Opposition von ser und estar. Die Kopula ist im Deutschen in dieser Hinsicht undifferenziert: era muy divertido <> estaba muy divertido gegenüber er war sehr lustig.

Drittens fehlen im Deutschen fast ganz die (von uns) sogenannten „Kopulaersätze“, wie sie das Spanische kennt: resultar, quedar, seguir, continuar, ir, andar, venir + ‘adjetivo’ oder ‘participio’.“ [Cartagena/Gauger, Bd. 2, S. 459]

 

 Kovacci, 1990

  

Ser admite adjetivos (que desde el punto de vista del significado atribuyen una cualificación al sujeto) y sustantivos (que indican una clasificación en la que se incluye al sujeto). Estar se construye solamente con adjetivos. El verbo ser indica la cualificación como propia del sujeto; estar la señala como adquirida.“      

[Kovacci, Ofelia: El comentario gramatical. Teoría y práctica. Madrid, 1990, S. 76]

 

 RAE: Esbozo ... 1973

 

„Cuando el complemento predicativo es sustantivo, pronombre, adjetivo determinativo o infinitivo, empleamos siempre ser. Los infinitivos y las subordinadas-sujeto introducidas por que, se construyen solo con ser.

Los adjetivos calificativos pueden construirse en general con ser o con estar; pero la vivencia que motiva una u otra construcción es diferente. No se trata de calidad objetiva del juicio, sino de la manera con que el hablante concibe y enuncia la realidad en cada caso concreto.

En este sentido, cuando pensamos la cualidad como un cambio, alteración o mudanza, real o posible, que sobreviene al sujeto, usamos estar. [...] Dicho en otros términos, la cualidad que predicamos con estar va inserta en una circunstancia de tipo, lugar, causa, acción, etc., mientras que con ser la sentimos como independiente de toda circunstancia. Las circunstancias existen siempre en la realidad objetiva, pero pueden ser atendidas o desatendidas por el hablante: en el primer caso emplearemos estar; en el segundo, ser. Por eso es imposible reducir a normas objetivas que prevean sin residuo, desde fuera del hablante, el uso de ser y estar. Las reglas basadas en las oposiciones entre permanente (ser)- transitorio (estar), permanente-desinente, inherente-accidental y otras, tienen utilidad práctica indudable, pero limitada; porque todas estas oposiciones dimanan de la forma interior con que el hablante vive la preferencia por uno u otro verbo copulativo. Para hispanohablantes no hay vacilaciones en el uso propio ni en la interpretación del habla ajena.

Por último, la cualidad intemporal que tiene por sí mismo el verbo ser y la temporal del verbo estar, presentan el predicado bien como indiferente a toda circunstancia, o bien como relacionado de algún modo con una circunstancia temporal u ocasional. Pero la cualidad intemporal o temporal que el verbo copulativo comunica al predicado no depende solo de su significado, sino también del tiempo verbal perfecto o imperfecto con que se use en cada caso 1. Es decir, el tiempo imperfecto o perfecto en que se emplee favorece o neutraliza total o parcialmente el valor semántico del verbo copulativo. En estos casos, para resolver la vacilación, la lengua prefiere generalmente ser, dando más valor al aspecto perfectivo del tiempo empleado que a la significación intemporal o temporal del verbo copulativo.“  

[RAE: Esbozo de una Nueva Gramática de la Lengua Española. Madrid: Espasa-Calpe, 1973, S.365-367]

Son imperfectos todos los tiempos simples de la conjugación española, con excepción del pretérito perfecto simple („indefinido“). Son perfectos el perfecto simple y todos los tiempos compuestos con el auxiliar haber.

 

de Bruyne, 1993

 

„Spanische Muttersprachler irren sich nie im Gebrauch von ser und estar. Die richtige Wahl zwischen diesen beiden Entsprechungen des deutschen Verbs „sein“ gehört jedoch zu den größten Schwierigkeiten, mit denen derjenige konfrontiert wird, für den Spanisch eine Fremdsprache ist. Diesem Problem sind zahlreiche Untersuchungen gewidmet, die häufig unzulängliche, bisweilen konträre Erklärungen anbieten.

Als grundlegendes Prinzip kann gelten, dass ser wesentliche (und bleibende) Qualitäten, estar dagegen zufällige (und vorübergehende) Eigenschaften bezeichnet. Dieser allgemeine Gegensatz läßt sich häufig in die Gegensatzpaare absolut > < relativ, objektiv > < subjektiv oder, nach Ansicht bestimmter Autoren, inhärent > < nicht inhärent fassen. Die beiden haben somit einen unterschiedlichen semantischen Wert.

Ser bezeichnet wesentliche (bleibende) Eigenschaften oder Zustände, die als solche betrachtet werden. Estar bezeichnet im Gegensatz zu ser nichtinhärente, vorübergehende Eigenschaften. Estar wird daher logischerweise u. a. vor Adjektiven und Partizipien gebraucht, die ein Verhalten, einen Gemütszustand oder eine Körperhaltung usw. ausdrücken.

„Sein“ wird immer mit estar wiedergegeben, wenn es mit „sich befinden“ synonym ist. Das kann bisweilen zu einem scheinbar unlogischen Gebrauch dieses Verbs führen, und zwar in solchen Fällen, in denen eindeutig von einem definitiven Zustand die Rede ist.

Wenig logisch erscheint auch die Tatsache, dass man bei Adjektiven wie vivo („lebendig“) und muerto („tot“) nicht ser, sondern estar gebraucht. Vivo ist doch als inhärente Eigenschaft, muerto als ein (ganz besonders) definitiver Zustand zu betrachten!

Solche Fälle werden damit erkärt, dass man sie sich als Folge einer Veränderung vorstellt, die in einem Zustand eintreten könnte oder eingetreten ist (cambio real o supuesto). So wird auch verständlich, dass man estar vor Wörtern wie intacto („intakt“), lleno („voll“), maduro („reif“), roto („kaputt“), vacío („leer“) u. dgl. findet. Als praktische Hilfe kann in derlei Fällen der Grundsatz dienen, dass man estar gebraucht, wenn man eine bestimmte Eigenschaft als mögliches oder tatsächliches Ergebnis eines „Werdens“ betrachtet. Man findet estar auch in Sätzen, die eine Bewertung der Zubereitung von Speisen ausdrücken. Auch hier geht es wieder um das (letztendlich definitive) Resultat einer Veränderung.

Zusammenfassend kann man feststellen, dass nach dem Verb estar eine bestimmte Eigenschaft in Verbindung mit einem besonderen Umstand oder Kontext gesehen wird, während der Gebrauch von ser die Eigenschaft als von derlei Faktoren unabhängig darstellt.“ [de Bruyne, S. 533-539]

 

Fernández Leborans, 1999

 

«La distinción entre ser y estar copulativos en términos de ‘cualidad’/’estado’, sancionada por la gramática tradicional es, en términos generales, adecuada; en las oraciones con ser copulativo, el hablante atribuye una cualidad al sujeto independientemente de una circunstancia, de forma que la información que transmiten es válida en momentos distintos al de la enunciación [Aussage]. Por el contrario, la oraciones con estar expresan estados o situaciones, necesariamente determinados por una circunstancia que no puede ser ignorada por el hablante – los predicados de estadios admiten complementos temporales y de frecuencia, contrariamente a los predicados de propiedad – y la validez de la información está circunscrita al momento de la enunciación.»

[Fernández Leborans, M. Jesús: “La predicación: Las oraciones copulativas”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, vol. II, § 37.2.1]

·

«En uso predicativo, como verbo existencial o de acontecimiento, ser puede admitir expresiones locativas o/y temporales en calidad de complementos, no de predicados. El verbo ser de acontecimiento o existencia es un verbo léxico, claramente distinto del verbo ser copulativo, que es, de hecho, la única cópula pura.» [Fernández Leborans, 1999: 2425]

«Los gramáticos tradicionales distinguen unánimemente el uso copulativo (atributivo) del verbo ser de su originario valor léxico como verbo de ‘existencia’ o de ‘acontecimiento’.

El verbo ser con la significación de “existir” es prácticamente inusitado en la actualidad: se conserva en las frases bíblicas (Dios es; En el principio, era la Palabra) y en las fórmulas introductorias convencionales de los cuentos (Érase una vez). Como verbo de acontecimiento, con la significación equivalente, pero no intercambiable en todos los contextos, de “suceder”, “ocurrir”, o “tener lugar”, mantiene su vigencia en construcciones diversas; además del argumento sujeto, generalmente un nombre de ‘evento’, los complementos más frecuentes son, naturalmente, los de localización espacio-temporal: El examen es esta tarde; La fiesta fue ayer; El accidente fue en su casa; El registro de documentos es allí. Pero pueden aparecer otros complementos, relativos a distintas circunstancias: la causa (Ha sido por tu culpa); la finalidad (Eso es por tu bien; La manifestación es para protestar contra la discriminación racial); la condicionalidad (Eso será si yo quiero); el modo (Eso ha sido (sin querer/involuntariamente)).» [Fernández Leborans, 1999: § 37.2.1]

·

«La tradición gramatical reconoce, de modo unánime, dos usos del verbo estar: predicativo y atributivo (en distinción paralela a la que se establece tradicionalmente para ser); el fundamento de la diferenciación es léxico-semántico: estar predicativo es caracterizado como verbo pleno, intransitivo, con la significación general – derivada de su origen en el verbo latino stare (“estar de pie”) – de ‘localización’, ‘permanencia’ o ‘situación local’, mientras que estar atributivo es definido como un verbo vacío, copulativo, que sirve para vincular, en estructura oracional, ciertos predicados (atributos concebidos como ‘estados’ o propiedades transitorias, accidentales o contingentes) con su correspondiente sujeto.

Estar predicativo selecciona exclusivamente complementos locativos; de localización en el espacio o en el tiempo:

Pedro está aquí.

Estamos en primavera.

Y, en cuanto al sujeto, la única restricción selectiva que impone estar predicativo es que no puede ser un nombre de evento o acontecimiento, de modo que las expresiones de localización (en el espacio y en el tiempo) relativas a nombres de evento sólo son compatibles con ser predicativo:

El baile es en la segunda planta.

El baile es a las siete de la tarde.

La conferencia es en la segunda planta.

La conferencia es a las siete de la tarde.

La fiesta es en la segunda planta.

La fiesta es a las siete de la tarde.

Los nombres de eventos implican semánticamente un rasgo de ‘dinamicidad’ no consistente con el carácter ‘estático’ de estar locativo (de los acontecimientos decimos que se producen o suceden en tal o cual lugar o tiempo, pero no que se encuentran o se hallan en tal o cual lugar o tiempo). [...]

El uso del verbo estar con complementos locativos (adverbios o sintagmas preposicionales) es el primitivo, por razón de su origen en el verbo latino, propiamente locativo, stare; por extensión metafórica de su sentido etimológico, estar se emplea progresivamente con predicados (adjetivos, sintagmas preposicionales – originariamente locativos muchos de ellos, como fuera de sí; entre la espalda y la pared; en su sano juicio ...- y, excepcionalmente, sustantivos – está pez; está cañón -) para expresar ‘estado’. La evolución paulatina del significado de ‘localización’ al de ‘estado’ ha sido observada tradicionalmente como un proceso de desemantización, de modo que el verbo estar es considerado como verbo propiamente copulativo cuando, en construcción con predicados (nominales, no verbales), expresa estados del sujeto:

Pedro está triste.

María está de mal humor.

Estoy sin dinero.»

[Fernández Leborans 1999: § 37.6.1 y 36.6.1.1]

·

«En términos generales, las oraciones copulativas con ser contienen predicados ‘estables’ – predicados ‘gnómicos’ o predicados ‘de individuos’ (P-I). Los predicados de individuos sirven para caracterizar un individuo como tal, de modo que expresan propiedades estables, concebidas al margen de cualquier determinación espacio-temporal interna o extrínseca, es decir, sin implicación de cambio, contrariamente a los predicados ‘de estadios’, que se refieren a estadios o episodios, con la consecuente implicación de cambio y limitación espacio-temporal. Al verbo copulativo ser, compatible con los predicados ‘de individuos’ (P-I), se opone el verbo estar, que representa el polo marcado de la oposición por su compatibilidad con los predicados ‘de estadios’ (P-E), sensibles al tiempo y al aspecto. En sentido estricto, el verbo estar no es un verbo copulativo puro; se trata de un verbo especificado aspectualmente.» [Fernández Leborans 1999: § 37.2.1]

·

«Falk (1979b) distingue, con un criterio pragmático, entre ‘visión de norma general’ y ‘visión de norma individual’; la primera refleja la intención del hablante de clasificar el ente – o entidad – referido por la expresión sujeto de acuerdo con una norma general, válida en una determinada cultura, sociedad, etc., y se realiza mediante ser. La segunda, por el contrario, representa la intención del hablante de clasificar un ente – o entidad – en relación con una norma individual aplicable exclusivamente a tal ente – o entidad –, y se manifiesta a través de estar.

María es guapa.

María está guapa.

En la primera oración, el punto de referencia para la clasificación del sujeto es la clase de personas que son definidas, por regla general, como “guapas”. En la segunda oración, el punto de referencia es el propio individuo – la persona llamada María –, el cual es clasificado en relación con la norma que habitualmente le corresponde, de modo que el estado expresado por el adjetivo predicativo guapa se asigna al sujeto como una desviación ocasional y transitoria de su norma personal.

Esta interpretación pragmátic de las construcciones con ser y estar resulta particularmente útil para describir – incluso desde el punto de vista didáctico – determinados usos de estos verbos con unos mismos adjetivos. Obsérvese los pares siguientes:

Ha sido valiente esta tarde.

Ha estado valiente esta tarde.

La carretera es ancha.

La carretera está ancha.

Las naranjas son caras.

Las naranjas están caras.

Él es joven.

Él está joven.

En las construcciones con ser asignamos a los sujetos respectivos propiedades cualitativas en función de una norma general de clasificación, es decir, de acuerdo con lo que comúnmente se entiende por personas “valientes” o “jóvenes”, o por objetos “anchos” o “caros”; tales construcciones suponen una comparación entre una entidad y otras de su misma clase, o entre clases distintas. En las construcciones con estar, los atributos son asignados como desviaciones de lo que se considera normal para el sujeto individual respectivo, de modo que se supone una compararión implícita entre el estado actual de la entidad referida por el sujeto y el estado esperable normal o habitual de tal entidad.

Los adjetivos que admiten alternancia son generalmente adjetivos que denotan propiedades cualitativas susceptibles de valoración, y, en construcción con estar, reflejan apreciaciones subjetivas del hablante, a diferencia de la construcción con ser.» [Fernández Leborans 1999: § 37.6.2.1]

Diferencias aspectuales:

«Estar representa un ‘estado alcanzado’ que implica relación con otro evento, puesto que el estado – o situación – se alcanza a partir de – o/y hacia – otro evento posible; el evento previo desencadenante del estado puede ser léxicamente identificable con unverbo de ‘realización’ o de ‘logro’, o simplemente inferible en relación con otro estado; la estructura eventiva de estar contiene, además del subevento característico ‘estado alcanzado o resultante’, el subevento ‘transición’, como subevento inicial. Camacho considera que la estructura eventiva de estar es expresable como ‘estado’ que selecciona ‘transiciones’ (la ‘transición’ está representada por el predicado nominal seleccionado como ‘cambio de estado’).» [Fernández Leborans 1999: 2437-2438]

 

 Ser / estar y el aspecto léxico

 

«No sólo los verbos sino cualquier unidad léxica que actúe como predicado puede proporcionar información de tipo aspectual. En efecto, también los adjetivos y algunos nombres contienen en ocasiones información aspectual determinante para su compatibilidad con determinados contextos sintácticos.

Por ejemplo, adjetivos como inteligente o madrileño predican una propiedad inherente del sujeto independiente de la experiencia inmediata, de cualquier evento. Definen o caracterizan al sujeto y se construyen con la cópula ser, aspectualmente marcada como no perfectiva. En cambio, son incompatibles con estar, verbo aspectualmente perfectivo

Juan es madrileño.

*Juan está madrileño.

Por el contrario, adjetivos del tipo de desnudo o enfermo se predican de estados alcanzados por el sujeto y percibidos a partir de una experiencia inmediata, en relación con un evento en el que el sujeto está involucrado. Son verdad, pues, respecto de un intervalo temporal cuyos límites se pueden acotar. En concreto, desnudo y enfermo describen el estado en que se encuentra un sujeto que ha estado involucrado en los eventos concluidos de desnudarse y ponerse enfermo, por lo que podemos definirlos como aspectualmente delimitados; de ahí que sean compatibles con la cópula perfectiva estar y rechacen en cambio la construcción con ser

Juan está desnudo.

*Juan es desnudo.

Esta distinción entre predicar una cualidad del sujeto o describir el estado en que se encuentra es independiente de la duración del intervalo, que puede ser más o menos larga; así pues, la predicación con ser no se opone a la predicación con estar como la expresión de lo permanente frente a la de lo transitorio o accidental. Según Gili Gaya (1943: § 44), un estado tan permanente como el predicado por muerto se atribuye mediante la cópula estar y una propiedad transitoria como la denotada por estudiante de primer curso elige, en cambio, la cópula ser. Bastante antes, Salvá (1831: § 15.8.1.4) había defendido también que se usa estar cuando el predicado expresa una idea de estado, ya sea este permanente o transitorio, esencial o accidental.

Existen adjetivos como desagradable o joven que admiten ambas cópulas dependiendo de si expresan estado en que se halla el sujeto (como en

Hoy está desagradable

Siempre está desagradable,

resultado de una apreciación ligada a un intervalo temporal acotado) o de si definen o caracterizan al sujeto (como en

Es muy desagradable siempre.

Es muy desagradable a veces

[Miguel, Elena de: “El aspecto léxico”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, vol. 2, § 46.1.1.1]

Las cualidades que se atribuyen a entidades designadas por el sustantivo permiten introducir otra clasificación de adjetivos:

Adjetivos que aportan rasgos inherentes, estables, definidores de las nociones a las que cualifican:

Adjetivos de nivel individual (o individuales, de individuo, inherentes, caracterizadores, imperfectivos), como astuto, capaz, cortés, lavable, misterioso, posible, potable, rectangular.

Son predicados de estado que denotan comportamientos: ser amable, ser tacaño, ser bueno.

Adjetivos que expresan propiedades accidentales o episódicas:

Adjetivos episódicos (de estadio, resultativos, perfectivos, precarios).

Son adjetivos que presentan estados accidentales que resultan muy a menudo de algún cambio: contento, desnudo, enfadado, exhausto, harto, lleno, satisfecho.

Los estados pueden prolongarse en el tiempo, o incluso hacerse habituales: Hace años que estoy harto de hacer el mismo trabajo; Está muerto.

Muchos de estos adjetivos coinciden con participios: abierto, cansado, encantado, enojado. [RAE: NGLE 2009, § 13.4k ss.]

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«Hemos aludido a una distinción entre predicados que se combinan con ser y predicados que se construyen con estar y les hemos atribuido a estos últimos un carácter delimitativo. En efecto, existe una diferencia entre los predicados que definen o caracterizan al individuo con independencia de la información espacio-temporal y los predicados que describen el estado en que el individuo se encuentra en una determinada situación espacio-temporal. Unos y otros se dan de forma homogénea a lo largo de un periodo (por eso son estativos). La diferencia estriba en que en los delimitados se pueden acotar los límites externos del periodo en que se dan –que serán los de la situación espacio-temporal en que el estado se da–. A partir de cierto momento, entonces, el estado puede “dejar de darse” (Julia dejó de {tener sed / odiar a su primo}). En cambio, cuando el estado no se delimitable (como en el caso de saber inglés, conocer Roma o ser alta), en principio, no “deja de darse”: es verdad en cualquiera de las situaciones espacio-temporales en las que participe el individuo, puesto que es independiente de cualquiera de ellas. A menos que en cierto contexto pueda considerarse un predicado ‘precario’ o ‘transitorio’, en la medida en que se le pueda asignar un límite a partir del cual cese: Hace tanto que no viaja a Italia, y han pasado tantas cosas allí, que Julia ha dejado de conocer Roma; Dejó de saber inglés cuando empezó a manifestarse la enfermedad; Dejó de ser alta con la edad y la artrosis. En cualquier caso, importa insistir en que el límite a partir del cual el estado cesa es un límite externo al propio evento y no un límite intrínseco hacia el que el estado avance de forma inherente.

Los estados expresan propiedades inalienables del sujeto (ser alto, conocer Roma, tener mal genio) y estados de hechos no modificables en tanto se mantengan las condiciones de existencia de hecho en cuestión (conocer, odiar, querer, saber, ser joven, ser lunes, tener hambre, tener tiempo). [...]

Entre los criterios que suelen usarse par distinguir los verbos estativos, el más conocido es el de su incompatibilidad con la perífrasis <estar + gerundio>:

*Juan está queriendo a sus abuelos.

*Juan está odiando a su primo.

*Juan está sabiendo inglés.

*Juan está teniendo muchos libros.

La razón de la inaceptabilidad de estas oraciones estriba en que resulta semánticamente contradictorio expresar el progreso en el tiempo de un evento que se caracteriza por no manifestar avance o cambio. Con todo, este criterio no siempre funciona: con el verbo conocer es fácil imaginar ejemplos aceptables con formas progresivas:

Juan está conociendo ahora el verdadero carácter de su primo.

Juan está este verano conociendo a mis abuelos.

Los estudiantes están conociendo rápidamente las tascas de la ciudad.

Pero el verbo conocer está dotado aquí de un matiz ingresivo (equivale a “empezar, pasar a conocer o familiarizarse”) que dinamiza el evento denotado al señalar su inicio. En general, casi todos los verbos estativos pueden entrar a formar parte de formas progresivas. La excepción es el propio estar, pero no ser, en cambio, que sí la admite: está siendo... / *está estando...»

[Miguel, Elena de: “El aspecto léxico”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, vol. 2, § 46.3.2.1]

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«Se introdujo la distinción entre los llamados PREDICADOS CARACTERIZADORES (también DE INDIVIDUO, INDIVIDUALES, DE NIVEL INDIVIDUAL o INHERENTES) y los predicados DE ESTADIO o EPISÓSICOS. Esta distinción se integra en el estudio de los modos de acción, ya que los predicados de estado constituyen uno de los cuatro tipos fundamentales que se suelen reconocer. La distinción no implica que las propiedades de los predicados caracterizadores sean permanentes o, a la inversa, que los de los predicados episódicos sean transitorias. La noción de ‘predicado de individuo’ da a entender que las propiedades en cuestión –permanentes o no– se predican de la entidad designada por el sujeto en sentido absoluto, es decir, sin asociarlas a una situación o a un episodio particular. Así, en Marta es ingeniosa la propiedad del ingenio caracteriza a Marta como individuo, por tanto no describe su comportamiento o su actitud en una situación particular. Por el contrario, los predicados de estadio designan propiedades del sujeto en su relación con una situación concreta. En Marta está hoy muy ingeniosa no se califica el ingenio como propiedad de Marta, sino cierto comportamiento suyo relativo al día en que se habla. La gramática no precisa ni acota la posible extensión de los puntos o los intervalos temporales que se admiten en estos casos: Hace ya bastantes meses que está insoportable.

El carácter episódico de los predicados que se construyen con estar (más exactamente, el que estos predicados sean relativos al estado particular en que se encuentran los referentes de sus sujetos) es coherente con el hecho de que elijan este verbo los que designan el resultado de un cambio de estado (El suelo está sucio), el comportamiento particular de los individuos bajo ciertas circunstancias (El gobernador estuvo cruel en su discurso), la percepción que el hablante tiene de una entidad en un momento particular (El tiempo está frío) y otras muchas nociones que no se refieren a las entidades aisladamente, sino a la relación que establecen con determinadas circunstancias o situaciones. Así, quien dice La niña está muy alta en esa silla no presenta la altura como propiedad de la niña, sino que la relativiza a una situación particular. En general, no existe contradicción alguna en negar una propiedad de un individuo y afirmarla de la misma persona en un episodio particular, y tampoco en proceder a la inversa, como en Marta es muy simpática, pero esta mañana no lo está o en Jacinto no es guapo, pero en esta foto lo está.

Modernamente se ha observado que la distinción entre los predicados de individuo y de estadio tiene repercusiones en el análisis de los complementos predicativos, entre otras construcciones. Así se explica que los predicativos que se construyen con considerar (como en Te considero...) pertenecen al primer grupo y coinciden con los que eligen ser, mientras que los que se construyen con notar (como en Te noto...) pertenecen al segundo y eligen estar. [...]

Las distinciones entre predicados de individuo o caracterizadores y predicados de estadio o episódicos no se aplica únicamente a los adjetivos. Las locuciones adjetivales admiten asimismo la distinción. Así, de buen corazón se construye con ser, pero de buen humor se construye con estar».

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 37.7d ss.]

 

Ser/estar und die Aktionsart 

Aspektuelle Dichotomie ser vs. estar

 

Aspektuelle Dichotomie ser <> estar

Berschin (1987:273) faßt vereinfachend zusammen:

Die Konstruktion ser + Adjektiv ordnet dem Subjekt ein konstitutives Merkmal zu, estar + Adjektiv gibt einen durch Veränderung entstandenen oder veränderbaren Zustand des Subjekts an.

La sangre es roja.                                  

Das Blut ist (immer) rot.

La semáforo está rojo.

Die Ampel ist (im Augenblick) rot.

Die meisten Autoren sehen in der Inkompatibilität der durativen (imperfektiven) Eigenschaft des Auxiliars ser mit dem perfektiven Charakter des Partizips die Erklärung für die Restriktionen des ser-Passiv in den imperfektiven Tempora (Präsens und Imperfekt).

„Für die Ungebräuchlichkeit des spanischen ser-Passiv in den imperfektiven Tempora (Präsens / Imperfekt) gibt es unterschiedliche Erklärungsversuche. Letelier und Lenz führen diese Beschränkung im Gebrauch des ser-Passivs auf die durative bzw. imperfektive Natur des Verbums ser zurück. Hierzu Lenz:

La razón principal de la restricción que sufre en castellano el uso del participio pasado con ser, en comparación con otras lenguas neolatinas, deberá buscarse en la alteración que va experimentando el significado de ser, que se limita siempre más a la cualidad duradera inherente.

Mientras más el verbo ser se restringe al uso ‘imperfectivo’ o ‘permanente’, que sólo es adecuado para expresar atributos esenciales, duraderos, menos se presta para indicar la acción momentánea del presente y del imperfecto de un verbo ‘desinente’ o ‘perfectivo’.

Auch in den neueren Monographien und Grammatiken wird die angebliche Inkompatibilität der „durativen“ Natur von ser mit dem „perfektiven“ Charakter des partizipialen Bestandteils als häufigste Erklärung für das seltene Vorkommen von Fügungen des Typs la puerta es abierta angeführt, so etwa bei Roca Pons, Criado del Val und Gili Gaya.

Die Auffassung von der „durativen“ Natur von ser im Gegensatz zur nichtdurativen Natur von estar mag in den meisten Fällen aus einer Gegenüberstellung singulärer Satzpaare abgeleitet sein – so etwa la casa es edificada im Gegensatz zu la casa está edificada – die auf einen objektiven Unterschied in der außersprachlichen Realität verweisen. Auch Einzelbeobachtungen, denen zufolge ser häufiger in Verbindung mit zeitlich nichtbegrenzten Verben, estar hingegen häufiger in Verbindung mit zeitlich begrenzten Verben auftreten soll, mögen zum Entstehen dieser These beigetragen haben. Ob den weitgehend inhaltsleeren Auxiliarelementen ser und estar aber überhaupt eine Aktionsart zugeschrieben werden kann, ist unserer Ansicht nach fraglich.“

[Hohn-Berghorn, Maria: Periphrastische Passivkonstruktionen im geschriebenen Spanisch der Gegenwart. Versuch einer systanktisch-semantischen Analyse. Würzburg, 1983, S. 309-310]

„Dass den Auxiliaren aber eine semantische Eigenbedeutung anhaftet, geht schon daraus hervor, dass zwischen ihnen eine Aufgabenteilung hinsichtlich der prozessuelen und der statischen Dimension stattfindet. Die Behauptung, dass estar im Gegensatz zu ser einen nicht-durativen Charakter besäße, wird von Hohn-Berghorn zu Recht als nur teilweise gültige Aussage kritisiert.“

[Maier, Irmgard: Passivparadigma im Spanischen und im Deutschen. Frankfurt/M.: P. Lang, 1995, S. 324, Anm. 77]

 

Kulturphilosophische Interpretationen von ser <> estar  

  

«Estar o no estar.

¿No será esta la gran pregunta, el problema, la cuestión?

        Las traducciones españolas que conozco del famoso monólogo hamletiano eligen, de la doble y distinta versión al castellano del verbo inglés „to be“, a la que me parece menos justa: „Ser o no ser“. „To be“ significa “ser“ y, por supuesto, „estar“; pero „ser“, lo sabemos bien, se distingue claramente de „estar“. El verbo „ser“ atribuye lo esencial. „Estar“, lo transitorio o circunstancial. En castellano, una mujer es mujer; pero no está mujer, a menos que rebase la transitoriedad de la adolescencia. Nosotros decimos que Fulano está soñando, no que es soñando. Y se revela una profundísima y tradicional declaración de fe en el dogma de la resurrección (profesado securlarmente por nuestro pueblo) cuando en lugar de explicar, como en los demás idiomas, que „Mengano es muerto“, decimos que „está muerto“. O sea, en situación provisional.

        O mucho me equivoco o el monólogo de Hamlet gira en torno a estados y no a esencias:

        „Morir ... dormir, no más ...“

Es decir, estar muerto, estar dormido (no ser muerto, ni ser dormido). Más adelante, Hamlet torturado de nuevo por la duda de estar y no del ser, como entienden los traductores de Shakespeare. Y se interroga a sí mismo:

        „¿Quién aguantaría los ultrajes y desdenes del mundo ..., quién querría llevar tan dura carga, gemir y sudar ...(¿quién querría ser?) ... si no fuera por el temor de un algo, después de la muerte?“

        En resumen: ¿Qué desesperado preferiría „estar“ vivo, en lugar de darse muerte, si no temiese „estar“, después, peor que antes?

        El gran problema, pues, no parece que dependa, a juicio de Hamlet, de la esencia, sino de la situación, destino o estado de tal esencia. Lo que le preocupa no es el ser o no ser, sino estar o no estar soñando, estar o no estar durmiendo, estar o no estar sufriendo.

        Estos matices se describen con el verbo inglés „to be“. Ni a Hamlet ni a su creador pudo ocultárseles que si no somos no sufrimos; que „no siendo“ lo metafísico tampoco es, y que, sin miedo a estar en situación de castigo, los dolores de la vida terminarían con el suicidio. Solución que Hamlet rechaza porque cree en ese „algo“ en un posible „estado“ de reprobación punitiva. En inglés puede decirse (confusamente para nosotros) que lo que otorga importancia al ser es que el ser supone un ser; pero el idioma español afina el matiz; en español lo que concede trascendencia al ser es que el ser supone un estar. Lo cual tampoco resulta muy claro; pero intentemos decirlo mejor. Sucede que, en la práctica no filosófica, y, muy de acuerdo con Hamlet, lo accesorio es, paradójicamente, categoría superior a lo esencial. Todo el proceso creciente de la civilización, por ejemplo, se debe al mando de lo accesorio, al dominio de lo bien hecho sobre lo hecho, de lo mal llamado superfluo sobre lo estrictamente necesario.

        Lo fundamental, ante la urgencia de alimentarse o vestir, es comer y cubrirse; sin embargo, trabajamos para lograr lo accesorio en la comida (comer a gusto) y en elvestido (el sastre es caro). Así, nuestra pasión por lo accesorio promueve un gigantesco esfuerzo en torno al refinamiento, la calidad, la distinción, el acoplamiento exacto de nuestros sentidos y apetencias no con lo esencial, sino con lo adjetivo, que resulta, a fin de cuentas, lo sustantivo.

        Por eso, la mejor diferencia entre el mundo animal y el nuestro consiste en que los irracionales se conforman con lo que son, con lo esencial, mientras nosotros, descontentos con el ser, aspiramos a otro estar, a la mejora de estado, al cambio de la circunstancia, a la transformación de lo transitorio, al progreso, a ser hombres, estando en este mundo como hombres.

        Desde aquí podemos saltar al terreno que prefiramos para discurrir hacia donde nos apetezca. Yo elijo el político. Y deduzco que ser esto o lo otro resulta menos decisivo que estar. Hay que estar donde nuestro ser tengo oportunidad de mejorar los estados que deseamos de otro modo. Aquel que con pretextos puristas y doctrinarios se excluye a sí mismo, renuncia a la ejecución de su ser, de sus opiniones o ideas. Lo inteligente es admitir las reglas, estén como están y sean las que sean. Lo operante es estar. Y así „estaremos“ en situación no de transformar lo que es, que importa poco, sino lo que está, que es lo que importa.

        Estar o no estar.

Sí, en efecto: este es el problema.» [Juan Luis Calleja - Diario ABC, 1966, Madrid]

 

Américo Castro, 1957

 

„Der personalistische Genius, der das Geistige und seine äußeren Umstände integriert, läßt die Spanier an den beiden Gegenpolen des Stoizismus erscheinen, wenn man diesen Begriff auf eine Metaphysik und ein damit eng verbundenes moralisches Verhalten bezieht. Der Stoiker betrachtete die Beziehungen zwischen dem vernünftigen Bewußtsein und der diesem äußeren Welt als „unmenschlich“. Nimmt man diesen festen Gesichtspunkt ein, so erscheinen die Unterscheidung zwischen ser (sein) und estar (sich befinden) und der immer häufigere Gebrauch dieses letzteren seit dem 16. Jahrhundert als Echo der Funktionsweise, die der keineswegs stoischen spanischen Lebensstruktur eigen ist. Eine Besonderheit des Spanischen im Vergleich zu den übrigen romanischen Sprachen ist die ausgedehnte, parallele und differenzierte Verwendung von ser und estar: es malo, está malo (er ist schlecht, es geht ihm schlecht). Die bisherigen Versuche, diesen besonderen Aspekt des Verbums estar zu erklären, sind ungenügend, weil man objektiv und begrifflich (unter Mißachtung der hispanischen Besonderheit des Sprechenden) definieren wollte, was ein bloßer Ausdruck der Relativität der sinngebenden Intention ist, das heißt des Bemühnens des Sprechenden, das Subjekt des Verbums in die Situation und die Umstände der Handlung einzufügen. Ort: la casa está alejada del camino (das Haus liegt abseits des Weges); Zeit: la casa estaba ya edificada (das Haus war bereits gebaut); Möglichkeit: está listo, está vivo (er ist klug, er ist lebendig); Unmöglichkeit, Ohnmacht: está muerto, enfermo, ciego (er ist tot, krank, blind) usw. Wer Spanisch oder Portugiesisch spricht, kennt unzählige solcher Beispiele. Der Spanier hat sich für das „Vorher“, das „Nachher“, das Drum und Dran von dem interessiert, was er will, das dem Subjekt des Verbums widerfahre. Estar drückt also nicht nur eine Situation aus, sondern spiegelt außerdem die Absicht wider, das von einer Person oder einer Sache Gesagte zu situieren, das heißt, es in Bezug auf seine Umstände zu sehen. Estar drückt eher ein Erlebnis des Sprechenden als einen objektiven Tatbestand aus. Qué bonita estás (wie hübsch bist du) steht nicht im selben Gegensatz zu eres bonita de veras (du bist wirklich hübsch) wie das Vergängliche und Vorübergehende zum Dauernden und Festen; die beiden Wendungen verhalten sich eher derart zueinander, wie sich das vom Sprechenden auf die Umstände Bezogene zu dem von irgendeinem zufälligen Umstande Losgelösten verhält. Estás bonita (du bist hübsch) in diesem Kleid, jetzt, in diesem Licht, oder weil para mí estás bonita siempre y en cualquier situación (weil du für mich immer und unter allen Umständen hübsch bist). Für die einen fulano está de lo más tonto (ist X äußerst dumm); für die anderen es tonto de remate (ist er unheilbar dumm) oder estará tonto hasta que se muera (bleibt er dumm, bis er stirbt). Es ist unmöglich, eine grammatische Erscheinung in logischer und objektiver Weise einzureihen, die mit der inneren Funktionsweise einer personalistischen und integrierenden Lebensstruktur eng verknüpft ist. Entscheidend ist hier die Form der Ausdruckshandlung, ohne die man den Sinn des Ausgedrückten nicht versteht. Quevedo schreibt in seinem Kommentar zu „De los remedios de cualquier fortuna“, was fälschlicherweise Seneca zugeschrieben wurde: „Estoy enfermo. Después que el pecado enfermó la naturaleza, mi propia naturaleza es enferma, y yo soy una enfermedad viva ... >Estoy enfermo. <Esto es decir que estoy hombre.“  (Ich bin krank. Nachdem die Sünde die Natur krank werden ließ, ist meine eigene Natur krank und ich bin eine lebende Krankheit ... Ich bin krank. Dies heißt, dass ich ein Mensch bin, dass ich mich als Mensch befinde.) Mit anderen Worten erscheint der Mensch dem Sprechenden als in die Umstände seiner geschädigte stoische Natur integriert, Umstände, die ebenso wirklich und gültig sind wie der abstrakte stoische Begriff des Menschen. Womit deutlich wird, dass weder Quevedo noch die Spanier Stoiker sind - wenn nicht einer wiklich glaubt, es zu sein, was schließlich ebenso erlaubt ist, wie objektiv und begründeteweise Stoiker zu sein. Das einzige, was den Historiker interessiert, sind die dauerhaften Werte, in denen sich der Glaube, Stoiker zu sein, und das tätsächliche Stoikersein verkörpern.

        Auf französisch sagt man: elle es belle und elle est en danger, und dasselbe gilt für das Englische und das Deutsche. Der Spanier aber unterscheidet zwischen es linda und está en peligro (sie ist schön, sie ist in Gefahr), wobei im zweiten Fall das Erlebnis der gefährlichen Umstände zum Ausdruck kommt: la estoy sintiendo en peligro (ich fühle, dass sie in Gefahr ist). Wir sehen uns also einem vital gesprochen offenen und polymorphen Ausdrucksprozeß gegenüber, den logisch und statisch zu kategorisieren unmöglich ist. Der Ausdruck der Erlebnisse des Sprechenden ist so weitreichend wie der künstlerische Ausdruck, der hinter der grammatischen Verwendung von estar verborgen liegt. Die Sprache führt uns so nicht nur zu ihrer „inneren Form“, wie W. von Humboldt sagte, sondern auch zur Funktionsweise der „Lebensbehausung“, in unserem Falle der hispanischen. Dies geschah mit nuevas, novedad, innovación. Wörtern, in denen die Funktionsweise des spanischen Lebens deutlich erkennbar wird, eines Lebens, das sich in der Sprache, in der Kunst, in der Auflehnung gegen das Gesetz, in der kümmerlichen Wissenschaft und in der Totalität des Ausdrucks spiegelt. Jede Sprache ist wie das Geräusch, das aus den verschiedenen „Lebensbehausungen“ an unser Ohr dringt, jede besitzt ihren Klang, ihren Rhythmus und besondere Nuancen.“

[Américo Castro: Spanien. Vision und Wirklichkeit.  Köln u. Berlin: Kiepenheuer & Witsch, 1957, S. 655-656]

Weitere Texte von América Castro zu ser - estar

„Según hago ver en las páginas iniciales de Hacia Cervantes, la conciencia de estarse realizando la persona en su propia vida anima las creaciones literarias que, iniciadas con el Cantar de Mío Cid, llegaron a su culminación en el Quijote. No obstante las enormes diferencias entre lo español y lo árabe, hay a veces puntos de notable coincidencia: el sentir la acción objetivada de la persona como un simultáneo estarse haciendo dentro de uno mismo.“

[Los españoles: cómo llegaron a serlo. Madrid: Taurus, 1965, p. 220-221]

„Montesquieu percibió con aguda visión que para los españoles el ser de sus personas („ils son ce qu’ils appellent ...“), predominaba sobre el hacer algo con la inteligencia o con las manos.“ [Castro, a.a.O.., S. 142]

„Considero indispensable que el historiógrafo no pierda de vista que la historia no se construye sobre nada que simplemente sea, exista o acontezca, sino sobre las dimensiones vaiosas de loq ue aparezca como habiendo existido en el pasado de nuestra experiencia temporal. („Mantener honra“ llegó a hacerse inseparable en España del hecho de ser cristiano. El ser de lo real fue sacrificado a la valía de lo personal).

Conviene, por tanto, no olvidar que todo lo que se hace presente como un es comenzó por ser el correlato de un „mínimo preferencial“. Es decir, que todo objeto es, y a la vez lleva implícita en él una dimensión de valor, ínfima o suprema. Ahora bien, el ser y el valer, o el estar valiendo, no ocupan el mismo lugar ni ofrecen el mismo aspecto dimensional en la realidad del objeto. El triángulo necesario al matemático para sus operaciones científicas vale y es, aunque en una proporción y en una perspectiva así expresada: vale fluyendo . ESTÁ QUIETO. El triángulo en el frontón de un edificio expresivo de un estilo artístico también está - vale, aunque en perspectiva inversa: está quieto - VALE FLUYENTE. El idioma (tan docto en cuestiones de la vida) registra esta fundamental diferencia al distinguir entre una „piedra preciosa“ y una „preciosa piedra“. En este segundo caso la piedra existe en función de su utilidad; en el primero, lo digno de ser contemplado predomina sobre el ser de la piedra.

La anterior distinción tiene importantes consecuencias en historiografía, ya que sus auténticos temas se incluyen todos en la zona del está - VALE. Una abstracta exposición de verdades matemáticas desde sus orígenes hasta hoy, no es historia en el mismo sentido que lo sería el hacer ver y sentir cómo el pensamiento matemático surgió y funcionó dentro de la vida de Babilonia, Egipto y Grecia, y reobró luego sobre el pensar de otros pueblos.

A los efectos de mis intereses historiográficos, hago la distinción entre el ser de lo quieto y el ser de lo que se mueve y expande en la vida, en un proceso de valoración inherente a la dinámica mismoa de ese proceso. El curso de la vida se detiene para otear en torno a sí el universo de la realidad natural, y trazar en él límites y caminos.“ [Ebd. 275-277]

 

 Julián Marías, 2000

 

«Hay además otro problema: es la dificultad de traducir las frases más importantes de Heidegger. Hay una frase famosísima, citada mil veces, según la cual, dice Heidegger, que el hombre es sein zum Tod, lo cual se traduce invariablemente como "ser para la muerte". Lo único es que esto no quiere decir en alemán "ser para la muerte"; porque la palabra sein, que quiere decir ciertamente "ser", quiere decir otras cosas, quiere decir "estar", los alemanes no dicen "estar" porque no tienen el verbo "estar". Yo he dicho a veces que darían una de las pocas provincias que les han quedado por tener los verbos: ser, estar y haber, tres maravillosos verbos para hacer filosofía.
Pero, claro, ser es ser o estar. Los libros de gramática -en general- dicen que "ser" es lo esencial, lo fundamental, lo permanente, mientras que "estar" es lo pasajero, lo transitorio, lo que es un estado momentáneo... Yo me pregunto si cuando rezamos el padrenuestro y decimos: "Padre nuestro, que estás en los cielos...", ¿queremos decir que está de veraneo? Me parece que no, si algo es permanente es ese estar en los cielos. Como ven ustedes, tiene un sentido radical, real, muy real. Yo he hecho una observación empírica, sin importancia ninguna, pero es bastante iluminadora: cuando a una mujer se le dice que es muy guapa, lo agradece, pero agradece más que le digan: "estás muy guapa": al decirle que "es muy guapa" se elogia su belleza, su calidad estética; cuando uno le dice a una mujer "estás muy guapa", quiere decir "te estoy encontrando realmente muy guapa", lo cual es algo concreto, real, eficaz...»

[Julián Marías: Heidegger. (Conferencia del curso "Los estilos de la Filosofía", Madrid, 1999/2000 - edición: Jean Lauand)]

 

Español para extranjeros

 

SERGI PÀMIES

Copula, que algo queda

Si, en algunos momentos, a los indígenas ya les resulta complejo distinguir si son o están, es lógico que el hispanófilo diletante también dude. La posibilidad de elegir propicia un error habitual entre los que se lanzan, con o sin red, a hablar la compleja lengua de Cervantes o de Ozores. Si el visitante observa con atención, se dará cuenta de que existen diferencias entre ambos verbos. Por ejemplo: no es lo mismo ser bueno que estar bueno, aunque ambas circunstancias puedan darse en una misma persona (se me ocurren algunas, pero o están casadas o son gays). Conviene, pues, practicar sin complejos, y, como el jugador novato que, ante la ruleta, sólo se atreve a apostar por negro o por rojo, ir probando si la solución adecuada pertenece a la familia Ser o a la familia Estar. En principio, parece claro que ser es una actividad más esencial, mientras que estar depende de azares espacio-temporales. Es más: en ocasiones puede parecernos que estamos, pero estar, lo que se dice estar, no es que estemos mucho que digamos (ejemplo: España está en Europa, pero ¿es realmente europea?)

La frase que mejor expresa esta dualidad conceptual es: "Ni están todos los que son, ni son todos los que están". Sobre el origen del aforismo se ha escrito mucho, así que, para abundar en la vieja tradición periodística del plagio, me limitaré a repetir lo leído. La frase procede de una cuarteta de Campoamor y aparece en su comedia Cuerdos y locos. La pronuncia el inquilino de un manicomio: "Pues, como dicen el refrán,/ en esta santa mansión/ ni están todos los que son,/ ni son todos los que están". Cabe la posibilidad de que Campoamor no hiciera otra cosa que oficializar lo que ya era un dicho popular referido a la cantidad de chiflados que circulaban por las calles de su época. Por cierto: no sé cómo podrá traducirse al inglés, ya que, con un extraordinario sentido del pragmatismo, ellos decidieron que su ser y su estar estuvieran representados por un mismo y todopoderoso verbo: to be. Aquí, en cambio, existe cierta competencia entre el ser y el estar. No en vano el primero ejerce de auxiliar en la conjugación de todos los verbos a la voz pasiva, que se dice pronto. Y esto, quieras o no, te acaba influyendo, que una cosa es ser copulativo y otra ser de piedra. Llega un momento en el que, quieras o no, te lo empiezas a creer. Otros verbos te saludan por la calle, algunos incluso quieren acostarse contigo y te sacan la lengua en plan lascivo, y es comprensible que, así las cosas, cuando te mires al espejo acabes pensando: "Me cachis qué guapo soy" o, si perteneces al sector crítico del estar, "Estoy cañón". [EL PAÍS - 08-08-2003]

 

Ser y estar desde el punto de vista filosófico

 

«La frase nominal expresa no sólo el ser, sino la realidad física con mucha más fuerza que la frase predicativa. Si digo “tú, mi hijo“, digo mucho más que si digo “tú eres mi hijo“. Por esto, tratándose de lugares, la frase nominal expresa la realidad “aquí“. Del pan nos dijo Cristo “esto (aquí), yo mismo“. En muchos casos, si hubiera que expresar la realidad verbalmente, habría que emplear no el verbo ser, sino el verbo estar. Estar envuelte una connotación de realidad física propia: “aquí estoy yo mismo“.»

«La actualidad es un momento físico, no es una presencia moral ni una presencia de virtualidades dinámicas. Este carácter físico es lo que expresa el verbo “estar“. Estar significa no el mero ser, sino el “estar siendo“. El verbo estar es un verbo que denota siempre algo físico. Por esto es por lo que en latín fue cópula, pero como dicen los lingüistas, en sentido fuerte. Sin embargo, no nos dicen en qué consiste lo fuerte de este sentido. Pues bien, añado, sentido fuerte es a mi modo de ver actualiad física. La actualidad es un momento que admite un devenir

[Zubiri, Xavier: El problema teologal del hombre: Cristianismo. Madrid: Alianza Editorial, 1999, pp. 410b y 400-401]

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«Hay lenguas que carecen de la cópula “es”, o que si la ienen jamás tiene “es” función copulativa en ellas. A pesar de todo se emiten y expresan en estas lenguas afirmaciones sobre lo real. No son lenguas indoeuropeas. La teoría de la afirmación se ha fundado exclusivamente sobre las lenguas indoeuropeas, y dentro de ellas sobre el logos helénico, el célebro lógos apophantikós de Aristóteles. Y esto ha podido conduicir a una falsa generalización, a pensar que el “es” es el momento formalmente constitutivo de toda afirmación. Claro está, como nos expresamos en lengua que proceden del tronco indoeuropeo, no nos es posible eliminar de nuestras frases el verbo “es”, y tenemos que hablar forzosamente de que tal o cual cosa “es” real, etc.; de la misma manera que la propia filosofía griega desde Parménides hasta Aristóteles, ha tenido que emplear frases en las que se dice “el ser es móvil, etc.”. Aquí aparece dos veces el “es”, una como aquello de que se afirman unos predicados, y otra como la cópula misma que los afirma. Estos dos sentidos no tienen nada que ver entre sí. Lo cual pone bien de manifiesto la enorme limitación de la frase indoeuropea en este tipo de problemas. Como las lenguas están constituidas, lo esencial es no confundir esta necesidad histórica y estructural de nuestro lenguaje con la conceptualización de la afirmación misma. Dejando pues de lado el ser como aquello que se afirma, lo que nos importa aquí es que el acto mismo de su afirmación, el “es” copulativo, no está constituido por la afirmación sobre el ser. La afirmación recace ciertamente sobre lo real como algo “siendo”, pero es “realidad” siendo y no es “siendo” realidad. Es lo real puesto como realización de una simple aprehensión, pero no es lo real ya puesto como tal realidad calificada y propuesta para un acto ulterior de otra simple aprehensión. Sería absurdo pretender que al exclamar “¡Fuego!”, estoy diciendo “Esto es fuego”. Esto sería una mera traducción de mi exclamación, y además una mala traducción. La afirmación exclamativa no recae sobre el ser sino tan sólo sobre lo real. Y una vez más, esta afirmación afirma la realidad con muchísima más fuerza que su traducción en frase copulativa. Podría traducirse menos mal diciendo “es fuego”. Pero la afirmación de realidad es evidentemente mucho más débil que en la exclamación sin “es”. [...]

Hemos visto que el juicio no consiste formalmente en el “es” copulativo. Examinemos ahora si lo real de que se juzga consiste, en cuanto juzgado, en un ser sustantivo.»

[Zubiri, Xavier: Inteligencia y logos. Madrid: Alianza Editorial, 1982, p. 345 ss.]

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«Como la cosa real es sustantiva, la cuestión enunciada es idéntica a la de preguntar si lo que es término de aprehensión primordial y de su verdad real es la cosa como ser sustantivo. Fue la idea de toda la filosofía a partir de Parménides: la afirmación enunciaría lo que es lo real como ser sustantivo. Pero esto me parece insostenible. La intelección primaria y radical aprehende simplemente lo real en y por sí mismo como realidad. El llamado ser sustantivo está ciertamente en esta intelección, pero sólo como un momento fundado en la formalidad de realidad. Pensar que realidad sea un modo más de ser sustantivo es una ingente entificación de la realidad

[Zubiri, Xavier: Inteligencia y logos, Madrid: Alianza Editorial, 1982, p. 348]

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Ser – Estar – Haber:

«Tomemos un trozo de hierro. Repetimos hasta la saciedad: tiene tales o cuales propiedades. Pero estas propiedades no son el ser del hierro, sino  que son el hierro mismo, la realidad férrea: no es “ser hierro” sino “realidad férrea”. Y lo mismo acontece si lo que se quiere decir es que el hierro existe. La realidad es el “de suyo”, y por tanto está allende la diferencia de esencia y existencia en sentido clásico. Esencia y existencia conciernen tan sólo al contenido de lo aprehendido. Pero el “de suyo” no es ni contenido ni formalidad. Sea cualquiera la índole de aquella diferencia, tanto la esencia como la existencia clásicas son lo que son tan sólo porque ese esencia y esa existencia competen “de suyo” a la cosa. El “ser” del hierro no es el “hierro”. ¿Qué significa negativamente esta diferencia? Recordemos que hablamos de la realidad y del ser de la cosa real en cuanto aprehendida en aprensión primordial. Pues bien, podría pensarse que frente al “ser” hierro se puede echar mano de otro verbo para expresar la realidad férrea. Sería el verbo “haber”. Se diría “hay” hierro a diferencia de “es” hierro. El “hay” expresaría la nuda realidad. No lo pienso así. El “hay” designa siempre y sólo algo que hay en mi vida, en mi situación, etc. Pero esto no designa sin más “realidad”. La realidad es una formalidad de la cosa en y por sí misma; no es cuestión de que haya o no haya. El verbo que a mi modo de ver, por lo menos en español, sirve para nuestro tema es el verbo estar a diferencia del verbo ser. Se ha subrayado muchas veces esta diferencia diciendo que estar significa algo circunstancial, por ejemplo “estar enfermo”. En cambio ser significaría la realidad permanente diciendo por ejemplo de alguien que “es un enfermo”. Sin embargo, no creo que sea ésta la significación radical del verbo estar. Esar designa el carácter físico de aquello en que se está in actu exercito, por así decirlo; en cambio el ser designa el estado “habitual” de los ido, sin alusión formal al carácter físico de realidad. El tuberculoso “es” un enfermo. Pero en cambio, al decir que está tosiendo, que está febril, etc., designamos formalmente el carácter de la tos y de la fiebre en su carácter físico: “está” tosiendo, “está” febril, etc. Es verdad que con enorme frecuencia se expresa lo circunstancial con el verbo estar; pero es precisamente viendo en lo circunstancial el carácter formalmente físico de su realidad. La contraposición entre ser y estar, no es primariamente una contraposición entre un “modo de ser”, habitual o otro, y el “carácter físico” de realidad. Por eso a veces incluso para designar el carácter físico de lo habitual se echa mano del verbo estar, por ejemplo al decir de alguien que “está tuberculoso”. Pues bien, el verbo estar designa la realidad física a diferencia del verbo ser que tiene otro significado que explicaremos enseguida. En la aprehensión primordial de realidad la cosa “está” física y realmente aprehendida en y por sí mismo en mi aprehensión. Recurriendo al concepto de actualidad que venimos explayando a lo largo de la obra, recordemos que actualidad no significa “presencia” sino el “estar” presente en cuanto estar: es lo real “estando” presente en y por sí mismo como real. Realidad no es, pues, ser. ¿Qué es entonces ser? [...]

El mundo es “respectividad”; la actualidad en esta respectividad de lo real en cuanto “está” en el mundo constituye la actualidad de lo real en el mundo. La realiad no es tan sólo algo que constituye mundo sino que es actual en el mundo ya constituido por ella. Pues bien, la actualidad de lo real en el mundo es justo “ser”. El “hierro es” significa que aquello que físicamente constituye el hierro real es férreamente actual en el mundo. Este estar en el mundo como actualidad de lo real (estar) en la respectividad (mundo) es lo que constituye el ser. Si el hierro pudiera sentir su realidad, la sentiría como realidad férrea, férreamente actual en el mundo. Esto y no otra cosa significa “el hierro es”. Lo demás no es el ser sino la realidad. Así, una cosa es describir al hombre como realidad naciendo de unos progenitores y entre otras cosas reales, otra describirlo diciendo que “vio la luz”. Esto último es la actualidad de lo generado (realidad) en el mundo (luz). A la realidad no le pertenece como momento formal el ser; el ser no es un momento propio y formal de la realidad. ¿Qué es entonces lo real en cuanto que es? Que el ser no pertenezca formalmente a la realidad de lo real no significa que el ser no pertenezca a lo real. [...]

Realidad no es el modo supremo de ser sino que al contrario el ser es un modo de realidad. Por esto no hay un esse reale, un ser real, sino tan sólo, como yo digo, realitas in essendo, la realidad en ser. La cosa real “es”; es ella, la cosa real, la que “es”, pero no es que el ser sea la realidad de la cosa real. Realidad no es entidad. Lo demás es una inaceptable entificación de la realidad. La filosofía griega y la europea posterior han identificado siempre realidad y ente. Tanto en filosofía como inclusive en teología, las cosas reales han sido consideradas formalmente como entes reales, y Dios mismo como realidad suprema sería el ser subsistente, el entre supremo. Pero es no me parece aceptable por completo. Realidad no es entidad, ni lo real es ente. Ente es solamente lo real en cuanto que es. Pero antes de ser ente, lo real es real. Sólo entonces puede y debe recibir la denominación de ente, una denominación posterior, por tanto, a su condición de real. Por esto la entificación de la realidad es en el fondo tan sólo una gigantesca hipótesis conceptiva. Inclusiva tratándose de Dios es menester decir que Dios no es el ser subsistente ni el ente supremo, sino que es realidad absoluta en la línea de realidad. Dios no “es”. Sólo puede llamarse a Dios ente desde las cosas creadas que están siendo. Pero es y por sí mismo no es ente. La cosa real no es real porque “es”, sino que “es” porque es real. No se identifican pues realidad y ente. El ser es ulterior a la formalidad de realidad. [...] Lo real no es un modo de ser, pero lo real está (por tanto está presente) en el mundo, es decir “está siendo”. Decir que lo real está en ser significa más concretamente que lo real está siendo. Aunque el ser no sea un momento formal de lo real, estar siendo es un momento físico de lo real, pero consecutivo a su formal realidad.

De ahí que el ser no es primariamente algo entendido, como se ha pretendido desde Parménides, sino que el ser es algo sentido al aprehender sentientemente la cosa real en y por sí misma. El ser está sentido pero no en modo recto, es decir no es el término formal de aquella aprehensión, sino que el ser está co-sentido, sentido en un modo oblicuo como actualidad ulterior. Lo está “está siendo” por ser ya real. Lo aprehendido en modo recto es el “estar”; el “siendo” no se aprehende sino en modo oblicuo.»

[Zubiri, Xavier: Inteligencia y logos. Madrid: Alianza Editorial, 1982, p. 349 ss.]

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«¿Qué significa ahí ser?

La palabra ser es a la vez afortunada y desdichada: Afortunada, porque puso en conmoción y movimiento a toda la especulación filosófica griega, y algo, muy poco, a la especulación india. Pero desafortunada, porque uno llega a creer que las formas conceptuales objetivas de la mente por lo menos se traslucen todas ellas en el lenguaje. Entonces hay alguna observación que hacer. La primera: ¿es verdad que todas las lenguas poseen el verbo ser? A lo que se ha de constestar, como saben los lingüistas, que no.

Hay lenguas, muy elementales por cierto, que expresan distintos aspectos de lo que nosotros llamamos ser con verbos completamente distintos, a los que yo llamaría verbos de realidad. Los lingüistas observan que no se trata de que tengan un concepto de ser que lo expresan con muchos verbos, sino sencillamente que no tienen concepto del ser. Será un defecto del orden que se quiera, pero no es un defecto para entenderse con las realidades, que es lo que esas lenguas pretenden. Es más que problemática esa forma de pensar de las lenguas indoeupeas. Ya las lenguas semíticas son un problema en este respecto, al menos el hebreo y el arameo. Las lenguas indoeuropeas se han incrustado en nuestra mente, pero no hasta el extremo de que no haya formas sintáctias que expresen la nuda realidad sin alusión al ser. Así sucede con la frase nominal. Por ejemplo, cuando se dice «para verdades, el tiempo», ¿dónde está ahí el verbo ser? En ninguna parte. La frase nominal no es una frase donde hay una elipsis del ser. Puede haber frases con verbo ser que luego constituyen una elipsis, sobre todo cuando la lengua está desarrollada, por ejemplo, en cierta época del griego clásico, en el griego ya formado o en el sánscrito clásico. Pero primariamente hay muchísimas frases nominales en que no hay un verbo ser sobreentendido. No se sobreentiende, por ejemplo, cuando se dice «esto, blanco». Ahí se expresa la realidad, la nuda realidad, sin verbo ser. Y un ejemplo tenaz y grave de esa forma no elíptica es precisamente la forma de la institución de la Eucaristía por parte de Cristo. Decimos: esto es mi cuerpo, toúto mon estín tó sóma. Naturalmente, Cristo no lo dijo con el verbo ser sino con la frase nominal en arameo: da gufí, «esto, mi carne». Expresó la realidad de su presencia con más fuerza que con cualquier forma del verbo ser del planeta, aunque Suárez diga en algún sitio, comentando a los protestantes de su tiempo, que si hubiera querido con toda claridad, cómo lo hubiera dicho mejor que empleando el verbo ser. Evidentemente. Hay, pues, la frase nominal, que expresa la realidad, la nuda realidad, con una fuerza directa, sin pasar por el rodeo del ser. La Escolástica, heredera en este punto y sistematizadora de Aristóteles, llevó el problema del ser por tres dimensiones distintas. Por un lado, el ser que aparece en las frases predicativas es el que llamaríamos copulativo. Decimos que A es B. Pero asimismo pensó siempre la Escolástica que decir que A es B supone de una y otra manera el ser de la A y el de la B. Lo cual retrotrae el problema del ser copulativo a un ser anterior que, sin compromiso mayor, puede llamarse y se ha llamado el ser sustantivo: aquello que es la A y aquello que es la B. En «este papel es blanco», afirmamos que este papel y su blancura son seres. La afirmación consistiría en decir que esto, que es papel, tiene, además de su ser, el ser de lo blanco.

Ahora bien, esta explicación es lo bastante compleja para que uno se pregunte si es eso realmente lo que tengo en la cabeza cuando digo qu este papel es blanco. Ahí el ser copulativo es un útil gramatical que, sin duda ninguna, tiene un sentido – esto es lo que hay que decir a los lingüistas, que se saltan generalmente esta consideración – que habrá que averiguar, pero que, ciertamente, es un sentido derivado de aquello que entendemos por el ser, si de ser se quiere hablar, de la A y de la B. [...]

Ahora bien, decía que no es claro que el ser copulativo exprese la symploké o conexión de dos seres en un ser, el ser de la A y el ser de la B y la complexión en un sólo ser, que es AB. Esto es asaz complicado.

Lo menos que hay que decir es que el ser copulativo se funda en el ser sustantivo. Sí, es cierto, pero con tal que nos entendamos sobre qué es eso del ser sustantivo. Reaparece aquí una tesis de Heidegger que, en definitiva, ha tomado de la Escolástica y de los griegos: pensar que el ser es la condición misma para la aprehensión de las cosas sustantivas, y que, por consiguiente, si lo comparamos – como los griegos hacían desde los tiempos de Parménides – con la luz, el phós, habría que decir que sólo vemos las cosas a la claridad de la luz, es decir, a la claridad del ser (Cf. SuZ, §7, p. 28). Sí, a menos que uno piense un poco más detenidamente en las cosas. En primer lugar, la luz no existe sin una luminaria. Incluso lingüísticamente es así. Lux viene de lumen: antes de una luz hay una luminaria, la cual tiene un brillo intrínseco que, como tal, no tiene nada que ver con la claridad. Ciertamente, las cosas brillantes, por el brillo que tienen, difunden luz a su alrededor y me permiten ver otras; e incluso la claridad me permite en cierto modo ver el propio brillo que ella produce. Pero ¡qué duda cabe que la claridad se funda intrínseca y constitutivamente en el brillo que tiene la luminaria! Lo primario no es nunca la luz sino la luminaria. Si la luz tiene claridad, es porque la cosa tiene un brillo, el cual, en función respectiva con las demás cosas, es justo lo que llamamos claridad. Si esto no fuera así, ¿de dónde se iba a mantener la claridad montada sobre sí misma?

Así, pues, cuando yo conozco una cosa y digo de ella que es un ser sustantivo, que tiene una realidad sustantiva, ¿qué es lo que quiero decir?, ¿llamo ser sustantivo – un trozo de hierro, por ejemplo – a tener determinado peso, estructura química, resistencia, dureza, conductividad eléctrica, etc.? ¿Eso es el ser del hierro? No, eso es el hierro a secas, emplee o no el verbo ser, según los idiomas que yo maneje. Eso no es ser. El ser se parece mucho más a lo que puediera expresarse objetivamente cuando digo: lo que es esto es hierro. Por tanto, ¿cabe alguna duda sobre que el ser aparece como una especie de reactualización de lo que la cosa sustantivamente es en sí misma como realidad respecto de las demás cosas que hay en el mundo? Entonces digo: esto es hierro, tiene el ser del hierro. Ese es el ser sustantivo. Al decir que el hierro es, este verbo sustantivo no significa ni esencia ni existencia, sino una acciónsit venia verbo – que consiste en afirmar la realidad como siendo. Pero el ser sustantivo es un acto segundo; por lo menos, un acto ulterior respecto de la sustantividad entendida como nuda realidad. Es, justamente, la función del brillo como claridad.

Por eso me parece desde hace bastante tiempo, y no he logrado cambiar demasiado de opinión, que no se puede hablar de esse reale, sino de realitas in essendo, la realidad en ser, que no es lo mismo que la realidad sin más.  Cuando Aristóteles dice que el ón no añade nada al ánthropos, hace del áinei un concepto que, por no añadir nada al ánthropos, Kant podría llamar con razón un concepto vacío. Pero esa vaciedad es la oquedad en que se inscribe la respectividad del hombre a las demás cosas, es decir, el ser como actualidad en la respectividad. No es lo mismo realidad y ser ni aun tratándose de Dios, que, por ser irrespectivo, no tendría ser. Es, sin embargo, realidad esencial. Por eso los primeros teólogos platónicos llamaban a Dios el pró ón, lo anterior al ser. No decían que fuera el ser en sí mismo.»

[Zubiri, X.: Sobre la realidad. Madrid: Alianza Editorial, 2001, p. 144 ss.]

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Verdad, afirmación, ser copulativo y frase nominal:

«Lo real en la estructura conectiva de su actualidad está inteligido, está intelectivamente actualizado, en el movimiento del colegir. Si se quiere: todo juicio afirma una realización, y cuando la realidad misma es conectiva, esta realización es inteligida coligentemente. Este colegir no es sólo una forma más de movimiento, sino que constituye en el movimiento mismo un momento propio de intelección. Lo coligentemente inteligido es lo real en su unidad conectiva; esto real es lo que se afirma en “modo recto”.

Pero la firmación coligente afirma lo real conectivo en la cópula “es”. ¿Qué es este “es”? El “es” no constituye la afirmación. Como afirmación, la afirmación está constituida tan sólo como afirmación de lo real. Pero el “es” tiene sin embargo una significación propia: expresa lo real afirmado en cuanto afirmado. Este expresar no significa ni lo real ni su verdad, sino lo afirmado en cuanto afirmado. La afirmación es intelección distanciada en movimiento intelectivo. Por ello, la afirmación es una actualidad coincidencial entre los fueros de la inteligencia y los fueros de lo real. Pues bien, cuando la afirmación es conectiva, la coincidencia es actualización en su colegir. Entonces la copulación no es sólo colegir la intelección y la realidad conectiva misma. Los términos de la copulación son la inteligencia y lo afirmado. El “es” copulativo expresa esta unidad coligente de la inteligencia y de lo real. Esta unidad es lo afirmado “en cuanto afirmado”. Entonces una cosa es clara: como el “es” exprea lo afirmado real en cuanto afirmado, resulta que el “es” está apoyado en la realidad y no al revés. Es la ulterioridad del ser respecto de la realidad. Ahora bien, en la afirmación inteligimos lo real distanciado, dado distancialmente en forma de impresión de realidad. Por tanto el “ser” es la expresión de una primaria impresión de realidad. La afirmación no intelige en modo recto el ser de lo real, sino la realidad misma; pero intelige en modo oblicuo, el ser de lo real. La oblicuidad es justo lo que designa la idea de expresión. La afirmación afirma en modo recto la realidad, y en modo oblicuo la expresión de lo afirmado en cuanto afirmado, esto es, el ser. ¿Cómo? Es la cuestión esencial. Pero en todo caso se ve ya con claridad: la dialéctica del ser se funda en la dialéctica de la realidad. Y este fundarse es lo que designa, en este caso, el verbo “expresar”. El ser y su dialéctica no son sino expresión de lo real y de su dialéctica conectiva. El elemento del juicio predicativo no es el ser sino la realidad. Por tanto su verdad no es la verdad del ser sino la verdad de lo real.

Estamos tratando de ver si, en efecto, el juicio es formalmente el lugar del ser y de su verdad. He procurado hacer ver que no es así en el juicio predicativo. Pero no todo juicio es predicativo. ¿Qué sucede con las otras dos formas de juicio, el juicio proposicional y el juicio posicional?

La filosofía actual no se ha ocupado debidamente de estas formas de juicio, sino que ha entendido sin más que no son sino formas larvadas de intelección de que lo afirmado “es”. Ahora bien, esto no es así. Y en ello se denuncia bien claramente la no-universalidad del “ser copulativo” como carácter de todo acto intelectivo. Hay intelecciones, en efecto, que no hacen intervenir el “es” copulativo ni tan siquiera larvadamente.

Lo que llamamos juicio proposicional es lo que constituye el sentido de la frase nominal. Esta frase carece de verbo. La filosofía clásica no se ha ocupado de esta proposición. A lo sumo, ha pensado, cuando alguna vez repara en ella, que esta frase es un juicio predicativo larvado. Decir “la mujer, voluble” sería un modo elíptico de decir “la mujer es voluble”. Pero esto es radicalmente insostenible. Ningún lingüista admitiría hoy que la frase nominal lleva elípticamente una cópula sobreentendida. La lingüística piensa, y con razón, que la frase nominal es un tipo originario e irreductible de frase a-verbal. Hay dos clases de frases: la frase verbal y la frase averbal; y ambas son dos maneras de afirmación esencialmente irreductibles. No hay en la segunda una elipsis verbal. La cosa es tanto más clara cuanto que las frases con elipsis verbal son frecuentísimas, por ejemplo en sánscrito clásico. Pero junto a ellas hay frases estrictamente nominales sin elipsis verbal; por ejemplo en el Veda y en el Avesta la frase nominal raras veces es elíptica. Y esto es esencial por dos razones. Primero, por lo que acabo de decir: la frase nominal es en sí mismo y por sí misma una frase averbal. Carece, pues, d ser copulativo. No es por tanto predicación larvada. La filosofía usual ha reflexionado, aunque con pobres resultados, sobre los juicios que carecen de sujeto (los impersonales) o sobre los juicios que carecen de predicado (los llamados juicios existenciales). Pero ni siquiera se le ha ocurrido pensar el que haya juicios sin cópula. Pues bien, la frase nominal carece de cópula, y sin embargo, es un juicio en el sentido más riguroso del vocablo. Y esto nos descubre la segunda razón por la que la teoría del juicio larvado es insostenible. La frase nominal, en efecto, no sólo carece de cópula sino que precisamente por ello mismo, según vimos, afirma la realidad con mucha más fuerza que si empleara el verbo “es”. Decir “la mujer, voluble” es afirmar la realidad de la volubilidad de un modo mucho más fuerte que diciendo “la mujer es voluble”. La frase nominal es una afirmación explícita de realidad sin cópula ninguna. Y ello muestra una vez más que lo formal del juicio no es la afirmación copulativa del “es”, sino la afirmación de lo real como realidad.

Esto es aún más claro si cabe, si atendemos al juicio posicional: es lo real inteligido como “siendo” por ejemplo fuego, lluvia, etc. Pero no es este ser lo que afirma en modo recto, sino que lo afirmado en modo recto es lo real aprehendido ya en una aprehensión primordial, como realización primera y por entero de una simpre aprehensión. Aquello de que se juzga es lo real en y por sí mismo, pero sin previa calificación denominativa. Por esto hay un solo nombre. Y esto es más verdad de lo que a primera vista pudiera sospecharse. Porque el “es” copulativo no se limita a estar ausente como en la frase nominal y en el juicio proposicional, sino que hay dos hechos mucho más graves para nuestro problema: es que hay lenguas que carecen de la cópula “es”, o que si la tienen jamás tiene “es” función copulativa en ellas. A pesar de todo se emiten y expresan en estas lenguas afirmaciones sobre lo real. No son lenguas indoeuropeas. La teoría de la afirmación se ha fundado exclusivamente sobre las lenguas indoeuropeas, y dentro de ellas sobre el logos helénico, el célebre lógos apophantikós de Aristóteles. Y esto ha podido conducir a una falsa generalización, a pensar que el “es” es el momento formalmente constituido de toda afirmación. Claro está, como nos expresamos en lenguas que proceden del tronco indoeuropeo, no nos es posible eliminar de nuestras frases el verbo “es”, y tenemos que hablar forzosamente de que tal o cual cosa “es” real, etc.; de la misma manera que la propia filosofía griega desde Parménides hasta Aristóteles, ha tenido que emplear frases en las que se dice “el ser es móvil, etc.” Aquí aparece dos veces el “es”, una como aquello de que se afirman unos predicados, y otra como la cópula misma que los afirma. Estos dos sentido no tieen nada que ver entre sí. Lo cual pone bien de manifiesto la enorme limitación de la frase indoeuropea en este tipo de problemas. Como las lenguas ya están constituidas, lo esencial es no confundir esta necesidad histórica y estructural de nuestro lenguaje con la conceptualizacuión de la afirmación misma. Dejando pues de lado el ser como aquello que se afirma, lo que nos importa aquí es que el acto mismo de su afirmación, el “es” copulativo, no está constituido por la afirmación sobre el ser. La afirmación recae ciertamente sobre lo real como algo “siendo”, pero es “realidad” siendo y no es “siendo” realidad. Es lo real puesto como realización de una simple aprehensión, pero no es lo real ya puesto como tal realidad calificada y propuesta para un acto ulterior de otra simple aprehensión. Sería absurdo pretender que al exclamar “¡Fuego!” estoy diciendo “Esto es fuego”. Esto sería una mera traducción de mi exclamación, y además una mala traducción. La afirmación exclamativa no recae sobre el ser sino tan sólo sobre lo real. Y una vez más, esta afirmación afirma la realidad con muchísima más fuerza que su traducción en frase copulativa. Podría traducirse menos mal diciendo “es fuego”. Pero la afirmación de realidad es evidentemente mucho más débil que en la exclamación sin “es”.

Sin embargo, tanto la afirmación posicional como la afirmación proposicional, afirman en modo recto lo real, pero “a una” con ello se afirma en modo oblicuo su expresión como “siendo”. Es decir, tanto en el juicio copulativo como en el juicio proposicional y en el juicio posicional, hay un momento propia y formalmente constituido, a saber, la realidd, pero hay también un momento, por así decirlo congénere, que es la expresión de lo inteligido como siendo.»

[Zubiri, X.: Inteligencia y logos. Madrid: Alianza Editorial, 1982, p. 342-348]

 

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