SER y ESTAR

Origen y evolución histórica

© Justo Fernández López


 

Origen y evolución de ser - estar

 

„Im Verbum ser haben sich  esse  und sedere vereinigt. Im Altspanischen haben die beiden Verba, deren Bedeutung „sein“ und „an einem Orte sich befinden“ ist, bald gemeinsame, bald getrennte Formen. Dieselben sind gemeinsam im Präsens Subjuntivo, Imperativ, Gerundium, Infinitiv, Futurum und Participium: sea, sey, seyendo, seer, seré, seído. Sie sind getrennt im Präsens Indikativ, Imperfektum, Präteritum und den davon abgeleiteten Formen: so und seo, era und seía, fúy uns sove. Die Scheidung wird allerdings schon in alter Zeit nicht immer streng aufrecht gehalten: de tal ventura seo (Juan Ruiz 180). Im Nuespanischen sind die Formen: soy, sea, era, sé, siendo, ser, fui, seré, sido. In der Bedeutung „sich an einem Orte befinden“ ist das Verbum durch estar ersetzt worden. [...] Das von sedere gebildete Präsens ist im Altspanischen: seo, sees, see, seemos, seedes, sieden.

[Hanssen, Friedrich: Spanische Grammatik auf historischer Grundlage. Halle a. S., 1910, S. 76-77]

„Las formas de este verbo [ser] resultan de una fusión de la de dos verbos latinos: la mayor parte proceden del lat. esse, y las demás de sedere ‘estar sentado’ que debilitó en cast. su sentido hasta convertirse en sinónimo de ‘estar’ y luego ‘ser’. Ser de sedere se aplicó a las cualidades esenciales y permanentes; estar (de stare, estar en pie), a las accidentales, diferencia de uso universal y uniforme en los países de habla española.“ [Cuervo, R. J.: Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana. Santa Fe de Bogotá, 1994, t. 8, p. 483]

Estar. Del lat. stare ‘estar de pie’. Fr. ant. ester, it. stare, rum. sta, prov., cat., gall. y port. estar. Para indicar posición en el espacio existía en el romance primitivo los siguientes verbos: estar, que indicaba posición de pie; seer o seyer (< lat. sedere), posición sentada; yazer  (< lat. iacere), horizontal o acostada, y ficar (< lat. ficticare), que expresaba las formas derivadas de esse ‘ser’, que también indicaba posición, pero sin especificar el modo o actitud adoptada por el sujeto. Muy pronto este último verbo se fusionó con seer, que perdió su matiz modal, aunque se encuentra todavía utilizado a veces con el sentido primitivo de ‘estar sentado’, hasta el siglo XV. Por lo que se refiere a estar perdió también en seguida su contenido modal de verticalidad, pero siguió distinguiéndose de ser por indicar, frente a éste, una posición transitoria o vista como consecuencia de una acción oproceso anterior. Este mismo valor es, por otro lado, el que va a condicionar a su vez el uso de este verbo como copulativo y auxiliar.“ [Cuervo, R. J., 1994, t. 3., p. 1097]

Estar. Del lat. „stare“, deriv. del gr. „hístemi“ ...  [María Moliner: Diccionario ... t. 1, p. 1219]

Ser. El infinitivo, así como el futuro de indicativo, el potencial, el presente de subjuntivo, el imperativo y las formas impersonales proceden del lat. „sedere“; las formas restantes proceden de „esse“. [M. Moliner: Diccionario de uso del español. Madrid: Gredos, 1970, t. 2, p. 1144]

Estar war die erste Bedeutung vom von sedere abgeleiteten ser, die noch bis zum 17. Jahrhundert

in einigen Texten zu finden ist.

Beispiele aus älteren Texten  (siehe Cuervo, R. J., 1994, t. 8, p. 466-467):

Hallaron aquel dedo con que hacía la señal de la Cruz sobre el corazón, estaba entero, siendo lo demás del cuerpo gastado.

A mí basta tenerte contento para nunca ser triste.

Él me dijo que sería aquí a las tres horas y no es hombre que vuelve atrás de lo que dice.

Ahora son a mi servicio.

Todos son a hablar y el lenguaje que más corre es el más inteligible.

Allí reina la caridad en toda su perfección; porque Dios es en todas las cosas.

Quiero no comenzar a entrar, porque quizá después no será en mi mano salir.

En las puertas de la ciudad eran antiguamente las plazas.

Estar, del lat. ‘estar en pie’, ‘estar firme’, ‘estar inmóvil’. Para una teoría, poco creíble, acerca de un influjo del substrato ibérico en el empleo de estar donde otros romances prefieren el verbo correspondiente a ser, vid. Suchardt, ZRPh. XXXXII, 354.“

[Corominas, J. y Pascual, J.A.: Diccionario Crítico-Etimológico Castellano e Hispánico. Madrid, 1980, vol. 2, p. 776]

Ser, las formas de este verbo castellano resultan de una fusión de las de dos verbos latinos: la mayor parte proceden del lat. ESSE íd., pero las demás, incluyendo el futuro, el condicional, los presentes de subjuntivo e imperativo, y las formas impersonales, vienen del lat. SEDERE ‘estar sentado’, que debilitó en cast. y port. su sentido hasta convertirse en sinónimo de ‘estar’ y luego ‘ser’ [...] Aquí importa solamente notar la evolución fonética y semántica que condujo de SEDERE a ser. Aquel verbo se encuentra ya empleado en forma abusiva en la Peregrinatio Aetheriae escrita en el S. IV, y según la mayor parte de los tratadistas, en España; Anglade en su tesis De latinitate libelli que inscriptus es Peregrinatio ad Loca Sancta, París, 1905, p. 89, señala su proximidad al sentido de ‘ser’ en el texto, si bien Geyer (ALLG XV, 233ss.) cree que está más bien con el valor de residere que con el de esse; sea de ello lo que quiera, está claro que ya se había iniciado la evolución hacia la debilitación propia del cast. y el portugués. Sin embargo, el sentido etimológico ‘estar sentado’ se conserva todavía en la Edad Media, sobre todo hasta la primera mitad del S. XV: San Millán „siempre en bien punava, andando e seyendo“ (67d). [...] En realidad hay que dudar que el apartamiento entre el cast. y port. por una parte y los demás romances por la otra (cat. seure es sólo ‘estar sentado’ hasta hoy) se hubiese producido, al menos en forma tan radical, de no haber habido más que la evolución semántica de SEDERE; creo por el contrario que el cambio revolucionario sufrido por el vocablo en cast.-port. se debe, tanto o más que a esto, a la confusión fonética entre SEDERE y *ESSERE, que en latín vulgar sustituyó al clásico ESSE. Esta confusión era punto menos que inevitable, una vez que el cast.-port. hubo trasladado a la penúltima el acento de todos los infinitivos -ERE: por una parte SEDERE tendía fonéticamente a perder la inicial átona en todas partes; recuérdese lo ocurrido al futuro y condicional en francés (sera de ESSERE HABET), en cat.-oc. (serà), en it. (sarà), etc., y que esta reducción es antiquísima lo indica la oposición en el tratamiento de la vocal interna entre el infinitivo y el futuro, lo mismo en francés (e(s)tre pero conservación de la vocal segunda en sera), que en gascón (est(r)e pero serà). Siendo átona en iberorromance la inicial del infinitivo, lo mismo había de ocurrirle; y que el fenónemo podía aun ser independiente de la confusión con SEDERE lo prueba el catalán, donde modernamente, en el lenguaje oral se ha introducido un infinitivo ser analógico del futuro (en lugar del ésser antiguo, literario, y popular en ciertas comarcas), que no puede mirarse ni como castellanismo ni como resultante, como en castellano, de un antiguo ESSERE (que habría dado y no , como es en la pronunciación barcelonesa). Creo, pues, seguro que el golpe decisivo en la evolución semántica de SEDERE ‘estar sentado’ hasta ‘estar’ y ‘ser’, lo dio la confusión fonética con ESSERE; como de todos modos el sentido de SEDERE ya solía debilitarse hasta el de ‘estar colocado’, la fusión total con ESSERE y sus formas se hacia inevitable. De ahí que formas inequívocamente pertenecientes a aquél aparezcan desde el principio con el sentido de éste: el imperfecto sedié, sedién (p. ej. Berceo, Sacrif., 9; Apol., 16), el infinitivo no sincopado seyer (Apol., 6, 225), el pretérito sovo - resultante de SEDUIT, como crovo de

CREDUIT, atrovo de ATTRIBUIT. , yun una primer persona del presende de ind. seo, representante raro de SEDEO, que aparece en rima en J. Ruiz 180a. Para el deriv. *ADSEDENTARE, que acabó sustituyendo a SEDERE en su sentido etimológico, V. SENTAR.“

[Corominas, J. y Pascual, J.A.: Diccionario Crítico-Etimológico Castellano e Hispánico. Madrid, 1980, vol. 5, p. 213]

„Las formas del verbo „ser“ en castellano resultan de la fusión de dos verbos latinos ESSE y SEDERE. La mayor parte proceden de ESSE; sólo el futuro y condicional, los presentes de subjuntivo e imperativo y las formas impersonales proceden de SEDERE ‘estar sentado’, que en castellano debilitó su significado hasta convertirse en sinónimo de „estar“ y luego „ser“.

Todavía en el siglo XIII se distinguían „seer“ y „ser“, „seer“ con el sentido de ‘estar ahí’, ‘permanecer’, formando un eje: seer, estar/ser.

En el verbo „ser“ se fundieron los vebos ESSE y SEDERE. El infinitivo de ser no procede de ESSE sino de SEDERE:

sedere se(d)ere > seer > ser

Puesto que el verbo ESSE no tenía gerundio, se tomó SEDERE para el gerundio:

sedendum > sediendo > seyendo > siendo

Las formas procedentes de SEDERE llevaban necesariamente una idea de situación, es decir, determinaban el existir en un determinado lugar.

Las formas procedentes de ESSE eran más abstractas, el existir no conllevaba necesariamente determinación espacial. En un principio prodominaron las formas de ESSE y después las de SEDERE, hasta que finalmente las formas de SEDERE se oscurecieron y muchas se perdieron por el crecimiento avasallador de „estar“, verbo que tiene un sentido de ‘existir’ en un determinado espacio.“

[Urrutia Cárdenas, H. / Álvarez Álvarez, M.: Esquema de morfosintaxis histórica del español. Bilbao: Universidad de Deusto, ²1988, pp. 234, 242,320]

Verbo ser: La primera cuestión que se plantea es el origen mismo de «ser» en castellano. Para Corominas es resultado de la confluencia de sedere y esse. Sedere ‘estar sentado’ debilitó en castellano y portugués su sentido, hasta convertirse en sinónimo de ‘estar’ y luego de ‘ser’.

El apartamiento entre el castellano y portugués por una parte y los demás romances por la otra (por ejemplo, en catalán «seure» es sólo ‘estar sentado’) no se hubiese producido de no haber habido más que la evolución semántica de sedere. Corominas cree que a este cambio en castellano y en portugués se debe tanto o más que a esto, a la confusión fonética entre sedere y *essere (verbo catalán esser), que en latín vulgar sustituyó al clásico esse.

Esta confusión era inevitable, una vez que el castellano y portugués hubo trasladado a la penúltima sílaba el acento de todos los infinitivos en -ere: por una parte sedere tenía fonéticamente a reducirse a «ser» y por la otra essere tendía a perder la inicial átona en todas las partes.“ 

[Corominas, J. y Pascual, J.A.: Diccionario Crítico-Etimológico Castellano e Hispánico. Madrid, 1980, vol. 2, p. 283-284]

 

Palabras con la raíz -st- 

 

bienestar

circunstancia

circunstante

constante

constar

constitución

constitucional

contrastar

contraste

distar

distante

estaba

estabilizar

estable

establecer

establo

estaca

estacada

estación

estacionario

estadía

estadística

estado

estampa

estancia

estanco

estandarte

estaño

estante

estantería

estatal

estático

estatua

estatuir

estatura

estatuto

estela

instar

malestar

obstar

restar

sistema

sustancia

 

 

Evolución histórica de haber <> terner und ser <> estar 

 

„Al periodo clásico pertenece la delimitación de usos entre los verbos  haber y tener. Ambos se venían empleando como transitivos, con sentido de posesión o propiedad. En un principio los habían separado distinticiones de matiz; entre otras, haber era incoativo, sinónimo por tanto de ‘obtener’, ‘conseguir’, mientras tener indicaba la posesión durativa, como se ve en el romance de Rosa Fresca: „Cuando vos tuve en mis brazos / no vos supe servir, no / y ahora que os serviría / no vos puede haber, no“. Las diferencias se habían hecho cada vez más borrosas, pues tener invadió acepciones reservadas antes a haber, que se mantenía apoyado por una reacción literaria.. Al comenzar el Siglo de Oro, los dos verbos eran casi sinónimos y se repartían el uso. Se cuenta que, habiendo reclamado el doctor Villalobos los honorarios que Garcilaso, cliente suyo, le adeudaba, el poeta abrió un arca vacía, y sacando de ella una bolsa en igual estado, la envió al famoso médico, junta con una copla redactada así:  „La  bolsa  dice: Yo  vengo / como  el arca  do moré  / que es  el arca  de Noé

(= ‘no he’), / que quiere decir: no tengo“. Sin embargo, la decadencia de haber transitivo era notoria. Juan Valdés juzgaba que „aya y ayas por tenga y tengas se dezía antiguamente, y aun lo dicen algunos, pero en muy pocas portes quadra“; y en 1619 Juan de Luna afirmaba que haber „no sirve por sí solo ..., y así no diremos yo he un sombrero; pero en lugar de esto ponemos el verbo tener ... como yo tengo un sombrero“. En efecto, haber quedó reducido al papel de auxiliar, sin más restos de su antiguo valor transitivo que los arcaísmos „dar buen consejo al que lo ha menester“, „los que han hambre y sed de justicia“ y otros similares. Al tiempo que haber peredía su valor posesivo, se consolidaban y ampliaban sus funciones como auxiliar. En los tiempos compuestos con haber la concordancia entre el participio y el objeto directo ofrece aún algunos ejemplos en la primera mitad del siglo XVI: „la ropa de algodón que había allegada“ (Cervantes de Salazar); pero después sólo se da el participio invariable. Por otra parte, haber se generalizó como auxiliar en los tiempos compuestos de verbos intransitivos y reflexivos, donde contendía antes con ser. Valdés respeta aún el uso antiguo: „pues los moços son idos a comer y nos han dexado solos ...“; pero escribe también ha venido, que domina desde la segunda mitad del siglo XVI. A mediados del siglo siguiente apenas hay ejemplos de soy muerto, eres llegado.

La repartición de usos entre ser y estar se halla ya configurada en sus líneas esenciales, pero era mucho menos fija que en la lengua moderna. De una parte había mayor posibilidad de emplear ser para indicar la situación local: „No se impidió un punto el caminar de la gente, hasta ser en Deventer a los 10 de julio“. (B. de Velasco); „Durazután, que es en Sierra Morena“ (Vélez de Guevara); los ejemplos son cada vez más raros desde dines del siglo XVI, pero llegan hasta muy avanzado el XVII; después se impone estar. Por otra parte, en la voz pasiva, para las situaciones o estados resultantes de una acción anterior, alternaba aún el viejo perfecto es escripto, es dicho, con está escripto, que había empezado a usarse en el siglo XIV; un soneto célebre atribuido a Mendoza en las Flores de Espinosa (1605) comienza: „Pedís, Reina, un soneto: ya lo hago; / ya el primer verso y el segundo es heho“. A la pervivencia de ser contribuía su ya citada función auxiliar en los perfectos de verbos intransitivos y reflexivos: „somos obligados“, „ya es cumplido el tiempo de tu destierro“, que valían por ‘nos hemos obligado’, „ya se ha cumplido’, constituían un obstáculo más para „estamos obligados“, „ya está cumplido“; éstos progresan, a pesar de todo: „los turcos estaban casi todos muertos“ (Cervantes, El Amante Liberal).“

[Lapesa, Rafael: Historia de la lengua española. Madrid: Escelicer, 71968, pp. 255-257]

Reacción en cadena:  tener  > haber  >  ser  estar

En el español medieval tener y haber no se distinguían como hoy. Los dos indicaban posesión; haber significaba ‘obtener, conseguir’, mientras que tener señalaba la posesión durativa.

En el siglo XVI tener fue haciendo incursiones en el campo semántico de haber. Se borró la diferencia entre los dos verbos transitivos. Yo he un sombrero y To tengo un sobrero resultaron sinónimos.

Por fin tener desplazó a haber como verbo transitivo. A haber sólo le quedaron sus antiguas funciones de verbo auxiliar. Una de esas funciones era la de verbo auxiliar en los tiempos compuestos: nos han dexado solos; han ido.

Antiguamente, haber compartía unas funcioens auxiliares con ser: los dos se usaban en los tiempos copuestos de los verbos intransitivos. Se decía indistintamente han ido o son idos, has llegado o eres llegado. Ahora bien, cuando tener desplazó a haber en los usos transitivos que compartían, se formó una reacción en cadena y en los mismos siglos XVI y XVII haber desplazó a ser como verbo auxiliar en los tiempos compuestos.

Continuó la reacción en cadena. Ser y estar habían alternado como auxiliar en la voz pasiva y para expresar el resultado de una acción: no se distinguía sistemáticamente entre  es escrito y está escrito, es hecho y está hecho. A partir de los siglos XVI y XVII, la función de auxiliar pasivo fue asumida por ser y la de expresar el estado resultante de la acción pasó exclusicamente a estar: La puerta fue cerrada por el guardia (pasiva)  vs. No se puede entrar porque la puerta está cerrada (estado resultante).

Antiguamente, ser y estar alternaban también en la expresión de situación o posición local. En el Poema de Mío Cid leemos que „burgeses y burgesas por las finiestras sone.“ Como otro elemendo de la reacción en cadena (es una „cadena de propulsión“), ser perdió esta función y le tocó a estar exclusivamente: Están aquí; ¿A cuántos del mes estamos?

Puesto que los cambios en los campos semánticos de estos cuatro verbos tuvieron lugar en el mismo periodo, es tal vez imposible determinar el verdadero orden de los desplazamientos. El análisis sugerido más arriba no es el único posible. Si el campo de ser penetró en el de estar como el primer paso, entonces haber debió de haber rellenado el espacio dejado por ser, lo que habría atraído a tener en una „cadena de tracción“:

 

movimientos:

tener

haber

ser

estar

C >

B >

A >

D

 

De igual modo, la reacción en cadena pudo haber empezado con el movimiento de haber hacia ser.

Como vemos en el caso de estos cuatro verbos, no todos los cambios conducen a la simplificación; aquí se agregaron restricciones sintácticas que anteriormente no existieron. Por un lado, se cree que el hablante tiende a construir la gramática más sencilla y económica posible, pero por otro lado el hablante parece enfrentarse a las necesidades del interlocutor que exige un máximo de claridad e información lingüística en el mensaje transmitido.“

[Resnick, Melvyn C.: Introducción a la historia de la lengua española. Washington: Georgetown University Press, 1981, p. 122-123]

 

Los verbos ser y estar explicados por un nativo

 

„Estoy por creer que el verbo estar es el anarquista más grande que ha cruzado el Atlántico, y, desde luego, el incendiario petardista que ha quemado más fósforo en las respetables testas de gramáticos y filósofos. Especialmente en este país [EE UU], desde el auge del español, el verbo estar se ha convertido en uno de los personajes más conocidos pero el que tiene menos amigos. Y no es de extrañar porque se lo persigue a sol y sombra, y sobre todo porque, por culpa de los teorizantes, nunca está at ease en la boca de las lindas americanas que con tanto fervor se dedican al castellano.

Cien veces me he preguntado: „¿Por qué es tan difícil el uso de los verbos ser  y  estar fuera de los países de habla española?“ „¿Por qué ni la más inculta persona entre nosotros, jamás vacila en usarlos?“ „¿Y por qué, en contraste, los más sapientes profesores de las escuelas de América se sorprenden ante ciertos usos que los nativos dan a estos verbos, a estos verbos que son tan fáciles para nosotros los nativos?“ Y no vale reírse de esta exclamación mía diciendo que equivale a aquello „del portugués que se sorprendía de que todos los niños en Francia supiesen hablar francés.“ ¡No, no es este el caso! El caso es que los mismos nativos españoles cometen errores grarrafales en otros puntos de su propio idioma, pero nunca tienen dificultades en estos verbos. En todo caso creo que el uso de ser y estar debe de ser algo más fácil, pero mucho más fácil, para los nativos de habla española, que el uso de los pronombres who y whom, por ejemplo, lo es para los nativos de habla inglesa. Quiero insistir en que el correcto uso de los vebos ser y estar es más fácil para los nativos de habla española que los simplísimos who y whom, y shall y will, para los nativos de habla inglesa.

Esto quiere decir, (1) que nosotros los españoles e hispanoamericanos no resolvemos ningún problema filosófico cada vez que usamos uno de estos verbos; (2) que siendo tan fácil para los nativos, algo debe de estar demasiado complicado o equivocado en las explicaciones para extranjeros y en la misma Gramática de la Academia Española.

Pero la verdad es que, aquí, en los Estados Unidos, se ha complicado, se ha enredado de tal manera el asunto, que aquí sí sería necesario tener del filósofo, del científico, del teólogo y hasta del intuitivo para comprender ciertos matices de estos verbos españoles. Y aquí, por supuesto, me refiero a los que, como yo, han contribuido al enredo.

Por este tiempo comencé a preocuparme y a trabajar en la búsqueda de una solución simple - tan simple como el uso del mismo verbo - para poder explicar a mis alumnos la función de estar en todos sus matices. Indagué en libros y revistas; estudié muchas gramáticas ... para no darme más que por vencido.

Mas un día oí esto, que para mí fue una verdadera revelación: I stand for Roosevelt. „Yo estoy por Roosevelt,“ me dije. Inmediatamnte, con este hilo, fui a los diccionarios ingleses y encontré estas cosas: The Pisa Tower stands inclined; Mary stands in the rain; Robert stands sentry.  Y especialemente este grupo: I stand free; I stand prepared; I stand in doubt; I stand in danger. Todos estos ejemplos de to stand correspondían exactamente al verbos estar. Pero, verán Uds. lo que pasó:

En estos días un amigo americano vino a invitarme a una fiesta, y yo - que me encontraba enfermo - asociando con aquello de to stand in doubt, to stand in danger, etc., quise ver si el to stand resultaba en otros casos, y le dije a mi amable „invitador“: „Bill, I am sorry but I can’t go with you because I stand sick“. Mi amigo, naturalmente, se rio a lágrima viva y todas mis esperanzas lingüísticas se fueron al agua. Pero yo me quedé pensando: „¿Por qué no se dice: I stand sick, por la misma razón que se dice I stand in danger y I stand prepared?“

Esta experiencia -de la que no me avergüenzo- me dio la llave para explicarme por qué los alumnos de español decían: „Yo soy en Washington“ o „Yo soy enfermo hoy día“, cometiendo así mi mismo error, sólo que al revés, como lo veremos luego.

Encontes, ya no cejé en el asunto, y en mis investigaciones llegué a la conclusión que, realmente, el verbo estar no tenía ninguna relación con el verbo to be, sino que era hermano de los verbos to stand y to stay. Todos los cuales vienen de la misma raíz aria STA, que forma el latino stare del que se derivan los tres verbos en cuestión. Estos verbos se identifican también en todas las lenguas indo-europeas: ME, standen; fr. AS. standan; OS. standan, stãn; OHG. stantan; ON. standa; Dan. staae; Sw. stã; Goth. standan; Oslaw. stojati; Gr. histanai; Skr. tisthati. En italiano, tenemos stare y en portugués y español estar. Pero en todas las lenguas el verbo latino ha evolucionado de distinta manera adquiriendo, en cada una, diferentes funciones. Naturalmente, en el idioma español es donde más se ha definido y ha evolucionado, llegando, en el habla moderna, a diferenciarse completamente de ser, con el que, hasta hace poco, se lo confundía. En el español moderno, con excepción de pocas expresiones pedantes y trasnochadas, como „Soy con Ud. al instante“, nunca es intercambiable con el verbo ser. Pero en inglés los verbos to stand y to be, en muchos casos, son intercambiables.

La raíz STA, se encuentra asimismo en otros verbos y en multitud de sustantivos y adjetivos que expresan lo mismo en inglés y en español: „estación“ station; „estaca“  stake; „estacar“ to put stakes; „estada“ stay, sojourn; „estante“ stand; agua estancada“ standing water; „estandarte“  standard; „estatua“ statue, etc., etc.

El estudio de los verbos que en tantos idiomas tienen la raíz  STA, creo que sería un tema interesantísimo para los especialistas en las gramáticas histórica y comparada. Sería interesante, sobre todo, que nos indicasen la cronología de los cambios sufridos por los verbos estar, to stand y to stay, en compraración.

Aquí, yo no puedo más que limitarme a recordar el hecho de que estos verbos vienen del latino stare y que originariamente todos ellos no significaban más que estar de pie o derecho. Así, sin estar capacitado para indicar cuándo el verbo estar sufrió cada uno de sus cambios y cuándo adquirió cada una de sus múltiples funciones, permítaseme que presente el hecho (que es lo que vale para mi propósito) en forma ligera. Y acaso convenga esto a aquella anónima maestrilla de escuela que le gusta enseñar contando cuentos:

Un día, hace muchos años, la familia latina Stare, comenzó a emigrar. Y todos los muchachos, unos muchachos muy seriecitos y correctos que siempre estaban de pie, se separaron y se fueron a tierras extrañas ... Unos se quedaron por el sur: en Italia, en España, en Francia ... Dos se fueron a Inglaterra, y otros se marcharon al norte, por allá por Alemania, por Rusia, por Noruega, por Suecia ... ¡qué sé yo! Pero los que aquí nos interesan especialmente son: el que creció en España y sus hermanos ingleses, Stand  y  Stay.

Vamos a ver el comportamiento de los tres en tierras extranjeras: el hermano español, bien pronto, se puso medio especial ... no le dio la gana de permanecer de pie y se sentó: ahora, está sentado. Luego, le dio por acostarse, y se acostó: ahora, está acostado. Luego, en el país del sol, le aburrió la inmovilidad e intentó caminar por su cuenta y -¡oh sorpresa!- le salieron piernas ...: Ahora, le vemos que está aquí, allá ... ¡en todas partes! Y les compadece a sus hermanos nórdicos que todavía  permanecen de pie y los pobres han evolucionado tan poco que ni siquiera pueden moverse ... they stand up  o  they stand still: a post stands on the corner.

El verbo stand es un verbo embrionario y sin sentaderas. Y tiene el aspecto de un inmutable, consistente y tiesísimo Gentleman sin emociones. Y acaso se deba esto a que el admirable pueblo inglés, es un pueblo very steady y toma a insulto el que le digan temperamental o emocional.

Cuando se quiere expresar constancia, quietud, permanencia, entonces los verbos stand y stay son incomparables. Pero el verbo español también puede desempeñar bastante bien estas funciones primitivas de sus hermanos nórdicos: stand still“ ¡estése quieto! (no se mueva Ud.); I am staying (stopping) at the Hotel Continental,  estoy (pao) en el Hotel Continental; this tree always stays (remains) green, este árbol siempre está (permanece) verde. Pero el verbo stand ya no está de acuerdo con lo que no es steady y no se mete con aquella ex-morenilla que ahora está rubia ...

Pero el primitivo stare, ahora estar entre los españoles se ha convertido en un verbo locomotivo y que siempre está al día: ahora está volando y hasta está fundionando en las bazookas... Al verbo estar serguramente se le desarrollaron estas facultades porque las necesitaba, así como a esos pájaros ue se les desarrolla las alas cuando tienen que volar mucho. A los que no tienen necesidad de volar, se les atrofia, como a los pingüinos. Según esto a stand y stay los calogaríamos en la familia de los pingüinos, y, para no pecar de parciales, diríamos que el verbo estar es un verbo saltamontes! ...

Pero hay más -y aquí viene lo bueno-: hemos visto que al primitivo verbo latino, entre los españoles, le crecieron las piernas, las alas, aprendió a sentarse, etc. Pero, ¡aquí está el milagro! Al primitivo stare, entre los españoles, le nació corazón y se humanizó: está triste, está alegre, está enamorado; está por y con los amigos. Y también es un verbo bélico, porque está en la guerra. Cuando finado, está muerto.

Así, broma bromeando, vemos que el verbo estar es la criatura más sorprendente, versatile (en el sentido inglés) y viva de la creación española. ¡Y después que los gramáticos le vengan a llamar „mera cópula“ ... no hay derecho!

Y ahora me explico por qué mi amigo se rio de tal manera cuando le dije: „ I stand sick.“ Claro está que me lavo las manos echándole la culpa al verbo inglés que ha desarrollado tan poco, convirtiéndose en verbo de estado, sólo en pocas excepciones. ¡Siempre ha de haber excepciones en inglés para tortura de los que tienen que hablarlo“.  

[Crespo, Luis: „Los verbos ser y estar explicados por un nativo“. En: Hispania, 29, 1946, pp. 45-49]

 

Ser sustantivo y ser copulativo en las lenguas indoeuropeas

 

Significación en tanto que expresión

«La expresión es ante todo manifestativa, y aquello de que formalmente es manifestativa la significación es lo que se dice la cosa. Es el ser de lo que in modo recto queda manifiesto en el lenguaje, en la significación, y no las cosas. El lenguaje es el manifiesto del ser; las cosas quedan manifiestas en su ser, y aunque las cosas pasen, gracias al lenguaje quedan formando parte del haber mental en forma de manifiesto del ser. Lo cual trae graves consecuencias.

Una de las más graves para todo el pensamiento del área lingüística indoeuropea es la conversión del ser como verbo sustantivo en puro verbo copulativo, es decir, de mera significación. Ocurre sobre todo en el griego y en el latín, aunque también en el sánscrito. Ha permitido la autonomía de la indicación respecto a todos los demás modos verbales, y se ha convertido en un ingrediente de la mentalidad; es lo que ha permitido que se forme una mentalidad teorética. Otro ejemplo de manipulación de ese haber que constituye el manifiesto del ser es laposible selección de la dimensión religiosa o de la dimensión profana, que hace que el haber mental se vaya modulando prcisamente por razón del ser; los griegos, según Meillet (?) han dejado los vocablos de significación religiosa y se han quedado con los de la profana.

Es un problema que lo siente en vivo cualquier lingüísta. La etimología, por ejemplo, no es simplemente una derivación fonética; sin ésta no habría etimología, pero no es suficiente. Es menester, además, que entre las palabras que se quieran vincular exista la conexión de significación, hace falta que pertenezcan al mismo ámbito del ser. Sin esta órbita semántica no habría posibilidad de establecer una etimología.

Por otra parte, el lenguaje, como un haber, como manifiesto del ser, imprime su impronta a la intelección real y afectiva que cada uno en su interior tiene de las cosas. El lenguaje imprime ciertos esquemas de intelección. Y no me refiero al lenguaje interior, a la endofasia, sino a algo más hondo y radical. Nadie puede pensar sin hablarse a sí mismo. De ahí que el diálogo interior cuando se exterioriza cobra el carácter de dialéctica. No es el lenguaje interior, es el lenguaje mental, aquel hablar por el que el hombre, al significar o al concebir sus ideas, va en buena medida arrastrado por los tipos de haber mental, por esas formas de conceptuación que están inclusas en el manifiesto del ser, y que imponen, por ejemplo, ese pensar constante entre sujeto y predicado unidos por el “es” de la cópula, que probablemente no hubiera tenido lugar si el hombre hubiera emergido a las faenas intelectuales por un lenguaje que no fuera indoeuropeo. Se encuentra, pues, el hombre con un haber mental en forma de lenguaje mental. La consecuencia es que una misma frase puede servir para decir cosas diametralmente opuestas.

[Zubiri, Xavier: Sobre el hombre. Madrid: Alianza Editorial, 1986, p. 296 ss.]

«Hay lenguas que carecen de la cópula “es”, o que si la tienen jamás tiene “es” función copulativa en ellas. A pesar de todo se emiten y expresan en estas lenguas afirmaciones sobre lo real. No son lenguas indoeuropeas. La teoría de la afirmación se ha fundado exclusivamente sobre las lenguas indoeuropeas, y dentro de ellas sobre el logos helénico, el célebro lógos apophantikós de Aristóteles. Y esto ha podido conduicir a una falsa generalización, a pensar que el “es” es el momento formalmente constitutivo de toda afirmación. Claro está, como nos expresamos en lengua que proceden del tronco indoeuropeo, no nos es posible eliminar de nuestras frases el verbo “es”, y tenemos que hablar forzosamente de que tal o cual cosa “es” real, etc.; de la misma manera que la propia filosofía griega desde Parménides hasta Aristóteles, ha tenido que emplear frases en las que se dice “el ser es móvil, etc.”. Aquí aparece dos veces el “es”, una como aquello de que se afirman unos predicados, y otra como la cópula misma que los afirma. Estos dos sentidos no tienen nada que ver entre sí. Lo cual pone bien de manifiesto la enorme limitación de la frase indoeuropea en este tipo de problemas. Como las lenguas están constituidas, lo esencial es no confundir esta necesidad histórica y estructural de nuestro lenguaje con la conceptualización de la afirmación misma. Dejando pues de lado el ser como aquello que se afirma, lo que nos importa aquí es que el acto mismo de su afirmación, el “es” copulativo, no está constituido por la afirmación sobre el ser. La afirmación recace ciertamente sobre lo real como algo “siendo”, pero es “realidad” siendo y no es “siendo” realidad. Es lo real puesto como realización de una simple aprehensión, pero no es lo real ya puesto como tal realidad calificada y propuesta para un acto ulterior de otra simple aprehensión. Sería absurdo pretender que al exclamar “¡Fuego!”, estoy diciendo “Esto es fuego”. Esto sería una mera traducción de mi exclamación, y además una mala traducción. La afirmación exclamativa no recae sobre el ser sino tan sólo sobre lo real. Y una vez más, esta afirmación afirma la realidad con muchísima más fuerza que su traducción en frase copulativa. Podría traducirse menos mal diciendo “es fuego”. Pero la afirmación de realidad es evidentemente mucho más débil que en la exclamación sin “es”. [...]

Hemos visto que el juicio no consiste formalmente en el “es” copulativo. Examinemos ahora si lo real de que se juzga consiste, en cuanto juzgado, en un ser sustantivo.»

[Zubiri, Xavier: Inteligencia y logos. Madrid: Alianza Editoria, 1982, p. 345 ss.]

«La expresión gramatical de esta afirmación predicativa requiere alguna consideración especial. Es la expresión por el “es”. Este “es” desempeña a mi modo de ver, no una función doble sino una triple función:

a)    Expresa una afirmación; como tal significa la “realidad” de la conexión “A-B”; esta conexión se da en “la” realidad.

b)    Expresa la conexión misma de B con A, esto es, expresa la “unidad conectiva” “A-B”; y lo que A es “en realidad”.

c)     Expresa la relación que en esta conexión, y por ella, queda establecida entre A y B. En este aspecto, la función del “es” es ser cópula. Es la “relación copulativa”.

Son las tres funciones de “realidad”, “unidad conectiva”, y “relación copulativa” del verbo “es”. Ahora bien, estas tres funciones tienen un preciso orden de fundamentación: desde luego, la relación copulativa se funda en la unidad conectiva, y a su vez ésta se funda en la afirmación de la realidad. Este orden es esencial. No puede invertirse y pensar que lo primero del “es” es ser copula, que la conexión es mera relación, y que esta relación constituye el juicio. Esta concepción es absolutamente insostenible. Para verlo, basta con recurrir a consideraciones lingüísticas. Nos muestran con total evidencia el hecho de que el verbo ser (est, esti, asti, etc.) no constituye en ningún respecto un verbo especial. En primer lugar, todo verbo, y no sólo el verbo ser, tiene las dos primeras funciones. Si digo “el pájaro canta, el caballo corre, el hombre habla”, etc., los verbos “corre, canta, habla” tienen las dos funciones: expresan una afirmación, esto es, la posición de algo en “la” realidad, y también una conexión entre el caballo, el pájaro, el hombre, y algunos estados o acciones o cualidades suyas (poco importa el vocablo que aquí empleemos). De aquí el grave error de pensar que la afirmación predicativa es necesariamente de la forma “A es B”. El juicio “el pájaro canta” es tan predicativo como el juicio “A es B”. Y ello no porque “canta” sea equivalente a “es cantador”, lo cual es absurdo, tan absurdo como deir que en la frase nominal hay una elipsis del verbo ser. El juicio afirma la unidad conectiva del pájaro y su cantar. Por esto es por lo que dije al comienzo, que expresaba el juicio predicativo en la forma “A es B” tan sólo provisionalmente. Ahora bien, en este mismo caso está el propio verbo ser. Originariamente fue un verbo sustantivo como todos los demás. Y como ellos, expresa la afirmación de la unidad conectiva de A y B. Pero además, no todos los verbos, pero sí muchos verbos antiguos, por ejemplo en griego y latín, tienen además de su sentido verbal designado por su raíz, un carácter copulativo que han ido adquiriendo parca y lentamente. Así, méno, auxánomai, hypárkho, pélo, gígnesthai, phýo, etc., etc., etc... Entre ellos hay uno que merece mención especial porque toca al español. De la raíz indoeuropea *sta deriva el verbo griego hístemi, que como intransitivo significa estar firme de pie. Su compuesto kathístemi tiene en el aoristo primitivo katésten el sentido de estar establecido, constituido, instalado, etc. Y este aoristo adquirió, fácilmente se comprende, sentido copulativo. De “estar establecido”, etc., el verbo pasó a significar “es”. De la misma raíz deriva el latín stare. Ya en época clásica tuvo a veces este verbo sentido de cópula como sinónimo fuerte de esse. Pasó como tal a algunas lenguas románicas, y al español como verbo “estar”, que une a su sentido “sustantivo” su sentido copulativo fundado en aquél. En estos dos verbos la “conexión” palideció en “relación”. Pues bien, también el verbo ser de verbo sustantivo pasó así a cópula. El sentido copulativo de estos verbos fue, pues, adquirido, y su adquisición se fundó en el previo sentido sustantivo, por así decirlo, de estos verbos. Más aún, el sentido copulativo no sólo fue adquirido sino que siempre fue secundario. En definitiva, las tres funciones están fundadas en la forma antedicha, y ninguna es exclusiva del verbo ser, sobre todo si se recuerda que hay muchísimas lenguas que carecen de este verbo.»

[Zubiri, X.: Inteligencia y logos. Madrid: Alianza Editorial, 1982, p. 165-168]