América latina en el año 2004

Por Rosendo Fraga

La Nación - 07/01/05

El año 2004 fue el mejor en crecimiento económico promedio de América latina en los últimos veinticinco. Así lo informó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) al comenzar diciembre, por el crecimiento de todos los países de la región.

El crecimiento de los EE.UU. -que tuvo su mejor año en más de una década- es la causa principal del fenómeno económico regional, al que se sumó el crecimiento de China, que incrementó la importación de materias primas de la región. El precio de los commoditties fue favorable y la baja tasa de interés en los EE.UU. permitió el retorno de capitales a América latina, aunque en menor medida que en los años noventa y en mucho menor cantidad que en el Asia. El precio del petróleo ayudó a México, Venezuela, Ecuador y la Argentina y la soja a este último país y a Brasil.

Los tres países que más crecieron de los veinte de América latina, fueron Uruguay (12%), Venezuela (11,5%) y la Argentina (8,5%). En estos países dicho crecimiento, en gran medida, tiene relación con que fueron los que sufrieron caídas del PBI superiores al 25% al comenzar la década. Pero el dato económico más importante es que Brasil logró este año un crecimiento cercano al 5%, que para 2005 proyecta no bajar del 4%, lo que da gran estabilidad a la perspectiva de la región, dado que este país es en extensión la mitad de América del Sur, o un tercio de América latina.

Pero el progreso social ha sido muy bajo. Pese al crecimiento alcanzado en 2004, América latina termina el año siendo la región del mundo con mayor desigualdad, superando incluso al Africa en este indicador. Es la región del mundo en la cual menor cantidad de personas concentran un mayor porcentaje de la riqueza total. La pobreza en América latina está, aproximadamente, en el 44%, y la indigencia o pobreza extrema, en el 18%. La región está en el promedio de pobreza del mundo, aunque su PBI per cápita triplica al de China y es seis veces más alto que el de la India.

El desempleo sigue siendo alto, aunque ha bajado en los países que más crecieron (Venezuela, Uruguay y la Argentina) y lo hizo levemente también en Brasil, pero el promedio de América latina está por encima del 10%. La informalidad laboral alcanza a más de la mitad de los trabajadores y sigue creciendo. Sólo Chile ha logrado reducir la pobreza en los últimos años.

El Estado, en América latina, sigue siendo ineficaz para el desarrollo de políticas sociales. En materia de educación se registran logros importantes para bajar el analfabetismo y los índices de escolarización primaria, pero todavía queda mucho por progresar en este campo. La remesa de dinero de los trabajadores que están en países desarrollados -como EE.UU. y España- es cada vez más un recurso económico importante, sobre todo para los países de América Central y el Caribe. La fuga de cerebros también comienza a darse, sobre todo en la Argentina.

En el campo institucional es poco lo que se ha progresado. La corrupción sigue siendo una vulnerabilidad de la región. Los estudios de Transparency International sobre este asunto muestran que, sobre ciento cuarenta países, los de América latina están por encima del promedio mundial de los más corruptos y, al medirse la corrupción de los sistemas políticos, la región queda aún en situación más desventajosa. Pero los sistemas democráticos han funcionado, aunque con limitaciones e imperfecciones.

Las quejas contra la Justicia -corrupción, ineficacia y dependencia política- son generalizadas, pero la independencia de los poderes ha sido muy diferente de acuerdo con cada uno de los países.

La corrupción política produjo varias crisis políticas en América Central, incluida la que provocó la renuncia de un ex presidente de Costa Rica como secretario general de la OEA. Pero en 2004 no se produjo la caída de ningún gobierno democrático por protestas sociales violentas, como sucedió en años anteriores en Ecuador (2000), Argentina (2001), Bolivia (2003) y Haití (2003). El funcionamiento institucional es imperfecto en Venezuela, Cuba sigue sin democratizarse y hay gobiernos débiles en Bolivia y Perú, pero la democracia en términos generales se ha mantenido en la región.

En lo político, se consolidó en 2004 el giro hacia una izquierda pragmática en América del Sur. Los gobiernos de Lula en Brasil y Lagos en Chile, han conservado esta posición, que se expresa en mantener objetivos sociales, buena relación con los EE.UU. e implementar políticas económicas promercado. El triunfo de una coalición de centroizquierda en Uruguay, anticipa que este país se sumará a esta línea. Chávez consolidó su izquierda populista en Venezuela ganando dos elecciones (el plebiscito y las elecciones comunales) y Kirchner, con su gobierno teóricamente de centroizquierda afianzó su poder en la Argentina, aunque sin resolver el aislamiento internacional del país. Los gobiernos de Paraguay, Bolivia y Ecuador, en líneas generales se han sumado a este tipo de política, mientras que los de Colombia y Perú mantienen una línea más hacia el centroderecha, como hacen México y la mayoría de los países de América Central, con la excepción de Panamá.

La relación con los EE.UU. no ha sido mala, tras un 2003 en el cual la guerra de Irak ocasionó tensiones, como en el resto del mundo. La reelección de Bush no ha generado simpatías en América latina, pero no aparece como una situación conflictiva hacia el futuro, siendo probable que aumente la prioridad relativa para Washington del tercio de América latina que está al norte del canal de Panamá -tanto por razones de proximidad geográfica como por la influencia del voto latino- y que disminuya la importancia de América del Sur, donde tiende a consolidarse el liderazgo de Brasil, en cooperación y no en conflicto con los EE.UU.

En conclusión: en lo económico, 2004 ha sido el mejor año de crecimiento de América latina en el último cuarto de siglo; pero el progreso en lo social ha sido bajo, siendo la región con mayor desigualdad del mundo, niveles de pobreza e indigencia que están en el promedio mundial y una informalidad laboral creciente con alto desempleo. En lo institucional, el progreso ha sido bajo, manteniéndose la corrupción como un problema central y fuertes críticas a la Justicia, pero la democracia se ha sostenido sin grandes crisis en la región y esto es un dato positivo. En lo político, se acentuó el giro hacia una izquierda pragmática en América del Sur, mientras sigue predominando una tendencia más hacia el centro-derecha en México y América Central.

Rosendo Fraga es director del Centro de Estudios Nueva Mayoría