Historia del descubrimiento y conquista de América

Justo Fernández López


 

Los descubrimientos del siglo XV y XVI fueron posibles gracias a los adelantos técnicos y el perfeccionamiento de los instrumentos de navegación como la brújula, el astrolabio, y las cartas de navegación, así como la construcción de embarcaciones más ligeras, las llamadas carabelas.

Cristóbal Colón (1451-1506) era un navegante genovés al servicio de la Corona de Castilla. Sobre su origen se han defendido las tesis más dispares: que era catalán, mallorquín, judío, gallego, castellano, extremeño, corso, francés, inglés, griego y hasta suizo.

Entre 1470 y 1476 recorrió todas las rutas comerciales importantes del Mediterráneo, desde Quíos, en el Egeo, hasta la península Ibérica; al servicio de las más importantes firmas genovesas. También participó en empresas bélicas.

En 1476 se estableció en Portugal, donde concibió el proyecto de llegar a Oriente por una ruta de Occidente. El primero que lanzó la idea de llegar a Asia navegando hacia el oeste a finales del siglo XV parece que fue Paolo dal Pozzo Toscanelli (1397-1482), matemático y astrónomo florentino, en su Correspondencia y Mapa que, en 1474, había hecho llegar al rey de Portugal Alfonso V a través de su amigo, el canónigo lisboeta Fernando Martins. El mapa de trazaba un mapa del Atlántico sin América e indicando una distancia de 5000 km entre las costas de Europa y Asia, error que resultó fecundo una vez examinado por Cristóbal Colón.

Rechazado el proyecto de Colón en Portugal, fue aceptado por los Reyes Católicos, que firmaron con Colón las Capitulaciones de Santa Fe (17.04.1492), documento-contrato que estipulaba las condiciones en que Cristóbal Colón haría el viaje descubridor: 10% del producto de lo descubierto, cargo hereditario de virrey y almirante para Colón. Con este documento en mano, Colón se dirigió a la villa de Palos de la Frontera a preparar la flota descubridora.

«Pese a la futura repercusión del descubrimiento, la mayor parte de los españoles de la época permanecerían ajenos a la expedición y Cristóbal Colón moriría convencido de haber arribado a las cosas asiáticas por la espalda, sin comprender que su afán emprendedor había multiplicado asombrosamente el mundo. No llevarán su nombre las tierras descubiertas, sino el del florentino Américo Vespucio, navegante y maestro de pilotos. Pero ha sido él, Cristóbal Colón, quien ha encontrado ese deslumbrante color que no existía en el Viejo Continente.

El hallazgo de América señalaría un nuevo rumbo a la historia de España. De pronto el suelo ibérico hace de puente entre la vieja Europa y un continente virgen, insólito, con una geografía exuberante y unas civilizaciones inéditas y ricas. La Iglesia no se haría rogar para dar carácter sagrado a la hazaña del descubrimiento. Con el papa Alejandro VI de su lado, Isabel y Fernando recibieron el regalo de las bulas pontificias que daban una cobertura legal a la impredecible expansión colonial de Castilla y erigía a los Reyes Católicos en soberanos de todas las tierras descubiertas y por descubrir. En 1494 el Tratado de Tordesillas eliminaba las desavenencias con Portugal y dividía el globo terrestre entre las dos potencias marinas. El singular documento ratificaba la hegemonía ibérica de los océanos y trazaba una nueva línea de demarcación que separaba los dominios de ultramar de portugueses y castellanos, dejando vía libre a los primeros en Brasil. [...]

Cruzaba el Atlántico la Castilla guerrera, hija de la reconquista, decidida a adueñarse por la fuerza del Nuevo Continente, y unas Indias legendarias tomaban el camino de vuelta para alimentar la avidez y primacía social de los desheredados y segundones de la Península.» [García de Cortázar, Fernando: Historia de España. De Atapuerca al euro. Barcelona: Planeta, 2004, p. 93-94 y 106]

 

LOS VIAJES DE COLÓN

 

Primer viaje de Colón (1492). Parte con tres embarcaciones, Pinta, Niña y Santa María el 2 de agosto de 1492.  En la madrugada del 11 al 12 de octubre el marinero Rodrigo de Triana lanzó el grito esperado: ¡tierra! Habían llegado a Guanahaní (que ellos bautizaron como San Salvador), hoy Watling en el archipiélago de las Bahamas. Después descubrieron Cuba y La Española (hoy Haití y la República Dominicana) y regresaron con la buena nueva a España.

En el segundo viaje (1493-1496), Colón exploró Cuba y Santo Domingo y descubrió Jamaica, y a finales de 1494 descubrió Sudamérica al arribar a la zona de la actual ciudad venezolana de Cumaná.

En su tercer viaje (1498-1500), Colón descubrió la isla de Trinidad, recorrió la costa de la península de Paria (Venezuela). Siempre llevado por su ensueño asiático, cree que han llegado al entorno del Paraíso Terrenal. “Este constante escape hacia el delirio poético, hacía que el glorioso almirante, magnífico para las grandes audacias, no acertara con los detalles realistas del gobierno de los hombres cuando quiso hacerse cargo de él en la isla Española” (J. M. Pemán).

Llegó a la costa de Darién (Panamá), que exploró. Al llegar a la nueva capital de las Indias, Santo Domingo, se encontró con que los españoles, encabezados por Francisco Roldán, se habían rebelado contra su autoridad por su poca capacidad como gobernante. Colón, mezcla de navegante y mercader, nunca tuvo la intención de gobernar en el sentido político de la palabra. Fue gerente de una factoría comercial monopolística en la Española, cuyos gastos y empleados pagaban los reyes, y que él se esforzó por convertir en rentable.

En 1500, la metrópoli envía al comendador Francisco de Bobadilla como gobernador interino a las Indias (1500-15001). Bobadilla se tuvo que enfrentar a la resistencia de los Colón a dejar el mando, por lo que Bobadilla mandó prender primero a Diego Colón, luego al almirante y por último a Bartolomé y confiscó sus bienes. Presos y cargados de cadenas fueron enviados a España en 1500.

Colón no fue repuesto más en los oficios perdidos, pero los Reyes Católicos le concedieron un cuarto viaje, cuyo objetivo era encontrar un paso que permitiera llegar a la Especiería (islas de las Especias, las actuales Molucas), ya que Colón seguía creyendo que la zona antillana era la antesala de Asia.

En su cuarto viaje (1502-1504), Colón exploró todo el mar Caribe, llegó a las costas de Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Naufraga junto con sus hombres cerca de la isla de Jamaica, donde fueron rescatados por órdenes del virrey de la Española, Nicolás de Ovando, gobernador de las Islas y Tierra Firme (1501-1509), que durante su gobernación demostró una oposición abierta a Cristóbal Colón y a todo lo colombino.

Cristóbal Colón volvió a España, fue a la Corte a reclamar infructuosamente sus derechos. Después de su muerte en 1506, su hijo Diego entabló los Pleitos Colombinos.

Nicolás de Ovando, hombre de confianza de los Reyes Católicos, fue nombrado gobernador de las Islas y Tierra Firme (de las Indias) en 1501, en sustitución de Francisco de Bobadilla. Gobernó de 1501 a 1509. Fue destacada figura del primer periodo de dominio español sobre los territorios americanos. La tarea inicial de Ovando consistiría en resolver el problema de los colonos anteriores que, tras la rebelión contra Colón, se habían repartido a su gusto por toda la isla, viviendo entre los indios, cuidando sus ganados y cultivos y explotando las arenas auríferas. Se habían convertido en verdaderos caciques en proceso de indianización.

 

DEL REPARTIMIENTO DE INDIOS A LA ENCOMIENDA

 

Se autoriza a todos para buscar oro y explotarlo, teniendo que pagar un tercio del que obtengan al rey como tributo. La explotación del metal consistía en localizar arenas auríferas, lavarlas y recoger los granos. La demanda de mano de obra fue cada vez mayor. Le emigración estaba limitada por la Corona a súbditos de los reinos peninsulares. La compra de esclavos africanos a los portugueses resultaba cara. La solución se encontró en la población indígena. Los taínos resolvieron las cuestión a los conquistadores, a quienes habían acogido bien como protectores contra los caníbales caribes. Pero los españoles les hicieron trabajar para los colonos. Los taínos no veían sentido alguno en un trabajo que sólo les daba para subsistir; para ellos el oro no tenía valor alguno. Los españoles consideraban a los taínos como holgazanes y primitivos por su poco interés en trabajar a cambio de un jornal. La consecuencia de todo ello fue que se comenzó a organizar un repartimiento de indios, organización de mano de obra indígena. El trabajo forzoso planteaba serios problemas de orden ético y jurídico, ya que las Corona había declarado que los indios eran súbditos libres del rey, obligados sólo a pagar tributo, pero no podían ser forzados a trabajar. Pero sin el trabajo indígena, no se podía sostener el negocio del oro.

En 1503, la reina Isabel la Católica firmó una Real Provisión legalizando los repartimientos de indios en favor de los españoles. Con este documento nacía la encomienda americana. Desde 1503 hasta 1505 Nicolás de Ovando generalizó los repartos de indios en la isla de La Española, lo que permitió desarrollar inmediatamente y a gran escala la producción aurífera. En 1509, Ovando fue sustituido por el hijo del descubridor de América, Diego Colón, en la gobernación de las Indias.

Diego Colón, hijo y sucesor de Cristóbal Colón en el virreinato y gobernación de las Indias, inició los denominados Pleitos Colombinos contra la Corona castellana para obtener la devolución a la familia Colón de los privilegios concedidos por los Reyes Católicos al descubridor de América. Se casó con María de Toledo, sobrina del duque de Alba y persona de gran ayuda para defender los intereses familiares; y el 8 de agosto de 1508, con el apoyo del duque de Alba, resultó nombrado gobernador de las Indias y Tierra Firme (1509-1511), aunque no virrey. En 1511, la Sentencia de Sevilla, dada por el Consejo Real en los Pleitos Colombinos, reconoció al segundo almirante el virreinato de las Indias. La segunda gobernación colombina duró desde finales de 1520 hasta 1523.

El problema de la necesidad de mano de obra indígena y la prohibición de someter al indio a trabajos forzados, se solucionó bajo el gobierno de Diego Colón.

«Durante el gobierno de Diego Colón (1509-1515), se hallaron dos fórmulas que permitirían hacer a cada uno de su capa un sayo, aunque respetando exteriormente la ley y la justicia. Estas sería, respecto a los indios de guerra, la guerra justa o defensiva; para los indios de razón, la encomienda. En caso de que pacíficos europeos dedicados a la explotación o el rescate se viesen atacados, sin provocación ni motivo, tenían derecho a defenderse y a esclavizar a los prisioneros de guerra así obtenidos. A los indios de razón [pacíficos] se les aplicó la encomienda, vieja institución medieval nacida en la frontera peninsular: un hombre libre y sin recursos servía a un señor o encomendero a cambio de protección, cobijo, alimento y vestido (encomienda personal); o un pequeño propietario libre cedía al señor toda su tierra, o parte de ella, o bien pagaba un censo o canon en especie a cambio de protección eficaz contra los enemigos musulmanes (encomienda territorial). La encomienda se aplicó a los indios de razón, por supuesto sin consultarles, falseando el propósito y finalidad de aquélla. Los repartimientos de indios se convirtieron en encomiendas de indios, y el empresario minero en encomendero; nada variaba en la práctica, pero en teoría se dignificaba el sistema. El encomendero protegía a los indios, como en la antigua encomienda personal, y obtendría para sí el oro recogido en lugares que sin duda pertenecen a los indígenas, tal ocurría en la vieja encomienda territorial. Por añadidura, se acabó permitiendo llevar a las explotaciones auríferas a indios de las denominadas “islas inútiles” (las Lucayas, hoy Bahamas), que en un periodo de cuatro años quedaron despobladas.» [Céspedes, Guillermo: “La conquista”. En: Carrasco, Pedro / Céspedes, Guillermo: Historia de América Latina. Madrid: Alianza Editorial, 1985, vol. 1, p. 312-313]

 

CONQUISTA DE TIERRA FIRME  Y DESCUBRIMIENTO DEL PACÍFICO

 

Los españoles llevaron a cabo la conquista de América media con una increíble facilidad. En el transcurso de sus diversos viajes, entre 1492 y 1504, Cristóbal Colón descubrió las Antillas, Venezuela y una parte del litoral atlántico de América central, pero murió sin saber que había descubierto un nuevo continente.

La Española, isla de las Antillas, en el mar Caribe, situada al sureste de Cuba y al oeste de Puerto Rico (hoy dividida en dos países: Haití y la República Dominicana), fue la isla preferida por Colón y la primera en ser colonizada (Santo Domingo, 1496). En las grandes Antillas le siguieron Cuba (La Habana, 1519) y Puerto Rico (San Juan, 1521). Pero Santo Domingo constituía la base a partir de la cual los conquistadores se lanzaban al asalto de la Tierra Firme en sus dos puntos más privilegiados: el istmo de Panamá y las tierras altas de México central, corazón del Imperio Azteca.

En 1498, los reyes permitieron a cualquier ciudadano explorar las nuevas tierras descubiertas por Colón. Alonso de Ojeda, acompañado de Juan de la Cosa y Américo Vespucio, fue el primero en aprovechar el permiso real en 1499, iniciando los Viajes Menores que exploran el litoral americano, la Tierra Firme, desde Brasil a Panamá y demuestran que se trata de un nuevo continente entre Europa y Asia.

Tierra Firme fue el término con el que se designó en principio, y para distinguirlas de las islas antillanas, a las tierras del continente americano más próximas al mar Caribe; en especial a la costa norte de Sudamérica, desde el río Orinoco hasta el istmo de Panamá, descubiertas y conquistadas por españoles desde la primera mitad del siglo XVI. Más tarde hizo referencia a toda la zona continental del Caribe en general. Desde principios del siglo XVI Tierra Firme fue el centro desde donde se gobernaba Castilla del Oro. La denominación del reino de Tierra Firme quedó restringida desde 1563 al límite jurisdiccional de la Audiencia de Panamá.

El territorio de Tierra Firme se dividió en dos gobernaciones: Nueva Andalucía (costa atlántica de Colombia), encomendada a Alonso de Ojeda, y Castilla del Oro (Panamá), encomendada a Diego de Nicuesa. La colonización de estas dos gobernaciones fracasó y los supervivientes se refugiaron en el golfo de Darién, fundando Santa María de la Antigua del Darién (1510), en el litoral oeste del golfo de Urabá, cerca de la frontera con Panamá. Esta llamada ciudad o simple campamento fue el primer asentamiento europeo del continente americano. Fundada por Martín Fernández de Enciso el 25 de diciembre de 1510 a sugerencia de Vasco Núñez de Balboa, recibió su nombre en homenaje a la imagen venerada en Sevilla (España), añadiéndose 'del Darién' para rememorar la comarca de su ubicación.

Dos años después de su fundación, vivían en Santa María de la Antigua del Darién unos trescientos españoles desmoralizados y mal avituallados por la incapacidad de sus dirigentes. Un grupo de ellos se rebela contra Nicuesa y nombra alcalde a Vasco Núñez de Balboa, un lugarteniente de Ojeda. Surgiría así el primer gran jefe que iba a producir la sociedad de la frontera y que sería, con Hernán Cortés, uno de los conquistadores con más tacto y talento político. Desde este asentamiento, Núñez de Balboa exploró el territorio hacia el oeste, atravesó el istmo de Panamá y descubrió el océano Pacífico, al que llamó mar del Sur (1513) por encontrarlo en dirección de este punto cardinal.

Vasco Núñez de Balboa era un hidalgo extremeño y pobre que había viajado mucho por el Caribe y se había cargado de deudas en la Española. Bajo su influencia, un grupo destituyó en Santa María de la Antigua a sus jefes y los envió a Santo Domingo, nombrando a Balboa para sustituirles en 1511.

«El nuevo líder no exigió a los indios tributo alguno, ni tampoco trabajo forzoso; cuidó de disciplinar y contener a sus hombres, sin repetir ninguna de las crueldades y horrores que había visto cometer a sus compatriotas en las Antillas. Usó la fuerza para imponerse a los jefes nativos, mas tan pronto lo aceptaron como a jefe más capaz y poderoso, Balboa les prometió amistad, y cumplió siempre sus promesas. Respetó las estructuras sociales y políticas de los nativos; incluso los puso en paz, mediando como árbitro paciente y hábil en las hasta entonces allí frecuentes disputas y luchas entre caciques –nombre que en algunos lugares del Caribe daban los indios a sus señores, y que los castellanos extenderían a toda Mesoamérica para designar a los jefes de comunidades indígenas.

Balboa exploró la cuenca del Río Atrato hacia el Sur, en busca del origen de las piezas de oro labrado que se hallaban en la costa. Hacia el Oeste, atravesó el istmo de Panamá, descubriendo el océano Pacífico o mar del Sur (1513). Sentó las bases de una colonia de conquista en la que los castellanos empezaron a vivir sobre el terreno como minoría militar dominante y parásita, más sin perturbar apreciablemente la vida política, económica, social y cultural de los nativos.

Balboa escribió al rey dando cuenta de sus éxitos, pero en la Corte no consideraron a un pobre advenedizo ni capaz ni digno de consolidar su propia obra; por ello fue nombrado gobernador y capitán general de Castilla del Oro un anciano aristócrata, duro, envidioso y absolutamente ignorante del mundo en el que iba a actuar: Pedrarias Dávila. Dado que los méritos de Balboa no podían ser desconocidos, un poco tardíamente se le nombró adelantado del Mar del Sur y gobernador de los territorios de Coiba y Panamá; fue algo que Pedrarias no pudo encajar nunca; en enero de 1919 y tras una apariencia de proceso legal, Balboa acabó siendo degollado junto a cinco de sus compañeros. Y éste sería el fin del primer gran líder surgido en la frontera del Caribe.» [Céspedes, Guillermo: “La conquista”. En: Carrasco, Pedro / Céspedes, Guillermo: Historia de América Latina. Madrid: Alianza Editorial, 1985, vol. 1, p. 324-325]

La Leyes Nuevas de 1542 declaraban la encomienda a extinguir tras la muerte del encomendero, es decir, del primer beneficiario. La encomienda no se podría dejar en herencia a la descendencia. Estas leyes abolían prácticamente la esclavitud de los indígenas y los liberaban de la servidumbre personal. A la muerte del encomendero o primer beneficiario, los indígenas a su servicio pasarían a depender directamente de la monarquía castellana.

 

LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO

 

Desde las Antillas se organizaron viajes al norte y centro de América. Juan Ponce de León descubrió Florida en 1512, y Vasco Núñez de Balboa atravesó el istmo de Panamá y descubrió el océano Pacífico en 1513. El descubrimiento del Pacífico motivó otros viajes en busca de un paso entre el Atlántico y el nuevo océano. El primer intento fue el de Juan Díaz de Solís (1470-1516), quien en 1515, tras firmar una nueva capitulación para buscar un paso por el sur del continente, navegó las costas brasileñas y uruguayas hasta llegar al río de La Plata (1516) que llamó mar Dulce. Se adentró en su estuario hasta la isla de Martín García y continuó por las aguas del Paraná, que se llamó de Solís. Al desembarcar fueron atacados por los indios charrúas o guaraníes, que le dieron muerte.

El segundo intento fue el de Fernando de Magallanes, un portugués al servicio de Carlos V.  Magallanes partió de Sanlúcar de Barrameda en 1519, bordeó la costa del Sur y, atravesando el estrecho de su nombre, se internó en el Pacífico. Llegados a las islas Filipinas, Magallanes y muchos de sus hombres perdieron la vida a manos de los indígenas. La expedición siguió rumbo a Cabo de Buena Esperanza al mando de Juan Sebastián Elcano, llegando en 1522 a Sanlúcar de Barrameda con una sola nave, la Victoria. Por esta hazaña, el rey otorgó a Elcano un escudo de armas en el que aparecía un globo terráqueo con la leyenda: “Primus circumdediste me” (‘tú fuiste el primero en circunnavegarme’).

 

CASTILLA DEL ORO

 

Castilla del Oro fue el nombre dado por los colonizadores españoles, a principios del siglo XVI, a los territorios centroamericanos que se extendían desde el golfo de Urabá (en la actual Colombia) hasta el cabo Gracias a Dios (en la frontera entre los actuales estados de Honduras y Nicaragua). La denominación de Castilla del Oro fue otorgada, en mayo de 1513, por el rey Fernando II el Católico (en calidad de regente castellano).

La región se denominaría Castilla del Oro por la cantidad de oro que se obtuvo de los nativos, aunque allí no se producía: llegaba desde el sur del continente, labrado en forma de objetos decorativos. La zona del origen de este metal tardaría varias décadas en ser descubierta.

Pedro Arias Dávila, más conocido como Pedrarias Dávila gobernó Castilla del Oro entre 1513 y 1526. No logró la prosperidad de la colonia y se caracterizó por su crueldad, el mal trato dado a los indios y el afán desmedido por un rápido enriquecimiento. Envió expediciones a recorrer los territorios limítrofes en 1514 y 1515, pero la mayoría de ellas se limitaron a realizar actividades de saqueo, a buscar oro y a tomar esclavos, sin que el gobernador hiciera nada por evitarlo. A fuerza de brutalidades y torpezas, fueron deshaciendo la obra de Núñez de Balboa y se fueron ganando la hostilidad y odio eterno de la población indígena de la región.

Nada constructivo se hizo hasta 1519, cuando Pedrarias Dávila fundó Nuestra Señora de la Asunción de Panamá, que sería desde entonces la capital de Castilla del Oro y base de partida de exploraciones y conquistas. De allí saldrían luego las expediciones del lugarteniente de Arias Dávila, Francisco Fernández de Córdoba, a Nicaragua, en 1523; y de Francisco Pizarro y Diego de Almagro al Perú, a partir de 1531.

 

CONQUISTA DE MÉXICO POR HERNÁN CORTÉS (1519)

 

Francisco Hernández de Córdoba descubre la península de Yucatán (México). En 1517 Diego Velázquez le puso al mando de una expedición de tres naves y más de cien hombres, entre los que se encontraban el piloto Antón de Alaminos y Bernal Díaz del Castillo. Descubrieron la costa yucateca alcanzando el cabo Catoche, la bahía de Campeche y Tabasco.

Desde 1516, los colonos de Cuba fueron reuniendo información y recursos suficientes para utilizar la isla, hasta entonces poco productiva, como trampolín para la conquista de México. La información proporcionada por las expediciones que habían recorrido el golfo de México entre 1517 y 1518, impulsaron al gobernador de Cuba, Diego Velázquez, a solicitar de los reyes la conquista de aquellas tierras. Y antes de que le llegara la respuesta, organizó una expedición al mando de Hernán Cortés, un valeroso hidalgo extremeño, inteligente y muy dotado para la política.

Después de Vasco Núñez de Balboa, fue Hernán Cortés el otro gran líder surgido en la frontera. Llegado a Santo Domingo en 1504, se asentó después en Cuba.

«Su educación fue más completa y su experiencia más rica y variada que la de Balboa, de cuyo ejemplo aprendió y de quien fue el discípulo más aventajado. Era, al igual que Balboa, un hidalgo extremeño pobre, que sabía algo de leyes y de asuntos militares y mucho de práctica legal, administrativa y oficinesca. Sabía preguntar aquello que ignoraba, y preguntarlo a quien, en su entorno, era la persona más capacitada para responderle. Poseyó simpatía y don de gentes, y realizó en Santiago de Cuba un buen aprendizaje en política municipal. Fue un gran político nato, excelente diplomático, un verdadero estadista y un imaginativo organizador capaz de crear grandes negocios y conducirlos con acierto, aunque el hecho de tender, por temperamento y educación, más al gasto que al ahorro le impidió llegar a ser un gran empresario capitalista. A diferencia de Balboa, jugaba astutamente sin mostrar las cartas, diciendo a tiempo aquello que le convenía decir, callándose cuando le convenía callar y sin descubrir su juego hasta que la partida estaba concluida –y ganada por él–. Tuvo hasta la difícil habilidad de parecer tonto: el gobernador de Cuba, creyéndole dócil y manejable, le delegó el mando de una expedición a las costas de México, dirigida a rescatar náufragos de exploraciones anteriores y a rescatar oro (1518). El gobernador y Cortés actuaron de pillo a pillo, tratando cada uno de aprovecharse del otro. Entre 1519 y 1522 Cortés conquistó por su cuenta los territorios de la Confederación azteca y alguno más; y, lo que todavía resultó más difícil, pasó de ser un subalterno en rebeldía a quedar absuelto de todo cargo y recibir de su monarca el nombramiento de gobernador y capitán general de las tierras que había conquistado.» [Céspedes, Guillermo: “La conquista”. En: Carrasco, Pedro / Céspedes, Guillermo: Historia de América Latina. Madrid: Alianza Editorial, 1985, vol. 1, p. 326]

El 22 de abril de 1519, Cortés desembarcó en Chalchiuhuecan, cerca de la actual Veracruz. Los habitantes de la zona, sometidos a los aztecas, le proporcionaron información sobre el Imperio Azteca y su capital Tenochtitlán en el centro de la meseta del Anáhuac. Cortés decidió desobedecer las órdenes de Diego Velásquez, gobernador de Cuba, y emprender la conquista de Tenochtitlán por su cuenta y riesgo.

Para evitar conflictos jurídicos y para legitimar su acción, Cortés copió el mismo sistema empleado por Vasco Núñez de Balboa en Panamá: incitó a sus soldados a fundar la ciudad Villa Rica de la Veracruz (al norte de la actual Veracruz); dimitió su jefatura como delegado del gobernador de Cuba y cedió sus poderes al cabildo o ayuntamiento de la ciudad; los gobernantes municipales, elegidos democráticamente, nombraron a Cortés capitán General y Justicia Mayor de la colonia. La artimaña jurídica otorgaba a Cortés autoridad propia, aunque interina, no ya delegada como anteriormente, y convertía en sus cómplices a todos sus compañeros, dejándoles ante el dilema de morir como rebeldes o vencer como conquistadores. Esto legitimaba su empresa conquistadora y daba a Cortés mano libre para emprender la conquista del Anáhuac.

Cortés se granjeó la amistad de Cempaola. Ayudado por los cempaoleses cayó sobre Tlaxcala, ciudad enemiga del emperador azteca Moctezuma. Se hizo aliado de los tlaxcaltecas y con ellos marchó hacia la meseta del Anáhuac. Llegó a Tenochtitlán, capital del imperio azteca. Moctezuma le recibió en plan amistoso. Cortés, para no provocar a los aztecas, despidió a los tlascaltecas que le habían acompañado, quedando con un puñado de españoles en una ciudad pobladísima. Con diplomacia y prudencia, pero con cautela, mantuvo su amistad con Moctezuma.

El gobernador de Cuba, Diego Velásquez, indignado por la traición de Hernán Cortés, envió un ejército de 1500 hombres al frente de Pánfilo de Narváez para castigar a Cortés como un subalterno rebelde. Cortés tuvo que dejar Tenochtitlán al mando de Pedro Alvarado y regresar a Veracruz para combatir a Narváez, pero Cortés neutralizó a los hombres que el gobernador de Cuba había enviado para prenderle, que se pasaron a las filas de Cortés casi sin oponer resistencia.

Al regresar a Tenochtitlán, encontró a su lugarteniente Pedro de Alvarado en situación precaria frente a los aztecas, buscada por su propia falta de tacto y prudencia en la resolución de algunos incidentes surgidos durante la ausencia de Cortés. Los aztecas habían asesinado a los españoles que habían quedado allí. Tuvo que abandonar la ciudad perseguido por los aztecas, la retirada fue un auténtico desastre: La noche triste. Volvió a la carga y derrotó a los aztecas en la batalla de Otumba, haciéndose dueño de la capital azteca.

Ante el éxito de las conquistas de Cortés, la Corona evitó repetir el error cometido con Balboa. Cortés fue nombrado gobernador y capitán general.

«Más importante que la alegría del nombramiento era el hecho de haberse creado una mitología política y religiosa sobre la, hasta Balboa, sórdida aventura castellana en el Nuevo Mundo, y que esa mitología iba a ser aceptada por todos, desde el rey hasta el más modesto colono. La empresa quedaba dignificada y justificada a los ojos de quienes la acometían. La Corona se percató de que en vez de pagar como gobernadores a burócratas o nobles, mediocres por cierto y con escasa iniciativa, podía conseguirlos mejores y sin desembolsos aceptando la iniciativa privada de los conquistadores, tras el proceso selectivo que entre ellos operasen la suerte y el destino.

Asimismo merece subrayarse el hecho de que los conquistadores, procedentes de una sociedad estamental en la que ya cada uno nacía y casi siempre moría en el mismo lugar de la escala social, comprendieran que la extinguida frontera del Medievo y sus oportunidades de movilidad social se habían abierto de nuevo para los inteligentes, los fuertes, los audaces y los afortunados. A la nueva frontera, asumiendo los mayores riesgos, un individuo de baja extracción social podía “ir a valer más”, y obtener otra vez, como el Cid y como los primeros nobles castellanos, prestigio, gloria, dinero, poder e incluso nobleza. El conquistador podía contar, además, con la reconfortante seguridad de estar laborando por algo trascendental y que empezaba a ser –según pronto escribiría un cronista– lo más importante que había sucedido en el mundo desde que Cristo vivió y murió en él para salvarlo. Una gigantesca fuerza había sido creada y puesta en movimiento.» [Guillermo Céspedes, o. cit., p. 327-328]

En 1522, México central y buena parte del meridional se hallaban en manos de los hombres de Cortés. Los conquistadores denominaron a todo el país la Nueva España. Hernán Cortés gobernó con sensatez y acierto. Fue uno de los conquistadores más y mejor recompensados por la Corona.

A partir de 1535 se inicia el gobierno del primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, quien en quince años de fecunda gestión política dejó organizado un mundo que ya no es el de los conquistadores.

 

CONQUISTA DE AMÉRICA CENTRAL

 

La conquista de América Central se llevó a cabo a partir de los dos puntos de apoyo: Panamá (Pedrarias Dávila) y México (Hernán Cortés). La unión se realizó en la región fronteriza de Honduras y Guatemala. Desde Panamá, los españoles conquistaron las tierras de Nicaragua. Costa Rica fue colonizada a continuación.

Los conquistadores españoles que habían partido de México, hacía tiempo que habían alcanzado las fronteras meridionales de Mesoamérica. En 1543, fue creada la Capitanía General de Guatemala, unida al virreinato de Nueva España y con autoridad sobre toda la América Central.

La tónica común a los conquistadores españoles, se repitió en la conquista de América Central: un conquistador, actuando por su cuenta, tomaba un territorio desobedeciendo la autoridad de su superior; éste enviaba una expedición para castigar al rebelde; el rebelde capturaba al enviado por su superior; en otros casos, el rebelde era capturado y ejecutado.

En 1522, Gil González Dávila somete al poderoso cacique de Nicaragua. Tiene que regresar a Santo Domingo para recoger alimentos y reclutar soldados. Al año siguiente, regresa a Nicaragua y encuentra que el territorio había sido tomado por Francisco Hernández de Córdoba, lugarteniente del cruel gobernador de Castilla del Oro, Pedrarias Dávila, quien al enterarse que Hernández de Córdoba se había independizado, marchó sobre Nicaragua y ejecutó al rebelde.

Gil González Dávila se va a Honduras, donde tuvo que pactar con Cristóbal de Olid, uno de los capitanes de Cortés, que se había hecho cargo del territorio (1523) desobedeciendo la autoridad de su superior. Olid hizo prisionero a Francisco de las Casas, enviado para castigarle, y a Gil González. Hernán Cortés acudió en persona para dominar la rebelión de Olid (1524-1525), pero cuando Cortés llegó a Honduras, De las Casas y González habían ejecutado a Olid y conquistado Honduras.

Entre 1524 y 1530, Pedro de Alvarado, mano derecha de Cortés, conquistó los territorios mayas de Guatemala. La conquista del Yucatán maya fue más dificultosa y Francisco de Montejo y su hijo tardaron diecinueve años (1527-1546) en conquistar las tierras bajas de Yucatán. La parte central, Petén-Itzá, no sería conquistada hasta 1697.

 

CONQUISTA DEL PERÚ POR FRANCISCO PIZARRO

 

El territorio del Imperio de los Incas comenzó a ser llamado el Perú aún antes de ser conquistado por los hombres de Francisco Pizarro. El nombre de Perú es la hispanización del nombre del río “Birú”, en la vertiente suramericana del Pacífico que, entre los vecinos de Panamá, vino a designar la totalidad de los territorios situados en la ruta de levante, al suroeste y sur de dicha ciudad.

En 1522 Pascual de Andagoya exploró el Chocó colombiano y regresó a Panamá con la sensacional noticia de la existencia de un reino llamado Birú. Esta noticia llamó la atención del veterano Francisco Pizarro, que había servido con Ojeda y Balboa y era hijo natural del coronel Gonzalo Pizarro y de Francisca González. En 1519, Pizarro había formado parte del grupo que, capitaneado por el primer gobernador de Castilla del Oro, Pedro Arias Dávila, fundó la actual ciudad de Panamá, recibiendo a las orillas del río Chagres las tierras que le correspondían como poblador, donde comenzó a atesorar una considerable fortuna y llegó a desempeñar los cargos de regidor y alcalde.

Pizarro vino a España a obtener la licencia para la conquista de las tierras al sur de Panamá. Inició su campaña con doscientos veintisiete hombres que fueron capaces de apoderarse de una extensión de tierra poco menor que la mitad de Europa. Desde el punto de vista estratégico, Pizarro copió el modelo y la experiencia de su pariente Hernán Cortés en la conquista de México, aprovechando la rivalidad entre los hermanos incas Huáscar y Atahualpa. Había recibido importantes noticias del Imperio inca, cuyo jefe Huayna Cápac había muerto en 1525, y que en esos momentos vivía una lucha entre los hijos de éste, Huáscar y Atahualpa, por la sucesión.

Francisco Pizarro regresó a la península Ibérica en 1528 con numerosos presentes y la intención de exponer al emperador Carlos V las peticiones acordadas con sus compañeros, que se concretaban en la gobernación de las tierras descubiertas para él mismo, el título de adelantado para Almagro y el obispado para Luque. En 1529, la esposa de Carlos V, Isabel de Portugal, firmó en calidad de regente las capitulaciones para la conquista del Perú, territorio que recibió el nombre oficial de Nueva Castilla. En diciembre de 1529 llegó a su localidad natal, Trujillo, donde se encontró con sus hermanastros, Hernando, Gonzalo y Juan Pizarro, que le acompañarían en sus futuras conquistas.

Desde Panamá, Francisco Pizarro salió en 1531 hacia el sur, acompañado de Diego de Almagro. Llegó a Túmbez, atravesó los Andes y con un puñado de hombres llegó hasta Cajamarca, el corazón del país. Allí fingió entregarse al ejército de Atahualpa, pero se apoderó de él quedando como dueño y señor del país en 1532, una vez que Atahualpa ya había derrotado a Huáscar. Temiendo Atahualpa que los españoles nombraran Inca a su hermanastro, le mandó asesinar. Esto dio motivo a los españoles para juzgar a Atahualpa por fratricidio y condenarle a muerte, siendo ejecutado en 1533, a la vez que su herman Túpac Hualpa (Toparpa), que había prestado fidelidad a Carlos V, resultó nombrado nuevo soberano inca. En agosto de ese año, los españoles salieron hacia Cuzco, pero antes de llegar el nuevo inca fue envenenado por el cacique quiteño Calcuchimac, por lo que Manco Inca Yupanqui (Manco Cápac II) ocupó su lugar. Pizarro entra triunfante en el Cuzco, capital del imperio inca.

En 1535 fundó la ciudad de Lima y llamó Nueva Castilla a las tierras conquistadas. Diego de Almagro, su compañero de campaña, marchó hacia el sur a la conquista de Chile.

Las torpezas de Fernando Pizarro, hermano de Francisco Pizarro, y el saqueo en Cuzco por parte de los españoles desconcertaron a los incas, y al que era un sincero aliado de los conquistadores, el príncipe Manco Inca Yupanqui, quien encabezó la mayor, mejor organizada y más peligrosa rebelión contra los conquistadores que tuvo lugar en toda América (1536-1537). Hernando Pizarro quedó sitiado en Cuzco, Francisco Pizarro en Lima.

Las movilizaciones indígenas afectaron a la producción agrícola y el hambre terminó con la rebelión de los incas, que fueron derrotados en Sacsahuamán. Tras la derrota, Manco huyó hacia el oriente, fundando un centro de resistencia conocido como Vilcabamba. Al morir Manco Inca, le sucedió en el trono su hijo Sayri Túpac, quien firmó la paz con el virrey Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, pero falleció en 1561, siendo reemplazado por Titu Cusi Yupanqui, que reinició las hostilidades; finalmente, en 1570, asumió el poder Túpac Amaru, quien fue derrotado y decapitado en 1572 por orden del virrey Francisco de Toledo.

En marzo de 1534 tuvo lugar la fundación española de la ciudad de Cuzco. Francisco Pizarro había recibido el título de marqués y se habían ampliado los límites de Nueva Castilla para incluir a Cuzco, concediéndose a su socio Diego de Almagro una gobernación que recibió el nombre de Nueva Toledo y que se extendía 200 leguas hacia el sur, en el Chile actual. Francisco Pizarro fundó en 1535 la Ciudad de los Reyes, la futura Lima.

Apenas concluida la rebelión indígena, regresó Diego de Almagro de su difícil y ruinosa expedición a Chile. Comienzan las llamadas “guerras civiles” entre Pizarro y Almagro. Almagro reclamaba como parte de su gobernación la ciudad de Cuzco, la cual había reconquistado en 1537 y estaba situada en la frontera de sus gobernaciones. Convencido de que Cuzco se hallaba dentro de su jurisdicción, tomó la ciudad y apresó a Hernando Pizarro. Tras una dificultosa negociación, éste recuperó la libertad, pero se propuso vengarse de su captor. En un sangriento encuentro, en la batalla de Salinas (1538), cerca de Cuzco, Almagro fue vencido y ejecutado por los pizarristas tres meses después.

Francisco Pizarro nombró a Pedro de Valdivia en 1539 teniente gobernador de Chile. En septiembre del año siguiente, el emperador Carlos V designó gobernador del Perú a Cristóbal Vaca de Castro para sustituir a Pizarro y ejercer como mediador entre el conquistador y Diego de Almagro el Mozo, hijo del famoso conquistador Diego de Almagro y de Ana Martínez (una india cristianizada). El 26 de junio de 1541, antes de que Vaca de Castro llegara a territorio peruano, Pizarro fue asesinado en Lima por los almagristas, encabezados por Almagro el Mozo, quien se hizo con el control del territorio peruano.

Aunque Gonzalo Pizarro (hermano del conquistador) preparaba otra revuelta a favor del mantenimiento de las encomiendas. Sin embargo, fue el gobernador del Perú, Cristóbal Vaca de Castro, quien, al mando de los ejércitos reales, derrotó a sus desmoralizadas tropas en la batalla de Chupas, el 16 de septiembre de 1542. Almagro el Mozo fue capturado poco después y ejecutado en Cuzco.

 

LA CONQUISTA DE ECUADOR, COLOMBIA y VENEZUELA

 

Ecuador fue conquistado por el inca Huayna Capac en 1475 a los caras. Fue descubierto por Francisco Pizarro en 1524 y conquistado en 1526.

Sebastián de Belalcázar o Sebastián de Benalcázar fue el fundador de las ciudades sudamericanas de Guayaquil, Quito, Popayán y Cali.

Viajó en la expedición encabezada por Pedro Arias Dávila a la región del Darién (Castilla del Oro), situada en Tierra Firme. En 1532 vendió todo lo que tenía en la zona de Panamá y se unió a Francisco Pizarro para la conquista del Perú.

En 1533 organizó la conquista del reino de Quito y en 1534 fundó San Francisco de Quito. Un año más tarde, hizo lo propio con Santiago de Guayaquil. En 1536 emprendió una expedición en busca de El Dorado, durante la cual fundó las ciudades de Cali y Popayán (Colombia). Llegó, junto con otros conquistadores, a la recién fundada Santa Fe de Bogotá.

Tuvo que enfrentarse a Jorge Robledo, antiguo teniente suyo, que pretendía la posesión de las tierras conquistadas en Antioquia (Colombia). Vencido Robledo, Belalcázar le condenó a muerte. Poco después recibió una requisitoria que solicitaba su propio procesamiento al acusarle tanto de los abusos cometidos por sus subordinados como de la muerte de Robledo.

Gonzalo Jiménez de Quesada (1509-1579), abogado, literato y conquistador español, fundador de Santa Fe de Bogotá.  Se alistó en la expedición de Pedro Fernández de Lugo con destino a Santa Marta (Colombia), donde llegó en 1536. Partió de Santa Marta con 600 soldados y plenos poderes del gobernador para explorar el río Magdalena, en busca del rico Perú. Tras incontables penalidades, llegó a la planicie de Cundinamarca, que bautizó con el nombre de Nuevo Reino de Granada, y fundó el 6 de agosto de 1538 la ciudad de Santafé de Bogotá.

En 1538 Nicolás Federmann, alemán al servicio de los banqueros Welser de Augsburgo, saliendo de Venezuela penetró en la meseta de Bogotá buscando el mítico Eldorado, el país del oro. Allí coincidió con otras dos expediciones que perseguían el mismo objetivo: la de Sebastián de Banalcázar, conquistador de Ecuador (1536), y la de Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de Santa Fe de Bogotá (1538). Cada cual de ellos se atribuía la conquista del territorio. Pero incapaces de llegar a un acuerdo entre sí, no repitieron los sangrientos enfrentamientos de Centroamérica y aceptaron que el Consejo de Indias resolviese el pleito. Éste acordó la fundación de una nueva Audiencia, la de Santa Fe de Bogotá (1546), con jurisdicción sobre las zonas de procedencia de Federmann, Benalcázar y Jiménez de Quesada.

Hernán Pérez de Quesada, hermano Gonzalo Jiménez de Quesada, arriba a Santa Marta (Colombia) en 1536. Un año después, su hermano Gonzalo bautizó como Nuevo Reino de Granada los territorios de la planicie de Cundinamarca y, en 1539, lo designó gobernador interino de los mismos. Recorrió el río Cauca en busca de El Dorado (1541), descubriendo los actuales departamentos colombianos de Caquetá y Putumayo.

Pedro de Heredia fundó en 1533 Cartagena de Indias (Colombia). Hidalgo de nacimiento, por pendenciero debió salir de España y se estableció en La Española. Obtuvo la gobernación de la Nueva Andalucía (actuales departamentos de Antioquia, Tolima y parte del Chocó) y la autorización para conquistar territorios. Emprendió el viaje acompañado de 150 hombres y llegó a la bahía de Cartagena, donde combatió a los nativos hasta vencerlos y fundó la ciudad de Cartagena de Indias.

Alonso de Ojeda y Américo Vespucio exploran en 1499 unos territorios en las costas del Caribe, a los que Ojeda da el nombre de Venezuela (pequeña Venecia). El emperador Carlos V había contraído una gran deuda con los banqueros extranjeros (Fúcares: Fugger y Balsares: Welser) a partir de los gastos enormes para la elección como emperador de Alemania (contra Francisco I). Para pagar estas deudas a sus acreedores, les cede Venezuela a los banqueros de Augsburgo, Welser, que mandaron a las tierras americanas a Alfinger, Federman y Spira y sus soldados entre 1528 y 1556.

 

LA CONQUISTA DE CHILE, BUENOS AIRES, ASUNCIÓN

 

Desde el Perú, Diego de Almagro, el compañero y socio de Francisco Pizarro, intentó superar la cadena de los Andes y pasar a Chile, defendido por los indomables araucanos. Sólo consiguió descubrir la ruta andina de aquella empresa que parecía imposible. Pero unos años más tarde, consumaría Pedro de Valdivia y García de Mendoza, tras sostener una guerra cruenta con los araucanos.

En 1539, tras obtener de Francisco Pizarro la autorización así como el título de teniente gobernador de Chile, Pedro de Valdivia inició los preparativos de la expedición, que partió de Cuzco a mediados de enero de 1540. Una vez atravesado el desierto de Atacama, Valdivia tomó posesión de la tierra en el valle del río Copiapó, región que fue bautizada como Nueva Extremadura.

Valdivia volvió al Perú, donde luchó en el bando realista frente a Gonzalo Pizarro, quien resultó derrotado y muerto. En recompensa, le fue reconocido en nombre del emperador Carlos V el cargo de gobernador y capitán general de Nueva Extremadura.

Al querer avanzar hacia los confines meridionales de Chile, Valdivia encontró encarnizada resistencia por parte de los araucanos, quienes, encabezados por los caudillos Caupolicán y Lautaro, hicieron frente y asesinaron a Valdivia en Tucapel, el 25 de diciembre de 1553, hechos que recogió Alonso de Ercilla en La Araucana, una de las obras más destacadas de la épica castellana.

El Río de la Plata, explorado primero por Solís, fue dominado por Pedro de Mendoza. En 1534, Mendoza firmó en Toledo la capitulación que le permitía conquistar y poblar todas las tierras comprendidas entre el paralelo 25º y el 36º. Designado primer adelantado, gobernador y capitán general de las tierras conquistadas en las regiones del Plata, Mendoza se puso al frente de una expedición cuyo objetivo principal era contrarrestar los avances portugueses en el Río de la Plata.

En 1535 fondeó en el estuario del Plata y fundó el fuerte de Santa María del Buen Aire, nombre que se transformaría con el tiempo en el de Buenos Aires. Tras salir hacia Brasil en busca de alimentos para sus hombres, los indios aniquilan la ciudad.

Una segunda expedición, bajo el mando de Juan de Ayolas, remontó el río Paraná y fundó el fuerte de Corpus Christi. Desde allí se dirigió, siguiendo el curso del río Paraguay, hacia la casi mítica sierra de la Plata. En 1537 fundó el fuerte de Candelaria, donde dejó como lugarteniente a Domingo Martínez de Irala. En su búsqueda de una vía de comunicación con el Perú, reanudó la expedición hasta llegar a las cercanías de los Andes (Alto Perú, o región de Charcas) y cruzar por vez primera la región del Chaco, tras lo cual regresó al fuerte de Candelaria (que encontró abandonado). Allí falleció tras un ataque de los indígenas.

En 1537, Juan Salazar de Espinosa, un lugarteniente de la expedición dirigida por el conquistador y colonizador español Pedro de Mendoza, primer adelantado del Río de la Plata, funda la ciudad de Nuestra Señora de la Asunción. Salazar llamó a la ciudad Asunción debido a que el 15 de agosto es la onomástica de la Asunción de la Virgen María.

 

DESCUBRIMIENTO DEL RÍO AMAZONAS

 

La región del delta de Amazonas pudo haber sido descubierta por Vicente Yáñez Pinzón en 1500, pero la exploración no se inició hasta 1540-1541, cuando una expedición dirigida por Francisco de Orellana empezó el descenso del río Napo, en lo que hoy es Ecuador, y alcanzó el océano Atlántico.

La exploración del Amazonas fue iniciada por Gonzalo Pizarro, que partió en busca del País de la Canela y Eldorado en 1540. Fracasó con su expedición y, hambriento, regresó a Quito. Un miembro de su expedición, Francisco de Orellana, se separó de Pizarro en busca de víveres. Construyó con sus hombres un bergantín, descendió por el curso de varios ríos hasta desembocar en un enorme río, que llamó río Grande, pronto rebautizado como río de las Amazonas; al parecer, por el grupo de mujeres indias que atacó a las naves, hiriendo a algunos tripulantes. Otros dicen que no eran indias, sino indios, pero como llevaban el pelo largo y no tenía pechos, los españoles los identificaron con las amazonas de las literatura clásica (que eran hábiles en el manejo del arco y se cortaban un pecho para poder apoyar mejor el arco al disparar). Según otros estudiosos, el nombre dado al río Amazonas deriva de la palabra india amassona, que significa barco destruido.

Entre los tripulantes de la expedición de Orellana, viajaba el dominico fray Gaspar de Carvajal, cuya Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande de las Amazonas constituye la crónica del viaje.

Pedro Teixeira fue el responsable del primer viaje corriente arriba; entre octubre de 1637 y agosto de 1638 ascendió por el Amazonas hasta las fuentes del río Napo y cruzó los Andes hasta Quito, en Ecuador. Más tarde, volvió por la misma ruta.

 

LA CONQUISTA DE FLORIDA, CALIFORNIA y TEXAS

 

La colonización en lugares de difícil acceso o incluso deshabitados se llevó adelante, aunque fuera con elevado costo, cuando el valor estratégico o económico del lugar justificaban el esfuerzo. Buscando riquezas, los conquistadores se guiaron por la información proporcionada por los nativos y se dirigieron a los lugares donde se encontraban las civilizaciones más ricas y desarrolladas. Cuando los nativos eran nómadas, o vivían bajo una economía de subsistencia y una cultura poco desarrollada, la colonización fracasó muy pronto.  Por este motivo, la fachada atlántica del continente americano se colonizó sólo en parte, muy tardíamente y con poco éxito.

La fundación de San Agustín (en la actual Florida) por los españoles, en 1565, marcó el inicio de la colonización europea dentro de las actuales fronteras estadounidenses.

Florida se descubrió pronto (1513) y se intentó años más tarde recorrer y conquistar de nuevo (1519-1520 y 1526-1528). Juan Ponce de León exploró la costa del estado en el año 1513 en busca de la mítica fuente de la juventud. Más tarde, Pánfilo de Narváez, en 1528, y Hernando de Soto, entre 1539 y 1540, descubrieron que Florida era una península y no una gran isla.

En 1562, Jean Ribaut dirigió un grupo de hugonotes a Florida, reclamó el nuevo territorio para Francia y se desplazó entonces hacia Carolina del Sur. Ribaut regresó a Florida en 1565, donde fue capturado, junto con otro grupo de hugonotes, y ejecutado en Fort Caroline por las fuerzas españolas al mando de Pedro Menéndez de Avilés. Después, en el mismo año, Menéndez fundó en San Agustín la colonia estable más antigua de los Estados Unidos.

Los españoles sufrieron muchas dificultades para mantener Florida y, al final de la guerra de los Siete Años (1763), cedieron Florida a Gran Bretaña. En 1779, los españoles invadieron la Florida occidental. España recuperó Florida por medio del Tratado de París en 1783. En 1810, los Estados Unidos demandaron Florida occidental como parte de la compra de Luisiana, efectuada en 1803. España entregó Florida a los Estados Unidos tras la firma del Tratado de Adams-Onís de 1819.

California fue explorada por Juan Rodrigues Cabrillo explorar el norte, convirtiéndose en el primer europeo que exploró lo que hoy día es el estado de California. Hernán Cortés ya había hecho los primeros intentos de colonizar California. Sebastián Vizcaíno recorrió toda la costa californiana en los años 1602 y 1603. En 1769 la expedición encabezada por Gaspar de Portolá y fray Junípero Serra fundó San Diego. San Francisco fue fundado en 1776. Los españoles mantuvieron un precario control sobre California hasta 1822, año en el que pasó a formar parte de México, ya independiente.

El periodo mexicano (1822-1846) fue una época de transición del dominio español al estadounidense. En 1848 México cedió California a Estados Unidos mediante el Tratado de Guadalupe Hidalgo.

Texas: Álvaro Núñez Cabeza de Vaca fue uno de los cuatro españoles que naufragaron en las costas de Texas, vagaron durante ocho años por tierras desconocidas hasta alcanzar la Nueva España (México). Estos cuatro náufragos vivieron varios años entre los indios karankawa.

Francisco Vázquez de Coronado exploró las altas llanuras de Texas, desde las proximidades del actual Lubbock hasta llegar a Kansas, en el norte, en 1539. Estas expediciones sentaron las bases del dominio español en Texas, que formó parte del virreinato de Nueva España a partir del siglo XVI.