La búsqueda americana

Sergio Aguayo Quezada

EL PAÍS – Opinión - 01-12-2005

Las imprudencias de Vicente Fox y las impertinencias de Hugo Chávez son la hojarasca, el fuego fatuo, que quita atención a las fracturas que recorren un continente, el americano, que sigue buscando fórmulas para enfrentar los problemas ancestrales y combatir la desesperanza. Es una búsqueda que incluye el papel de Estados Unidos, una superpotencia a la que, al menos por ahora, se le agotaron las propuestas.

La pelea entre Fox y Chávez ha sido un retroceso a la época de las repúblicas bananeras. Al mexicano se le acusa de actuar por encargo estadunidense aunque también es muy probable que su ofensiva contra Chávez tuviera un factor electoral. Fox y su partido (Acción Nacional) están empeñados en equiparar al candidato mexicano de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, con Chávez para, de esa manera, descalificarlo ante una parte del electorado mexicano. El venezolano respondió elevando la intensidad de la voz y el adjetivo porque ese es su estilo y porque también anda en campaña: quiere convertirse en el líder de las masas desposeídas del continente y en el articulador de una rebelión contra la potencia hemisférica.

La mayor parte de América Latina vive bajo el agobio de la pobreza, el desempleo, la inseguridad, la degradación ambiental y la violación de derechos. América Latina experimenta con soluciones en las que, excluyendo a Cuba, se acepta la democracia electoral, pero se debate el lugar que deberá tener la democracia participativa; se asume la economía de mercado, pero se discute el papel regulador del Estado; se reconoce lo inevitable de la globalización pero hay desacuerdo sobre la forma como ésta debe darse. Ante este complejísimo proceso Washington se ha quedado sin propuestas.

El discurso de George W. Bush del 6 de noviembre en Brasilia mostró el desconcierto estadunidense hacia la región. En la capital del gigante sudamericano Bush lanzó un mensaje vacío de contenido que ignora la historia y el momento que vive una región inquieta. Bush se instaló en el atril del maestro que, para educar a los párvulos, les muestra un mapa bicolor y les pide que elijan entre los "buenos" (Estados Unidos) y los "malos" (Chávez y Castro). El esquematismo de la Guerra Fría encierra una exigencia absurda porque esta es una época en la que predominan los matices del gris.

El discurso también está impregnado de arrogancia y mañas porque Bush ignoró a los latinoamericanos que esperarían un mea culpa de la potencia. En su discurso, Bush repudió a las dictaduras militares pero se olvidó del papel central jugado por Estados Unidos. Ante la nula autocrítica y porque el recuerdo sigue ahí, las víctimas de la represión, o quienes lo recuerdan, salieron a las calles para unirse a los inconformes con la globalización en las manifestaciones que se dieron en Argentina y Brasil.

Bush también exaltó la economía de mercado y el libre comercio pasando por alto que a partir de los años ochenta América Latina ha seguido, con entusiasmo o resignación, las reformas estructurales propuestas e impuestas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. A excepción de algunos países los resultados de estas décadas de ortodoxia han sido negativos. El crecimiento más sostenido lo han tenido la pobreza, la desigualdad y la inseguridad. El 43% de los latinoamericanos viven con menos de 1,5 euros al día y hay un éxodo masivo hacia las economías industrializadas.

En la búsqueda de soluciones hay que subrayar un cambio en los métodos. Hace relativamente poco tiempo en América Latina abundaban los golpes de Estado; actualmente los cambios de gobierno se dan pacíficamente en las urnas. El domingo 27 de noviembre se inició en Honduras un año que puede cambiar los equilibrios regionales porque una docena de países elegirán presidente: Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Haití, México, Nicaragua, Perú y Venezuela. Los y las candidatos son parte de un mural en el que aparecen populistas de derecha e izquierda, socialdemócratas, comunistas, ex guerrilleros, democratacristianos, neoliberales pro-estadunidenses, corruptos y demagogos.

Aunque es imposible anticipar quiénes triunfarán hay certidumbre de que se intensificará la experimentación con la democracia participativa, con el papel del Estado en la economía y con las formas de inserción en la globalidad. El proceso es inevitable por la presión de esa parte del continente a la que se le agotó la paciencia y porque los márgenes externos se han ampliado considerablemente ante los titubeos de Estados Unidos que, paradójicamente, en parte tienen que ver con las limitaciones impuestas por la democracia electoral. Ello explica el aumento en la importancia y el número de los gobiernos que ponen distancia frente a Washington para "nacionalizar la globalización" (el término es del economista mexicano Carlos Tello).

Es novedoso que Washington esté cada vez más limitado por la democracia electoral. En 1973 la potencia orquestó un golpe de Estado militar contra el socialista Salvador Allende electo en las urnas. Ahora tienen que aceptar que a través del voto lleguen gobiernos de izquierda que ensayan diversas modalidades de participación democrática, que sacan del armario las ideas de un Estado regulador y que lo retan abiertamente en su propuesta de libre comercio.

Se vienen años de revisión de los modelos seguidos por América Latina en las últimas décadas, de reestructuración de la arquitectura institucional y de movilizaciones ciudadanas que afectarán la forma como se hace política en el hemisferio occidental. Etapa difícil y promisoria en la que un buen número de miradas se dirigirán a las regiones que, como Europa, están en constante renovación. Al mismo tiempo Bush visitó el Cono Sur para confirmar que al menos por ahora la potencia está anquilosada y es incapaz de captar las inquietudes y efervescencias que agitan América Latina.

Sergio Aguayo Quezada es profesor de El Colegio de México.

 


 

La ONU revisa la salud de la democracia en Latinoamérica

FRANCESC RELEA - México

ELPAIS.es - 02-12-2005

Naciones Unidas revisa el concepto y la salud de la democracia en América Latina. El proceso de reforma interna del organismo internacional afectará al papel de la ONU en la región, según coincidieron varios funcionarios reunidos la pasada semana en México, en la conferencia anual del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en América Latina. La reunión fue también la despedida de Elena Martínez, directora regional para América Latina y el Caribe del PNUD, que deja el cargo después de seis años y medio para integrarse a la secretaría general de las cumbres iberoamericanas, que encabeza Enrique Iglesias. Cambio de residencia —de Nueva York a Madrid— y cambio de trabajo para esta cubana, que ha dedicado 30 años de su vida a la ONU.

Las tesis de la Administración estadounidense, de sobra conocidas desde la invasión de Irak, chocan con los conceptos de democracia social y democracia ciudadana que el PNUD ha puesto en vigor con el informe de 1.000 páginas sobre La Democracia en América Latina, publicado hace un año y medio.

El debate alcanza de lleno a Venezuela y Bolivia, los dos países en el punto de mira de Estados Unidos y que Naciones Unidas, como acto reflejo, observa con mayor atención. “Bolivia es el país de mayor riesgo en materia de preservación de la democracia”, opina el responsable de una oficina regional. El riesgo ya no lo provoca la amenaza de un golpe militar, sino determinados movimientos sociales que desbordan su cauce de representación, añade. El fenómeno se produjo en naciones de bajo nivel institucional como Bolivia, con el derrocamiento del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, y Ecuador, con la caída del presidente Lucio Gutiérrez; pero también en democracias aparentemente más vertebradas como la argentina. El presidente Fernando de la Rúa dimitió en diciembre de 2001 después de ruidosas protestas callejeras y una oleada de saqueos a comercios en zonas pobres de Buenos Aires.

Elena Martínez no oculta su preocupación ante las inminentes elecciones presidenciales en Bolivia por la incertidumbre de sus consecuencias. Ninguno de los dos candidatos favoritos, el líder cocalero Evo Morales y el ex presidente Jorge Tuto Quiroga, obtendrá la mayoría necesaria para gobernar con comodidad, según todas las encuestas. En este escenario, “Bolivia puede enfrentarse a un problema serio de gobernabilidad”, estima Martínez.

El informe del PNUD pone el énfasis en lo que denomina democracia de ciudadanía por encima de la democracia electoral. “El actor fundamental no es el votante”, advierte Martínez. “Para tener una democracia sostenible, el centro de atención tiene que ser el ciudadano”.

La pobreza, la desigualdad y la construcción de una ciudadanía civil son cuestiones pendientes en América Latina, en opinión del PNUD. En este listado de carencias hay que subrayar el empleo —“seis de cada 10 empleos son informales”—, donde la falta de protección social es moneda común.

En términos generales, el informe sobre la democracia ha sido bien recibido por los actores de la región. No puede decirse lo mismo en otras partes del mundo, especialmente en Estados Unidos, donde académicos y centros de pensamiento (los llamados think-tanks) no concuerdan con la definición de democracia ni con la importancia que el informe del PNUD otorga a la ciudadanía social.

El Gobierno no se ha pronunciado —“el que calla otorga”, subraya Elena Martínez—, aunque hay una línea de pensamiento en EE UU, avalada por la Administración de George W. Bush, que sostiene que “no se le puede pedir a la democracia que resuelva los problemas de la pobreza”. Frente a esta tesis, Naciones Unidas advierte de que la consolidación de la democracia obliga a tener en cuenta la especificidad de América Latina, concretamente la dimensión social.

La directora regional del PNUD recuerda algunas de las iniciativas de los últimos tiempos, como el “diálogo democrático”. “Nuestros poderes legislativos”, observa, “no siempre cumplen las expectativas de la ciudadanía. En momentos de crisis política, se crearon procesos paralelos de diálogo. Por ejemplo, en Argentina, donde pusimos en marcha cuatro mesas de diálogo, de donde salió un gran programa de transferencia de subsidios a madres jefas de hogar y familias que cayeron bajo la línea de pobreza a raíz de la grave crisis económica de 2001”.

El Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo aprobaron recursos muy importantes para financiar aquella iniciativa.