LA LEYENDA NEGRA y LA LEYENDA ROSA


LA LEYENDA NEGRA

Se designa así a la corriente de opinión antiespañola que se desató en Europa durante los siglos XVI-XVII. Comenzó siendo una crítica a los abusos cometidos en la conquista de América y derivó luego hacia una crítica general del imperialismo español, en particular de la política de Felipe II.

 

«La leyenda negra es un término inventado por Julián Juderías, un funcionario del Ministerio de Estado, colaborador del Instituto de Reformas Sociales, más tarde académico de la Historia, que en un concurso literario celebrado en 1913 presentó un libro, que sería premiado, con el título: La Leyenda negra y la verdad histórica. Un año más tarde el libro se publicaría, con el título más restringido de La Leyenda negra. Juderías definía así la Leyenda negra:

“Por leyenda negra entendemos el ambiente creado por los fantásticos relatos que acerca de nuestra patria han visto la luz pública en todos los países, las descripciones grotescas que se han hecho siempre del carácter de los españoles como individuos y como colectividad, la negación o por lo menos la ignorancia sistemática de cuanto es favorable y hermoso en diversas manifestaciones de la cultura y el arte, las acusaciones que en todo tiempo se han lanzado contra España, fundándose para ellos en hechos exagerados, mal interpretados o falsos en su totalidad.”

Aquí no están mis juicios de valor al respecto porque parto de un principio: la idea de que no ha existido la mítica leyenda negra en tanto que no ha habido, a nuestro juicio, esa crítica negativa sistemática, feroz, unánime, intencionadamente destructiva hacia España o los españoles. [...] En situaciones de crisis, en España se ha tendido claramente al ensimismamiento y de ahí a un extraño complejo de persecución, un síndrome de ansiedad depresiva que incluso algunos psiquiatras han intentado explicar psicotapológicamente (López Ibor: El español y su complejo de inferioridad. Madrid, 1951). [...]

El contenido de la llamada leyenda negra debe matizarse separando el conjunto de opiniones negativas vertidas sobre España en función de la labor española en América de las que inciden específicamente en la valoración de la política, la cultura o el carácter españoles. En el primer caso, “la leyenda negra americana”, lo que se plantea es el debate en torno a la valoración del régimen colonial español, sus presuntas especificidades en comparación con otros colonialismos; en el segundo caso, el trasfondo de la cuestión no es otro que el problema de la inserción de España en Europa, su papel, sus posibles aportaciones.

Por otra parte, no solo existe crítica negativa hacia España, también la hay apologética, que merecería, obviamente, el nombre de leyenda rosa. Ambas (leyenda negra y leyenda rosa) se insertan en las guerras de opinión que es establecen entre los distintos protagonistas de la escena histórica mundial. [...]

Contenciosos históricos o rivalidades coyunturales han agriado la imagen de tal o cual país por parte de sus vecinos. Las críticas negativas sobre España, unas veces cargadas ciertamente de malevolencia despectiva, otras, expresión de banales y estúpidos tópicos, son la derivación de muchos factores: desde nuestro aislamiento histórico generador de ignorancias y desconocimientos recíprocos a la prepotencia de una época –los siglos XVI y XVII– en que la hegemonía española en Europa provocó no pocas envidias y resentimientos. [...]

Si en el siglo XVI la hegemonía imperial española suscitó críticas de carácter esencialmente político-religioso en los siglos XVII y XVIII, la agresividad europea hacia España se proyectó hacia la antropología –el carácter español– y en el siglo XIX la imagen española en Europa se frivoliza y las viejas acusaciones se acaban diluyendo en tópicos andalucistas muchas veces delirantes. Las críticas también varían según los países. [...]

Hacia 1540, el modelo político diseñado por los erasmistas consejeros de Carlos V de una Europa identificada con el principio de la Humanitas cristiana regulada por el Emperador –el Diálogo de Mercurio y Carón de Alfonso de Valdés constituirá una de las obras más definitorias de este modelo– está en crisis. La escalada protestante y las primeras agitaciones sociales del Estado moderno junto al progresivo avance de las conciencias nacionales, condenaron la idea imperial y europeísta al fracaso. [...]

La Europa renacentista sería ahogada por la irrupción de las nacionalidades, unas nacionalidades que, en buena parte, alimentarán su identidad en función de la propia competencia con los demás. La verdad es que en la guerra de opinión que suscitó el surgimiento de las nacionalidades, España nunca hizo gala de una actitud particularmente receptiva a lo foráneo.

No ha sido precisamente demasiado integradora la actitud española hacia los elementos extraños. Por lo pronto se condenó a judíos y moriscos, tan españoles como los cristianos viejos, al extrañamiento con la represión y la expulsión como último acto de liquidación del problema racial-religioso que fue conceptualizado como nacional. El concepto reduccionista nacional católico de España pasaba por la descalificación histórico-nacional de los otros, los no cristianos.» [García Cárcel, Ricardo: La leyenda negra. Historia y opinión. Madrid: Alianza, 1992, p. 13-22]

Las fuentes clásicas de la leyenda negra

La política de los Habsburgo para enfrentarse a los rebeldes de Flandes o la conquista y colonización de América, así como la figura de Felipe II, considerado como un tirano rencoroso y criminal de Estado.

Casiodoro de Reyna, alias Reginaldo González Montano, alias Raimundo González de Montes (1520-1594): Exposición de algunas mañas de la Santa Inquisición española (1567). La obra fue escrita en latín y publicada por primera vez en Heidelberg: Sanctae Inquisitionis hispanicae artes aliquot detectae ac palam traductae… Addidimus appendicis vice piorum quorumdam martyrum Christi elogia qui… inquisitores eos suis artibus perfidiae ac defectionis infamarint. Reginaldo Gonsalvio Montano authore (1567).

La identidad de González Montano sigue siendo un misterio. Podría tratarse de un monje jerónimo perteneciente al convento sevillano de San Isidro del Campo. Acusado de difundir las ideas luteranas y exiliado en 1557, fue llamado "heresiarca" o "maestro de herejes" en el Auto de Fe de Sevilla, el día 23 abril de 1562.

John Foxe (1516-1587): El libro de los mártires (1554). John Foxe era un exiliado de la Inglaterra de María Tudor en Holanda. La obra original lleva el título en ingles Acts and Monuments, comúnmente conocida como El libro de los mártires. Foxe subraya la indefensión jurídica de los acusados y critica a los inquisodores que, bajo el manto de la religión, no buscan más que su lucro privado. Los españoles son pintados como víctimas de la Inquisición, para él el gran “malo” es el Papa.

Guillermo de Orange-Nassau el Taciturno, príncipe de Orange (1533-1584): Apología (1580). La política de Felipe II en los Países Bajos llevó a que Guillermo organizara un fuerte movimiento contra la opresión española. Fue líder de la Revuelta de los Países Bajos y escribió una serie de panfletos contra Felipe II, el más famoso es Apologie ou Defense du trés ilustre Prince Guillaume, en el que se basó la Leyenda Negra contra España. Gruillermo de Orange acusa a Felipe II de bígamo, del asesinato de su propio hijo, el príncipe don Carlos, y de su mujer, Isabel de Valois, así como de tirano, adúltero e incestuoso. Guillermo de Orange fue el padre de la patria holandesa y enemigo declarado del rey español Felipe II.

Antonio Pérez (1540-1611): Relaciones (1594), obra publicada en español en Londres bajo el seudónimo de Rafael Pelegrino. Era un alegato personal contra Felipe II, al que ve culpable en asuntos tales como el asesinato de Escobedo, secretario personal de don Juan de Austria. A Felipe II se le atribuían los defectos de orgullo, crueldad, lascivia e incluso el de estar “contaminado” por la sangre judía o mora. A medida que el poder español penetraba en Europa, se extendía con él también la leyenda negra. Por las Relaciones de Pérez se deduce la culpabilidad del rey en asuntos tales como el asesinato de Escobedo, secretario personal de don Juan de Austria, al que el mismo Antonio Pérez había hecho quedar a los ojos del rey como un traidor que en realidad Escobedo nunca fue.

A todo esto hay que añadir los hechos protagonizados por el Duque de Alba (1507-1582) durante la época en que fue gobernador de Flandes, quien dedicó sus esfuerzos a aplicar medidas represivas y crueles, como la instauración del sangriento Tribunal de los Tumultos, que en seis años condenó a muerte a más de mil personas, entre las que se encontraban los populares condes de Egmont y Horn, inmortalizados por Beethoven en la obertura Egmont como símbolo de libertad.

Con el tiempo se produjo el fenómeno contrario, la interpretación de la historia de España y de la política de Felipe II como una especie de Edad de Oro.

Fray Bartolomé de las Casas (1484-1566): Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1578). De las Casas ha sido considerado tradicionalmente el padre de la leyenda negra americana. Participó en la conquista de Cuba en 1512. En 1514 dejó sus actividades como encomendero por la impresión que le dejó la matanza de los indios de Caonao y el suplicio al que fue sometido el cacique Hatuey. Desde entonces empezó a ocuparse de la defensa de los indios. Vuelto a España, se entrevistó con el Rey Católico poco antes de la muerte de éste. En 1522 ingresa en la orden de los dominicos. Logró el apoyo del cardenal Cisneros (regente desde 1516) para llevar a cabo alternativas al régimen colonial español en América. Al mismo tiempo, escribía sus obras: Historia General de las Indias (1527-1562), Apologética Historia y su obra más conocida Brevísima relación de la destrucción de las Indias, escrita antes de ser nombrado obispo de Chiapas y antes de su polémica jurídica con Ginés de Sepúlveda. La Brevísima relación la escribió en respuesta a la Historia general y natural de las Indias (1535) de Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557). La obra de Bartolomé de las Casas fue prohibida por la Inquisición en 1660 “por decir cosas muy terribles y fieras de los soldados españoles que, aunque fueran verdad, bastaba representarlas al Rey o a sus ministros y no publicarlas, pues de ahí los extranjeros toman argumentos para llamar a los españoles crueles y fieros”, en palabras del censor jesuita Minguijón.

“Las Casas no es un personaje aislado. Su obra se inserta en el complejo debate de la valoración que merecieron a los españoles los indios americanos, el debate entre indigenistas y colonialistas. Bastantes años antes de la obra de Las Casas el indigenismo está presente en muchos textos. [...] El problema religioso –la cuestión de la supuesta idolatría, su condición de paganos–, con la conquista de México y Perú dio paso a la cuestión político-jurídica: la legitimidad de la guerra de conquista y la esclavitud de indios, en la que jugarían protagonismo fundamental Las Casas y Ginés de Sepúlveda y que empieza con el célebre debate de Valladolid de 1550-1551, la disputa que prolonga las primeras discusiones de las Juntas de Burgos sobre la legitimidad de la soberanía española en Indias.

La ambigüedad del P. Vitoria en sus Relaciones (1538) (reconoce a los indios la condición de sujetos de derecho sustituyendo el principio de cristiandad por el de comunidad internacional y rechazando la autoridad papal para autorizar guerras, pero al mismo tiempo legitima la guerra defensiva contra los indios) relanzará el debate que se va a proyectar hacia la legitimidad de la guerra y la esclavitud de los indios.” [García Cárcel, Ricardo: La leyenda negra. Historia y opinión. Madrid: Alianza, 1992, p. 228-229]

“Leyenda negra, peculiar distorsión de la historia española, llevada a cabo con el objeto de descalificar las actitudes políticas de la Monarquía Hispánica en la época durante la cual era una de las mayores potencias mundiales.

Julián Juderías, en un libro ya clásico, La leyenda negra y la verdad histórica, que escribió en 1914 y del cual parte el término, definía la leyenda negra como “el ambiente creado por los relatos fantásticos que acerca de nuestra patria han visto la luz pública en todos los países, las descripciones grotescas que se han hecho siempre del carácter de los españoles como individuos y colectividad, la negación o por lo menos la ignorancia sistemática de cuanto es favorable y hermoso en las diversas manifestaciones de la cultura y del arte, las acusaciones que en todo tiempo se han lanzado contra España”.

En el triunfo de la leyenda negra han coincidido varios hechos: en primer lugar, la ignorancia y hasta la mala fe de cuantos han asignado a los españoles adjetivos muy duros y humillantes, tales como holgazanes, cobardes, torpes, lujuriosos, incultos y ultramontanos. Tampoco debe perderse de vista la gran credulidad por parte del pueblo ignorante capaz de creerse todo lo que otros han propagado, aunque sea absurdo. Y por último, el victimismo de los propios españoles al defender que Europa siempre ha despreciado y vilipendiado a España.

Aunque el término nació en 1914, la leyenda negra empezó a convertirse en un instrumento útil de propaganda antiespañola desde finales del siglo XVI. La leyenda negra tiene varias ramas o capítulos: así, se puede hablar de una leyenda negra en Italia. Otra rama de la leyenda negra tiene su raíz en los Países Bajos, ya que los patriotas holandeses publicaron todo tipo de panfletos con el fin de desprestigiar a los que consideraban invasores, desde Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba, hasta los monarcas españoles. El padre de la patria holandesa y enemigo declarado del rey español Felipe II, Guillermo de Orange-Nassau, escribió lo que vulgarmente se conoce como Apología de Orange, en la que atacaba sin contemplaciones al gobierno de la Monarquía Hispánica. La actividad de la Inquisición se convirtió en un objeto inagotable a la hora de difundir panfletos antiespañoles. Otro foco importante de la leyenda negra fue Inglaterra, desde donde sus reyes, sobre todo Isabel I, apoyaron constantemente todo lo que podía debilitar a su gran enemiga España. Francia, rival durante siglos de España, fue otro atizador de la leyenda negra. En 1590 aparecía un opúsculo titulado Antiespañol en que se trataba muy mal a todo lo hispano. Lo que en Francia se dijo durante el siglo XVI continuó en el siglo XVII y en el XVIII.

Ahora bien, el gran pilar de la leyenda negra se encuentra en lo relativo a la interpretación de la conquista de América, sobre todo en los textos del fraile dominico Bartolomé de Las Casas. Su obra Brevísima relación de la destrucción de las Indias, publicada en 1552, llena de apasionamiento y exageraciones, iba a servir en bandeja todo lo que necesitaban los cultivadores de la leyenda negra. Resulta significativo que esta obra lascasiana, cuando se reimprimió en los Países Bajos en 1620, se hizo con el siguiente título: Espejo de la tiranía española en que se trata de los actos sangrientos, escandalosos y horribles que han cometido los españoles en las Indias.” ["Leyenda negra." Microsoft® Encarta® 2009 [DVD]. Microsoft Corporation, 2008]

Brevísima relación de la destrucción de las Indias, obra del dominico español fray Bartolomé de Las Casas, escrita en 1539, dada a conocer al rey español Carlos I (emperador Carlos V) en 1542 y publicada por vez primera en Sevilla diez años después. Las Casas la redactó con el objeto de defender su actuación entre los indígenas americanos frente a los ataques vertidos por el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, entre otros. Se trata de una verdadera relación de todos los males que componían el sistema colonial implantado en las Indias, considerados por el dominico como una manifestación de la violencia y del despojo a que eran sometidos los originales pobladores de aquellos territorios. Denuncia el uso hecho por los españoles de la encomienda, institución en la cual Las Casas no ve sino una auténtica esclavitud de la población sometida. Aportando en algunos casos datos poco creíbles, aunque incluidos como parte de una trama expositiva convincente, el fraile obtuvo en noviembre de 1542 la firma regia de las denominadas Leyes Nuevas, que trataron de reducir la explotación de los indígenas por los conquistadores y colonos. La Brevísima relación fue el trabajo más divulgado de Las Casas, por ello también el más controvertido y, debido a su traducción a casi todas las lenguas europeas, sirvió como base fundamental para el nacimiento de lo que se dio en llamar la leyenda negra contra la Monarquía Hispánica, en especial en lo referido a su actuación en el continente americano.” ["Brevísima relación de la destrucción de las Indias." Microsoft® Encarta® 2009 [DVD]. Microsoft Corporation, 2008]

“Concepto o conjunto de ideas e informaciones sobre España y los hechos de su Historia, que desfiguran el carácter nacional, tanto individual como colectivo y pintan a España como un país cuya conducta constituye una lamentable excepción europea en punto a la tolerancia, la cultura y el progreso político.

La leyenda negra tuvo su origen en la enemiga suscitada por la hegemonía mundial española durante el periodo de los Austrias. Los hechos básicos fueron la expulsión de los judíos, la contrarreforma, las luchas en Flandes que produjeron notables libelos anti-españoles como la Apologie lanzada por el príncipe de Orange, Guillermo de Nassau en la que se calumniaba al rey Felipe II, y las difamaciones de algunos políticos descontentos que emigraron como Antonio Pérez, hijo del Secretario de Estado de aquel rey y más tarde heredero del cargo, que fue desterrado después de muy graves incidentes y prisiones, a los 52 años y que, en el extranjero, escribió panfletos contra España y conspiró con potencias extranjeras.

Felipe II fue el tema principal de la leyenda antiespañola y se le llamó demonio del Sur por algunos historiadores. Las relaciones del rey con su primogénico el príncipe Carlos, que sirvieron de motivo a un famoso drama de Schiller, Don Carlos, los matrimonios reales y los acontecimientos de la conquista de América, deformados tomando como base el libro escrito por el español Fray Bartolomé de las Casas, redondearon la leyenda negra.

En ella se acusa a España de oscurantismo, intolerancia religiosa tipificada en la Inquisición, ignorancia y atraso en las Ciencias y en las industrias, etc.

Actualmente la investigación histórica desapasionada ha desmentido la leyenda negra. Se reconoce el valor de la evangelización y colonización de América y el espíritu avanzado de las leyes que rigieron aquella empresa. También la figura del rey Felipe II ha sido perfilada con objetiva precisión, así como los sucesos de su reinado.” [Michel, R.-J. / López Sancho, L.: ABC de Civilización hispánica. París: Bordas, 1967, p. 227-228]


LA LEYENDA ROSA

No todo fueron críticas negativas desde el extranjero. Hasta los libelistas franceses más duros le reconocieron a España algunas cualidades. "La propaganda de la Liga fue favorable a España. El mismo Felipe II no tuvo pocos admiradores.

"Pero naturalmente las mejores defensas de lo hispánico parten de la propia España. La leyenda negra no puede entenderse sin su paralela leyenda rosa: la exaltación de los valores hispánicos que se hace desde la propia España.

La leyenda rosa va a proyectarse hacia la glosa devota de la monarquía y los propios apuntes narcisistas del esencialismo español y la exaltación retadora de la lengua y cultura hispánica. De lo primero, hay infinidad de testimonios. [...] Los historiadores se sumaron proonto a la apología de sus reyes. Guevara, Sepúlveda, Mexia, López de Gomara, Salazar, Ocampo... fueron cronistas oficiales del reinado de Carlos V y glosaron por tanto su política. Felipe II fue excelentemente juzgado por historiadores como Cabrera de Córdoba, Antonio de Herrera, Van der Hammen, Cervera de la Torre, Pérez de Herrera, Ginés de Sepúlveda, Fray Diego de Yepes, Baltasar Parreño... que contrapusieron al concepto de Demonio del Mediodía el del Rey Prudente. [...]

De la exaltación de la monarquía pronto se pasó al narcisismo esencialista. En medio del constante vaivén entre las presuntas misiones que cumplir y el pasado glorioso que evocar, se configurará poco a poco toda una doctrina que define las presuntas esencias hispánicas, unas esencias centradas básicamente en la religiosidad y el militarismo constante. La rebelión de los Países Bajos motivará una exaltación de las responsabilidades religiosas de los españoles de modo común en diversos tratadistas aunque la concepción de la estrategia en el trato a los flamencos fuera diferente entre sí. [García Cárcel, Ricardo: La leyenda negra. Historia y opinión. Madrid: Alianza, 1992, p. 104-105]

Algunos ejemplos de la visión de la conquista de América en los libros escolares de la época franquista en España:

Conquistadores y misioneros

La conquista de América fue una empresa dura y heroica. En ella se cubrieron de gloria numerosos españoles, pero entre todos sobresalen dos: Hernán Cortés y Pizarro.

Con un puñado de valientes, y venciendo dificultades sin cuento, Hernán Cortés conquistó Méjico para España y Pizarro el Perú.

Pero si grande es la obra de nuestros conquistadores, no lo es menos la de nuestros misioneros. Con una paciencia y un espíritu de sacrificio sin par en la Historia, nuestros frailes enseñaron a los indios a leer, escribir y rezar.

Nociones:

Hernán Cortés.- El extremeño Hernán Cortés con un puñado de valientes conquistó Méjico para España.

Pizarro.- D. Francisco Pizarro, también extremeño, con gran valor y decisión, conquistó el rico imperio del Perú.

Los misioneros.- Por expreso deseo de los reyes de España los misioneros acompañaban a los conquistadores y enseñaban a los indios a rezar, leer y escribir.

HERNÁN CORTÉS

Hernán Cortés, uno de los más célebres conquistadores de América, era robusto, gallardo, valiente: nada en el mundo le asustaba.

Con un puñado de valientes salió este gran hombre de la isla de Cuba con el fin de conquistar Méjico. Al llegar a este país tuvo un gesto heroico de destruir las naves que los habían transportado para que nadie pudiera volverse atrás.

Luchó encarnizadamente contra un enemigo muy superior en número, hizo prisionero al emperador azteca Moctezuma y, aunque se vio en grandes apuros, en la batalla de Otumba venció a un numerosísimo ejército de indios, y Méjico cayó en su poder.

Como premio, Carlos I le nombró Gobernador General de las tierras que había conquistado.

Ejercios: Copia caligráficamente:

Con instrumento rotundo

el imán y derrotero,

un vascongado, primero

dio la vuelta a todo el mundo.”

[Álvarez Pérez, Antonio: Enciclopedia. Intuitiva – Sintética – Práctica. Primer grado. Valladolid: Miñón, 1965, p. 209-210]

Colonización de América

La colonización española en aquellas tierras fue una empresa nacional, pues en ella participaron los Reyes, el pueblo y el clero. Los Reyes, lejos de explotar las colonias como si fueran un negocio, las consideraron como una parte del reino que había que evangelizar y civilizar. Ellos enviaron misioneros, ordenaron que se tratara a los indios como a hermanos y no autorizaron su esclavitud. Los misioneros, además de la doctrina cristiana, enseñaron a los indios el cultivo de la tierra, la lectura, escritura y otros conocimientos.

Sesenta años después del descubrimiento, había en América pueblos y ciudades con iglesias, escuelas, colegios y Universidades; se habían creado industrias, construido caminos y puertos, etc.

Enseñanza patriótica:

La colonización española en América fue una obra grandiosa. Así lo proclaman hoy veinte naciones de aquel Continente, a las que España dio cuanto tenía, que no era poco: fe católica, idioma, cultura.”

[Nueva enciclopedia escolar H. S. R. Iniciación profesional (doce-quince años). Burgos: Hijos de Santiago Rodríguez, 1954, p. 664-665 (cita de la 23.a edición: 1974]

La leyenda negra

Llamamos leyenda negra a la serie de calumnias e inexactitudes que algunos historiadores extranjeros escribieron sobre la Inquisición, sobre la obra de España en América y sobre Felipe II.

Según dichos historiadores, la Inquisición se caracterizó por su crueldad, la obra de España en América estuvo presidida por la crueldad y la codicia y Felipe II fue un rey tirano, vengativo, duro de corazón, etc.

Origen y desarrollo de la leyenda negra.

Varias causas dieron origen a la leyenda negra. La principal fue que España luchó durante los siglos XVI y XVII con casi todas las naciones importantes de Europa, como Francia, Inglaterra, Alemania y Holanda, lo cual despertó odios contra nuestro país e hizo que se formaran corrientes de opinión desfavorables al mismo.

La leyenda negra comenzó al iniciar Carlos I su lucha contra la Reforma protestante; fue creciendo en el reinado de Felipe II, y se completó en los siglos XVIII y XIX por obra de no pocos escritores.

Falsedad de la leyenda negra.

La falsedad de la leyenda negra se demuestra con datos históricos. Basta leer los escritores de los cronistas del tiempo de los Reyes Católicos, los documentos que figuran en los archivos y nuestras cristianísimas leyes de Indias y estudiar serenamente el reinado de Felipe II, para darse cuenta de que dicha leyenda es un conjunto de calumnias y exageraciones de los enemigos de nuestra Patria y de nuestra religión.

Así lo han reconocido modernamente numerosos historiadores extranjeros, como el inglés Walsh, autor de una magnífica biografía de Isabel la Católica, y otros autores ingleses y franceses.

La verdad sobre la Inquisición española.

La Inquisición española fue “un tribunal constituido por los hombres de más saber y de moralidad más depurada que había en Castilla, que eran entonces los dominicos” (Ramiro de Maeztu: Defensa de la Hispanidad). Se regía por reglas muy superiores a las que observaban los tribunales de aquella época en los demás países europeos. No fue siempre intolerante e intransigente, como han dicho sus detractores, y bien poco suponen sus autos de fe comparados con las persecuciones político-religiosas que ensangrentaron a Inglaterra, Francia, Suiza y Alemania en los siglos XVI y XVII.

La verdad sobre nuestra obra en América.

La conquista y colonización de América es la más grande epopeya española. El móvil principal que impulsó a nuestros reyes y marinos fue la cristianización y civilización de aquellas tribus, que vivían en la más grosera idolatría y sometidas a la más espantosa servidumbre. España dictó leyes protectoras de los indios; los redimió de la esclavitud; falanges de misioneros les enseñaron la doctrina de Cristo; se abrieron escuelas y universidades, y la raza aborigen, lejos de extinguirse, es hoy más numerosa que en los tiempos de la conquista.

La verdad sobre Felipe II.

Después de lo dicho al hacer la crítica de Felipe II, creemos nos baste agregar que los mismos historiadores extranjeros han tenido que reconocer que un “un soberano excepcionalmente bueno con los suyos, incluso con el príncipe don Carlos, dado al trabajo con absoluta abnegación, demasiado lento en adoptar resoluciones, pero hábil, sagaz, patriota y extremadamente religioso.”

[Nueva enciclopedia escolar H. S. R. Iniciación profesional (doce-quince años). Burgos: Hijos de Santiago Rodríguez, 1954, p. 668-669 (cita de la 23.a edición: 1974]

«La colonización, empresa del Estado

Y al mismo tiempo que la fe de Cristo, España llevaba a aquellas tierras todos los adelantos de la civilización.

Y es que para España, la colonización fue una empresa del Estado, de los reyes, que consideraban que el papa les había concedido aquellas tierras para convertirlas y civilizarlas. En cuanto los españoles llegaban a tierra nueva, al tomar posesión de ella, cuidaban de recordar esto solemnemente: que se ocupaba en nombre del rey, por autorización del papa y para esos fines altísimos. Esto se proclama en alta voz y en presencia de un notario. Parece un poco cándida toda esta ceremonia en medio de la soledad de los campos. Pero ella revela que había un programa y un pensamiento de conjunto que daba orden y unidad a toda aquella obra gigantesca de dominación.

Ni Inglaterra, ni Francia, ni Holanda colonizaron de este modo. La colonización era para ellos un negocio que concedían a una compañía. Una vez concedido, el Estado no tenía nada que ver en el asunto, y la compañía, naturalmente, lo que procuraba era sacar el mejor partido posible de la explotación que le habían concedido. En España, no; en España había toda una red de instituciones que unían en todo momento con el Estado la obra colonizadora, y mantenía vivo en ella el sentido de responsabilidad. En Sevilla primero y luego en Cádiz funcionaba la Casa de Contratación para lo mercantil, y para lo político y administrativo el Consejo de Indias con su sala de gobierno y su sala de justicia. Para que los gobernadores y demás funcionarios no abusaran de su poder, los reyes mandaban continuamente a América inspectores que los vigilaban y que escuchaban a todos los que tenían alguna queja o reclamación que hacer, y al volver a España se les sometía al juicio de residencia: escrupuloso examen de su conducta que daba a menudo ocasión a ejemplares castigos.

Todo esto dio lugar a una organización perfilada y ejemplar cuya base popular fueran los “cabildos”, institución municipal, tan nutrida de sustancia democrática, que en su día constituirían la base de los movimientos emancipadores. “España sembró cabildos y recogió naciones”, ha dicho don Víctor A. Belaúnde.

Como eslabón intermedio estaban las Audiencias y en la cima de la organización jurídica los virreyes, entre los cuales, sin que faltaran figuras desaprensivas y capaces de abusos, florecieron varones tan insignes como el virrey Toledo de Lima, llamado el “Sabio peruano” por su sabiduría y buen gobierno.

Todo se había hecho con lujo, con derroche, tratando a aquellas tierras como iguales a las de España. Todas las demás naciones, en las tierras que dominaban, construían las casas y ciudades de un modo pobre y económico, sin atender más que a lo preciso. Todas crearon un estilo llamado “colonial”, frío, sin arte, de pura utilidad. Sólo España trasladó a las tierras americanas, sin regateo, todo su arte y su estilo de construcción, y las llenó de palacios y catedrales iguales en un todo a las que en España se hacían. Sólo en España, estilo “colonial” es sinónimo de un barroco lleno de lujo y exuberancia.

Y es que España se sentía, no “dueña” de aquellas tierras, sino “madre”. Quería desdoblarse en ellas y hacerlas iguales a sí misma. Hasta los nombres que daba a las nuevas ciudades y tierras, lo demuestran. Las llamaba Nueva España, Nueva Granada, Cartagena, Toledo... Las ponía sus mismos nombres, como se les pone a los hijos que más se quieren

La calumnia y la verdad

Claro que, a pesar de ser ésta la regla general, no puede negarse que hubo excepciones de abusos y crueldades. Algunos frailes, sobre todo el dominico fray Bartolomé las Casas, movido por el amor a los indios, protestaron de ellos ante los reyes. Y estas protestas que lo que indican es cómo los reyes tenían abierto el camino para todo el que les ayudase a corregir cualquier abuso, ha servido a nuestros enemigos para calumniar la maravillosa obra de España en América y pintarla como un conjunto de crueldades y durezas.

Fray Bartolomé era indudablemente hombre de limpia intención, pero su vehemencia, unida a la libertad muy superior a la de hoy que entonces se usaba para hablar a los poderes públicos, han hecho de su obra llama Destrucción de las Indias un arsenal de municiones para los enemigos de España. Pero, por un lado, que Bartolomé escribía arrebatado por un celo pasional, está patente en la graciosa cuenta que algunos han hecho de las cifras de indios que pretende sacrificados en diferentes regiones de América, y que suman cantidades superiores a las de la población india existente al descubrirse esos territorios. Lo que queda, después de restar esas vehemencias, es un celo caritativo y una libertad de expresión, que deben ser incorporados al haber de España que de ese modo, al lado de conquistadores y gobernantes hacía florecer en las Indias los austeros fiscales que los vigilaban y limitaban.

El que quiere convencerse de la falsedad de eso, que lea las “Nuevas Leyes” que para el gobierno de aquellas tierras dio Carlos V. Son un modelo de amor a los indios y de cuidado para sus almas y para sus cuerpos. Se prohíbe en ellas otra vez la esclavitud. Se ordena que los indios sean bien tratados y se enseñe la doctrina. Se toman disposiciones sobre lo que hoy llamaríamos “salario familiar”, o sea, sobre el modo de que pueden vivir, de su paga, no sólo el indio trabajador, sino su mujer e hijos. Se llega hasta prohibir que sean cargados los indios sobre las espaldas y caso de ser esto necesario, se limite el peso que puedan llevar.

Cuanto frente a esta luminosa y humana legislación pueda alegarse de anécdotas, crueldades y violencias, deberán ser incluidas en la sentencia que implica el verso del nada sospechoso poeta José Quintana, bien influido, por lo demás, en la filantropía liberal del siglo pasado.

“Crimen fue de los tiempos, no de España”. Crimen, como la esclavitud, de toda la humanidad prolongado durante muchos siglos. Todavía en 1774, y hablando de blancos que no de negros, se insertaba en los Estados Unidos este anuncio que recoge la historiador Pereyra: “Alemanes. –Ofrecemos cincuenta individuos de esta procedencia que acaban de llegar. Puede vérseles en el Cisne de Oro, que está bajo la dirección de la viuda Kreides”.

Porque por encima de las leyes escritas, la mejor prueba a favor de España está sencillamente en el resultado mismo de su obra, que ahí está a la vista de todos: la América española es una tierra civilizada, próspera, cristiana. La sangre de aquellos indios primitivos, está hoy mezclada con la sangre española en las venas de sus habitantes. ¿Qué otra nación, salvo nuestra hermana Portugal, puede decir que ha hecho otro tanto?

Con razón un gran escritor americano, Juan Montalvo, escribía modernamente estas palabras de oro: “España, España. Lo que hay de puro en nuestra sangre, de noble en nuestro corazón, de claro en nuestro entendimiento, de ti lo tenemos, a ti te lo debemos”.»

[Pemán, José María (de la Real Academia Española): La historia de España contada con sencillez. Cádiz: Escelicer, 1958, p. 223-227]

«Los indios y la esclavitud

Esta política de unión amorosa con los pueblos salvajes conquistados, es una de las glorias mayores de España. Ninguna otra nación la intentó. España consideró siempre a los indios como hombres libres, hijos de Dios y hermanos nuestros, preocupándose por encima de todo de hacerlos cristianos y civilizados. Los que trajo Colón en el primer viaje, fueron bautizados con gran pompa y los mismos reyes hicieron de padrinos. Es pueril presentar esta mezcla de razas como mero producto de la mayor sensualidad de los españoles que admitían por eso el trato con las mujeres indígenas que otros pueblos más exquisitos rechazan. Sin negar esto en absoluto, lo cierto es que la mezcla de razas es hija de un concepto ideológico y un criterio cristiano de vida, que consideraba como seres humanos iguales a nosotros a los pobladores de las tierras descubiertas. Esa explicación de la poca escrupulosa ardentía española para el amor, no serviría para explicar el que el emperador Carlos V recibiera en su Corte con rango de princesas a las hijas de Moctezuma, enviadas por Hernán Cortés y negociara sus matrimonios con caballeros principales de la Corte que en ello se sintieron muy honradas. Todavía el ducado de Moctezuma ilustra los linajes españoles. El resultado de esta política cristiana, fue que los países que España conquistó en América, son hoy pueblos civilizados, cristianos, de tipo europeo. Las razas se han unido estrechamente en ellos, dando a los “mestizos” y “mulatos”, que son producto de la mezcla de españoles con indios y negros. Los demás pueblos no han sabido hacer esto. En América del Norte, los “pieles rojas” o indios del país, fueron aniquilados casi por completo. Todavía hoy en Nueva York los blancos y los negros van en sitios separados en los tranvías. Y en la India oriental, los naturales del país siguen casi tan salvajes como hace siglos, sin civilizarse ni mezclarse con los conquistadores. Muchos pueblos han conquistado y dominado tierras. Sólo España y Portugal han civilizado un Mundo.»

[Pemán, José María (de la Real Academia Española): La historia de España contada con sencillez. Cádiz: Escelicer, 1958, p. 187-188]

«Los judíos echados de España. La limpieza de España

Los Reyes Católicos, dispuestos a asegurar la unidad religiosa de España, echaron a los judíos. Pero lo hicieron por estos altísimos motivos religiosos y patrióticos, no por una cuestión de odio de raza. España sostuvo siempre la doctrina católica de que todos los hombres, sena de la raza que sean, pueden salvarse y recibir la gracia de Dios. Lo que España castigaba no era ni la raza ni la sangre: era el delito religioso y político, de los que atacaban nuestra fe, base de nuestra Patria. La prueba es que a los que de veras se convertían, para nada se les molestaba. El rey Don Fernando tenía su Corte llena de judíos convertidos, que eran amigos y consejeros suyos. Y muchos hombres de sangre judía llegaron a ser estimadísimos en España e incluso elegidos obispos. El obispo de Cartagena era de sangre judía, y lo era el “Tostado”, obispo de Ávila, y lo era el célebre fray Luis de León. [...]

La enérgica política del cardenal Cisneros, ayudada por los Reyes Católicos, se llevó hasta el fin. La limpieza fue completa. A la ley contra los judíos siguieron más tarde otras echando, si no se convertían, a los moros que, fingiéndose cristianos o no, vivían entre los cristianos. Así se logró esa fuerte unidad interna de fe y de alma, sin la cual la unidad externa en las tierras y el gobierno hubiera sido difícil e insegura.

Dura y agria fue la tarea. A esta distancia casi nos entristece el rigor que hubo que emplear. Pero pensemos que de no haber hecho aquello, España hubiera sido en el extremo occidente de Europa, lo que son los Balcanes en el extremo oriente: un conjunto de razas y pueblos mezclados y desunidos, hormiguero de toda clase de gentes y semillero de toda clase de conflictos.

El que quiera persuadirse de ello, que vaya a aquellos países y viva unos días en aquellas ciudades, que son como hoteles, donde viven sin entenderse hombres de todas las razas, lenguas y religiones –moros, turcos, rusos, griegos, judíos–: que no podrán nunca unirse para nada grande. Si no se hubiera hecho en España una enérgica limpieza, eso hubiera sido ella, que ha sido, en el extremo contrario de Europa, tierra, como aquéllas, de paso continuo, de invasiones y de conquistas... El que después de ver aquello y pensar esto, vuelva aquí y vea que España unida, europea y civilizada, tendrá que acabar bendiciendo la obra de los Reyes Católicos y del cardenal Cisneros.»

[Pemán, José María (de la Real Academia Española): La historia de España contada con sencillez. Cádiz: Escelicer, 1958, p. 147-177]