Amor, vida y muerte

en Unamuno, Lorca y Hernández

Justo Fernández López


Un rasgo de la literatura española es el constante paralelismo de realismo e idealismo, Sancho Panza y su reverso Don Quijote. La tensión y dialéctica entre los dos: un idealismo que es tal solamente por contraste con lo real, y un realismo cuya fuerza radica en su constante alianza dialéctica con el idealismo –un realismo ideal que en el fondo es un idealismo muy real.

Miguel de Unamuno (1864-1936)

Unamuno es el representante de esta dialéctica en su forma más idealista. Es un hombre de la “idea” descarnada (sin carne), pero de una idea que lucha por sobrevivir en “carne y hueso”. Como la concepción erótica de Miguel de Unamuno es bastante negativa, amar es para él algo pasajero, algo que no garantiza la eternidad ni la sobrevivencia. Solamente en la descendencia se consigue la eternidad, pero no la sobrevivencia de los amantes. Hay que buscar la vida eterna en la idea, en la ficción, en la novela (“nivola”). La vida hay que hacerla a fuerza de sueños, de ficciones, de producción intelectual. La vida es una lucha quijotesca: D. Quijote, Santa Teresa de Jesús y los místicos son para Unamuno los representantes de esta visión del mundo.

El amor carnal es solamente pura procreación y en su forma más pasional causa la muerte aniquiladora. No hay metáfora, hay idea, lucha agónica por la vida, constante presencia de la muerte.

Amar es desvivirse. Vivir es vivir en agonía, es estar a la muerte. Soñar es vivir. El hombre es ficción: “somos un sueño de Dios” al que el hombre con sus cantos y ritos tiene que arrullar en el sueño para impedir que despierte y deje de soñarnos. El despertar de Dios = la aniquilación del hombre: “con cantos a la muerte henchir la vida, tal es nuestro consuelo”. Américo Castro: “el español se muere desviviéndose en un vivir desgarrado”, en un perpetuo estar sin ser.

Al hombre sólo le queda la lucha prometeica por la sobrevivencia mediante la constante producción de ficciones o “nivolas”. La vida es sueño y los sueños vida son. El amor erótico no es eterno, es pasajero, es vano y no da la vida perdurable.

Federico García Lorca (1898-1936), 

El idealismo está cargado de vida. La metáfora pierde su valor material, “carnal” y se eleva a símbolo; el símbolo no tiene valor en sí, sino como función del mundo mítico que es el determinante de toda la vida. La anécdota diaria de carne y hueso está envuelta en el mundo mítico que la determina y que le da su verdadero significado simbólico, su polivalencia semántica. En Lorca hay determinación de arriba hacia abajo: tragedia. La materialización del amor erótico es la anécdota diaria, pero ésta está sobre-determinada por el marco simbólico-mítico. El amor carnal nunca se llega a realizar plenamente, el intento de su realización lleva a la muerte: el conflicto social es la materialización anecdótica del destino.

Fatalismo cósmico-mítico: amor – vida- muerte. El sol engendra la pasión y la luna dicta la muerte: el cuchillo es el lazo de unión que desencadena la tragedia. El amor hace al hombre despertar a la muerte. La vida es la lucha constante por la realización del amor erótico-pasional entre hombre y mujer. Una lucha que siempre termina en tragedia: el amor, el intento de realización del amor, lleva siempre a la muerte trágica de los amantes. La causa de la muerte suele ser el conflicto social unido al “destino mítico lunar”. El amor da la vida y, al mismo tiempo, lleva a la muerte, es en esto como la luna: madre que da la vida, la vuelve a quitar y la vuelve a dar. Vivir es morir, morir es volver a nacer.

Vivir es amar, amar es buscar la muerte, morir es la posibilidad de volver a nacer, de encontrar una “vida mejor”. Las fuerzas cósmicas, el mundo mítico lunar, son las que determinan la tragedia valiéndose de la anécdota diaria, del conflicto social. La anécdota diaria se convierte en metáfora de la vida que se convierte en símbolo mítico que determina la tragedia final.

El amor es irrealizable, es sinónimo de tragedia, de muerte, es el primer paso que da la vida hacia la muerte, hacia la vuelta al origen, donde no hay tragedia, donde reina la paz (el mar). El amor erótico es el heraldo de la luna, de la muerte. La vida es un mito cósmico.

Miguel Hernández (1910-1942), 

“Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida”. El amor es un “sino sangriento que causa herida”. El amor hace al hombre despertar a la vida, tan intensamente que su impulso pasional causa la herida que puede provocar la muerte. La muerte del amante es la vida del hijo que prolongará la vida de los padres: “porvenir de mis huesos y de mi amor”. El amor es impulso pasional de la fuerza cósmica que lleva al hombre a “pro-crear nueva vida”, aunque él mismo se muera consumido por la pasión.

La vida es impulso cósmico del amor. La muerte es la liberación de la tensión pasional, desenlace que da la tranquilidad dejando tras de sí el fruto de nueva vida. La sangre es sagrada: da vida y también es símbolo de muerte.

Si en Lorca la metáfora materializada está elevada a símbolo mítico (no idea como en Unamuno), en Miguel Hernández la metáfora no se traspone a un plano ideal (simbólico en Lorca y fictivo en Unamuno), sino que por su intensidad material “revienta” cargada de vida en símbolos que se elevan luego por sí mismos a acontecimiento cósmico. El movimiento sobredeterminante no va de arriba a abajo (como en Lorca), sino de abajo a arriba.

El conflicto social no es anécdota para el marco mítico-simbólico, sino que es un impedimento real (material) para el desarrollo y la realización de la vida, del amor pasional. La vida no es lucha “agónica” por la sobrevivencia tras la muerte (como en Unamuno), sino lucha por la “vivencia” y la realización material de la pasión amorosa.

El hombre es mediodía: calor pasional, tensión sexual. La mujer es sombra: la noche. No como la muerte o como el ámbito “vital” de la luna de Lorca. La mujer es sombra, es noche; la sombra es lo más agradable del día, pues “refresca” y libera del calor agobiante de la pasión carnal, del calor del mediodía. La sombra “cobija y calma”: la mujer es vientre materno que libera al hombre de la tensión a que le somete la naturaleza. Para la fructificación de la tierra, la fertilización de la mujer, nacimiento de hijos como continuación real y material de la vida, es la herida el elemento necesario para esta proceso.

 

UNAMUNO

LORCA

HERNÁNDEZ

Idea / ficción

Símbolo / mito

Metáfora / materia

Desnaturalización de la vida: sueño y ensueño.

Sobrenaturalización de la vida: mito

Naturalización de la vida: materialización

Antierotismo. Idea contra materia.

Erotismo imposible.

Símbolo contra materia.

Rematerialización del erotismo: Amor-sexo.