Dámaso Alonso

Justo Fernández López


BIOGRAFÍA

Dámaso Alonso (1898-1990), poeta, crítico literario y filólogo, nació y murió en Madrid.

Se licenció en Derecho y en Filosofía y Letras. Antes de la Guerra Civil (1936-1939) española estudió en el Centro de Estudios Históricos de Madrid, participando a la vez en las actividades literarias e intelectuales de la famosa Residencia de Estudiantes donde coincidió con: Federico García Lorca, Luis Buñuel y Salvador Dalí.

Fue discípulo de Menéndez Pidal y profesor en universidades de Estados Unidos, Inglaterra y Perú hasta el año 1939, en que sucedió a su maestro en la Cátedra de Filología Románica de la Universidad de Madrid.

Fue lector en Berlín, Cambridge, Hunter College y Columbia University y, finalmente, en Oxford. Fue traductor de Joyce, Shelley, T. S. Elliot, etc.

Fue director de la Real Academia de la Lengua Española durante los años 1969-1982, institución a la que pertenecía desde 1945.

Mereció el Premio Nacional de Literatura Miguel de Cervantes en 1978.

“Por el significado de su obra y cronología, es el mejor aglutinante de la generación del 27” (Valbuena Prat).

OBRA POÉTICA

Dámaso Alonso no ha sido un poeta tan prolífico como sus compañeros de generación. En su primera época pretende superar las fórmulas del Modernismo, de ruptura con lo establecido. Es la etapa de su poesía pura de ecos juanramonianos: Poemas puros, poemillas de la ciudad (1921).

Pero va avanzando hacia una poesía de raíz existencial, conmovido por los acontecimientos de la Guerra Civil española (1936-1939):  Los hijos de la ira (1944), Hombre y Dios (1955) y Oscura noticia (1959), obras en las que es visible la influencia de la obra de Joyce, de la que fue traductor. A esta etapa también pertenece la mayor parte de su labor didáctica e investigadora. En su última etapa adquiere su poesía un carácter conciliador.

Poemas Puros y Poemillas de la ciudad (1921)

En esta obra ya se vislumbra el “realismo léxico”, su principal aportación literaria. Son delicados poemas de juventud en el estilo de Juan Ramón Jiménez (1881-1958), de diáfana belleza y de evasión pasional hacia el intelecto: “Por las praderas hondas, avizor y azoradas / –¡oh ciervas en huida!– las ideas escapan”.

Hijos de la ira (1944)

Poesía de raíz existencial que respira el clima de la posguerra. Este libro, llamado por el autor “diario íntimo”, es un grito, mas no de júbilo de vivir como en Guillén, sino en angustia y cólera: un estallido de rabia impotente ante la propia miseria y ante el dolor del mundo circundante. Aquí rompe el poeta con las formas clásicas, respetadas por el profesor, y penetra en la corriente surrealista: Muerte, terror, angustia, fastidio y oración se mezclan.

Aquí irrumpe el yo individual y biográfico, latente en el erudito profesor. Este yo es a veces el poeta, a veces el profesor. Aunque el material es surrealista, el libro no lo es. Todo el material abisal ha sido pasado por la mente, ha sido juzgado. En este libro todo exhala una íntima tristeza. El asco y la ira se mezclan. Visión amarga de la vida como “horrible viaje, pesadilla sin retorno”. Al final, su visión de la vida no es trágica, pues se vuelve a Dios, en un sueño de niño en el regazo maternal.

Esta obra es uno de los libros más meritorios de la lírica española posterior a la Guerra Civil (1936-1939).

Hombre y Dios (1958)

Visión más optimista y conciliadora. Diálogo tierno con el Creador, que recuerda la devoción ingenua del colegio, de la lejana religiosidad infantil. El tema es “la soledad de Dios”. El poeta pregunta a Dios sobre las cuestiones que no entiende, porque al hombre de las máquinas moderno no se le puede preguntar. Es un libro denso, lleno de emoción y pensamiento, angustiado. Es una obra excelente y profunda.

Oscura noticia (1959)

Colección de poemas de varias épocas, escritos por el profesor, mejor dicho por el poeta a hurtadillas del profesor. La factura y apariencia es impecable, pero sólo la apariencia. En este libro ya se observa que la emoción intenta hacer estallar a la forma. El profesor frena al poeta: “Oh tesoro claroscuro del durmiente. / Derribas las lindes, fluyó el sueño. / Sólo el espacio”.

Bajo el sereno mirar del humanista erudito late un mundo de insatisfacciones y torturas, que adivinamos en estas poesías de equilibrio barroco.

Gozos de la vista (1981)

OBRA DE INVESTIGACIÓN

Como filólogo, crítico e historiador de la literatura se revela como gran erudito y científico, pero dentro de él, siempre escondido pero nunca dormido, está el poeta lírico. Es un temperamento sintético, comprensivo, coordinador. Las relaciones entre el poeta y el profesor no son de la mejor amistad. Emoción y ciencia no cohabitan en él con gran tranquilidad. El poeta desdeña al sabio y el sabio incomoda al poeta. Pero intenta encontrar la comprensión entre la emoción oculta y estilizada y la delectación intelectual.

Como crítico, Dámaso Alonso estudia a diversos poetas y escritores, especialmente al Góngora de Las Soledades, desde la Estilística Idealista. Dámaso Alonso reivindica la estética gongorina. Es el creador de la estilística española (Siete calas ne la poesía española).

La lengua poética de Góngora (1935)

La poesía de san Juan de la Cruz (1942)

Poesía española. Ensayo de métodos y límites estilísticos (1952)

Estudios de estilística dedicados a los clásicos españoles.

Estudios y ensayos gongorinos (1955)

Góngora y el Polifemo (1960)

Estudia, edita y da versión en prosa de la Fábula de Polifemo y Galatea (1960).


 

Todos los días rezo esta oración al levantarme

Oh Dios, no me atormentes más.

Dime qué significan estos espantos que me rodean.

Cercado estoy de monstruos que mudamente me preguntan,

igual, igual que yo les interrogo a ellos...

Bajo la penumbra de las estrellas

y bajo la terrible tiniebla de la luz solar,

me acechan ojos enemigos, formas grotescas que me vigilan,

colores hirientes lazos me están tendiendo:

¡Son monstruos, estoy cercado de monstruos!

No, ninguno tan terrible como este Dámaso frenético...

como esta alimaña que brama hacia ti,

como esta desgarrada incógnita que ahora te increpa con gemidos

articulados, que hora te dice:

Oh Dios, no me atormentes más,

dime qué significan estos monstruos que me rodean

y este espanto íntimo que hacia ti gime en la noche.

Mujeres

¡Oh blancura! ¿Quién puso en nuestras vidas

de frenéticas bestias abismales,

este claror de luces siderales,

estas nieves, con sueño enardecidas?

¡Oh dulces bestezuelas perseguidas!

¡Oh terso roce! ¡Oh signos cenitales!

¡Oh música! ¡Oh llamas! ¡Oh cristales!

¡Oh velas altas de la mar surgidas!

¡Ay, tímidos fulgores, orto puro!

¿Quién os trajo a este pecho de hombre duro,

a este negro fragor de odio y olvido?

Dulce espectros, nubes, flores vanas...

¡O tiernas sombras, vagamente humanas,

tristes mujeres, de aire o de gemido!

[Oscura noticia, 1944]

Gota pequeña, mi dolor

Gota pequeña, mi dolor.

La tiré al mar.

Al hondo mar.

Luego me dije: “A tu sabor, ¡ya puedes navegar!”

Mas me perdió la poca fe...

La poca fe

de mi cantar.

Entre onda y cielo naufragué.

Y era un dolor inmenso el mar.

[Poemas puros y poemillas de la ciudad, 1921]

Elegía a un moscardón

Cuando yo te maté mirabas hacia afuera,

a mi jardín. Este diciembre claro

me empuja los colores y la luz

como bloques de mármol, brutalmente

cual si el cristal del aire se me hundiera,

astillándome el alma sus aristas.

Eso que viste desde mi ventana, eso es el mundo.

Siempre se agolpa igual: luces y formas,

árbol, arbusto, flor, colina, cielo

con nubes o sin nubes,

y, ya rojos, ya grises, los tejados

del hombre. Nada más; siempre es lo mismo.

[Hijos de la ira, 1944]