Jorge Guillén

Justo Fernández López


Amé, gocé, sufrí, compuse. Más no pido.
En suma: que me quiten lo vivido.

BIOGRAFÍA

Jorge Guillén (1893-1984), poeta y crítico literario, nació en Valladolid en el seno de una familia acomodada perteneciente a la burguesía liberal castellana. Durante su infancia y juventud recibió una esmerada formación académica. A los dieciséis años fue enviado por sus padres a ampliar sus conocimientos en Friburgo (Suiza), donde adquirió un espléndido dominio de la lengua francesa. Estudia Filosofía y Literatura en Madrid y Granada.

Fue catedrático de Literatura en las universidades de Murcia (1925) y Sevilla (1931-1938). Antes había sido profesor de español en la Sorbona (1917-1923), como sucesor de Pedro Salinas (1891-1951). Más tarde sería lector en Oxford (1929-1931). Antes de partir para Inglaterra, había dado a la imprenta su primer poemario, publicado bajo el elocuente título de Cántico (1928).

Por su talante liberal y sus manifiestas simpatías hacia el régimen republicano, fue detenido y encarcelado en Pamplona durante la Guerra Civil (1936-1939). Puesto en libertad por las gestiones realizadas por su padre, quedó inhabilitado por el Ministerio de Educación para el ejercicio de cualquier cargo público. En 1938 abandonó clandestinamente España tras cruzar a pie el Bidasoa por uno de sus puentes, para dar inicio a un exilio voluntario que habría de prolongarse durante varias décadas.

Desde Francia pasó de inmediato a los Estados Unidos de América, donde continuó desplegando una intensa y fecunda actividad docente en las aulas del Wellesley College (1940-1957) en el estado de Massachussetts. Durante esta etapa, se dedicó también a pulir e incrementar los poemas de Cántico, cuya cuarta y definitiva edición vio la luz en Argentina bajo el título de Cántico. Fe de vida (Buenos Aires, 1950).

Se jubiló en 1958 y fue invitado a impartir un curso de literatura española en la cátedra Charles Eliot Norton, de la Universidad de Harvard. Sus brillantes lecciones magistrales se publicaron en 1962 en un volumen de ensayo y crítica titulado Lengua y poesía.

Regresó a España después del fallecimiento de Franco en 1975, y se instaló en Málaga. Recibió numerosos homenajes y distinciones nacionales e internacionales, como el Premio Cervantes (1976) o en Italia el Gran Premio de la Academia dei Lincei (1977), además de ser nombrado académico de honor de la Real Academia Española de la Lengua (1978).

En medio de este reconocimiento unánime, falleció en la capital malagueña a comienzos de 1984, poco después de haber cumplido los noventa y un años de edad.

OBRA POÉTICA

Está considerado, junto a Pedro Salinas, uno de los más ilustres “poetas profesores” de la generación del 27 y de las letras españolas en general.

Guillén parte de Juan Ramón Jiménez, pero sin el fondo de sentimiento esfumado de éste. La poesía de Guillén corresponde a la del poeta simbolista francés Paul Valéry (1871-1945), cuya obra Cementerio marino había traducido Guillén, obra que influiría en sus trabajos creativos posteriores. Guillén compartía con los simbolistas la fe en la poesía pura: “lo que queda cuando al poema se le quita todo lo que no es poesía”.

Leyó también con fruición las obras del francés Charles Baudelaire (1821-1867) y del norteamericano Walt Whitman (1819-1892), poetas que, junto a Valery, sentaron las bases de los principios estéticos del autor vallisoletano.

Desde sus primeras incursiones en la creación poética, Jorge Guillén concibió su obra como un todo unitario que bien podría quedar recogido en un único libro. El propio poeta puso en marcha este proyecto de obra global con la sucesiva revisión y reelaboración de Cántico, su opera prima, que pasó de contener setenta y cinco poemas en su primera edición (Madrid, 1928) a contar con trescientos en su versión definitiva (Buenos Aires, 1950).

Cántico (1928, 1936, 1945 y 1950)

Guillén publica un solo libro importante del que da sucesivas ediciones aumentadas: 1928 = 75 poemas; 1936 = 125 poemas; 1945 = 270 poemas; 1950 = 334 poemas. El aumento continuo de su obra no ha de entenderse como corrección sino como crecimiento, lo mismo que un árbol que se va haciendo cada vez más robusto, alto y frondoso. Las nuevas poesías el poeta las fue intercalando demostrando la atemporalidad de la poesía, al margen de estilos y creencias.

Cántico es alabanza y agradecimiento a la divinidad: Ser nada más, y basta: / es la suprema dicha. La vida, el vivir, por el hecho ya de vivir, es hermosa. En medio del pesimismo del XX, Guillén es un afirmador de la vida, si bien un afirmador intelectual. Este libro llevaría llevar el título Cántico o el placer de ser. Es un grito entusiasta ante el maravilloso espectáculo de los seres, ante su mera presencia. Expresión de júbilo intelectual al contemplar la vibración y presencia de las cosas en su ser.

Cántico constituye un himno a la creación, al goce de existir, a la armonía del universo. Aunque todo ello expresado de una manera intelectual, filosófica, preguntándose sobre la inmutabilidad de las cosas como lo harían los filósofos Parménides o Heidegger.  

Los versos de Cántico representan la cima de la poesía pura, estilizada y antirromántica pero siempre humana. Este poemario se inscribe dentro del llamado “conceptismo conceptual” propio de ciertas vanguardias europeas.

Clamor (agrupa tres obras):

Maremágnum (1957)

...Que van a dar en la mar (1960)

A la altura de las circunstancias (1963)

Es una colección de poemas comprometidos con el momento histórico donde el autor supera las premisas literarias iniciales de la Generación del 27. Poesía política, en donde la voz se alza vigorosamente como lúcido testimonio de un país y de una época: el dolor y la muerte en él son autobiográficos, pues vive en el exilio y acaba de morir su primera esposa.

Homenaje (1967)

Guillén realiza una síntesis magistral de las dos tendencias previas, con una poesía pura pero llena de referentes concretos.

Ya en plena vejez, el poeta vallisoletano decidió rendir tributo en esta obra a las personas, obras y acontecimientos históricos que mayor huella habían dejado en su vida.

Aire nuestro (1968)

Recoge su poesía completa.

El argumento de la obra (1969)

Ensayo.

Y otros poemas (1973)

Historia muy natural (1980)

Este poemario no aporta nada nuevo y tal vez se lo más prescindible en el conjunto de su obra.

Final (1982)

En esta obra resultan muy gratas y significativas algunas aclaraciones o variaciones sobre su poesía anterior.

Lenguaje y poesía (1962)

Obra crítica en la que estudia a autores clásicos y contemporáneos. Es una recopilación de sus lecciones en Harvard.

El argumento de la obra (1969)

En torno a Gabriel Miró: breve epistolario (1973)

Cántico. Escritos de los años veinte (1980).

Prólogo a las Obras de García Lorca (1898-1936)

Jorge Guillén cultiva la poesía pura: En el texto sólo deben quedar el sentimiento y el goce estético. Para Guillén, perfección es símbolo de existencia. Por eso, el contacto del poeta con la realidad no produce sensación dolorosa, sino de plenitud y exclamación gozosa. Canta el presente, el aquí y ahora metafísico-existencial, de espaldas al pasado.

Su poesía presenta una estructura formal muy clásica, que no elimina, sino que perfecciona los elementos estróficos, rítmicos y musicales. Muestra preferencia por los metros cortos y las rimas sencillas, eliminando los materiales complejos que pueden falsear la expresión. Su poesías es una síntesis cifrada, cuasi algebraica, de multitud de elementos emocionales e intelectuales: “¡Oh, luna! ¡Cuánto abril!”

Guillén hace uso escaso de la metáfora, con gran economía de medios de expresión. Tiene preferencia por el sustantivo y el adjetivo. Es el lírico intelectual moderno más madura y consecuente. Su poesía pura es sencilla. Estima más que la emoción misma, su resultado final, el poema: “El que yo fui espera bajo mis pensamientos. La realidad se inventa”:

Guillén, diverso y, al mismo tiempo, afín a Góngora, es un ejemplo de poeta a la vez claro y difícil. Sus temas preferidos son el amanecer y el despertar. Al despertar, las cosas vuelven del caos a la vida. La belleza no es nada escondido, como el inconsciente de los surrealistas, la belleza está patente ante nuestros ojos: “El mundo, la creación, es una bola completamente redonda”.

La esfera, la bola, es el símbolo de la perfección. El símbolo de la bola recuerda al poema didáctico Sobre la naturaleza, del filósofo presocrático griego Parménides de Elea (515-440 a.C), considerado el primer tratado sobre el ser, “Ser absoluto” que está disociado de toda limitación bajo la cual piensa el ser humano.

Para Guillén la vida no consiste en esto o aquello, en hacer cosas y tener éxito, incluso el perder el tiempo es bonito. Perder el tiempo es un tema también muy querido de Guillén. Las cosas más corrientes de la vida se vuelven poesía por la visión y contemplación del poeta.

Es una poesía del mediodía y de la plenitud; poesía diurna y solar frente a la nocturnidad ajada hasta el hastío por los románticos; y poesía también de lo inmediato, lo mínimo y lo cotidiano (el aire, la mañana, el sol, un pájaro, la flor, etc.), de lo que, envolviendo al hombre, le hace sentirse centro de dicha plenitud.

Se le tacha de intelectual, pero hay que tener en cuenta que sus poesías están llenas de sensaciones, si bien de carácter algo metafísico: “El mundo tiene cándida profundidad de espejo”.

En Jorge Guillén desaparecen todos los elementos puramente decorativos del modernismo, para quedar todo en lírica pura, forma perfecta, sensación abstraída en la idea. Guillén es un clásico de la literatura del siglo XX. Su estilo está perfectamente limado y perfeccionado hasta el máximo.


Ardor

Ardos, cornetines suenan tercos y en las sombras chispas estallan.

Huele a un metal envolvente. Moles. Vibran extramuros despoblados

en torno a casas henchidas de reclusión y de siesta.

En sí la luz se encarniza.

¿Para quién el sol? Se juntan los sueños de las avispas.

¿Quedará el ardor a solas con la tarde? Paz vacía:

cielo abandonado al cielo, sin un testigo, sin línea.

Pero sobre un redondel cae de repente y se fija,

redonda, compacta, muda, la expectación. Ni respira.

¡Qué despejado lo azul, qué gravitación tranquila!

Y en el silencio se cierne la unanimidad del día,

que ante el toro estupefacto se reconcentra amarilla.

¡Ardor: reconcentración de espíritus en sus dichas!

Bajo agosto van los seres profundizándose en minas.

Calientes minas del ser, calientes de ser; se ahíncan,

se obstinan profundamente masas en bloques. ¡Canícula

de bloques iluminados, plenarios, para más vida!

Todo en el ardor va a ser, ¡amor!, lo que más sería.

–¡Ser más, ser lo más y ahora, alzarme a la maravilla

tan mía que está aquí ya, que me rige!

La luz guía.

[Cántico, 1928]


Dije: Todo ya pleno.

Un álamo vibró.

Las hojas plateadas

sonaron con amor.

Los verdes eran grises,

el amor era sol.

Entonces, mediodía,

un pájaro sumió

su cantar en el viento

con tal adoración

que se sintió cantada

bajo el viento la flor

crecida entre las mieses

más altas. Era yo,

centro de aquel instante

de tanto alrededor,

quien lo veía todo

completo para un dios.

Dije: Todo, completo.

¡Las doce en el reloj!"

["Las doce en el reloj", de Cántico]


Aire: nada, casi nada,

o con un ser muy secreto,

o sin materia tal vez,

nada, casi nada: cielo.

A una creación continua

-soy del aire- me someto.

¡Aire en trasparencia! Sea

su señorío supremo.

["El aire", de Cántico]


Surge el ceño del odio y nos dispara

con su azufre tan vil un arrebato

destructor de sí mismo, de esa cara

que dice: más a mí yo me combato.

Y se consuma el hombre todo humano,

rabia, terror, humillación, conquista.

Se convence al hostil pistola en mano.

Al sediento más sed: que la resista.

["El acorde", de Maremágnum]


¡Se me mueren! Han vivido

con fidelidad: cristianos

servidores que se honran

y disfrutan ayudando,

complaciendo a su señor,

un caminante cansado,

a punto de preferir

la quietud de pies y ánimo.

Todo me anuncia una ruina

que se me escapa. Quebranto

mortal corroe el decoro.

Huyen. ¡Espectros zapatos!

["Muerte de unos zapatos", de Que van a dar en el mar]


Ay, patria,

con malos padres y con malos hijos

o tal vez nada más desventurados

en el gran desconcierto de una crisis

que no se acaba nunca.

["Despertar español", de A la altura de las circunstancias]


Español a machamartillo:

el anatema en el bolsillo.

De pronto defiende su fe

con la pistola o con el pie.

Chispea a veces, sin embargo,

a la luz de su sol amargo.

En torno siempre de una noria,

se queda al margen de la Historia.

Español a machamartillo:

los zapatos con mucho brillo.

["Guirnalda civil", de Y otros poemas]