Vicente Aleixandre y Merlo

Justo Fernández López


No es el amor quien muere

somos nosotros mismos.

BIOGRAFÍA

Vicente Aleixandre y Merlo (1898-1984), poeta, nació en Sevilla, pasó la infancia en Málaga y a los trece años se trasladó a Madrid.  

Se licenció en Derecho y Comercio en la Universidad de Madrid, y fue profesor de Derecho Mercantil de 1920 a 1922.

Hijo de un ingeniero de ferrocarril, Vicente Aleixandre pertenecía a la burguesía media acomodada. Cuando tenía dos años de edad, su familia se trasladó a Málaga, ciudad a la que el poeta llama en su obra "el Paraíso", pues en ella transcurrió toda su infancia.

En 1909, la familia se instaló en Madrid, donde el futuro poeta cursó las carreras de Derecho y Comercio. Se especializó en Derecho Mercantil, materia que luego enseñó como profesor en la Escuela de Comercio de Madrid (1920-1922).

En 1925, contrajo la tuberculosis que le mantuvo en un sanatorio de la sierra de Guadarrama, próxima a Madrid, alejado durante varios años de la vida cultural y social. Durante esta grave enfermedad, empezó a escribir poesía. A partir de entonces se entregó por completo a la literatura. Mientras se recuperaba de esta operación, escribió algunos poemas que comenzaron a darle gran fama hacia 1926.

Fue uno de los pocos autores de la generación del 27 que se quedó en España después de la Guerra Civil (1936-1939).

En 1934 obtuvo el Premio Nacional de Literatura y desde 1949 fue miembro de la Real Academia Española.

Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1977 “por su gran obra creadora, enraizada en la tradición de la lírica española y en las modernas corrientes poéticas iluminadoras de la condición del hombre en el cosmos, y de las necesidades de la hora presente”.

Murió siete años después de haber recibido un Premio Nobel con el que, según muchos críticos, no sólo se reconocía universalmente su obra, sino la de toda la Generación del 27.

Fue uno de los escritores e intelectuales que en 1927 rindieron un homenaje a Luis de Góngora.

Vicente Aleixandre sido un escritor que ha influido sobremanera en las generaciones poéticas posteriores, por la fuerza y fervor de su obra, a pesar de que algunos poetas no se daban cuenta de ello, especialmente los sociales de la generación del 50. Aleixandre vino a desempeñar para buena parte de los poetas de la posguerra, un papel semejante al que tuvo Juan Ramón Jiménez entre los poetas de la generación del 27: Juan Ramón fue puente de enlace entre el modernismo y el 27, fue maestro inicial para muchos autores del 27. Del mismo modo, Aleixandre fue como el maestro de la generación poética de la posguerra. Su voz fue considerada como la más cálida y humana de los poetas de los últimos años y se vio en él al poeta que ha sabido expresar con más fuerza los impulsos elementales de amor y vida.

OBRAS

Su obra está enraizada en la tradición lírica española y en las corrientes modernistas. Sus primeras obras presentan las mismas huellas que casi todos sus compañeros de generación: el pasado reciente (Bécquer y Darío), los grandes maestros vivos que les sirven como guías (Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado) y la poderosa atracción de la Vanguardia (y, en particular, del Surrealismo).

En la obra de Aleixandre destaca su deslumbrante empleo de la metáfora. Es uno de los poetas de la lengua castellana que ha creado imágenes de mayor belleza. A veces (sobre todo en su primera etapa), estas imágenes son demasiado crípticas; pero aunque no se entienda su significado sí se aprecia su rara belleza.

Ámbito (1928)

Es su primera obra en la que ya toca todos los temas típicos suyos: Un panteísmo naturalista. La conciencia aparece como algo negativo y como obstáculo para la comunicación natural. La existencia carente de conciencia es la que lleva al hombre a superar la autoconciencia de ser distinto. Al superar esta conciencia de ser distinto, se aproxima a la simplicidad de la naturaleza.

Hombre y naturaleza parecen idénticos. El hombre es descrito en términos de naturaleza. El ser humano se identifica y se une con sus semejantes en la medida en que, negando lo que diferencia (la autoconciencia) asume lo común que une. Identidad de destino entre el ser humano y la naturaleza. La incomunicación con la naturaleza es una privación de vida. Los vida y años pasados en sanatorios y lugares de cura retirados llevó a Aleixandre a este sentimiento de unión con la naturaleza, a veces vista desde detrás de ventanales.

Esta obra y las dos siguientes están también en la línea de la “deshumanización del arte” (Ortega) de la generación del 27.

En obras posteriores como Espadas como labios (1932) y Pasión de la tierra (1928-29), se separó de la llamada poesía pura y adoptó la experiencia renovadora del surrealismo, con una visión panteísta de la naturaleza y un erotismo romántico. Aleixandre asimiló tan bien las técnicas y el estilo propios del surrealismo que, según muchos críticos, fue el principal poeta surrealista español. Esta misma línea sigue La destrucción o el amor (1935), que mereció el Premio Nacional de Literatura.

Espadas como labios (1932)

Contiene poemas que influyeron mucho en los poetas jóvenes que le siguieron. Es el último de la primera trilogía surrealista, pero en esta obra Aleixandre cambia de rumbo y vuelve a lo humano desgarrado y abandona la poesía pura. El tema central de esta obra es la muerte y el amor. Pero el libro está lleno de una mezcla e sarcasmo y ternura. Recuerda a Francisco de Quevedo (1580-1645) y a la pintura del pintor holandés El Bosco o Hieronymus Bosch (1450-1516).

Varias de las composiciones de este libro son sueños y visiones de “enterrado”. Es un sentimiento escatológico, viscoso y escalofriante de la destrucción fisiológica. A veces es macabro, muerte y sueño, amor y destrucción, tema que aparece en su obra La destrucción o el amor (1935).

Pasión de la tierra (1935)

La palabra “pasión” será una de las palabras claves de la obra poética de Aleixandre. Tierra es otra palabra clave: Los elementos naturales presocráticos. Aleixandre se revela como uno de los mejores surrealistas españoles, comparable al poeta francés Paul Eluard (1895-1952). Es el último representante del irracionalismo individualista de la última lírica española anterior a la Guerra Civil (1936-1939). La unión de poesía pura y surrealismo le acerca a Jorge Guillén (1893-1984). Esta obra refleja la lectura de Freud.

Esta obra incorpora plenamente el surrealismo a la poesía castellana, y el poeta aparece como el que transmite los mensajes del cosmos.

La destrucción o el amor (1935)

Esta obra muestra un panteísmo pesimista que hace del impulso amoroso una vía para la destrucción del individuo y para su fusión con la gran fuerza cósmica, la meta anhelada por el poeta, para quien la vida del hombre es solamente imperfección, dolor y angustia.

El amor es presagio de lo que será la muerte: incorporación a la profunda unidad del mundo, una vez suprimidos los límites que separan al individuo (su autoconciencia) de la naturaleza. El título de este libro ha de entenderse como ‘La destrucción, es decir, el amor’. La “o” del título no es disyuntiva, sino yuxtaposición.

El panteísmo y pesimismo dionisiaco de esta obra es la antítesis de la afirmativa actitud metafísico-panteísta de Jorge Guillén. De Neruda lo distingue el panteísmo más pesimista y desgarrado.

El libro tiene una poemática unidad: misticismo panteísta y romántico. La destrucción es el amor: al destruirse a sí mismo, el amante renace en la sangre de la persona amada. El amor es destrucción para poder realizarse: unio mística. La unión mística se alcanza por la vía panteísta de la unión con el amado mediante la destrucción y la muerte: Entonces la dicha, la oscura dicha de morir. / Ven, ven, muerte, amor; ven pronto, te destruyo; / ven, que quiero matar o amar o darte todo...

Aleixandre evoca en esta obra las fuerzas elementales de la naturaleza: los abismales espacios interplanetarios, el mar, el viento, la selva y las formas de vida infrahumanas: una fauna de fieras y animales, terribles fuerzas destructoras y engendradoras, al mismo tiempo: la destrucción o el amor.

Fieras terribles, fuerzas libres en la selva de la naturaleza, fuerzas eróticas y destructoras. Fieras que matan para vivir y viven para matar; espíritus, demonios. Y junto a las fieras terribles, la tristeza de los ciegos monstruos submarinos que se mueven en un agua como barro: La tristeza gemebunda de ese inmóvil pez espada cuyo ojo no gira, cuya fijeza quieta lastima su pupila...

Frente a la densidad viscosa del agua submarina y fría, está la liviana agilidad de las olas del mar, la sutileza del viento, el vuelo sutil de las nubes felices que se vierten en valles húmedos y hondos. Pero al final del universo, mirando hacia arriba, como en el agua submarina mirando hacia abajo, están los límites fríos del universo, la destrucción, el espacio helado: Duro y azul que separa y no une, / donde cada lucero inaccesible / es una soledad que, gemebunda, envía su tristeza.

Aleixandre es el único autor auténticamente panteísta de la lírica española. Es difícil encontrar un poeta auténticamente panteísta en España, ni incluso en el Renacimiento. Fue tachado de materialista, pero hay que tener en cuenta que lo es en el sentido de los filósofos presocráticos griegos.

Sombra del paraíso (1944)

La naturaleza, asunto fundamental en su poesía hasta entonces, se tiñe ahora con tonos elegíacos al cantar el mundo que había perdido el poeta debido a la Guerra Civil española. Desenvuelve ampliamente una teoría de los elementos como la de Novalis, Hölderlin o de los Cántos órficos griegos.

Sombra del paraíso cierra el ciclo de la realidad imaginada, que se abre con Pasión de la tierra. Recuerdo y evocación de un mundo paradisíaco donde los elementos naturales (río, cielo, mar, noche, amor) se dan en toda su pureza, como criaturas de un mundo que “acaba de recibir el beso de la luz”. Si hay algo en la tierra parecido a esta paraíso es el amor. El amor es la “sombra del paraíso”, su vuelo pasajero, la existencia volátil del amor nos ayuda a huir de este mundo. El amor es pasajero y, por eso, nos libera de este mundo , pero no del todo. Solamente la muerte es la garantía del amor duradero. Sombra de paraíso es como una aclaración o comentario a La destrucción o el amor. Amor como paraíso: Bellas muchachas desnudas en el paisaje son como formas primarias de la naturaleza virgen. Es un paraíso tropical.

Mundo a solas (1950)

Nacimiento último (1953)

Nacimiento último es la muerte. Pare del libro lo forma la visión del poeta muerto y enterrado. La muerte es el nacimiento final, nacimiento último. Este libro marca la transición hacia temas más humanos. La forma de los poemas es más sencilla: No tumba: tierra libre, / en la profunda tierra el muerto vive / como absoluta tierra. Pasa humano: / no sonarán tus pasos en un pecho.

La muerte es el nacimiento final, es la definitiva incorporación en los elementos naturales, en la sustancia elemental. El muerto no muere, nace a la perennidad de la tierra. Esta obra tiene algo de resignación quevedesca y estoica.

Historia del corazón (1954)

Esta obra supuso el inicio de lo que el propio Aleixandre consideró un nuevo ciclo en el que, según sus propias palabras: “expresaba la difícil vida humana, su quehacer valiente y doloroso”. Hay en esta obra una nueva atención a las realidades humanas y el estilo pierde el hermetismo de las obras anteriores y adquiere mayor expresividad. Si las obras anteriores expresaban la realidad imaginada, Historia del corazón expresa la realidad humana reconocida. La pasión de La destrucción o el amor y la rebelde huida de Sombra de paraíso ceden ahora el paso a una serena aceptación de la vida. EL poeta se conforta con la certeza de lo que toca, la vida humana limitada, no de lo que sueña. Al deseo de Sombra de paraíso: Humano, nunca nazcas, sustituye ahora la necesidad de la compañía humana, de la “solidaridad”: Era una gran plaza abierta y había olor a existencia.

Otros términos surgen ahora: Reconfortar, reconocer, unir, fundirse, solidaridad, confianza, fe, piedad. La palabra clave de la obra es “reconocer”.

En un vasto dominio (1962)

Hacia 1954, inicia una nueva época con obras como En un vasto dominio (1962), Presencias (1965) o Retratos con nombre (1965). En ellas, su poesía se vuelve más sencilla y directa, menos cargada de complicaciones surrealistas. La mirada del poeta es ahora más humana, se acerca mucho más a las cosas cotidianas, al mundo que le rodea. Para el poeta, el hombre es un ser que sufre, pero que sabe sobrellevar este sufrimiento con dignidad y valentía.

Si Historia del corazón mostraba el tema de la realidad reconocida, tras la realidad evadida de Sombra de paraíso, en esta nueva obra el tema es la realidad aceptada. El tema dominante en el ciclo de Pasión de la tierra hasta La destrucción o el amor era la lucha de contrarios. El símbolo clave de este ciclo era la serpiente, un símbolo onírico. La serpiente es el símbolo del movimiento que absorbe los contrarios. El símbolo dominante del ciclo que inaugura Pasión de la tierra es el símbolo arquetípico de los dioses primigenios: la serpiente.

Poemas de la consumación (1968)

Exalta la juventud, a la que considera la única realidad valiosa de la existencia desde una vejez donde acecha la muerte.

En la tercera y última etapa de su poesía, Vicente Aleixandre se presenta como un hombre maduro que asume la vejez y acepta, con elegancia, la proximidad inevitable de la muerte. Los libros más destacados de este período de ecos metafísicos son: Poemas de la consumación (1968) y Diálogos del conocimiento (1974).

Diálogos del conocimiento (1974)

De un estilo elíptico y descarnado se puede caracterizar toda la obra de Aleixandre, que culmina en Diálogos del conocimiento.

En gran noche (1991)

Obra póstuma donde se recogen muchas composiciones inéditas.

Resumen de la temática poética de Vicente Aleixandre

Un crítico español ha llamado a los poemas de Aleixandre “deconstrucciones”, aludiendo al tema central del poeta: destrucción y vida nueva, muerte es nacimiento último.

La serpiente que es al mismo tiempo águila es el símbolo de la unión de los dos contrarios: arriba el cielo y abajo la tierra, unión de los elementos primarios y elementales: tierra y aire (quizás de los cuatro elementos sea el fuego el que menos aparece en la obra de Aleixandre).

Los dos límites del universo: las profundidades del mar y la profundidad del espacio cósmico. Ambos límites son fríos.

Otros símbolos clave son el tigre (símbolo de la crueldad, de la pasión, de la violencia, la destrucción y la muerte) y el mar (símbolo de lo permanente, de la vida eterna, siempre regeneradora, de la vida nutricia). Son las dos caras de la vida.

El mar es tema central. Vicente Aleixandre viene de la Andalucía marítima, como Rafael Alberti y Juan Ramón Jiménez. El mar aparece constantemente en toda su obra. Incluso en la etapa “fraternal” de solidaridad de Historia del corazón.

Pero el mar es en Aleixandre símbolo ambivalente: es símbolo de la vida, de la fertilidad, de lo femenino; pero también es algo amenazador y sombrío, sobre todo las profundidades submarinas: “la tristeza gemebunda de ese inmóvil pez espada”. El mar es el símbolo mediador y ambivalente entre lo no formal (el aire) y lo formal (la tierra), entre la vida y la muerte. El mar es la fuente de la vida y el final de la misma: nacimiento último. Volver al mar es retornar a la fuente de la vida, es morir.

Amor es destrucción. El mar, dador de la vida, es también dador de la muerte: “Boca –mar– toda ella pide noche”. El mar es atractivo y, al mismo tiempo, feroz. Ejerce una atracción y sugestión sobre el poeta, que teme la violencia y la ferocidad (tigre) y le atrae al mismo tiempo. El mundo es una inmensa selva poblada de fieras carniceras y feroces. Las devoradoras fauces de estas fieras que tanto abundan en las poesías de Aleixandre, tienen un carácter atractivo para el poeta y, al mismo tiempo, terrorífico. Esta ambivalencia la expresa su obra capital La destrucción o el amor: La destrucción es el amor = El amor es la destrucción. Esta ambivalencia se expresa en la contraposición:

Tigre = violencia, destructividad, muerte.

Mar = placidez y peligro.

Lo que más atrae es lo que destruye. Lo que más seduce es lo que pone en peligro. La afirmación de la destrucción lleva al poeta a alcanzar el amor: la unión total con la naturaleza = la vuelta al claustro materno.

No se puede evitar el miedo a la violencia y al terror, pues así se pierde la oportunidad de alcanzar el amor total: la unión absoluta:

Ah, pronto, pronto; quiero morir frente a ti, mar,

frente a ti, mar vertical, cuyas espumas tocan los cielos,

a ti cuyos celestes peces entre nubes

son como pájaros olvidados del hondo.

El tema del tigre en Vicente Aleixandre recuerda al poeta, pintor y grabador inglés William Blake (1757-1827).


Cuántas veces de noche rodando entre las nubes,

o acaso bajo tierra,

o bogando con formas de pez vivo,

o rugiendo en el bosque como fauce o marfil,

cuántas veces arena, gota de agua o voz sólo,

cuántas inmensa mano que oprime un mundo alterno.

Soy tu sombra...


Las fieras muestran sus espadas o dientes

como latidos de un corazón que casi todo lo ignora,

menos el amor,

al descubierto en los cuellos allá donde la arteria golpea,

donde no se sabe si es el amor o el odio

lo que reluce en los blancos colmillos.


La tristeza gemebunda de ese inmóvil pez espada cuyo ojo no gira,

cuya fijeza quieta lastima su pupila,

cuya lágrima resbala entre las aguas mismas

sin que en ellas se note su amarillo tristísimo.


Tendida en la espesura,

entre los pájaros silvestres, entre las selvas vivas

rameado tu cuerpo de luces deslumbrantes,

dime a quien amas, indiferente, hermosa...

mi marfil incrustara tropical en tu siesta...

Unas palabras blandas de amor, no mi saliva,

no mi verde veneno de la selva, en tu oído

vertería, desnuda imagen, diosa que regalas tu cuerpo

a la luz, a la gloria fulgurante del bosque.


No tumba: tierra libre,

en la profunda tierra el muerto vive

como absoluta tierra. Pasa humano:

no sonarán tus pasos en un pecho.


Boca –mar– toda ella, pide noche;

noche extensa, bien prieta y grande,

para sus fauces hórridas, y enseña

todos sus blancos dientes de espuma.

Una pirámide linguada

de masa torva y fría

se alza, pide...


Ah, pronto, pronto; quiero morir frente a ti, mar,

frente a ti, mar vertical, cuyas espumas tocan los cielos,

a ti cuyos celestes peces entre nubes

son como pájaros olvidados del hondo.


Vinieras y te fueras dulcemente,

de otro camino

a otro camino. Verte,

y ya otra vez no verte.

Pasar por un puente a otro puente.

-El pie breve,

la luz vencida alegre-.

Muchacho que sería yo mirando

aguas abajo la corriente,

y en el espejo tu pasaje

fluir, desvanecerse.


Se querían.

Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,

labios saliendo de la noche dura,

labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?

Se querían en un lecho navío, mitad noche mitad luz [...].

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,

ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,

mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,

metal, música, labio, silencio vegetal,

mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.