Pío Baroja y Nessi

Vida y obras

Justo Fernández López


BIOGRAFÍA

Pío Baroja y Nessi (1872-1956), novelista español, considerado por la crítica el novelista español más importante del siglo XX. Dentro de la Generación del 98, en la que se le destaca como uno de sus más destacados integrantes, representa la visión más pesimista y nihilista de los españoles de su tiempo.

Vasco como Unamuno, nació en San Sebastián. Su padre era ingeniero y tenía fama de ser un hombre bohemio. Su madre era más bien fatalista y resignada. La herencia de ambas partes acuñó el carácter de Baroja y su típica visión del mundo.

Pasó su infancia en diferentes ciudades españolas, siguiendo los pasos de su padre, ingeniero de minas que cambiaba con frecuencia de puesto, como era habitual en el funcionariado español. Las circunstancias y los hombres con los que entró en contacto le fortalecieron en su visión pesimista del mundo.

Entre 1881 y 1886 residió en Pamplona, donde estudió el bachillerato. Los años pamploneses quedarán luego reflejados en una de sus más célebres obras, Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox.

Estudió Medicina en Madrid, ciudad en la que vivió la mayor parte de su vida. Escribió su tesis doctoral sobre “El dolor”, estudio de psicofísica que publicó en 1896. Tras una corta estancia en Cestona como médico, donde escribió su primera novela, se marchó a Madrid, donde se hizo cargo de la panadería de su tía. Estos años fueron cruciales para él. Baroja confió en llegar a ser industrial próspero y en ayudar con su trabajo a regenerar el país. El fracaso de su empresa fue lo que lo encaminó, dentro de un desengaño que con el tiempo se transformó en radical escepticismo, hacia la literatura, en la que dio sus primeros pasos todavía desde el negocio. 

Esta fase de su vida fue capital para él. Descubrió que lo más importante en la vida es la humildad y la vida desnuda, que la vida es una serie de sucesos nebulosos, donde pocas veces penetra un rayo de luz.

Tras dejar el negocio de la panadería en Madrid, comenzó a escribir y a viajar. Su lema fue desde entonces: “Viajar y observar”. Pasó su vida entre viajes por España y el extranjero, paseos y visitas a tiendas de anticuarios.

Su ansia por regenerar la vida española, tras su fracaso como industrial, lo llevó a intentar llegar al Congreso de los Diputados en dos ocasiones (1909 y 1918), sin éxito en ninguna de ellas.

Conoció a Maeztu y Azorín, con los que fundó el llamado "Grupo de los Tres" merced a la gran amistad entablada entre ellos. Su introducción en el mundo de la literatura le llevó a abandonar cualquier otra ocupación. Viajó por diversos países europeos: Italia, Francia, Suiza, Inglaterra y los Países Bajos, así como por España, de los que se llevó experiencias y estampas a sus novelas.

He hecho muy poco en la vida y me he pasado mi tiempo paseando, vagando y contemplando el paisaje y las nubes. Y siempre he tenido mucha admiración por la gente sencilla y abierta de corazón.

El resto de su tiempo lo dedicó a su trabajo de escritor, con una forma de trabajar muy metódica. Escribió más de 70 novelas, que fueron apareciendo de forma regular. Su fama creció de día en día y hoy es uno de los grandes novelistas españoles del siglo XX.

Durante la primera guerra mundial, fue el único autor que defendió la causa alemana, lo que hizo desde las páginas de la revista España.

En 1935 fue elegido miembro de la Real Academia Española de la Lengua, en la que ingresa con un discurso titulado La formación psicológica de un escritor de gran interés para entender su propia biografía, en especial los motivos que lo condujeron a escribir, así como sus ideas sobre la novela.

La Guerra Civil (1936-1939) le sorprendió en su casa de verano en Vera del Bidasoa. Por un malentendido fue encarcelado. Para evitar contrariedades de este tipo, Baroja emigró durante la guerra a París y luego a Suiza. Acabada la Guerra Civil (1939), volvió a España y se instaló en Madrid, donde llevó una vida alejada de cualquier actividad pública, hasta su muerte en 1956. Sus últimos años los pasó en Madrid, donde reunía en su casa una tertulia de la que formó parte el por entonces joven novelista Camilo José Cela.

Tras la Guerra Civil recibió numerosas críticas por parte de los partidarios de la "nueva España" que veían en su obra un pesimismo incompatible con su actitud vital.

Su amigo personal el novelista estadounidense Ernest Hemingway (1899-1961) le visitó en el lecho de muerte y le manifestó su admiración. Hemingway  admiraba a Baroja como a su maestro. Ambos tenían algo en común: para los dos el hombre de acción era el protagonista de sus novelas. Pero mientras que la actitud nihilista llevó a Hemingway al suicidio, Baroja vivió su nihilismo de una forma cuasi senequista y estoica.

Siempre he vivido en tono menor, y todo lo que he escrito está en este tono. Mi vida ha sido un camino lleno de piedras y baches. Nadie está destinado a tomar el camino cuesta arriba por gusto y no la calle central, pero en mi caso no ha sido un capricho, sino el destino.

Temperamento y carácter de Baroja

De destacar un rasgo de su personalidad, habría que hablar de su brusca sinceridad y de su espíritu independiente y descontentadizo. Su temperamento rebelde le hace protestar de todo lo falso y convencional –que es para él casi todo lo que le rodea–. Sus juicios tienen a menudo una tremenda acritud.

Pero tras este espíritu rebelde y áspero, se esconde un alma sentimental, llena de bondad y hasta de ternura por los hombres. Este gran individualista se definió así:

... un hombre íntegro que cree que toda cosa tiene su nombre y que la verdad no se puede ocultar, ni siquiera se la puede adornar.

Esta tendencia a decir las por su nombre y a no adornar la verdad le dio fama de hombre pesimista, rudo, antisocial. Pero Baroja dijo una vez que él daría su alma a Mefisto, si éste le prometiera algo de simpatía, de efusión, algo sentimental.

Su temperamento oscila entre rudo y cínico, por un lado, y campechano, ingenuo y sentimental, por otro. Fue Baroja un alma anárquica, individualista y furiosamente española. En el fondo es un auténtico romántico; su pesimismo le lleva al “humor”, al humor trágico. El humor que el poeta alemán Heinrich Heine (1797-1856) descubrió en Cervantes y que encontramos en la novela rusa del siglo XIX.

Baroja adoptó una actitud iconoclasta ante los tópicos de la época. Fue un hombre increíblemente sincero, digno y rabiosamente independiente. Su asco ante el egoísmo de los hombres le llevó a tener compasión con los pobres y necesitados.

Baroja de definió a sí mismo como un “tipo dionisíaco” y no apolíneo.

IDEARIO DE BAROJA

Usando elementos de la tradición de la novela picaresca, Baroja eligió como protagonistas a marginados de la sociedad. Maestro del retrato realista, tiene un estilo abrupto, vívido e impersonal, aunque se ha señalado que la aparente limitación de registros es una consecuencia de su deseo de exactitud y sobriedad.

Ha influido mucho en los escritores españoles posteriores a él, como Camilo José Cela o Juan Benet, y en muchos extranjeros entre los que destaca Ernest Hemingway.

Si Unamuno fue un humanista, Baroja, como médico que era fue un naturalista. Todos los autores fueron evolucionando de un socialismo en sus años jóvenes hacia un conservadurismo en la edad adulta. De todos los miembros de la generación del 98 fue Baroja el único que permaneció toda su vida fiel al inconformismo inicial del 98.

Con el tiempo su actitud anarquista y rebelde se convirtió en pesimista y estoica. Al final de su vida se muestra como hombre resignado al que todo le era igual, convencido de que era imposible cambiar algo en la vida.

Su idea central es la acción: “La acción por la acción es el ideal del hombre sano y fuerte”. La palabra acción tiene en Baroja el mismo significado que la palabra “pasión” en Stendhal (1783-1842) o la palabra “Macht” en Nietzsche (1844-1900). Una de sus novelas se titula Memorias de un hombre de acción (1913-1935), basada en un conspirador.

La influencia de Nietzsche en Baroja fue enorme. Para Baroja el Superhombre de Nietzsche es el hombre de acción. Baroja ve el ideal de la vida en una vida dinámica: “La acción es todo, la vida, el placer. Convertir la vida estática en vida dinámica, este es el problema”.

En sus novelas varía constantemente su tema favorito: el hombre vagabundo y aventurero. Muchos de sus personajes son vagabundos, cuya única actividad es vagar de un lado para otro. El núcleo de muchas de sus novelas lo forma una especie de terapia que consiste en deambular, andar, vagar; una terapia contra la melancolía. Sus personajes vagabundean, charlan y hacen teorías. El vagabundeo aventurero de los personajes de Baroja está impulsado por la energía del hombre independiente que no se quiere someter a la sociedad. Para Baroja consiste el sentido de la vida en este constante vagabundear sin meta alguna; en el encuentro constante con hombres que aparecen y desaparecen sin dejar huella; en la observación y crítica de la vida; en la acción por la acción sin sentido final alguno.

Ningún personaje es protagonista en realidad, aunque a él se lo parezca; todas las acciones de los hombres, incluso de los más importantes, pasan y se desvanecen como gotas de agua en el mar de la vida. Por eso Baroja no escribió ninguna novela cerrada, acabada, completa. Sus obras muestran personajes que aparecen en un determinado tiempo y desaparecen de nuevo sin huella. En este caos de la vida, no hay protagonistas, o mejor dicho, todos son protagonistas. A través de sus novelas desfilan un sinnúmero de personas –el número de personajes que pueblan las novelas de Baroja supera al de la “Comedia humana”, conjunto de novelas escritas por Honoré de Balzac (1799-1850).

Según Baroja, los dos hombres que más le influyeron en su vida fueron el filósofo pesimista alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860) y el fisiólogo francés Claude Bernard (1813-1878), considerado fundador de la medicina experimental. El influjo de Nietzsche fue posterior; pero Baroja rechaza de Nietzsche la dureza y la impiedad; mientras que la influencia de Schopenhauer fue duradera. De este filósofo pesimista alemán tomó Baroja la inclinación a meditar sobre el dolor humano (tema de sus tesis doctoral en Medicina) y a considerar la compasión como la suprema virtud del hombre. Contra Nietzsche acepta Baroja la universalidad del dolor y pone la compasión como único valor ético.

Bajora ve en la vida un caos absurdo, la única salvación está en la acción por la acción. Afirmación que, dado su temperamento en el fondo sentimental y soñador, se podría interpretar como una mera compensación sicológica. Las ideas de Baroja parecen algo simples e ingenuas, pero la sinceridad y honradez de sus intenciones lo hacen simpático para el lector.

«Uno de los contadísimos escritores a quien Baroja admira es a Nietzsche. ¿Por qué? ¡Es tan raro que Baroja admire! Pues se debe a que Nietzsche ha descubierto “el ideal del superhombre”, que, en su opinión, es “el carnívoro voluptuoso errante por la vida” (El tablado de Arlequín). Esto quisiera ser Baroja, y ya que no lo es, sino todo lo contrario, un asceta calvo, lleno de bondad y de ternura, que deambula calle de Alcalá arriba, calle de Alcalá abajo, aspira a completarse construyendo personajes que se parezcan a su ambición. ¡Qué cosa más melancólica! Baroja vendería su puesto en el Parnaso a quien le pusiera dos colmillos de tigre en la boca.

Pero es altamente valiosa esta demando de hombres dinámicos que trasciende de sus novelas.

Las simpatías que ha mostrado por el anarquismo proceden de la misma raíz. [...] Para el anarquismo son los individuos la única sustancia positiva del universo. Como torrentes poderosos atraviesan la materia bruta, la cosa inerte, infinita del mundo. Esta materia es sólo negación, es sólo pasividad, y se justifica como resistencia para que el dinamismo individual se ejercite. Los individuos son fuente y surtidor de toda energía, llevan en sí el “élan vital”, que dice Mr. Bergson que ha descubierto.» [Ortega y Gasset, José: “Una primera vista sobre Baroja” (1910). Obras Completas. Madrid: Revista de Occidente, vol. II, 1963, p.113-114]

«En cierto sentido, encuentro en Baroja una manifestación superior del histerismo nacional. Todos somos un poco como él, pero somos menos sinceros. Lo mejor y lo peor de la España actual se presenta en Baroja a la intemperie, sin pellejo. [...]

Como para Baroja, suele ser para nosotros los demás iberos cada palabra un jaulón, donde aprisionamos una fiera, quiero decir un apasionamiento nuestro. En general, el humorismo español, del mismo modo que el de Baroja, comienza por ser malhumorismo.» [Ortega y Gasset, José: “Una primera vista sobre Baroja” (1910). Obras Completas. Madrid: Revista de Occidente, vol. II, 1963, p. 107 ss.]

OBRAS DE BAROJA

La obra de Baroja es fundamentalmente novelística, si exceptuamos accidentales incursiones en otros géneros como el verso en sus Canciones del suburbio de 1944 y el libro de poemas en prosa Fantasías Vascas.

La producción novelística de Pío Baroja se puede dividir en dos sectores: Las novelas de las trilogías y la Memorias de un hombre de acción. Baroja agrupó sus novelas de una forma algo arbitraria en trilogías.

Vidas sombrías (1900)

Es una recopilación de cuentos. Libro lleno de pesimismo schopenhaueriano, con reminiscencias del Eclesiastés del Antiguo Testamento. Describe las neurosis y tragedias de la vida vulgar, llena de desolación y lágrimas invisibles.

Tierra vasca. Trilogía: La casa de Aizgorri (1900), El mayorazgo de Labraz (1903) y Zalacaín el aventurero (1909)

El mayorazgo de Labraz (1903) es una de sus novelas más admiradas. Presenta la contraposición del hombre contemplativo y del hombre de acción.

La Casa de Aizgorri es un claro exponente del desengaño barojiano y de su propuesta para el cambio social en España. En esta novela vemos el pesimismo de Schopenhauer, pero más aun el naturalismo médico que trata el caso de una degeneración hereditaria. Zalacaín el aventurero es una gran novela de acción, quizás la mejor de sus obras. Narra las aventuras de un tipo juvenil y simpático en el ambiente de las guerras carlistas (nombre por el que son conocidas las tres guerras civiles que tuvieron lugar en España a lo largo del siglo XIX y que enfrentaron, de un lado, a los partidarios de los derechos al trono de la hija del rey Fernando VII, Isabel II, y, del otro, a los de la línea dinástica encabezada por el hermano de aquél, Carlos María Isidro de Borbón).

La vida fantástica. Trilogía: Aventuras y mixtificaciones de Silvestre Paradox (1901), Camino de perfección (1902) y Paradox Rey (1906).

Esta trilogía es la expresión de su individualismo anarquista y su filosofía pesimista. Presenta la España amarga del 98. Camino de perfección está llena de reflexiones pesimistas, de agrias visiones del paisaje castellano. Baroja da muestras en esta novela una gran perceptibilidad visual. La abulia y el descorazonamiento racial son temas del 98.

La lucha por la vida. Trilogía: La busca (1904), La mala hierba (1904) y Aurora roja (1905)

Es la obra por la que se hizo más conocido fuera de España. Es una conmovedora descripción de los bajos fondos de Madrid, una cruda y desgarrada visión del hampa madrileña. Turbia y miserable descripción de los barrios bajos de la capital con acentos de crítica social. Los personajes que pueblan esta trilogía son golfos de todas las clases sociales. Baroja contrapone aquí a dos personajes: El golfo vulgar, que envidia y odia, y el golfo que filosofa. Es el conflicto entre la acción y el conocimiento: Un personaje actúa sin proyecto y alcanza una felicidad sin grandeza, el otro consume su vida en la defensa estéril de un ensueño heroico. Exalta la voluntad del individuo, cuya única norma moral es el valor. El influjo de Nietzsche es patente.

El pasado. Trilogía: La feria de los discretos (1905), Los últimos románticos y Las tragedias grotescas (1907).

La feria de los discretos tiene lugar durante la revolución democrática de 1868. Muestra el ideal del individualista que busca la victoria por la astucia y la acción. El protagonista Quintín estudia en Inglaterra, donde aprende que hay que ser fuerte, listo y sereno para vencer en la vida. Vuelto a Córdoba, el ambiente inerte y mediano le amortigua sus bríos. Entonces decide ser hombre de acción, y comienza a serlo con alardes pueriles: beber coñac, provocar peleas, lanzar libelos provocativos. Quintín, que “pospone las mujeres a las vacas y abomina de la historia”, se debate entre el pensamiento y la acción. Sus luchas prorrevolucionarias, hechas sin convicción, le dan influencia y poder. Ya rico y diputado, se enamora de una dulce muchacha cordobesa, pero fracasa. El hombre de acción barojiano encuentra siempre el fracaso al final de sus afanes y de sus actividades.

Las tragedias grotescas nos muestra nos muestra a un joven revolucionario que muere en la lucha contra Napoleón III. Es el ideal del hombre fuerte barojiano: Dominio de sí, violencia en afectos, soberano desprecio por toda mediocridad. Es el tipo del hombre fuerte que entra en la vida como un toro furioso, embistiendo contra lo que le estorba y lo que se le pone por delante.

La raza. Trilogía: La dama errante (1908), La ciudad de la niebla (1909) y El árbol de la ciencia (1911)

La dama errante presenta el ideal de una anarcoaristocracia individual. Para reanimar el cadáver de España hay sólo dos caminos: La violenta lucha individual contra la moral vieja y la nivelación socialista. También aquí tenemos la contraposición entre el hombre de acción pura, terrorista casi y el anarquista más filosófico.

La ciudad de la niebla nos describe la vida de María Aracil en Londres en lucha contra una humanidad decepcionante, hasta que cansada se vuelve a España y se convierte en señora sedentaria y tranquila. María, antes sensible, apasionada y orgullosa, se convierte ahora en mujer dócil, discreta y adaptada. Otro héroe fuerte de Baroja que al final fracasa.

El árbol de la ciencia es posiblemente su novela más perfecta y la más típica del 98. En ella encontramos también el sentimiento del fracaso y el reconocimiento de lo absurdo de la vida. Por boca del héroe, el médico Andrés Hurtado, expone Baroja su amarga filosofía de la vida y realiza una crítica atroz de la sociedad española del tiempo del 98: Después del desastre de Cuba, todo el mundo iba al teatro y a los toros tan tranquilo... Hurtado había creído que el español, inepto para la ciencia y la civilización (sic), era un patriota exaltado, y se encontraba que no. En el ambiente de la sociedad indiferente al desastre, resaltan las reacciones de Hurtado. La posición de Andrés Hurtado es la de los futuros hombres del 98. Pero su fatalismo y resignación le lleva al suicidio, un suicidio cerebral y frío, a pesar del mundo emotivo en el que se mueve internamente.

Esta novela es casi una autobiografía. Por lo menos, muestra el personaje que pudo ser Baroja. La obra rebosa un estoicismo senequista español con ciertos acentos de cinismo. El tono de la novela es sobrio, indiferente ante la vida y preparatorio de la muerte. Hurtado no encuentra la actividad adecuada y, aunque quiere adaptarse a la vida normal, no le queda más salida que el suicidio. La “nada” queda como la raíz de todo.

Las ciudades. Trilogía: César o nada (1910), El mundo es ansí (1912) y La sensualidad pervertida (1920)

César o nada representa la tendencia más positiva del nietzscheanismo de Baroja. Baroja siempre presenta en sus novelas el dualismo: hombre de pura acción contra hombre de conocimiento y consideración del dolor humano. Son las dos dimensiones de su carácter: el Baroja compasivo y sensible al dolor humano y el Baroja que compensa su aguda sensibilidad con el sueño del gran hombre fuerte de acción. En esta novela es César Moncada el hombre de acción que más se acerca a la voluntad pura de poder en el sentido de Nietzsche y más se aleja de la compasión de Schopenhauer (de la que Baroja estaba más cerca, como médico que era). César Moncada es el tataranieto de César Borja, anticristo nietzscheano. Baroja quería escribir una novela sobre los Borja, pero le faltó constancia para preparar el material histórico y escribió una narración moderna. Después de César Moncada no logró Baroja modelar un héroe fuerte de voluntad tan robusta.

La novela tiene ciertos pasajes de tipo político que han sido interpretados diversamente por varios críticos: “La obra de España debería ser organizar el individualismo extrarreligioso. Somos individualistas; por eso, más que una organización democrática, federalista, necesitamos una disciplina férrea, de militares. Hombres aislados como nosotros, no se reúnen más que por la disciplina. Lo único que nos convendría es tener un jefe para tener el gusto de devorarlo”. Algunos críticos han visto en estos párrafos un anticipo en 1910 del fascismo europeo y en el César Moncada un fascista maquiavélico. Pero para interpretar este párrafo no hay que olvidar la última frase: “... para tener el gusto de devorarlo”. César Moncada se lanza en España a la política. Lucha contra la inercia y la superstición de su pueblo, pero al final su joven mujer burguesa le va limando las garras. “La piedad, máscara de cobardía, le sale al paso continuamente”. Atribuye la decadencia de España al catolicismo. Al final triunfa políticamente la oposición a César Moncada, el pueblo vuelve a la inercia. El final de la novela es pesimista.

Las dos mejores novelas de Baroja, El árbol de la ciencia (1911) y César o nada (1910) nos dan una muestra del dualismo barojiano: César es el hombre fuerte de acción, mientras que Andrés Hurtado, protagonista de El árbol de la ciencia es su más exacto reverso: hombre contemplativo, abúlico y nihilista sin remedio. César es un superhombre nietzscheano, Andrés Hurtado es un pesimista schopenhaueriano. Estas dos novelas marcan la cima del conflicto en el alma de Baroja, conflicto entre vida y conocimiento, acción y contemplación. En ambas novelas el conflicto se resuelve por el fracaso. Andrés no puede vencer su desgana pesimista de hacer y vivir; sucumbe más al “tóxico cristiano-europeo”: “No puede uno echar fuera el hombre supersticioso que lleva en la sangre y tiene la idea del pecado”. Estos dos personajes nos presentan los dos aspectos del alma de Baroja: el hombre reconcentrado, sensible, pesimista y schopenhaueriano del 98, por un lado, y el anárquico individualista, crítico de la civilización euro-cristiana, nietzscheano, por el otro. Después de estos dos novelas, Baroja no logró superarse más como novelista.

El mundo es ansí y La sensualidad pervertida son nuevas modulaciones del fracaso a que conduce la contemplación. En la primera: Sacha se refugia en la mentira vital, que siempre es más útil que la verdad, pero “el mundo es así”: brutalidad y dolor y fracaso triste. La segunda novela: Luis mugía es un curioso de muchas cosas, un sentimental, un cínico, cuyas experiencias amorosas llevan siempre implícita la derrota. Es uno de esos enfermos morales que pinta Nietzsche en Zur Genealogie der Moral. “Un fauno reumático que ha leído mucho a Kant”. Su perversión está en la sensualidad frenada por sus obligaciones sociales en las que no cree y en su mundo sentimental. Mugía es un ejemplar patológico de la decadencia. Aislado de la sociedad, vive, sin embargo, sujeto a sus prejuicios sociales. Goza de un diletante libertinaje de espíritu. Ingenuo y preocupado, misógino, pero atraído por las mujeres. “Vivía en un alucinamiento erótico, pero al mismo tiempo en un alambicado esteticismo”.

Agonías de nuestro tiempo. Trilogía: El gran torbellino del mundo (1926), Las veleidades de la fortuna (1926) y Los amores tardíos (1927).

En esta trilogía se ve la tendencia progresiva de Baroja a la reflexión. El torbellino del mundo: José de Larrañaga es el prototipo de los contemplativos, fracasados y melancólicos de la línea schonpenhaueriana de Baroja, como Andrés Hurtado y Luis Murguía. Lleno de desgana abúlica y tardíos amores. Larrañaga clasifica a los grandes del siglo XIX como prototipos de decadencia, locura y fantasía: Nietzsche, Dickens, Poe, Goya, Wagner y Dostoiewski. Para él la decadencia del cristianismo fue obra del racionalismo dulzón protestante y la formularia sequedad católica. Explica el carácter de los alemanes (Baroja fue siempre un germanófilo) mediante la idea del devenir (“werden”: “De Deutsche selbst ist nicht, er entwickelt sich”, según Nietzsche).

En Veleidades de la fortuna, Baroja critica al Nietzsche positivo y afirmativo. Es su reacción de madurez tras la experiencia de la guerra europea.

Los amores tardíos cierra el ciclo de las andanzas europeas de Larrañaga, que dolorido, vacío y desesperanzado se repliega al final de la historia, declarando su falta de fe en Dios y en el pecado.

El mar. Trilogía: Las inquietudes de Shanti Andía (1911), El laberinto de las sirenas (1923) y Los pilotos de altura (1929)

En Las inquietudes de Shanti Andía predomina la acción. Esta novela resulta algo distinta de las anteriores de Baroja. Cuenta las aventuras de un marino vasco que después de largos viajes vuelve a su pueblo. Las descripciones del mar y la nostalgia del protagonista recordando la vida azarosa de su juventud dan lugar a páginas de intenso lirismo.

El laberinto de las sirenas es también muy bella. La acción está situada en Italia. La fantasía y la emoción se unen en ella maravillosamente.

La selva oscura. Trilogía: La familia de Errotacho (1932), El cabo de las tormentas (1932) y Los visionarios (1932)

Los visionarios es una novela reportaje en la que nada escapa a los ataques del autor. En esta novela contrapone Baroja a dos personajes: El leninista-pacifista y el anarquista. Fermín Acha, es el individualista que da vivas a la guerra, a Darwin y a Nietzsche. Su ideología individualista es impermeable al comunismo. Exalta la individualidad, la fuerza, la violencia y el desarrollo personal a costa de cierta inmoralidad y desorden; condena el comunismo de la manada y el Estado omnipotente. Pero el ideal final de Fermín Acha es el de la mejora del hombre, no a través del “superhombre” de Nietzsche, sino a través de la ciencia: “La verdad está en la ciencia”.

La juventud perdida. Trilogía: Las noches del Buen Retiro (1934), El cura de Monleón y Locuras de carnaval (1937)

Las noches del Buen Retiro evoca el Madrid de fin de siglo. Jaime Thierry, el protagonista, es un “dandy” neurótico, hombre de acción y contemplativo. Resume así facetas sicológicas de otros tipos de Baroja. En el mundo ambiental de esta novela, asistimos al naciente culto a Nietzsche en España. El protagonista escribe cantos panteístas a la Naturaleza, a los instintos fieros, con frases violentas y cínicas contra la sociedad. Su ímpetu de dominación termina agotado y derrotado por su sentimiento moral y por la enfermedad. Toma de Nietzsche el “vivir en peligro sin lugares comunes, dispuesto al ataque más que a la defensa, con tendencia al heroísmo”. Al lado del protagonista, tenemos a un antagonista que de nietzscheano se vuelve católico.

Con esta novela concluye la proyección nietzscheana en la novela de Baroja. En Locuras de carnaval vemos a un Baroja, que cansado de la aventura, vuelve a la experiencia vivida y a un estilo seco de narrar.

Memorias de un hombre de acción (1913-1935)

Es una novela histórica en 22 volúmenes, basada en el conspirador Eugenio de Avinareta, uno de los antepasados del autor que vivió en el País Vasco en la época de las Guerras carlistas. Trata de las Guerras Carlistas y de la Guerra de la Independencia en el siglo XIX, pero sin la intención histórico-patriótica de los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós (1843-1920). A Baroja le interesa más de estos hechos históricos la intriga, la acción, la aventura, la guerra vista por dentro.

La colección se basa en las supuestas memorias de un lejano pariente de Baroja, Eugenio Aviraneta, aventurero que tomó parte en las Guerras de la Independencia y las Carlistas. A Baroja le interesan, más que los hechos históricos en sí, su repercusión en la gente. Este “hombre de acción” es un aventurero. Para Baroja, la aventura es la acción. En realidad es la aventura solamente el perfil dinámico de la acción. “La acción es solamente el medio más adecuado de digerir la tristeza” (Baroja).

La colección comprende las siguientes obras:

El aprendiz de conspirador (1913). Novela ágil de acción.

El escuadrón de Brigante (1913). Aviraneta en la Guerra de la Independencia.

Los recursos de la astucia (1915). Un de las mejores obras.

Las furias (1921). Otra de las mejores novelas de Baroja.

La nave de los locos (1925). Con cuadros obsesionantes.

Las mascaradas sangrientas (1927). Sobre novela del crimen.

Humano enigma (1928). Obra maestra de gran intuición sicológica.

Desde el principio hasta el fin (1934). Cierra esta crónica del XIX.

Aviraneta o la vida de un conspirador (1931). Biografía del personaje central de estas crónicas. Aviraneta, pariente de Baroja, lucha contra los franceses bajo las órdenes del cura Merino. Luego como liberal lucha contra el mismo Merino. Masón y conspirador, lucha luego contra el absolutismo del rey Fernando VII (1808-1833). Va con Lord Byron a Grecia, intriga en las guerras carlistas y se mezcla en revueltas.

BAROJA DRAMATURGO

Baroja se dedicó también al teatro, aunque de forma más privada: la familia Baroja mantenía en su casa de Madrid un grupo teatral aficionado llamado "El Mirlo Blanco".

Arlequín, mancebo de botica

Los Prentendientes de Colombina (1926)

El horroroso crimen de Peñaranda del Campo (1926)

El nocturno del hermano Beltrán (1929)

Todo acaba bien...a veces (1955)

Adiós a la bohemia (1926), obra basada en su cuento Caídos de Vidas Sombrías, del que el maestro Pablo Sorozábal hizo una "ópera chica" en 1933.

ENSAYOS DE BAROJA

Junto a su obra novelesca monumental, Baroja escribió muchos ensayos, que muchos prefieren incluso a sus novelas.

El tablado de Arlequín (1904)

Recoge las ideas de su juventud.

Juventud, egolatría (1917)

Autobiografía. La vida como amor a la acción y el peligro. Anarquismo liberal. Tolstoy, Schopenhauer, Nietzsche.

La caverna del humorismo (1919)

Sobre el humor y los bohemios.

Las horas solitarias (1918)

Su ensayo más representativo.

Memorias. Desde la última vuelta del camino (1944-1948)

Para Gonzalo Sobejano, es esta la obra maestra del escritor vasco donde Baroja mejor expresa su incalificable personalidad. En estas Memorias encontramos la definición del Arte: “La vida vulgar de una cocinera o de un camarero, por ejemplo, me interesan y me atraen más que los grandes sucesos de los generales y los príncipes, que con su retórica me cansan. No es mi meta el comunicar al lector una verdad transcendental, sino de algunas verdades pequeñas, partes de verdad. Mi filosofía es relativista. Es como una canción del momento que divierte por un momento. Esto es para mí ya mucho”.

TÉCNICA NOVELESCA DE BAROJA

Respecto de su novela, Baroja se declaró siempre partidario de una novela "abierta", como lo es la propia vida. Este carácter abierto de la novela supone la inclusión en él de todo tipo de materiales narrativos o descriptivos, la detención en hechos que no aportan nada a la trama, la inclusión de personajes tangenciales, etc. Tal carácter abierto y el descuido estilístico han sido con frecuencia criticados al novelista donostiarra como defectos principales de su obra.

Se ha puesto de relieve la influencia en Baroja de Los Papeles póstumos del Club Pickwick, de Charles Dickens, una de las novelas predilectas de Baroja. Una obra que fue publicada como folletín y que incluye todo tipo de materiales adheridos a una trama que no importa demasiado ni al autor ni a los lectores.

Baroja dijo que la novela era un saco donde cabía todo. Tres son los elementos de sus novelas: acción, reflexión y descripción.

La acción: Es lo más característico suyo. Sus novelas son una, a veces inconexa, sucesión dinámica de hechos. La intriga y la aventura ocupan el lugar central. No ahonda en los personajes, como Unamuno. Crea alrededor de los protagonistas una muchedumbre de individuos que pasan con vertiginosa sensación. A veces parecen sus novelas un montón de anécdotas. “Una novela larga siempre será una sucesión de novelas cortas” (Baroja).

La reflexión: El papel de la reflexión es también central, aunque no tan importante como el de la acción. El interés de muchas de sus novelas está en las opiniones de muchos de sus personajes. Representa esta dimensión al Baroja escéptico, crítico, estoico, pero con humor. El Baroja que afirma que todo es violencia y crueldad en la vida, y con ello sigue una línea típica de la novelística española: La Danza de la Muerte, La Picaresca, Baltasar Gracián (1601-1658), Mariano José de Larra (1809-1837), etc.

La descripción: Estas descripciones de Baroja tienen un gran valor por sí mismas. El trazo es siempre enérgico. Sus descripciones parecen vigorosos aguafuertes. Las visiones de Castilla son tétricas como la pintura de Ignacio Zuloaga y Zabaleta (1870-1945). Las pinturas de la tierra natal son líricamente emotivas. A veces sus descripciones tienen rasgos de ternura, nostalgia y lirismo emotivo. Cuando esto ocurre, parece que descubrimos la verdadera personalidad de Baroja, enmascarada bajo una fachada malhumorada de agresividad.

Baroja sigue los modelos novelísticos de la novela rusa (Dostoiewski, Tolstoy, Torgeniew), la angloamericana (Dickens y Poe) y la francesa (Stendhal y Balzac).

ESTILO DE BAROJA

Baroja tiene un estilo desaliñado y antirretórico, pero de gran dinamismo y expresividad. Su prosa adolece de bastantes errores sintácticos: “un buen vasco es irrespetuoso con esa honesta señora que se llama Gramática”. Pero la descuidada espontaneidad de su estilo, de que esos errores son fruto, le dan un innegable encanto. Su estilo es rápido, nervioso, claro y sencillo. Utiliza el lenguaje brusco, seco, cortado, pero vivaz. “Los libros de Azorín huelen siempre a cuarto encerrado, los de Baroja, en ellos circula el aire de punta a punta” (José Ortega y Gasset).

 

Línea materna

Pesimista y fatalista

Línea paterna

Compensadora: Bbohemia, acción

Schopenhauer > Pesimismo

Séneca > Estoicismo

Claude Bernard > Naturalismo

Nietzsche > Hombre de acción

La acción por la acción.

La aventura como forma de digerir la tristeza y el pesimismo

Hombre contemplativo y compasivo

Hombre activo e impasivo

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