Modernismo y Generación del 98

Justo Fernández López


 

La distinción entre Modernismo y 98 no deja de ser una convención. Al principioi fueron llamados “modernistas” escritores tan diferentes como Unamuno, Valle-Inclán y Maeztu. Cuando se hablaba de “modernistas” se entendía “aficionados en exceso a las novedades”, por lo menos así los definían los autores viejos aferrados a las tradiciones.

Modernismo y “98” integran una misma y sola generación. Ambos conceptos caen sobre una misma generación cronológica, la “generación de 1898.

Casi todos los miembros de esta generación cronológica coinciden en el rechazo de posturas e ideas hasta entonces vigentes:

Modernismo

El 98

Ruptura con los gustos decimonónicos y literatura que busca unos nuevos cauces expresivos, si bien lo hacen por caminos diversos 

En este sentido todos los jóvenes literatos de esta generación son modernos o “modernistas”

Oposición contra el positivismo

Rechazo de la novela realista

Rechazo del drama neorromántico

Rechazo de la poesía tradicional

Desdén hacia la política parlamentaria de la Restauración (1875-1931)

Recelo contra el progreso democrático y socialista

Dolorida sensibilidad ante las miserias de la nación

Impresionismo: sensibilidad anti-naturalista

La razón y la memoria reproductiva serán sustituidas por la libre voluntad del creador, que se muestra a menudo como anarquía

Descontento con el siglo XIX, democrático y burgués

Un cierto individualismo e idealismo, producto, sin duda, del momento histórico y cultural en que vivían

Afán de libertad y ademán anárquico

La bohemia literaria, como voluntaria marginación de la sociedad

La disparidad de criterios ideológicos y estéticos los enzarzó en ocasiones en agrias polémicas, pero colaboran amigablemente en empresas de tipo literario, cuando se trata de combatir el poder de los literatos trasnochados

 

Modernismo y 98 son dos direcciones distintas, que no antagónicas, de una sola generación cronológica. Aunque Modernismo es anterior al 98, y aparece en Cataluña antes que en el resto de España. Modernismo y 98 representan, sin embargo, dos tendencias que reflejan dos maneras contrapuestas de interpretar la realidad y también la literatura. Se diferencian en la intensidad en la persecución de la renocación cultural del país, en las metas que anhelan y en las vías a seguir:

Modernismo

El 98

Influencia principal: Paul Verlaine (1844-1896)

Influencia principal: Friedrich Nietzsche (1844-1900)

Esteticista e innovador

Criticista y regenerador

Artistas y estetas

Moralistas: el hombre y el sentido de la existencia

Tendencia hacia la belleza en sí misma, renovación de las formas expresivas

Tendencia a imprimir al artre una intención crítica que contribuya a la regeneración cultural de España

Género literario preferido: Lírica y prosa poética

Género literario preferido: novela y ensayo

Estilo pulido y cuidado en exceso

Estilo directo, espontáneo, sencillo

Pasión de salvar toda forma de belleza, renovando e innovando

Interés por la regeneración del hombre europeo, y español sobre todo

Les atrae del pensamiento de Nietsche la exaltación dionisíaca de la vida y la justificación estética del mundo

Se fijan más en el Zaratustra de Nietsche: la muerte de Dios, la voluntad de poder, el eterno retorno y el anhelo del superhombre

Poca repercusión en la vida real nacional

Más honda repercusión en la vida nacional

Exaltación del paisaje urbano

Exaltación del paisaje rural

Cosmopolitismo

Preocupación nacional

 

«La España finisecular, maltrecha y deseosa de luces, vuelve su atención a las más varias modalidades del pensamiento y del arte europeo. Entre las influciencias, la de Zola pertenece prácticamente al siglo XIX y apenas lo rebasa. Ibsen y Tolstol, en el tránsito de uno a otro siglo, dejan una huella poco firme que, por lo demás, se denuncia más claramente en escritores viejos, como Echegaray y Verlaine, y lo que uno y otro simbolizan, marcan acentuada señal en escritores de la generación que estrena el siglo XX. En torno a uno y a otro puédese considerar dividida dicha generación en un grupo criticista y regenerador (“98”) bajo la influencia principal de Nietzsche y otro grupo esteticista e innovador (“Modernismo”) bajo el influjo de Verlaine. El 98 y el Modernismo acusan las dos influencias (junto a otras secundarias, evidentemente), pero la intensidad es distinta en cada grupo. Y no olvidemos que integran la misma y sola generación. Sobre ella, como sobre las generaciones estrictamente coetáneas de Alemania, Francia, Italia o Inglaterra, no podía menos de ejercer atracción el pensamiento subversivo de Nietzsche, que denunciaba una decadencia (¿cómo España no había de sentirse complica de ella?) y anunciaba una nueva voluntad (¿cómo España no había de codiciarla?).» [Gonzalo Sobejano: Nietzsche en España. Madrid: Gredos, 1967, p. 28-29]

Tendencia ética en los hombres del 98

Los escritores del 98 viven preocupados por los problemas sociológicos. El  el arte y la literatura son sólo un instrumento para mejorar las condiciones de vida de la gente y despertar las ansias de renovación cultural. Los hombres del 98 se sienten llamados a reformar el país y eligen el camino del compromiso con la sociedad, pero sin llegar a intervenir activamente en la vida política, solvo en algunos casos muy concretos. Se sienten en la obligación moral de censurar duramente a la sociedad y al poder establecido.

Algunos autores como Ramón María del Valle-Inclán y Antonio Machado, incluidos en la Generación del 98, fueron rabiosamente modernistas en sus orígenes literarios y sufrieron luego una evolución personal que les fue alejando de las exquisiteces expresivas del modernismo. Algunos hombres del 98  coincidían con los modernistas en algunas cosas, pero estaban muy alejados de su estética literaria y de su preocupación por la forma bella.

Tendencia estética del modernismo

Su preocupación es la búsqueda de un arte cada vez más complejo, refinado y exquisito, pero alejado de cualquier preocupación social: el arte por el arte. Defienden un arte minoritario para grupos selectos. Se ven como artistas y no pensadores o moralistas. No tienen inquietudes ni tensiones ideológicas, sus críticas tienen carácter más bien estético. Sus señas de identidad: un estilo pulido y cuidado en exceso.

Como movimiento estético, el Modernismo supone una evolución y hasta un renacimiento de los remas del romanticismo: oposición a lo vulgar y lo mezquino, devoción por el pasado, predominio constante de la pasión sobre la razón, presencia de lo misterioso y lo irracional, predilección por el mundo de los sueños, inclinación a los viajes, cosa que demuestra su permanente inquietud.