Camilo José Cela Trulock  

Justo Fernández López


BIOGRAFÍA

Camilo José Cela Trulock (1916-2002), nació en Iria Flavia, La Coruña, de padre gallego y madre inglesa. Con nueve años se trasladó con su familia a Madrid.

Su familia paterna es toda gallega, de “cierto lustre y cierta antigüedad”. En su familia hay un beato, Fray Juan Jacobo Fernández, al que Cela hace alusión en varias de sus obras. Su madre “tuvo nombre bello de soltera: Camila Emmanuela Trulock y Bertorini, un nombre de heroína de Byron”; era descendiente de un italiano casado en Inglaterra con inglesa y venido a Galicia para construir el ferrocarril de Santiago de Compostela. Con la hija de Bertorini se casó un inglés, John Trulock, que vino a España a hacerse cargo de citado ferrocarril. Su hija fue la madre de Cela. “Yo estoy satisfecho de no ser un pura sangre. La mezcla de sangres no es mala; unas sangres liman las asperezas de las otras”.

El padre de Cela era funcionario de aduanas, así vivió Cela en varias ciudades españolas y extranjeras. Al final radicó en Madrid.

Su bachillerato con los frailes fue gris, sin notas brillantes. Comenzó los estudios de Medicina en 1934 en la Universidad de Madrid, pero pronto los abandonó para asistir a las clases que Pedro Salinas impartía sobre literatura española contemporánea en la facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad.

Durante la Guerra Civil (1936-1939) estuvo en la zona republicana, luego se pasó a la nacional y luchó en el bando franquista, aunque posteriormente rechazaría la dictadura de Franco y mantendría siempre una actitud independiente y provocativa.

Terminada la guerra estudia tres años Derecho y se coloca como escribiente en el Sindicato Nacional Textil. Allí tenía “el segundo puesto por abajo, el primero después del portero”. Allí escribió su primera novela que le hizo famoso, La familia de Pascual Duarte (1942).

Antes de la guerra, Cela había estado de reposo en el Sanatorio de Navacerrada por una afección pulmonar; después de la guerra, recae. De estos forzados reposos saca un caudal de lecturas: Lee a Ortega entero; luego devora completa la colección de los clásicos de Rivadeneyra: setenta tomos. Los leyó cuidadosamente por orden y fue haciendo lista de los admirados y de los rechazados: Lope, sí; Calderón, no; Cervantes, sí; Fran Luis de Granada, no; Santa Teresa, sí; Tirso, no; Quevedo, sí; San Juan de la Cruz, no, etc. Siente predilección por autores preclásicos, medievales, primitivos, asimismo por los que cultivan lo popular (Lope), o lo caricaturesco y deforme (Quevedo). Rechaza a los demasiado estructurados (Calderón, Luis de Granada).

Al sanar de la enfermedad, comienza a colaborar en revistas y a escribir, manteniéndose intencionadamente al margen de todos los premios literarios (abundantes después de la guerra).

En 1954, Cela hizo un viaje triunfal por la América Hispana, fruto de este viaje fue La Catira, ambientada en Venezuela.

En 1954 se trasladó a Palma de Mallorca, donde fundó, en 1956, la influyente revista literaria Papeles de Son Armadans, de la que fue director y en la que colaborarían destacados autores españoles y extranjeros, así como escritores españoles en el exilio.

En 1957, ingresó en la Real Academia Española con un discurso sobre La obra literaria del pintor Solana, en el que se detuvo en la relación pintura-literatura.

En 1964 obtuvo el doctorado honoris causa por la Syracuse University de Nueva York, circunstancia que aprovechó para dar varias conferencias por los Estados Unidos y escribir el Viaje a U.S.A., que publicaría en 1967.

En 1977 fue nombrado senador por designación real en las primeras Cortes Generales Constituyentes de la transición española, cargo que ejerció hasta 1979.

Fue Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1987 y Premio Nobel de Literatura en 1989. En 1995, recibió el Premio Cervantes.

En 1996 fue nombrado marqués de Iria Flavia.

Murió el 17 de enero de 2002, en Madrid, y sus restos mortales fueron enterrados en su ciudad natal.

Sus extravagancias, a las que el autor fue en exceso proclive, han dañado su fama literaria, dando una imagen banal que parecía no preocupar demasiado al autor.

OBRA NARRATIVA

Cela cultivó prácticamente todos los géneros, pero destacó con indiscutible singularidad en la novela, el cuento y el ensayo. Su brillante prosa es heredera de una plástica acidez en la línea del conceptismo quevedesco y el tremendismo valleinclanesco.

Para algunos críticos, a Cela le perjudicó el rápido triunfo de Pascual Duarte. “Me considero el más importante novelista desde el 98, y me espanta considerar lo fácil que me resultó. Pido perdón por no haberlo podido evitar. Dedico esta edición a mis enemigos que tanto me han ayudado en mi carrera”. Manifestaciones de este tipo han hecho que se haya considerado a Cela como “el Dalí de la literatura”.

Cela seguirá siendo el mayor estilista del siglo XX, con una profusión léxica inigualable. Pero le falta cierta concentración temática para ser un novelista fuera de serie; sus novelas tienen demasiada dispersión anecdótica accesoria, y el lector queda demasiado seducido por el malabarismo verbal. Cela, a veces, parece un manierista; su prosa es barroca y quevedesca, pero siempre fascinante.

La familia de Pascual Duarte (1942)

El libro obtuvo un importante éxito de crítica pero fue mal recibido por las autoridades franquistas, que prohibieron una segunda edición del mismo en 1943.

Pascual Duarte supuso un revulsivo dentro del desolador panorama de la narrativa española de posguerra.

La familia de Pascual Duarte fue llevada al cine por Ricardo Franco en 1976.

Pabellón de reposo (1943)

Es una novela escrita con técnica impresionista. Cela quería hacer algo como el La montaña mágica (1924) de Thomas Mann (1875-1955).

Es una novela sin personaje real y refleja las experiencias de Cela en el sanatorio de la sierra madrileña, donde fue internado como consecuencia de una enfermedad pulmonar.

Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (1944)

Vuelta hacia el molde picaresco, reconstrucción literaria que destaca especialmente por la riqueza léxica. Es una nueva actualización de los agrios perfiles de la picaresca.

La colmena (1952)

Esta obra es el segundo gran éxito de Cela. Fue publicada en Buenos Aires por los problemas que le causó la censura en España. Ofrece el amplio panorama del Madrid de los primeros años de la posguerra, en el que pululan, como en una colmena, multitud de personajes (300) unidos por la angustia y la mediocridad. La obra está escrita “sin caridad, como la vida misma discurre” y no deja lugar a la esperanza; trasluce un radical nihilismo: “Nada tiene arreglo”. Está escrita con una despiadada ironía y magistral estilo. La novela está dentro de la mejor tradición realista española.

En esta novela, Cela adapta a España las técnicas objetivistas y conductistas de la narrativa norteamericana, especialmente Manhattan Transfer (1925), visión panorámica de la vida neoyorquina entre 1890 y 1925, de John Dos Passos (1896-1970). El novelista alemán Alfred Döblin (1878-1957), en su novela  Berlin Alexanderplatz (1930), sobre la vida de un antiguo convicto en la capital alemana, ya había adaptado la técnica del estadounidense John Dos Passos.

Para los seres de La colmena, cualquier clase de ilusión individual o colectiva resulta utópica. El sexo es la única “liberación”. “Nadie sospecha la cantidad de agua que eché en mi tinta para que el reflejo de la realidad no fuera demasiado violento” (Cela). Se trata de una novela “behaviorista”: los personajes se nos aparecen como sujetos que reaccionan ante los estímulos de su contorno, arrastrado por él fatal y brutalmente como piezas de una máquina; todos carecen de vida interior.

Los personajes económicamente bien acomodados en La colmena adoptan una rigidez moral basada en la íntima satisfacción de haber merecido el éxito. Temas fundamentales de la novela: dinero y sexo. Los defensores de la ley lo son no por amor a la ley, sino por el peligro que corre sin la ley la seguridad e intereses de ciertas personas. Hay una total escisión entre amor y sexo: el sexo es el valor de mercancía que rescata de la miseria de las clases bajas a chicas decentes que encuentran amantes ricos. Estas muchachas felices con su nueva vida son objeto de envidia para otras que no han logrado aún salir de su clase. La rica prostituta se convierte en paradigma del éxito para las jóvenes aspirantes. La ética y las apariencias llevan a una duplicidad moral. Todo el sistema ético está supeditado a la tranquilidad social mediante las apariencias.

La colmena fue llevada al cine por Mario Camus en 1982.

Mrs. Caldwell habla con su hijo (1953)

Es una obra que dejó perpleja a la crítica española y entusiasmó a la francesa. Cela vuelve a la primera persona y la obra muestra la liberación total de complejos sexuales. La obra comprende cartas de Mrs. Caldwell a su hijo ya muerto. El tema central es la pasión incestuosa de la madre por el hijo, reprimida en vida del mismo. Las alucinaciones sexuales de la madre al final acaban en la locura. La obra ha sido rechazada por muchos críticos que no vieron en ella ciertos elementos poéticos y temas psicoanalíticos.

La obra presenta un monólogo interior, contrario a la objetividad de La colmena. Cela intenta en su narrativa lo que Picasso en el cubismo: fragmentar, seccionar, ofrecer planos adyacentes y convergentes, distorsionados, aspectos diversos de la realidad en una superficie plana. Parece que las teorías de Albert Einstein (1879-1955), creador de la teoría de la relatividad, y Max Planck (1858-1947), creador de la teoría cuántica, influyeron en el desarrollo del cubismo.

La catira (1955)

Recreación de la naturaleza y el lenguaje venezolano, que recuerda por su experimentalismo al Tirano Banderas de Valle-Inclán. La acción está situada en tierras venezolanas. El hilo argumental, que recuerda a la Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, es aquí, como en La colmena, lo de menos. El interés se centra en la alternancia de episodios violentos y rasgos grotescos con gran fuerza cómica. En esta novela, Cela hace gala de un virtuosismo verbal fabuloso, manejando formas dialectales venezolanas con gran efecto y gracia.

Para algunos es La catira la mejor novela de Cela, para otros, la peor. La intención del autor al escribirla fue hacer “un canto arrebatado a la mujer venezolana y a la tierra venezolana”.

Se le achaca a esta novela, como a todas las posteriores a Pascual Duarte, que el autor presenta a sus personajes y los abandona antes de perfilarse en todo su carácter. Esta novela entraña un erotismo cruel, sádico y acentuado a veces hasta la monstruosidad.

En cuanto al aspecto formal, Cela emplea 896 voces “de uso común en Venezuela”, aunque los venezolanos no conozcan la mitad de ellas. El virtuosismo lingüístico de esta obra es fabuloso y causa placer por los malabarismos de su prosa.

Tobogán de hambrientos (1962)

Vísperas, festividad y octavas de San Camilo de 1936 en Madrid (1969)

Novela ambientada en los primeros días de la guerra civil en Madrid y en la que analiza el cainismo de la sociedad española. Como es habitual en Cela, el sexo cuenta con un papel de suma importancia a la hora de describir, o simplemente sugerir ese primitivismo.

Está escrita en un monólogo interior continuo. Delirante descripción del Madrid de julio de 1936, año en el que comienza la Guerra Civil. Describe el heroísmo de unos y la mediocridad de la mayor parte al comienzo de la lucha fratricida, en un mundo lleno de erotismo: prostitutas, puteros y homosexuales. El prisma deformante del erotismo distorsiona los temas de vida, muerte, política y valores humanos.

Para algunos críticos, esta obra de Cela es una de las mejores novelas sobre la Guerra Civil. Es sin duda una de sus grandes novelas, después de La colmena y La catira. Pero el prisma erótico, bajo el que se ve el hecho de la guerra, quita valor humano a la obra. En Cela vence la libido sobre el amor, el odio, el miedo y la violencia.

Oficio de tinieblas-5 (1973)

Su obra más arriesgada y vanguardista. Es un libro muy complejo, una serie de variaciones alucinantes sobre la alineación del hombre de hoy. En el delirio de un agonizante vemos pasar una serie de comparsas comparables a las pinturas de El Bosco (1450-1516). En este libro intentó Cela “purgar su corazón”. Por él discurren el sexo, los amores desgraciados, la política y la filosofía.

Mazurca para dos muertos (1983)

Cristo versus Arizona (1988)

Abandona una vez más los moldes narrativos convencionales con un discurso de raíz muy española en una ambientación norteamericana.

El asesinato del perdedor (1994)

La cruz de San Andrés (1994)

Madera de boj (1999)

Es su última aportación a las letras españolas.

NARRATIVA BREVE

El bonito crimen del carabinero y otras invenciones (1947)

Timoteo, el incomprendido (1952)

Baraja de invenciones (1953)

El molino de viento (1956)

Presenta la caricatura del poblacho español donde todo es grotesco, ridículo y mezquino, cuando no estúpida y ciegamente cruel. Muestra la gusanera de pequeños monstruos infrahumanos y deleznables, pululando en un ambiento cochambroso y sucio. Esta breve narración es una Colmena en tamaño de bolsillo, todo con todo un enorme despliegue de virtuosismo formal en el vocabulario.

Tobogán de hambrientos (1962)

Las compañías convenientes y otros fingimientos y cegueras (1963)

Garito de hospicianos (1963)

El ciudadano Iscariote Reclús (1965)

Santa Balbina 37: gas en cada piso (1977)

Los sueños sanos, los ángeles curiosos (1979)

El tacatá oxidado (1981)

Los vasos comunicantes (1981)

Los viejos amigos, primera y segunda serie (1981)

Cachondeos, escarceos y otros meneos (1991)

Colección de narraciones en la que el Cela más provocativo e iconoclasta recorre el universo del erotismo: La señorita tortillera, el coleccionista de polvos casuales o el digno cornudo se pasean, junto a otros especímenes, por los vericuetos del sexo patrio.

Once cuentos de fútbol (1992)

La dama pájara y otros cuentos (1994)

LIBROS DE VIAJES

Los libros de viajes de Cela son de lo mejor de su prosa. En estas notas de viajes, muestra Cela una gran capacidad para pinturas en aguafuerte al estilo del pintor expresionista José Gutiérrez Solana (1886-1945), a quien Cela tanto admiraba.

Viaje a La Alcarria (1948)

Esta obra inicia inimitablemente el género de libros de viajes. Es el más celebrado de los libros de viajes de Cela.

El gallego y su cuadrilla y otros apuntes carpetovetónicos (1951)

Del Miño al Bidasoa (1952)

Judíos, moros y cristianos (1956)

Notas de viajes por Ávila y Segovia.

Primer viaje andaluz (1959)

Viaje al Pirineo de Lérida (1965)

Páginas de geografía errabunda (1966)

Viaje a U.S.A. (1967)

Nuevo viaje a la Alcarria (1986)

Este viaje fue realizado, por contraste con el original, en un Rolls-Royce, conducido por una mujer negra, que sirvió de acompañante a Cela.

Primer viaje andaluz: notas de un vagabundo por Jaén, Córdoba, Sevilla, Huelva, y sus tierras (1989)

OBRA POÉTICA

Pisando la dudosa luz del día (1945)

El monasterio y las palabras (1945)

Cancionero de la Alcarria (1948)

Tres poemas gallegos (1957)

Reloj de arena, reloj de sol, reloj de sangre (1989)

Poesía completa (1996)

Un volumen que la recoge toda su obre poética.

OBRA DRAMÁTICA

María Sabina (1970)

Homenaje a El Bosco I (1969)

Homenaje a El Bosco II (1999)

Esta pieza dramática, titulada Homenaje a El Bosco, segunda parte, extracción de la locura o El inventor del garrote, fue escrita por encargo de la Comunidad de Madrid, para conmemorar el centenario de la Generación del 98.

TRABAJOS LEXICOGRÁFICOS Y DE ERUDICIÓN

Es destacable la preocupación de Cela por el léxico, palpable no sólo en su obra creativa, sino también en las recopilaciones publicadas con los títulos:

Diccionario secreto (1968 y 1971)

Enciclopedia del erotismo (1976)

Diccionario geográfico popular de España (1998)


 

«Hace unas semanas, con motivo de la muerte de Camilo José Cela, los periódicos se llenaron de artículos de ocasión en los que se definía La familia de Pascual Duarte, de forma casi unánime, poco menos que como un revulsivo antifranquista. Así formulada, la frase sólo puede ser un sarcasmo: ¡un revulsivo antifranquista en 1942, cuando el único antifranquismo que existía en España estaba enterrado, en el exilio, en el monte o callado! Olvidemos por un momento las incómodas actividades del novelista durante la guerra, que hizo en el bando franquista, y su ocasional trabajo de censor en la inmediata posguerra. Olvidemos todo eso e imaginemos en Cela a una suerte de emboscado opositor al régimen, y volvamos a leer entonces la novela. Ésta, como se recordará, consta en su mayor parte de la confesión de un brutal campesino extremeño cuyo historial delictivo culmina con el asesinato de su madre y, ya en la atmósfera de violencia prerrevolucionaria que antecedió y fue la justificación del golpe de Estado militar ('durante los 15 días de revolución que pasaron sobre su pueblo'), con el asesinato del conde de Torremejía, que es el hecho que lleva a Pascual, una vez instaurado el orden franquista, primero a la cárcel y luego al garrote vil, no sin que antes haya aceptado un castigo que en su fuero interno considera justo. Bien: quienes insisten en leer La familia... como una novela disidente aducen como máximo argumento el hecho de que la España tremenda que allí comparece se halla en los antípodas del esplendor postizo que fingía la España imperial de Franco. Como argumento es endeble (supone que la novela habla de la realidad española, y no de literatura, que es de lo que probablemente habla; supone que Juan Aparicio y los suyos eran idiotas, cosa que desde luego no eran, o no todos); pero, si nos resignamos a aceptarlo, entonces el argumento se vuelve contra quienes lo esgrimen, porque la España de desolación que en teoría refleja la novela es precisamente la anterior a la guerra, aquella con la que, de acuerdo con la lógica de los vencedores, la España esplendorosa de Franco vino a acabar.

O, dicho de forma más clara: durante los años cuarenta La familia de Pascual Duarte no pudo ser leída más que como una constatación de la trágica necesidad de la guerra, considerada, de este modo, como una suerte de catarsis de urgencia que limpió el país de los Pascual Duarte que lo asolaban, sembrándolo de ruido y de furia. Así lo reconoce implícitamente el propio Pascual al dirigir su confesión al único amigo del conde de Torremejía que conoce y al aceptar su castigo, y algunos de los más perspicaces comentaristas contemporáneos de la obra, como Pedro de Lorenzo, acertaron de lleno al arrimar la exaltación de la violencia y el irracionalismo vitalista que rezuma la obra al ideario estético de Falange. Ésta es, si no me engaño, la única forma sensata de leer la novela, a no ser que decidamos prescindir de los datos de su contexto, de la placenta que la engendró, que es (al menos en principio) la forma más equivocada de leer una novela.

Casi da un poco de vergüenza aclararlo, pero, por si acaso, diré que lo anterior no le resta ni le añade mérito alguno, sea cual sea éste, a la primera novela de Cela; simplemente obliga, a mi juicio, a leerla de forma distinta. Se dirá también que ese error casi unánime de interpretación es sólo un malentendido menor, meramente filológico; discrepo: no puede serlo algo que atañe de forma decisiva al significado de la novela más emblemática del más emblemático de los novelistas de posguerra. No: se trata de algo más importante; se trata de un síntoma.» [Javier Cercas: “El pasado imposible”, en El País - 22 de abril de 2002]


El tremendismo

1. Corriente estética desarrollada en España durante el siglo XX entre escritores y artistas plásticos que exageran la expresión de los aspectos más crudos de la vida real.

2. alarmismo.

3. Taurom. Estilo de toreo basado más en la espectacularidad que en la observancia de las reglas clásicas.

El estilo inicial de Cela, conocido con el término taurino de tremendismo, queda patente ya en su primera novela, La familia de Pascual Duarte (1942), uno de los libros más traducidos de todos los tiempos. La obra narra la difícil existencia de un campesino extremeño y describe con un realismo desgarrador la dureza de su entorno.

Cela se situaba dentro de la mezcla de tradición y modernidad del 27 desde el propio título del libro, tomado de un verso de don Luis de Góngora. De hecho, el sustrato surrealista de Cela es palpable a lo largo de toda su producción posterior, especialmente en Oficio de tinieblas 5 (1975). Desde este punto de vista, muchas de las críticas que se le han hecho por fragmentar en exceso sus novelas encuentran respuesta en este carácter lírico.

Las lecturas que habían de conformar su personalidad literaria: Cervantes, Quevedo y Ortega y Gasset, a los que habría que sumar su desgarrada visión de España, emparentada directamente con la de Goya y Valle-Inclán. A este esperpentismo corresponde en buena medida el carácter brutal de algunas páginas de Cela en libros como

El bonito crimen del carabinero y otras invenciones (1947)

La Familia de Pascual Duarte (1942)

tal brutalidad, en parte explotada por el propio autor, se ha sumado a la falsa imagen del Cela zafio y cazurro que, como ya hemos señalado, es tan injusta como la del Quevedo chistoso y chocarrero; porque con ello sólo busca el autor acudir a la raíz primaria del ser humano, más allá de todo lo que implique educación del carácter. La búsqueda de esa misma esencia primitiva fue la impulsora de sus

Grande será también la presencia de Baroja en la formación de Cela (no olvidemos que el joven Cela será uno de los contertulios habituales del novelista guipuzcoano en sus últimos años), cuya huella se demuestra tanto en la estructura abierta de sus novelas como en la selección de ambientes barriobajeros -como los de La Busca, Aurora Roja o La Feria de los discretos- en muchas de las obras de Cela, y sobre todo en  La Colmena, por lo que hay de coincidencia en el ambiente madrileño. También es evidente el carácter lírico de muchas de las páginas narrativas de Cela.

Su obra en prosa se inició, como ya hemos indicado, con La familia de Pascual Duarte, en la que el excelente estilo del autor se ponía al servicio del realismo más crudo y sin concesiones. Tal crudeza, constante en la obra posterior del autor, dio lugar a la creación de una corriente denominada tremendismo, que, curiosamente, no sería seguida por el autor, que dejaría que su capacidad de describir con dureza permaneciera dentro del contexto necesario, al menos durante esos años de la primera postguerra, tal y como demuestra Pabellón de reposo (1943), en la que el tono lírico se diluye mediante la utilización de la perspectiva múltiple. A partir de aquí, ha sido especialmente importante para el autor no repetirse en sus novelas, lo que le ha llevado a un constante experimentalismo que no es óbice para encontrar en su narrativa una serie de puntos comunes como los que venimos señalando (onirismo, fragmentarismo, búsqueda de los impulsos básicos del ser humano, con frecuencia identificado con el sexo).

El tremendismo como estética literaria se desarrolla, fundamentalmente, en la novela española de los años cuarenta del siglo XX y se caracteriza por una especial crudeza en la presentación de la trama, llena de situaciones violentas, así como por  los personajes, que son seres marginados, con defectos físicos o psíquicos, prostitutas, criminales, etc.. El lenguaje es desgarrado y duro.

El tremendismo es una forma particular de describir la realidad bajo la óptica de la exageración, utilizada a veces para crear en terceros la idea de que una tragedia es inminente, con el fin oculto de inducir a una determinada decisión, que se hace ver como la única capaz de evitar el suceso nefasto.

Hay una relación de continuidad de esta estética con una larga tradición que enlaza con la poesía satírica del siglo XV, La Celestina, la Picaresca, Quevedo, Baroja, Valle-Inclán y la pintura negra de Solana, etc.

La familia de Pascual Duarte

Esta novela inaugura el movimiento llamado tremendismo, predecesor del existencialismo europeo de alguna manera. Se comparó a Pascual Duarte con el Extranjero (1942) de Albert Camus (1913-1960), así como La Colmena fue comparada con varias obras de Jean-Paul Sartre (1905-1980). Al ser publicada, esta novela constituye un verdadero escándalo, debido a la deliberada truculencia del relato, exagerado y tremebundo, lleno de horrores y crueldades.

La novela nos ofrece la autobiografía de un campesino extremeño, escrita en la cárcel después de haber cometido varios crímenes. El relato está narrado en primera persona. Comienza la novela el editor de la autobiografía y terminan la misma dos testigos de la muerte del protagonista en el patíbulo. En el medio de estos narradores está la narración de Pascual Duarte en primera persona.

La autobiografía nos cuenta la vida desgraciada y los crímenes horrendos de un campesino extremeño, que con todo el cariz de monstruo. Esconde un alma más bien tímida, ásperamente tierna: “hombre que quizás a la mayoría se les figura una hiena..., aunque al llegar al fondo de su alma no es otra cosa que un manso cordero, acorralado y asustado por la vida”, dice el cura en la novela. A pesar de sus crímenes, Pascual Duarte tiene un elemental, pero auténtico sentido de lo justo y de lo humano. Ante el patíbulo vocea que no quiere morir y que lo que hacen con él “no hay derecho” –y tiene sus razones para decirlo.

El famoso internista, patólogo y ensayista español Gregorio Marañón  (1887-1960) escribió de Pascual Duarte: “es una buena persona y su tragedia es la de un infeliz que casi no tiene más remedio que ser, una y otra vez, criminal, de modo que sus arrebatos criminosos representan una suerte de abstracta y bárbara pero innegable justicia”.

Pascual Duarte tiene cuarenta años cuando comete el último crimen matando a su madre. En el momento culminante de su crimen, cuando da muerte a su madre al final de la narración, es Pascual Duarte un hombre curtido por la adversidad. A pesar de sus crímenes, Cela atribuye a este personaje una compleja y hora sensibilidad e incluso una penetrante y reflexiva inteligencia.

Muchos autores han visto en Pascual la sicología del “hombre primitivo”. Pero la presencia del mal es mucho más evidente en los demás que en Pascual, de modo que el asesino es también, y antes que nada, víctima: víctima de las gentes con quienes choca, de las terribles “circunstancias de la vida”. La responsabilidad del mal radica en una estructuración social defectuosa, en la injusticia genérica de la que la miseria, la brutalidad y el crimen derivan. El propio Pascual nos lo dice desde un principio:

Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo... hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas. Aquellos gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ceño como las alimañas para defenderse.

La novela es así indirectamente crítica social de una estructura que es capaz de producir tipos monstruosos y caricaturescos. Esto diferencia a Cela de la filosofía del Extranjero de Camus. Pascual Duarte es un hombre violento y tierno al mismo tiempo. Un hombre que busca la más elemental felicidad y que en el momento que cree tenerla a mano el destino le complica la vida y las circunstancias le incitan al crimen. La violencia está representada en seis actos violentos:

Pascual Duarte hace ver la injusticia de una España sojuzgada por gentes de orden, ordenada en estamentos sociales irreconciliables, donde falta completamente la ternura y el amor. So capa de orden, la sociedad encubre un vacío interior emocional enorme. En este vacío se debate Pascual, a puñaladas, matando a diestro y siniestro, sin por qué plausible. Sus reacciones frente a las circunstancias son animales e instintivas. Es un antihéroe en la tradición picaresca y de la “España Negra” de Goya, no es un héroe “clásico”, cuyos crímenes tengan una justificación moral. Comparándole con Pavel Mijailovich de La Madre (1907) de Maksim Gorki (1868-1936), publicada 35 años antes, advertimos la diferencia: Pavel flota en un “vacío ordenado”, pero lucha por crear un orden nuevo, sus actos tienen un carácter revolucionario; Pascual reacciona solamente ante las circunstancias sin saber por qué. La autenticidad de la novela reside en la protesta contra una estructura social sacralizada por unas venerandas tradiciones que condujeron a España al crimen fratricida de la Guerra Civil; una sociedad con tradiciones, pero sin ternura ni amor. Pero Cela no se atrevió, en los años de la censura de la posguerra, a llamar a las cosas por su nombre y queda como drama personal “existencial” lo que debería haber sido más claramente una alegoría de la España real de entonces. Aunque muchos han visto en el asesinato de su madre el asesinato de la España que la crió y que le repugna.

La Madre de Gorki sufre en silencio, es la vieja Rusia que soporta una noche dolorosa esperando un nuevo amanecer” (Iglesias Laguna); mientras que en Pascual Duarte el círculo del crimen se cierra y el orden público triunfa sobre el cósmico. Muchos han visto en esta novela la protesta contra la aristocratización nietzscheana de la vida, tal como la propagó el filósofo José Ortega y Gasset antes de la guerra. Pascual viene a destruir el selectismo orteguiano, al “hombre señorial” de Alfred Weber; pero al final el orden señorial impera nuevamente, la rebelión resulta infructuosa.

Desde el punto de vista sicológico, a nivel del personaje, tenemos una compleja trama personal: Es la lucha de un hombre preso del papel social de tener que ser “duro” y sin poder realizar su fondo de ternura, que las circunstancias no le permiten. La importancia de conservar la actitud masculina es esencial en hombres como Pascual, al no poder jactarse de posición social o económica: “La pesca siempre me pareció cosa de mujeres, dedicaba mis ocios a la caza”. Tiene que reprimir sus sentimientos más auténticos por la presión del papel social: Pascual siente su agradecimiento hacia el cura del pueblo, el único que sabe que en el fondo él es bueno; cuando Pascual ve al cura, se inclina ceremoniosamente para besarle agradecido la mano:

Siempre que veía a don Manuel lo saludaba y le besaba la mano, pero cuando me casé hubo de decirme mi mujer que parecía marica haciendo tales cosas, y, claro es, ya no pude saludarlo más; después me enteré que don Manuel había dicho de mí que era talmente como una rosa en un estercolero, y bien sabe Dios qué ganas me entraron de ahogarlo en aquel momento.

La frustración que le viene de ver que las personas no admiten sentimientos ni emociones le lleva a manifestar su emocionalidad sólo hacia la materia inorgánica: Sus sensaciones olfativas son muy intensas, su relación con las cosas es más emocional que con las personas. Por ejemplo, en la caza se cansa y se sienta sobre una piedra que le da reposo. Al levantarse luego y alejarse de la piedra, siente como si la piedra se sintiera triste por ser abandonada:

Cuando me marchaba, siempre, sin saber por qué, había de volver la cabeza hacia la piedra, como para despedirme, y hubo un día que debió parecerme muy triste por mi marcha, que tuve más suerte que volver mis pasos y sentarme de nuevo.

La ingenuidad que implica tal acción sólo puede encontrarse en un espíritu sencillo, capaz de compasión y misericordia. En otras ocasiones vemos su ternura al ver cómo su mujer amamanta a su hijito. Los recuerdos de su infancia están saturados de aromas y sensaciones olfativas que estimulan reacciones somáticas. Son muchos los olores que le gustan y experimenta ante ellos fuertes respuestas fisiológicas.

Pascual tiene a veces en su mano la felicidad, que por las circunstancias luego se le escapa: Le llega un hermano que puede ayudarle, se alegra; pero resulta que este hermano es un imbécil despreciado de todos hasta por los que le engendraron, y llega a morir ahogado en un barril de aceite. Luego se enamora, pasa su luna de miel; pero de viaje de novios su yegua atropella a una vieja, y ésta le arma el escándalo. Una caída de la yegua hace abortar a su mujer. Va a la taberna a solazarse un momento feliz y tiene que salir a navajazos. Tiene que matar al hombre que explota a su hermana. Le muere su segundo hijo y las mujeres de su casa no saben más que lamentarse constantemente, ritornelo desesperante una y otra vez, hasta que la cabeza de Pascual no aguanta más. Sale de la cárcel por buen comportamiento y el jefe de la estación donde espera el tren le quita toda su ilusión: Otra vez en casa, otra vez el desprecio, la soledad, su hermana huida de nuevo al prostíbulo. Al final viene el más horrible de los crímenes, la muerte de su madre.

Es un asesinato muy pensado, diferente a todos los demás. Cuando mata a la perra Chispa tiene ganas de huir de sí mismo; la muerte de la yegua es en caliente, fatigado del viaje. Pero en la muerte de la madre el crimen se va perfilando poco a poco. El odio nace y va creciendo poco a poco:

... a la madre se le llega a perder el respeto, primero, y el cariño después de los años... dejó de ser una madre en mi corazón y llegó a convertirse en un enemigo. En un enemigo rabioso, que no hay peor odio que el de la propia sangre; en un enemigo que me gastó toda la bilis, porque nada se odia con más intensos bríos que a aquello a que uno se parece y uno llega a aborrecer el parecido... El odio tarda años en incubar; uno ya no es niño y cuando el odio crezca y nos ahogue los pulsos, nuestra vida se irá.

El personaje de la novela no es Pascual, ni su madre, es el odio, creciente, en torrente sonoro y frío, cegador y clarividente al mismo tiempo. Es el odio del hijo no comprendido ni acariciado jamás, el hijo que no alcanza siquiera una curiosidad amable por parte de su madre. El gran logro de esta novela está en el tratamiento tan dosificado de este sentimiento del odio, tan maltratado teatralmente en toda la literatura mundial. Pero este tema lo trata Cela de forma cuasi biológica, lo vemos crecer lentamente en la carne y la sangre de Pascual. Sale de la cárcel y se ilusiona por vivir una nueva primavera rezagada, el amor. Y se casa, esperanzado. Pero la madre le corta e impide el renacer de la esperanza en la felicidad emocional y amorosa:

Me quemaba la sangre con su ademán, siempre huraño y como despegado, con su conversación hiriente y siempre intencionada con el tonillo de voz que usaba para hablarme, en falsete y tan fingido como toda ella.

Otra vez el odio le destruye la esperanza de una felicidad que ya tenía en la mano. La ilusión de encontrar la felicidad y el sosiego se le escapa de nuevo, muerta por el odio. Pascual no encuentra más salida que la de “poner tierra por medio” (enterrar a alguien). El asesinato de la madre es premeditado, sereno, es una conclusión, no una corazonada: “en la cárcel me hicieron más calmoso, me quitaron los impulsos”.

“Las cosas” se van componiendo en esa dirección del crimen:

La bilis que tragué me envenenó el corazón y tan malos pensamientos llegaba a discurrir que llegué a estar asustado de mi mismo coraje. No quería ni verla.

Toma la decisión sin sobresaltos ni horror, acaricia el arma, fija “el día” en el calendario y hace planes para huir “y empezar de nuevo”.

La conciencia no me remordería, no habría motivo. La conciencia sólo remuerde de las injusticias cometidas: de apalear a un niño, de derribar a una golondrina... pero no puede haber escrúpulo alguno de algo que se hace por odio, por algo de lo que no tendremos que arrepentirnos jamás... después de todo era mi madre... con echarme al mundo no me hizo ningún favor, absolutamente ninguna.

Pascual va a matarla, se sienta a observar cómo duerme. Pelea con ella dura y atrozmente y al ver luego el chorro de sangre escapándose caliente del cuello, siente en el campo libre y fresco una “sensación como de alivio”. Allí, en el camastro de la choza, dejó su odio estrangulado, cosido con el puñal contra el jergón.

Y tras la muerte de la madre pensamos en su niñez: Inmerso en un clima de negra desolación, donde la violencia y la falta de normas son las únicas guías de la existencia. El padre y la madre se entretienen en frecuentes palizas, de la que alguno que otro cae sobre la espalda del chico. Palizas casi siempre provocadas por la testarudez de la madre. Se cría Pascual desde niño a la defensiva. Espanto ante la borrachera de los padres. El padre muere enfermo de rabia. El hermano mayor es débil mental. Pero en la vida de Pascual vemos su ansia de cariño, de vida contenta:

Por entonces, la misma ilusión que a un muchacho con botas nuevas me hicieron los accesos de cariño de mi mujer; se los agradecería de todo corazón, se lo juro.

El capellán de la cárcel se le acerca:

Se acercó a mí y me besó en la frente. Hacía muchos años que nadie me besaba... me tenía la mano cogida con cariño y me miraba a los ojos... me explicó algunas cosas que no entendí del todo, sin embargo, debían ser verdad, pues a verdad sonaban.

Al final de la novela, Pascual es llevado al patíbulo, donde es ejecutado: patalea y grita que es una injusticia lo que hacen con él, que no hay derecho.

Esta novela de Cela tuvo la virtud de poner de manifiesto el tono insípido y convencional de la literatura que es escribía en el momento en España, por eso significó el comienzo de una nueva generación literaria de un realismo exacerbado, lo que se llamó tremendismo. Así es Pascual Duarte la primera novela representativa de la posguerra española.

La biografía de Pascual Duarte comprende los años 1902 a 1936 del siglo XX. Pascual es ejecutado en 1937, en plena Guerra Civil:

1902

Nace Pascual Duarte.

1909

Va a la escuela. Es testigo de las riñas y peleas entre sus padres. En octubre matan a Ferrer.

1910

Nace su hermana Rosario.

1928

La relación con su hermana es cada vez más estrecha. Rosario decide marcharse a Trujillo para trabajar como prostituta. Se marcha con El Estirao. Muere el padre de Pascual víctima del alcohol. Una tarde, Pascual mata a su perra de caza. Es la primera explosión de agresión y liberación de la presión interior.

1930

Pascual conoce a Lola. Luchas y discusiones en el pueblo entre el los campesinos y el terrateniente del lugar, Don Jesús.

1931

Pascual se casa con Lola. Se proclama ese día la Segunda República española (1931-1936). A la vuelta del viaje de novios, una mula mata en un accidente a Lola. Pascual mata a la mula.

Pascual va a buscar a Rosario, hasta que aparece El Estirao. La madre ve cómo Pascual mata a El Estirao.

1936

Triunfo del Frente Popular. Amnistía. Pascual sale de la cárcel e intenta rehacer su vida de nuevo. Unos meses más tarde estalla la Guerra Civil (1936-1939). El pueblo de Pascual es tomado por las tropas del general Franco.

Pascual mata a su madre, testigo permanente de su vida.

Pascual mata al terrateniente Don Jesús.

1937

Pascual es llevado al patíbulo.

 

Bibliografía:

Iglesias Laguna, Antonio: Treinta años de novela española – 1938-1968. Vol. 1, Madrid, 1970.