Gabriel Celaya 

Justo Fernández López


BIOGRAFÍA

Gabriel Celaya (1911-1991), poeta, nacido en Hernani (Guipúzcoa). Su verdadero nombre civil era Rafael Gabriel Mújica Celaya, aunque también firmó con el seudónimo Juan de Leceta.

Estudió la carrera de ingeniero industrial en Madrid. Allí conoció en la Residencia de Estudiantes a otros poetas que estimularon su interés por la poesía.

Intentó compaginar sus tareas de ingeniero con las de escritor. Pero en 1956 se instaló definitivamente en Madrid para dedicarse por completo a la poesía.

En la década de 1950 se incorporó de lleno a la poesía social y se situó en una línea ideológica muy cercana a la del Partido Comunista.

En 1937, en plena Guerra Civil (1936-1939), fue hecho prisionero por las tropas nacionales y puesto más tarde en libertad.

Fue traductor de Rainer Maria Rilke, William Blake, Arthur Rimbaud y Paul Eluard.

En 1977, con la llegada de la democracia, se presentó como candidato al Congreso de los Diputados por el Partido Comunista. En los años setenta y ochenta, cuando ya no estaba de moda la poesía social, pasó muchos apuros económicos que dificultaron su vejez.

Premios: la Diputación Foral de Guipúzcoa le rindió un caluroso homenaje en San Sebastián (1984); el Ministerio de Cultura le concedió Premio Nacional de las Letras Españolas (1986); la Biblioteca Nacional de Madrid organizó la exposición "Noticia de Gabriel Celaya" (1987); y el Ayuntamiento de San Sebastián le concedió el "Tambor de Oro" (1989).

Falleció en Madrid y sus cenizas fueron esparcidas en su Hernani natal.

OBRA POÉTICA

Celaya ha evolucionado desde una poesía concebida como una exploración de lo desconocido y anclada en lo existencial, hasta la defensa enérgica de la justicia social, de acuerdo con su concepto de la poesía:  “la poesía no es un fin en sí misma, sino un instrumento para transformar el mundo”, “la belleza es un ídolo metafísico”.

Comienza escribiendo dentro de las tendencias del 27, pero pronto su poesía da un giro hacia la problemática existencialista y se acerca cada vez más hacia posturas sociales y comprometidas. Su lenguaje poético va adquiriendo un tono más conversacional, coloquial y prosaico; quería expresarse con las mismas palabras que usaba el pueblo: “porque en el poema debe haber barro, con perdón de los poetas poetísimos”.

Fue uno de los principales representantes de la denominada poesía social, que trata temas políticos y sociales. Gabriel Celaya es, junto con Blas de Otero, la figura más representativa de la poesía social y comprometida: “la poesía es un arma cargada de futuro”. En pleno franquismo, se atrevió a pedir en voz alta "poesía para el pobre, poesía necesaria / como el pan de cada día".

La poesía de Celaya es la de una Espaa dolorosa, sojuzgada y amordazada, pero que aún tiene derecho a la esperanza: “nos queda la palabra”.

A muchos de sus poemas les han puesto música cantautores como Paco Ibáñez.

Marea de silencio (1935)

Su primera obra refleja influencias surrealistas y de la generación del 27.

La soledad cerrada (1936)

Tranquilamente hablando (1947)

Las cosas como son (1949)

Se parece al amor (1949)

Avisos (1950)

Las cartas boca arriba (1951)

Lo demás es silencio (1952)

Paz y concierto (1952-1953)

“Ser poeta es hablar por los otros”.

Cantos iberos (1955)

“A Sancho Panza, que habla liso y llano, con rabia y rayo lo pone todo claro”.

Las resistencias del diamante (1957)

Con el corazón en su sitio (1959)

Para vosotros dos (1960)

Poesía urgente (1960)

Rapsodia euskera (1961)

Episodios nacionales (1961)

Canto en lo mío (1968)

Poesías completas (1969)

Los espejos transparentes (1968)

A partir de Los espejos transparentes (1968) va superando su postura comprometida y las influencias de Miguel de Unamuno y Vicente Aleixandre se hacen más acentuadas.

Campos semánticos (1971)

Función de uno, equis, ene (1973)

La higa de Arbogorriya (1975)

Buenos días, buenas noches (1976)


Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,

y calculo por eso, con técnica, qué puedo.

Me siento un ingeniero del verso y un obrero

que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía, poesía-herramienta

a la vez que latido de lo unánime y ciego.

Tal es, arma carga de futuro expansivo

con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.

No es un bello producto. No es un fruto perfecto.

Es algo como el aire que todos respiramos

y es el canto que espacia cuanto llevamos dentro.

[Cantos iberos]


EN LA LUZ ABIERTA

Con los ojos limpios

veo la nueva primavera,

la mañana absuelta.

Con los ojos lavados de pensamientos,

la alegría es otra vez lo que comienza

sin ideas,

la locura feliz lo que se estrena.

Allí está el mar. Mira el mar.

Los pinos tiemblan

aquí, que no, que sí.

La brisa me envuelve, vuela mi camisa

y un frescor me anima.

Con los ojos cerrados

pienso en mis queridos amigos muertos

que no viven esta dicha.

Con los ojos abiertos

mi sonrisa riza la melancolía.

[Buenos días, buenas noches]


Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,

mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,

fieramente existiendo, ciegamente afirmando,

como un pulso que golpea las tinieblas, que golpea las tinieblas.

Cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte,

se dicen las verdades: las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día,

como el aire que exigimos trece veces por minuto,

para ser y en tanto somos, dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan

decir que somos quien somos,

nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno,

estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales

que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.

Maldigo la poesía de quien no toma partido, partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren y canto respirando.

Canto y canto y cantando más allá de mis penas,

de mis penas personales, me ensancho, me ensancho.

Quiero daros vida, provocar nuevos actos,

y calculo por eso, con técnica, que puedo.

Me siento un ingeniero del verso y un obrero

que trabaja con otros a España, a España en sus aceros.

No es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto.

No es un fruto perfecto. Es lo más necesario, lo que no tiene nombre.

Son gritos en el cielo y en la tierra son actos.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan

decir que somos quien somos...