Poesía española de la posguerra

Justo Fernández López


Los primeros años de la posguerra

La dramática convulsión de la Guerra Civil (1936-1939) cerró una etapa de la historia de España. La nueva época de la dictadura franquista comienza queriendo crear una cultura ideológicamente nacionalista.

No hay que olvidar que en el periodo de la posguerra muchos autores pertenecientes a las generaciones anteriores a la guerra produjeron sus obras de madurez, que impulsaron a los jóvenes que comenzaban su producción tras la guerra fratricida (Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, etc.).

Transcurridos los tres años de guerra civil, en los que la literatura se puso al servicio de las ideologías (Rafael Alberti y Miguel Hernández, por un lado, y José María Pemán y Agustín de Foxá, por otro), la actividad literaria se reanudó con un común denominador (con pequeñas excepciones): El silencio respecto a la tragedia que acababa de sufrir España, así como sobre las duras condiciones de vida en los años en los que se iniciaba la reconstrucción del país.

La poesía, la novela y el teatro dan la sensación, en los primeros años de la posguerra, de haber sido escritos “como si nada hubiere ocurrido”. En un comienzo fue la poesía la que alcanzó un mayor cultivo: una poesía pulcra y fría, neoclásica alejada de la realidad social del momento. La novela y el teatro permanecieron estancados, mientras los escenarios se nutrían con una producción mediocre a base de costumbrismo, humor insulso y temas históricos nacionales.

El primer campanazo lo dio el novelista Camilo José Cela (1916-2002) con su novela La familia de Pascual Duarte (1942), de tipo inconformista. Luego publican Dámaso Alonso (1898-1990) Hijos de la ira (1944) y Carmen Laforet (1921-2004) Nada (1944). La novela de Carmen Laforet ofrece un modelo de identificación a la juventud. El libro de Dámaso Alonso siembre la tempestad en un paraíso de poetas seráficos. Las doctrinas existencialistas que llegan de Europa también contribuyen a calentar el ambiente. Se para de una actitud esteticista, de la “deshumanización del arte” de la generación del 28 a una rehumanización.

La lírica de la posguerra

La poesía que se escribió durante los primeros años de la posguerra no supuso una auténtica novedad, puesto que no fue sino una mera continuación de la que había comenzado a producir poco antes del comienzo de la guerra (1936) un grupo de poetas que, sin romper con los de la generación del 27 abiertamente, marcaron nuevas orientaciones.

La generación del 27 se llamó así por conmemorar ese año el nacimiento del poeta barroco Luis de Góngora y Argote (1561-1627). La generación de 1935 también adoptará como modelo a un clásico, al poeta renacentista Garcilaso de la Vega (1501-1536). La generación del 35 se aparta de la poesía pura y del lenguaje hermético deshumanizante en pro de una poesía más humanista y serena, opuesta al surrealismo. Estos poetas prefieren la estrofa clásica frente al verso libre del 27, reincorporan el amor y lo religioso como temas de la lírica y vuelven a Garcilaso.

La promoción de 1935 - Neoclasicismo

La publicción en 1935 del libro Abril del poeta Luis Rosales (1910-1992) marca la vuelta a la tradición, a la confianza en la vida y a la temática religiosa. El grupo de poetas que le siguen iniciaron una actitud diferente al de la generación anterior: una actitud conservadora en el estilo (expresión más sencilla y clara) y nuevos temas amorosos y religiosos. La mayoría de estos poetas se agrupó en torno a la revista neo-católica Cruz y Raya. A esta generación se le dio el nombre de Generación truncada (por la Guerra Civil):

Luis Rosales (1910-1992), nacido en Granada.

Miguel Hernández (1910-1942), nacido en Orihuela (Alicante).

Germán Bleiberg (1915-1990), nacido en Madrid.

Leopoldo Panero (1909-1962), nacido en Astorga (León).

Luis Felipe Vivanco (1907-1975), nacido en San Lorenzo de El Escorial.

Dionisio Ridruejo (1912-1975), nacido en Burgo de Osma (Soria).

Del grupo habría que considerar como caso especial a Miguel Hernández, poeta contrario al régimen dictatorial de Franco, mientras Rosales, Panero, Vivanco y Bleiberg pertenecen al grupo de poetas católicos. Estos poetas evolucionan más tarde hacia un intimismo realista y trascendente. En el caso de Miguel Hernández se trata de un poeta de sabia original y popular, de compromiso político, que le llevó a una muerte trágica en la cárcel de Alicante en 1942; es el “Lorca” de la posguerra. El resto evoluciona en los años cuarenta hacia una problemática personal intimista (amorosa, familiar y religiosa) dentro de una actitud serena y esperanzada ante la vida.

La promoción de 1940 - Tremendismo

La poesía de la generación de la guerra se orientó hacia un garcilanismo estetizante: búsqueda de los valores formales y la belleza del verso. Hacia la mitad de los 40 diversas circunstancias provocan un cambio de rumbo. Promovido fue este movimiento por la publicación de Hijos de la ira (1944) de Dámaso Alonso (1898-1990). Los conceptos de pureza estética se dejan de lado y nace una poesía existencial y preocupada por los problemas sociales. Contra la revista Gracilazo de los poetas enraizados en lo clásico, surge la revista Espadaña, portavoz de los desarraigados.

Tras la Guerra Civil (1936-1939), el gobierno franquista intenta crear una cultura nacional y tradicional-conservadora. Se crea la Vicesecretaría de Educación Popular (1939-1946) que intenta avivar la vida cultural de la nación en el sentido de la nueva ideología. Se funda para ello la Editora Nacional y la revista Garcilaso de poesía, cuyo director será el poeta José García Nieto (1914-2001).

La revista Garcilaso intenta sustituir a las dos revistas importantes anteriores a la guerra: La Revista de Occidente, fundada por Ortega y Gasset, y la revista Cruz y Raya, neocatólica y defensora de un catolicismo progresivo. La revista Garcilaso desarrolla un sereno clasicismo conformista, dadas las circunstancias de la época. Este intento paraestatal de dirigir la producción poética en España provoca una reacción violenta en poetas jóvenes: Eugenio de Nora y Victoriano Crémer fundan en León una revista contraria a Garcilaso, la revista Espadaña. El objetivo de esta revista es desvelar descarnadamente la realidad. Esta nueva orientación da lugar al movimiento llamado TREMENDISMO, que en 1947 logra desplazar el neoclasicismo del grupo anterior.

Contribuyó al triunfo de esta nueva promoción de poetas jóvenes la publicación de algunas obras de poetas de las generaciones anteriores que introducían un tono diferente dentro del ambiente cultural reinante tras la guerra:

1944: Publica Dámaso Alonso Hisjos de la ira.

1944: Publica Vicente Aleixandre sus Sombras del paraíso.

Estos dos corifeos de la generación del 27 proclaman ahora una poesía impura y abogan por una rehumanización del arte, contra la “deshumanización del arte” de la generación del 27 y de las vanguardias.

Dos publicaciones novelísticas refuerzan la tendencia de los poetas anticlasicistas y los reanima:

1942: Camilo José Cela había publicado La familia de Pascual Duarte, una de las primeras obras inconformistas de la posguerra.

1945: Carmen Laforet publica su novela Nada de tipo existencialista.

El restallante libro de Dámaso Alonso y la cálida pasión y búsqueda de lo colectivo de Vicente Aleixandre, unido al clima de la angustiada Europa del momento, al cansancio respecto de la bella pero exangüe poesía anterior y unido también al inconformismo cada vez más creciente, contribuyó a aparición de una lírica diferente. Los conceptos de pureza estética, refinamiento minoritario y deshumanización son sustituidos por los de intensidad, comunicación, hermandad y realismo.

Al principio, el tremendismo tomó formas violentas, evolucionando luego hacia un realismo que afectó incluso a los poetas neoclasicistas de 1935. Pero dentro de este realismo en el que confluyen todos los poetas de la promoción del 35 y los de la del 40, hay varias tendencias:

Poesía araigada

contra

Poesía desarraigada

Tradición, fe, conservadurismo, conformismo, metafísica personal, realismo sereno, catolicismo.

"Poesía arraigada", así llamó Dámaso Alonso a una  poesía entrañable, de hondo aliento intimista, que atiende a los hechos y las figuras de la cotidianidad del poeta: la familia, la amistad, el hogar, la costumbre, la rutina.

Leopoldo Panero

Luis Felipe Vivanco

Luis Rosales

 

Rebeldía, ira, revolución, inconformismo, descontento, vacío personal existencial, angustia.

Grupo de realismo social:

Victoria Crémer

Gabriel Celaya

Blas de Otero

Eugenio de Nora

Grupo existencialista:

Carlos Bousoño

Vicente Gaos

José Hierro

Rafael Morales

El grupo de realismo social, dentro de la poesía desarraigada, proclama la muerte al individualismo, la hermandad, el sentido de lo colectivo y sospecha del arte:

Y ya acabo.

(Es no es un poema; son palabras

apretadas también, con saña.) Adiós. Es tiempo

de no plantar rosales. ¡Acordaos! [Eugenio de Nora]

Tanto la poesía arraigada como la desarraigada tienen en común una vuelta al realismo, al sentido de la solidaridad social, dentro de la religión o dentro de una postura social ética; proclamación de la hermandad como reacción a la guerra y, siguiendo la nueva tendencia de Vicente Aleixandre, proclamación de la comunicación entre los hombres.

La aparición de la revista poética Espadaña produce una verdadera inflación de poetas. En los años siguientes se suceden las antologías de poetas contemporáneos con nuevas listas, proliferan las revistas de poesía.

En 1943, se funda el Premio Adonáis de poesía que contribuirá a incrementar aún más la lírica (en 1947 se presentan al Premio Adonáis 150 poetas; lo ganará José Hierro con su libro Alegría).

Entre la selva lírica española y la superabundancia de publicaciones poéticas, Francisco Ribes publica en 1952 una Antología consultada y da la lista siguiente, por promociones:

Promoción de 1940

En la década de los 50 logran su producción más madura los poetas de la generación de la posguerra (promoción de 1940), en la doble dirección de existencialismo desarraigado y tendencia social-crítica.

Carlos Bousoño (1923- ), tendencia existencialista

Gabriel Celaya (1911-1991), tendencia social-crítica

Vitoriano Crémer (1907-2009), tendencia social-crítica

Vicente Gaos (1919-1980), tendencia existencialista

José Hierro (1922-2002), tendencia existencialista

Rafael Morales (1919-2005), tendencia existencialista

Eugenio de Nora (1923- ), tendencia social-crítica

Blas de Otero (1916-1979), tendencia social-crítica

José María Valverde (1926-1996), tendencia religiosa-católica

José Luis Hidalgo (1919-1947), tendencia existencialista

Promoción de 1950

La década de los 50 traerá un grupo de poetas predominantemente realista y mayoritariamente de tendencia social: Realismo sociológico.

José Manuel Caballero Bonald (1926- )

José Agustín Goytisolo (1928-1999)

José Ángel Valente (1929-2000)

Ángel González Muñiz (1925-2008)

José Luis Cano (1912-1999)

Rafael Montesinos (1920-2005)

Juan Ruiz Peña (1915-1992)

Jaime Ferrán (1928-  )

Claudio Rodríguez (1934-1999)