La alta comedia realista

Justo Fernández López


Ventura de la Vega (1807-1865)

Adelardo López de Ayala (1828-1879)

Manuel Tamayo y Baus (1829-1898)

José de Echegaray (1832-1916)


La alta comedia realista tiene una finalidad educativa y propaga principios morales, en oposición al desorden pasional romántico. Se intenta estudiar la naturaleza humana y dar una imagen auténtica de la realidad psicológica.

Los últimos dramas románticos ya acusaban cierta contención y sobriedad frente a las atropelladas improvisaciones del teatro romántico. La alta comedia es una fórmula teatral de la segunda mitad del siglo XIX, que coincide con la comedia burguesa del Segundo Imperio francés (1852-1870).

Leandro Fernández de Moratín estilizó la realidad convirtiéndola en miniatura; los románticos la exaltaron desaforadamente. Quedaba el camino de aproximación a la verdad, sin deformaciones de ninguna clase: un recorte a lo desmesurado y una limitación a la tendencia a achicar la objetividad. Este fue el intento de la alta comedia en la segunda mitad del siglo. En ella todo difiere del drama del período anterior:

  • Ambiente de la época y temas de la realidad del momento, contra la vista al pasado nacional.

  • Intención educativa mediante el desarrollo de una “tesis” moral, contra el desorden pasional del Romanticismo y contra el materialismo reinante.

  • Estudio de la naturaleza humana reflejando una imagen auténtica de la realidad psicológica de los personajes, buscando siempre la verdad dramática.

  • El verso va cediendo el paso a la prosa.

Pero el deseo de sensatez va degenerando en aburguesamiento y la introducción de elementos moralizadores se va haciendo cada vez más inoportuna y el adulterio se va convirtiendo en una obsesión de una sociedad demasiado preocupada por evitar el “escándalo”.

Esta comedia de salón realista y moralizadora da paso en la época de la Restauración (1874) al convulsivo neorromanticismo de José Echegaray.

 


Ventura de la Vega (1807-1865)

VIDA

Nació en Buenos Aires. Su verdadero nombre era Buenaventura José María Vega y Cárdenas. Llegó a España cuando contaba 12 años, tras el fallecimiento de su padre.

En mayo de 1823 se fundó la sociedad secreta de los Numantinos, cuya dirección corrió a su cargo junto a otros escritores, como Patricio de la Escosura, Miguel Ortiz, Amor y Espronceda.

Sus ideas juveniles, algo volterianas, evolucionaron hacia la religiosidad, sobre todo a partir de su matrimonio con la célebre cantante Manuela Oreiro de Lema (1838).

Fue preceptor de Isabel II. Traductor, periodista y autor de varios libros de poesía, alcanzó la fama como dramaturgo.

Fue académico de la Lengua Española en 1842 y director del Teatro Español en 1847. En su discurso de ingreso en la Real Academia, atacó al Romanticismo por su agresividad social.

OBRA

Un autor modesto, pero más exacto en la presentación de la realidad, preparó el camino de la «alta comedia» o «comedia dramática» de López de Ayala. Es el argentino Ventura de la Vega, poeta lírico de fino corte aunque de pocos vuelos. Sus composiciones denotan un estilo elegante, de ademán contenido y noble.

El lirismo de Ventura de la Vega no llega a gran altura pero sus poesías poseen finura y elegancia formal. En general, tanto en poesía como en teatro, es clásico y contrario al Romanticismo, aunque algunas veces reciba su influencia. Sus libros poéticos son Rimas americanas (La Habana, 1833, sólo los primeros poemas), Obras poéticas (París, 1866) y Poesías líricas (Madrid, 1873).

Teatro

El hombre de mundo (1845)

Es su obra más importante. “Una comedia ligera, frívola, mundana comedia de salón, que con un análisis de caracteres sagaz y agudo, una trama burguesa, graciosa y hábil, y una versificación esmerada puede pasar por el prototipo de esta clase de obras” (Valbuena Prat).

 En ella ridiculizó al hombre de mundo, martirizado por los celos. La frase: "Todo Madrid lo sabía, todo Madrid menos él" está sacada de esta obra de Ventura de la Vega.

Asunto: Es la historia de un calavera atormentado por los celos, el fracaso de un don Juan que con insidias pretende destruir la felicidad de un matrimonio.

La cuidada versificación de la obra, su ambiente burgués y su mismo asunto anuncian el teatro de la segunda mitad del siglo. El género, que había de hacer típicamente suyo Ayala, quedaba fijado con esta obra.

Don Fernando de Antequera (1847)

Drama histórico de escaso valor con el que se inauguró en 1847 en Barcelona el Gran Teatro del Liceo.

La muerte de César (1865)

Tragedia clásica en romance heroico, obra muy apreciada por Juan Valera. Con esta obra intenta rehabilitar un género repudiado por el Romanticismo, dándole un poco más de realismo y de vigor dramático. “He procurado hacer una tragedia en su forma, pero dándole al fondo un poco más de realismo, o por mejor decir, menos de convencional. Le he quitado la tiesura, la aridez, la entonación igual y uniforme... Observa y verás que, en mi tragedia, las gentes comen, duermen, se emborrachan, se dicen pullas” (Ventura de la Vega).

La muerte de Curro Cejas (1866)

Es una versión bufa de La muerte de César, en la que el autor se parodia a sí mismo. Aunque algunos críticos duden de la autoría de Ventura de la Vega, ya que en el original de 1866 se dice que la obra es producto de una autoría múltiple, sin citar nombres: «parto laborioso de una compañía de ingenios averiados».

 


Adelardo López de Ayala (1828-1879)

VIDA

Nació en Guadalcanal (Sevilla) en el seno de una familia pudiente. Se fue a Sevilla a estudiar Derecho sin poder acabar la carrera porque se consagró al teatro.

En Sevilla escribió su primera pieza importante, el drama histórico Un hombre de estado.

Se marchó a Madrid para estrenar su drama histórico Un hombre de estado en el Teatro Español, en 1851. Conoce allí a su futura esposa, la actriz Teodora Lamadrid.

También colaboró en la prensa, en particular en la satírica: El padre Cobos.

En 1857 representa a Mérida como diputado liberal.

Por oponerse al régimen de Isabel II (1833-1868), es desterrado a Portugal. Luego suscribirá el Manifiesto de Cádiz que ayudó a destronar a la reina.

Es nombrado Ministro de Ultramar en el reinado de Amadeo I de Saboya (1871-1873), pero de nuevo sus opiniones políticas le obligan a dimitir.

En 1870 ingresa en la Academia de la Lengua con un discurso sobre su autor favorito.

El año 1878 es nombrado Presidente del Congreso y publica Consuelo, una de sus mejores obras, representada por la que fue su segundo amor y prometida, Elisa Mendoza Tenorio.

En diciembre de 1879 el Rey le propone como presidente del Consejo de Ministros, lo que rechazó en favor de Antonio Cánovas del Castillo, pues estaba ya muy enfermo y ese mismo año murió en Madrid.

OBRA

López de Ayala fue el autor máximo, junto a Manuel Tamayo y Baus, de la alta comedia. Es autor de obras en verso de gran elevación moral y perfección de estilo. Se considera discípulo de Calderón. Sus obras resaltan la fortaleza moral del protagonista de acuerdo con la tradición senequista y cristiana española, junto con la filosofía barroca del desengaño. Se caracterizan por el tratamiento que da a los problemas de corrupción y cinismo en la vida pública. Utilizó la sátira para castigar a sus personajes más detestables. Su temática es muy convencional: su intención es escribir obras morales, pero no critica a fondo el sistema de valores burgués.

López de Ayala ha dejado varios ejemplos de una obra lírica de fino y discreto tono menor. El tema erótico deja una serie de composiciones que revelan una sensibilidad exquisita, y nueva en cuanto a la forma. Pero lo mejor de su obra es una seria de obras dramáticas, que se pueden agrupar en dos períodos:

Los dramas históricos de la primera época, que revelan un fuerte influjo de Calderón de la Barca, de quien se consideraba discípulo. Estos dramas se hallan dentro de la órbita del drama histórico del romanticismo nacional, aunque con diferencias respecto del teatro romántico: Un hombre de Estado (1851).

La alta comedia de la segunda época comprende cuatro comedias de época actual, ambiente urbano y tendencia moralizadora. Es lo más característico de su producción: El tejado de vidrio (1856), El tanto por ciento (1861), El nuevo don Juan (1863) y Consuelo (1878). Estas comedias son una censura al espíritu positivista de la época y una defensa del matrimonio y del amor, sin la exaltación pasional del Romanticismo. “Ayala es al fin un hombre que lleva el espíritu de la Restauración, y en la ideología de estas piezas hay bastante de esa concepción burguesa de la sociedad.” (Valbuena Prat)

A pesar de la versificación correcta, la aguda observación psicológica y la meditada estructura, las obras de López de Ayala “contienen escasos momentos de verdadera intensidad dramática y llevan el sello del ambiente burgués” (J. García López).

La corona y el puñal (1849)

Los Guzmanes (1849)

Comedia de capa y espada al estilo de su admirado Calderón de la Barca.

Un hombre de Estado (1851)

Drama histórico sobre el espectacular ascenso y caída de don Rodrigo Calderón (1576-1621), Conde de la Oliva de Plasencia y Marqués de Siete Iglesias, valido del Rey Felipe III de España (1578-1621) y mano derecha del Duque de Lerma. La obra exalta la fortaleza moral del protagonista de acuerdo con la tradición senequista y cristiana y con la filosofía barroca del desengaño. La obra se puede considerar como una transición hacia la alta comedia.

“Es tal vez la obra más completa e impresionante del primer período del dramaturgo. Los vaivenes de fortuna, las intrigas de la corte, el constante apartamiento del mundo de un alma, que sólo halla la felicidad al lado de la muerte, en el cumplimiento de su destino, se escalonan intensa, poéticamente, en el drama. Es posible que algo de la lógica interna, imperturbable, del personaje haya sido aprendida en la próxima tragedia de Zorrilla, Traidor, inconfeso y mártir, pero el tema y el desarrollo son completamente diferentes en ambas obras.” (Valbuena Prat)

Guerra a muerte (1851)

Su primera zarzuela con la que inicia su dedicación a este género.

El tejado de vidrio (1856)

Trata el tópico personaje romántico desde una nueva óptica: muestra cómo las consecuencias del libertinaje se vuelven contra quien lo fomenta.

El tema del donjuanismo, constante en su alta comedia, lo plantea no como un mito, sino como un seductor profesional que altera el orden social burgués y amenaza el núcleo básico de la sociedad, la familia, una especie de cazadotes. Aquí no es Dios el que le juzgará, como en Zorrilla, sino que las víctimas mismas tomarán la venganza por su mano menospreciándolo, aislándolo y dejándolo al final en soledad.

El tanto por ciento (1861)

Es la comedia del noble amor posromántico y la crítica del positivismo y materialismo de la época. Fue tal el éxito de esta obra, considerada la mejor comedia de su autor, que recibió un homenaje público en el que Francisco Martínez de la Rosa le entregó una corona de oro y un libro de poemas en elogio del autor.

El marco de la acción es el mundo de las finanzas, de una intriga y engaño en el que están implicados el protagonista y su fortuna, así como el honor de la heroína. Los bajos móviles del negocio conspiran contra el desinteresado amor de la Condesa y Pablo. Un odioso personaje, Roberto, movido por el espíritu de usura, forma un grupo de personas banales que no retrocede ante infamias y cobardías, Al final vence la pasión elevada y sincera. La Condesa y Pablo consiguen librarse de los que habían urdido la trampa.

El nuevo don Juan (1863)

Retoma el tópico personaje romántico ya tratado en El tejado de vidrio desde una nueva óptica: haciendo quedar en ridículo al burlador y haciendo triunfar al marido. El autor empequeñece la figura anárquica del clásico don Juan, para que no moleste a la buena sociedad, haciéndolo fracasar.

Consuelo (1878)

Es la mejor de sus comedias dramáticas. La obra intenta demostrar que el posponer el amor al interés conduce a la infelicidad. Es una defensa del matrimonio y del amor. Es su obra principal y muestra el conflicto de una mujer mimada entre dos hombres. Desprecia el amor de Lorenzo, pobre y sincero, y se cara con un rico y egoísta que la engaña. Consuelo acepta un matrimonio por conveniencias económicas y bienestar social, no por amor. Al fin es abandonada por ambos.

Con esta obra el autor pretende dar una enseñanza moral y demostrar cómo los intereses materiales se vuelven contra los mismos interesados, pues al final Consuelo se queda sola y se arrepiente de su decisión inicial. Exalta el matrimonio y el amor, de forma opuesta a la exaltación pasional del Romanticismo. Es un ataque al tema de Don Juan, tan grato al Romanticismo anterior.

“Sería curioso plantear en torno al tema de Consuelo el de la tradición de la fidelidad conyugal en la mujer, de nuestro teatro. Notemos el tipo y las reacciones de Consuelo: abnegación, sacrificio, heroísmo. Sucumbe, perece, pero no deja nunca de amar al marido. Menos se concebiría, sin otro amor, llegar a la separación espiritual del original desenlace de Casa de muñecas de Ibsen. En nuestra literatura se comprende la «locura de amor», no la de desamor. Notemos que, al plantearse un drama histórico, Tamayo había en Locura de amor, entendido a doña Juana urdiendo una apariencia de celos, para interesar al esposo, análoga a la que empleó Ayala en las costumbres coetáneas. De este orden, al no despreciar ni olvidar al marido, se podía llevar la descendencia a Benavente (El nido ajeno) y su escuela Mamá y Corazón ciego de Martínez Sierra. Como antecedente, en el Siglo de Oro, citaría el carácter de Leonor, esposa de Benengiuel, en El Caín de Cataluña, de Rojas.” (A. Valbuena Prat: Historia de la literatura española. Barcelona, 1968, vol. III, p. 219-220 n. 1)

 


Manuel Tamayo y Baus (1829-1898)

VIDA

Tamayo nació en Madrid en el seno de una conocida familia de actores. Fue pariente de dramaturgos y políticos influyentes y se casó con una sobrina del gran actor Isidoro Máiquez y sus hermanos fueron también hombres de teatro. Sus primeros años de vida transcurrieron viajando con la compañía de teatro a la que pertenecían sus padres.

En 1858, es nombrado miembro de la Real Academia de la Lengua Española. Su discurso de entrada De la verdad como fuente de belleza en la literatura dramática marca el paso del teatro romántico al realista y de tesis.

Abandonó la actividad teatral en 1870 a raíz del fracaso de su drama Los hombres de bien. Renunció a seguir escribiendo y se dedicó a otras actividades: fue nombrado Secretario perpetuo de la Real Academia Española (1874) y director de la Biblioteca Nacional (1884) y del cuerpo de archiveros.

Fue de ideología conservadora y perteneció al partido tradicionalista, lo que le valió algún destierro.

OBRA

Manuel Tamayo y Baus, con sus más de cincuenta piezas dramáticas, es una de las personalidades más destacadas de la transición del romanticismo al realismo en la literatura española. Su producción enlaza en sus comienzos con el drama romántico, que ya empezaba a periclitar, para orientarse más tarde hacia el teatro realista y de tesis. Su discurso de ingreso en la Real Academia, La verdad considerada como fuente de belleza en literatura dramática (1859) marca el punto de inflexión entre ambas estéticas.

Se puede dividir su producción teatral en dos grandes épocas:

Una de inspiración neorromántica, en la que cultivó el drama histórico: Juana de Arco, El seis de agosto o España sin honra (1848), Ángela (1851), adaptación de Schiller, Virginia (1853) y Locura de amor (1855), en prosa, sobre Juana la Loca. Estas primeras obras son una derivación de la fórmula dramática del romanticismo, aunque Tamayo sustituye la influencia del teatro español del siglo XVII por la del dramaturgo alemán Friedrich von Schiller (1759-1805). La obra más conseguida de esta época es Locura de amor, que aunque escrita en prosa, mantiene el ímpetu sentimental del romanticismo.

La segunda época está inscrita dentro del realismo moralizador y la alta comedia de tesis, con intención moralizadora y denuncia de la corrupción moral de la sociedad, con la consiguiente pérdida de valores como la familia y la honestidad: La bola de nieve (1856), Lo positivo (1862), Lances de honor (1863), Un drama nuevo (1867) y la fracasada Los hombres de bien (1870).

“Su escaso interés literario deriva de que el autor sacrificó en estas obras la verdad dramática en pro de una idea moral, falseando los caracteres y las situaciones, movido por la convicción de que «en el estado en que la sociedad se encuentra, es preciso llamarla al camino de su regeneración.” (J. García López)

Virginia (1853)

Tragedia con la que se da a conocer. Asunto: el abuso de Claudio sobre Virginia, cuyo padre prefiere sacrificarla antes de dejarla en manos de Claudio. El tema había sido tratado por Vittorio Alfieri y Agustín Montiano y Luyando.

La rica hembra (1854)

Drama romántico de tema nacional, en verso, escrito en colaboración con Fernández-Guerra.

La locura de amor (1855)

Es su obra más famosa. Drama histórico en prosa sobre la reina celosa Juana la Loca, reina de Castilla (1504-1555) y de Aragón (1516-1555), y su marido Felipe I el Hermoso (1478-1506), rey de Castilla (1504-1506) y archiduque de Austria. Este estudio sobre los celos está ambientado en la Castilla del siglo XVI y muestra la influencia del dramaturgo alemán Friedrich von Schiller (1759-1805). 

Cuando el amor de Juana la Loca por su marido entra en conflicto con los intereses del Estado, los nobles le exigen que defienda a Castilla frente a su marido. Cuando muere Felipe el Hermoso en 1506 en Burgos, su esposa Juana la Loca le llora y muestra que su amor era ajeno a la razón de Estado efectuando una viaje desde la cartuja de Miraflores (Burgos) hasta Granada, acompañando al féretro de su esposo.

“Tamayo piensa en romántico, pero emplea la prosa como forma, lo que aproxima la obra a un plano realista.” (Valbuena Prat)

La obra fue llevada al cine por Juan de Orduña en (1948) e interpretada por Aurora Bautista.

La bola de nieve (1856)

En esta obra, sobre los nefastos efectos sociales de los celos, y en las posteriores, Tamayo adopta la comedia del realismo al estilo de Adelardo López de Ayala y Ventura de la Vega.

Lo positivo (1862)

Ataca la ideología del materialismo, el afán de lucro y el predominio del interés sobre el sentimiento. Todo a través de largos y desafortunados monólogos y sermones.

Lances de honor (1863)

No es una comedia sino un drama, que critica desde la ética cristiana la costumbre social de los duelos en la persona de un político conservador que rehuye el duelo a pesar de ser afrentado de forma contumaz por un malvado liberal.

Un drama nuevo (1867)

Tragedia en prosa ambientada en la Inglaterra isabelina e inspirada en el teatro de Shakespeare. Es su obra más importante, en la que recrea el tema realidad-fantasía empleando el recurso del teatro dentro del teatro, es decir, el actor desdoblado en otros personajes, adelantándose a Pirandello.

Obra en tres actos ambientada en la Inglaterra del siglo XVI, en la que el autor superpone dos historias ficticias y que al final, terminan fundiéndose.  Es su obra más importante en la que muestra sus grandes dotes para el teatro. Es una de las obras más destacadas de la segunda mitad del siglo XIX y, según la crítica, es su obra maestra.

Argumento: La compañía de cómicos Shakespeare tiene que representar una tragedia sobre Manfredo en la que el protagonista descubre, por la intervención de un delator, que su esposa le es infiel. Yorick, que hace el papel de marido ultrajado, se entera por el envidioso Walton de que su mujer, Alicia, ama a su ahijado Edmundo, y al tener lugar la representación convierte la ficción teatral en realidad, matando en escena al amante de su mujer, que interpreta a Edmundo.

El valor de esta obra radica en la perfección técnica con que se resuelve la dificultad de unir las dos acciones teatrales y en el sentido de sobriedad con que está concebida toda la obra.

En sus comedias, Tamayo ataca la hipocresía y la inmoralidad de la sociedad de su época. Es un teatro moralista y de intención realista:

Los hombres de bien (1870)

Es una condena de la educación liberal de las mujeres y se dirige contra la cobardía de los así llamados “hombres de bien” que no se atreven a defender abiertamente los valores amenazados.

El fracaso de esta obra lo apartó definitivamente de la escena y dejó de escribir.

 


José de Echegaray (1832-1916)

VIDA

José Echegaray y Eizaguirre nació en Madrid. Su padre era un médico aragonés y profesor de instituto. Fue un polifacético personaje de la España de finales del siglo XIX: ingeniero de caminos, canales y puertos, el más grande matemático del siglo XIX, dramaturgo, ministro y premio Nobel de Literatura en 1904 (fue el primer español en recibir este premio).

Alcanzó excelentes resultados en todas sus profesiones y actividades: desarrolló varios proyectos en ejercicio de las carteras ministeriales de Hacienda y Fomento; aportó nuevos conocimientos a las matemáticas y a la física; introdujo en España la geometría de Chasles, la teoría de Galois, las funciones elípticas.

Estudió en Madrid y con veinte años ya es Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. En su juventud leía a Goethe, Homero y Balzac, lecturas que alternaba con las de matemáticos como Gauss, Legendre y Lagrange.

Sus ideas políticas y económicas liberales le llevaron a participar en la Sociedad Libre de Economía Política en defensa de las ideas librecambistas. Tras la revolución democrática de 1868, fue nombrado Director General de Obras Públicas, cargo que ocuparía hasta 1869 en que fue nombrado Ministro de Fomento (1869–1870 y 1872) y de Hacienda entre 1872 y 1873.

Tras el pronunciamiento de Martínez Campos que restauró la monarquía en 1874, siguió fiel a sus ideales republicanos. Fue senador vitalicio y Presidente del Consejo de Instrucción Pública.

En 1896 fue elegido miembro de la Academia de la Lengua. En 1907, a propuesta de Ramón y Cajal, la Academia de Ciencias creó la Medalla Echegaray y se le concedió a José Echegaray la primera de ellas.

Hasta el año 1915 ocupó una cátedra de física matemática en la Universidad Central de Madrid.

OBRA

Representante de un romanticismo grandilocuente y trasnochado, fue el primer literato español que recibió el premio Nobel en 1904, compartido con el poeta provenzal Frédéric Mistral. En su primera época sus obras estaban inmersas en la melancolía romántica, muy propia de la época, pero más adelante adquirió un tono más social con una evidente influencia del noruego Henrik Ibsen.

Con Echegaray se interrumpe la línea de realismo moderado en el teatro español para volver al teatro romántico. Su teatro está lleno de amores adúlteros que llevan al deshonor y a la muerte, de escenas escalofriantes, de versos declamatorios. Sus obras tratan temas históricos parecidos a los del Romanticismo, asuntos contemporáneos de crítica y de “ideas” al estilo del dramaturgo noruego Henrik Ibsen (1828-1906). Temas preferidos por Echegaray: honor, amor y celos. Su teatro es una síntesis de las tendencias dramáticas del XIX, predominando el carácter neorromántico y la tesis moralista.

“Cuando con la Restauración, la técnica realista domina totalmente el campo de la novela, su teatro representa una vuelta súbita a los procedimientos más ruidosos y espeluznantes de la generación de 1835. En él no hay que buscar exactitud psicológica ni verosimilitud, pues todo lo que en este sentido había conseguido la época anterior aparece sustituido por efectismos truculentos y gestos de epilepsia.” (J. García López)

En su producción cabe distinguir tres tipos de dramas:

  1. Dramas históricos de corte romántico: En el puño de la espada (1875), En el seno de la muerte (1879).

  2. Dramas de asunto contemporáneo, escenificados con violentos recursos románticos: O locura o santidad (1877), El Gran Galeoto (1881).

  3. Dramas con resonancias del teatro “de ideas” de Ibsen: El hijo de don Juan (1891), El loco de Dios (1900).

“Las obras de Echegaray, llenas de amores adúlteros que llevan al deshonor y a la muerte, y de escenas escalofriantes, en versos declamatorios no exentos de ripios, son una demostración palpable de cómo el gusto por lo truculento y espectacular no había desaparecido del todo en la época de auge de las tendencias realistas.” (J. García López)

“La gran diferencia del romanticismo de Rivas, García Gutiérrez o Zorrilla en relación con este engendro del fin de siglo, está primero en que aquellos autores estaban al día: adaptaban la moda teatral a una viva corriente de teatro nacional; y segundo, que eran verdaderos poetas, que animaban de un soplo ideal sus creaciones de rebeldía e individualismo. Echegaray, que al fin se da cuenta de que cabe impresionar por otros medios, comienza por lo más externo y efectista de un fantasma de teatro romántico aplicado a un calderonismo externo, y empleando una forma poética detonante y ripiosa, aunque propicia a impresionar a un público de galerías que sólo se deja llevar por el latiguillo o el sonsonete. [...] Ese mismo espíritu desatinado hacía aplaudir a un público frenético, ansioso de impresiones fuertes, los parricidios, deshonras, suicidios y toda serie de violentos contrastes del drama echagarayesco.” (A. Valbuena Prat)

La hija natural (1865)

Obra que no llegó a estrenar en su época.

El libro talonario (1874)

Con esta obra comienza su producción como dramaturgo.

La esposa del vengador (1874)

En el puño de la espada (1875)

La última noche (1875)

Un sol que nace y un sol que muere (1875)

Cómo empieza y cómo acaba (1876)

El gladiador de Rávena (1876)

Locura o Santidad (1877)

Para tal culpa tal pena (1877)

Lo que no puedo decirse (1877)

Iris de paz (1877)

En el pilar y en la cruz (1878)

Correr en pos de un ideal (1878)

Algunas veces aquí (1878)

En el seno de la muerte (1879)

Morir por no despertar (1879)

Bodas trágicas (1879)

Mar sin orillas (1879)

La muerte en los labios (1880)

El Gran Galeoto (1881; 1908)

Tema central de esta pieza: el honor y los celos. Fue uno de los dramas preferidos de Echegaray.

Argumento: Ernesto,  joven escritor, se enfrenta a Don Julián a causa de su esposa Teodora. Teodora, movida por las murmuraciones de que mantiene relaciones sentimentales con Ernesto, acaba enamorándose sin querer del protegido de su marido. La sociedad actúa de Gran Galeoto al propiciar con sus rumores que brote la pasión entre Ernesto y Teodora. Los rumores de que mantienen relaciones sentimentales y la muerte de Don Julián en un duelo son los ingredientes trágicos de la obra.

En cuanto al título: El pudor de Echegaray le llevó a evitar un vocablo malsonante, la palabra “alcahuete” (persona que concierta, encubre o facilita una relación amorosa, generalmente ilícita) y sustituirlo por Galeoto (aplicado a los que conciertan amoríos, es decir a los alcahuetes). Hacer de Galeoto es hacer de medianero en amores lascivos. Galeoto es el nombre de un caballero de la Tabla Redonda que medió en los amores del caballero Lancelot y la reina Ginebra. Este personaje es mencionado por Dante en La Divina Comedia en el episodio de Paolo y Francesca (Infierno, canto 5): Francesca de Rimini muere a manos de su marido tras mantener una relación adúltera con su cuñado Paolo. En El Gran Galeoto, Ernesto explica el significado de la palabra en el acto II, escena V.

El Gran Galeoto fue llevada al cine por Rafael Gil en 1951.

Haroldo el Normando (1881)

Los dos curiosos impertinentes (1882)

Conflicto entre dos deberes (1882)

Un milagro en Egipto (1883)

Piensa mal y acertarás (1884)

La peste de Otranto (1884)

Vida alegre y muerte triste (1885)

Mariana (1892)

El hijo de Don Juan (1892)

Mancha que limpia (1895)

El bandido Lisandro (1886)

De mala raza (1886)

El conde Lotario (1886)

Dos fanatismos (1887)

La realidad y el delirio (1887)

El hijo de hierro y el hijo de carne (1888)

Lo sublime en lo vulgar (1888)

Manantial que no se agota (1889)

Los rígidos (1889)

Siempre en ridículo (1890)

El prólogo de un drama (1890)

Irene de Otranto (1891)

Un crítico incipiente (1891)

Comedia sin desenlace (1891)

El hijo de Don Juan (1892)

Sic vos non vobis, o La última limosna (1892)

Mariana (1892)

El poder de la impotencia (1893)

A la orilla del mar (1893)

La rencorosa (1894)

Mancha que limpia (1895)

El primer acto de un drama (1895)

El estigma (1895)

Amor salvaje (1896)

La cantante callejera (1896)

La calumnia por castigo (1897)

La duda (1898)

El hombre negro (1898)

Silencio de muerte (1898)

El loco de Dios (1900)

Malas herencias (1902)

Torre del hambre (1902)

La escalinata de un trono (1903)

La desequilibrada (1903)

A fuerza de arrastrarse (1905)

El preferido y los cenicientos (1908)

Es autor de piezas teatrales de género chico:

Gigantes y cabezudos

El dúo de la Africana

Los Hugonotes.