Realismo 1850-1891

Justo Fernández López


Pedro Antonio de Alarcón y Ariza (1833-1891)

Juan Valera y Alcalá Galiano (1824-1905)

Benito Pérez Galdós (1843-1920)

José María de Pereda y Sánchez Porrúa (1833-1906

Armando Palacio Valdés (1853-1938


La literatura realista se define particularmente como la ficción producida en Europa y en Estados Unidos desde 1840 hasta la década de 1890, cuando el realismo fue desbancado por el naturalismo. El realismo literario comenzó en Francia con las novelas de Gustave Flaubert (Madame Bovary, 1857); con los relatos cortos de Guy de Maupassant, en los que reaccionan contra el lirismo y la idealización románticas; con Honoré de Balzac y su amplia visión social en sus novelas de La comedia humana.

La represión política de los ímpetus revolucionarios del Romanticismo hacia el 1850 lleva al desarrollo de una clase burguesa más amiga de las realidades prácticas que de ideales románticos.

De la mano del Partido Moderado, a partir de 1844 y durante 10 años (periodo conocido como Década Moderada), se consolidó un liberalismo muy restrictivo (sólo una minoría de ciudadanos tenía derechos políticos). La práctica del caciquismo, en buena medida, empezó a tejer sus redes a partir de 1844. El nuevo sistema se plasmó en la ciertamente conservadora Constitución de 1845.

El general Ramón María Narváez, un militar autoritario, llamado por sus detractores 'el Espadón de Loja', fue la principal figura del Partido Moderado, la formación que dominó la escena política española durante casi todos los años transcurridos del reinado de Isabel II (1833-1868). Narváez consiguió evitar la oleada revolucionaria extendida por gran parte de Europa (las denominadas revoluciones de 1848), más por la falta de una estructura social afín que por las medidas de dureza adoptadas. Esta fase se cerró con el ‘tecnócrata’ Juan Bravo Murillo, quien llevó a cabo, en 1851 y 1852, una amplia labor administrativa y hacendística.

Tras la primera guerra carlista (1833-1840), la política va tomando un carácter conservador. Es una reacción contra el Romanticismo; ahora priva una concepción realista de la vida. Sin embargo, perdura la influencia romántica. Son los años del auge de la ciencia positivista experimental: descripción exacta y rigurosa de la vida humana.

En general, el trabajo de estos escritores ilustra la esencia del realismo, según la cual los autores no deben seleccionar hechos de acuerdo con unas ideas estéticas o éticas preconcebidas, sino que sus ideas deben estar basadas en observaciones imparciales y objetivas. Preocupados por la representación real de la vida, sin ocuparse por la forma, los realistas intentaron restar importancia a la argumentación en favor de la representación de los caracteres referidos a la clase media y a sus preocupaciones y asuntos más palpitantes.

En España, el realismo se perfila con el costumbrismo romántico, cuyo origen suele remitirse a la novela picaresca y a su fragmentación en cuadros de costumbres a lo largo del siglo XVII.

En general, la segunda mitad del siglo XIX se caracteriza por la pérdida progresiva del idealismo romántico y una orientación hacia una concepción práctica de las cosas, así como por el predominio del espíritu burgués, a pesar de la agitada lucha ideológica de las últimas décadas de la centuria. La segunda mitad del siglo XIX presente multitud de tendencias, a veces contradictorias, pero en la novela priva el realismo.

El “yo” ya no desempeña el papel central como en el romanticismo. El subjetivismo se va a apagando y dejando paso a un deseo de mayor objetividad: la realidad externa descrita de modo impersonal: el narrador omnisciente, que domina y que sabe el desenlace de la historia, utiliza la tercera persona del singular. El escritor realista ya no concibe el arte como expresión libre de una inspiración personal. La obra artística dejará de ser intérprete de las “pasiones vagas e indefinidas” de los románticos, sino que buscará la objetividad absoluta. El punto de partida yo no es el “yo” del artista sino el dato sensible observable y descrito meticulosamente. La figura más prestigiosa del siglo de la Ilustración era el “filósofo humanista” (racionalismo); la del romanticismo, el “poeta” (idealismo); la de la época del Realismo, el “hombre de ciencia” (positivismo).

El Realismo muestra una cierta despreocupación por la belleza formal y por la pulcritud estilística, busca llaneza, naturalidad y precisión. La intención estética se vincula con un propósito docente: la defensa de una “tesis”, ya no interesa tanto hacer vibrar al lector con violentos estímulos. El idea es el equilibrio sensato y el espíritu del buen sentido burgués reacio a toda estridencia. La novela realista concede un puesto privilegiado al espacio y al tiempo que son presentados por el autor. El espacio no es elegido al azar sino que es el autor quien lo determina, ya que para él es muy importante en su obra. El autor es un crítico realista.

Sin embargo, las huellas del Romanticismo se hacen todavía sentir, a pesar de que el Realismo representa una reacción contra el Romanticismo. Muchas producciones de la época del reinado de Isabel II (1833-1868), calificadas como “realistas”, podrían ser calificadas como “posrománticas”. Las huellas románticas se observan también en el tono grandilocuente de la oratoria, de la prosa didáctica y de algunos poetas y dramaturgos.

El Realismo expresa la dirección realista dentro del dualismo de la literatura española: Idealismo <> Realismo. Precursores del Realismo del siglo XIX son las novelas de Cervantes y la picaresca del siglo XVI.

El género novelesco estaba en decadencia desde el siglo XVII. Tras el fracasado propósito de los románticos de crear una novela histórica, Fernán Caballero intenta a mediados de siglo un nuevo tipo de narración costumbrista con rasgos realistas. Pedro Antonio de Alarcón (1833-1891) servirá de enlace entre la novela de costumbres y el apogeo de la novela realista.

El realismo sustituye la fantasía imaginativa por una meticulosa observación de la realidad. Abandona los temas históricos y legendarios ante el interés suscitado por lo cotidiano, lo circundante, la actualidad viva. Fernán Caballero comienza por enlazar cuadros de costumbres mediante una trama novelesca. Más tarde, el elemento narrativo asume una importancia decisiva en Alarcón. Hasta que, por último, se centra el interés en la descripción de la realidad física, en el análisis psicológico y en el diálogo, ejemplo las novelas de Galdós. El estilo más adecuado para estas descripciones es el estilo sobrio.

Tres fases marcan la evolución del género:

  1. Prerrealismo, impregnado aún de esencias románticas: el costumbrismo de Fernán Caballero y elementos aún románticos en Alarcón.

  2. Apogeo del realismo: Valera, Pereda, Palacio Valdés, Galdós.

  3. Influencia del naturalismo y síntomas de reacción idealista: Galdós, Pardo Bazán, Clarín, P. Coloma, Palacio Valdés.

Juan Valera, José María Pereda y Benito Pérez Galdós son los más grandes representantes del género.

Los límites del realismo se advierten en su ingenuo propósito de describir las cosas “como son”. Como bien advierte Montesinos, el principio de “que las cosas son como son y que la misión del artista es reproducir ese ser estático suyo era algo cuya falsedad comenzaba a demostrar el impresionismo”, algo que limita las posibilidades del realismo como arte.

La diferencia entre el realismo y el naturalismo no es fácil de definir, a pesar de que los dos términos son a menudo usados indistintamente. La diferencia estriba en el hecho de que el realismo se ocupa directamente de aquellas cosas que son aprehendidas por los sentidos, mientras que el naturalismo, un término más bien aplicado a la literatura, intenta aplicar teorías científicas al arte.

 


Las novelas de Alarcón corresponden a la Restauración, pero por su técnica y espíritu pueden considerarse como una transición entre la obra de Fernán Caballero, llena de elementos románticos, y la de los más típicos realistas: Pereda, Galdós, etc. Las descripciones de Alarcón están más cerca del entusiasmo romántico que de la objetividad de las novelas realistas. Se puede considerar a Alarcón como uno de los artífices del fin de la prosa romántica.

 


Pedro Antonio de Alarcón y Ariza (1833-1891)

VIDA

Pedro Antonio Joaquín Melitón de Alarcón y Ariza nació en Guádix (provincia de Granada) y falleció en Madrid.

Aunque su familia provenía de hidalgos era más bien humilde. Comenzó a estudiar Derecho en la Universidad de Granada, carrera que abandonó pronto para iniciarse en la eclesiástica, que también abandonó para marchar a Cádiz e iniciar su carrera periodística.

Durante su juventud tomó parte en controversias políticas desde una actitud revolucionaria. Crítico inmisericorde de la Monarquía en su juventud, una crisis de conciencia a raíz de un duelo con otro escritor le llevó al bando conservador y católico. Adoptó posturas profundamente reaccionarias, una de las causas que lo ha tenido alejado de lectores y críticos durante muchos años.

Participó en la campaña de Marruecos, experiencia que describe en su Diario de un testigo de la guerra de África (1859). A su regreso viajó por Europa. Vuelto a España intervino de nuevo en política, como integrante de la Unión Liberal. Fue nombrado diputado de las Cortes españolas y miembro de la Real Academia desde 1877.

En 1865 se casó con Paulina Contreras Rodríguez en Granada, de cuyo matrimonio nacieron cinco hijos, dos varones y tres hembras.

Dejó de publicar en 1887, convencido de que el movimiento realista estaba agotado. Sus antiguos amigos liberales no le perdonaron que hubiera adoptado más tarde posturas reaccionarias. Así Manuel del Palacio escribió sobre Alarcón: Literato, vale mucho; folletinista, algo menos; político, casi nada; y autor dramático, cero.

OBRA

Su obra sirve de enlace entre la novela de costumbres y el apogeo de la novela realista con una influencia del ya lejano Romanticismo. Elementos románticos hay aún en novelas suyas como El escándalo.

Pedro Antonio de Alarcón es ante todo un habilísimo narrador; en sus libros la acción nunca decae y, aunque el cronotopo o marco espaciotemporal de sus novelas suele ser de estilo realista, sus personajes son en el fondo románticos; en el curso de su producción novelística se va convirtiendo en un moralista.

El valor de la obra de Alarcón reside en la amenidad y la gracia del relato. El estilo es espontáneo y lleno de vida, pero algo desaliñado. Aunque Alarcón desdeña la técnica de la observación y de la “experimentación”, en boga en su tiempo, sus obras revelan un narrador magnífico, que sabe construir y desarrollar cualquier asunto.

El Alarcón moralizador y polemista no interesa ya a nadie. Hoy es recordado principalmente por sus relatos de la vida rústica en España. El sombrero de tres picos sigue siendo hoy una obra muy sugestiva.

El final de Norma (1855)

Es una obra juvenil, imaginativa y fantástica, de tono romántico y elementos folletinescos. La obra la escribió el autor con dieciocho años y la calificó más tarde de “inocentísima muchachada”.

Diario de un testigo de la guerra de África (1859-1860)

Con tres crónicas de viajes, que le hicieron famoso, Alarcón se adiestra en la técnica de la observación y del relato.

Esta obra recoge recuerdos de su participación en la campaña de Marruecos, a la que se alistó como voluntario. La experiencia de esta campaña le proporcionó material para este Diario, considerada hoy una obra maestra por su descripción de la vida militar.

Narra las campañas de O'Donell (1809-1867) en Marruecos y la toma de Tetuán, con una óptica excesivamente patriótica. Es una mezcla de documento histórico, colorismo descriptivo y elementos pintorescos. Cuenta con vigoroso estilo sus impresiones de campaña. Este Diario le hizo muy popular.

De Madrid a Nápoles (1861)

Libro de viajes que supone ya un acercamiento al realismo. Relata su viaje a Italia, deteniéndose en la descripción de paisajes y obras de arte.

La Alpujarra (1873)

Libro de viajes donde logra insertar la viva realidad de la región en la historia casi legendaria de sus sublevaciones moriscas. En esta obra se aproxima ya a la novela.

El sombrero de tres picos (1874)

Esta novelita es una verdadera obra maestra de transparente realismo. Es una desenfadada visión del tema tradicional del molinero de Arcos y su bella esposa perseguida por el corregidor: El corregidor y la molinera, poetizada en romances, jácaras y canciones.

Argumento: Un viejo Corregidor pretende a una bella molinera, la “señá Frasquita”. Esta defiende su honor y salva la situación. Pero su marido, el tío Lucas, cree que ella ha cedido a la tentación y va a casa de la mujer del Corregidor para devolverle a éste la afrenta. Pero no logra tampoco conseguir sus propósitos. Al fin todo se aclara, quedando el viejo en ridículo.

El relato rebosa ironía y vivacidad. El compositor austriaco Hugo Wolf (1860-1903) hizo de esta novelita el libreto para su ópera Der Corregidor (1895). El compositor español Manuel de Falla (1876-1946) se basó también en esta novela de Alarcón para crear su ballet del mismo nombre.

El escándalo (1875)

El mayor éxito como novelista lo obtuvo Alarcón con El escándalo. Es una novela de tesis, moralizante, de tema melodramático, que une el tema religioso a la crítica social. Ofrece una galería romántica de personajes. 

Su estructura responde al concepto clásico en el que el narrador, alternando con los personajes, transmite una historia llena de sucesos con la que pretende captar la atención de los lectores.

Argumento: El protagonista de la novela, víctima de sus calaveradas de joven, aprende a asumir su pasado bochornoso mejor que a pretender ocultarlo con mentiras burguesas.

Es una novela de tesis religiosa que analiza un caso de conciencia. Es una defensa de los jesuitas que levantó una viva polémica y que manifiesta la postura reaccionaria de Alarcón.

El hijo pródigo (1875)

Drama de gran éxito.

El niño de la bola (1880)

Es una historia de ambiente popular, en la que el autor quiso demostrar la “necesidad de los sentimientos y respetos religiosos”. Por no tenerlos en cuenta, Manuel Venegas, “el niño de la bola”, mata a su antigua novia, a quien a la vuelta de un largo viaje encuentra casa con otro, y muera a manos del marido de ella. La obra no deja de tener fuerza trágica.

Siguiendo la tendencia religiosa espiritualista del autor, la historia es una moderna versión del tema de los amantes de Teruel en un escenario andaluz. El final es violento y efectista. Para Montesinos es la mejor novela romántica.

El capitán Veneno (1881)

Es una amable historia de amor, en la que el protagonista termina por casarse, después de haberse hecho el desdeñoso, con la hija de la señora que le acogió al ser herido en una escaramuza. La acción se centra en un capitán autoritario, gruñón, opuesto al matrimonio, “domesticado” por la joven enamorada Angustias. La moraleja es que el amor termina por vencerlo todo.

Cuentos amatorios (1881)

Incluye las dos narraciones más significativas: “El clavo” y “La comendadora”. Se sitúan entre la sensiblería y el misterio policiaco. Predomina en esta obra un tono de gracia maliciosa.

Historietas nacionales (1881)

Estas historietas, en las que abundan episodios de la guerra de la Independencia (1808-1814), se mueven entre el costumbrismo, la tradición y la fantasía y entroncan con obras similares de Fernán Caballero y Honoré de Balzac. Destacan El carbonero alcalde, El afrancesado, El asistente y, la que algunos consideran la mejor de todas, El libro talonario.

La Pródiga (1881-1882)

Puede considerarse su testamento literario y su mejor novela. Expone las terribles consecuencias de unos amores ilícitos. Alarcón consideraba esta obra “un alegato en favor de las leyes que rigen nuestra sociedad” y contra la corrupción de las costumbres. Sigue la postura de tesis: un ataque al amor libre y una defensa del matrimonio católico. Sin embargo, en esta novela, Alarcón ha logrado materializar de forma negativa la relación más significativa de la sociedad, la “antiprodigalidad”.

Esta obra apenas interesó a los críticos, lo que dio lugar a que su autor, amargado por “la conspiración del silencio”, renunciase a seguir escribiendo.

Narraciones inverosímiles (1882)

Serie de novelitas de muy distinto carácter y estilo, entre las que destaca la titulada “El amigo de la muerte”. Son relatos de tipo fantástico, en los que se percibe el influjo de Edgar Allan Poe (1809-1849), conocido como el primer maestro del relato corto, en especial de terror y misterio.

 


Juan Valera y Alcalá Galiano (1824-1905)

VIDA

Nació en Cabra (Córdoba) de familia noble venida a menos. Era hijo de Dolores Alcalá-Galiano, marquesa de la Paniega.

Realizó estudios universitarios en Granada y Madrid. Su afán de refinamiento le llevó a frecuentar la alta sociedad madrileña y a ingresar en el cuerpo diplomático que le permitió hacer una larga serie de viajes: fue acompañante del duque de Rivas en su embajada en Nápoles, donde se dedicó a la lectura y al estudio del griego. Estuvo también en Portugal, Rusia, Brasil, Estados Unidos, Bélgica, Austria.

Fue embajador en Lisboa, Bruselas, Viena y Washington; en esta última ciudad mantuvo una relación amorosa con la hija del secretario de estado estadounidense, que acabó suicidándose.

En 1862 fue elegido miembro de la Real Academia Española.

Murió en 1905 en Madrid.

Valera perteneció a la época del Romanticismo, pero nunca fue un hombre ni un escritor romántico, sino un epicúreo andaluz, culto, irónico y amante del sexo. Fue uno de los españoles más cultos de su época, propietario de una portentosa memoria y con un gran conocimiento de los clásicos grecolatinos; además, hablaba, leía y escribía el francés, el italiano, el inglés y el alemán. Era un liberal moderado, tolerante y elegantemente escéptico en materia religiosa.

“Su elegancia, los ambientes selectos en que vivió y su amplia cultura humanística y europea hicieron de él un hombre de esmerado buen gusto. Muy inteligente, pero incapaz de apasionarse por ninguna idea, tuvo para todas una sonrisa irónica, centrando sus aspiraciones en la consecución de un alto ideal estético y en el goce amable de la vida. La frase «yo me siento incapaz de ser dogmático en mis juicios filosóficos», viene a sintetizar su actitud intelectual. Si el espíritu equilibrado de Valera y su concepto hedonista de la vida nos hace pensar en ciertos aspectos del siglo XVIII, su sentido crítico nos recuerda también a los hombres de la Enciclopedia. Mundano, refinado, enemigo acérrimo de estridencias y vulgaridades, Valera es el aristócrata de la literatura del momento.” (José García López)

OBRA

Fue Valera, sin duda, la figura más europea del siglo XIX español, el autor que mejor conoció, tanto política como artísticamente, al resto de los países de nuestro entorno.

Valera se distinguió principalmente por su gran cultura, el casticismo de su prosa y la elegancia de sus argumentos. Dentro de la novela realista representa la novela psicológica de carácter. Son especialmente notables sus personajes femeninos.

Se pueden reducir a dos los temas fundamentales de sus obras: los conflictos amorosos y los religiosos. Valera se interesó mucho por el estudio de la experiencia amorosa. En sus obras hay una falta de calor humano, tienen demasiada mesura.

Sus novelas están escritas en un estilo de formas sencillas y de frases cortas. Su estilo es cuidado y elegante.

Para Valera la novela debe reflejar la vida, pero de una manera idealizada y embellecida. Como realista rechaza los excesos de fantasía y sentimentalismo de los románticos, pero como hombre refinado procura siempre eliminar los aspectos penosos y crudos de la realidad. En esto es evidente la diferencia con Galdós, para el que la novela tiene que ser un fiel reflejo de la realidad, sea esta agradable o desagradable.

Valera busca en la novela arte, su fin es la creación de la belleza. De ahí que cuide tanto el estilo. Éste se caracteriza por su corrección, precisión, sencillez y armonía.

Valera rechazaba los excesos moralistas de los novelistas de tesis, desde Fernán Caballero al primer Galdós. Es enemigo de la novela de tesis. Su teoría sobre callar la realidad si es fea y triste no está lejos, salvando las distancias, del engaño a que don Manuel Bueno somete a sus feligreses en San Manuel Bueno, mártir, de Miguel de Unamuno.

Valera atacó tanto el romanticismo como el realismo y el naturalismo. Para él el arte no tiene ningún objetivo, excepto servir a la belleza, crear arte, pero tampoco se adscribió a los movimientos claramente esteticistas de final de siglo como el ‘arte por el arte’ o el simbolismo; elogió la obra de Rubén Darío pero tampoco se le puede considerar modernista.

Pepita Jiménez (1874)

Valera comenzó muy tarde su producción novelística. Pepita Jiménez la escribió a los cincuenta años. Es una auténtica obra maestra en la que el tema del cura enamorado, tan caro a la novelística del XIX, aparece tratado con finura y sorna evitando los aspectos más crudos de la cuestión.

En esta Novela, Valera consigue el ideal que siempre persiguió, el arte por el arte. La novela fue traducida a diez lenguas en su época. El gran compositor Isaac Albéniz hizo una ópera del mismo título, la mejor de las suyas.

Argumento: Progresivo enamoramiento de un seminarista, quien, tras duras luchas espirituales, acaba casándose con Pepita, viuda de veinte años y prometida de su padre. Junto a la figura de Pepita, destaca en la novela la visión idealizada del ambiente andaluz tanto en los aspectos costumbristas como en los paisajísticos.

La novela está escrita según la técnica epistolar y dividida en tres partes en las que los hechos se narran desde tres puntos de vista: el del protagonista, don Luis de Vargas; el de su padre y rival en amores, don Pedro; y, finalmente, el de un tío del protagonista, deán en una catedral, que completa lo que las cartas no pueden narrar.

Las ilusiones del Doctor Faustino (1875)

Crítica al espíritu materialista del XIX contra el que con tanta frecuencia se manifestó Valera. El protagonista y los tres personajes femeninos son símbolos del filósofo desengañado, de orgullo, del amor carnal y del afecto espiritual. El final se produce con el suicidio del protagonista, consciente de la vaciedad de su vida.

Valera se opone a la vida apartada y dedicada sólo al estudio. Con ser la novela más larga y ambiciosa del autor, no es, sin embargo, la mejor. La figura del protagonista ha sido considerada antecedente de los protagonistas abúlicos de algunas de las novelas de los autores del 98, tal los de El árbol de la ciencia de Baroja y La Voluntad de Azorín.

El Comendador Mendoza (1877)

Valera enfrenta en esta obra el fanatismo religioso, representado por doña Blanca Roldán, al libre pensamiento, que encarna don Fadrique López de Mendoza. Valera opta por el talante más conciliador frente a los excesos.

Tiene como nudo un caso de conciencia parecido al del Escándalo, de Alarcón, pero aquí se mantiene una falsedad para evitar males mayores. El interés se centra, más que en el conflicto moral, en la gracia de la narración y en la simpática figura del protagonista, un enciclopedista liberal que acaba casándose en su edad madura con una sobrina suya.

Pasarse de listo (1878)

Es una novela breve en la que la burla de los espíritus analíticos y razonadores se vuelve de nuevo amarga en la figura de un personaje excesivo en este aspecto que, convencido del adulterio de su mujer, no encuentra otro camino que el suicidio. Valera la consideró la peor de sus novelas y admitió haberla escrito sólo por dinero y sin ninguna ilusión.

Doña Luz (1879)

Esta novela vuelva a plantear el conflicto entre el amor divino y el humano, un amor que termina trágicamente. Tesis: nadie está libre de enamorarse.

Argumento: Un ex-misionero que ha vuelto a su pueblo, vive enamorado de doña Luz, amor que debe reprimir, lo que destruye su ya castigada naturaleza mientras que el ideal de sus amores es engañado por un aventurero galante.

Juanita, la larga (1895)

Insiste el autor sobre el tema de los amores de un hombre entrado en años con una moza.

Argumento: La pasión que un cincuentón y la joven Juanita sienten el uno por el otro sin que los pueda separar las diferencias de edad, estado, nacimiento (Juanita es hija bastarda y don Paco pertenece a la aristocracia local) o posición.

El juego amoroso se establece dentro de los cánones más clásicos y está lleno de guiños a un lector culto que busque más allá de la pura historia. Es la única novela en la que Valera dio cabida a la descripción costumbrista del paisaje y de los tipos andaluces, pero los somete a una ligera estilización idealista: vemos a los lugareños expresarse en el mismo lenguaje académico del autor.

Genio y figura (1897)

Cuenta las aventuras amorosas de Rafaela, que se suicida al saber que su hija ha entrado en un convento avergonzada de la conducta de su madre.

Morsamor (1889)

El fraile portugués Miguel de Zuheros, tras recorrer por arte de magia diversos países y desengañarse del mundo, se reintegra a su convento. El pesimismo final, como el del Idearium de Ángel Ganivet (1865-1898), nos lleva, una vez más, a pensar en los entonces jóvenes del 98.

Estudios de tema literario e histórico:

Estudios críticos sobre literatura, política y costumbres de nuestros días (1864); Disertaciones y juicios literarios (1878)

Disertaciones y juicios literarios (1888)

Del Romanticismo en España y de Espronceda

De lo castizo de nuestra cultura en el siglo XVIII y en el presente

La poesía lírica y la épica en la España del siglo XIX

Del misticismo en la poesía española

La moral en el arte

Consideraciones sobre "El Quijote" y las diferentes maneras de comentarlo (1864)

La libertad en el arte

De la naturaleza y carácter de la novela (1880)

Apuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas (1886-1887)

 


Benito Pérez Galdós (1843-1920)

VIDA

Benito María de los Dolores Pérez Galdós, conocido como Benito Pérez Galdós, nació en Las Palmas de Gran Canaria. Décimo hijo de una familia acomodada de origen vasco: su madre era una dama de fuerte carácter e hija de un antiguo secretario de la Inquisición. Su padre era un Teniente Coronel del ejército que inculcó en el hijo el gusto por las narraciones históricas contándole asiduamente historias de la Guerra de la Independencia (1808-1814), en la que había participado. Su imaginación fue desbordante ya desde muy joven. Fue desde su infancia un niño retraído y observador que manifestó una temprana vocación por la lectura, la música y el dibujo.

En 1862, llega una prima suya a casa, que trastornó emocionalmente al joven Galdós, por lo que sus padres decidieron que se fuera a Madrid a estudiar la carrera de Derecho.

En esta ciudad entra en contacto con el krausismo por medio de Francisco Giner de los Ríos (1839-1915), que le alentó a escribir y le hizo sentir curiosidad por las ideas del krausismo, que marcarían fuertemente su primera novelística.

En 1867 viaja a París y descubre a los grandes novelistas franceses. A su regreso traduce a Dickens, escribe teatro y, por fin, en 1870 se decide a publicar su primera novela.

De 1886 a 1890 es diputado por el partido de Sagasta, aunque nunca pronunció un discurso.

Fue elegido miembro de la Real Academia Española.

En 1907 volvió al Congreso, como republicano, y en 1909 con Pablo Iglesias (1850-1925), uno de los fundadores del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), fue jefe titular de la “conjunción republicano-socialista”. Su izquierdismo fue el causante de que no se le otorgara el Premio Nobel. Sin embargo, la ideología nunca fue óbice para que mantuviera profunda amistad con el conservador Marcelino Menéndez y Pelayo.

Solterón empedernido, mantuvo varias relaciones amorosas, entre ellas con la novelista Emilia Pardo Bazán (1852-1921), descubierta a raíz de la correspondencia que mantuvieron. De entre sus amadas, se conocen los nombres de Concha-Ruth Morell, Lorenza Cobián (nombre que, al parecer corresponde a dos mujeres, madre e hija, ambas del mismo nombre) y la que sería su último amor, Teodosia Gandarias.

Galdós fue uno de los más firmes candidatos al Premio Nobel de Literatura de 1912, pero una campaña por parte de sus enemigos políticos disuadió a la Academia Sueca de galardonarlo. Trazos de esto se ven en los Episodios nacionales escritos desde entonces, que destilan un cierto tono anticlerical.

En 1920 murió ciego y pobre en Madrid, su ciudad de adopción.

Galdós vestía siempre de tonos sombríos para pasar desapercibido. Se cortaba el pelo al rape y padecía horribles migrañas. Era proverbial su timidez, que le hacía ser más que parco en palabras y su aspecto manifestaba una modestia inverosímil, hasta el punto de sufrir al hablar en público. Entre sus dotes estaba el poseer una memoria visual portentosa y una retentiva increíble. Todas estas cualidades desarrollaron en él una de las facultades más importantes en un novelista, el poder de observación.

Su ideología liberal ofrece un gran contraste con el tradicionalismo católico de Pereda, su buen amigo. Su vida humilde y sin pretensiones es lo más opuesto a la vida de un Valera, siempre ansioso de refinamiento. Valera era el humanista de temperamento aristocrático; Galdós, el hombre modesto y sencillo que busca una comprensión generosa de la vida española mediante la observación del ambiente popular y de la clase media madrileña.

OBRA

Autor de abundante producción y gran objetividad y realismo, es para algunos críticos el mejor novelista español después de Cervantes. Su poder imaginativo y sus dotes de fino observador le hacen ser creador de innumerables personajes y situaciones llenos de humanidad.

Hombre de ideología liberal, es la figura máxima del realismo del siglo XIX. Su ideología progresista marcó sus novelas desde el comienzo. Pintor de la burguesía y de las clases humildes, aporta una obra narrativa de extraordinaria importancia. Entre los restauradores de la novela española es el más fecundo, el de más rica inventiva, el creador de mayor número de personajes y el más completo.

Fue un hombre sencillo y modesto. Profundamente español y profundamente humano, es Galdós una de las figuras de la literatura española. Recuerda por su humanismo al autor del Quijote. Su poder imaginativo y sus dotes de fino observador le hacen ser creador de innumerables personajes y situaciones llenos de humanidad.

El propósito de las novelas de Galdós es dar una visión de cómo es la España de su tiempo. Intenta captar el alma española a través de su historia, su ambiente social (Fortunata y Jacinta) y sus tipos humanos (Narazarín y Misericordia).

La obra de Galdós se caracteriza por su marcado y nítido realismo. Se sirve del lenguaje para identificar a sus personajes y esto ha hecho que muchas veces se le acuse de lo que no es: usa un lenguaje ramplón cuando describe o habla un personaje ramplón.

Galdós dividió su obra en Episodios nacionales, Novelas españolas de la primera época y Novelas españolas contemporáneas.

Sus primeras noveles son novelas de tesis: los buenos son modernos, abiertos, liberales y progresistas, y los malos son conservadores, tradicionalistas, fanáticos religiosos e intransigentes. Poco a poco fue abandonando este maniqueísmo extremo, aunque en la vida mantuviera una posición cada vez más radical. La base de su obra la constituye la fórmula realista, pero va evolucionando: primero esquematiza la realidad para ponerla al servicio de una idea (Doña Perfecta); más tarde dirige su interés hacia la observación objetiva de lo individual, muy cercano al naturalismo (Fortunata y Jacinta); al final, intenta superar el realismo naturalista con elementos de tipo idealista (Misericordia).

Como maestros en el arte de narrar, destacó siempre Galdós a Balzac y a Dickens. Su estilo busca la naturalidad y rehúye cualquier artificio retórico a fin de ofrecer, según postulados estéticos realistas, la visión más directa posible de lo que pretende expresar. Cuando narra su estilo es transparente, académico, pero siempre castizo; se trasluce sin embargo el humor y la ironía.

“El estilo de Galdós no responde a un estricto propósito artístico. Su prosa, aunque suelta y espontánea, resulta algo pobre y revela escasa preocupación por la belleza y cuidado de la forma. Extraordinariamente fecundo, apenas dedicó tiempo al pulimento del lenguaje. Sus últimas obras reflejan, no obstante, un deseo de superar el tipo de dicción familiar que hasta entonces había utilizado, para alcanzar nuevas bellezas de expresión a tono con las exigencias estéticas de principios del siglo XX. [...] Otros le aventajan en pulcritud de estilo, en finura psicológica e incluso en seguridad de orientación estética y espiritual; pero nadie como él ha sabido crear un mundo tan variado y tan rico y a la vez tan representativo de la España de su tiempo.” (José García López)

La Fontana de Oro (escrita entre 1867 y 1868, publicada en1870)

Novela histórica ambientada en las luchas entre absolutistas y liberales del período de Fernando VII (1784-1833), que tanto tenían en común con el período posterior a "La Gloriosa", la Revolución  de 1868, encabezada por el General Serrano y Prim, que derroca a la reina Isabel II, iniciando así el periodo denominado Sexenio Democrático (1868- 1874).

Argumento: Lázaro, un joven liberal, llega a Madrid durante el Trienio Liberal (1820-1823), paréntesis liberal dentro del reinado absolutista de Fernando VII (1808-1833), para instalarse en casa de su tío Elías «Coletilla», que es un espía reaccionario de Fernando VII. En la casa conoce a Clara, una protegida de su tío y maltratada por el mismo, de la cual se enamora perdidamente. Dada la situación de ambos, deciden huir e instalarse en casa de las Porreño, que son tres beatas, que al percibir la relación de ambos, echan a Clara de la casa. Lázaro la busca desesperadamente hasta encontrarla y después de avisar a sus amigos liberales, para salvarlos de la masacre que les espera, huye con Clara a su pueblo donde se instalan definitivamente.

La Sombra (1870)

A pesar de que fue editada posteriormente a la La fontana de oro, los críticos ponen de relieve la posibilidad de que fuera redactada uno o dos años antes.

El Audaz (1871)

Retoma el asunto histórico y la cuestión ideológica de la defensa de la libertad contra el absolutismo.

Doña Perfecta (1876)

Panfleto anticlerical y monstruosa síntesis del fanatismo religioso y la ideología ultraconservadora. Carga las tintas en el anticlericalismo y en el enfrentamiento entre progreso y tradición.

Galdós produjo varias novelas centradas en el problema religioso, pero considerado desde el punto de vista social y no psicológico, como es el caso de Valera. Plantea un conflicto social con base en las creencias religiosas y lo resuelve siempre trágicamente echando la culpa al fanatismo religioso de los sectores que representan la tradición católica. Galdós confronta el mundo tradicional y religioso, representante del fanatismo, la intransigencia y la opresión intelectual, al mundo moderno y liberal, centrado en la ciencia, el trabajo y el progreso, cuya norma reside en el amor y el respeto mutuo por encima de todo antagonismo religioso o político.

Argumento: Orbajosa es una ciudad anclada en una tradición cerril de inmovilismo, una ciudad sin vida intelectual, con una economía floreciente. Al lugar llega el ingenuo ingeniero progresista Pepe Rey para casarse con Rosario, la hija de Doña Perfecta. Se entable un combate dialéctico entre Pepe y don Inocencio, el penitenciario, que intenta desprestigiar a Pepe para que no se case con Rosario: la sobrina del penitenciario quiere casar a su hijo Jacinto con Rosario. Tras oír las controversias entre Pepe y el penitenciario, Doña Perfecta cambia de opinión y se empieza a poner en contra de Pepe, y para evitar que su hija Rosario se case con él, la encierra en su cuarto. Todos empiezan a hacerle la vida imposible a Pepe para que se vaya de Orbajosa. Pepe está a punto de marcharse del lugar, pero se entera de que Rosario lo quiere y se queda en Orbajosa para poder liberar a su novia y casarse con ella. Cuando va a tener un encuentro con Rosario, doña Perfecta baja a la huerta y los ve. Entonces manda a Caballuco que mate a Pepe. Rosario acaba en un asilo de locos y el penitenciario, don Inocencio, se marcha a Roma después de todo lo ocurrido. Doña Perfecta gasta todo su dinero en funciones religiosas.

Gloria (1877)

Reparte por igual la intransigencia religiosa entre judíos y católicos.

Argumento: La diferencia de religión impide la boda de los protagonistas. Gloria es católica y Daniel Morton es judío.

La familia de León Roch (1878)

Reparte por igual la intransigencia religiosa entre católicos y liberales. La intolerancia de una mujer católica acaba separándola de su marido, un librepensador, que como en otros casos aparece descritos con colores simpáticos.

Marianela (1878)

Dramático relato en el que Galdós cuenta el golpe moral sufrido por Marianela, huérfana, deforme y enamorada de Pablo, un joven burgués ciego al que ella sirve de lazarillo. La ciencia hace recobrar la vista a Pablo, que al poder ver cree haber encontrado en la belleza de su prima a la mujer a quien prometió amor eterno, Marianela. Marianela, sin poder reponerse del sobresalto que le produjo el desencanto de su joven amigo, se entrega a la muerte al saberse desprovista del amor de quien era para ella su única razón para sentirse viva.

Toda la novela está impregnada de emoción, que contrasta con la dureza de las anteriores.

Episodios nacionales (1880)

Desde 1873 a 1912, Pérez Galdós se propuso el ambicioso proyecto de contar la historia novelada de la España del siglo XIX, es decir, desde 1807 hasta la Restauración, con la intención de analizar el protagonismo de las fuerzas conservadoras y de progreso en España.

Es su obra magna, un gigantesco ciclo de cuarenta y cinco narraciones divididas en cinco series que resumen la historia de España del siglo XIX: Trafalgar, Bailén, Zaragoza, Gerona, etc. Son la historia novelada del siglo XIX, un inmenso fresco que abarca desde la Guerra de la Independencia (1808) hasta las luchas civiles y los conflictos políticos del siglo XIX.

Muy lejos de la novela histórica del romanticismo, Galdós se documenta con rigor y los comentarios están narrados con gran objetividad.

Las dos primeras series (1873-1879) cubren la guerra de Independencia y el reinado de Fernando VII. En ellas el autor manifiesta un cierto optimismo en una evolución lenta pero segura hacia el progreso.

En 1898, retomó de nuevo las series, en las que trabajó hasta 1912. Cubre desde las Guerras Carlistas hasta la Restauración. El optimismo galdosiano se ha apagado y ahora aparece la visión amarga de la España profunda dividida y enfrentada en guerras fratricidas; ante esta convicción el autor busca una salida en el ideal de “la distribución equitativa del bienestar humano”.

Este conjunto de novelas constituye una de las obras más importantes de la literatura española de todos los tiempos y ejerció un influjo considerable en la trayectoria de la novela histórica española. El punto de vista adoptado es vario y multiforme, y se inicia con la perspectiva de un joven chico que se ve envuelto en los hechos más importantes de su época mientras lucha por su amada. La evolución ideológica de Galdós es perceptible desde el aliento épico de la primera serie hasta el amargo escepticismo final, pasando por la radicalización política y agresividad socialista-anarquista de las series tercera y cuarta.

La desheredada (1881)

Obra naturalista en la que la protagonista, una muchacha loca que está en el manicomio de Leganés (Madrid), se cree descendiente de un aristócrata y acaba en la prostitución.

El amigo Manso (1882)

Obra que plantea el contraste entre un profesor krausista y su superficial y taimado alumno. La introspección de un personaje creado y destruido por el narrador prefigura las "nivolas" de Miguel de Unamuno (1864-1936).

Argumento: El protagonista renuncia generosamente al amor de una joven al saberla enamorada de un discípulo suyo.

El Doctor Centeno (1883)

El adolescente Felipe Centeno es testigo privilegiado de la vida de diferentes personajes.

Argumento: Un joven, Felipe Centeno, llega a la gran ciudad con ánimo ingenuo de convertirse en médico o servir a un gran señor. Su depauperado y andrajoso aspecto hace que caiga bajo la protección de tres jóvenes a los que conmueve. El manchego Alejandro Miquis lo presenta en la escuela del sacerdote Pedro Polo, que humilla al muchacho, llamándolo "Doctor Centeno". Despedido, Felipe servirá a Miquis, que despilfarra su dinero, su optimismo y su cariño hasta enfermar. Confía en rehacer su vida y la de Felipe en La Mancha. Muere entusiasmado por lo que le rodea, entre amigos falsos o cándidos.

Tormento (1884)

Esta novela relata el conflicto entre la imaginación y la realidad, entre la libertad de elegir el propio destino y las resistencias del ambiente a permitirlo.

La protagonista es engañada y seducida por un sacerdote disoluto y la recoge un indiano enriquecido aunque no se casa con ella.

Argumento: Amparo y Refugio son las dos hijas huérfanas de Sánchez Emperador. Las dos son pobres y fueron recogidas por sus parientes, una familia de funcionarios con aires de grandeza. Pero mientras Refugio prefiere vivir sin ataduras y se desliga por completo de la familia Bringas, Amparo continúa ligada a ellos ejerciendo distintas labores, obteniendo cada mes su recompensa de la mano del siempre generoso Francisco Bringas. Amparo, en definitiva, vive totalmente bajo la semi-esclavitud de sus parientes, trabajando como su criada. Un día llega, de las indias, un pariente de los Bringas, Agustín Caballero, primo de Rosalía, que viene de México tras haber amasado una gran fortuna. Durante su estancia, Agustín Caballero se encarga de la educación de los hijos de Rosalía mientras busca una buena mujer para casarse. Se enamora de Amparo, y la muchacha de él, hasta que por fin deciden, tras muchas cavilaciones, comprometerse. Pero este compromiso, como era de esperar, no va a ser tan fácil y va a provocar ciertos problemas. Pues la futura novia guarda un terrible secreto sobre su pasado: su relación amorosa con un cura llamado Pedro Polo. Y por el otro lado, Rosalía de Bringas intentará "sutilmente" deshacer el noviazgo porque, en el fondo, es ella la que desea emparentarse como sea con el tan buen partido que es su primo. Al final, Rosalía desiste en su empeño y toma la opción de agasajar a Amparo para gozar de su beneplácito y poder así conocer el horrible secreto que la muchacha trata de esconder.

La de Bringas (1884)

Relata la historia de Rosalía y su pasión por comprar ropa muy por encima de sus posibilidades, hecho éste que la lleva a endeudarse y a tener que engañar a su marido para poder hacer frente a la deuda que acumula frente al prestamista Torquemada. Al final Rosalía se ve obligada a pedir dinero a Refugio, una mujer que vivía de su trabajo, pero que poseía una libertad que ella anhela y que reclama al final de la novela, donde tiene que hacerse cargo de su familia.

Lo prohibido (1884-85)

Cuenta la vida licenciosa de un solterón.

Fortunata y Jacinta (1887)

El mural más extraordinario sobre la historia y la sociedad madrileña de la época. Es la más lograda de las novelas del autor, en la que el fresco de la sociedad madrileña es más amplio.

El eje argumental es el enamoramiento de dos mujeres de diferentes clases sociales de un mismo hombre: Juan Santa Cruz, prototipo del hijo de familia acomodada. Jacinta, mujer de alta condición social, estéril, acaba casándose con Santa Cruz y adoptando al hijo que su marido ha tenido con Fortunata, de baja condición.

Argumento: La historia enfrenta a dos mujeres enamoradas del mismo hombre, Juanito Santa Cruz, prototipo del señorito gandul que malgasta el dinero que sus padres, comerciantes del centro de Madrid, han conseguido ahorrar. Juan Santa Cruz es el amante de una muchacha pobre, apasionada y enamorada, pero se casa con su prima, la dulce Jacinta, que sufre las infidelidades del marido. Fortunata se queda embarazada y el “señorito satisfecho” busca otra amiga. Fortunata tiene a su hijo pero llena de celos provoca una riña con la nueva amante que la llevará a la muerte no sin antes haber entregado el hijo a Jacinta, que considera que es hijo suyo pues lo ha tenido con dolor.

Todo ello aparece enmarcado en el Madrid de los años que van desde "La Gloriosa" (1868) a la Restauración (1875), años en los que, como en la novela, todas las esperanzas de regeneración nacional se frustraron. Galdós se situó como narrador cómplice de la Naturaleza que rectifica los errores de sus hijos.

Uno de los personajes secundarios de esta novela, el usurero Torquemada, protagonizó otras cuatro obras (Torquemada en la hoguera, Torquemada en la cruz, Torquemada en el purgatorio, Torquemada y San Pedro).

Miau (1888)

Describe las penalidades de un cesante progresista durante un gobierno conservador, y el infierno de la burocracia. Es la pequeña epopeya del cesante, del funcionario de Hacienda que, dejado en la calle por un cambio ministerial, se alimenta de la esperanza, mientras detrás de él su inconsciente familia trata de mantener las apariencias de la «gente bien».

Argumento: Encuadrada en el Madrid de la segunda mitad del siglo XIX, ya restaurada la monarquía borbónica en la figura de Alfonso XII, esta novela está protagonizada por el cesante Ramón Villaamil, un competente ex-empleado del Ministerio de Hacienda, que se encuentra actualmente sin trabajo por no haberse arrimado a las influencias adecuadas. Tan sólo le restan dos meses de trabajo para poder retirarse. Don Ramón vive en una casa de Madrid con su derrochadora esposa, doña Pura y su hermana Milagros, la hija del matrimonio, Abelarda, y Luisito, nieto del señor e hijo de la difunta Luisa y de Víctor Cadalso. Este último es precisamente la antítesis de Ramón, ya que a pesar de su incompetencia, tiene atractivo físico y dones de palabra, y gracias a que ha sabido conquistar a importantes damas, va ascendiendo en sus diversos cargos públicos. El resto de empleados del Ministerio se burlan de Ramón a sus espaldas, a pesar de que sus propuestas novedosas serán en un futuro impuestas en España. Las MIAU —las tres mujeres que viven en su casa, con cara de gatos—, el éxito de Víctor, y las desavenencias con la Administración, sumergirán al pobre mártir don Ramón en la más absoluta miseria.

Torquemada en la hoguera (1889)

La novela trata la figura de Francisco Torquemada, un grosero prestamista que ha logrado amasar un interesante capital a base de prestar dinero con usura, exprimiendo sin piedad a los desgraciados que por necesidad caían en sus manos. El hijo del prestamista, un niño prodigio, muere pese a las desesperadas obras de caridad de su padre.

Torquemada es un personaje construido de una pieza. Su inveterada avaricia puede en él más que ningún otro instinto. Las novelas siguientes: Torquemada en la cruzTorquemada en el purgatorio narran el meteórico ascenso de este usurero a las más altas esferas sociales, gracias a su matrimonio con una aristócrata arruinada.

La incógnita (1889)

La incógnita es la dificultad del ser humano para alcanzar la verdad sobre el comportamiento de sus semejantes, las causas de sus reacciones y los sucesos de sus vidas. No cabe establecer juicios sobre las personas.

Argumento: Colección de cartas de Manuel Infante a su amigo Equis. Refleja su vida en Madrid con su tío Carlos Cisneros, defensor del amor libre: se ha enamorado de una mujer casada y, cuando ella le rechaza, no sabe si es por honestidad o porque anda con otro. Luego, cuando muere uno de sus amigos, tampoco sabe si ha sido un suicidio o un asesinato.

Realidad (1889)

Esta novela trata el tema desde otra perspectiva distinta a la de Incógnita, en la que la única perspectiva es la del remitente de las cartas. La solución a la incógnita es: la realidad no se puede captar con una sola perspectiva, sino por una suma de perspectivas respecto de un objeto, una suma de sus perfiles.

Argumento: Un personaje que ha mantenido relaciones con la esposa de un amigo se suicida al no poder soportar lo deshonroso de la situación.

Ángel Guerra (1890-1891)

En esta novela y, sobre todo, en Nazarín, se advierte que no hay en Galdós irreligiosidad, sino al contrario, un profundo sentir cristiano, disconforme con los compromisos temporales y sociales de los hombres de la Iglesia.

Argumento: Un revolucionario, enamorado de la institutriz de su hija, se inclina hacia el misticismo por influencia de su amada.

Tristana (1892)

Novela perteneciente a la última etapa narrativa de Galdós. El tema que trata esta obra provocó una fuerte polémica en su tiempo debido al tema tratado: la situación de la mujer a finales del siglo XIX, la insatisfacción vital de la mujer burguesa de la época. Galdós muestra el aburrimiento de la mujer casada de la época, que vive enclaustrada en el hogar, sin mayor distracción que alguna visita, y cuya situación ociosa la aboca al hastío vital.

Argumento: Tristana es una muchacha huérfana que ha quedado a cargo de un amigo de sus padres, don Lope, un otoñal seductor de buena posición, que la trata con paternalismo, pero la convierte en su amante, lo que ya había intentado hacer con la madre de la chica. Tristana, aunque siempre deseó ser actriz, va poco a poco acomodándose a la situación y se muestra sumisa. Hasta que un día conoce a un joven pintor, Horacio, del que se enamora. La relación pasional entre la joven y el pintor se enfría cuando éste se tiene que trasladar a otro lugar en compañía de una tía enferma, huyendo también de las ideas anticonvencionales de Tristana. La joven cae enferma y le tienen que amputar una pierna. Al regreso de Horacio, el amor idealizado entre los dos se diluye. Ahora Tristana se vuelca en el aprendizaje musical y luego se refugia en la devoción religiosa, mientras el viejo Lope la sigue cuidando celosamente. Al final, la joven y el viejo se ven obligados a casarse, condición impuesta por las primas de don Lope para poder ayudarles económicamente. El desenlace termina con una pregunta del autor: “¿Eran felices uno y otro? Tal vez”.

De todas las obras de Galdós, esta parece la más próxima a sus vivencias personales, pues parece que el autor tuvo un romance en 1891 con una chica de 21 años, que quería ser actriz de teatro. Galdós, soltero de 48 años, la conoció en el teatro después de romper con Emilia Pardo Bazán. La joven murió de tuberculosis a la edad de 41 años. Galdós se sirvió de cartas enteras de esta amiga para crear a Tristana.

Esta novela ha sido llevada al cine en 1970 por Luis Buñuel y protagonizada por Catherine Deneuve, Fernando Rey y Franco Nero.

Torquemada en la cruz (1893)

Torquemada en el Purgatorio (1894)

Torquemada y San Pedro (1894)

Nazarín (1895)

Las novelas de la década de 1890 revelan un cambio en la posición espiritual de Galdós. Hasta ahora su concepto del mundo era materialista. Desde ahora, un nuevo factor, el espíritu, entra en acción. De acuerdo con la oleada de espiritualidad que hacia estos años se difunde por Europa, se hace apología de la justicia y el amor por encima de las mezquindades y convencionalismos.

Así Nazarín exalta el idealismo caritativo de un clérigo, que movido por un encendido espíritu de caridad salea  los caminos a predicar la moral evangélica. Pierde la fe porque su pureza evangélica no es comprendida ni aceptada por un mundo mezquino. En esta novela se advierte que no hay en Galdós irreligiosidad, sino un profundo sentir cristiano, disconforme con los compromisos temporales y sociales de los hombres de la Iglesia.

Esta novela fue llevada a la pantalla en 1958 por Luis Buñuel (1900-1983).

Misericordia (1897)

Es otra de las obras cumbre de Galdós. Esta novela nos sumerge en los estratos más bajos del Madrid de entonces, en contraste con la gente acomodada pero venida a menos. En ella encontramos una espléndida pareja de figuras: el moro ciego Almudena y la criada Señá Benina, que representa la exaltación de la caridad.

A través del personaje de Benina, también llamado Benigna, y de sus relaciones con personajes como su ama doña Paca y el moro Almudena Mordejai, el autor recrea la vida cotidiana de las clases más humildes de la sociedad madrileña de finales del siglo XIX. En la obra Galdós critica a la sociedad desde un punto de vista progresista, pues defiende a la clase media frente a la aristocracia y a la Iglesia, culpables estas últimas, a su entender, del atraso cultural de España.

Argumento: La dulce criada Benina es presentada rodeada de un pintoresco mundo de mendigos. En vista de la situación de miseria en la que vive su ama, esta criada pasa mil privaciones para socorrerla y decide ponerse a pedir limosna para mantenerla, siendo luego abandonada por ella.

En esta obra aparece el retablo más descarnado de la miseria madrileña. Exalta la caridad y la bondad de la criada y critica el egoísmo de la sociedad.

En sus últimas obras, el mundo imaginado triunfa sobre el real anticipándose a la búsqueda de consuelo de Unamuno en aquello que uno quiere creer.

El Abuelo (1897)

En esta novela se niega la ley positivista de la herencia, ya que el protagonista advierte la superioridad moral de la hija ilegítima sobre la legítima.

Argumento: Tras la muerte de su hijo, Don Rodrigo, el Conde de Albrit regresa de América a su pueblo con el objeto de descubrir cuál de sus dos nietas es la legítima. Lucrecia, madre de las dos hijas (Dorotea y Leonor) decide engañar al abuelo diciéndole que Dorotea es su nieta. El abuelo se encariña de la niña y entonces Lucrecia le dice que su nieta realmente es Leonor. El abuelo, finalmente, aprende a querer a sus dos nietas, olvidando el honor.

Casandra (1905)

El caballero encantado (1909)

Celia en los infiernos (1913)

Alceste (1914)

Tragicomedia

Sor Simona (1915)

La Razón de la Sinrazón (1915)

El tacaño Salomón (1916)

Santa Juana de Castilla (1918)

Antón Caballero (1921)

Obra póstuma.

Obra dramática

Galdós cultivó también el teatro de tesis. Su obra dramática supuso el primer intento de romper con la dramaturgia post-romántica que imperaba en la cartelera madrileña. Insiste a veces en temas ya tratados en sus novelas, como El abuelo. En su momento algunas de sus composiciones teatrales fueron muy celebradas.

Aunque poseía un gran instinto dramático, Galdós carecía del dominio de los recursos técnicos para ser un buen dramaturgo. Sus obras de teatro resultan lentas, poco ágiles. El mérito de su producción teatral reside más bien en lo psicológico, reacción contra el furibundo neorromanticismo de un Echegaray.

Realidad (1892)

Adaptación de la novela homónima.

La loca de la casa (1893)

Obra que constituyó un éxito.

La de San Quintín (1894)

Los condenados (1895)

Voluntad  (1895)

Doña Perfecta (1896)

Adaptación de la novela homónima.

Electra (1901)

Constituyó un éxito que fue acompañado de un resonante escándalo. El estreno de Electra supuso un acontecimiento nacional. La obra fue recibida con entusiasmo por los jóvenes modernistas.

Alma y vida (1902)

Mariucha (1903)

El abuelo (1904)

De nuevo adaptación de novela. En esta obra se critica el orgullo de casta que impide a los nobles arruinados ganarse la vida trabajando y, simultáneamente, el orgullo de sangre, toda vez que al abuelo abandonado no lo acompañará en su huida sino la nieta bastarda que no pertenece a su estirpe.

Bárbara y Amor y Ciencia (1905)

Zaragoza (1907)

Pedro Minio (1908)

Casandra (1910)

Su mejor obra dramática, de nuevo adaptación de una novela y de nuevo ataque a la religión mal entendida.

 


José María de Pereda y Sánchez Porrúa (1833-1906)

VIDA

Nació en Polanco (Cantabria) como hijo número 21 de una familia hidalga montañesa. Sus padres se casaron muy jóvenes, de modo que llegaron a tener 22 hijos.

Salvo alguna breve estancia en Madrid, Pereda residió toda su vida en La Montaña, comarca histórica situada en la zona interior de la comunidad autónoma de Cantabria, norte de España.

Fue educado en el seno del catolicismo y en la discriminación social, nunca puso en duda la existencia de clases sociales.

Después de acabar el bachillerato en Santander, ingresó en la Escuela de Artillería de Madrid, pero la abandonó por la literatura.

Atacó enérgicamente la revolución liberal y tras afiliarse al carlismo, pasó a ser diputado en las Cortes de 1871. Pero le preocupaban más los hombres que las ideas y sus simpatías y antipatías son menos ideológicas que de clase.

A su ingreso en la Real Academia Española en 1896, pronunció un discurso sobre la novela regional, al que respondió Benito Pérez Galdós.

El suicidio de su primer hijo le sumió en una honda tristeza. Entonces abandonó casi completamente la escritura, abrumado por complejos de culpabilidad que derivaron en una crisis existencial y religiosa. Se agravó su neurastenia y envejeció prematuramente.

En 1904 sufrió una apoplejía que le dejó hemipléjico del lado izquierdo. Falleció en Santander dos años más tarde.

Si comparamos a Pereda con Valera, advertimos radicales contrastes. Valera es el hombre refinado y mundano que viaja por todo el mundo y adquiere una amplia cultura europea; Pereda es el escritor de vida sencilla, arraigado en su rincón natal del que nunca se aparta. Pereda es el novelista montañés con una inquebrantable adhesión a los principios y las formas de vida tradicionales, tanto en política como en religión, defensor fervoroso de lo español “castizo” y lo católico.

OBRA

Ofrece en la mayor parte de sus relatos vigorosos cuadros de las tierras cántabras. Su estilo costumbrista revela su proximidad con el romanticismo y un peculiar naturalismo que Emilia Pardo Bazán definió como “perediano”. Pereda inicia su carrera narrativa en el mundo del costumbrismo, habitual en la España de mediados de siglo. Pero su relato de costumbres escapa de la inmovilidad descriptiva del género.

Su mundo novelesco se basa en una realidad poética y moral a un tiempo, en la que la belleza está condicionada por la pureza de los sentimientos y la rectitud de las acciones. Por eso su realismo se convierte en una concepción idílica de la vida. Sus novelas están ambientadas casi siempre en La Montaña, salvo Pedro Sánchez, y presentan como tema central la exaltación e idealización de las costumbres del pueblo frente a las urbanas.

Los cuadros de costumbres representan lo más endeble de su obra porque la realidad aparece deformada al obligarla a coincidir con una idea obsesiva y una tesis: toda novedad conduce a la corrupción y al caos moral.

Uno de los mayores méritos de Pereda, y una gran aportación a la novela del siglo XIX es la utilización de la lengua hablada, sobre todo la vulgar. En ello fue un gran innovador. Pereda fue el mejor paisajista de su generación. El paisaje, los tipos y hasta el estilo tienen en Pereda una reciedumbre que elimina toda complacencia sensual. Como muy bien dice Azorín: “Pereda es un maravilloso dibujante que no emplea los colores”.

“El enfoque irónico y despectivo del mundo campesino, típico de sus primeros libros, deja paso, de modo radical, a una nueva visión idealizadora, en cuya base se halla lo que constituirá el núcleo de su obra ulterior: la idea de que la vida rústica, sencilla y natural, es el supremo modelo, ético y estético, de la existencia, porque sólo en ella se perpetúa en sus formas más puras la tradición española y cristiana, único antídoto contra el fermento destructor del mundo moderno.” (José García López)

Novelas

Escenas montañesas (1864)

Su primera obra, de corte costumbrista, le convirtió en una celebridad local. En contraste con la producción posterior del autor, el ambiente campesino está visto con ojos satíricos. Lo popular no el inspira la menor simpatía. Pero muestra gran interés por lo “típico”. Recupera para el recuerdo futuro tantas cosas que están a punto de perderse: rincones pintorescos, lugares, edificios, etc.

Tipos y paisajes (1871)

Bocetos al temple (1876)

Primeras tentativas novelescas de Pereda, desligadas del costumbrismo. Comprende la novela corta Los hombres de pro, sobre su experiencia política.

El buey suelto (1878)

Trata el tema de la vida conyugal, y quiere ser una réplica de Balzac, Petites misères de la vie conjugale, y más remotamente de la Physiologie du mariage. Para demostrar los inconvenientes del celibato, Pereda nos cuenta la vida de un solterón estúpido.

Don Gonzalo González de la Gonzalera (1879)

Don Gonzalo es un tipo de revolucionario desaprensivo sobre el que Pereda descarga las tintas negras, atancando al liberalismo y a la revolución de 1868. El autor resume sus experiencias políticas y saca conclusiones de los diez años de período revolucionario, tras el afianzamiento de la Restauración (1875).

De tal palo, tal astilla (1880)

Novela de tesis religiosa, escrita como una réplica a la Gloria de Galdós, y su protagonista, Águeda, la contrafigura del personaje galdosiano, aunque también se parece a Doña Perfecta. La tesis de Pereda, opuesta a la del escritor canario, es que de un hombre descreído sólo pueden venir desgracias.

Argumento: Fernando Peñarrubia es educado por un padre ateo. Cuando se enamora de Águeda, consulta con el cura de Valdecines, pero las intrigas del codicioso cacique Sotero y la usura que practica impulsan que Fernando se suicide.

La incredulidad religiosa es causa del fracaso sentimental y del suicidio del protagonista.

Esbozos y rasguños (1881)

El sabor de la tierruca (1882)

Describe la Montaña con sus gentes y sus costumbres. Con esta obra, el Pereda logra lo que se puede llamar la gran novela regionalista realista. Este tipo de novela fue definida por Pereda como “égloga realista”, porque funde los tonos idílicos con los rasgos realistas.

Pedro Sánchez (1883)

Esta novela está escrita como respuesta a los que le reprochaban una excesiva vinculación a los temas campesinos.

Novela muy valorada por algunos críticos, se acerca al mundo galdosiano. Está escrita en forma autobiográfica, a modo de memorias del protagonista, y presenta la historia de un mozo montañés que, tras su fracaso vital en el ambiente madrileño, termina regresando a su tierra natal.

El estilo de Pereda es aquí más suelto, con menos descripciones que en otras novelas. Se dan dos rasgos que suelen faltar en el resto de la obra: ciertas evocaciones de carácter autobiográfico y una pintura levemente satírica de la realidad.

Sotileza (1885)

Presenta el ambiente y la vida de los marineros santanderinos observada y descrita con gran fidelidad en una gran variedad de tipos y costumbres. Esta novela fue calificada como la epopeya del mar Cantábrico.

Es la mejor obra de Pereda y una de las más relevantes del siglo XIX. Es una reconstrucción del Santander que el autor conoció en su infancia, un magnífico cuadro de la vida de los pescadores en la primera mitad del siglo XIX. Los tipos humanos y las escenas marítimas aparecen descritos con fuerza insuperable. Sobresale la impresionante descripción de una galerna, el espectáculo del mar embravecido y la lucha de los marineros contra la tempestad.

Argumento: Sotileza, apodo de la huérfana Silda (Casilda), que fue recogida por un matrimonio de pescadores, es una chica de carácter soñador. Enamora a Andrés, hijo de un prestigioso marino. Los amantes se ven obligados a renunciar al amor cuando se impone la realidad social. Andrés se casa con una muchacha de su clase y Casilda con un pescador, todo por mediación del Padre Apolinar, representante del clero como consolador de los males sociales y guardián de los valores tradicionales.

La Montálvez (1888)

En esta novela Pereda abandona el marco regionalista y escribe una novela de ambiente madrileño. Es su obra tardía. Está considerada como el mayor fracaso del autor, debido quizás a la excesiva hostilidad del autor hacia los personajes de la aristocracia madrileña, a la que presenta sumida en la más terrible corrupción.

La puchera (1889)

En esta novela vuelve Pereda al mundo rural, en el que se encuentra a gusto. Muestra lo dura que les resulta la vida a unos hombres que se exponen a constantes peligros, en el campo o en el mar, para lograr el sustento. Incluye escenas de costumbres y ambientes muy bien trabadas con la intriga. Otros valores son la calidad de sus diálogos y el valor plástico de su lenguaje.

Argumento: Juan Pedro el Lebrato y su hijo, Pedro Juan, tienen que dedicarse a las duras faenas de la pesca para pagar las deudas a un prestamista. El hijo logra la mujer que ama, mientras que al prestamista, el Berrugo, lo desprecia su hija Inés por impedirle casarse con un rico indiano. Enloquecido por un tesoro, el prestamista muere ante el Lebrato y el Josco que no consiguen salvarlo.

En esta novela, Pereda se aproxima al naturalismo desde un punto de vista conservador.

Nubes de estío (1891)

Trata de los “trashumantes” veraniegos que cada año destruían el ritmo de la región.

Al primer vuelo (1891)

Novela de gran extensión, es un poco extraña, porque el desenlace queda a cargo de la imaginación del lector.

Peñas arriba (1895)

Supone la culminación de la obra literaria de Pereda. Es la mejor novela de la Montaña. Fue recibida con entusiasmo y críticas muy favorables. Es una novela idilio, un canto a la naturaleza y a las montañas. Los personajes están subordinados al paisaje en el que viven. Defiende en ella un mundo que cree que todavía se puede salvar. Faltan notas costumbristas, pero el lenguaje rústico se plasma con acierto.

Argumento: El viejo hidalgo don Celso, que vive en Tablanca, un pueblecito santanderino, llama a un sobrino suyo, Marcelo, que, acostumbrado al ambiente de Madrid, se aburre como una ostra en el campo. Su tío lo quiere hacer heredero. Marcelo se va encariñando con el lugar y su impresionante naturaleza, participa en la caza del oso y sobrevive a un temporal de nieve. Poco a poco, la grandiosidad del paisaje montañés, la sencillez de las costumbres patriarcales de la aldea y la salud moral que denotan, le incitan a quedarse en este idílico lugar. Al morir su tío, se casa con una mujer de Tablanca y vive allí hasta el final de sus días.

Pachín González (1896)

Relata la gran catástrofe ocurrida en Santander tres años antes, al estallar el barco Cabo Machichaco, atracado en el muelle. La acción está vista desde la mirada del protagonista, que describe el espectáculo de la ciudad antes y después de la explosión.

Teatro

Pereda probó suerte en el teatro con las piezas Tanto tienes, tanto vales (1861), Palos en seco (1861), Marchar con el siglo (1863) y Mundo, amor y vanidad (1863), con muy poco éxito. Estos conatos escénicos se publicaron en 1869 con el título Ensayos dramáticos.

 


Armando Palacio Valdés (1853-1938)

VIDA

Nació en Entralgo (Principado de Asturias). Su padre era un abogado ovetense y su madre pertenecía a una familia acomodada.

Marchó a Madrid a estudiar Derecho, carrera que concluyó en 1874.

Se dedicó a la crítica literaria, antes de comenzar su actividad como novelista.

Se casó dos veces: su primera esposa, Luisa Maximina Prendes, falleció en 1885 después de sólo un año y medio de matrimonio. Se casó en 1899 en segundas nupcias con Manuela Vega y Gil, que le sobrevivió. Al morir José María de Pereda en 1906, ocupó el sillón vacante en la Real Academia Española.

Durante la Guerra Civil (1936-1939), Palacio Valdés se encuentra en Madrid pasando frío, hambre y enfermedades. Los hermanos Quintero le hacía llegar los escasos víveres que podían reunir.

En 1938, Palacio Valdés, el amable, el otrora célebre y celebrado y fecundo escritor, moría en el olvido.

Armando Palacio Valdés es, junto con Vicente Blasco Ibáñez, el autor español del siglo XIX más traducido y más leído en el extranjero.

OBRA

Palacio Valdés es un novelista de cuidado estilo y sabor costumbrista. Su obra presenta una exaltación de las virtudes tradicionalistas frente al progreso. Se acerca en algunos ejemplos al naturalismo.

Su obra carece de unidad. Publicó novelas naturalistas, realistas, psicológicas, dualistas, etc. Sin embargo, a lo largo de su extensa obra se va perfilando un mundo personal. El subjetivismo realista, o combinación entre ficción y autobiografía, se irá afirmando progresivamente hasta convertirse en el estilo propio del autor.

“La novela de Palacio Valdés se halla dentro de la órbita del realismo costumbrista y regional del siglo XIX, aunque no ofrezca la descripción del ambiente como motivo esencial ni se limite a una región determinada: el escenario de la acción será, según los casos, Asturias, Andalucía, Valencia... El estilo, pulcro, llano y espontáneo, resulta muy adecuado al tono de la narración.” (José García López)

A la primera etapa de su producción, antes de su conversión religiosa, corresponden las novelas:

El señorito Octavio (1881)

Novela con la que se dio a conocer.

El idilio de un enfermo (1883)

Esta es quizás su obra más perfecta por la concisión, ironía, sencillez de argumento y sobriedad en el retrato de los personajes, algo que Palacio Valdés nunca logró repetir.

Marta y María (1883)

La novela está ambientada en la ciudad ficticia de Nieva, que en realidad representa a Avilés. Las protagonistas encarnan el temperamento contemplativo y el práctico.

José (1885)

Sobre la vida de los marineros asturianos.

Riverita (1886)

Obra autobiográfica. Refleja la vida del propio novelista en Madrid como estudiante, como ateneísta y como periodista. Rezuma cierto pesimismo. La segunda parte de Riverita es Maximina.

Maximina (1887)

Obra autobiográfica. Cuenta la historia de su matrimonio y la muerte de su primera esposa. En esta novela, como en la anterior, aparece ya la intención de pintar personajes y ambientes, con una cierta despreocupación por la trama de la obra.

El cuarto poder (1888)

Como La Regenta de Leopoldo Alas, esta obra critica de forma satírica la burguesía provinciana y denuncia la estupidez de los duelos y la fatuidad de los seductores.

La hermana San Sulpicio (1889)

Es la más famosa de sus novelas. La acción transcurre en tierras andaluzas, cuyas costumbres muestra mientras narra los amores entre una monja que logra salir del convento y un médico gallego que al fin se casa con la religiosa vuelta al siglo. La narración está llena de color y tipismo andaluz algo convencional.

La espuma (1890)

Es una novela que intenta describir la alta sociedad madrileña. Presenta a la clase alta madrileña como escandalosa.

La fe (1892)

En torno al problema de la verdadera religiosidad.

El maestrante (1893)

En un ambiente asturiano, esta novela trata uno de los grandes temas de la novela del Realismo, el adulterio con trágico final.

El origen del pensamiento (1894)

Novela autobiográfica, o del realismo subjetivo. Es una obra autobiográfica sobre la vida estudiantil madrileña.

Los majos de Cádiz (1896)

Novela de ambiente andaluz.

A la segunda etapa de su producción, después de su conversión religiosa, corresponden las novelas:

La alegría del capitán Ribot (1898)

Describe las costumbres valencianas.

Tristán o el pesimismo (1906)

Obra preferida por Palacio Valdés. El protagonista encarna el tipo humano que fracasa por el negativo concepto que tiene de la Humanidad.

La aldea perdida (1909)

Intento de novela idílica, al estilo de Pereda, pero el idilio no acaba bien y parece una novela de tesis: la industrialización, en este caso la explotación del carbón, acaba por destruir el mundo ideal del autor y causar grandes daños morales.

Argumento: La novela describe los amores de Florita de Lorio, hija adoptiva del teniente coronel retirado don Félix, a quien en el pueblo llaman el Capitán, con Jacinto, así como los amores del mozo Nolo con Demetria, hija de doña Beatriz de Moscoso, que reside en Oviedo, pero que vive en Canzana con los campesinos el tío Goro y Feliciana a quienes considera como verdaderos padres. La descripción de estos amores le sirve al autor de pretexto para pintar la vida patriarcal de Canzana, Entralgo, Lorio y otras aldeas del concejo de Laviana, y la destrucción de esa paz idílica y de las virtudes campesinas como consecuencia de la apertura de minas en Carrio y la consiguiente aparición de las tabernas, el uso de las armas, el matonismo y el ferrocarril en la región. El regreso de Demetria, que escapa de Oviedo a donde había sido llevada por su madre, para volver al lado de sus padres adoptivos y el rapto de la muchacha por el bestial Plutón, son los incidentes principales del relato que termina con las bodas de las dos parejas, que al salir de la iglesia son asaltados por el brutal Plutón y su compinche Joyana que matan allí mismo a Jacinto y a Demetria, dejando viudos, recién celebrado el matrimonio, a Flora y a Nolo.

El novelista relata la lucha entre las puras costumbres antiguas y los vicios que irrumpen en la comarca. Las incidencias de la novela permiten al autor describir fiestas, romerías, rivalidades de mozos de las distintas aldeas con viva veracidad.

Esta novela presenta el defecto de ser excesivamente dualista: los campesinos son heroicos y generosos, mientras que los mineros son blasfemos y borrachos. El autor añora con una retórica huera y declamatoria una Arcadia perdida. Los campesinos son vistos como héroes homéricos, a los que otorga incluso nombres de dioses clásicos. A Palacio Valdés se le daba mejor la descripción de la ciudad que de la vida rural.

Papeles del Doctor Angélico (1911)

Memorias más o menos soñadas de un doctor que representa al propio autor. Se trata de una recopilación de cuentos, pensamientos filosóficos y relatos inconexos, aunque muy interesantes.

Años de juventud del Doctor Angélico (1918)

Cuenta la dispersa historia de un médico: casas de huéspedes, amores con la mujer de un general, etc.

La novela de un novelista (1921)

Es una obra autobiográfica y una de sus obras maestras, con episodios donde hace gala de una gran ironía y un formidable sentido del humor.

Con las dos anteriores completa el trío de la autobiografía.

La hija de Natalia (1924)

Santa Rogelia (1926)

Los cármenes de Granada (1927)

Sinfonía pastoral (1931)

Una especie de novela rosa.

Álbum de un viejo (1940)

Cuentos

Aguas fuertes (1884)

Cuentos escogidos (1923)

El pájaro en la nieve y otros cuentos (1925) 

Tiempos felices (1933)

Serie de artículos

Los oradores en el Ateneo (1878)

Los novelistas españoles (1878)

Nuevo viaje al Parnaso (1879)

La literatura (1881)

El gobierno de las mujeres (1931)

Ensayo histórico sobre la política femenina.

La guerra injusta

Sobre la Primera Guerra Mundial. El autor se declara aliadófilo y se muestra muy cercano a la Generación del 98 en su ataque contra el atraso y la injusticia social de la España de principios del siglo XX.