Baltasar Gracián y Morales (1601-1658)

Justo Fernández López


 

Vida

Nació en Belmonte, una aldea perteneciente a Calatayud (Zaragoza), actualmente conocida como Belmonte de Gracián, en el seno de una familia de la clase media (era hijo de Ángela Morales y del licenciado en Medicina Francisco Gracián, que ocupaba un puesto acomodado dentro la Administración estatal).

Tenemos pocos datos sobre su infancia. Según algunos autores, Gracián tuvo desde niño fuertes roces con su madre, lo que habría de llevarle a muy temprana edad a la misoginia que exhibió en todos sus escritos.

Parece que estudió letras en un colegio de jesuitas de su ciudad natal. Hacia 1617 debió residir uno o dos años en Toledo con su tío Antonio Gracián, capellán de San Juan de los Reyes, donde aprendería lógica y profundizaría en el latín.

De regreso a su Aragón natal en 1619, pidió sus primeras pruebas de limpieza de sangre e ingresó en el noviciado que la Compañía de Jesús tenía entonces en Tarragona, donde se le dispensó de los dos años preceptivos de estudio de humanidades debido a su excelente formación anterior. Al cabo de dos años realizó sus primeros votos perpetuos.

En 1621 volvió a Calatayud, donde cursó dos años de Filosofía. De esta etapa data su aprecio por la ética, que influyó en toda su producción literaria. Otros cuatro cursos de Teología en la Universidad de Zaragoza completaron su formación religiosa.

En 1623, Baltasar Gracián marchó a Zaragoza para emprender estudios de Teología, y, al cabo de cuatro años, tras haber superado con brillantez el examen ad gradum en dicha materia, recibió por fin las órdenes sacerdotales y pasó de ser "hermano" a ser "padre jesuita".

Ordenado sacerdote, comenzó a impartir Humanidades en el Colegio de Calatayud. Parece ser que fue un periodo grato, pero pocos años más tarde tuvo graves enfrentamientos con los jesuitas de Valencia, adonde fue trasladado en 1630. De allí pasó a Lérida en 1631 para encargarse de las clases de Teología Moral. En 1633 viajó a Gandía para enseñar Filosofía en el colegio jesuita de la villa y se renovaron las enemistades con sus antiguos correligionarios valencianos.

En el verano de 1636 volvió a Huesca, como confesor y predicador. Esta ciudad tuvo una importancia capital en la vida del jesuita, puesto que con el apoyo del erudito mecenas Vincencio Juan de Lastanosa pudo publicar su primer libro: El Héroe (1637).

Lastanosa reunía en su casa-museo un importante cenáculo literario y artístico. El palacio del prócer oscense, que fue visitado por Felipe IV, era conocido por una magnífica biblioteca de cerca de siete mil volúmenes, una cantidad extraordinaria en esa época. En este propicio ambiente Gracián traba contacto con la intelectualidad cultural aragonesa.

En 1639 llegó a Zaragoza, nombrado confesor del virrey de Aragón Francisco María Carrafa, duque de Nochera, con quien viaja a Madrid, donde predicó. No obstante, su estadía en la Corte fue desalentadora, pues, aunque aspiró a medrar entre la república literaria de la capital, sus ambiciones se saldaron con un franco desengaño. Con todo, publicó allí su segunda obra, El Político (1640) y terminó la primera versión de su tratado teórico sobre estética literaria barroca, titulado Arte de ingenio, tratado de la agudeza (1642).

De 1642 a 1644 ejerció el cargo de vicerrector del Colegio de Tarragona, donde auxilió espiritualmente a los soldados que tomarían Lérida en la Sublevación de Cataluña (1640). De resultas de esta campaña, cayó enfermo, y fue enviado a Valencia para reponerse. Al calor de la magnífica biblioteca del hospital, preparó una nueva obra, El Discreto (1646), que verá la luz en Huesca. De nuevo en su refugio oscense, impartió clases de Teología Moral hasta 1650. Es en esta época cuando más activamente pudo dedicarse a la literatura. Aparecieron entonces el Oráculo manual y arte de prudencia (1647) y la segunda versión del tratado sobre el ingenio y el concepto Agudeza y arte de ingenio (1648).

Fue destinado a Zaragoza el verano de 1650 con el cargo de Maestro de Escritura, y al año siguiente publica la primera parte de su obra cumbre: El Criticón.

Sufrió reprensión de sus superiores por publicar sin licencia sobre asuntos mundanos, y se le prohibió hacerlo (me impiden que imprima y no me faltan envidiosos). A excepción de El Comulgatorio, Gracián publicó toda su obra sin el preceptivo permiso de la Compañía, lo que provocó protestas en la Compañía que apuntaban al contenido escasamente doctrinal de sus obras, impropias de un jesuita profeso, ya que, ocupándose todas ellas de la Filosofía Moral, esta se aborda desde una óptica profana. Para contribuir a su descargo publicó, por primera vez con su auténtico nombre, El Comulgatorio (1655), un libro acerca de la preparación para la Eucaristía.

Insistió en su rebeldía al publicar el tercer volumen de El criticón (1655), por lo que le secuestraron los papeles y se le prohibió escribir de modo taxativo. El nuevo provincial de Aragón le privó de su cátedra de Escritura del Colegio Jesuita de Zaragoza. A comienzos de 1658 Gracián es enviado a Graus, un pueblo del prepirineo oscense.

Dolido, pidió licencia para pasar a otra orden, su demanda no fue atendida, pero se le atenuó la pena: fue enviado a desempeñar varios cargos menores al Colegio de Tarazona.

Los últimos contratiempos debieron acelerar su decadencia física, pues en junio no pudo asistir a la congregación provincial de Calatayud, falleciendo, poco más tarde, en Tarazona, el 6 de diciembre de 1658.

Espíritu sutil y selecto, sagaz escrutador de lo humano, Gracián es el último y posiblemente el más grande de los moralistas españoles. Tanto en vida, como por su temperamento, se diferenció de casi todos los escritores de su siglo, pues no ocupó altos cargos, ni alcanzó grandes dignidades, ni buscó el favor del público.

Obra

Poseedor de una amplísima formación humanística, una excepcional capacidad para el análisis y la reflexión, y un asombroso virtuosismo en el manejo del lenguaje literario y sus más variados procedimientos retóricos, dejó impreso un deslumbrante legado artístico e intelectual que le convierte en uno de los mejores exponentes del conceptismo barroco. Baltasar Gracián es autor de obras didácticas y forma con Francisco de Quevedo la pareja más destacada de los grandes prosistas barrocos.

Forjó un estilo construido a partir de sentencias breves muy personal, denso, concentrado y polisémico, en el que domina el juego de palabras y las asociaciones ingeniosas entre estas y las ideas. El resultado es un lenguaje lacónico, lleno de aforismos y capaz de expresar una gran riqueza de significados. La concentración de significantes y significados, quintaesencia de la estética conceptista barroca, cumple la función de causar extrañeza, para requerir la atención del lector.

Baltasar Gracián es el mayor ideólogo y teoretizador del Siglo de Oro. Es uno de los mayores moralistas y escritores aforísticos del mundo, comparable a Guicciardini, Montaigne, Lichtenberg, Schopenhauer y Nietzsche. Es el ideólogo del Barroco: Todo tiene un doble valor, “cada día, uno dice blanco y otro dice negro”. Todo depende del punto de vista. El gran placer de Gracián es el juego mental de ver la vida desde diversos ángulos. Es con Quevedo el escritor que mejor refleja la conciencia de la decadencia moral y material del Imperio Español. Su moral es de combate: hay que actuar sin descanso, con voluntad e inteligencia. Inteligencia = prudencia, desconfianza y recelo.

Con Quevedo, Gracián es el gran senequista. Para él, las cualidades de primer orden son la sabiduría, la prudencia y el dominio de sí mismo. Penetrar hasta las intenciones ajenas y disimular las propias es la mejor manera de llegar a la fama y el triunfo, que es lo que garantiza una vida independiente.

El Héroe (1637)

El título de El Héroe remite a la cualidad máxima del hombre en la antigüedad clásica, esto es, la «virtus» latina o la «areté» griega.

El Héroe es un breve opúsculo dividido en veinte apartados. Desde finales de la Edad Mediy y, sobre todo, desde la época renacentista circulaban manuales de educación para el hombre destinado a grandes misiones (speculum principium). El libro de Gracián presenta un catálogo de las destrezas y cualidades que ha de tener el gobernante o cualquiera que aspire a triunfar.

Esta propuesta de modelos de conducta y pautas de comportamiento necesarios para alcanzar la excelencia se convierte en el hilo conductor y eje temático central de toda la obra de Gracián.

La obra remite al El Príncipe de Maquiavelo, pues es un doctrinal de buen gobierno, pero no olvida conciliar la política y la moral, ya que en la España de la Contrarreforma al príncipe maquiavélico se opuso un príncipe cristiano, como pregona el título de la obra de su contemporáneo Diego Saavedra Fajardo Idea de un príncipe político cristiano (1640).

Por otro lado, El Héroe conecta con El Cortesano de Baltasar de Castiglione, aunque en Gracián el cortesano necesita también astucia, inteligencia, buen discernimiento e incluso disimulo.

El Político (1640)

El título original rezaba El Político don Fernando el Cathólico. La intención de Gracián era analizar las cualidades que perfilan al buen gobernante, ejemplificadas en la figura histórica del rey don Fernando el Católico (1452-1516), descrito ya, junto a su esposa Isabel de Castilla  (1451-1504), en el El Héroe.

Gracián defiende que Fernando el Católico fue el mayor rey de la monarquía española. Se describen sus dotes políticas y sus virtudes como ejemplo de emulación para el hombre político. Se trata pues, no tanto de una biografía sino de otro tratado de moral práctica, solo que encarnada en el mayor príncipe, en un rey.

Gracián hace una interpretación del pasado histórico y lo presenta como un modelo actualizado de comportamiento para los monarcas presentes y futuros. Es un espejo en el que se deben reflejar los gobernantes posteriores, en la línea de los conocidos “espejos de príncipes”.

El Discreto (1646)

Es su primer fruto de plena madurez. De nuevo estamos ante un tratado en el que se describe cómo ha de ser el hombre que quiere llegar a ser «persona»: un completo caballero prudente, sagaz, dotado de buen gusto y de buena educación. Por discreción entiende la capacidad de discernimiento, que es al fin y al cabo la inteligencia para elegir lo mejor y para distinguir y valorar aquello que el hombre necesita para ser un varón de todas las horas y todas las circunstancias.

La obra está concebida por su autor como un manual práctico a cuyas enseñanzas debía atenerse todo aquel que quisiera sentar plaza de discreto (es decir, inteligente y cauto) en la España del siglo XVII. Es un tratado cuya finalidad consiste en formar al hombre en sociedad, enseñándole a ser perfecto en todo.

La obra está dividida en veinticinco realces o virtudes: la sabiduría, la elegancia, la cultura, la buena educación y el comportamiento siempre adecuado del hombre discreto. Gracián propone, para alcanzar la plena discreción: ejercitar el genio y el ingenio, no ser desigual, no estar siempre de burlas, no rendirse al humor, etc.

El modelo propuesto ya no es un ser excepcional, un héroe de fama, gobernante o rey, como sucedía en sus dos anteriores tratados de parecida temática. Ahora se trata de adiestrar a un hombre prudente que no solo necesita muchas cualidades para gobernar, sino tan solo para desenvolverse en sociedad. Con el tiempo, el pesimismo de un Gracián que contempla la malicia del mundo se ha hecho más agudo. Su desengaño hace que el objetivo del triunfo del héroe planteado en el primer tratadito sea una utopía. Ahora basta con llegar a ser persona, es decir, ser, en el sentido clásico, un hombre virtuoso.

Oráculo manual y arte de prudencia (1647)

Este cuarto libro de Gracián tiene un título largo: Oráculo manual y arte de prudencia. Sacada de los aforismos que se discurren en las obras de Lorenço Gracián.

El sintagma bimembre «oráculo manual y arte de prudencia», funciona como antítesis, pues oráculo tiene un sentido de «secreto emanado de la divinidad», y a este término se une el adjetivo «manual», esto es, «para un uso práctico y portátil». La palabra «arte» se usa en la acepción de «reglas y preceptos para hacer rectamente las cosas». Pero se le opone la prudencia, pues no hay normas ciertas y universales para la conducta del hombre. En conclusión, el libro sería un precioso y secreto manual de normas de uso práctico para la conducta del hombre en un mundo conflictivo.

Toda la obra de Gracián, cuyo objetivo es la aplicación práctica a la vida del hombre, tiene por objeto la Filosofía Moral. La obra supone la síntesis de los tratados didáctico-morales anteriores sobre el modo de conducirse en una sociedad compleja y en crisis, esta vez en forma de máximas, sentencias y aforismos comentados. Con esta obra culmina el proyecto de «manuales del vivir» para la persona cabal.

El Oráculo resume lo que debe ser la sabiduría y prudencia del hombre discreto: templar la imaginación, no mostrarse en nada vulgar, nunca exagerar, permitirse algún venial desliz, obrar siempre sin escrúpulo, no afectar la fortuna, saber estimar, no ser malo de puro bueno, etc.

La economía expresiva y la concisión da a esta obra la mayor intensidad en cuanto a concentración semántica en frases breves y elípticas, lo que hace del Oráculo una obra de difícil lectura, pero también le da mayor contenido en ideas, constituyendo una summa todo el pensamiento de Gracián.

A diferencia de los tratados anteriores, el Oráculo prescinde de la argumentación y la autoridad de ejemplos históricos que habían sido habituales en El Héroe, El Político o El Discreto.

Agudeza y arte de ingenio (1648)

Es una versión refundida, revisada y ampliada de su obra anterior: Arte de ingenio, tratado de la agudeza (1642). Esta obra supone el comentario definitivo acerca del «concepto» y también una teorización de su propia producción literaria anterior y posterior, y de la de sus contemporáneos. Con esta obra Gracián escribe su definitiva estética literaria barroca. Esta teoría del conceptismo es el manifiesto del Manierismo europeo.

Se trata de un tratado de retórica en el que se analizan las figuras literarias dominantes en su época, un brillante compendio de artificios estilísticos que, ilustrado por abundantes y clarificadores ejemplos, constituye uno de los más completos y variados catálogos de la estética conceptista. Ofrece un conjunto de los artificios formales propios del Barroco, a partir de ejemplos literarios, pero también de anécdotas, dichos, chistes y gestos.

Es en este tratado donde aparece la definición que del concepto da Gracián :

Un acto del entendimiento que expresa la correspondencia que se halla entre los objetos.

No se trata de una obra sobre el conceptismo, pues el concepto en Gracián es la expresión de una semejanza, desde un símil a una metáfora, desde una dilogía hasta la alegoría sostenida. Y estos tropos son utilizados tanto por escritores caracterizados como «conceptistas» como por los denominados «culteranistas». La mayor parte de los ejemplos que aporta Gracián para definir el concepto están sacados de la poesía de Góngora culterano.

El Criticón (1651, 1653 y 1657)

Esta monumental obra maestra de Gracián, que apareció en tres volúmenes sucesivos, constituyen, sin duda, la obra maestra de su autor y es una de las obras cumbres del Siglo de Oro español. Bajo la forma de una extensa novela alegórica de carácter filosófico, esta novela reúne en forma de ficción toda la trayectoria literaria de su autor.

Las tres partes del Criticón recorren el ciclo de la vida de un hombre que vive en el mundo en crisis de la sociedad del Barroco. En esta obra se unen invención y didactismo, erudición y estilo personal, desengaño y sátira social. El Criticón destila tintes pesimistas.

Se trata de una epopeya con carácter alegórico donde dos personajes, mentor y discípulo, aprenden a través de la experiencia, la picaresca, el desengaño y el pesimismo. Es una extensa alegoría de la vida del hombre, representado en sus dos facetas: el impulsivo e inexperto (Andrenio), que representa el instinto, el hombre natural, y el prudente y experimentado (Critilo), que representa la razón, el hombre prudente y juicioso. Estos dos personajes simbólicos, persiguiendo la Felicidad (Felisinda, madre para Critilio y esposa para Andrenio), acaban recorriendo todo el mundo conocido persiguiendo el aprendizaje de la virtud que, pese al engaño que ofrece comúnmente el mundo, les llevará a ganar la Inmortalidad por sus hechos al llegar la muerte al final de la novela.

Se hace un recorrido por el curso de la vida humana y las cuatro edades del hombre (infancia, juventud, madurez y senectud), identificadas alegóricamente con las cuatro estaciones del año. Gracián abandona su estilo didáctico y sentencioso de las obras anteriores para adentrarse en la narrativa de ficción.

Argumento: Critilo y Andrenio, un hombre maduro y un joven acaban de conocerse tras el naufragio del primero y su oportuno salvamento por parte del segundo. Critilo, como su propio nombre indica, es el hombre juicioso y reflexivo, mientras que Andrenio, criado en soledad desde su nacimiento, amamantado por una fiera y ajeno a cualquier contacto humano, simboliza al hombre en su estado natural, libre de cualquier influencia social. Ambos emprenden un largo viaje por los principales lugares del mundo, observando y censurando todos los vicios y ensalzando las virtudes y la sabiduría.

La obra está dividida en “crisis”, en el sentido etimológico (del griego κρίσις ‘decisión’, del verbo κρίνω ‘yo decido, separo, juzgo’): juicio que se hace de algo después de haberlo examinado cuidadosamente.

Gracián exhibe constantemente una técnica perspectivista que desdobla la visión de las cosas según los criterios o puntos de vista de cada uno de los personajes, pero de forma antitética, y no plural como en Cervantes. La novela refleja una visión pesimista de la sociedad, una mirada amarga y desolada, aunque su pesimismo alberga una esperanza en los dos virtuosos protagonistas, que consiguen escapar a la mediocridad reinante alcanzando la fama eterna.

El comulgatorio (1655)

En este libro Gracián hace una concesión a la orden jesuita. Por tratarse de un libro de contenidos exclusivamente religiosos, fue el único que publicó con su auténtico nombre y cumplió con la preceptiva revisión por parte de los censores de su orden. La obra es muy interesante para conocer la religiosidad de la época de Gracián.

El capítulo o meditación primera sirve a la preparación del cristiano para recibir la comunión, el segundo al acto de la comunión propiamente dicha, el tercero a los frutos que se obtienen de recibir el cuerpo de Cristo y el cuarto a dar gracias. Estas meditaciones están divididas en puntos o temas de reflexión y, a su vez, cada punto presenta dos partes separadas tipográficamente por un asterisco.

En esta obra, Gracián abandona el estudio del ingenio y se dedica al de las emociones, apela a los afectos, en línea con los escritores espirituales del Siglo de Oro. Está más cercano a la oratoria sagrada que a la sentenciosa filosofía moral. Para unos, esta obra pertenece a la oratoria sagrada; para otros, a los libros de devoción.

Pensamiento de Baltasar Gracián

Desde el juvenil entusiasmo por el triunfo y la gloria del hombre ejemplar, configurado en El Héroe, Gracián llegará al desengaño de la vejez y la muerte en los últimos capítulos de El Criticón. Dos tratados más continuarían esta línea de delinear el hombre perfecto: El Político, que extrae tales cualidades del rey Fernando el Católico, y El Discreto, un manual de conducta para el hombre en sociedad, sea cual sea su posición en ella.

La temprana lectura de la Historia de España del jesuita Juan de Mariana (1535-1624) le marcó profundamente y habría de convertirse en una de las fuentes inagotables de su obra. En el periodo crucial de la formación de su personalidad, le impresionó el ejemplo moral y la consagración al estudio de los jesuitas.

Gracián es pesimista, como corresponde a la visión del mundo del Barroco. El mundo es un espacio hostil y engañoso, donde prevalecen las apariencias frente a la virtud y la verdad. El hombre es un ser débil, interesado y malicioso. Buena parte de sus obras se ocupan de dotar al lector de habilidades y recursos que le permitan desenvolverse entre las trampas de la vida. Para ello debe saber hacerse valer, ser prudente y aprovecharse de la sabiduría basada en la experiencia. Incluso disimular y comportarse según la ocasión.

Proyección de Baltasar Gracián

La producción literaria de Baltasar Gracián posee una finalidad didáctico moral, mal asimilada en la España de su tiempo, pero muy apreciada y admirada en Europa, donde fue considerado como uno de los grandes pensadores del siglo XVII.

Su prestigio literario comenzó a propagarse por el extranjero en 1645, a raíz de una primera traducción al francés de El Héroe (L'Héros), realizada por "le Sr. Gervaise", uno de los médicos habituales del rey de Francia. En vida del autor sus obras fueron traducidas al francés, inglés, italiano y sueco. En el siglo XVIII, algunas de sus obras fueran vertidas al alemán, al ruso, al holandés, al polaco, al rumano y al húngaro.

Mientras en España se pretendía relegar a Gracián al ostracismo por parte de sus propios hermanos de congregación, fuera de España seguía difundiéndose con gran éxito la que por aquel entonces era su obra más célebre, El Héroe, traducida en 1652 al inglés a cargo de Skeffington (The Heroe).

Influyó en librepensadores franceses como François de La Rochefoucauld (1613-1680) y fue admirado por moralistas franceses de los siglos XVII y XVIII: Pierre Corneille (1606-1684), Jean de la Bruyère (1645-1696), François de Fénelon (1651-1715), Voltaire (1694-1778).

Gracián se convirtió en uno de los filósofos de moda en la Europa de finales del XVIII y comienzos del XIX, con especial difusión entre los románticos alemanes. En el siglo XIX, el filósofo pesimista alemán Arturo Schopenhauer (1788-1860), atendiendo a una sugerencia de Goethe (1749-1832), tradujo al alemán el Oráculo manual y arte de prudencia (“Handorakel und Kunst der Weltklugheit”).

Mi escritor preferido es este Gracián filosófico: he leído todas sus obras y su Criticón es uno de los libros más queridos por mí de cuantos hay en el mundo. El Oráculo manual es el manual del arte que todos los hombres practican, pudiendo servir de consejero y mentor a muchos miles, sobre todo jóvenes, que buscan su fortuna por el ancho mundo. (Arturo Schopenhauer)

La traducción del Oráculo que hizo Schopenhauer es muy fiel al espíritu de Gracián y fue conocida por Friedrich Nietzsche (1844-1900), quien comentó en una de sus cartas: «Europa no ha producido nada más fino ni más complicado en materia de sutileza moral». Gracias a ellos la obra del filósofo español fue objeto de estudio en la universidad alemana.

Gracián fue considerado un precursor del existencialismo y de la postmodernidad. Pero la visión del mundo de Gracián es inseparable de la conciencia de una España en decadencia, tanto cultural como política.

El Oráculo de Gracián fue "best-seller" en los USA en 1992 con el libro de Christopher Maurer, The art of worldly wisdom: a pocket oracle, New York, Currency and Doubleday, 1992. Esta versión al inglés del «arte de prudencia» de Gracián llegó a vender más de ciento cincuenta mil ejemplares en el ámbito anglosajón, al ser presentado como un manual de autoayuda para ejecutivos. En 1992, permaneció dieciocho semanas en la lista de los más vendidos del Washington Post en el apartado Nonfiction/General.