José María Blanco y Crespo (1775-1851)

Blanco White

Textos


La persecución religiosa
 

¡Gran Dios, cómo atormenta
Con crueldad sin igual, el hombre al hombre!
Ya con furia violenta
Se arrastran al cadalso y a la hoguera;
Ya con malicia refinada y lenta,
Impiden la víctima que muera,
Y, pues no quiere a discreción rendirse,
Buscan cómo obligarla a maldecirse.

¿Y quién es el verdugo,
Quién el juez sin piedad? ¿Un sacerdote
Del antiguo Moloc infanticida?
No; de un Dios (según dice) a quien le plugo,
Por amor de los hombres dar la vida.

Su ministro se llama y toma el Mote
De mansedumbre; Paz es su divisa,
Mas ¡ah! qué mal se avisa
El que en tal mansedumbre confiado.
Duda modestamente
Su saber infalible: De repente
Verá al Cordero en un León mudado.

«No es humano saber, ni saber mío
(Responde el Santo Preste, en ira ardiendo)
Audaz, mortal, en el que yo confío:
Del cielo descendido,
Reposó en mí un influjo soberano,
Que ha de humillar todo saber humano».

¿Reposó en ti? ¿Mas cómo es que contiende
Consigo mismo el inspirado bando?
Cuál cadena volcánica se entiende
Llama sacerdotal, que rebosando
El universo enciende.
El cielo contra el cielo peleando
Es odioso espéctaculo, que ofende
Al hombre racional. Qué! ¿Envolvió en guerra
El cielo a los que dio a regir la tierra?

Haced la paz primero
Entre vosotros si queréis que escuche
Vuestra doctrina del Universo entero
No procuréis que luche
El ignorante pueblo en las querellas
Con que esparcís centellas
De odios inextinguibles
Más que el error a la virtud temibles.

Mas en vano os exhorto:
Del Fanatismo y la ambición aborto,
Los que tenéis raíces e el cielo
Nunca podéis dejar en paz el suelo.
 


Una tormenta nocturna en alta mar 

¡Gran dios, gran Dios, qué miro!
El sol se sumergió, y el negro velo
desarrolló la noche sobre el cielo;
mas con plácido giro
una hueste de estrellas se derrama
por la ancha faz del alto firmamento.


¡Cual reverbera la gloriosa llama
del gran Señor del día!
Cual, rayos no prestados
por las regiones del espacio envía.


¡Oh Dios, y qué soy yo! Punto invisible
entre tanta grandeza:
aquí sentado sobre un mar terrible,
tiemblo al ver su fiereza.


No ha mucho, oh mar, que te miré halagüeño
con bonancible y plácido reposo,
bullendo en risa amable,
juguetear con este enorme leño.


¡Traidor, oh, quien juzgara
que tu favor no fuese más estable!
¿Por qué mudas color? ¿Por qué oscureces
el espejo grandioso en que miraba
el estrellado cielo su hermosura?


¡Tan presto, ay de mí, acaba
de un plácido entusiasmo la dulzura!
Enbebecido ¡oh Dios! cuando contemplo,
en religiosa calma,
ésta tu habitación, tu eterno templo,
a tu trono inmortal vuela mi alma.


¡Oh, si del bien supremo
pudiese aquí mirar la no turbada
imagen, y gozarme en su belleza!

Mas de uno al otro extremo
del planeta inferior en que resido,
el mal hace su nido,
y por él agitada
la gran naturaleza,
parece apetecer su antigua nada.
¡Oh, cómo gime el viento!
Con lúgubre concierto agudas voces
parecen lamentarse entre las velas,
y estremecer sus telas
con perpetuo temblor, aunque veloces
a escapar se apresuran.


¡Oh, cuán mal aseguran
los marineros sus desnudas plantas!
al cielo te levantas
y bajas al abismo, oh frágil nave,
cual leve pluma, o cual peñasco grave.


¿Por qué no busco asilo
en el estrecho y congojoso seno
del cerrado navío?...
No; rompa aquí, si quiere el débil hilo
de mi vida la suerte:
no me arrendra la muerte,
mas si viniere, ¡oh Dios!, en ti confío.
¿Por qué temer? ¿No estás en la tormenta
lo mismo que en la calma más tranquila?


La nube, que destila
aljófar, en presencia de la aurora,
¿no es tuya, como aquesta que amedrenta
con su espesor mi nave voladora?
¿Y qué es morir? Volver al quiero seno
de la madre común de ti amparado;
o bien me abisme en el profundo cieno
de este mar alterado;
o  yazga bajo el césped y sus flores,
donde en la primavera
cantan las avecillas sus amores.


¡Oh traidores recuerdos que desecho,
de paz, de amor, de maternal ternura,
no interrumpáis la cura
que el infortunio comenzó en mi pecho!
Imagen de la amada madre mía,
retírate de aquí, no me derritas
el corazón que he menester de acero,
en el amargo día
de angustia y pena, que azorado espero.
¡Tú, imagen de mi padre, que me irritas
a contender con el furor del hado,
consérvate a mi lado!


Que aunque monstruo voraz el mar profundo
me sepultare en su interior inmundo,
contigo el alma volará hacia el cielo,
libre y exenta de este mortal velo.
 


La revelación interna
 

¿Adónde te hallaré, Ser Infinito?
¿En la más alta esfera? ¿En el profundo
abismo de la mar? ¿Llenas el mundo
o en especial un cielo favorito?

"¿Quieres saber, mortal, en dónde habito?",
dice una voz interna. «Aunque difundo
mi ser y en vida el universo inundo,
mi sagrario es un pecho sin delito.

"Cesa, mortal, de fatigarte en vano
tras rumores de error y de impostura,
ni pongas tu virtud en rito externo;

no abuses de los dones de mi mano,
no esperes cielo para un alma impura
ni para el pensar libre fuego eterno."

 


A la amistad

¿Qué resta al infeliz que acongojado  
 en alma y cuerpo, ni una sola hora  
 espera de descanso o de mejora  
 cual malhechor a un poste aherrojado?  
 
 Por el dolor y la endeblez atado  
 me ofrece en vano en arrebola Aurora,  
 y el sol en vano el ancho mundo dora:  
 tal gozo inmole, en vida sepultado.  
 
 ¡Infeliz! ¿Qué hago aquí? ¿Por qué no abrigo  
 del sepulcro una voz que dice: «Abierta   
 tienes la cárcel en que gimes: vente».  
 
 ¿Por qué? pregunto. Porque en tierno amigo,  
 en imagen vivísima a la puerta  
 se alza, y llorando, dice: «No detente».


A Dorila

 

Te engañas, mi Dorila,
si juzgas que rendido
de amar sin esperanza
se verá el pecho mío;
que no, no es tan tirano,
cual dicen, el Dios niño,
y sabe aun con las ansias
dar premios exquisitos.
Son necios los amantes
que llaman su dominio
cruel, y que maldicen
sus cadenas y grillos.
Dorila, yo te adoro;
y el ardor en que vivo,
es el premio y la gloria
que el adorarte pido.
Peno ¡ay triste! mas tengo
en tu rostro divino
de mis crueles ansias
un dulce y cierto alivio:
pues aun cuando mi pecho
más agitado miro,
volviendo a ti los ojos
ledo que da y tranquilo.
Y si del rostro amable
el influjo benigno
me es negado, y ausente
mi fuego es más activo,
tu dulce nombre entonces
tiernamente repito,
y un nuevo fuego enciendo,
con que aplaco el antiguo.
¡Ay! de esta suave llama
los amantes deliquios
sólo es dado gozarlos
a quien sabe sentirlos.
Zagala, no te engañes,
que aun el más afligido
pagado está, si logra
dar a tiempo un suspiro.
 


A doña María Ana Beck

(A su sobrina doña María Ana Beck, que le había pedido unos versos para su álbum)

 

Cual tañedor de armónico instrumento
Que deseando complacer, lo mira,
Hiere al azar sus cuerdas, y suspira
Incierto, temeroso y descontento;

Si escucha un conocido, tierno acento,
Anhelante despierta, en torno gira
los arrasados ojos y respira
Poseído de un nuevo y alto aliento,

Tal, si aún viviese en mí la pura llama
Y el don de la divina poesía,
Pudiera yo cantar a tu mandado;

Mas el poeta humilde que te ama,
Teme tocar ¡oh María Ana mía!
Un laúd que la edad ha destemplado.
 


Muerte y vida
 

Al ver la noche Adán por vez primera  
 que iba borrando y apagando el mundo,  
 creyó que, al par del astro moribundo,  
 la creación agonizaba entera.  
 
 Mas, luego, al ver lumbrera tras lumbrera   
 dulce brotar y hervir en un segundo  
 universo sin fin..., vuelto en profundo  
 pasmo de gratitud, ora y espera.  
 
 Un sol velaba mil: fue un nuevo Oriente  
 su ocaso, y pronto aquella luz dormida  
 despertó al mismo Adán pura y fulgente.  
 
 ...¿Por qué la muerte al ánimo intimida?  
 Si así engaña la luz tan dulcemente,  
 ¿por qué no ha de engañar también la vida?
 


Night and Death

 

¡Oh noche! Cuando a Adán fue revelado

quién eras, y aun no vista, oyó nombrarte,

¿no temió que enlutase tu estandarte

el bello alcázar de zafir dorado?

 

Mas ya el celaje etéreo, blanqueado

del rayo occidental, Héspero parte;

su hueste por los cielos se reparte,

y el hombre nuevos mundos ve admirado.

 

¡Cuánta sombra en tus llamas ocultabas,

oh sol! ¿Quién acertara, cuando ostenta

la brizna más sutil tu luz mentida,

 

esos orbes sin fin que nos velabas?...

¡Oh mortal! ¿Y el sepulcro te amedrenta?

Si engañó el Sol, ¿no engañará la vida?

 


 Mysterious night

(Noche misteriosa)

Soneto

 

Mysterious Night! When our first parent knew

thee, from report divine, and heard thy name,

did he not tremble for this lovely frame,

this glorious canopy of ligth and blue?

 

Yet, 'neath the curtain of translucent dew,

bathed in the rays of the great setting flame,

hesperus with the host of heaven, came,

and lo! Creation widened in man's view.

 

Who could have thought such darkness lay concealed

within thy beams, o Sun! Or who could find

whilst fly and leaf and insect stood revealed

 

that to such countless orbs thou mad'st us blind!

Why do we then shun death with anxious strife?

If light can thus deceive, wherefore not life?
 


Traducción del monólogo de Hamlet

Ser o no ser - he aquí la grande duda.

¿Cuál es más noble? ¿Presentar el pecho

De la airada fortuna a las saetas

O tomar armas contra un mar de azares

Y acabar de una vez? - Morir - Dormirse -

Nada más - y escapar con sólo un sueño

A este dolor del alma, al choque eterno

Que es la herencia del hombre en esta vida.

¿Hay más que apetecer? - Morir - Dormirse -

¡Dormir! - Tal vez soñar – Ai está el daño.

Whether 'tis nobler in the mind to suffer

The slings and arrows of outrageous fortune

Or to take arms against a sea of troubles,

And by opposing end them. To die - to sleep -

No more; and by a sleep to say we end

The heartache, and the thousand natural shocks

That flesh is heir to. 'Tis a consummation

Devoutly to be wish'd. To die — to sleep.

To sleep - perchance to dream: ay, there's the rub!