Max Aub 

Justo Fernández López


BIOGRAFÍA

Max Aub (1903-1972) nació en París en 1903, hijo de padre alemán de origen judío y madre francesa residentes en España (Valencia) desde 1914.

Durante la guerra civil colaboró con André Malraux en la filmación de L'Espoir (1937). Republicano, cruzó la frontera en 1939 y fue internado en un campo francés. Deportado a Argelia, consiguió escapar en 1942 y se trasladó a México, donde ha publicado la parte más significativa de su obra literaria y donde ha desarrollado una actividad intelectual extraordinariamente rica, especialmente en el mundo del cine.

Aunque pertenezca a la Generación del 27 por razón de su vanguardismo, cuesta mucho trabajo incluirlo en ella. La obra de Max Aub es importante por su valor y su condición de testimonio de nuestro tiempo. Su producción se puede dividir en tres etapas, cuyo eje central es la Guerra Civil española (1936-1939). La Guerra Civil es la causa de sus cambios formales y temáticos. En Max Aub hay una como terca voluntad de no olvidar, una memoria dolorosa y siempre viva. La voluntad de no olvidar es la categoría máxima de este dramaturgo.

A pesar de sus comienzos esteticistas y de vanguardia, resulta ser un escritor de carácter realista y de fuerte contenido sociopolítico.

ETAPA ANTERIOR A LA GUERRA CIVIL (1923-1935)

En esta etapa, Aub escribe un teatro vanguardista que se anticipa a otros dramaturgos de su generación, como Lorca, etc. Un teatro con formalismo, estilización de lo clásico, farsismo, subjetivismo extremo y satirismo. Bajo el signo de la vanguardia, Aub es uno de los primeros en abrir en España la brecha de lo que luego se denominaría “teatro deshumanizado”. La temática de esta etapa es la del teatro europeo del momento: el aislamiento del hombre y su incomunicación. La comunicación parece imposible; inútil es también el esfuerzo del hombre por aprehender las realidades exteriores y más inútil aún el esfuerzo de ahondar en su propia intimidad: es el problema de la disolución de la personalidad. Es este primer teatro de Aub un teatro antirrealista.

Crimen (1923)

Trata el conflicto entre verdad objetiva y subjetiva. Pablo confiesa a su esposa ser impotente cuando ésta le anuncia que va a tener un hijo. Pablo mata al primo de su esposa por creerlo su amante. El espectador está convencido de la inocencia de la mujer y del error del marido. Pero el coro de vecinos, sin prueba alguna, se pone de parte del marido, no por amor a la verdad, sino por amor a la maledicencia. La verdad subjetiva se impone, cerrada en sí misma e incapaz de abrirse al amor.

El desconfiado prodigioso (1924)

Conciencia y mundo se oponen como realidades irreconciliables. Es una ejemplar fábula de la alineación del individuo y su mundo. Don Nicolás y su doble parten de la conclusión gratuita de que son engañados. La realidad contradice esta suposición, pero él sigue firme en su verdad subjetiva: “He llegado a la verdad. Todo es mentira. Todo es falso. Lo blanco no es blanco. Lo negro no es negro. Yo no soy yo”. Los diálogos de la obra parecen prebeckettianos. La temática recuerda al teatro de conciencia de Miguel de Unamuno.

Una botella (1924)

La obra usa el dialogo de payasos de circo. Los personajes atrapados por sus ideas y palabras, discuten acercada de una enorme botella que ocupa el centro de la escena. Nadie ve del mismo modo la botella, no por estar en diferente perspectiva para cada uno, sino porque ninguna la mira en realidad. La realidad “botella”, “revolución”, “poema”, es sólo un pretexto para imponerse a los demás mediante la palabra. La palabra, destinada a comunicarse, desprovista de la realidad, muestra su sin sentido. Los personajes pelean, discuten, se contradicen, etc., al final se encolerizan, olvidando la finalidad de su discurso. Las palabras giran así en el vacío como “flatus vocis” (puros sonidos), explotadas por el hombre títere al servicio de cualquier ideología o interés, pero nunca al servicio de la realidad y comunicación humanas. La palabra se ha convertido en una ocupación de farsantes.

Narciso (1927)

Es la versión vanguardista de Eco y Narciso. La obra es un interesante experimento vanguardista teatral, pero está poco madura y no del todo lograda. El tema es unamuniano: el ser de cada uno es incomprensible para cada uno. Narciso se destruye a sí mismo absorbido por su yo-nada. Tal vez porque sin tú no hay yo.

Espejo de avaricia (1927, según versión 1935)

Tratamiento vanguardista del tema clásico del Avaro del teatro burlesco. El primer acto nos presenta la radical avaricia de Eusebio. Max Aub nos presenta de forma corpórea los fantasmas, deseos, pulsiones del mundo interior de Eusebio; evitando recurrir así al monólogo. Los sueños se objetivan. Los últimos actos escritos en 1935 tienen tono valleinclanesco y muestran a un Max Aub mordiente y agresivo, a un Aub esperpéntico. Como nada le queda al protagonista, al final de su vida atesora las pulsaciones que le cuenta el médico: “Más, doctor, más. Cien mi... todas para mí... mil, dos mil, dos millones... que me ahoguen... todas”.

Jácara del avaro (1935)

Es, como pieza teatral, la más lograda. Lenguaje y acción alcanzan más unidad que en las obras anteriores. Es una pequeña farsa maestra. El amor tiene sus monedas guardadas en una caja, a la que habla y trata como a su amante. Temiendo que los sobrinos le roben los doblones, angustiado, se traga las monedas sin saber que lo que traga son galletas duras, pues su criado Mil hizo antes el trueque. Piensa el avaro que los doblones le han sentado mal. Mil, disfrazado de médico, le receta una purga que disuelve los metales. La purga obra su natural efecto y el avaro cree, desesperado, que su oro se ha disuelto para siempre. Los sobrinos, visto que no hay herencia, salen precipitadamente. El avaro para al servicio del criado Mil, con el nombre de Mil y Mil. Mil disfruta de la fortuna, mientas Mil y Mil le sirve.

ETAPA POSTERIOR A LA GUERRA CIVIL (a partir de 1939)

Es la etapa más importante en la trayectoria de Max Aub. En ella escribe sus mejores dramas. Sale hacia el exilio en 1939. Le detienen en Francia y le acusan de ser comunista, siendo como fue siempre un liberal. Pasa tres años en campos de concentración, con los versos de Quevedo y un diccionario. En 1942 pasa a México. Estas experiencias harán de él el hombre “de terca memoria que no debe olvidar”. Se convierte así en un testigo fiel de la Europa de la guerra y de la posguerra.

San Juan (1943)

La obra transcurre en 24 horas del verano de 1938 en el interior de un buque. Los pasajeros son un inmenso coro de emigrados judíos que huyen de los nazis. En ningún puerto les dan permiso para desembarcar. Vueltos a alta mar, el barco comienza a hacer agua. Hacinados en la bodega, esperando la muerte, al final se oirá la voz del rabino recitando el salmo 78: “Y acordose que eran carne, soplo que va y no vuelve”. El telón desciendo en medio de una oscuridad absolutas. La obra presenta en escenas sueltas la angustia, el dolor, los deseos, la cobardía, le heroísmo, etc. Cada personaje presenta su peculiar biografía, su condición social, moral y sicológica. La obra acusa a las naciones libres de no prestar ayuda a los perseguidos por el nazismo. Publicada dos años antes de terminar la Segunda Guerra Mundial (1945), Max Aub invalidaba ya entonces el fácil esquema de vencidos-culpables y vencedores-inocentes.

Morir para cerrar los ojos (1944)

 Es el drama más extenso del autor. Es una vasta crónica del envilecimiento del pueblo francés en 1940, en vísperas de entregarse a los nazis. Nos presenta a un pueblo abatido por el miedo, el egoísmo, la falta de solidaridad, la codicia, etc. El tema de la obra es el drama colectivo. Las situaciones son desenmascaradoras de la realidad. La estructura es absolutamente abierta y la construcción es perspectivista; cosas aprendidas por Max Aub del cine y de la novela y empleadas en el teatro. Es lástima que este teatro no fuera estrenado en su tiempo, pues era un teatro revolucionario con una gran proyección social e histórica.

El rapto de Europa (1946)

La acción, Marselalla 1941, nos vuelve a poner en contacto con fugitivos que huyen de diferentes países de los nazis. La figura central es Margarita, norteamericana que dedica su vida y su dinero a salvar a los refugiados. Sañala Max Aub que la salvación humana no viene de los sistemas, sino de individuos concretos.

No (1952)

La obra lleva el lema de Napoleón: “La razón de estado ha reemplazado en los tiempos modernos al fatalismo de los antiguos”. El escenario es la estación de Altberg, en Alemania, línea divisoria entre norteamericanos y rusos. A cada lado de la línea se acinan hombres y mujeres a la espera de que se solucionen sus destinos por los funcionarios, cada uno al servicio de un sistema ideológico diferente. La acción salta de un lado al otro de la línea divisoria (el escenario está dividido) y al final el espectador acaba perdiendo conciencia de la línea divisoria, porque está asistiendo a ambos lados al mismo drama: la destrucción del individuo. Dos sistemas ideológicos diferentes, pero con el mismo resultado en el tratamiento del individuo: el individuo termina siempre siendo destruido por el sistema, sea el que sea. La única salvación es que el individuo prescinda del sistema.

Pero la formulación dramática más interesante de esta tragedia colectiva que expresan los cuatro dramas anteriores le encontramos en el extraordinario monólogo:

De un tiempo a esta parte (1939)

Escrito en París, este monólogo abre el ciclo de teatro comprometido y testimonial de Max Aub. Es una de las obras maestras del género del teatro occidental del siglo XX. Es un caso excepcional de teatro épico, raras veces cultivado en la forma dramática de monólogo. El héroe es protagonista, agonista y coro a la vez. Es una mujer de sesenta años que habla, habla y habla desde el fondo insondable de su soledad y su miseria, desde el fondo mismo del infierno, de noche, en Viena, en 1938. Habla a su marido muerto en Dacha y habla a sí misma, “pues para mí los otros soy yo y los muertos”. Habla de sí, de su tragedia y de los muertos, y esta tragedia vuelve a revivir mediante la palabra de forma desgarradora: La tragedia alucinante de una familia, de una nación, de todo el mundo, de la condición humana, en un momento de la historia concreta. Cada palabra lleva dentro de sí el poder de la acción y provoca en el espectador la piedad y el horror de las grandes tragedias. Mediante la sola palabra, sin artificio, cobran vida en la escena hombres, niños, masas, crímenes, crueldades, etc., etc. Cuando la protagonista, Emma, termina de hablar, con un grito de esperanza, el espectador ha revivido mediante la palabra desnuda todo un drama con una acción completa y compleja.

Esta obra es del 1939, año en el que el poeta, director teatral y dramaturgo alemán Bertolt Brecht (1898-1956) escribe su Mutter Courage und ihre Kinder y muy anterior a su publicación Pequeño órganon para el teatro (1949).

NOVELAS

Escribió algunas novelas en un estilo muy abarrocado. Alterna sátira y nota trágica con humor.

El laberinto mágico, trilogía que comprende:

Campo cerrado (1943)

Campo de sangre (1945)

Campo abierto (1951)

Trilogía sobre la Guerra Civil española que ofrece uno de los relatos más originales del conflicto fratricida, uniendo la pota poética con la sátira y la pura narración con la reflexión apasionada sobre España.

Las buenas intenciones (1954)

Evoca el ambiente de la capital durante el primer tercio de siglo.

La calle de Valverde (1961)

Evoca el ambiente de la dictadura.