GUILLERMO CABRERA INFANTE

(Recop.) Justo Fernández López

 

SEMBLANZA

Guillermo Cabrera Infante (Cuba, 1929-2005), novelista, crítico cinematográfico y guionista, galardonado con el Premio Cervantes en 1997, nació el 22 de abril de 1929 en Gibara, provincia de Oriente, y en 1941 emigró a La Habana con sus padres. Comenzó a estudiar Medicina, aunque abandonó la carrera para trabajar como redactor de la revista Bohemia.

En 1949 creó el semanario Nueva Generación y en 1950 ingresó en la Escuela de Periodismo. Dos años después, tras la aparición de un relato en Bohemia, fue encarcelado. En los años sucesivos no pudo firmar sus trabajos con su propio nombre y tuvo que utilizar el seudónimo de G. Caín.

En 1951 fundó la Cinemateca de Cuba y escribió sobre cine en la revista Carteles, de la que tres años después fue nombrado redactor jefe. Tras el triunfo de la revolución, dirigió el Consejo Nacional de Cuba. Ese mismo año, como editor de Revolución, creó el suplemento literario Lunes, que duró poco tiempo. En 1952 fue detenido y multado por la publicación de un artículo en el que la censura había detectado palabras improcedentes.

A finales de 1961 se casó en segundas nupcias con la actriz Miriam Gómez. En 1962 fue nombrado agregado cultural de Cuba en Bruselas, cargo que desempeñó hasta 1965. Pasa una temporada en Madrid y, más tarde, pide asilo político en Inglaterra donde se nacionaliza. Rompió con el régimen de Fidel Castro y terminó instalándose en Londres, ciudad en la que residió hasta su muerte.

El escritor calificó su destino en Bruselas como “una especie de Siberia”, que aceptó porque no aguantaba estar en La Habana: “no soportaba verme convertido en un apestado, en un no persona”. Una vez en el exilio colaboró en las mejores publicaciones de Europa y América y enseñó en diversas universidades americanas.

Guillermo Cabrera Infante residió los últimos cuarenta años de su vida en Londres, ciudad en la que falleció el 21 de febrero de 2005.

En 2009 aparecieron los primeros signos de una reconciliación de Cuba con el escritor, después de que los periodistas Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco ganaran ese año el premio de ensayo de la Unión Nacional de Escritores y Artistas, cuya editorial publicó un texto sobre la vida y trayectoria de Cabrera Infante desde su infancia en Gibara hasta que abandonó definitivamente la isla.

Obra

Cabrera Infante es un gran estilista, aficionado a los retruécanos y a los juegos de palabras, capaz de extraer del lenguaje todas sus posibilidades expresivas. Combina los niveles de lenguaje hablados en Cuba: polifonía verbal. Su obra más comprometida con la realidad de Cuba es Mea Cuba (1992).

El conjunto de su obra es una especie de "collage" de La Habana prerrevolucionaria, además de una síntesis de la ideología del autor. Cabrera Infante consideraba que el compromiso no es indispensable para hacer una literatura crítica y que, en ciertas condiciones, el goce estético sirve también para cuestionar los poderes establecidos.

El erotismo está presente en toda su obra, pero siempre "en función de la parodia y de la risa, cosa que un autor erótico no haría nunca", según dice él mismo.

Como siempre le interesó el cine, marchó a Hollywood y se convirtió en el primer escritor latinoamericano guionista, con títulos como Punto de fuga y Wonderwall.

Su amplia y diversa obra está marcada por el placer extremo por el juego con las palabras: «Yo escribo autobiografías en forma de ficción, donde los elementos autobiográficos están tratados también como otros elementos de la ficción. Lo que me interesa realmente es lo que se pueda contar en términos de palabras intercambiables, palabras con las que se pueda jugar, palabras que puedan conducir a otro terreno que no sea el de la mera narración lineal.» (Cabrera Infante)

Su estilo se caracteriza por los continuos retruécanos, paronomasias, agudezas, uso del hipérbaton y traslaciones idiomáticas, con los que intenta imitar el ritmo sincopado del jazz; por el dominio de los registros coloquiales de la lengua cubana, por un espléndido sentido del humor y por una gran cultura, manifiesta en la abundante intertextualidad de que hacen gala sus textos.

En virtud de estos atributos, el crítico Enrico Mario Santí llegó a declarar que Cabrera Infante encarnaba, como ningún otro escritor, el estilo literario de la nación cubana, ya que su sentido del humor, el "choteo" cubano, reflejaba un modo de ser muy arraigado en la literatura y la vida de la isla. También Fernando Savater ha aludido a esta característica de su obra: "Guillermo Cabrera Infante ha cultivado en el más alto grado el sentimiento cómico de la vida: pero no como opuesto al sentimiento trágico, sino como una variante que lo agrava al purificarle del superfluo patetismo de la seriedad".

También es autor de poemas visuales. Su influencia es visible en la obra de autores de otras generaciones, como en La guaracha del Macho Camacho del puertorriqueño Luis Rafael Sánchez o en Última rumba en La Habana del cubano Fernando Velázquez Medina.

Novelas

Tres tristes tigres (1965; nueva versión: 1967), novela escrita en el período de auge del boom latinoamericano (y enmarcada a veces dentro de este), es considerada una de las novelas más importantes de las letras hispanoamericanas. Se caracteriza por el uso ingenioso del lenguaje introduciendo coloquialismos cubanos y constantes guiños y referencias a otras obras literarias, volviéndose un texto complejo y de gran riqueza lingüística, fuertemente oral (el mismo Cabrera sugiere en una nota aclaratoria al principio de la novela que "no sería mala idea leerla en voz alta"), que recrea el ambiente nocturno de La Habana, a través de las andanzas de tres amigos en el transcurso de una noche.

La Habana para un infante difunto (1979). "Esta novela comienza como una memoria infantil y termina como una fantasmagoría del sexo. Si el autor pudo declarar que Tres Tristes Tigres, su libro más celebre, era una galería de voces, ahora puede decir que esta novela es un museo de mujeres, con el narrador de guía completando cada boceto, detallando cada dibujo, exhibiendo cada cuadro carnal hasta hacerlos tableaux vivants."

Es su obra maestra. Aquí retoma su tema, la ciudad diurna y el erotismo de la nocturna, ciudad de palabras reconstruida a partir del olvido y la lejanía. Un amor carnal recurrente que aún siendo rubia o morena, es, en últimas, ninguna verdadera. Es también la iniciación amorosa y erótica de un niño en una ciudad, en blanco y negro, que termina coloreándose a medida que se hace elegía y crónica del ayer. En el libro todo es parodia de principio a fin. Amor y humor recorren sus páginas haciendo burla de los besos, chistes de las copulaciones, en una búsqueda de la mujer interminable como los recuerdos de La Habana y los fracasos personales del buscador, con un erotismo que vive gracias al arte de la palabra, al enlace erótico de la escritura.

Cabrera Infante ha rechazado sus vínculos con Henry Miller. Pero es difícil dejar de pensar en el modelo. Si para Miller la mujer debe describirse por las virtudes de su sexo, para Cabrera Infante la mujer es un ser fascinante digno de amor. "La Habana para un infante difunto" es un homenaje poético a lo femenino.

La ninfa inconstante (2008). Este libro, que su viuda da a conocer tras la muere del autor, muestra a las claras todas las facetas del estilo de Cabrera Infante: los juegos de palabras que tanto fascinaban a ese infatigable explorador del lenguaje, sus referencias cinematográficas y literarias, el gusto por las expresiones del habla popular y ese personalísimo y exquisito sentido del humor que puebla cada una de sus páginas.

«Estela Morris es la persona más inteligente que el protagonista en primera persona de La ninfa inconstante ha conocido hasta el momento de su encuentro con ella. Pero este avispado, resabiado, gozoso y a la postre doliente narrador que atiende a menudo por el nombre de Gecito también conoce la fragilidad de los absolutos: “La inteligencia no sólo se manifiesta en palabras y yo todo lo que tengo son palabras, útiles, a veces inútiles. Utensilios”. Esa declaración llega cuando a la excelente novela póstuma de Guillermo Cabrera le faltan poco más de veinte páginas para el fin, y es quizá la más entristecida demarcación de límites literarios que le hemos leído a su autor, quien en La ninfa inconstante se mueve de nuevo –según es norma de los escritores no “exploradores” sino “territoriales”, como Faulkner, Onetti, Benet, Bernhard o él mismo– por el mapa de un lugar conocido, acotando aquí de modo muy cerrado e intenso su lente. El resultado es, frente a esa otra gran novela erótica en panorama que fue La Habana para un infante difunto, una enrarecida y amarga –aunque frecuentemente divertida– historia de amor de cámara (“camera obscura”, diríamos, en un guiño al autor), como si al escribirla, en un tiempo de enfermedad y tal vez premonición de la muerte, Cabrera Infante hubiera convocado a la más imposible de sus ninfas para personalizar en ella la despedida de la carne.» [Vicente Molina Foix]

Cuentos y prosa corta

Así en la paz como en la guerra (1960). Este fue su primer volumen de relatos.  Incluye los cuentos: “Un rato de tenme allá”; “Las puertas se abren a las tres”; “Balada de plomo y yerro”; “Resaca”; “Josefina, atiende a los señores”; “Un nido de gorriones en un toldo”; “Mar, mar, enemigo”; “La mosca en el vaso de leche”; “En el gran ecbó”; “Cuando se estudia gramática”; “Jazz”; “Abril es el mes más cruel”; “Ostras interrogadas” y “El día que terminó mi niñez”.

Vista del amanecer en el trópico (1974). Durante años Cabrera Infante se negó a la reedición de Así en la paz como en la guerra. No tenía nada en contra de la mayoría de los relatos que formaban el libro, sino contra el libro mismo, hecho “bajo la influencia perversa de Sartre y su idea de que el escritor no solo debe escribir sobre un momento de la Historia (como Marx él siempre ponía la palabra en mayúscula), sino también comentarla en su escritura”. El repudio a este punto de vista lo llevó a reescribir y cambiar de título a Tres tristes tigres, ganador del Premio Biblioteca Breve en 1964. El título original y las viñetas que acompañaban a Tres tristes tigres pasaron a formar parte de Vista del amanecer en el trópico.

En Vista del amanecer en el trópico, el desengaño adquiere carta de nacionalidad: la tragedia de la Isla es que siempre ha imperado en ella la violencia. La literatura debe olvidar la política, pero todo político aspira a la Historia, a trascender la vida cotidiana y convertirla en una eternidad. Desde la ironía del título, Vista del amanecer en el trópico no aspira a otra cosa que a quitarle la mayúscula a la palabra Historia. A primera vista parece una recreación literaria de la historia de Cuba, pero es más que eso. Integrado a partir de las viñetas de la época de la insurrección contra Batista, el recorrido que se inicia con el surgimiento de las islas y culmina con el régimen de Fidel Castro omite nombres y fechas y acumula situaciones que ejemplifican una actuación malvada por parte de muchos de los participantes de las viñetas. Aquí la misión del escritor no es mostrar el mundo que le ha tocado vivir, ni tampoco recrear el pasado ni imaginar el futuro. La historia queda reducida al chisme y al incidente fortuito, rebajada de categoría.

Delito por bailar el chachachá (1995). Incluye los cuentos: En el gran ecbó; Una mujer que se ahoga y Delito por bailar el chachachá. "Los tres cuentos de este libro están hechos de recuerdos. Dos ocurren en el apogeo del bolero, el tercero después de la caída en el abismo histórico. El tiempo es por supuesto diverso, pero el espacio, la geografía (o si se quiere, la topografía: Todos los caminos conducen al amor) es la misma. Los personajes son intercambiables, pero en el tercer cuento el hombre es más decisivo que la mujer en la única narración en primera persona, que no lo parece. A pesar de que sus reflexiones -mirándose vivir en un espejo dialéctico- son todas literarias o referidas a un solo libro. La ciudad es siempre la misma. ¿Tengo que decir que se llama La Habana?" [Guillermo Cabrera Infante]

Todo está hecho con espejos: cuentos casi completos (1999) incluye los cuentos: Mi personaje inolvidable; La voz de la tortuga; Josefina, atiende los señores; Visita de cumplido; Oceanía; Cuando leyendo a Catalina Ana Portera sobre la gran Gertrudis Piedra; Un día de ira; Darle vueltas a una ceiba; La duración del tiempo; Madre no hay más que una; Historia de un bastón y algunos reparos de Mrs. Campbell; Muerte de un autómata; Delito por bailar el chachachá; Listas; El fantasma del Cine Essoldo; Un jefe salvado de las aguas y La soprano vienesa.

Ensayo

Puro humo (2000). En Holy Smoke (1985), luego traducido al español bajo el título de Puro humo, desarrolla el relato autobiográfico de un fumador adicto y ofrece un catálogo de películas, actores y canciones donde el humo y el cigarro tienen una presencia protagónica.

Carece de género definido, ya que en él se funden y confunden el ensayo, la investigación histórica y el genio del creador. Escuchamos a un gran conversador que llena su charla de anécdotas, de interpolaciones, de confidencias, de reflexiones, que evoca el pasado, reflexiona y se apasiona. Los tres centros de este largo monólogo son la historia del tabaco, desde su descubrimiento por Rodrigo de Jerez y su cultivo por Pela y Manduca hasta su elaboración, la relación entre el puro y el cine y, finalmente, a lo largo de todo el libro pero sobre todo en la sección antológica "Ta vague littérature", entre el puro y la literatura.

Puro humo es uno de los mejores ejemplos de la versatilidad de Cabrera Infante. En la nota introductoria se nos dice que "no es una versión sino una reescritura", algo inevitable: es un libro lleno de juegos de palabras muchas veces intraducibles. To enjoy Joyce is your choice. Pese a tratarse de una reescritura no se ha actualizado el texto más que con escasas excepciones (como la del puro de Clinton, para labios sin labia), de ahí los frecuentes "anacronismos", como las continuas referencias a los anuncios sobre el tabaco y a los lugares donde se puede fumar.

Artículos y miscelánea

O (1975) y Exorcismos de estilo (1976), son obras de carácter experimental, compuestas a partir de fragmentos o misceláneas narrativas imposibles de clasificar según límites estrechos de lo narrativo o lo ensayístico. En sentido general las obras de Cabrera Infante contaminan géneros en prosa como la crónica, la crítica, el ensayo, la autobiografía, la viñeta, el relato, el cuento o la novela.

Exorcismos de esti(l)o (1976) es un laberinto en sí mismo, rico en sutilezas semánticas, repleto de saber clásico y sarcásticas investigaciones literarias. Compuesto de piezas breves, secuencias incendiarias que despiertan la risa y la reflexión, estas herejías del lenguaje ponen en cuestión la inmutabilidad de géneros y convenciones: juegos verbales, parodias, intromisiones en el habla popular cubana. Con un excepcional dominio de humor y dislocando el lenguaje hasta extremos impensables, Guillermo Cabrera Infante nos hace transgredir las barreras de nuestra propia imaginación.

Mea Cuba (1992) presenta un amplio escenario donde desfilan los principales personajes de la tragedia cubana y los de su vida literaria. Aquí están todos los escritores estigmatizados: desde Heberto Padilla, hasta el difunto Reynaldo Arenas; aquí están también todos los que por diferentes razones y con distintas actitudes se quedaron en Cuba, desde José Lezama Lima hasta Alejo Carpentier. Y detrás de todos los actores, moviendo los hilos, el máximo titiritero, Fidel, definido como un Cristobal Colón a la inversa. Humor negro en muchos momentos que relata con detalle la historia que tantas veces se ha repetido a lo largo del siglo XX, la de una dictadura que amordaza, reprime, miente y mata y la de los talentos por ella condenados en una guerra de propaganda que todavía hoy no ha terminado. Es la compilación de escritos sobre la política cubana más importante desde la que hiciera José Martí.

Mi música extremada (1996). Su editora pensó en titularla “Sexo y música” o, quizás con menos sensacionalismo, “Amor y música”; sin embargo, Guillermo Cabrera Infante se acordó de la Oda a Salinas de Fray Luis de León («la música extremada / por vuestra sabia mano gobernada») y se decidió a encabezar con el título de “Mi música extremada” la selección de textos narrativos y artículos que forman su antología más completa, reunida por la periodista Rosa María Pereda en 1996.

El amor y la música, decía el escritor cubano ese mismo año, eran las grandes pasiones de su vida, por encima de otros vicios más conocidos, como el cine, el humo de los cigarros o la crítica permanente a las dictaduras de Fulgencio Batista, primero, y de Fidel Castro, después. «Mozart no componía contra el emperador austríaco ni Bach contra los marqueses y duquesas alemanas», decía desde su exilio londinense el escritor cuyo compromiso ético y estético le había llevado a abandonar Cuba después de haber colaborado estrechamente con el régimen castrista en las primeras etapas de la revolución.

Vidas para leerlas (1998) es un ensayo sobre las vidas apasionantes y desgarradas de personajes de la cultura vinculados a Cuba, desde el ajedrecista José Raul Capablanca a escritores como Federico García Lorca, Lezama Lima, Virgilio Piñera y Calvert Casey.

«Fue Plutarco (46 d C - 120 d C), que vivió largo y tendido, quien acuñó la frase Vidas paralelas como título y como lema - y como una visión de la historia. Vidas para leerlas es, desde el título, una variación sobre un tema de Plutarco, el primer historiador que basó sus historias en el chisme de salón y los rumores de la corte. Las vidas hechas paralelas por Plutarco han adquirido no solo popularidad (todavía se lee a dos mil años de su muerte) sino que han sido modelo para Shakespeare en su poesía dramática, han servido para hacer cine (Julio Csar, Antonio y Cleopatra) y todavía interesan estas vidas vividas como historia. Nada querría yo más que mis modestas vidas sean para leerlas paralelas y para conmemorar a estos hombres y mujeres que nacieron y vivieron y murieron, como todos los hombres, en la adversidad pero también en la diversidad.» (Cabrera Infante)

El libro de las ciudades (1999). «El hombre no inventó la ciudad, más bien la ciudad creó al hombre y sus costumbres. La ciudad como la conocemos se originó posiblemente en Asia entre el sexto y el primer milenio antes de Cristo. Pero es en Grecia, donde la ciudad -Estado o polis, que la idea de ciudad llegó a su cumbre con lo que Aristóteles llamó "una vid a común para un fin noble". En Roma, creadora del Imperio Romano, la ciudad, Roma misma, edificada originalmente sin plan ni orden, creció hasta convertirse en un modelo de otras ciudades creadas a su imagen y semejanza. Pero la ciudad ha sido destruida más de una vez por el hombre que creyó crearla. Según la leyenda Nerón incendió Roma, pero Roma fue reconstruida y vive hasta nuestros dias: la única ciudad que es una lección de historia. Otras ciudades, como Berlín y la Habana, han sido destruidas por la guerra o por la desidia de sus gobernantes . De hecho La Habana hoy parece una ciudad derruida, no desde el aire como Berlín, sino desde dentro. Pero Berlín, como la Roma antigua después del incendio, ha sido reconstruida y La Habana guarda una extraña belleza entre las ruinas. Es así que he buscado en otras ciudades el esplendor que fue La Habana. Guillermo Cabrera Infante.» (Cabrera Infante)

Memorias

Cuerpos divinos (2010). Edición póstuma. "Las revoluciones son el final de un proceso de las ideas, no el principio, y es siempre un proceso cultural, nunca político. Cuando interviene la política -o mejor los políticos- no se produce una revolución, sino un golpe de Estado, y el proceso cultural se detiene para dar lugar a un programa político. La cultura entonces se convierte en una rama de la propaganda. Es decir, las ilusiones de la cultura, el sueño de la razón, se transforman en pesadilla". (Cabrero Infante)

Guillermo Cabrera Infante retrata en Cuerpos divinos, el libro en el que estuvo trabajando casi toda su vida, los momentos previos e inmediatamente posteriores a la huida de Batista y la llegada de Castro al poder. Como él mismo afirmó, “quise escribir una novela y me salió una biografía velada”.

La Habana, el cine, el sexo, la música y, cómo no, la revolución y el exilio: "No sólo la historia, sino la geografía nos condena", escribe Cabrera. "Han hecho truco hasta con la topografía. Nacimos en un oasis y con un pase de mano nos encontramos en pleno desierto. El hombre es un animal geográfico. La historia no es más que geografía en movimiento, una suerte de isla flotante. Las islas tienden a dominar el continente. Me sé todas esas citas. Son tantas que podrías construir una casa de citas. Tuve que reírme. Yo siempre termino por reír. Tengo que reírme como hombre de lo que he perdido como mujer. Tienda de citas". [Cabrera Infante]

Mapa dibujado por un espía (2013). Edición póstuma. Entre los textos inéditos dejados por Guillermo Cabrera Infante al morir, está Mapa dibujado por un espía. Se trata de una autobiografía novelada en la que el autor narra su retorno a Cuba unos años después de la Revolución para asistir al entierro de su madre. El libro gira al entorno de una Cuba redescubierta donde la revolución ha ido empobreciendo a la población y atemorizándola ante la represión política. El encarcelamiento de los homosexuales, el silenciamiento de los escritores críticos, el cierre de empresas y negocios particulares son muestra del deterioro de un país y una sociedad que tantos sueños había alimentado. La mirada lúcida y descarnada de Cabrera Infante pasa revista a una realidad que muchos en aquellos años y todavía décadas después se obstinaron en ignorar.