EL POSTMODERNISMO

(Recop.) Justo Fernández López


Final del Modernismo

«Con las aportaciones poéticas del mexicano Enrique González Martínez (1871-1952) puede considerarse oficialmente acabado el Modernismo. Profundo conocedor de la poesía francesa, González Martínez no se dejó atraer por la fácil musicalidad con que el Modernismo en su ocaso trataba de mantener una vitalidad que ya no tenía. Él introdujo en la poesía recogimiento y seriedad, mesura, armonía, persiguiendo una nueva perfección formal. Trataba de penetrar en el espíritu de las cosas sin dejarse atraer por las apariencias, poniendo la atención en lo que había más allá de lo real, atento a las profundas sugestiones espirituales. Se afirma así un mundo insospechado que el poeta interpreta y expresa con pudor, sin buscar el ornato verbal, tendiendo a una simplicidad de acentos que es un gran logro. La poesía parece provenir de un mundo desconocido, sin contornos materiales, representando una revolución en medio de la «algarabía» modernista.» [Giuseppe Bellini]

A principios del siglo XX, la influencia de Rubén Darío y el Modernismo se deja notar en la poesía. Pero tras la muerte del nicaragüense en 1916, su vertiente formalista y evasiva empieza a perder adeptos. Los motivos los resume a la perfección el mexicano Enrique González Martínez (1871-1952) en los siguientes versos:

«Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje (...)

él pasea su gracia no más, pero no siente

el alma de las cosas ni la voz del paisaje

La poesía modernista de Darío se considera ostentosa y artificial, incapaz de expresar los sentimientos del alma humana y la realidad de la sociedad iberoamericana con los temas propios de cada país. Por ello, surge una nueva corriente lírica que responde a esas nuevas necesidades, en la que predomina un ansia de autenticidad y sencillez: el Posmodernismo, cuya principal figura es la chilena Gabriela Mistral, primer Nobel suramericano de Literatura.

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ENRIQUE GONZÁLEZ MARTÍNEZ (México, 1871-1952), poeta, funcionario y diplomático. Influido por la poesía simbolista francesa, tradujo a algunos de sus más importantes exponentes. Su obra poética se sitúa en las postrimerías del modernismo, en un momento en que esta escuela había agotado sus recursos y caído en una retórica epidérmica y ornamental.

Obras:

Silenter (1909)

Los senderos ocultos (1911), poemario donde incluye el soneto “Tuércele el cuello al cisne”, habrá de convertirse en un manifiesto poético y moral, porque repudia formas y lenguajes “que no vayan acordes con el ritmo latente de la vida profunda”.

La muerte del cisne (1915) decreta muerte del modernismo y propone sustituir el cisne modernista por el sereno e inteligente búho. Es decir, hay que abandonar el esteticismo superficial y contemplar la intimidad del poeta.

La hora inútil (1916)

Parábolas y otros poemas (1918)

Las señales furtivas (1925)

Babel (1949)

El nuevo Narciso (1952)

Su influencia ha decrecido debido a su insistente tono didáctico y predicador.

Al declarar la guerra al cisne modernista con su verso «Tuércele el cuello al cisne», su intención era oponerse a la degeneración del movimiento en la superficialidad orgiástica de sonidos y de colores, sin auténtica preocupación artística y espiritual.

Pedro Salinas interpreta el búho, símbolo adoptado por González Martínez en oposición al cisne: frente a la belleza superficial del ornato modernista el búho significaba el paso a una inquieta búsqueda del hombre, del misterioso silencio nocturno en el cual hundía la mirada.

El Postmodernismo

Posmodernismo o posmodernidad designa un amplio número de movimientos artísticos, culturales, literarios y filosóficos del siglo XX, definidos por su oposición o superación del movimiento modernista. En sociología y filosofía, los términos posmoderno y posmodernización se refieren al proceso cultural en muchos países desde principios de los años 70 del siglo pasado, bajo el término posmaterialismo. La postmodernidad es un período que problematiza los discursos totalizadores procedentes de la idea de progreso basada en la idea de la Razón ilustrada.

Las diferentes corrientes del movimiento posmoderno aparecieron durante la segunda mitad del siglo XX. Aunque se aplica a corrientes muy diversas, todas ellas comparten la idea de que el proyecto modernista fracasó en su intento de renovación radical de las formas tradicionales del arte y la cultura, el pensamiento y la vida social.

El Posmodernismo literario es un periodo de transición entre el Modernismo y la Vanguardia desarrollado a inicios del siglo XX. Si bien es cierto surge como una reacción contra los excesos modernistas, no se aprecia un rechazo total, pues recupera la musicalidad y el cromatismo de este. Tiene predilección por los ambientes locales y rurales (contrapuesto al exotismo modernista), además presenta un lenguaje sencillo y llano. El Posmodernismo se opuso principalmente al Modernismo.

A partir de 1910 surgieron en Europa nuevas experiencias artísticas que buscaban respuestas estéticas diferentes en un contexto de crisis espiritual: es el origen de las vanguardias. Rubén Darío, que ya se había entregado al 'arte por el arte', se dio cuenta de que el arte no ayudaba a resolver las contradicciones sociales.

Rubén Darío es un hito en las letras hispánicas. Con él surgió el modernismo y favoreció el encuentro entre las letras de España y Latinoamérica. En un momento en el que en España la poesía decaía y se repetía a sí misma sobre calcos vacíos, aportó una savia que, junto con Bécquer, inició el camino para la recuperación, cuyos frutos más brillantes fueron Juan Ramón Jiménez, las vanguardias y, más tarde, la llamada generación del 27. En Latinoamérica su influencia no fue menor. Aunque la crítica hispánica siempre tuvo en un alto concepto a Darío, desde el centenario de su nacimiento en 1967 su obra se revalorizó notablemente.

El postmodernismo es un estilo. Si el modernismo exigía originalidad, sinceridad y perfección formal, el postmodernismo acentúa la sinceridad y la sencillez profunda y la vanguardia pone el énfasis en la originalidad novedosa, llevada a veces hasta la extravagancia. En el postmodernismo predomina el afán de sencillez y confesión sincera; búsqueda de lo propio, personal y colectivo, de donde brota el tema americano. Una misma exigencia por la perfección formal dentro de una austeridad de buen gusto y una adopción de temas humildes y vulgares elevados a categoría de arte.

Un tema central en los “posmodernistas” es la descripción del mundo inmediato, frente al cosmopolitanismo modernista. Los nuevos poetas se fijan en lo cercano, no en lo exótico, en lo cotidiano como símbolo de lo universal.

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El postmodernismo nace en Chile con el modernista

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CARLOS PEZOA VÉLIZ (Chile, 1879-1908), escritor y poeta. En su corta existencia, minada por la enfermedad, fue colaborador de periódicos y profesor de centros de enseñanza secundaria, pero, sobre todo, cabeza de la poesía social chilena y exponente de una inspiración lírica original, tras seguir los modelos del modernismo.

Su actitud lírica es prevalentemente enunciativa y sus temas predilectos fueron los de carácter popular y campesino, que desarrolló empleando formas del habla familiar de esos ámbitos, a las que supo infundir categoría estética.

Obras:

Alma chilena (1911)

Las campanas de oro (1920)

Son muy recordadas sus composiciones ‘Tarde en el hospital’, ‘Nada’, ‘Entierro de campo’ y ‘El pintor Pereza’.

Tiene una veintena de narraciones en prosa, con el sugestivo seudónimo de Lord Spleen.

La autora más grande del postmodernismo:

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GABRIELA MISTRAL (Chile, 1889-1957), seudónimo de Lucila Godoy Alcayaga, poetisa y diplomática, que con su seudónimo literario quiso demostrar su admiración por los poetas Gabriele D’Annunzio y Frédéric Mistral. En 1945 se convirtió en el primer escritor latinoamericano en recibir el Premio Nobel de Literatura. Posteriormente, en 1951, se le concedió el Premio Nacional de Literatura de su país.

Hija de un profesor rural, mostró una temprana vocación por el magisterio y llegó a ser directora de varios liceos. Fue una destacada educadora y visitó México (donde cooperó en la reforma educacional con José Vasconcelos), Estados Unidos y Europa, estudiando las escuelas y métodos educativos de estos países. A partir de 1933, y durante veinte años, desempeñó el cargo de cónsul de su país en ciudades como Madrid, Lisboa y Los Ángeles, entre otras.

Obras:

Sonetos de la muerte (1914), inspirados en el suicidio de su gran amor, el joven Romelio Ureta. Su fama como poetisa (aunque ella prefería llamarse “poeta”) comenzó en 1914 luego de haber sido premiada en los Juegos Florales de Santiago por estos sonetos.

Desolación (1922), su primer libro de poemas al que siguieron:

Ternura (1924)

Tala (1938)

Lagar (1954)

Sus poemas escritos para niños se recitan y cantan en diversos países.

El amor y los sentimientos humanos son su principal fuente temática, tal como se puede apreciar en los siguientes versos:

Hay besos que pronuncian por sí solos

la sentencia de amor condenatoria,

hay besos que se dan con la mirada

hay besos que se dan con la memoria.

Su poesía, llena de calidez, emoción y marcado misticismo, influyó en la obra de muchos escritores latinoamericanos posteriores, como Pablo Neruda y Octavio Paz.

Considerada como una escritora modernista, su modernismo no es el de Rubén Darío o Amado Nervo, ya que ella no canta ambientes exóticos de lejanos lugares, sino que se sirve de su estética y musicalidad para poetizar la vida cotidiana, para “hacer sentir el hogar”, en palabras de la autora.

La fuente de su canto fue el dolor, la maternidad frustrada, los niños pobres, los huérfanos de guerra, los indios abandonados, los obreros. Su tono varía: de la fuerte elegía bíblica hasta la suave canción de cuna. Su lenguaje castizo y jugoso conserva arcaísmos que ella confiesa haber tomado del habla popular de su tierra.

Como escuchase un llanto, me paré en el repecho

y me acerqué a la puerta del rancho del camino.

Y un niño de ojos dulces me miró desde el lecho,

¡y una ternura inmensa me embriagó como un vino!

La madre se tardó, curvada en el barbecho;

el niño, al despertar, buscó el pezón de rosa

y rompió en llanto... Yo le estreché contra el pecho

y una canción de cuna me subió temblorosa...

Por la ventana abierta la luna nos miraba.

El niño dormía, y la canción bañaba

como otro resplandor, mi pecho enriquecido...

Y cuando la mujer, trémula, abrió la puerta,

me vería en el rostro tanta ternura cierta,

¡que me dejó el infante en los brazos dormidos!

Otros poetas posmodernistas.

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LUIS GONZAGA URBINA (México, 1864-1934), se relacionó con el poeta modernista Manuel Gutiérrez Nájera y con Justo Sierra, con quien trabajó en la Secretaría de Instrucción Pública. Se dedicó a la docencia y a la crítica teatral y musical para diversos periódicos. Durante la Revolución Mexicana se trasladó a Cuba, a Madrid y a Buenos Aires.

Obras:

Versos (1890)

Ingenuas (1902)

Puestas de sol (1910)

Lámparas en agonía (1914)

El glosario de la vida vulgar (1916)

El corazón juglar (1920)

Los últimos pájaros (1924)

El cancionero de la noche serena (1941)

La poesía de Luis Gonzaga Urbina va del Modernismo a una atmósfera absolutamente personal; con frecuencia, una sutil melancolía romántica impregna una poesía lírica técnicamente perfecta, elegante y musical.

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JOSÉ JUAN TABLADA (México, 1871-1945), poeta y prosista, con Ramón López Velarde señaló el rumbo de la poesía mexicana posterior al modernismo. Atraído por el mundo oriental y el haikai, experimentó además con formas de vanguardia.

Ayudó a fundar la Revista Moderna en 1898 y fue uno de los poetas más radicales y subversivos del modernismo. Viajó a principios de siglo a Japón, cultura que influiría a la larga en el rumbo de su poesía y lo convertiría en el introductor de las vanguardias en México.

Introdujo en español el haiku japonés y escribió poemas ideográficos casi al mismo tiempo que Apollinaire.

Obras:

Florilegio (1899)

Al sol y bajo la luna (1918)

Un día... (1919)

Li-Po y otros poemas (1920)

El jarro de flores (1922)

La feria de la vida (1928)

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Ramón López Velarde (México, 1888-1921), poeta y abogado, formó parte de los primeros gobiernos de la Revolución Mexicana. Con José Juan Tablada participó en la transición del modernismo a la poesía moderna.

Obras:

La sangre devota (1916), su primer libro de poesías.

Zozobra (1919)

El minutero (1923), prosa. Publicación póstuma.

El son del corazón (1932), publicación póstuma.

El león y la virgen (1945), poemas póstumos.

La poesía de López Velarde es la invención de imágenes y situaciones aparentemente vernáculas que en realidad presentan un desplazamiento moral insondable, resultado del uso exacto de las adjetivaciones.  Lo que a primera vista parece inocente es en realidad profundamente inquietante y desestabilizador. Abrió el camino para los poetas del grupo Contemporáneos.

Poesía de la mujer

Durante el Modernismo toma impulso, sobre todo en el Río de la Plata, un singular florecimiento poético femenino, en el cual el Yo exaltado se convierte en forma tiránica de la existencia dando lugar a actitudes rebeldes o de extremo pesimismo y melancolía, a una lírica de refinada musicalidad, de íntima auscultación.

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MARÍA EUGENIA VAZ FERREIRA (Uruguay, 1880-1925). Figura atormentada de artista, encuentra en la poesía su expresión plena, lejos de los apremios que muchas veces presentó su vida. Su verso se expresa en tonos melancólicos, difuminados, manifestando una insatisfacción tormentosa.

Vaz Ferreira vive en duro conflicto con el ambiente y acaba por encerrarse en un orgulloso aislamiento. Con el tiempo se agudizaron profundos desequilibrios y su poesía, que primeramente había sido búsqueda absoluta de perfección, se convirtió en llanto por los bienes perdidos, entre ellos el amor. La pérdida de la razón fue la culminación del drama.

Obras:

La isla de los cánticos (1925), publicada con carácter póstumo por su hermano. Son una selección realizada por la autora.

En estos versos se afirma la profunda atracción del verbo modernista. Pero en los poemas más tardíos, la torre cristalina en la cual se había encerrado la poetisa cedió para revelar el drama de la soledad, de la decadencia física y psíquica.

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DELMIRA AGUSTINI (Uruguay, 1886-1914), su corta vida transcurrió en Montevideo, alterada por los avatares y el final dramático de su peripecia sentimental. De inteligencia precoz, autodidacta, dotada de un elevado sentido poético, en su lírica consignó fuertes notas pasionales. Seguramente existía en ella algo morboso: tras haberse casado con un hombre que no compartía sus elevados ideales, se separó de él para seguir encontrándolo después en citas clandestinas; durante una de esas citas el marido la asesinó, suicidándose él mismo.

Creó una obra poética notable, que contó con la aprobación elogiosa de sus contemporáneos.

Obras:

El libro blanco (1907) evidencia su deuda con los gustos y el lenguaje del modernismo, aunque algunos poemas ya trataban de conseguir una expresión lírica original, más adecuada a sus apasionadas vivencias personales. En

Cantos de la mañana (1910) y

Los cálices vacíos (1913) es donde la poetisa alcanza la plenitud de su madurez. Conjuga con acierto el sueño y la vigilia, la pasión exaltada y el pesimismo, los sentimientos del amor y de la muerte. El amor es el tema de Los cálices vacíos, en el que el ansia erótica de la mujer encuentra su culminación y, con ella, el repudio por un mundo miserable, limitado. La soledad, drama de la Vaz Ferreira, se convierte para la Agustini en refugio de paz.

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ALFONSINA STORNI (Argentina, 1892-1938), una de las poetas más conocidas del mundo iberoamericano. Nacida en Sala Capriasca (Suiza), a muy temprana edad se trasladó con su familia a la Argentina. Fue maestra de la Escuela Normal, profesora de arte dramático y colaboró con varios grupos de teatro juvenil. Pero lo más conocido de su obra son sus libros de poesía.

Obras:

La inquietud del rosal (1916) recoge las sugestiones intimistas y sentimentales de un nuevo romanticismo, desprendiéndose de la poderosa influencia del modernismo. En la misma línea publicó:

El dulce daño (1918),

Irremediablemente (1919) y

Languidez (1920)

Mundo de siete pozos (1934) y

Mascarilla y trébol (1938) – tras su viaje a Europa – estos dos son sus libros de madurez más logrados, donde la experiencia amorosa se torna confidencia dramática, reflexión sobre la condición femenina y una audaz, para la época, sinceridad erótica. Formalmente, su expresión se hace más libre y se evade de los anteriores moldes del clasicismo.

Antología poética (1938) es su último trabajo, documento de elevada consciencia crítica, fundamental para la comprensión de su obra.

El tormento fundamental de Alfonsina Storni está en la consciencia de que el curso de los acontecimientos humanos no puede ser alterado de manera alguna; ni siquiera el sueño es una evasión válida.  Existe un divorcio absoluto entre la realidad, «dulce daño», y el sueño; de ahí proviene la sensación frustrante de «desengaño». Los días se van en esta inútil contienda y sólo queda la muerte, último refugio. Alfonsina Storni se suicidó efectivamente, hundiéndose en el mar. 

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JUANA DE IBARBOUROU (Uruguay, 1892-1979), poetisa, nacida Juana Fernández Morales, que alcanzó una gran popularidad en el ámbito hispanohablante por sus primeras colecciones de poemas. Si bien se formó durante el crepúsculo del Modernismo, ya inicia la nueva poesía. Su amplia popularidad la hizo merecedora del sobrenombre de Juana de América, al que ella contribuyó declarándose “hija de la naturaleza”.

Obras:

Las lenguas de diamante (1919) y

El cántaro fresco (1920), de estilo modernista, le procuraron una gran popularidad y tuvieron repercusión internacional. La originalidad de su estilo consistió en unir al rico cromatismo e imágenes modernistas un sentido optimista de la vida, pero con un lenguaje sencillo, sin complejidades conceptuales, que redunda en una expresividad fresca y natural.

Mientras que sus primeras obras estaban marcadas por una sana sensualidad, sus últimos libros de poemas pierden el tono festivo para adentrarse en temas universales y circunspectos, como la brevedad de la vida, la soledad o la muerte. En

Estampas de la Biblia (1935) y

Perdida (1950) muestra una sólida madurez y un carácter reflexivo. En

Azor (1953)

Oro y tormenta (1956) y

La pasajera (1967), la obra se hace más apesadumbrada todavía y en ella se percibe la actitud de su autora a la hora de enfrentarse a la vejez y a la enfermedad.

Con estos autores y autoras, se agota la vitalidad del Modernismo. La nueva orientación será la Vanguardia en sus distintas manifestaciones. Pero la experiencia modernista está forzosamente en la base de la formación de los mayores poetas hispanoamericanos, como está también en la base de la de los poetas españoles más importantes del siglo xx.