Lírica y teatro del siglo XIX americano

(Recop.) Justo Fernández López


Poesía lírica del siglo XIX

Tras la Independencia, los intelectuales americanos se ven en la obligación de erigirse en guías de las jóvenes nacionalidades, de improviso desprovistas de la tradición cultural impuesta por los españoles. Por eso la novela histórica y la poesía moralizadora serán manifestaciones decisivas en la tarea de afianzar las nuevas entidades nacionales.

La poesía independiente americana se inicia con tres grandes figuras: Olmedo, Bello y Heredia, que encarnan la transición de la poesía neoclásica al romanticismo. El contenido poético de los cantores de la Independencia es ya romantico, pero la forma es aún de academicismo clásico.

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ANDRÉS BELLO (1781-1865), escritor y político venezolano de nacimiento, aunque fue Chile el país que directamente recibió su benéfico influjo. Es el padre de la cultura independiente americana. Fue maestro de Bolívar en Caracas. En 1810, junto con Simón Bolívar, marchó a Londres, donde permaneció hasta 1829 y coincidió allí con Francisco de Miranda y el español José María Blanco White.  Se instaló en Chile, donde sentó cátedra hasta su muerte. 

Bello es uno de los más grandes humanistas de América. Personalidad hondamente marcada por la cultura clásica, sostuvo una polémica con Sarmiento sobre la primacía de lo académico sobre lo popular. Fue un gran crítico, gramático y erudito. Como poeta está enmarcado dentro de las corrientes neoclásicas.

Publicó obras de educación del español en América (Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos, 1847) y fue un gran defensor del español en América. Destacan dos de sus poemás neoclásicos: Alocución a la Poesía (1823), poema de 27 silvas, que desarrollan dos núcleos temáticos: invitación a la musa de la poesía para que abandone la culta Europa y se instale en América, y canto a la gran Colombia, a los héroes de su independencia, junto a durísimos ataques a los dominadores españoles (Menéndez y Pelayo suprimió la segunda parte de este poema en su Antología de poetas hispanoamericanos.

Más calidad presenta la Silva a la agricultura de la zona tórrida (1826), en la que, tras una exaltada descripción de la tierra americana y alabanza de la aldea, recomendando la sencillez de la vida campesina, frente al ocioso vivir de las ciudades.

Bello facilitó la difusión del Romanticismo, pese a su formación clásica.

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JOSÉ JOAQUÍN OLMEDO (1780-1847), escritor y político ecuatoriano, presidente de la Junta de Gobierno de Guayaquil (1820-1822). Nacido en Guayaquil, que entonces pertenecía al Perú y ahora a Ecuador. Estudió leyes y fue diputado por esa ciudad en las Cortes de Cádiz españolas (1810). En 1820 fue nombrado presidente de la Junta de Gobierno de Guayaquil.

Contrario a la integración de Ecuador en la República de la Gran Colombia, tuvo que abandonar el cargo y el país en 1822. Exiliado en Perú, fue diputado por Puno en el Congreso Constituyente de Lima (1823) y embajador en Gran Bretaña y Francia (1825-1828). De nuevo en Ecuador, fue elegido presidente de la Asamblea Constituyente de Ambato (1835). En 1845 formó parte del gobierno provisional y presentó su candidatura a la presidencia de la República, siendo derrotado por Vicente Ramón Roca (1845-1849).

Olmedo es el cantor de Bolívar y el primer gran poeta de la Independencia americana. Su obra cumbre es La victoria de Junín o Canto a Bolívar (1825), en el que cantaba las últimas y decisivas campañas militares de la independencia hispanoamericana, típico ejemplo de poema heroico y laudatorio de 67 silvas. Haciéndose eco de los maestros clásicos del género (Píndaro, Horacio, Virgilio y Lucrecio) describe, en la primera parte, la batalla de Junín, con todo lugo de detalles; luego aparece el Inca Huaina Capaz, que profetiza, también detalladamente, el definitivo triunfo de Ayacucho. Al final se entona un Canto a la libertad, que es quizás la parte más conocida de la obra.

En la Oda al General Flores, vencedor de Miñarica (1835), aparece el desencanto ante las luchas civiles que comenzaban a minar las esperanzas en el futuro de los hispanoamericanos.

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JOSÉ MARÍA DE HEREDIA (1842-1905), poeta francés, nacido cerca de Santiago de Cuba, y que estudió en La Habana y París. Es el mayor poeta ded Cuba hasta Martí. Pasó la mayor parte de su vida en el exilio.

Vivió en Francia desde 1861, y su poesía está muy influida por los parnasianos, una escuela de poetas franceses que defendían la impersonalidad y la devoción por la forma en sus obras.

En 1893, publicó Los trofeos, una colección de 118 sonetos y otros pocos poemas sueltos divididos en cinco grupos, cuatro de ellos dedicados a la historia del mundo desde la época helenística hasta el renacimiento, y el último a la naturaleza y al sueño. En estos poemas, presenta acontecimientos dramáticos con gran objetividad, evitando cualquier comentario personal y las implicaciones filosóficas que de ellos se podrían derivar.

Su brillantez técnica le valió el reconocimiento como maestro del soneto francés, y fue elegido para formar parte de la Academia Francesa en 1894.

Heredia es el tercero de los poetas vinculados al neoclasicismo. Algunos de sus poemas están impregnados de un temprano romanticismo, pudiéndose considerar así como el primer poeta romántico americano.

La contemplación de las ruinas de una pirámide azteca genera en él su más famosa composición: En el teocalli de Cholula, donde se mezclan en admirable síntesis la descripción del campo mexicano, la imaginación de un cortejo de indios que acuden al momento de efectuar un sacrifidio humano y la reflexión sobre la tiranía, la superstición y la muerte. La naturaleza libre y tumultuosa encuentra en su expresión en poemas como Al océano o el famoso Al Niágara, en el que da entrada al tema tradicional de la fugacidad de la vida.

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ESTEBAN ECHEVERRÍA (1805-1851), escritor argentino, perteneciente a la generación del 37, que introdujo el romanticismo en Argentina. De familia acomodada, vivió en París de 1825 a 1829, donde la filosofía y la literatura románticas. Su regreso a Buenos Aires en 1830 marca el inicio del Romanticismo en Argentina. ´

En 1832 publicó el poema Elvira, o la novia del Plata y, en 1834, las poesías líricas Los consuelos. En 1837 alcanza su mayor éxito con Rimas, entre las que se encuentra el largo poema narrativo La cautiva, centrado en un tipo legendario de la Argentina del XIX: la mujer blanca capturada por los indios. El poema presenta rasgos típicos del Romanticismo: importancia del paisaje (la Pampa argentina), heroína llena de pureza, amor a contrarios, presencia del indio, en este caso muy lejos del mito del “buen salvaje”. Se conoció póstumo un largo poema épico, El ángel caído, que registra influencias del escritor inglés lord Byron y del español José de Espronceda.

Sólo dejó un relato, El matadero (1838), que se considera el fundamento del realismo sudamericano. En el plano doctrinario redactó el texto guía de su generación, que tiene propuestas políticas y una breve historia de la cultura rioplatense: Dogma socialista de la Asociación de Mayo (1846), en el que acusa las lecturas de Saint-Simon.

En 1838 contribuyó a la fundación de la Joven Argentina, sociedad secreta de pensamiento avanzado y contraria al dictador Juan Manuel de Rosas. Debió exiliarse en Montevideo, en 1840, y allí murió años más tarde.

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El Romanticismo, iniciado por Esteban Echeverría en el 1832, favorece la visión exótica e idealizada del indio, situado en su pasado remoto: es la corriente indianista, contrapuesta a la indigenista que aparecerá después del Modernismo en el siglo XX (más interesada por los problemas socio-económicos del indio contemporáneo). Dentro del indianismo destaca:

JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN (1855-1931), uruguayo, autor de Tabaré, uno de los más destacados poemas épicos americanos, obra que cierra el romanticismo hispanoamericano y anuncia la llegada del modernismo. Zorrilla es el último romántico y precursor del Modernismo.

Nacido en Montevideo, estudió leyes y se doctoró en Derecho. Fue catedrático de Literatura y Derecho Internacional en la universidad de su ciudad natal. Ocupó el cargo de embajador en España y Portugal, donde se vinculó con escritores de ambos países. En 1892 participó en las celebraciones del descubrimiento de América en memoria de Cristóbal Colón, pronunciando un memorable discurso en el monasterio de La Rábida (Huelva). La Real Academia Española lo designó miembro correspondiente.

Su poesía es de inspiración romántica, factura clásica y, en ocasiones, destinada a celebrar fastos patrióticos. En 1878 da a conocer La leyenda patria y en 1910 La epopeya de Artigas, sobre el prócer nacional uruguayo José Gervasio Artigas. En sus libros en prosa se advierte su compromiso con el catolicismo: Huerto cerrado (1910), El sermón de la paz (1924) y El libro de Ruth (1928).

La tradición e un grupo de araucanos de ojos azules, recuerdo de piratas ingeses y holandeses, le inspiró uno de los mayores poemas épicos americanos junto a la Araucana de Ercilla: Tabaré (1888), su poema más celebrado y ambicioso. Está basado en un drama en verso inspirado en una leyenda de los indios boroas, indios de ojos claros, que había escrito durante su época de estudiante en Chile.

Tabaré es una epopeya que evoca la historia de la raza charrúa y que rescata, en Tabaré, el héroe de la historia, la figura romántica del indígena americano sensible, noble e inocente. El poema cuenta extensamente la extinción de los charrúas (tribu de la costa norte del Río de la Plata), tribu uruguaya que desapareció a los pocos años de la Conquista. La desaparición de esta tribu está simbolizada en la muerte que el joven Tabaré recibe de manos de don Gonzalo de Orgaz, el jefe militar español.

Hay en este poema ensueño poético y a la vez naturalismo histórico-psicológico, tal como en los modernistas. El mestizo muere injustamente defendiendo a la cautiva Blanca que le recuerda a su madre en los ojos azules. Junto al cuerpo de Tabaré, sacrificado inútilmente, la bendición del sacerdote significa y simboliza la reconciliación de las dos razas en choque en la conquista de América. Lo más importante del poema es la lírica belleza de sus versos:

 

 

Seguirme juntos a escuchar las notas

de una elegía que en la patria nuestra

el bosque entona cuando queda solo

y todo duerme entre sus ramas quietas.

Durante todo el siglo XIX hasta comienzos del Modernismo, la lírica americana es predominantemente romántica. Tras Bello, Olmedo y Heredia, hay una gran serie de poetas imitadores de franceses y españoles. Los versos puros y bellos de Zorrilla de San Martín preconizan, lo mismo que Bécquer en España, la renovación de la lengua que traerá el genio de Rubén Darío y el Modernismo a finales del siglo XIX. El Modernismo es el movimiento de madurez y superación estética americano.

El teatro en el siglo XIX americano

Depués de la Independencia, los teatros se convirtieron en lugares de reunión para la aristocracia, la élite criolla y la clase media; importantes edificios se dedicaron para este menester, pero el género dramático no encuentra en Hispanoamérica su auténtico camino; triunfan obras procedentes del extranjero, o clásicas de la literatura española.

Las compañía peninsulares comienzan a “hacer las Américas” poniendo en escena el mismo repertorio que en Madrid. No se encuentra en todo este periodo un autor u obra de importancia, originaliad y valor.

El teatro no hizo tantos progresos en el siglo XIX como los otros géneros literarios. Durante la Independencia fue instrumento de noble elevación de sentimientos patrióticos, pero no aparece ningún dramaturgo verdadero.

El teatro es el género más pobre hasta comienzos del siglo XX.

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MANUEL ASCENSIO SEGURA Y CORDERO (1805-1871), peruano, nacido y fallecido en Lima, era hijo de un militar español, que luchó contra los independentistas en la batalla de Ayacucho (1824), y de una criolla peruana.

Su principal actividad fue la creación literaria, especialmente la teatral. Considerado el fundador de la comedia peruana, Segura cultivó, junto a Felipe Pardo y Aliaga (1806-1868) un teatro de carácter didáctico y satírico, con rasgos costumbristas. Mientras Felipe Pardo y Aliaga era un hombre de ideas retrógradas, aristocratizante y defensor de la colonia española, Segura representaba los valores democráticos de la nueva sociedad peruana, lo que se refleja en el sabor criollo de sus comedias costumbristas.

Mestizo de clase media pobre, tenía una gran afinidad con lo popular y con el mundo plebeyo del “medio pelo”, que correspondía a los nuevos grupos sociales en un país recientemente emancipado. Su teatro, escrito en verso, reflejaba la realidad del Perú republicano, con una visión comprensiva de sus defectos y sus cualidades, captando lo pintoresco de las costumbres y lo permanente de su espíritu.

Como casi todos los comediógrafos de entonces, creaba tipos, no personajes individuales, porque su intención fundamental era entretener satirizando los males de la época. La fórmula era simple pero eficaz: un enredo amoroso, intrigas políticas, prejuicios sociales como contexto y unos toques de color local que provenían de las referencias a las corridas de toros o a las festividades religiosas. Repitió la fórmula con ligeras variantes en unas 15 comedias.

Su primera obra fue La Pepa (1833), pero el éxito le llegó, en 1839, con El sargento Canuto, sátira contra la vanidad y la hipocresía. En otro de sus principales trabajos, Ña Catita, crea una versión limeña del modelo clásico establecido por La Celestina: la tercera que teje y desteje amoríos. En 1859, escribió con Ricardo Palma El santo de Panchita, alentando así a quien sería el principal autor romántico peruano. De 1862 es la comedia Las tres viudas. ["Manuel Ascensio Segura y Cordero." Microsoft® Encarta® 2009]

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FERNANDO CALDERÓN (1809-1845), escritor mexicano, cultivó el drama y la poesía romántica, estilo que ayudó a difundir en su país.

Nació en Guadalajara, Jalisco. Estudió Derecho y Humanidades en la universidad de esa ciudad. Sus inquietudes políticas lo llevaron a combatir al dictador Antonio López de Santa Anna y a sufrir persecuciones. Ocupó numerosos cargos públicos.

Se le considera, junto con Ignacio Rodríguez Galván, el iniciador del romanticismo en México. Su obra gira en torno al amor, a la patria y a episodios de la historia ajenos a su país, reflejo del deseo de evasión propio de un poeta romántico.

Escribió: Reinaldo y Elina (1827), El torneo (1839), Herman o la vuelta del cruzado y Ana Bolena (1839). En Muerte de Virginia por la libertad de Roma, El soldado de la libertad y El sueño del tirano criticó la dictadura santanista, mientras que en A ninguna de las tres, satirizó la pobre educación de las mujeres y el afrancesamiento de las costumbres, en una réplica a la obra Marcela ¿o a cuál de las tres? (1831) del español Bretón de los Herreros. ["Fernando Calderón." Microsoft® Encarta® 2009]

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JOSÉ PEÓN Y CONTRERAS (1848-1907) fue un médico, dramaturgo, poeta y novelista mexicano, nacido en Mérida (Yucatán). Se graduó precozmente en la Universidad Literaria de bachiller en filosofía cuando tenía sólo 12 años de edad y desde entonces impartió cursos en el Seminario Conciliar de San Ildefonso en la Ciudad de Mérida.

Más tarde, en el propio Seminario, recibió el título de bachiller en Medicina. En 1862, el Instituto de Ciencias y Literatura de Yucatán, que acababa de ser creado, le otorgó el grado de licenciado en medicina. Se trasladó a la Ciudad de México para especializarse en enfermedades mentales y ejercer la medicina. A los 24 años de edad fue nombrado Director del Hospital para dementes de San Hipólito y a partir de entonces ejerció también la cátedra de enfermedades mentales en la Facultad de Medicina de la Universidad de México, cátedra que él inauguró.

Combinó su trabajo como médico con la actividad literaria y de dramaturgo y fue considerado el primer dramaturgo romántico de México iniciándose en las letras con una leyenda fantástica que escribió a los 17 años de edad, titulada La cruz del paredón.

Desde sus comienzos estudiantiles demostró talento y gusto por la literatura. Es en Mérida, la capital del estado de Yucatán ciudad donde se presentaron sus primeros dramas, en 1870 y 1874: El castigo de Dios y María la Loca y El Conde de San Esteban.

Peón y Contreras es el más celebrado de los autores teatrales románticos de México, con La hija del rey, Luchas de honra y amor, Una tormenta en el mar. Son dramas de complicada trama, algo improvisados, pero con real evocación del ambiente.

Fue también notable poeta lírico con Romances históricos mexicanos.

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LUIS VARGAS TEJADA (1802-1829, Colombia), poeta y dramaturgo, de familia pudiente y honorable que vino a perder con el tiempo la mayor parte de su fortuna. En 1810, esta familia temerosa de las consecuencias del movimiento independentista abandona Santafé. Aprendió lenguas clásicas y modernas.

Fue fabulista, comediógrafo, dramaturgo, poeta y traductor. A temprana edad ya componía versos en distintos idiomas y hacía rimas con gran facilidad. Lamentablemente murió a los 27 años y no pudo terminar una obra que se proyectaba en los inicios de la república.

Vargas Tejada ha dejado una apreciable obra dramática, Sagamuxi, que se desarrolla en el ambiente de los sacrificios humanos aztecas.

Sus actividades políticas comenzaron al lado de las literarias y dramáticas. Con 19 años de edad, fue designado secretario del Senado; en febrero de 1828 formó parte del grupo de diputados santanderistas que viajó a la Convención de Ocaña. De esta experiencia escribió su Recuerdo histórico, en el que relata los sucesos del intento por mantener la Gran Colombia.

El 27 de agosto, Simón Bolívar expidió el decreto en el que abolía la Constitución y se suprimía la vicepresidencia. Esta decisión hizo que un grupo de jóvenes granadinos constituyeran una junta "de observación". Los acontecimientos se precipitaron cuando uno de los involucrados, habiendo bebido tequila la noche del 24, comentó la conjura a un oficial del batallón Vargas. Al saberlo, el coronel Nonato Guerra avisó a sus compañeros y, la noche del 25, se reunieron en la casa del dramaturgo, quien improvisó los famosos versos de la Conspiración Septembrina:

Si a Bolívar la letra con que empieza

y aquella con que acaba le quitamos,

oliva de la paz símbolo hallamos.

Esto quiere decir que la cabeza

al tirano y los pies cortar debemos,

si es que una paz durable apetecemos.

El plan finalmente fracasó, y los involucrados que no fueron capturados, huyeron y algunos fueron encontrados en Venezuela.

Vargas Tejada se refugió en una hacienda del pueblo de Pasca, y durante un año estuvo escondido en una cueva donde escribió su monólogo teatral La madre de Pausanias y la tragedia Doraminta.

El anochecer, su más célebre poema, fue uno de los primeros publicados. Otros versos circularon en hojas manuscritas, como el canto A mi lira. Entre sus obras se destacan A mis Amigos, A mi Lira amada, Recuerdo de Boyacá, La Madre de Pausanias, Doraminta, Catón de Ética, Las aventuras de Barcenas y Murilo, y la comedia Las Convulsiones, su más famosa obra teatral, a la que él mismo llamó sainete, representada con gran éxito en julio de 1828. El resto de sus trabajos fueron publicados por cuenta del escritor José Joaquín Ortiz, en 1857, después de su trágica desaparición.

Se sabe que escribió otras obras, enmarcadas dentro del drama neoclásico y de temas indigenistas, cuyos textos están actualmente perdidos, como Aquimín -varias veces representado- Saquesagipa, Sugamuxi y Witiquindo.

Como escribe el colombiano William Ospina: «Surgió más tarde, en tiempos de la independencia, la obra encantadora y breve de Luis Vargas Tejada, un joven humanista a quien las pasiones políticas impidieron llevarla a la madurez y a la plenitud. Había escrito el estupendo sainete Las convulsiones, inspirado en una pieza italiana, pero lleno de originalidad en el lenguaje, un texto que conserva hoy la gracia y la frescura de un espíritu criollo inconfundible».

Las convulsiones es una de las obras más veces llevadas a escena en toda la historia del teatro colombiano. En ella, critica la educación y las costumbres de la sociedad santafereña.

«En Las convulsiones se observa la influencia del Siglo de Oro español, en especial de la obra de Lope de Vega El acero de Madrid, así como de la comedia italiana. Su argumento tiene afinidades con La mandrágora, de Nicolás Maquiavelo, y en la elaboración de diálogos y de personajes, con un autor como Carlo Goldoni, de quien el propio Vargas Tejada había traducido su pieza Il vero amico.

Existe una pintura muy interesante de la sociedad de la época, de los jóvenes de la sociedad santafereña que resultaban unos "destapados calaveras" y querían vivir de su conversación y encanto, sin trabajar. También se aprecian en el texto alusiones al interés por los estudios botánicos y naturalistas surgidos en el siglo anterior con la Expedición Botánica, y otras referencias a clérigos, comerciantes, viejas alcahuetas y demás personajes de la vida social en el tiempo de la independencia» [Carlos José Reyes].

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SALVADOR SANFUENTES (1817-1860) es el mejor dramaturgo romántico de Chile con su drama en verso Cara o la virgen del sol. Fue abogado, político y poeta.

Antes de titularse de abogado en la Universidad de Chile, ya había trabajado como periodista y traductor. Tradujo del francés al castellano Jerusalén Liberada de Tasso, los Geógicos y La Eneida de Virgilio, Los Anales de Tácito y obras de Racine, Humboldt, Byron, Víctor Hugo, Voltaire y otros.

El año 1842 cooperó junto con José Victorino Lastarria en el Semanario de Santiago, en el que publicaría su obra predilecta, El Campanario, una leyenda en verso. Ese mismo año se unió como secretario general a la recién fundada Universidad de Chile, publicando entre esos años hasta 1852 una memoria titulada Trabajos de la Universidad.

El 18 de septiembre de 1846, al iniciar el segundo periodo de gobierno de Manuel Bulnes, fue designado ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, permaneciendo en el cargo hasta el 12 de junio de 1849. En 1855 fue designado ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago y en 1856 se le eligió por unanimidad decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile.

Realizó obras históricas, como Chile desde la batalla de Chacabuco hasta la de Maipú, y principalmente poéticas, como Caupolicán (1831-1835), Leyendas y Obras Dramáticas (1840-1860) Ricardo y Lucía o La destrucción de la Imperial (1857), Taudo o memorias de un solitario (1858).