La literatura gauchesca de Argentina

(Recop.) Justo Fernández López


 

Dentro del Romanticismo que favorece la exaltación nacionalista y la búsqueda de lo autóctono, hay que situar uno de los gßeneros más originales de la literatura hispanoamericana: la literatura gauchesca de la Argentina. Luego el regionalismo característico del costumbrismo y de la literatura realista de la segunda parte del siglo influyó también en la producción de una literatura especial en la región rioplatense. El tema central de la literatura gauches es, naturalmente, el gaucho. Esta literatura emplea la forma dialectal del castellano usado por los gauchos de la Pampa argentina.

El gaucho y lo gauchesco

La palabra “gaucho” viene del quechua andino huajcho (‘hijo abandonado, animal suelto, hijo natural’). Del mismo origen de la palabra que designa a las crías sin dueño o padre viene la palabra chilena “huaso” o “guaso” que en Chile designa al campesino de a caballo, como el vaquero o cowboy de las praderas norteamericanas. Mientras los caballos traídos por los conquistadores se habían transformado en cimarrones, hombre y caballo, en la libertad y soledad de la Pampa, formaron ese tipo fuerte y melancólico de hombre a caballo, cuya única propiedad es la tropilla de caballos de que puede apoderarse: el gaucho. De ganadero, el hombre se transmuta en cazador; el caballo y la vaca son las materias primas de todo: alimento, botas, pelliza o zamarra, armas, lazo, etc. y costumbres camperas heredadas de los indios mapuches. Con las armas cazan avestruces, ganado y... enemigos, indios o soldados que los persiguen.

El facón o cuchillo para carnear y para la defensa, lo han comprado cambiándolo por plumas de avestruz al pulpero “gringo”, inglés o más frecuentemente italiano. La Pampa sin límites ni divisiones crea estse tipo de hombre, austero y silencioso, cantor y narrados de cuentos junto al fogón, solitario sin necesidades y mucha libertad. El poncho, el chiripá, el sombrero alón y el repique de sus espuelas, le señalan con el atavío tradicional. Juega a las cartas, las carreras de caballos, hasta que el aguardiente de la pulquería le enardece hasta la furia, se enfrenta en una riña a alguien, viene el duelo a facón; y el gaucho que mata en defensa propia tiene que huir, perdiéndose en la lejanía como “gaucho malo”, perseguido por la justicia y amparado a veces por los indios. El gaucho de la Pampa argentina, vaquero, criador de ganado, tiene fama de fiero y solitario. A mediados del siglo XVIII los ganaderos españoles, transformados por la soledad y el desierto, se había ido convirtiendo en el mestizo criollo gaucho.

El gaucho cantor, payador, que “camina...”, se convierte en tropero y luego amansador de potros salvajes, cateador, baqueano. El gaucho malo se convierte en guerrillero y en intrumento del tirano Rosas. y toma parte en las guerras civiles al mando de caudillos como Facundo Quiroga o el cura Aldeo.

Sir Walter Scott describe al gaucho así: «Las vastas llanuras de Buenos Aires no están pobladas sino por cristianos salvajes conocidos bajo el nombre de gauchos, cuyo principal amoblado consiste en cráneos de caballo, cuyo alimento es la carna cruda (¡) y agua, y cuyo pasatiempo favorito es reventar caballos en carreras forzadas. Desgraciadamente, prefieren su independencia nacional a nustros algodones».

La tierra americana que aparece en los románticos era una naturaleza a lo Chateaubriand, Hugo o Scott. Ahora la naturaleza es retratada como una tierra real, diferenciada, conocida, amada y no idealizada. Esta tierra americana real será el personaje principal de una serie de obras de arte: la Pampa aargentina, la selva del Amazonas, los Llanos de Venezuela y Colombia, la Sierra peruana. En el siglo XX jugará la naturaleza como personaje vivo y, a veces, central, un papel muy importante en la novelística. A partir del Romanticismo surge lo telúrico (del latín  Tellus, Tellūris, la Tierra, perteneciente o relativo a la Tierra como planeta), la tierra, el paisaje, lo popular, que en América reviste las formas de lo indio, lo proletario, lo campesino, lo gauchesco.

La poesía gauchesca en el siglo XIX

Comienza la literatura sobre el gaucho ya con el Lazarillo de ciegos y caminantes, de Concoloncorvo en el 1773. El género gauchesco en sí se inaugura con los primeros capítulos del Facundo de Sarmiento. Sarmiento afirma que el pueblo argentino es naturalemte poeta y señala, al lado de la poesía culta que tanto defendió Bello, la poesía popular: la vidalita, el cielito y las payas (de las que todavía quedan huellas en la poesía popular y en el folclor musical argentino y chileno). Esta poesía popular entronca con el romance español tradicional, está hecha a base del tradicional octosílabo de la poesía popular castellana.

El libro de Sarmiento, Facundo, aunque presenta al gaucho como símbolo de la barbarie del tiempo del dicador Rosas, amante de los gauchos, la presentación que hace en la primera parte de su obra de Facundo está indirectamente llena de simpatías y ha hecho que este personaje pasara a formar el mito del gaucho argentino.

Allá en los inicios del siglo XIX, cuando los gauchos rondaban por la pampa luchando contra los indios ladrones de ganado y esquivando las batallas de los ejércitos unitarios y federalistas, que se debatían la supremacía de Buenos Aires, nació la literatura gauchesca, extensas narraciones en verso sobre la vida del gaucho y sobre sus alegrías, que eran siempre menos que sus pesares.

Pero hubo uno de esos poetas, entre los cuales estaban los memorables Anastasio el Pollo, Aniceto el Gallo y José Hernández, autor del Martín Fierro, que se mencionaba en los periódicos de la época, cuyo poema, de título El corro, sus colegas leían y admiraban, pero el cual, hasta hace veinte años, había desaparecido por completo. Es por eso que la reaparición del poema del llamado eslabón perdido de la poesía gauchesca, en una vieja quinta de la pampa, llegó a resolver más de un misterio que rondaba la historia de los gauchos.

Cuando el gran poema gauchesco Martín Fierro cristaliza y sintetiza la épica gauchesca, hay pulperías de la Pampa que en sus libros de contabiliad apuntan la venta de “12 gruesas de fósforos, un barril de cerveza, 12 Vueltas de Martín fierro, 100 cajas de sardinas”.

El estilo poético gauchesco está asociado a la cultura del área rioplatense y a las formas de vida del gaucho pampeano. Esta expresión literaria nace muy a comienzos del siglo XIX, en el marco de las luchas por la emancipación y el espíritu nacionalista que despertó. Hay que entenderla como una variante popular a la vertiente culta, que predominaba en la vida literaria hispanoamericana.

Los llamados “cielitos” (porque esta palabra se repetía como estribillo) del uruguayo Bartolomé Hidalgo, considerado el iniciador, son una forma todavía primitiva de poesía patriótica con acentos autóctonos y comprometida con la causa independentista. Lo que es literariamente novedoso en ella es el sabor criollo de su espíritu y lenguaje, que se fundan en una reelaboración de tradiciones populares de fuente oral.

Los cielitos son coplas cuya forma métrica proviene del romancero español, pero que se adaptan a la sensibilidad y lenguaje americanos. Sus primeras muestras aparecen en 1812 y las últimas corresponden a 1821, pues acompañan los distintos episodios de la campaña patriótica del prócer Artigas. En ellos aparece en germen una figura capital de la literatura rioplatense: el gaucho, el legendario hombre a caballo, errante y rebelde.

Tras estos comienzos, la poesía gauchesca se afirma y populariza entre los lectores cultos, en la segunda mitad del siglo XIX, ahora en el contexto del esfuerzo por organizar las naciones rioplatenses y del auge romántico, que le sirvió de estímulo y del que es, en cierta manera, su más original expresión. Los forjadores de la tradición gauchesca en este periodo son los argentinos Hilario Ascasubi y Estanislao del Campo y el uruguayo Antonio Lussich.

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BARTOLOMÉ HIDALGO (1788-1822), poeta rioplatense, nacido en Montevideo (Uruguay). De origen modesto, fue empleado de una tienda y peluquero. Luego participó en la guerra de la independencia y ocupó diversos cargos públicos, siempre en su tierra de origen. En 1818 se trasladó a Buenos Aires.

Es poeta de la Independencia y el primero en componer cielito de vena popular. Sus poemas han sido agrupados en dos series, Cielitos y Diálogos patrióticos, diálogo del gaucho Ramón Contreras y el capataz Chano. Aparte de un canto patriótico, el Himno oriental (donde oriental es sinónimo de uruguayo), que le ganó la distinción de “Benemérito de la Patria”.

Los críticos distinguen dos etapas en su producción: una de poemas cívicos y militantes, que va de 1811 a 1816, y otra, de tono más personal e individual. Se le considera iniciador de la poesía gauchesca, por el uso de expresiones tomadas del habla de los gauchos, y la incorporación de personajes populares que dialogan como en una improvisación o payada: Jacinto Chano y Ramón Contreras. En su obra hay rasgos de neoclasicismo y de formas tradicionales españolas, como el romance.

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JUAN GUADALBERTO GODOY (1793-1864) era un poeta pulpero. En la pulpería (tienda donde se venden diferentes géneros para el abasto), entre los artículos de primera necesidad pra los gauchos, les vendía versos y componía cantares que el gaucho luego adoptaba como suyos.

En la ciudad, Juan Gualberto Godoy era un afamado político unitario, pero era a la vez en la pampa un temido payador, que es como se les llamaba a los gauchos guitarristas que se batían, por medio de versos improvisados, en extensos duelos o payadas, que concluían sólo cuando uno de los dos se quedaba sin nada que decir. Aunque las dotes poéticas de Godoy eran inagotables, sus dotes políticas eran más bien escuetas, y así es que las constantes tundas propinadas por los federalistas lo fueron alejando de las ciudades y llevando hacia la pampa, donde terminó por montar una pulpería.

Por el año veinticinco, en la pampa murió un payador de nombre Santos Vega, que según todos los poemas gauchescos jamás había perdido una payada, y el único que podía derrotarlo era el mismísimo diablo. Sin embargo, días antes de que muriera muchos lo vieron vagabundeando triste por la pampa, viejo y acabado, contando a todos la historia de cómo lo había vencido un joven desconocido, un miserable tendero en una pulpería del sur, al que nadie conocía. El pulpero era sin duda el propio Godoy, cuyo talento desmesurado había superado al del payador legendario. Se cuenta que después de eso, Godoy regresó a la ciudad renovado e impetuoso y evitando sabiamente la política. En una noche de teatro se enamoró de la glamorosa Teresa Rossi, actriz italiana que venía dando una gira por el país con su precaria compañía, y desde entonces no se sabe más de la vida de este payador secreto. Se cree que viajó al sur de la Argentina acompañado de su morocha y tal vez de su guitarra, dejando a merced del polvo y del tiempo que todo lo marchita las obras en verso que la posteridad tanto habría de extrañar.

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JUAN MARÍA GUTIÉRREZ (1809-1878), ensayista argentino, considerado el primer crítico literario de su país, nació en Buenos Aires, se licenció en Derecho en su ciudad natal (1834) y formó parte de la generación del 37, que después se aglutinó en torno al Salón Literario y al centro político Asociación de Mayo. Durante la dictadura de Juan Manuel de Rosas fue apresado y más tarde se exilió en Montevideo. Viajó por Europa, Perú y Ecuador, realizando estudios de archivo. 

Su obra consiste mayormente en la edición crítica de escritores americanos, como Pedro de Oña, Esteban de Luca y los poetas de la antología América poética (1840). También escribió poesía, como Los amores del payador (1838), de corte gauchesco.

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BARTOLOMÉ MITRE (1821-1906), político, militar, diplomático y escritor argentino, presidente de la República (1862-1868), indiscutible figura intelectual y política sudamericana de la segunda mitad del siglo XIX, protagonista señero de la organización y surgimiento de la Argentina moderna.

En 1870, había fundado en Buenos Aires el influyente periódico La Nación. Entre sus obras se encuentran un gran número de poesías, traducciones de autores clásicos (como la que en 1894 hizo de la Divina Comedia, de Dante Alighieri) y obras históricas, de las que cabe destacar la Historia de Belgrano y de la independencia argentina (1858 y 1859), una poderosa interpretación del nacimiento de Argentina.

Publica en 1844 sus Poemas gauchescos, sobre la Leyenda de Santos Vega, especie de don Juan pampeano. Mitre eran un romántico.

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RAFAEL OBLIGADO (1851-1920), escritor argentino que nació en Buenos Aires, donde cursó studios de Derecho, carrera que no finalizó. Fue uno de los fundadores de la Facultad de Filosofía y Letras y además miembro correspondiente de la Real Academia Española.

Fue un poeta romántico, continuador de Echeverría en lo referente al tratamiento del tema gauchesco en lengua culta, lo que se refleja en Santos Vega (1883), poema escrito en décimas, en el que narra cómo este payador fue vencido por Juan Sin Ropa, quien representa al progreso que superará al país tradicional.

Otra obra que merece destacarse es Leyendas argentinas (1877), en la que se manifiesta como representante de la generación del 80 por su adhesión a los orígenes de la nacionalidad y los mitos.

Pero los verdaderos poemas gauchescos son los que mantienen el realismo de la tradición popular recreado con genialidad poética:

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HILARIO ASCASUBI (1807-1875), escritor argentino, autor de una extensa producción lírica, realizó un minucioso retrato de la vida del gaucho. Nació en plena Pampa. Emigró a Montevideo durante la dictadura de Rosas. Amigo de Mitre, compuso durante muchos años poemas gauchescos y romances.

Su obra más importante es Santos Vega o los mellizos de la flor (París, 1872), leyenda semibiográfica de un gaucho malo, popularizado por él mismo y otros poetas anteriores. Es un largo poema (13.000 versos) folletinesco con descripciones de gran lirismo y un lenguaje peculiar, el dialecto gaucho.

Aparecen en ella los rasgos dramáticos de la vida del gaucho, además de una reconstrucción de la historia de la Pampa argentina durante los últimos años de la colonia. Esta obra mantiene todavía su vigencia gracias a sus recitados o al juego entre payadores (cantores), cuya fuerza reside en el aparente lenguaje desaliñado que le da una autenticidad indiscutible.

Hilario Ascasubi, todavía un poco rudo y repentinista, fue un testigo satírico del acontecer político, que se refleja como trasfondo en su poema narrativo Santos Vega o los mellizos de la Flor.

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ESTANISLAO DEL CAMPO (1834-1880), escritor argentino, nacido en Buenos Aires, que perteneció a la generación del 80 y llevó a su culminación el juego dialogado de los poetas gauchos.

Inició su carrera literaria con versos gauchescos que aparecieron bajo el seudónimo de Anastasio el Pollo y es a raíz de esa actividad que se vincula con Ascasubi.

Entre sus obras son de destacar: Los debates de Mitre y Carta de Anastasio el Pollo, ambas de 1857; esta última es una anticipación de Fausto (1866). Fausto es una narración de la ópera de Gounod por un gaucho que va a Buenos Aires y se mete a la ópera y luega cuenta en su pueblo, en forma sencilla, las ‘impresiones’ que le ha causado la función en el teatro Colón. Es una parodia muy divertida y fue bien recibida por el público, pero no deja de ser superficial. Leopoldo Lugones criticó la obra diciendo que no era probable que un gaucho de la Pampa se metiera en una ópera de Buenos aires, y critica la artificialidad de la obra.

En la discusión sobre la artificialidad o no autenticidad del Fausto de Del Campo, surge el mayor poeta gauchesco de la historia argentina, José Hernández, máximo cantor épico de la Pampa y del gaucho. Hernández se puso a componer poemas sobre el gaucho, pero de forma seria, como reacción al Fausto de Del Campo.

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JOSÉ HERNÁNDEZ (1834-1886), poeta y federalista argentino, su gran poema Martín Fierro, considerado un clásico de su país, cantó la independencia, el estoicismo y el coraje del gaucho.

No se tienen muchos datos sobre la infancia de Hernández, aunque parece ser que una enfermedad de la adolescencia le obligó a vivir en las pampas. Allí fue donde entró en contacto con el estilo de vida, la lengua y el código del honor de los gauchos.

Autodidacta, adquirió una sólida ideología política a través de sus numerosas lecturas. Su postura federal y reformista le llevó a enfrentarse con Sarmiento. Entre 1852 y 1872, durante una época de gran agitación política, defendió la idea de que las provincias no debían permanecer ligadas a las autoridades centrales, establecidas en Buenos Aires.

Participó en la última rebelión gaucha, la del general Ricardo López Jordán, un desdichado movimiento que finalizó en 1871 con la derrota de los gauchos y el exilio de Hernández a Brasil. Con la victoria de Nicolás Avellaneda, pudo regresar a Argentina en 1874. Vivió en Buenos Aires y continuó su lucha por otros medios: fundó el periódico Revista del Río de la Plata, en el que defendió posturas federalistas, y desempeñó los cargos de diputado y senador de la provincia de Buenos Aires.

Sin embargo, fue a través de su poesía como José Hernández consiguió un gran eco para sus propuestas y contribuyó de la forma más valiosa a la causa de los gauchos. Con un total de 7.210 versos, Martín Fierro es un poema épico popular que está considerado como una de las grandes obras de la literatura argentina. Fierro narra su vida y lleva a cabo un retrato de la sencillez rural, la independencia y la paz de su espíritu.

Hernández es un gaucho gigantón, domador de potros, sobrino del dictador Rosas, enemigo de Sarmiento. No cree en la contradicción entre ciudad y pampa, “civilización y barbarie”. Siente que el jugo de la Pampa es la sangre de la patria argentina, que el gaucho se convierte en “gaucho malo” por las injusticias y abusos de la autoridad (y la autoridad en la época de Hernández era precisamente el Sarmiento que escribrió el Facundo). Hernández cree que el gaucho tiene en su carácter algunas de las virtudes fundamentales del argentino.

En su primera parte, El gaucho Martín Fierro (1872), el poema recorre la inicial felicidad del protagonista en las planicies rodeado de su familia, hasta que es obligado a alistarse en el Ejército. Su odio a la vida militar le lleva a rebelarse y desertar. A su regreso, descubre que su casa ha sido destruida y su familia se ha marchado, y la desesperación le empuja a unirse a los indios del desierto y convertirse en un hombre fuera de la ley.

En la segunda parte del poema, La vuelta de Martín Fierro (1879), sus sentimientos e ideas han cambiado. Fierro decide volver y reunirse por fin con los suyos. Incorporado de nuevo a la sociedad, ha de sacrificar gran parte de su preciosa independencia.

El gran mérito del autor del Martín Fierro fue llevar a la literatura la vida de un gaucho, contándola en primera persona, con sus propias palabras e imbuido de su espíritu. En él descubrió la encarnación del coraje y la integridad propias de una vida independiente.

Para José Hernández, el gaucho era el verdadero representante del carácter argentino, idea que le situó en directa oposición con el curso de los acontecimientos y los poderosos intereses políticos de su época.

José Hernández es la gran figura de la literatura gauchesca y, sin duda, la voz poética más original de todo el período. Su inmortal Martín Fierro es insuperable por su hondura, su gracia y su perfecta identificación con la voz y el carácter del gaucho, este poema es una prueba de la madurez de la literatura hispanoamericana en su afán de crear personajes y asuntos inconfundiblemente propios.