La novela indigenista

(1930-1945)

(Recop.) Justo Fernández López


La novela indigenista

Los personajes de la novela de los años treinta y cuarenta ya no luchan de forma épico-heroica contra una naturaleza hostil, sino que se ven expuestos a un medio social explotador, a un abuso del poder social de ciertos grupos. La crisis económica mundial, las ideas de Haya de la Torre, de Mariátegui y otros despiertan la conciencia social de los intelectuales americanos. Ya no es la naturaleza, sino la realidad social el elemento representante del mal y de la tragedia en América. Los escritores describen de una forma realista y cruda la realidad social de las clases marginadas.

Víctor Raúl Haya de la Torre (Perú, 1895-1979), pensador y político fue líder estudiantil enfrentado a la dictadura del presidente Augusto Bernardino Leguía (1908-1912; 1919-1930). Defendió una política indígenoamericanista, antiimperialista y reformista. Fue presidente del Congreso Constituyente de 1979 y autor de obras como Por la emancipación de América Latina (1927), ¿Adónde va Indoamérica? (1935) y El antiimperialismo y el APRA (1936).

José Carlos Mariátegui (Perú, 1895-1930), político y pensador, fue uno de los ideólogos marxistas latinoamericanos más influyentes del siglo XX. Visitó París, Berlín, Viena y Budapest, y conoció al pensador y político italiano Antonio Gramsci; siguió de cerca el proceso de renovación de la izquierda europea y, muy influido por el filósofo alemán Oswald Spengler, llegó a pensar en la inevitable decadencia de Occidente. Regresó a Perú transformado en un hombre distinto: un marxista convencido, un crítico bien informado sobre la situación mundial y los grandes cambios que se producían en la literatura y las artes, y un revolucionario dispuesto a servir la causa de los movimientos obreros y agrarios en toda América. Su ruptura con Haya de la Torre le llevó a la fundación de un partido marxista-leninista, del que fue elegido secretario general. Pero sus posiciones heterodoxas respecto del comunismo internacional provocaron el distanciamiento y la crítica de los dirigentes de la Internacional Comunista. Mariátegui publicó sus célebres Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928), primer examen integral de la problemática política, social, económica y cultural del país desde un punto de vista marxista.

«En la corriente indigenista, que asume una orientación de protesta sociopolítica, el realismo ha escrito un capítulo de notable importancia. Este tipo de novela surgió, como era lógico, en los países andinos – Bolivia, Ecuador, Perú– , en los que parece prolongarse de una manera anacrónica, en ciertos aspectos relacionados con la situación de las poblaciones indígenas, una oscura época colonial, de cuño feudal, con todo lo que eso conlleva de abuso y sometimiento. Si bien es cierto que tanto los mestizos como los blancos consiguen con frecuencia superar los condicionamientos de la explotación y de la opresión, convirtiéndose en gran número de casos en instrumentos de la oligarquía y del poder político, no es menos cierto que los indios continúan languideciendo en condiciones de extrema pobreza y de cruel servidumbre.

Esto explica, sin lugar a dudas, el surgimiento en la narrativa de los países mencionados de una corriente que trata la situación del mundo indígena, siguiendo las lejanas huellas de la peruana Clorinda Matto de Türner, naturalmente con mayor dominio del arte para incorporar una visión aún más cruda de la realidad.» [Giuseppe Bellini]

La novela indigenista es el inmediato antecedente de la nueva novela americana de la segunda mitad del siglo XX. Un gran sector de la novela americana tiene como protagonista al indio. Es un tema predominante sobre todo en la región andina: Bolivia, Perú, Ecuador. No se trata de la exaltación romántica del indio heroico y sentimental, sino de las reivindicaciones del indio real, de la defensa y recuperación de sus derechos de ese indio que vive como paria al margen de la sociedad y del Estado, sufriendo pasivamente las consecuencias de un progreso económico en el que no tiene participación alguna.

La civilización, vista con esperanza optimista por los realistas Gallegos y Rivera, es en la novela indigenista el antagonista, el anticristo, la fuente de injusticia social. El indio, privado de sus tierras y maltratado, se siente huérfano en su casa y se abandona a la pasividad, la resignación, la desesperación fatalista y la muerte. El tema social surge en estas novelas sin influencia europea, es el despertar de la conciencia social americana. Quizá fue factor de influencia en esta literatura la Revolución Mexicana de 1910 y la bolchevique en Rusia de 1917.

ALCIDES ARGUEDAS

Alcides Arguedas (Bolivia, 1879-1946), escritor y político, pronto mostró su decepción frente al liberalismo que llegó al gobierno de su país en 1898, y dedicó sus esfuerzos a la regeneración nacional. Arguedas inaugura la nueva corriente de protesta indigenista con su novela Raza de bronce (1919), la única de sus obras que le dio fama duradera.

Viaja y visita Francia y España, donde trama amistad con los escritores de la generación del 98, cuyo inconformismo crítico aplica a Bolivia. Es amigo de Miguel de Unamuno.

Bolivia es su patria amargamente amada. La pérdida de la guerra salitrera con Chile produjo en Bolivia una conciencia de “desastre nacional” parecida a la del 98 en España con la pérdida de las últimas colonias españolas de ultramar.

Ensayos

Pueblo enfermo (1909), ensayo en el que pormenoriza los males de Bolivia, resultado de un “progreso indefinido” y del medio geográfico hostil. Esos mismos planteamientos determinaron su análisis de la historia boliviana en

La fundación de la República (1920),

Historia general de Bolivia (1922),

Los caudillos letrados (1923),

La plebe en acción (1924),

La Dictadura y la Anarquía (1926) y

Los caudillos bárbaros (1929).

Arguedas analiza a los caudillos bárbaros y ve ene llos los males de la patria. Escribe la historia al estilo de los autores del 98 español, que buscan en Castilla la esencia de España. Arguedas busca en Bolivia los restos de grandeza y las causas de la decadencia racial.

Novelas

Pisagua (1903),

Wuata Wuara (1904) y

Vida criolla (1912).

Pero los mejores análisis los ofrece Arguedas en sus novelas:

Raza de bronce (1919), su novela más célebre y una de las manifestaciones más importantes de la narrativa indigenista hispanoamericana, denuncia las infrahumanas condiciones de vida de los campesinos indígenas. En esta novela adquieren evidencia singular y dramática los problemas de su tierra que son básicamente los de todo el ámbito andino. Novela dominada por un sincero entusiasmo, adolece de innegables desequilibrios debidos a su acentuado tono polémico. No obstante, Arguedas alcanza la perfección expresiva cuando se enfrenta al paisaje y penetra en la intimidad de una raza injustamente sometida, a la que presenta positivamente, en su indeclinable dignidad. Arguedas analiza el indio andino con sus costumbres dentro de un marco pastoril; luego presenta la tensión entre esclavo y amo esclavizador hasta el crimen. Estalla la rebelión de los indios esclavizados.

La danza de las sombras (1934), sus memorias, que ofrecen gran interés.

Arguedas no es solo un escritor comprometido y revolucionario, es ante todo un poeta, fascinado por el paisaje americano que él interpreta con sutil emoción. Ante el espectáculo de la naturaleza incluso el hombre parece pasar, a veces, a un segundo plano, a pesar de toda su carga de tragedia. Son magníficas sus pinturas de caracteres. Su estilo busca equivalentes sintácticos en español a la forma de hablar del indio. Arguedas logró en este punto una recreación en español del habla indígena. Pocas obras indigenistas serán tan sinceras como esta. Arguedas es realista en el fondo, pero con un gusto por la forma modernista.

CIRO ALEGRÍA

Ciro Alegría (Perú, 1909-1967), novelista, cuentista y político, es uno de los grandes novelistas de la corriente indigenista (como lo será después José María Arguedas, cuya obra entra ya, con pleno derecho, en la «nueva novela»). La novela de Alegría es realista, de honda preocupación humana, resuelta, sin rodeos, encuadrada en la protesta social y política, apegada a las realidades del mundo al que se refiere, pero sin concesiones a lo horripilante como la novela de Icaza; hay en ella, por el contrario, un mesurado tono lírico que presta una base todavía más convincente a la protesta.

Alegría ha manifestado en todo momento su predilección por el mundo indígena, en contacto con el cual ha vivido cuando niño, aunque haya sido en una posición dominante. Una profunda humanidad le acerca al oprimido y al explotado. Se trata además de un observador inspirado de las bellezas naturales; los paisajes, siempre sugestivos, dan a sus novelas mayor credibilidad, poesía y originalidad dentro de la narrativa indigenista.

Nacido en un pueblo andino del norte del Perú, durante sus estudios escolares tuvo como maestro al poeta César Vallejo y se comprometió en la lucha política como miembro de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), movimiento político fundado en México en 1924 por Víctor Raúl Haya de la Torre, cuyos objetivos eran inicialmente la unidad política de América Latina, la lucha contra el imperialismo estadounidense, la nacionalización de tierras e industrias, la internacionalización del Canal de Panamá y la solidaridad con los pueblos oprimidos en todo el mundo. En 1933 sufrió un año de cárcel y salió amnistiado al destierro en Chile.

Obras

La serpiente de oro (1935), novela que trata de la vida de los indios en las orillas e la selva y los ríos Marañón, etc. la tragedia humana atrae nuestra atención, así como la hábil representación de la naturaleza en su estado salvaje, de las selvas que bordean el curso del río Marañón.

Los perros hambrientos (1939), texto corto y bien estructurado, es un aguafuerte sobre el fatalismo indiano. La naturaleza destaca la dimensión de la tragedia. Todo el texto trasunta un cálido acento humano; recorre sus páginas una tierna melancolía sobre la que descansa la desolada sensación del destino, acentuada por la presencia de una naturaleza que refleja en sí misma las vicisitudes de los hombres y de los animales. Al compás del lento ritmo del relato, va tomando cuerpo la tragedia que reúne a hombres y perros y se encarna con gran eficacia en la figura del indio Mateo, arrancado de su tierra y de entre su familia por los gendarmes: “La soga iba desde las muñecas hasta el arzón de la montura, colgando en una dolorosa curva humillante. A la Martina se le quedó el cuadro en los ojos. Desde entonces veía al Mateo yéndose, amarrado y sin poder volver, con su poncho morado, seguido de los gendarmes de uniformes azules. Los veía voltear el recodo y desaparecer. Morado-azul..., morado-azul..., hasta quedar en nada. Hasta perderse en la incertidumbre como en la misma noche”.

El mundo es ancho y ajeno (1941) estas tres novelas son la parte más significativa de su obra. Esta última está considerada como su obra maestra. Ciro Alegría estaba desterrado en Chile cuando la Unión Panamericana convocó un concurso de novela latinoamericana en EEUU. Los amigos chilenos reunieron dinero para que escribiera en medio año un novela para este concurso  el resultado fue esta obra cumbre del indigenismo americano.

Esta novela nos presenta la vida de una comunidad indígena tradicional de Rumi. Retrata las comunidades de los indios, los “ayllus”, institución preincaica que respetaron tanto incas como españoles. Es un gran cuadro épico de las luchas de una arquetípica comunidad indígena contra los tres poderes que quieren destruirla: la oligarquía terrateniente, el Ejército y el Gobierno al servicio de los intereses estadounidenses. Muestra la explotación moderna de esta comunidad por los latifundistas, el industrial, el político, el guerrero. Este mundo casi primitivo e ingenuo es gobernado por el alcalde Maqui. La intervención de los latifundistas apoyados por funcionarios corruptos, va despojando a los indios de sus tierras poco a poco. El alcalde indio, figura de gran dignidad, y de una nobleza ejemplares, intenta oponerse a este expolio.

Todo es en vano, los indios deben emigrar a los más altos valles de los Andes pedregosos y estériles, o deben trabajar como esclavos en las minas. Al final de la obra, una terrible matanza sofoca el levantamiento desesperado. Continúa así el largo dolor de siglos de esta raza subyugada. Para estos indios el mundo es ancho y ajeno.

La obra se compone de escenas construidas a base de la experiencia del autor. No hay ni discursos políticos ni excursos doctrinales; nos presenta simplemente una realidad que causa escalofrío. Muestra la derrota en nuestro mundo moderno de grupos minoritarios cuando se oponen a la gran fuerza anónima y colectiva que rige la sociedad.

La poesía que domina la novela hace más convincente el clima final de tragedia, en la que se impone la situación del hombre oprimido, la soledad en que se encuentra ante la persecución por el hecho de pertenecer a una raza marginada: «Entonces, muy en sus adentros, comenzaban a llegar a la conclusión de que eran indios, es decir que, por eso, estaban solos.»

El gran mérito de la obra reside en la buena síntesis de denuncia social y dignidad artística del autor. Hay un equilibrio magistral entre el arte y el elemento sociopolítico de esta novela “social”. No cae Ciro Alegría en la prédiga política y ostenta calidad artística en su tratamiento del tema social. Esta categoría estética da en la novela eficacia real al tema social. Es una de las grandes novelas del indio andino.

Si Arguedas es directo denunciador, Alegría es solo indirectamente doctrinal; se le nota la voluntad de sencillez. Si los campesinos de Arguedas son seres resignados y sufrientes, los de Alegría son moralistas que dan testimonio y ofrecen programas de acción progresista. La sensibilidad de Ciro Alegría difiere de la de Icaza; sus indígenas no padecen taras físicas ni morales, forman parte de un mundo sano que, pese a la situación de injusticia, permite tener esperanza en el futuro.

El uso de las técnicas narrativas modernas y el aliento heroico de la composición le permiten presentar un relato río que arrastra materiales heterogéneos para crear un mosaico tan variado y dramático como la vida indígena misma. La novela refleja el programa político del APRA en sus primeros tiempos, recogiendo dos puntos destacados de ese programa: La importancia del espíritu comunitario y el papel de la educación y la experiencia del mundo, con vistas a la integración de los indios en el Perú moderno.

Duelo de caballeros (1955), libro de relatos, documento interesante para estudiar los orígenes de su narrativa. Algunos interpretan el silencio creativo del narrador como señal de que había llegado a tomar conciencia de que su modo de hacer novela y sus temas estaban ya superados. En la década de 1940 se habían acentuado las tendencias innovadoras en la narrativa hispanoamericana.

En 1976 aparecieron unas interesantes memorias bajo el significativo título de Mucha suerte con mucho palo.

JORGE ICAZA CORONEL

Jorge Icaza Coronel (Ecuador, 1906-1978) comenzó a escribir novelas muy críticas con respecto a la situación de su país como representante de la novela indigenista. Ocupa un lugar preeminente en la narrativa de las décadas de 1930 y 1940. Completa la serie de novelistas indigenistas. Tras licenciarse en la Universidad Central Quito, fue actor teatral, dramaturgo, librero, afiliado al partido peronista, bibliotecario y sobrevivió trabajando para el departamento de Hacienda de su país. Visitó China, Rusia y Cuba, invitado por Fidel Castro. En 1933, su obra teatral El dictador recibió duras críticas de las autoridades, por lo que comenzó a escribir novelas y, aunque abrió una librería, nunca abandonó su cargo gubernamental.

Obras

Barrio de sierra (1933)

Huasipungo (1934), de huasi (‘casa’) y pungo (‘puerta’, ‘parcela’), tiene fuerza de denuncia social. Pone todo el relato al servicio del partido comunista. Icaza es autor comprometido políticamente. Pinta con crudeza la tragedia de los indios ecuatorianos y denuncia los resultados fatales para la estructura social del país que ocasionan las inversiones extranjeras. La publicación de su primera novela, Huasipungo (1934), hizo que las autoridades ecuatorianas se arrepintieran de haber censurado su anterior obra teatral, pues el libro constituyó no sólo una salvaje crítica a la actitud de los terratenientes respecto de los indígenas, sino que, además, tuvo un enorme éxito de público y fue traducida a varios idiomas. Está considerada como la obra ecuatoriana más famosa y es la novela indigenista por excelencia.

En las calles (1935) es para muchos críticos una obra más equilibrada con lenguaje más escogido. Su tema es lo absurdo de luchar con sacrificio personal para un partido que solo aparentemente es democrático. En un estado regido por el latifundio, el no privilegiado nunca podrá luchar por sus propios interses.

Cholos (1938) trata del problema de los cholos (mestizos de sangre europea e indígena) que se avergüenzan de su origen por parte materna, haredando por parte parte el orgullo y el vicio del hombre blanco, al final nunca tendrán acceso a la clase alta.

El chulla Romero Flores (1958), retrato completo del mestizo transplantado a la ciudad. Por ser pobre y no tan amoral como los funcionario públicos, no llega nunca a poder integrarse en esta nueva sociedad urbana. Demasiado tarde se da cuenta de que huyó del ambiente vital en el que hubiera podido realizarse.

Argumento de Huasipungo

Describe cómo las pequeñas propiedades que los terratenientes entregaban a los indígenas como compensación por su trabajo, les eran robadas más tarde por los mismos terratenientes y, cuando los indios protestaban por el atropello, eran asesinados. La acción es ejemplar: Los americanos descubren yacimientos de petróleo en los Andes. Para explotar estos yacimientos hay que construir carreteras: para ello tienen que expulsar a os indios de sus huasipungos naturales, parcelas que habían recibido de los latifundistas a cambio de servicios personales (caseros, colonos). Los indios que se oponen a ello son exterminados por las tropas del Gobierno; los que aceptan la oferta americana de trabajar en las carreteras mueren víctimas del clima insoportable de la alta montaña. El negocio para los americanos florece con el trío: latifundistas, clero y político corrupto.

La obra cobra un dramatismo terrible por el lenguaje agresivo, irónico y la constelación de los personajes. Por un lado, los que buscan el provecho propio; por otro, la comunidad de indios que ofrenda la individualidad a la pasión colectiva. Toda la obra es una terrible denuncia de la explotación del indio y está escrita en un estilo directo y agresivo.

La crítica despiadada de los abusos del capitalismo y de la explotación de los indígenas hizo que el libro fuera recibido con desagrado por las clases más pudientes de la sociedad ecuatoriana y por la Iglesia, y muchos lo criticaron afirmando que era un libro pobremente construido y escasamente interesante, mientras que otros alabaron la fuerza y la belleza del lenguaje, y su maestría a la hora de describir los ultrajes a los que eran sometidos los pueblos indígenas. De estructura tradicional, utiliza abundante léxico indígena, lo que obliga a leer la obra con ayuda de un vocabulario.

Toda la obra de Icaza se caracteriza por un estilo sobrecargado: los personajes quedan esbozados, más que retratados, y los acontecimientos se desarrollan a gran velocidad. En sus novelas el indio aparece víctima inocente del odio racial y de la codicia. Icaza, escritor de un natural generoso, tiene una concepción extremadamente moral de la vida y en sus novelas lucha con ardor por mejorar la situación de los indios. Su narrativa es sombría, como la tragedia que interpreta. Se echa de menos el paisaje; los comentarios son crudos, las escenas, esquemáticas, de un realismo exasperado que insiste en la nota lúgubre.  Icaza no sabe de moderación, pero su arte conserva un equilibrio fundamental: el sufrimiento, la opresión.