Novela regionalista o de la tierra

(1920-1930)

(Recop.) Justo Fernández López


La novela regionalista o de la tierra (1920-1930)

«Los mayores éxitos de la novela hispanoamericana se dan en las corrientes regionalista y neorrealista. En las primeras décadas del siglo xx los narradores sintieron atracción, más que por la ciudad, por la singularidad y la belleza subyugante, a menudo trágica, de la naturaleza americana.

En los novelistas románticos y en los gauchescos ya se había manifestado esta atracción. La novela realista y la naturalista prestaron atención, además de al hombre, al entorno y la naturaleza que constituían su ámbito vital. En la novela hispanoamericana «de la tierra» puede parecer que el hombre no interesa en cuanto tal, sino en cuanto vive en un mundo natural que acaba por convertirse en protagonista verdadero. La fascinación de la tierra americana no era nada nuevo: los propios cronistas de la conquista habían quedado subyugados por el paisaje, y el hechizo se repite en los novelistas del siglo xx. Al contacto con los elementos, el escritor parece encontrar su veta más auténtica, una fuente inagotable de inspiración que le da la posibilidad de crear una novela con características inconfundibles.

La naturaleza –pampa, selva virgen, río misterioso o caudaloso, desierto interminable lleno de sugestión o reino de desolación– atrae profundamente al escritor y le induce a manifestar sus propias emociones en obras que construyen la epopeya del continente americano. De este modo surge una literatura nueva que es para algunos críticos la única voz realmente original de América, expresión genuina de un mundo que logra, mediante la complejidad de sus elementos, atraer la atención de un numeroso público lector.» [Giuseppe Bellini]

El tema fundamental de la novelística de los años 1920 a 1930 es la Civilización contra la Barbarie, la visión de la naturaleza como fuerza enemiga, pero fascinante, lo telúrico (la influencia del suelo de una comarca sobre sus habitantes). La tierra se convierte en la protagonista principal y refleja en sí misma una humanidad dominada por pasiones primitivas y, no obstante, rica también en valores espirituales, que merece la pena explorar.

El novelista se siente profeta de tiempos nuevos y libertador del atraso cultural. El protagonista de esta novela de la selva, novela de la tierra, es siempre la naturaleza exuberante.

La técnica es, en parte, la del realismo del siglo XIX, pero con gran influencia del modernismo en cuanto al estilo. Modelo ejemplar de esta corriente novelística es el colombiano José Eustaquio Rivera, autor de La Vorágine (1924), la única novela que escribió este colombiano, prototipo de "novela de la selva" y una de las cumbres de la novela criolla y epopeya de la naturaleza tropical.

En sus comienzos la narrativa del siglo xx no hace más que continuar las tendencias del siglo anterior. Varios escritores dan a la luz, a comienzos del xx, algunas de sus obras más importantes. Tendencias como la «novela gauchesca» tienen su prolongación en el siglo xx y parecen encontrar de pronto nueva fuerza en el ámbito del Modernismo.

JOSÉ EUSTASIO RIVERA

José Eustasio Rivera (Colombia, 1888-1928), escritor y político, trabajó como abogado y participó en la fijación de los límites entre Venezuela y Colombia. Esas actividades le permitieron conocer Los Llanos de su país y también la selva tropical, experiencias decisivas para su breve e intensa obra literaria, que se divide en dos vertientes, la poesía y la novela. Su vida aventurera e infeliz transcurrió en buena medida en contacto con la selva virgen.

Desde muy pronto empezó a ser conocido por sus poemas y sonetos. De 1906 a 1909 son “Gloria”, “Triste”, o “Diva, la virgen muerta”. En 1917 se graduó en Derecho y Ciencias Políticas.

Obras

Gloria,

Triste,

Diva, la virgen muerta, poemas y sonetos escritos entre 1906 y 1909.

Tierra de promisión (1921), colección de más de trescientos sonetos, estructurada en tres partes, dedicadas a la selva, las cumbres y los llanos respectivamente, y en la que es evidente una herencia modernista. De su poesía el propio Rivera escribió: “Quizá mi fuente de poesía estaba en el secreto de los bosques intactos, en la caricia de las auras, en el idioma desconocido de las cosas”.

La vorágine (1924) es su obra más representativa y a la que debe su fama.

Argumento de La vorágine

Arturo Cova, su protagonista y narrador, huye con su amante a Los Llanos y luego a la selva, peripecia que permite la descripción y la crítica de las condiciones de vida de quienes habitan en esos espacios. El protagonista pierde a su amante, la persigue a través de la selva amazónica, la vuelve a encontrar, pero al final se pierden los dos y no que “ni rastro de ellos, los devoró la selva”. La selva se convierte en verdadero protagonista: concreción de fuerzas cósmicas o infernales que acosan al hombre hasta devorarlo.

Contra la tradición literaria romántica de idilios bucólicos con la naturaleza, aquí es la naturaleza terrible, devoradora, implacable, como Gran Madre que devora a sus hijos. Es también misteriosa y seductora: “La selva asusta, y oprime, la espesura marea, al intentar huir nos extraviamos. Así muchos caucheros no volvieron a salir nunca”.

La selva es animal, monstruo vivo. A ella se aplcian fuertes metáforas de tipo sexual: es símbolo de potencia aniquiladora, como las tambochas, hormigas carnívoras que arrasan cuanto toca. Pero también los árboles: “Te miran, murmuran algo terrorífico, se hacen señas, no hables, porque las ramas remedan tu voz”. En este ambien asfixiante se desarrolla la lucha del hombre contra la naturaleza para dominarla y extender el ámbito de la civilización.

Pero Rivera parece ser pesimista: “La ferocidad humana multiplica la crueldad de la naturaleza. Insiste en el fatalismo natural: “Ah, selva, esposa del silencio, madre de la soledad. ¿Qué hado maligno me dejó prisionero en tu cárcel verde? El destino implacable me lanzó a las pampas, par que ambulara vagabundo, como los vientos y me extingiera como ellos, sin dejar ruido y desolación”.

Al lado de este fatalismo, hay muchos puntos de crítica social en toda la novela: la situación de los caucheros. Sobresale la denuncia del trato al que se veían sometidos los trabajadores de las caucherías. La voracidad de la naturaleza es incontenible y el hombre sucumbe bajo la milagrosa y siniestra fuerza que ella engendra. Pero no es la naturaleza en sí el fatídico origen de la barbarie, es solo la escenografía hostil, como lo será, en la civilización industrial, lo que Bertolt Brecht llamó “la jungla de las ciudades”.

La violencia del héroe en esta novela viene del código latente: la supervivencia es superios a cualquier sentimiento. Ningún sentimiento es posible si no está vinculado a este de la supervivencia. Arturo Cova, el héroe: “Antes de que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia”. En el fondo, Cova es un héroe romántico (en 1924, la lucha entre el estilo romántico y el modernista no se había definido aún en Colombia).

La violencia le arrebata todo. Hasta el final de la novela, cuando Alicia parece perdida en la “vorágine”, seguirán sonando irreales y arbitrarias las especulaciones de Cova referentes al amor de Alicia. Esta novela presenta la experiencia de la selva, ante la obstinación de un amor, precario en su realidad e imaginario y delirante en su expresión.

Esta narración amorosa describe las tres etapas del amor romántico: Fuga > separación > reencuentro imposible. “No obstante es el hombre civilizado el paladín de la destrucción”: En la selva se han refugiado los marginados sociales, los desechos de la sociedad, los hombres que habitan la selva son los demonios desatados en un infierno mucho más atroz que la naturaleza misma. El crimen pierde su carácter de monstruosidad social, es un instrumento de dominación. El menor asomo de bondad o el más leve intento de redención resultan extravagancias, insensateces sin eco posible. La violencia desencadena un mundo alucinante en el que la naturaleza se hace activa y entra en complicidad con el terror humano.

El raptor Cova empezará a ser el raptado, el burlado por mecanismos sociales que le son extaños. Será víctima, como la servidumbre de las caucherías, de un mecanismo de violencia que lo arrastra hasta que él mismo tiene que ejercer la violencia para sobrevivir. Su refinamiento cultural queda destruido al contacton con la selva y sus habitantes en las caucherías. En un ambiente de enriquecimiento y violencia, la soledad solo tiene salida en irrisorias copulaciones y borracheras. Todo contacto con la civilización queda obstruido en el contacto con la selva, sus ríos profundos y sus fieras (humanas y naturales).

El tema de la situación social de los caucheros y la violencia se complementa con el tema de la soledad del protagonista, su misantropía, desvaríos y vagos sueños (“¿Para qué nos dieron alas en el vacío?”). En este paisaje tropical reina la violencia, la aventura y la pasión desmesurada.

El estilo es a veces de un gran retoricismo grandilocuente por influencia del modernismo (superabundancia de adjetivos): “Las aguas desconocidas de un río recóndito, salvaje, terrible”. Los méricos de esta novela no residen ni en el estilo ni en la trama pueril a veces, sino en la visión épica, en la poesía grandiosa de la naturaleza con la que ha tenido que enfrentarse el hombre americano.

Palpita la presencia de la selva, inmenso infierno verde donde sufre y languidece una humanidad ignorada por el mundo, que deriva fatalmente hacia el crimen y la muerte. Rivera escribe en una especie de delirio romántico: la selva asume un aspecto alucinante, de criatura enferma, en la frontera indefinible de una locura que se contagia a los seres que viven en contacto con ella. Domina la desesperación; todos los protagonistas están espiritual y físicamente enfermos, les asalta una esquizofrenia atormentada e inquietante, la misma que parece dominar la selva. La novela deja en el lector una impresión de profunda angustia. El inmenso mundo verde se convierte en infierno real, poblado únicamente por criaturas decadentes.

Caracteres parecidos se dan en otro representante de esta corriente de narrativa telúrica, el genezolano Rómulo Gallegos, un novelista que ha contribuido a la fama universal de la literatura americana. Así como Rubén Darío fue el primero en hacer universal la poesía americana, Gallegos hizo lo mismo con la novela.

RÓMULO GALLEGOS FREIRE

Rómulo Gallegos Freire (Venezuela, 1884-1969), novelista y político, presidente de la República (1948). De familia humilde, se hizo maestro y ejerció como profesor entre 1912 y 1930. Durante ese periodo, publicó numerosas novelas centradas en la vida de su país. Doña Bárbara (1929), su obra más conocida, describe la infructuosa lucha contra las fuerzas de la tiranía en Venezuela. Las críticas en este novela contra el dictador Juan Vicente Gómez llevaron al autor al exilio en 1931. Tras su regreso, fue nombrado ministro de Educación, pero sus esfuerzos para llevar a cabo una profunda reforma escolar fracasaron, y se le obligó a dimitir.

En 1945 participó en el golpe militar que llevó al poder a Rómulo Betancourt como presidente provisional del país, y él mismo fue elegido presidente de Venezuela, cargo que desempeñó durante menos de un año (febrero-noviembre de 1948), ya que no pudo equilibrar las fuerzas políticas contrarias, y se exilió ese mismo año marchándose a vivir a Cuba y luego a México. Regresó a su país en 1958, donde permaneció hasta su muerte.

Rómulo Gallegos ha interpretado como nadie el complejo espíritu de su país en una serie de novelas que han consolidado su fama de narrador. Su obra literaria está muy ligada a su compromiso político: regeneración nacional. Sus novelas, dentro de la corriente regionalista, se inspiran en la tierra americana y tratan de resolver el conflicto que una naturaleza exuberante y salvaje y la necesidad de hacer de ella una civilización moderna. Pero su estilo no se ciñe al realismo costumbrista del romanticismo tardío, sino que toma toda la riqueza lingüística del modernismo para convertir a su país en una realidad multiforme que traspasa los límites nacionales para hacerse universal.

Obras

Reinaldo Solar (1921), su primera novela, plantea las dificultades del protagonista por armonizar su vida pública y privada. Es una obra significativa aunque no totalmente lograda; revela numerosas influencias, sobre todo de la lectura de Pío Baroja en lo que se refiere a la temática de la abulia y el activismo, con una postura entre Schopenhauer y Nietzsche. El protagonista, Reinaldo, es esencialmente un abúlico con aspiraciones a superhombre, esquizofrénico e inconsistente. La atmósfera del libro es gris, turbia, y revela cierta inmadurez artística.

Los inmigrantes (1922) y

La rebelión (1922), dos novelas cortas que marcan un notable progreso que anticipa claramente las que serán sus mejores obras.

La trepadora (1925) se centra en el tema de la conquista del poder. Muestra una neta desvinculacíón de las influencias; y, si bien no da todavía la medida de las posibilidades del escritor, señala una profunda percepción de la realidad nacional en la captación de las sugestiones naturales del país y en la dimensión dramática que alcanzan los conflictos espirituales.

Doña Bárbara (1929) es su primera gran obra, considerada en su momento como la mejor novela sudamericana. Cuenta el conflicto entre Doña Bárbara, que significa el aspecto salvaje de la naturaleza, y Santos Luzardo, que es la ley, el orden, el futuro, la modernidad. La síntesis surgirá con Marisela, la hija de doña Bárbara que educa Santos Luzardo.

Cantaclaro (1934). Parece como si en esta novela, que carece de trama propiamente dicha, el autor hubiese querido dar rienda suelta a su lirismo, preocupado solamente por interpretar la dimensión interior de su patria. Es la poesía errante, vive de la fascinación del relato, de las supersticiones de los habitantes del llano. Gallegos se deja llevar por acentos íntimos, recogidos, pero sin olvidarse de las miserias y angustias de su pueblo que, al contrario, aparecen cada vez con más insistencia, al tiempo que se ponen de relieve las convicciones políticas y sociales del escritor.

Canaima (1935) alcanza mayor perfección estructural, es más sutilmente poética en cuanto a la compenetración del autor con la naturaleza, con la selva virgen en este caso, obsesionante extensión arbolada que satura las páginas del libro. Al aire libre, al paisaje sin confines del llano venezolano propio de Doña Bárbara, sucede el paisaje denso, desmesurado, rebosante de humores de la selva, encarnación de «Canaima», espíritu del mal, en continua lucha con «Cajuni», espíritu del bien. La selva encarna el espíritu violento, trágicamente destructivo, de los nativos, seres elementales y primitivos, marginados en un mundo que los representa de manera imperfecta. Ríos de aguas fangosas, leonadas, turbias, rojizas, otros de aguas azuladas, depurados por miles de cascadas, convergen en las aguas anónimas del Orinoco que representa, con evidente significado simbólico, la confluencia de las pasiones y los delitos humanos en el único río de la vida. Esta novela también pone el acento en lo social: acusación contra los abusos a que se somete al pueblo venezolano, único representante legítimo de la patria.

Pobre negro (1937), novela en la que se debate el problema racial, en una valiente superación de los prejuicios. La novela es además sumamente importante por otro de los problemas que en ella se tratan: el de la revuelta armada. El mismo tema había sido tratado ya con tonos de tragedia en Cantaclaro; sinpero Pobre negro es la obra que más abiertamente se ocupa del drama de la guerra civil. Gallegos parece ver en el horror de la destrucción la señal del despertar de un pueblo que busca su camino a tientas. La rebelión, que se enfrenta a un estado que no representa a la nación sino solamente a los intereses de la oligarquía, le parece a Gallegos legítima pese a sus dolorosas consecuencias de destrucción material y moral. La revuelta popular ocupa toda la parte final de la novela.

La rebelión (1946), libro de cuentos.

Gallegos sigue una técnica tradicional, con diálogos directos, estructura lineal, capítulos iniciados por epígrafes y demás convenciones de la novela realista. En su prosa está patente la influencia del modernismo.

Argumento de Doña Bárbara

Es una novela de ambiente bárbaro y salvaje, cercano a la épica. En esta novela, la naturaleza sigue siendo la protagonista. Es la novela de Los Llanos venezolanos: extensa región de las sabanas tropicales de Venezuela, Colombia y otros países sudamericanos. Son grandes extensiones de tierras planas, interrumpidas por accidentes menores como ondulaciones, galeras, médanos y mesas. En Venezuela, la región de Los Llanos está situada en el centro del país y está constituida básicamente por la cuenca hidrográfica del río Orinoco.

Doña Bárbara es una novela maestra de descripción realista con elementos impresionistas de gran vivacidad. La emoción poética se desborda en expresiones como: “Ancho llano, inmensidad bravía, ancha tierra buena para el esfuerzo y la hazaña”. El tema es la lucha entre la ciudad y el campo, la ciudad y el llano, y la rutina y el trabajo innovador, la fuerza bruta y la justicia, la barbarie y la civilización.

Los personajes ofrecen una dimensión simbólica fácilmente perceptible hsta en sus nombres: Doña Bárbara es la llanura salvaje; posee la hacienda El Miedo. El protagonista es Lorenzo Luzardo. Al final triunfa la hacienda Altamira sobre la hacienda El Miedo de Doña Bárbara. El yanqui intruso es Pernalete (cacique); su secretaria cobarde y débil es Mujiquita. La joven Marisela es la personificación del alma de la raza, abierta como el paisaje a toda acción mejoradora.

Todo esto que que aumenta la dimensión social de la obra, la perjudica literariamente, al ser la trama ingenua y los personajes esquemáticos. Pero es grandiosa la descripción de “los trabajos y los días” en Los Llanos venezolanos. El esfuerzo creador del hombre contra el destructor de la naturaleza. Esta es, por otra parte, como en La vorágine, algo seductor: “Es la vida grande y fuerte de los grandes ríos, por donde el hombre va siempre cantando ante el peligro. Es la epopeya misma”.

La novela acaba optimista con la confianza en el trabajo civilizador del hombre: “Llanura venezolana, propicia para el esfuerzo como lo fue para la hazaña, tierra de horizontes abiertos donde una raza buena ama, sufre y espera”.

Se trata de una novela didáctica: Gallegos presenta la situación de Venezuela y la posibilidad de mejoramiento mediante la educación. En Doña Bárbara el conflicto se desarrolla entre civilización y barbarie: en ella está ampliamente expresada la ideología del escritor, partidario de una justicia plena, de una civilización que se imponga a los privilegios, del gobierno, del ejército y del clero y que tenga en cuenta el verdadero componente humano del país. La naturaleza, imponente, sugestiva por su lujuria y sensualidad, pero también por la pureza de su luz espiritual, se encarna en Bárbara, símbolo de la violencia; la civilización tiene su campeón en Santos, el «doctor" al que la ciudad ha civilizado, haciéndolo partidario de la justicia contra la arbitrariedad. En la novela queda definida la posición del autor ante la condición de su país.

El mismo tema telúrico continúa en la novela gauchesca de Ricardo Güiraldes con su novela cumbre Don Segundo Sombra.

RICARDO GÜIRALDES

Ricardo Güiraldes (Argentina, 1886-1927), escritor de actitud cosmopolita que, sin embargo, exaltó los amplios espacios argentinos y elogió la vida de los gauchos. Nació en Buenos Aires en el seno de una familia patricia y adinerada, lo que le permitió viajar con frecuencia a Europa y adquirir un espíritu cosmopolita. Contribuyó a la formación de núcleos juveniles y en sus últimos años recibió la influencia del hinduismo oriental y evolucionó hacia formas más espirituales.

Obras

El cencerro de cristal (1915), libro de versos que lo vincula con las experiencias de Vicente Huidobro y Oliverio Girondo.

Cuentos de muerte y de sangre (1917)

Raucho (1917), su primera novela en la que ya aparece su binomio de entusiasmo por lo cosmopolita –Raucho se enamora de París– y su fascinación por la tierra americana, pues el protagonista regresa a la Pampa. Se trata de una obra de escaso valor, basada en el tema del choque entre la sensibilidad original del hombre del campo y la vida mecánica en la ciudad, de horizontes limitados. En la vuelta del protagonista a la Pampa, desilusionado de su estancia en Buenos Aires y París, se encuentra el primer atisbo de la figura de Don Segundo Sombra. El elemento autobiográfico domina el libro.

Rosaura (1922), novela corta en la que se percibe el mismo hálito viajero y cosmopolita. De atmósfera sencilla y melancólica, en sus tonos poéticos revela lecturas de Laforgue, Baudelaire, Flaubert y Villiers de L’Isle-Adam.

Xaimaca (1923), una novela epistolar que le sirve para contar el viaje que realizó a Cuba y Jamaica. Es un diario de un viaje sentimental escrito en prosa poética, última etapa antes de su obra maestra.

Don Segundo Sombra (1926), es su obra más famosa, una novela señera para su época.

En sus últimos textos domina su orientación hacia inquietudes espirituales, místicas, teosóficas e hinduistas, como lo acreditan los textos publicados después de su muerte:

Poemas solitarios (1928)

Poemas místicos (1928)

El sendero. Notas sobre mi evolución espiritualista en vista de un futuro (1932), en el que da testimonio de sus lecturas e ideas.

Como poeta, Güiraldes publicó una sola colección de versos, El cencerro de cristal (1925). En ella se nota la influencia de la poesía francesa contemporánea pero también el anuncio de las corrientes vanguardistas que más tarde triunfarán en la Argentina, sobre todo el Ultraísmo.

Argumento de Don Segundo Sombra

La novela narra la iniciación de un joven bastardo a manos del último gaucho, todo ello mezclado con descripciones de la vida campesina, relatos tradicionales y descripciones de la naturaleza que la imbrican en el regionalismo americano.

Don Segundo Sombra es un gaucho real como Fierro (de Hernández). Fierro es un hombre de mala fama y de buen corazón, Don Segundo es un gaucho sentencioso y silencioso. Mientras el Fierro es alegato poético social, Don Segundo es un mensaje artístico. Ya no es el héroe el gaucho de mala fama y bueno de corazon, víctima de la injusticia, sino el gaucho bueno, medio vencido y nostálgico héroe de la raza que va desapareciendo con la modernidad argentina.

Don Segundo es una obra universal, como el Quijote, es el Quijote de las Pampas: bueno, sencillo, noblote y sobrio. Tiene un ideal social, pero velado por el buen gusto: colaboración de clases y razas para formar una patria estable.

Si Hernández es un político resentido que vive en tiempos violentos de injusticia, Güiraldes es un poeta nostálgico y universal. Su obra es síntesis de lo criollo y de lo humano universal, de lo ral y lo lírico, de lo popular folclórico y lo artístico. En el país inmenso argentino, la sombra del gaucho es la memoria del hombre. El gaucho viril, recio, oscuro, elocuente, dramático y natural.

Sarmiento presenta al gaucho como encarnación de la barbarie, Hernández defienda la barbarie contra la civilización injusta. Güiraldes hace del gaucho una figura humana universal, sin dejar de ser el prototipo de lo argentino. En Don Segundo Sombra, la Pampa también se trata al gaucho, pero no lo doma, como la selva o la Llanura venezolana, ni el gaucho está indefenso frente a la naturaleza.

El héroe de Güiraldes tiene mucha herencia española: el hombre fuerte y recio frente a un mundo más poderoso que su voluntad. Se parece más al Cid o al Quijote que a los demás héroes de la novelas naturalista telúricas americanas. El personaje legendario de Güiraldes se convierte en arquetipo americano. Güiraldes abre una tradición literaria que abandona el complejo culturalista de mimetismo europeo y el localismo criollista o indigenista.

Esta obra es una de las más importantes de la literatura argentina y su publicación fue acogida con euforia por todos los sectores sociales e intelectuales. Como hecho sociológico no deja de ser sorprendente que liberales, conservadores, nacionalistas y radicales la aplaudieran. Incluso en un momento en que Argentina se está modernizando, Güiraldes se adentra en el mundo rural. El éxito residió precisamente en este aparente ir contra corriente: a través de un nacionalismo sutil, lo que hacía era recuperar el pasado, “el alma argentina” por medio de una prosa poética, rica en imágenes y muy novedosa:

«La silueta reducida de mi padrino apareció en la lomada. Pensé que era muy pronto. Sin embargo, era él, lo sentía porque a pesar de la distancia no estaba lejos. Mi vista se ceñía enérgicamente sobre aquel pequeño movimiento en la pampa somnolienta. Ya iba a llegar a lo alto del camino y desaparecer. Se fue reduciendo como si lo cortaran de abajo en repetidos tajos. Sobre el punto negro del chambergo, mis ojos se aferraron con afán de hacer perdurar aquel rasgo».

En Don Segundo Sombra (1926) la pampa argentina y los hombres que la habitan viven idealizados por el recuerdo, contemplados a través del velo de melancolía con que se observan las sombras de las cosas desaparecidas definitivamente. Es una obra rica en acentos humanos, escrita en un estilo casi siempre de lograda poesía. La tierra argentina adquiere tonalidades íntimas como no había sabido dárselas ningún escritor hasta entonces.

Los panoramas nostálgicos se prodigan a lo largo de toda la novela sirviendo de fondo al protagonista, figura gauchesca idealizada que se agranda página tras página. En la interminable pampa vive su amor por la tierra, por la vida libre, a la intemperie, una vida a la que no sabe renunciar ni siquiera ante la perspectiva del bienestar material.

A partir de Don Segundo Sombra la novela gauchesca no necesita más ejemplos; ya no habrá nadie capaz de igualar su atmósfera, a la vez recogida e intensamente épica.

BENITO LYNCH

Benito Lynch (Argentina, 1885-1951), escritor, nacido en La Plata, que fue, después de Güiraldes, el más importante representante del criollismo. Desde niño vivió en una estancia, lo que le permitió un conocimiento cabal de la vida de los gauchos sedentarios, de las estancias y sus dueños, de la valoración concedida al gringo y el desprecio al nativo.

Obras

Los caranchos de la Florida (1916-1919)

Raqueta (1918)

El inglés de los güesos (1922), en la que aplica su experiencia en el mundo de los gauchos. Juzga a la civilización urbana representada por el personaje Mr. James. Lynch toma partido por el mundo primitivo a través del personaje la Negra y sostiene que sólo los seres sencillos son capaces de amar verdaderamente, contrariamente a la civilización urbana que obstaculiza la felicidad.

Romance de un gaucho (1930). Lynch introdujo en la novela gauchesca una bocanada de aire nuevo, la serenidad en sus descripciones de la vida del campo, tranquilas, mesuradas y sin estridencias. En sus páginas el gaucho responde a lo que había sido su figura en la realidad.

ARTURO USLAR PIETRI

Arturo Uslar Pietri (Venezuela, 1906-2001), novelista cuyo interés por su país queda claramente reflejado en su obra narrativa y en su actividad política. Doctor en Ciencias Políticas en 1929, fue ministro de Educación (1939-1941); secretario de la Presidencia de la República (1941-1943); ministro de Hacienda (1943); ministro de Relaciones Interiores (1945).

Con el derrocamiento del presidente Medina fue encarcelado y desterrado a Estados Unidos. A su regreso a Venezuela, en 1958, de nuevo fue detenido por el dictador Pérez Jiménez. Era miembro numerario de diversas Academias, como la de la Lengua, y obtuvo importantes galardones, entre ellos, el Premio Nacional de su país en 1954 y el Príncipe de Asturias de las Letras en 1990.

Uslar Pietri ha obtenido gran fama con novelas en las que se vale de la historia para estudiar formas llenas de plenitud de la vida real, como afirmó él mismo.

Obras

Las lanzas coloradas (1931) es una novela histórica. Con el fondo de la guerra de independencia de Venezuela, describe los acontecimientos de ese periodo a través de las experiencias de un propietario agrícola simpatizante de Simón Bolívar y de un capataz que apoya la causa de los españoles. Presenta el inquieto panorama venezolano, los conflictos provocados por la soldadesca durante la guerra civil; es una novela de protesta que, en algunos aspectos, puede considerarse próxima a Pobre negro de Gallegos, si bien esta, posterior a la de Uslar Pietri, es menos segura en cuanto a su estructura. El rechazo del autor venezolano a transmitir mensajes sencillos y a estructurar su obra con fines didácticos, la hace poco convencional.

El camino de El Dorado (1948) recrea, con cierto tono romántico, la época de Pedro de Ursúa, el momento de las grandes empresas de la conquista española, con sugestivas intervenciones del paisaje. Con una vigorosa y variada paleta, abierto a la fascinación de la naturaleza, Uslar Pietri crea escenarios convincentes y sugestivos, situaciones de intensa emoción, de las que se alimentan también sus relatos reunidos en varios volúmenes:

Treinta hombres y sus sombras (1949), colección de relatos breves.

Un retrato en la geografía (1962), es un original retrato de la sociedad venezolana que consigue transmitir al lector la alienación humana a través de las impresiones que un prisionero político recién liberado va haciendo del nuevo paisaje social que encuentra a su salida de la cárcel.

Oficio de difuntos (1976), inquietante «mural» de la dictadura de Páez y después la de Gómez. Época en la que «Toda esquina, toda casa, era antesala de la cárcel», narrada con activa participación en las vicisitudes humanas de Venezuela.