JUAN CARLOS ONETTI

(Recop.) Justo Fernández López

 

SEMBLANZA

Juan Carlos Onetti (Uruguay, 1909-1994), novelista, galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1963 y el Premio Cervantes en 1980. Además de escribir narrativa, ha contribuido con numerosas e interesantes obras a la crítica literaria.

Nació en Montevideo, no pudo terminar los estudios secundarios por una huelga general y comenzó a trabajar en diferentes empleos. En 1930 se casó se marcharon a vivir a Buenos Aires, donde publicó algunas críticas cinematográficas.

En 1934 regresó a Montevideo, donde se casó en segundas nupcias con la hermana de su primera esposa. En 1935 La Nación de Buenos Aires publicó los cuentos El obstáculo y El posible Baldi. En 1939 fue nombrado secretario de redacción del prestigioso semanario Marcha, en donde publicó semanalmente una columna literaria hasta 1941.

Después de publicar su primera novela, El pozo (1939), cifra de toda su obra posterior, desempeñó una gran variedad de trabajos en la Universidad en Buenos Aires.

En 1974, cuando se instauró la dictadura militar, fue encarcelado entre los meses de enero y mayo. Este hecho transformó su vida, y a la salida de la cárcel marchó al exilió en España, donde vivió hasta su muerte.

obra

El tema unificador de toda su obra es la corrupción de la sociedad, sus efectos sobre el individuo y las dificultades para encontrar una respuesta adecuada a ella. Dos grandes escritores, el mexicano Carlos Fuentes y el peruano Mario Vargas Llosa, le consideran el iniciador de la novela contemporánea latinoamericana.

El tema único de Onetti es el del hombre que persigue una ilusión a sabiendas de que lo es y que además es absurda. A Onetti se le considera el escritor de la angustia, con claras influencias de Dostoievski, Conrad, Faulkner e incluso Roberto Arlt. Su lenguaje es opaco, denso e indirecto. Con estos antecedentes crea un mundo propio con unos personajes que retoma una y otra vez siempre empeñados en proyectos sin sentido.

El estilo de Ontti se estira como una madeja, frase alargada que nos va envolviendo como un pulpo gigante.

La obra literaria de Onetti, fuera de su poderosa originalidad, debe mucho a dos raíces distintas. La primera nace en su admiración por la obra de William Faulkner. Como él, crea un mundo autónomo, cuyo centro es la inexistente ciudad de Santa María. La segunda raíz es el existencialismo: una angustia profunda se encuentra enterrada en cada uno de sus escritos, siempre íntimos y desesperanzados. El ciclo de Santa María empieza en 1950, cuando aparece La vida breve, que junto con El astillero y Juntacadáveres conforman una suerte de trilogía.

NARRATIVA

Tiempo de abrazar (1933) precedió a El pozo, que es la obra emblemática que marcó la producción literaria de Onetti. Tenía 24 años y ya insinuaba una personalidad desencantada y en conflicto con un mundo azotado por el flagelo de la banalidad.

El personaje de esta historia es un joven que intenta sobrevivir en un entorno que casi siempre le resulta ajeno y asfixiante. En ese contexto, la búsqueda del amor representa lo realmente perdurable en contraste con lo efímero. La primera reflexión del personaje anticipa un temperamento independiente y divorciado de convencionalismos, cuando observa a un profesor ya anciano, quebrado y desgastado por el tiempo y una rutina exasperante. Percibe a ese hombre desahuciado y quizás hasta en los umbrales de la muerte, como el símbolo de una sociedad que rechaza por su resignación e inmovilismo. Aunque el relato está poblado de una auténtica multitud de agonistas, todo es casi una suerte de soliloquio en voz baja del protagonista, que lucha contra sus propios fantasmas, dudas y desencantos.

El pozo (1939), novela escrita durante un fin de semana en el que Onetti se quedó sin tabaco, la novela es un diario en el que su protagonista, Eladio Linacero, vuelca su escepticismo por la existencia y la vida en general, y la evade a partir de un sueño recurrente que tuvo la madre a partir de un recuerdo de adolescencia. El narrador queda efectivamente separado de su ambiente corrupto y predominantemente burocrático por una generalizada incapacidad de comunicación. En esta novela corta ya se prefigura el tema que retomaría y desarrollaría más profundamente en La vida breve, donde el protagonista crea la ciudad ficticia de Santa María.

Tierra de nadie (1941) obtuvo el segundo premio en el concurso Ricardo Guiraldes. Presenta de nuevo el depresivo y pesimista retrato del paisaje urbano. Es una historia de una dureza sin concesiones y de escritura contundente, en la cual el medio urbano asume casi tanto protagonismo como los propios personajes. Esa sensación de mutua asimilación es como si se devoraran entre sí y formaran un mismo objeto inescindible.

Este es precisamente el primer relato en el que aparece Larsen, una criatura literaria nacida de la pluma de Onetti, que será una presencia recurrente en otros títulos posteriores, como "El astillero" y "Juntacadáveres", ambos publicados durante la década del sesenta.

La novela, que es indispensable para un más profundo conocimiento de la producción del autor, fue gestada y publicada durante una guerra que consumía dramáticamente a Europa, circunstancia que seguramente influyó, en forma determinante, en el ánimo del novelista.

Para esta noche (1943). Partiendo de un hecho real, que le narraron dos anarquistas que lograron huir de la España franquista, Onetti construye una historia tensa en la que un hombre y una niña deben escapar juntos a través de una ciudad extraña. En su huida de la represión, pesan los muertos que se van acumulando en su conciencia. Es una novela que hilvana con maestría situaciones y personajes verídicos en una trama atravesada por elementos fantásticos.

La noche es real y alegórica, es el tiempo en el que todo termina. En un mundo kafkiano, los personajes vuelven una y otra vez sobre sus pasos, trayendo consigo el dolor y el mal. La historia se cuela por las hendijas: la guerra Civil Española, el peronismo. Una épica que Onetti codifica con lenguaje policial, en la tradición de Arlt y empleando la maestría técnica de Faulkner.

En el primer prólogo, el autor declara: “En 1942 la necesidad de participar en dolores, angustias y heroísmos ajenos es pues un cínico intento de liberación”. El primer título de la novela, El perro del día, era demasiado irritante. Por ello optó por el nombre de una sección de Crítica.

La casa en la arena (1949), publicada en La Nación, es un relato, donde aparece por primera vez Santa María, la ciudad mítica creada por Onetti.

«Cuando Díaz Grey aceptó con indiferencia haber quedado solo, inició el juego de reconocerse en el único recuerdo que quiso permanecer en él, cambiante, ya sin fecha. Veía las imágenes del recuerdo y se veía a sí mismo al transportarlo y corregirlo para evitar que muriera, reparando los desgastes de cada despertar, sosteniéndolo con imprevistas invenciones, mientras apoyaba la cabeza en la ventana del consultorio, mientras se quitaba la túnica al anochecer, mientras se aburría sonriente en las veladas del bar del hotel. Su vida, él mismo, no era ya más que aquel recuerdo, el único digno de evocación y de correcciones, de que fuera falsificado, una y otra vez, su sentido.»

Así comienza "La Casa en la Arena", con el relato de un recuerdo. Díaz Grey, médico cuarentón y provinciano, coleccionista de perfumes femeninos, es el personaje central del cuento y el que decide compartir este valioso recuerdo con Juan Carlos Onetti; arriesgándose a "que fuera falsificado, una y otra vez, su sentido." Por supuesto que Onetti, a su vez, ejerciendo su oficio de escritor compartirá este recuerdo con sus lectores y los invitará, casi con indiferencia, como si realmente no le perteneciera, a ponerlo en duda.

La vida breve (1950) es su obra maestra y fue considerada por el autor como su mejor novela. Es quizá su libro más famoso, también está ambientada en la imaginaria ciudad de Santa María; en esa obra la respuesta del protagonista a su presente consiste en imaginarse a sí mismo como otra persona.

La acción se desarrolla, básicamente, entre Buenos Aires y la mítica Santa María –ciudad ficticia y casi onírica, que es creada en esta novela y en la que transcurren, también, "El astillero" (1961) "Juntacadáveres" (1964) y gran parte de su narrativa.

El protagonista, José María Brausen, está casado con Gertrudis. Su insatisfacción sentimental constituye su primera vida; su segunda vida es la de la oficina en que trabaja; su tercera vida es la relación con una prostituta.

Brausen es publicista que trabaja en la firma McLeod junto a su mejor amigo Stein, es encargado a escribir un guión cinematográfico. En dicho contexto va creando al doctor Díaz Grey, residente de Santa María. Paralelo a esto, Brausen descubre un alter-ego siniestro: el bandido Arce, narcotraficante y cómplice en el asesinato de la Queca; una prostituta que vive en el departamento contiguo y de la cual Arce (Brausen) suele aprovecharse. A medida que avanza el relato comienza a operar el mecanismo clásico del boom latinoamericano: las constantes invasiones de lo literario en la “realidad”. Para dicho cometido, Onetti se vale de la imposibilidad, por parte de Brausen, de asumir su realidad: compartir el lecho con una mujer que no ama y ser despedido de su trabajo, luego Brausen inventa los “escapes” de la realidad: Diaz Grey, Elena, Arce. Los personajes inventados por Brausen pueden ser interpretados como diversas metáforas de su realidad, Diaz Grey representa la tranquilidad, bondad y, en cierta medida, la inocencia, además de ese sueño inalcanzable de tranquilidad para un ser urbano y acosado por la modernidad como lo es Brausen. Arce, por el contrario, representa el lado oscuro siempre reprimido: la perversión, corrupción y, aunque matizado por cierta piedad hacia Ernesto (el asesino material de la Queca), termina por conformar la idea del mal. Arce es el anverso de Díaz Grey, ambos operan como contrapesos en el derrotero de Brausen, que pasa a transformarse en una figura nominal de su propia vida. Agazapado entre los personajes de la novela se encuentra el mismo autor, propietario del apartamento que alquila a Brausen. Onetti se describe a sí mismo como un ser huraño, sarcástico y silencioso.

Tema: «La gente cree que está condenadao a una vida, hasta la muerte; pero solo está condenada a una manera de ser. Se puede vivir muchas veces, muchas vidas más o menos largas.»

El tono general: La desolación terrible y “la seguridad de que no hay en ninguna parte una mujer, un amigo, una casa, ni siquiera un vicio que puedan hacerme feliz”. El hombre está condenado a la soldiad: “El esfuerzo humano es inútil... es hombre se afana por nada”, lo que recuerda a la famosa definición de Sartre: “el hombre es una pasión inútil”.

Los adioses (1954) es una novela sobre los poderes múltiples de la escritura. Un hombre llega a una localidad de montaña a la que acuden a curarse los tuberculosos. De manera firme se niega a asumir esa vida de sanatorio que impregna de esperanza toda la ciudad. Su única ocupación son las dos cartas que recibe con regularidad y que le sirven de contacto con el mundo exterior.

Para una tumba sin nombre (1959). Jorge Malabia está a punto de atravesar la difícil frontera que separa la juventud del mundo adulto. Consciente de la mediocridad de la sociedad y del alto precio que tendrá que pagar por ingresar en sus filas, Malabia se resiste con todas sus fuerzas a aceptar las convenciones. Sin embargo, sus ideales de justicia se verán ensombrecidos por su relación con Rita, una mujer madura y desamparada con la que ejercerá un velado proxenetismo. Obsesionada con el sexo y temerosa de perder su poder de seducción sobre los hombres, Rita será incapaz de apartarse de su verdugo.

La cara de la desgracia (1960). El cuento empieza con un atardecer de un verano en que el narrador estuvo en mangas de camisa apoyado en la baranda del hotel, contemplando un camino de arena entre los arbustos que une la carretera y la playa con el caserío. De repente sale paseando una muchacha delgada en bicicleta que él mismo no deja de mirarla. Ella se para y le devuelve la mirada con calma y atención. Después de que el narrador la mirara un buen rato, y que la muchacha se fuera, se dio cuenta de que la había visto antes, como si la conociera de algo.

La situación narrativa de este relato se estructura a partir de la lógica de la memoria, atada a la imposibilidad de reconstruir el pasado, y es ella la que determina la construcción de un mundo donde la ambigüedad privilegia los diversos niveles del relato: la evocación del recuerdo, la confesión, la ruptura del tiempo y la configuración simbólica de los espacios.

Jacob y el otro (1961). En esta breve novela nos encontramos con dos personajes inolvidables: el protector Orsini que ejerce de figura paternal protegiendo en todo momento al campeón Jacob; el momento en que le canta la nana para que descanse es sublime. Y el propio Jacob, esa figura agigantada donde el musculo de antaño a ha dejado paso a las carnes colgantes y a la grasa. Orsini miente y manipula a Jacob primero en su propio beneficio, pero también por amor hacía él; le da pena verlo envejecer y rememora siempre que puede sus tardes de gloria. Sueña, aunque sabe que no va a pasar, con esa llamada para ofrecerle un combate en condiciones a su pupilo.

El astillero (1961). En esta novela, Onetti regresa al tema del caos producido en Uruguay por una desmesurada burocracia.

«Onetti nos relata en esta novela la decadencia y muerte de Junta Larsen, apodado “Junta cadáveres”. La historia comienza cinco años después de que este individuo fuera expulsado de Santa María por el gobernador. Él es un hombre en sus cuarenta, de elegancia forzada y un pasado turbio que se irá dibujando en el transcurso de la novela. Larsen llega con ambición a radicar a Puerto Astillero y pide trabajo como gerente general en el astillero del lugar, propiedad de Jeremías Petrus. Al mismo tiempo, el taimado Larsen corteja a la hija de su patrón, una mujer hermosa, en la treintena, con retraso mental.

Interés hay detrás de la actitud de Larsen, pues espera heredar, al casarse con la única hija de Petrus, la fortuna del dueño del astillero; sin embargo, los hechos desmienten las pretensiones del hombre, pues encuentra la empresa naval arruinada, apenas habitada por dos empleados más, aparte del dueño mismo: Gálvez, el director administrativo, y Kunz, el director técnico. Gálvez, un hombre de edad indefinida, cínico y desparpajado, tiene en su poder una prueba que puede hundir a Jeremías Petrus: una acción de la compañía, falsificada, que en su momento mandó hacer el anciano dueño para capitalizar a la empresa.

Larsen comienza a intimar, y a ganarse la condescendencia (nunca la confianza), de sus dos compañeros, y de la esposa de Gálvez, una mujer encinta con la que el director administrativo vive en una covacha miserable. Este revela a Junta cadáveres, paulatinamente, algunos de sus secretos, como las ventas de activos (máquinas viejas, deshechos metálicos) que él y Kunz realizan para sobrevivir —ninguno ha cobrado sueldo, aunque la nómina lo registra, desde mucho tiempo atrás— y la existencia del certificado falso, que Gálvez guarda celosamente, esperando el momento de usarla para destruir a Petrus.

En un viaje de negocios, el anciano y Larsen se encuentran en Santa María, y el segundo le revela la existencia de la prueba inculpatoria. Petrus, un viejo senil, que vive de fantasías y promesas de futuras glorias para el negocio, le da a su prospecto a yerno la consigna de conseguir el certificado. Larsen, antiguo explotador de mujeres y dueño de un encanto persuasivo y patético, intenta conquistar a la mujer de Gálvez para conseguir el certificado. Cuando lo logra, la esposa del segundo le revela que esa misma tarde el director administrativo salió con rumbo a Santa María con la intención de hacer la denuncia. Petrus es encarcelado, y Larsen lo visita en la cárcel, donde escucha por última vez los desvaríos y esperanzas del viejo, quien le pinta un futuro próspero para el astillero y para ellos. Junta cadáveres regresa solo para seducir a la gobernata de Angélica Inés, y regresa a Santa Rosa. El final plantea la muerte de Larsen en Rosario, una semana después de su huida, víctima de la pulmonía, consecuencia de estar expuesto al frío del invierno Argentino.

El Astillero es un mundo kafkiano, lleno de ruinas, en el que las palabras no significan nada, los rótulos de las calles no indican nada. El personaje central se encuentra contratado en un astillero, tiene un puesto de trabajo importante en el que nada tiene que hacer, recibe un sueldo excelente que solo tiene realidad en los libros del contable. Lo demás es ruina, decadencia, fatalismo. “Es esencial y necesario hacer algo, cualquier cosa, una cosa detrás de la otra, sin sentido, aunque no sepa para qué sirve. Al final algo incomprensible, tal vez inútil para otro, ha sido cumplido por mi mediación” (paralelo con Carpentier).

La prosa de Onetti remite al lector a una atmósfera oscura, decadente, tan corroída como los restos del astillero de Petrus. Sus trucos narrativos no hacen sino acentuar esta pesadez, la desesperanza de un lugar extinto, muerto, y de unos personajes que caminan pesadamente hacia su debacle.» [Omar Delgado]

Juntacadáveres (1964) trata de la prostitución y la pérdida de la inocencia. Larsen quiere instalar un prostíbulo en Santa María, este es el proyecto de su vida, su ilusión, su venganza. Este proyecto irrumpe en la vida rutinaria de la localidad y provoca las reacciones: joven puro, Jorge; Marcos, fanático y brutal; Julita, de turbio erotismo; Bergner, cura puritano; doctor Díaz-Grey, escéptico observador de la hipocresía humana. La cruzada contra el prostíbulo simboliza lo absurdo de las relaciones humanas.

«De entre los muchos escritores latinoamericanos que recurrieron a las técnicas de Faulkner, uno de los más destacados en el uso de la cronología fragmentada fue Juan Carlos Onetti. Juntacadáveres alude al sobrenombre dado a Larsen, su protagonista, a la vista de su empeño en reunir prostitutas en decadencia, es una pieza más en la gran novela que Onetti dedica a Santa María, su territorio mítico, mundo angustiado en el que muchos quisieron ver una alegoría del Uruguay del escritor. Dos son las principales anécdotas que se nos refieren en Juntacadáveres: las tribulaciones de Larsen para crear un burdel en perfecto en Santa María y las desdichas de Julia en el amor. Así, se nos remite a una acción previa a algunas de las narradas en anteriores títulos del ciclo –La vida breve, Para una tumba sin nombre, y El astillero– estableciendo un juego que seduce poderosamente al lector.» [Javier Memba]

«Los hechos sobre los cuales se forja la historia se van plasmando con gran introspección, de manera tal que las íntimas emociones, las experiencias, los gestos, la más nimia conducta de cada uno de esos seres condenados al fracaso (“al terrible acabamiento”), que desfilan por las páginas del libro, son descritos con la precisión de un observador amante de la crueldad psicológica, meticuloso hasta la obsesión por mostrar la bajeza de la condición humana, su futilidad y su connatural abyección. Onetti con una maestría indiscutible, hace del sencillo acto de la instalación de un prostíbulo en Santa María, un mecanismo capaz de exponernos la derrota inevitable de Larsen o Juntacadáveres y la doble faz de Díaz Grey, Barthé, Marcos y el cura Bergner,  como una evidencia pesimista de que el móvil último de cualquier interés humano es el beneficio de sí mismo, el placer propio, las propias convicciones, sin importar para nada los demás. Juntacadáveres es un profundo espejo donde desfilan las soledades existenciales, las muertes progresivas, las desilusiones, las vejeces compartidas en la derrota, las bellezas marchitas, las desesperanzas: Eso es lo que se lee al seguir la historia de Larsen, al contemplar la adolescencia incomprendida y aislada de Jorge Malabia, al conocer íntimamente el “acabamiento” de María Bonita, al despreciar la banalidad de sus amigas, al adentrarnos en la patética locura de Julita Bergner que termina en el suicidio. Están también las morales de fachada, los credos venidos a menos que a diario vemos proliferar hoy día; representados de manera dramática y humorística por el párroco de Santa María y sus feligreses, por las muchachas de la Acción Cooperadora y los miembros de la Liga de Caballeros, todos ellos personajes que traslucen la perfidia, la envidia, la falsedad y la ignorancia. – Me ha marcado tanto esta novela, porque quizá soy tan pesimista como Juan Carlos Onetti, tal vez he perdido con igual contundencia mi fe en el género humano y descreo de la bondad de la gran mayoría de los individuos que me rodean, me mueven fatigas similares a las del Uruguayo, al observar mi sociedad en decadencia, la proliferación de la inmundicia y la trivialidad; porque quizá me hundo como todos, en un naufragio inevitable en el mundo, o al menos en lo que nos resta de él.» [William Fernando Lucero Portilla]

La muerte y la niña (1973) y La Novia Robada (1968) son dos capítulos de la vida de Santa María; dos cuentos atravesados tanto por recurrencias temáticas –la incomunicación, la hipocresía, la falsa moralidad-, como por un estilo narrativo poético, contundente y lleno de un humor tan irónico como sutil. En estas páginas por las que circulan personajes tan perfectamente dibujados como el médico Díaz Grey o el padre Bergner, el lector no puede por menos que asistir a una nueva forma de relación espacio-tiempo; el tiempo que es la fuerza que traza cada espacio de Santa María, parece quedar preso dentro de sus propios límites: “el tiempo no existe por sí mismo –dice Onetti– es hijo del movimiento”, y el tiempo se vuelve espacio en estos cuentos.

Dejemos hablar al viento (1979) es una novela divida en dos partes y compuesta de XLI capítulos. La primera parte se desarrolla en Lavanda, y la segunda, en Santa María. Para leer sin dificultad esta novela hay que haber leído las novelas precedentes a esta saga. Aunque al final ocurran sucesos policiales y aunque Medina sea comisario, no podemos catalogar a esta novela como policíaca porque va mucho más allá: es la representación vanguardista de una Latinoamérica miserable sumida en la basura y víctima de lo extranjero. El final de esta novela es la explicación del título: después del asesinato, después de que todo quedó claro, Olga hace el amor con Medina, mientras esperan a Santa Rosa, un viento muy fuerte que viene: el viento de la soledad, del cambio, de las cosas nuevas para Santa María, para Latinoamérica.

«Es la historia del fracaso de un hombre en tres diferentes circunstancias: como médico, como pintor y como comisario de un pueblo de ficción llamado Santa María. Pero es algo más que eso, yo diría que: Medina es la representación del fracaso del hombre y que ésta es la novela de la incomunicación y el desamor. Medina, como el Harry Haller de Hermann Hesse, se siente desvinculado del grupo humano y esto le hace contemplar a las personas desde una óptica exterior: las desnuda, observa sus gestos, radiografía sus actitudes, siempre desde el prisma de la desconfianza. Esto no le hace mejor ni peor que el resto de los personajes, pero, sin embargo, la penetrante lucidez de que da muestra, para profundizar en la deshumanización y el vacío de nuestra época, lo convierte en un símbolo del hombre actual. La incomunicación y la traición aparecen como una constante, y en contraposición obligada, la soledad y la desconfianza.» (Maria Teresa Vallejo)

Cuando entonces (1987). Con la perspectiva que otorga un ciclo ya cumplido observamos que esta novela es un acorde más de un mundo coherente donde se respira una atmósfera y un estilo narrativo similar al que se observa en El Pozo del año 1939 que da inicio a este singular mundo onettiano. Mundo que tiene sus recurrencias y aquí, como en tantas otras obras, la atmósfera es nocturna.

Ocurre en un cabaret-prostíbulo; Santa Rosa con su amenazante tronar se anuncia al comienzo de la novela; el personaje femenino eje de la historia es Magdalena, una prostituta, y los personajes, como es habitual, son seres solitarios y melancólicos. La soledad es aquí también una soledad sin salida, sin voluntad de salida y por lo tanto carece de sentido todo tipo de lucha en beneficio de algo.

Cuando ya no importe (1993) es el diario de un ingeniero al servicio de una compañía extranjera tras la que se solapa una red de contrabandistas. Otra vuelta de tuerca en ese empeño de Onetti por narrar la “absurda aventura que significa el paso de la gente por la tierra”.

Cuentos

Un sueño realizado y otros cuentos (1951), obra publicada con prólogo de Mario Benedetti.

El infierno tan temido y otros cuentos (1962)

Tan triste como ella y otros cuentos (1963). Es una recopilación de cuentos, centrados en una serie de personajes situados en la ficticia ciudad de Santa María, trasunto de un Montevideo de mitad de siglo. Son historias en que se repite la temática de la desesperanza, de los personajes estrambóticos introducidos en la vida cotidiana de una ciudad anodina, y de cómo sucesos extraordinarios sólo suponen una muy leve desviación del equilibrio. Temáticas típicamente de Onetti, como la soledad, la desesperanza y la muerte pasan a segundo plano para dar relieve a un juego intelectual, que en su tiempo libre acaso ensayan jóvenes narradores en libretas imaginarias, en el metro o antes de cerrar los ojos  para dormir.

Cuentos completos (1967, 1974 y 1994)

Los rostros del amor (1968)

Cuentos secretos (1986)

Presencia y otros cuentos (1986)

Cuentos completos (2006)

Obras completas, III. Cuentos, artículos y miscelánea (incluye Conversaciones, pp. 929-1232. 2009)

Otros escritos

Réquiem por Faulkner (1975), artículos.

Confesiones de un lector (1995), artículos 1976-1991 (muy aumentado en Obras, III, como Un Uruguayo en España)

Cartas de un joven escritor (2009), correspondencia con Julio E. Payró.