Poesía del Siglo XX-La Vanguardia

(Recop.) Justo Fernández López


Contexto histórico

Europa vivía, al momento al momento de surgir las vanguardias artísticas, una profunda crisis, desencadenada por la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y por la evidencia de los limites del sistema capitalista.  En el ámbito literario era precisa una profunda renovación. De esta voluntad de ruptura con lo anterior de lucha contra el sentimentalismo, de la exaltación del inconsciente, de lo racional, de la libertad, de la pasión y del individualismo nacerían las vanguardias en las primeras décadas del siglo XX.

Los movimientos de vanguardia surgen con el objetivo de combatir las formas artísticas anteriores, y romper con la tradición retórica y de armonía formal del Modernismo. La Vanguardia pone todo su empeño en revolucionar el lenguaje poético a fin de producir un arte tan universal y trascendente como el de las metrópolis europeas, con las que mantenía un contacto fluido.

A partir de las posibilidades infinitas del lenguaje, los poetas vanguardistas intentan inventar o crear un mundo nuevo sin fronteras culturales. Al mismo tiempo, manifestaban la necesidad de expresar las culturas nacionales a través de la vuelta hacia las propias tradiciones para encontrar las raíces de la identidad latinoamericana.

Hacia fines del siglo XIX, domina el ambiente intelectual la filosofía positivista del francés Auguste Comte (1798-1857) y el materialismo económico, basados ambos en una fe incuestionable en la razón, el progreso basado en el avance científico y tecnológico: la invención del teléfono, del cine y del avión originaron una nueva sensibilidad del tiempo y del espacio, regida por la velocidad, la simultaneidad y la desaparición de las distancias insalvables.

Pero en la primera década del siglo XX, se se empiezan a ver los peligros de los nuevos hallazgos tecnológicos. Los progresos en la producción de armas de destrucción desembocaron en la tragedia de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), que duró cuatro años, tres meses y catorce días y representó un coste de 186.000 millones de dólares para los países beligerantes y 37 millones de combatientes, y casi diez millones de personas pertenecientes a la población civil. Eusopa queda devastada tras la guerra, los Estados Unidos se convierten en la primera potencia mundial y los capitales norteamericanos ingresan en países latinoamericanos. Surgen partidos políticos y grupos sindicales que exigen la reivindicación de los derechos de los trabajadores. La tecnología sorprende: cine y radio.

La guerra y sus secuelas conmocionaron el panorama internacional. Se comenzó a cuestionar los límites del racionalismo y el sentido del progreso ilimitado. La guerra evidenció el desprecio por la vida humana y aumentó el escepticismo. La decepción y la pérdida de la fe en un continuo progreso en el futuro llevó a postular una filosofía hedonista: el goce del momento.

Tras la guerra, resurgió el sentimiento nacionalista. Y aunque los vencedores se esforzaron en instaurar regímenes democráticos, muchas naciones terminaron estableciendo gobiernos autoritarios: el nazismo en Alemania, el fascismo en Italia y el comunismo en la Unión Soviética.

En este contexto de decepción, las vanguardias surgen como una reacción contra la sociedad burguesa, que había conducido a la guerra mundial. A pesar de que las vanguardias fueron movimientos múltiples o "ismos" de corta duración, estaban movidos por la un objetivo común: la ruptura total con la formas expresivas que de la música, la pintura, la literatura, la arquitectura y el cine hasta entonces.

El surgimiento de los Estados Unidos como potencia hegemónica creó una nueva situación de dependencia económica en América Latina que llevó a la inestabilidad. Las clases media y obrera comenzaron a asumieron el protagonismo en su lucha con las estructura patriarcal que dominaba las últimas décadas del siglo XIX. Las oligarquías latifundistas fueron prediendo su poder, socavado por los movimientos populares, bajo la influencia del anarquismo y del socialismo europeo transplantados a América latina por las grandes olas inmigratorias de comienzos del siglo XX. La expansión de los derechos a todos los ciudadanos a través de la educación promovió la movilidad social. En 1910 estalló la Revolución Mexicana; y 1917, la Rusia.

Bajo la gran influencia cultural de los movimientos europeos, se comenzó a desarrollar en Hispanoamérica la conciencia nacional y la identidad frente a la hegemonía de los EE UU y al eurocentrismo. La América hispana comenzó a crear modelos culturales y artísticos que compaginaran los movimientos innovadores de vanguardia europeos con la realidad socio-política americana.

La vanguardia literaria

Las vanguardias hispanoamericanas suelen situarse entre 1930 y 1950. Nacen en la Europa de entreguerras, en los "felices años veinte”. Se denominaron vanguardias a distintas corrientes muy efímeras, que se caracterizaban por el deseo de revolucionar el arte desde su misma base. Las vanguardias literarias europeas fueron el futurismo, el dadaísmo y sobretodo el surrealismo. Las Vanguardias buscaron la innovación teórica del arte. Las vanguardias fueron corrientes de postulados innovadores e incluso radicales que dejaron una huella particular en jóvenes autores de orígenes y obras diversas.

Por otro lado, nacieron en Hispanoamérica otros "ismos", autóctonos: el Creacionismo, cuyo promotor fue el Chileno Vicente Huidobro y de España importaría Borges el Ultraísmo, de modo que las resonancias de las innovaciones vanguardistas también afectaron a los poetas hispanoamericanos.

«La gran etapa de la poesía hispanoamericana se inicia con la Vanguardia, que se afirma en una notable variedad de tendencias. El Modernismo se eclipsa definitivamente en el período que va, aproximadamente, entre los comienzos de la Primera Guerra Mundial (1914) y los primeros años de la posguerra. En 1921 aparece la revista Prisma, dirigida por Borges, y su «Proclama» data de 1922, en tanto que la revista Martín Fierro sale a la luz en 1924. La tendencia modernista no desaparece de un día para otro; varios exponentes del movimiento prosiguen con su actividad. Por otra parte, si bien se rechazaron las actitudes estéticas y sentimentales del Modernismo, se asimilaron sus conquistas formales, musicales y pictóricas.

Sin embargo, la violenta convulsión que significó la Primera Guerra Mundial (1914-1918) imprimió una nueva orientación a los gustos o, mejor, una multiplicidad de orientaciones. Las generaciones salidas del conflicto sintieron que los estilos poéticos del pasado no respondían a sus gustos, que había que superarlos, e intentaron expresarse de una manera más acorde con su propia realidad. Así fue como se formaron numerosas corrientes, unidas por el común denominador del odio hacia el sentimentalismo vacío, la fácil sensualidad modernista de la imagen, la sonoridad hueca de la rima. La poesía buscaba una nueva dignidad, que sustituyese a la que habían perdido los epígonos del movimiento precedente.

Una vez más, la poesía hispanoamericana se volvió hacia Europa. Los  artistas europeos, especialmente los franceses, se convirtieron en modelosde las nuevas tendencias. Sin olvidarse de las enseñanzas de Mallarmé y de Verlaine, los jóvenes poetas hispanoamericanos del siglo xx leyeron con entusiasmo y provecho a Tristan Tzara, Paul Eluard, André Breton, Louis Aragon, Paul Morand, Biaise Cendras, Drieu La Rochelle, Valéry Larbaud, Max Jacob, Jean Cocteau y todo cuanto poeta «nuevo» había logrado afirmarse.

Atesorando las enseñanzas de todos ellos, la poesía de América se entregó a la búsqueda de una voz propia, experimentando con las formas de la Vanguardia europea –Surrealismo, Cubismo, Dadaísmo, Expresionismo, Futurismo– pero tratando de expresar una nota personal, como sucedió con el Ultraísmo y el Creacionismo, al igual que con los diversos ismos de vida más o menos efímera que proliferaron.» [Giuseppe Bellini]

La vanguardia latinoamericana comienza experimentando en poesía. Difunde sus postulados y su teoría estética a través de manifiestos, programas o revistas, todo en un tono apasionado, que busca escandalizar al público a través de propuestas contrarias a los cánones imperantes. En sus primeras expresiones, las vanguardias de América del Sur asimilaron las innovaciones europeas, reaccionaron contra el Modernismo decadente y trabajaron por revolucionar el lenguaje poético a fin de producir, desde América, latina un arte tan universal y trascendente como el de las metrópolis europeas.

En América latina, la vanguardia cobra impulso a partir de 1916 con la apertura a todas las estéticas y gracias a la iniciativa de creadores, como los chilenos Vicente Huidobro (1892-1948), Pablo Neruda (1904-1985), el peruano César Vallejo (1892-1938), y los argentinos Oliverio Girondo (1891-1967) y Jorge Luis Borges (1899-1986) entre otros. La vanguardia latinoamericana representó una ruptura con la tradición retórica y de armonía formal del movimiento iniciado por el nicaragüense Rubén Darío a fines del siglo XIX.

Los poemas de Vallejo, Girondo y Huidobro son emblemáticos de la renovación que vive la poesía durante las vanguardias. La rima, la precisión métrica y el uso de esquemas estróficos de la poesía tradicional desaparecen para hacer fluir la expresión poética más allá de cualquier límite estructural. El verso breve se sucede o se agrupa siguiendo el ritmo del concepto, las imágenes se yuxtaponen y se continúan en el poema en prosa de Girondo. La palabra poética se lanza hacia el vacío en largas tiradas de versos libres e irregulares, en el caso de Huidobro. El ritmo está marcado por la sonoridad de las palabras, que incorporan expresiones coloquiales y cotidianas que cada poeta reinventa en su trabajo constante con el lenguaje.

Los poemas adquieren musicalidad mediante repeticiones y anáforas, paralelismos sintácticos, encabalgamientos. La puntuación o la falta de puntuación se emplean para aumentar la expresividad del verso. La abundancia de personificaciones, la metáfora exagerada hasta la catacresis (como el grillo en Girando, que conceptualiza un silencio "sonoro"), las sinestesias, que apelan a todos los sentidos son algunos de los recursos poéticos tradicionales que también se renuevan en la "alquimia lingüística" de estos autores.

Los movimientos de vanguardia

La palabra vanguardia procede del lenguaje militar y  designa al grupo de soldados que marcha al frente del batallón. Este término se comenzó a aplicar en Francia para designar la tendencia artística que representa un avance respecto a las tendencias anteriores. En sentido de vanguardia literaria se utiliza este nombre alrededor en los años de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) para el que se usa la expresión "Littérature d'avant-garde" para designar el espíritu combativo y rebelde de estos movimientos frente. En el terreno literario el irracionalismo reina el irracionalismo. El paso más absoluto fue dado con el poema fonético.

La característica de las vanguardias es la fragmentación en numerosos "ismos", tendencias o movimientos que, mediante manifiestos, establecían "un modo de hacer literatura". Se formaron varias escuelas con características propias. Pero mientras unos autores se mantuvieron más o menos fieles a un "ismo", otros poetas tan solo tomaron algunos ecos, especialmente del surrealismo, dejándose influir solo parcialmente.

No puede decirse que un poema sea vanguardista porque su autor perteneció alguna vez a las vanguardias. Hubo innumerables autores (como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda y el mismo César Vallejo) que pertenecieron durante una época de su vida a las vanguardias pero que después las abandonaron.

Fauvismo

Movimiento pictórico francés de escasa duración (entre 1904 y 1908, aproximadamente) que revolucionó el concepto del color en el arte contemporáneo. Los fauvistas rechazaron la paleta de tonos naturalistas empleada por los impresionistas en favor de los colores violentos, introducidos por los postimpresionistas Paul Gauguin y Vincent van Gogh, para crear un mayor énfasis expresivo. Se busca el realce del color por sí mismo.

El término fauves, literalmente ‘fieras’, fue una etiqueta peyorativa aplicada con motivo de la primera exposición en el Salón de Otoño de 1905, donde se mostraba un torso entre estas pinturas de colores casi puros. Un crítico exclamó: “Donatello entre las fieras”. El término fauves nunca fue aceptado por los propios pintores y, de hecho, no describe de ningún modo su intención subjetiva ni el lirismo de sus imágenes. Su intención fue la de explorar el color como un medio expresivo independiente de la recreación de la luz. Cada pintor fauvista experimentó con las premisas del estilo a su modo.

Cubismo

El Cubismo fue un movimiento artístico que se manifestó sobre todo en pintura, cuyo objetivo principal era el de alejarse de la representación naturalista y conseguir plasmar de modo simultáneo sobre la superficie del cuadro un objeto visto desde múltiples ángulos. Se desliga de la semejanza con la naturaleza: perspectiva y geometrismo. La obra de arte tiene que tener valor en sí misma y expresar por sí misma las ideas. En las artes plásticas se caracteriza por la imitación, empleo o predominio de formas geométricas; como triángulos, rectángulos, cubos y otros sólidos.

Alcanzó su apogeo alrededor de 1914 y continuó evolucionando durante la década de 1920. Fue una revolución contra el sentimentalismo y el realismo de la pintura tradicional, contra la importancia que se daba al efecto de la luz y el color y contra la ausencia de formas, características del impresionismo. Los cubistas rechazan la perspectiva y el movimiento y le dan primacía a la línea y la forma. Se inspiró fundamentalmente en el arte de las tribus de África y Oceanía. Según el postimpresionista Paul Cézanne, “todas las formas de la naturaleza parten de la esfera, el cono y el cilindro”. El artista determina las formas geométricas básicas que componen el objeto, sobre todo el cubo o el cono, o los planos básicos que revelan las formas geométricas subyacentes. El cubismo sintético presenta un objeto desde diferentes ángulos, imposibles de ver simultáneamente en realidad, unificados en una estructura compositiva.

Futurismo

Movimiento impulsado al comienzo del siglo XX por el poeta italiano Marinetti, que trataba de adaptar el arte al dinamismo de los avances de la técnica. El Futurismo rechaza la estética tradicional e intenta ensalzar la vida contemporánea, basándose en sus dos temas dominantes: la máquina y el movimiento. Se recurría, de este modo, a cualquier medio expresivo capaz de crear un verdadero arte de acción, con el propósito de rejuvenecer y construir de nuevo la faz del mundo. El poeta italiano Filippo Tommaso Marinetti recopiló y publicó los principios del futurismo en el manifiesto de 1909. El futurismo se caracterizó por el intento de captar la sensación de movimiento. Para ello superpuso acciones consecutivas, una especie de fotografía estroboscópica o una serie de fotografías tomadas a gran velocidad e impresas en un solo plano. Es un arte mental, que rechaza el pasado y la tradición en defensa de un arte anticlasista con proyección al futuro, conforme al espíritu dinámico de la técnica moderna y de la masificación en las grandes ciudades: máquinas y movimiento.

Expresionismo

Es una corriente artística que busca la expresión de los sentimientos y las emociones del autor más que la representación de la realidad objetiva: proyección interior distorsionada. Los postulados del expresionismo en el terreno de la literatura, principalmente en la novela y el teatro, son similares a los del arte expresionista y la música expresionista. Personajes y escenarios se presentan de un modo distorsionado, con la intención de producir un gran impacto emocional. Con la llegada del nazismo, el expresionismo, como otras manifestaciones vanguardistas, fue perseguido en Alemania acusado de ser un “arte degenerado”.

Imaginismo

Movimiento poético que floreció en Estados Unidos e Inglaterra entre 1909 y 1917 como oposición al romanticismo. Fue liderado por los poetas estadounidenses Ezra Pound y, posteriormente, por Amy Lowell. Confía ante todo en el uso de imágenes precisas e incisivas como medio de expresión poética y preconizaban la exactitud en la elección de las palabras, la libertad temática y formal, y el uso del lenguaje coloquial. La mayoría de los poetas imaginistas cultivaron el verso libre, y se sirvieron de la asonancia y la aliteración, más que de esquemas métricos formales, para estructurar su poesía.

Dadaísmo

Movimiento vanguardista literario y artístico surgido durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), caracterizado por su negación de los cánones estéticos establecidos, y que abrió camino a formas de expresión de la irracionalidad. Abarca todos los géneros artísticos y es la expresión de una protesta nihilista contra la totalidad de los aspectos de la cultura occidental, en especial contra el militarismo existente durante la Primera Guerra Mundial e inmediatamente después.

Parece que el término “dada” (del francés ‘caballito de juguete’) fue elegido por el poeta rumano Tristan Tzara, al abrir al azar un diccionario en una de las reuniones que el grupo celebraba en el cabaret Voltaire de Zurich. En París inspiraría más tarde el surrealismo.

Con el fin de expresar el rechazo de todos los valores sociales y estéticos del momento, y todo tipo de codificación, los dadaístas recurrían con frecuencia a la utilización de métodos artísticos y literarios deliberadamente incomprensibles, que se apoyaban en lo absurdo e irracional. Aunque utilizaron técnicas revolucionarias, sus ideas contra las normas se basaban en una profunda creencia, derivada de la tradición romántica, en la bondad intrínseca de la humanidad cuando no ha sido corrompida por la sociedad.

El movimiento Dadá decayó en la década de 1920 y algunos de sus miembros se convirtieron en figuras destacadas de otros movimientos artísticos modernos, especialmente del surrealismo.

Surrealismo

El Surrealismo, superrealismo o suprarrealismo fue un movimiento literario y artístico, cuyo primer manifiesto fue realizado por André Breton en 1924, que intenta sobrepasar lo real impulsando con automatismo psíquico lo imaginario y lo irracional. Define este movimiento como “automatismo psíquico puro” o escritura automática basada en la libre asociación de palabras e ideas  para expresar “el funcionamiento real del pensamiento”. La importancia del mundo del inconsciente y el poder revelador y transformador de los sueños conectan al surrealismo con los principios del psicoanálisis. Valor supremo del subconciente: énfasis en lo onírico (lo relacionado a los sueños).

El surrealismo comenzó intentando conciliar psicoanálisis y marxismo, y se propuso romper con todo convencionalismo mental y artístico. De todos los vanguardismos el surrealismo fue el que más seguidores encontró en el sur de América.

Creacionismo

Doctrina poética que proclama la total autonomía del poema, el cual no ha de imitar o reflejar a la naturaleza en sus apariencias, sino en sus leyes biológicas y constitución orgánica.

El Creacionismo, creado por el poeta chileno Vicente Huidobro en 1914. El manifiesto poético “Non Servian”  defendía la autonomía de la creación artística frente a la realidad cósmica. El poeta como un pequeño Dios.

Principios creacionistas: “Crear un poema tomando a la vida sus motivos y transformándolos para darles una vida nueva e independiente. Nada anecdótico ni descriptivo. La emoción ha de nacer de la única virtud creadora. Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol”.

Simplismo

El simplismo es una técnica literaria que, influida por el futurismo y el creacionismo, consistía en el uso extensivo de la metáfora y la autonomía de cada verso, condensando de este modo su lenguaje poético, generalmente altamente subjetivo.

Ultraísmo

El Ultraísmo fue un movimiento poético de vanguardia surgido de las tertulias que iniciara Rafael Cansinos-Assens en el Café Colonial de Madrid a finales de 1918 y como reacción contra el amaneramiento de los seguidores del modernismo de Rubén Darío.

Así lo define el ultraísta Guillermo de Torre: “como una violenta reacción contra la era del rubenianismo agonizante y toda su anexa cohorte de cantores fáciles que habían llegado a formar un género híbrido y confuso, especie de bisutería poética, producto de feria para las revistas burguesas”. Opinión semejante tiene Jorge Luis Borges, quien, no obstante, acabará renegando de sus orígenes ultraístas.

Durante algunos años agrupó a los poetas españoles e hispanoamericanos que, manteniendo cada uno sus particulares ideales estéticos, coincidían en sentir la urgencia de una renovación radical del espíritu y la técnica. El Ultraísmo, creado por Huidobro y Jorge Luis Borges en Madrid propugnó la ruptura con el pasado de poesía y con el uso de la metáfora. Luego su centro fue Buenos Aires.

Son sus rasgos fundamentales: la condensación metafórica; la eliminación de nexos inútiles; el avance de la “imagen refleja o simple” hacia la “imagen múltiple”, que supone la identificación más plena entre poesía y música; el valor plástico de la disposición tipográfica, herencia directa de los caligramas de Apollinaire.

Nadaísmo

El nadaísmo como corriente vanguardista es una interpretación de la existencia humana. Hay quienes ven en el nadaísmo la versión latina del existencialismo, movimiento filosófico que trata de fundar el conocimiento de toda realidad sobre la experiencia inmediata de la existencia propia. El nadaísmo se constituyó en los años 1960 como oposición literaria y filosófica al ambiente cultural establecido por la academia, la iglesia y la tradición colombiana, emparentado con varios movimientos vanguardistas que se gestaban de forma paralela en América latina y el mundo.

Todos estos “ismos” tenían en común el rechazo de la realidad objetiva, tal como la habían concebido el Realismo y el Naturalismo del siglo XIX. La crueldad de la Primera Guerra Mundial, con el empleo del gas como arma mortífera, y la decadencia de los valores humanos promovidos desde la Ilustración, derivaron hacia una visión del mundo como caos. Se fue generalizando el sentimiento de angustia y el rechazo visceral de todo convencionalismo burgués. Se desvaneció la esperanza de progreso continuo. Las vanguardias buscan la “auténtica realidad”: las profundidades de la conciencia humana, el inconsciente, lo superreal o surreal. Comienza a haber un estrecho contacto y constante intercambio entre las artes, particularmente entre la literatura y la pintura.

El Modernismo intentó expresarse en un lenguaje poético forjado en el aquí y ahora de América latina, más allá de las influencias de la tradición grecolatina y francesa. Las vanguardias repitieron ese doble movimiento de acercamiento y alejamiento de Europa. Nacieron casi simultáneamente en ambos continentes debido a la influencia de artistas europeos.

La sincronía de estos movimientos puede ejemplificarse con la figura de Vicente Huidobro, que presenció el surgimiento del movimiento dadá en Zurich, se relacionó con los surrealistas en París y fundó el Creacionismo en Chile, París y Madrid. Por otro lado, las vanguardias manifiestan la necesidad expresar las culturas nacionales, a través de la vuelta hacia las propias tradiciones.

Como el contexto de producción era diferente, la innovación estética de las vanguardias se cargó de connotaciones políticas y sociales distintas de las de los movimientos vanguardistas europeos. El arte, reservado hasta entonces a las clases altas y conservadoras, adoptó un discurso inconformista que se inició en lo estético, pero tuvo resonancia en la política, como un rechazo del predominio burgués.

las Vanguardias hispanoamericanas

Creacionismo

(1916)

Chile, Argentina

Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol.

Vicente Huidobro

Ultraísmo

(1918)

Argentina

Hacer una poesía 'ultra' que vaya más allá de todo el arte del novecentismo a través de poemas visuales.

Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo

Martinfierrismo

Argentina

Momento de cristalización del Ultraísmo, que vuelve a abrirse a las experiencias europeas en boga: Futurismo y Surrealismo.

 

Estridentismo

(1922)

México

Exaltación futurista de la mécanica más la irreverencia Dadá.

Manuel Maples Arce, Salvador Gallardo, Germán List Arzubide

Surrealismo

(1923)

España e Hispanoamérica

Buscar la libertad creadora más allá del realismo a través del inconsciente y del mundo onírico.

Pablo Neruda (Chile), Olga Orozco (Argentina), Enrique Molina (Argentina), César Vallejo (Perú), Alejo Carpentier (Cuba), Octavio Paz (México)

Creacionismo

El Creacionismo fue una doctrina poética que proclama la total autonomía del poema, el cual no ha de imitar o reflejar a la naturaleza en sus apariencias, sino en sus leyes biológicas y constitución orgánica

El chileno Vicente Huidobro fue el fundador y el centro del Creacionismo surgido casi simultáneamente con el Ultraísmo e influido por la estética cubista y su técnica de montaje por yuxtaposición. Su postulado principal era una poesía independiente de la realidad. "El poeta es un pequeño Dios", dice Huidobro en "Arte poética"; la palabra crea el mundo, y la poesía devela lo desconocido.

El Creacionismo es la doctrina poética que proclama la total autonomía del poema, el cual no ha de imitar o reflejar a la naturaleza en sus apariencias, sino en sus leyes biológicas y constitución orgánica.

La teoría estética del Creacionismo fue elaborada en 1912 por el poeta chileno Vicente Huidobro y expuesta en el Ateneo de Buenos Aires en junio de 1916.

El Creacionismo se opone radicalmente al Superrealismo francés, que exaltaba la escritura como rebelación del inconsciente. Para el Creacionismo, la creación poética tiene que romper con lo existente y reinventarlo de nuevo, esto es, hacer del poeta "un pequeño dios; no cantar la lluvia: hacer llover". En París, Huidobro publica Horizon carré, donde enuncia algunos de los principios creacionistas: «Crear un poema tomando a la vida sus motivos y transformándolos para darles una vida nueva e independiente. Nada anecdótico ni descriptivo. La emoción ha de nacer de la única virtud creadora. Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol».

El poeta se convierte en un “deus ex machina” cuya misión es tomar los elementos mínimos del lenguaje y a través de ellos, componer nuevos elementos que lleven a la emoción estética.

En 1921, en la revista L´Esprit Nouveau, Huidobro habla de tres etapas en el desarrollo del arte: el arte inferior al medio (arte reproductivo); el arte en armonía con el medio (arte de adaptación); y la etapa del arte superior al medio (arte creativo): es el Creacionismo.

Creacionistas en España fueron Gerardo Diego y Juan Larrea. Se advierten en ellos rasgos como la desintegración de la realidad, la mezcla de motivos poéticos tradicionales y elementos propios de la técnica y los avances modernos, las imágenes basadas en asociaciones dispares, el humorismo y, con él, la burla antisolemne.

Gerardo Diego proclama así el Creacionismo:

Hagamos nuestro Génesis.

Con los tablones rotos.

Con los mismos ladrillos,

con las dormidas piedras,

levantemos de nuevo nuestros mundos.

La página está en blanco:

‘En el principio era...’ .

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VICENTE HUIDOBRO FERNÁNDEZ (Chile, 1893-1948), poeta vanguardista, fundador de su propio movimiento poético, el Creacionismo, y defensor entusiasta de la experimentación artística durante el periodo de entreguerras. Creció en el seno de una familia rica y católica; su madre, además, era escritora y recibía en su casa a destacadas personalidades del mundo de la cultura, lo que influyó en su vocación literaria. Con Gabriela Mistral y Pablo Neruda, Vicente Huidobro constituye el trío de la gran poesía chilena.

Ya desde pequeño mostró un gran talento literario: escribió sus primeros poemas a los doce años. Siendo aún adolescente, publicó un manifiesto en el que rechazaba toda la poesía anterior a él.

En 1916 se fue a París, donde entró en contacto con la literatura de los poetas surrealistas Guillaume Apollinaire y Pierre Reverdy. Pero se distanció del surrealismo para el que el artista es un mero instrumento revelador de su subconsciente. También rechazó el futurismo. Según Huidobro, las masas pronto se familiarizarían con el progreso técnico, de modo que los himnos futuristas a la tecnología perderían interés. En respuesta a estos movimientos de vanguardia europea, Huidobro fundó una nueva corriente literaria revolucionaria para la que el poeta era un dios taumaturgo, creador de un nuevo tipo de poesía que no se limitara a reflejar solo la naturaleza. A esta nueva concepción de la poesía le llamó Creacionismo: creación de imágenes sorprendentes, yuxtaposiciones efectistas y secuencias de palabras de de forma aleatoria. Algunos de sus poemas recuerdan los caligramas de Apollinaire. En 1918 se formó en Madrid el grupo creacionista. La huella de Ecuatorial y sobre todo de Altazor, fructificó en la mayoría de los poetas posteriores.

Huidobro escribió su propio epitafio: “Abrid esta tumba: al fondo se ve el mar”.

Obras

Cuando el amor se vaya (1913), en colaboración con Gabry Rivas.

Las pagodas ocultas (1914), colección de poemas y ensayos que firmó por primera vez con el nombre que empleó posteriormente: Vicente Huidobro.

El espejo de agua (1916)

Horizon carré (1917)

Ecuatorial (1918)

Manifestes (1925)

Vientos contrarios (1926)

Altazor o el viaje en paracaídas (1931) expone los principios del movimiento creacionista impulsado por Huidobro. En el texto, hay una concepción del poeta como vidente o demiurgo (alma universal, que es el principio activo del mundo) y que se presenta como un "nuevo atleta" que salta sobre la "pista mágica" en un derroche de "gimnasia astral". Tras el rechazo claro de la retórica modernista encarnada en la "señora arpa de bellas imágenes", el fragmento urge a abandonar los símiles que se encadenan a partir de "Plantar miradas como árboles". Se asiste entonces al "entierro de la poesía" y, con él, al de todas las lenguas y al de todas las culturas. A partir de esa afirmación, surge el imperativo "Levántate y anda" para una resurrección que vaya más allá de las palabras y de la gramática, hacia "vocablos sin sombra", en el juego constante, intenso y fugaz de la creación poética.

Completó su producción poética con novelas:

Mío Cid Campeador (1929)

La próxima (1930)

Cagliostro (1934)

Sátiro o el poder de las palabras (1939)

En su «Arte Poética» Huidobro expresa plenamente su concepción creacionista:

Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!

Hacedla florecer en el poema.

Sólo para nosotros

viven todas las cosas bajo el sol.

El poeta es un pequeño Dios.

«Desvinculado de lo fenoménico, el poema vive sólo en una única realidad en la mente y gracias a la mente del que lo crea. De este modo surge un mundo producto de la imaginación, que se manifiesta en formas metafóricas, rompiendo toda vinculación entre lógica y realidad. Es este el dato inicial de su origen, un alejamiento violento a través de la restitución al subconsciente de una libertad absoluta.

En la poesía de Huidobro predomina, esencialmente, la técnica. Su creación asume las características de un juego fantasmagórico, alucinante, burlón, de absoluta lucidez intelectual en la búsqueda de efectos deslumbrantes, impresionantes por lo inéditos; construcción de un mundo atractivo e insospechado. Así se explica la influencia profunda ejercida, incluso por la novedad verbal, sobre la nueva poesía hispanoamericana.» [Giuseppe Bellini]

Ultraísmo

Coincidente en muchas nociones y prácticas con las vanguardias literarias y artísticas, el Creacionismo se enriqueció con los aportes del poeta francés Pierre Reverdy, y fue fundamental, por otra parte, para el despegue del Ultraísmo en España y en América.

El Ultraísmo fue un movimiento poético, promulgado en 1918, que durante algunos años agrupó a los poetas españoles e hispanoamericanos que, manteniendo cada uno sus particulares ideales estéticos, coincidían en sentir la urgencia de una renovación radical del espíritu y la técnica.

Entre las principales vanguardias de la Argentina se encuentran el Ultraísmo, movimiento de origen español (1918-1922) con influjos del Cubismo y del Futurismo. El grupo ultraísta se formó en Buenos Aires después de que Borges regresara de España y en torno a la revista Prisma (1921-1922). Más tarde se fundó Proa (1922-23, 1924-25), y como complemento y sucesión de esta, la revista Martín Fierro (1919, 1924-27), donde Oliverio Girondo publicó el manifiesto martinfierrista, por el que apelaba a una expresión más radical y subversiva de la "nueva sensibilidad". Tanto el Ultraísmo como el Martinfierrismo pusieron el acento en la renovación lírica a través de imágenes y de metáforas sorprendentes y originales.

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OLIVERIO GIRONDO (Argentina, 1891-1967), escritor, que destacó especialmente en la poesía. De familia acomodada, viajó a Europa en su primera juventud, tomando contacto con las vanguardias. Participó en la implantación de las mismas en Argentina, intentando el teatro y el periodismo, pero afincándose en la poesía.

Contribuyó a la trayectoria de revistas que difundieron el ultraísmo, como Proa, Prisma y Martín Fierro. En ellas se dieron a conocer algunos de los principales escritores de su tiempo: Borges, Marechal, Güiraldes.

Obras

Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922), donde recoge la poética de la gran ciudad moderna, propuesta por el poeta francés Guillaume Apollinaire y el futurismo.

Calcomanías (1925),

Espantapájaros (1932),

Interlunio (1937), relato.

Persuasión de los días (1942),

Campo nuestro (1946) y

En la masmédula (1953).El uso de palabras propias (neologismos) alternado con el verso libre y algunas formas clásicas, marca la diversidad de estas obras.

En Nocturno los cables, los postes telefónicos, la electricidad se imponen y aumentan la sensación de fugacidad y de contingencia de las cosas que, al mismo tiempo, marcan la identidad del hombre moderno.

La poesía de Oliverio Girondo, vinculada en sus inicios al ultraísmo, destaca por su continua experimentación lingüística: tropos audaces, ritmos extraños, juegos ingeniosos, incursiones en el feísmo neobarroco y el surrealismo…

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JORGE LUIS BORGES (Argentina, 1899-1986), escritor cuyos desafiantes poemas y cuentos vanguardistas lo consagraron como una de las figuras prominentes de las literaturas latinoamericana y universal. Hijo de un profesor, fue educado en casa, junto a su hermana Nora, por una institutriz inglesa. En 1914 su padre se trasladó a Suiza y Borges estudió allí el bachillerato (1914-1918) y aprendió alemán. De esa época data su conocimiento de Schopenhauer, a quien siempre admiró. A finales de 1918, los Borges se trasladaron a España, primero a Barcelona y luego a Palma de Mallorca. De allí pasaron a Sevilla, donde Borges se inició en la corriente ultraísta.

En marzo de 1921 la familia regresó a Buenos Aires. Ese reencuentro, después de varios años de ausencia, causó una profunda conmoción en Borges, que en su Autobiografía comenta: “Aquello fue algo más que un regreso al hogar; fue un redescubrimiento. Fui capaz de ver a Buenos Aires con avidez y vehemencia porque había estado fuera mucho tiempo. La ciudad, no toda la ciudad, por supuesto, sino algunos pocos lugares que emocionalmente me significaban algo, inspiraron los poemas de mi primer libro Fervor de Buenos Aires”.

«En el Ultraísmo trató de trascender los aspectos de la realidad, sin rechazar nada del pasado. Ofrecieron inspiración para su poesía casi exclusivamente los datos de la realidad inmediata, la nota sencilla y sugestiva de los suburbios de Buenos Aires, la Pampa, las calles de la periferia, las casas, personajes humildes y, más tarde, una especie de mitología familiar y la incesante historia del tiempo y de la muerte. Poesía «arrabalera», de la que más tarde el propio Borges señalará como primer y más eficaz intérprete a Fernández Moreno.» [Giuseppe Bellini]

Después de un año en España e instalado definitivamente en su ciudad natal, Borges colaboró en algunas revistas literarias y con dos libros adicionales, Luna de enfrente (1925) e Inquisiciones —que nunca reeditó— establecería para 1925 su reputación de jefe de la más joven vanguardia. En los siguientes treinta años Borges se transformaría en uno de los más brillantes y más polémicos escritores de América. Cansado del ultraísmo que él mismo había traído de España, intentó fundar un nuevo tipo de regionalismo, enraizado en una perspectiva metafísica de la realidad.

Borges se inició en el campo de las letras con tres libros de poesía y varias obras de ensayo. Sus primeros poemas, de temática argentina y verso libre, son más vanguardistas en métrica y lenguaje que sus escritos de años posteriores. Poco a poco, Borges fue incorporando formas de poesía rimada, sobre todo el soneto, del que es un consumado maestro.

Escribió cuentos y poemas sobre el suburbio porteño, sobre el tango, sobre fatales peleas de cuchillo, como Hombre de la esquina rosada y El puñal. Pronto se cansó también de este «ismo» y empezó a especular por escrito sobre la narrativa fantástica o mágica, hasta el punto de producir durante dos décadas —desde 1930 a 1950— algunas de las más extraordinarias ficciones del siglo XX: Historia universal de la infamia, Ficciones, El Aleph, entre otros.

Obra poética

Entre 1923 y 1929 Borges publica sus libros poéticos más importantes:

Fervor de Buenos Aires (1923),

Luna de enfrente (1925),

Cuaderno San Martín (1929) y

Muertes de Buenos Aires (1943). Son relevantes manifestaciones de ese Ultraísmo del que fue portaestandarte el poeta. «Recoge temas que se harán constantes en su poesía, pero jamás monótonos pese a su reiteración: las calles de la periferia de Buenos Aires, el fatídico «Sur», esencia original de que está formada la capital argentina, según palabras del propio Borges, forma universal o idea platónica de la ciudad. No hay ni un solo palmo de Buenos Aires, ha escrito el poeta, que «pudorosamente, íntimamente, no sea, sub quadam specie aeternitatis, el Sur». También el «Oeste» es una «heterogénea rapsodia de formas del Sur y formas del Norte»; y este último punto cardinal es un «símbolo imperfecto» de la nostalgia argentina, rioplatense, de Europa.

De los patios con olor a jazmín y a madreselva, de las calles de la periferia convertidas en «entraña» del poeta, de todo lo que, aceptable o repugnante, majestuoso o modesto, o incluso descualificante, surge de la ciudad que confina con el campo, Borges extrae temas para un canto que es penetración íntima en la realidad que lo circunda, percepción de valores ocultos, captación de inquietantes responsabilidades, penas y delitos cometidos o jamás materializados, muerte que convoca a la responsabilidad.» [Giuseppe Bellini]

Durante años pareció que Borges había dejado de lado la poesía, para dedicarse al ensayo  o a la invención, y a su manera especial de cuento en el que la fabulación se mezcla con implicaciones metafísicas, o tiende intensamente, dicho con mayor propiedad, a ellas.

Su retorno a la poesía no se produce hasta 1960, fecha de publicación de

El Hacedor, al que seguirán otros libros,

El otro, el mismo (1964),

Para las siete cuerdas (1965),

Elogio de la sombra (1969),

El oro de tos tigres (1972),

La rosa profunda (1975),

La moneda de hierro (1976),

Historia de la noche (1977).

El retorno, digamos oficial, a la poesía en 1960 coincide con la agudización de las dificultades visuales del poeta: ahora la poesía se vuelve un ejercicio constante.

«En El Hacedor, libro de prosa y verso, está dada la dimensión más amplia del poeta argentino; se acentúa allí la problemática existencial, se agudiza el problema del tiempo y de la eternidad. El poeta hace el intento de descifrar los signos de la transitoriedad humana, de la que interpreta sobre todo, con genuina emoción, las denuncias de la ausencia en los objetos que perduran tras la muerte, presencias inanimadas cargadas de significado y de acciones que ya no se repetirán.» [Giuseppe Bellini]

En 1921 apareció la revista literaria española Ultra, que se convirtió en el órgano difusor del movimiento ultraísta. Sus colaboradores: Jorge Luis Borges, Rafael Cansinos-Assens, Ramón Gómez de la Serna y Guillermo de Torre. Cansinos define así este movimiento: «El ultraísmo es una voluntad caudalosa que rebasa todo límite escolástico. Es una orientación hacia continuas y reiteradas evoluciones, un propósito de perenne juventud literaria, una anticipada aceptación de todo módulo y de toda idea nuevos. Representa el compromiso de ir avanzando con el tiempo.»

El joven Borges escribió en 1921:

«Estas palabras fueron escritas en el otoño de 1918. Hoy, tras dos años de variadísimos experimentos líricos ejecutados por una treintena de poetas en las revistas españolas Cervantes y Grecia podemos precisar y limitar esa anchurosa y precavida declaración del maestro. Esquematizada, la presente actitud del ultraísmo es resumible en los principios que siguen:

Reducción de la lírica a su elemento primordial: la metáfora.

Tachadura de las frases medianeras, los nexos y los adjetivos inútiles.

Abolición de los trebejos ornamentales, el confesionalismo, la circunstanciación, las prédicas y la nebulosidad rebuscada.

Síntesis de dos o más imágenes en una, que ensancha de ese modo su facultad de sugerencia.

Los poemas ultraicos constan, pues, de una serie de metáforas, cada una de las cuales tiene sugestividad propia y compendiza una visión inédita de algún fragmento de la vida. La desemejanza raigal que existe entre la poesía vigente y la nuestra es la que sigue: en la primera, el hallazgo lírico se magnifica, se agiganta y se desarrolla; en la segunda, se anota brevemente. ¡Y no creáis que tal procedimiento menoscabe la fuerza emocional!

Y termina resumiendo:

«Superando esa inútil terquedad en fijar verbalmente un yo vagabundo que se transforma en cada instante, el ultraísmo tiende a la meta primicial de toda poesía, esto es, a la transmutación de la realidad palpable del mundo en realidad interior y emocional.»

Años más tarde, Borges reprobaría y desdeñaría aquellos comienzos de su obra (1919-1922) y todo lo relacionado con el ultraísmo. Calificó la técnica del poema ultraísta como pura futilidad. Critica el dogma de la metáfora, pues basta un solo verso no metafórico para probar que la metáfora no es un elemento esencial: “el ultraísmo fue una revolución que consistía en relegar la literatura a una sola figura, la metáfora.”

El Estridentismo

Estridentismo, movimiento vanguardista literario mexicano fundado por Manuel Maples Arce. Los estridentistas conjugaban el aspecto moderno del futurismo, con la irreverencia Dadá. Trataron de obtener una simbiosis entre todas las tendencias de la vanguardia. Animados por la nueva sociedad surgida después de la Revolución Mexicana, exaltaban las fábricas y las masas trabajadoras. Teóricos y prácticos, lanzaron varios manifiestos, como ya habían hecho los surrealistas en Francia; el primero, presentado como el “comprimido estridentista”, Actual y Hoja de Vanguardia (1922).

El Estridentismo estuvo intensamente ligado al Futurismo italiano en su atención al presente y al futuro, su fascinación por el movimiento y por la máquina, su exaltación del paisaje urbano. En cuanto a su contenido temático, difiere bastante del de las otras vanguardias latinoamericanas por su tono futurista. También recibió influencias, aunque no tan marcadas, del francés Guillaume Apollinaire (1880-1918), del Dadaísmo y del Creacionismo de Vicente Huidobro.

El Estridentismo da preeminencia a la metáfora como recurso poético, elude la ornamentación superflua y el adjetivo inútil y prefiere el verso suelto breve que condensa toda una imagen. Puso el acento en el contenido semántico de la palabra más que en el valor fónico, con directa referencia al mundo circunstancial y con predominio de imágenes auditivas "estridentes". Esta escuela, que se inició como reacción heterodoxa contra el canon tradicional imperante, se convirtió poco a poco en programa político.

A partir del poema Urbe (1924) de Maples Arce, la tendencia se orientó más hacia una ideología de izquierda que literaria. En el contexto de la Revolución mexicana, que alrededor de 1920 se volcó a un regionalismo más intenso y que incluyó como componentes esenciales de la identidad nacional, los estratos hasta entonces subordinados o reprimidos, el Estridentismo se transformó de revuelta estética pequeño burguesa, en aliado de la causa campesina y proletaria.

Este movimiento contó entre sus representantes con Maples Arce, Luis Quintanilla (1893-1978), Germán List Arzubide (1898-1998) y Salvador Gallardo. Sus innovaciones fueron integradas más tarde en la política mexicana por el grupo de los Contemporáneos, que aspiraron a una renovación no sólo de la poesía, sino de la identidad cultural y nacional en todas sus manifestaciones. El primer manifiesto también incluía nombres como Cansinos-Assens, Borges y Guillermo de la Torre.

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MANUEL MAPLES ARCE (México, 1898-1981), abogado, diplomático y escritor, máximo representante del movimiento vanguardista conocido como estridentismo. Ocupó varios cargos diplomáticos en Europa y Latinoamérica.

Obras

Rag. Tintas de abanico (1920)

Andamios interiores (1922), con la que inicia el estridentismo y en el que Maples Arce pone en práctica los principios estridentistas. El "Manifiesto Estridentista" presenta claras coincidencias con el movimiento futurista, iniciado por el italiano Filippo Tommaso Marinetti en 1909. Entre otras correspondencias, el Estridentismo tiende a la abolición de toda institución cultural establecida ("ranciolatría ideológica") y se entrega a un vitalismo expresado en un arte nuevo, juvenil, entusiasta y palpitante", que exalta el movimiento y la belleza de la máquina. Se desdeña la poesía sentimental y, en consonancia con los sucesos políticos mexicanos, exige un contenido ideológico para la poesía. Para expresar esta nueva sensibilidad, es necesario crear vocablos nuevos y "estridentes"; "afirmal", "unisistematizal", "ranciolatría", "pugnazmente", etc.

Urbe (1924), que él calificó como “superpoema bolchevique en cinco cantos”.

Su compromiso radical no se apagó después de la Segunda Guerra Mundial y su obra entró en un realismo social más comprometido que en la etapa vanguardista. Lo que cambió fue su visión y esperanza, que se hicieron más sombrías, como se ve en:

Memorial de la sangre (1947) y

La semilla del tiempo (1971), obra en la que recoge poemas de distintas épocas de su vida. E

En prosa escribió su autobiografía:

A la orilla de este río (1964).

El Surrealismo 

El Surrealismo será un punto de contención en América latina: el mundo antirracional y mítico de culturas "primitivas" constituía el sustrato esencial de un modo de ver la realidad, y no un programa estético o la aplicación de ciertas técnicas de creación.

Para Alejo Carpentier (1904-1980) hay una diferencia entre las vanguardias europeas y el Surrealismo. Lo que se produce es un fructífero intercambio entre las proyecciones de un paraíso prelógico en el territorio americano y africano de los surrealistas y el redescubrimiento de la identidad cultural que los latinoamericanos realizan durante las vanguardias. Tal vez, por ese motivo, el Surrealismo fue entre las vanguardias históricas uno de los movimientos de mayor duración en el derrotero artístico de América latina, en el siglo XX.

Surrealismo literario europeo –superrealismo o suprarrealismo– lanzó su primer manifiesto en 1924, firmado por André Breton, Louis Aragon, Paul Eluard, Benjamin Péret, en el que se define como “automatismo psíquico puro” que intenta expresar “el funcionamiento real del pensamiento”. La importancia del mundo del inconsciente y el poder revelador y transformador de los sueños conectan al surrealismo con los principios del psicoanálisis.

En España no llegó a constituir una escuela aunque muchos escritores reflejan la influencia de la estética surrealista: Poeta en Nueva York de Federico García Lorca; Sobre los ángeles de Rafael Alberti; y Espadas como labios, Pasión de la tierra y La destrucción o el amor de Vicente Aleixandre.

En los países hispanoamericanos también tuvo eco el movimiento surrealista: Pablo Neruda en Chile, quien pasó por Madrid en 1935 y lanzó su manifiesto Sobre una poesía sin pureza; Olga Orozco y Enrique Molina en Argentina; César Vallejo en Perú, a pesar de su condena de Breton por el abandono del marxismo; en Cuba Alejo Carpentier, quien elogia la aparición del surrealismo como una victoria sobre el supuesto escepticismo de las nuevas generaciones; en México Octavio Paz, quien ha sabido incorporar en sus reflexiones sobre la imagen y la creación literaria los hallazgos del surrealismo.

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PABLO NERUDA (Chile, 1904-1973), seudónimo, después nombre legal, de Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, poeta considerado una de las voces mayores de la América meridional y de todo el continente y el poeta que más ha influido sobre la poesía hispanoamericana del siglo XX y el de más vasta resonancia internacional. Premio Nobel en 1971.

Era hijo de un ferroviario y una maestra de escuela y huérfano de madre al poco tiempo de nacer. Fue en 1920 cuando comenzaría a utilizar el seudónimo con el que pasaría a la posteridad, elegido en memoria del escritor checoslovaco Jan Neruda. Gabriela Mistral lo inició en el conocimiento de los novelistas rusos, que el poeta admiró toda su vida. En 1921 se trasladó a Santiago para estudiar pedagogía francesa en la Universidad de Chile. En 1927 inició su carrera diplomática, que desempeñó hasta 1940. Sus numerosos viajes le permitieron conocer a diversas personalidades literarias del momento, como Federico García Lorca o Rafael Alberti.

La Guerra Civil española y la muerte de Lorca lo marcaron profundamente y le llevaron a abrazar la causa republicana, primero en España y luego en Francia, donde empezó a escribir los poemas de España en el corazón (1937). En 1940 regresó a Chile, donde se afilió al Partido Comunista chileno y fue senador entre 1945 y 1948. En 1970 fue designado candidato a la presidencia de Chile por su partido, pero renunció a favor de su amigo Salvador Allende. Fue nombrado embajador en Francia, cargo que desempeñó entre 1971 y 1972.

Obras

Crepusculario (1923), integrado en parte por dos libros anteriores que no publicó, Las ínsulas extrañas y Los cansancios infantiles; esa primera obra fue bien acogida por la crítica y los escritores. Los comienzos de Neruda fueron románticos y modernistas: Bécquer, Darío son los principales puntos de referencia. De este primer momento dan fe sobre todo los poemas publicados entre 1921 y 1923, especialmente Crepusculario (1923)

Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) se convirtió en un éxito de ventas y lo situó como uno de los poetas más destacados de Latinoamérica; es, sin duda, su libro mejor conocido y también el más traducido. Hasta el amor es expresión de un dolor radical; la mujer representa para el poeta el frustrado espejismo de algo seguro y permanente; lo asedian insidiosas tinieblas nocturnas, una sed inapagada, la fatiga sin descanso, el dolor infinito. Libro de dolor, Veinte poemas de amor se había convertido en el breviario de generaciones enteras de jóvenes. Desde el punto de vista formal, advertimos en Veinte poemas de amor los signos característicos de la poesía de Neruda: símbolos que más tarde dominarán en las Residencias, metáforas, el recurso insistente a la comparación, imágenes surreales de alta sugestión. La tristeza del poeta se transforma en tormento expresivo. Es el proceso de «ensimismamiento y enajenamiento» puesto de relieve por Amado Alonso, característico más tarde de las Residencias.

Residencia en la tierra (1933-1935), poemas impregnados de trágica desesperación ante la visión de la existencia del hombre en un mundo que se destruye.

En la poesía del período 1931-1939, se aprecia plenamente la vigorosa originalidad del arte nerudiano, la riqueza de elementos sobre los que se funda, en algunos casos todavía enmarañados, bien es cierto, a menudo superpuestos o súbitos e inesperados, revelación de vividos resplandores o aterradores abismos, tristes panoramas, siempre de sufrimiento. La guerra civil española de 1936 acentúa el compromiso nerudiano; su solidaridad se cimenta sobre el dolor, se concreta en la invectiva de España en el corazón, himno a las glorias del pueblo en guerra (1937), donde el verso asume una vigorosa posición política, siempre bajo el signo de una dominante espontaneidad humana.

Tercera residencia (1947). Con esta obra –producción lírica del período 1935-1945–, el Canto general (1950), las Odas elementales (1954) y las Nuevas odas elementales (1956), seguidas por un Tercer libro de las odas (1957), estamos en un momento nuevo, y por muchos motivos discutido, de la poesía nerudiana. El abandono de Asia, la inserción, en Madrid, en el grupo de poetas de la «Generación de 1927» cambia la actitud de Neruda, que se abre a la comprensión humana, abandona las estériles tierras del llanto, de la autoconmiseración. Su poesía se dirige ahora de una manera solidaria al hombre: la necesidad de la solidaridad humana.

Canto general (1950), poema épico-social en el que retrata a Latinoamérica desde sus orígenes precolombinos, obra de fuerte contenido político y social. De la lluviosa soledad que le dictó los primeros cantos, de la autocontemplación angustiada, Neruda pasa a manifestar plenamente un amor universal. De una visión apesadumbrada y negativa del mundo el poeta pasa a un panorama de esperanza reconstruida que se funda en la solidaridad de los hombres. La poesía se carga de potencialidades plásticas en la creación de una atmósfera tensa y heroica de la humanidad.

«Se despliega ante el lector, en amplia sugestión, la historia maravillosa y trágica a un tiempo, de un mundo inmenso y misterioso; partiendo de su primera creación, pasa por el glorioso pasado prehispánico, por los horrores de la conquista, la llegada de la luz con los «Libertadores», hasta la renovada tragedia de la tiranía moderna, las dictaduras que atormentaron, y siguen atormentando en algunos casos, a las naciones americanas. Ocurre lo propio en los cantos de condena de los tiranos, en los que la emoción poética y el lirismo se atenúan, ya que domina el apasionamiento de la invectiva, el repudio. Esto es legítimo, aunque se pueda tener preferencia por el Neruda más abierto a la emoción, intérprete de la naturaleza y del hombre, o dominado por el recuerdo, confesando la nota autobiográfica. No obstante, el poema debe ser juzgado y apreciado en su conjunto; se capta así plenamente su significado profundo, se aprecia su arquitectura singular, complicada y fragmentaria, pero irrepetible en la interpretación del mundo americano.» [Giuseppe Bellini]

Versos del capitán (1952)

Odas elementales (1954-1957) sigue la línea optimista de Canto general. El poeta se vuelca hacia las cosas sencillas, la vida diaria del hombre. Son versos de gozosa aproximación a la naturaleza. Domina el cromatismo del mercado, la presencia de la tierra y del mar.

Estravagario (1958) da comienzo el proceso de la memoria que conducirá al Memorial de Isla Negra (1964), otra cumbre notable de la poesía nerudiana, que no es un replegarse en sí mismo, sino activa fusión de pasado y presente.

Cien sonetos de amor (1959) son momentos nuevos y fundamentales del arte de Neruda.

Memorial de Isla Negra (1964)

Fulgor y muerte de Joaquín Murieta (1967)

Las piedras del cielo (1971)

La espada encendida (1972)

Confieso que he vivido (1973), son sus memorias, publicadas como obra póstuma el año de su muerte. Texto rico en datos para la historia personal del poeta y de la época en que vivió, documento de extraordinaria poesía en cuanto testimonio del carácter de un hombre singular que siempre se definió a sí mismo como claro y confuso, enérgico y «otoñabundo».

Poeta de enorme imaginación, fue simbolista en sus comienzos, para unirse posteriormente al surrealismo y derivar, finalmente, hacia el realismo, sustituyendo la estructura tradicional de la poesía por unas formas expresivas más asequibles.

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CÉSAR VALLEJO (Perú, 1892-1938) nació en el seno de una familia con raíces españolas e indígenas. Fue el más pequeño de once hijos y creció en un ambiente imbuido de devoción religiosa. Desde niño conoció la miseria, pero también el calor del hogar, lejos del cual sentía una incurable orfandad.

Está considerado el más grande poeta de su país, así como una figura capital de la poesía hispanoamericana del siglo XX —al lado de Pablo Neruda y Vicente Huidobro— y una de las voces más originales de la lengua española. Comenzó con una poesía modernista, al estilo de Darío, pero siempre desde un nuevo punto de vista muy innovador. Si bien no está asociado a ningún "ismo", es considerado vanguardista.

Su complejo mundo poético se distingue por un profundo arraigo al ámbito familiar, las experiencias del dolor cotidiano y la muerte, la visión del mundo como un lugar penitencial sin certeza de salvación, la solidaridad con los pobres y desamparados del sistema capitalista, y la fe en la utopía revolucionaria prometida a los hombres por el marxismo. En diversas etapas de su obra se notan los influjos del modernismo, la vanguardia, el indigenismo, la poesía social y el impacto de acontecimientos históricos, como la Guerra Civil española.

Obras

Los heraldos negros (1918), esta obra corresponde a su etapa modernista. Son poesías que si bien en el aspecto formal son todavía de filiación modernista, constituyen a la vez el comienzo de la búsqueda de una diferenciación expresiva. El poeta toca la angustia existencial, la culpa personal y el dolor, como, por ejemplo, en los conocidos versos "Hay golpes en la vida tan fuertes... ¡Yo no sé!" o "Yo nací un día / que Dios estuvo enfermo". El primer poema de la serie da título al libro y se refiere a los momentos en que la muerte, o el simple paso del tiempo, nos dan una señal angustiosa, cual sacudida. «son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.»

Trilce (1922), obra que corresponde a su etapa vanguardista y significa ya la creación de un lenguaje poético muy personal, coincidiendo con la irrupción del vanguardismo a nivel mundial. Se considera esta obra como un momento fundamental en la renovación del lenguaje poético hispanoamericano. En ella vemos a Vallejo apartándose de los modelos tradicionales que hasta entonces había seguido, incorporando algunas novedades de la vanguardia y realizando una angustiosa y desconcertante inmersión en los abismos de la condición humana que nunca antes habían sido explorados. Trilce anticipó gran parte del vanguardismo que se desarrollaría en los años 1920-1930. En este libro, Vallejo lleva la lengua española hasta límites insospechados: inventa palabras, fuerza la sintaxis, emplea la escritura automática y otras técnicas utilizadas por los movimientos dadá y suprarrealista. Se adelantó a la renovación del lenguaje literario que después ensayaría Vicente Huidobro en su poemario Altazor (1931) y James Joyce en su relato onírico Finnegans Wake (1939). El libro refleja la poética personal de Vallejo, tal como él mismo lo explica: «La gramática, como norma colectiva en poesía, carece de razón de ser. Cada poeta forja su gramática personal e intransferible, su sintaxis, su ortografía, su analogía, su prosodia, su semántica. Le basta no salir de los fueros básicos del idioma. El poeta puede hasta cambiar, en cierto modo, la estructura literal y fonética de una misma palabra según los casos.» (El arte y la revolución).

A partir de la publicación de Trilce (1922), Vallejo presenta una poesía abstracta y hasta cierto punto hermética, en la que el lenguaje como signo y significado se desintegra y se renueva. Su obra se equipara a la de los grandes poetas universales del siglo XIX, como Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud y Mallarmé, ejemplos de una constante renovación de la poesía para expresar una sensibilidad siempre original.

Escalas o Escalas melografiadas (1923), colección de relatos y cuentos, algunos ya vanguardistas.

Sus poemas póstumos fueron agrupados en dos poemarios:

Poemas humanos (1939). La poesía reunida en estos últimos volúmenes es de corte social, con esporádicos temas de posición ideológica y profundamente humanos. Corresponden a su etapa revolucionaria y de compromiso social. Para muchos críticos, los “poemas humanos” constituyen lo mejor de su producción poética, que lo han hecho merecedor del calificativo de “poeta universal”. El poeta se abandona con seriedad o patetismo exacerbado al dolor humano y nos obliga a pensar en las angustias y esperanzas de todos aquellos que con el estómago vacío no tienen ni siquiera una piedra en que sentarse. La obra está llena de paralelismos y oposiciones.

España, aparta de mí este cáliz (1939) comprende los versos más intensos y hondos que escritor alguno haya llevado a cabo sobre la Guerra Civil española. La visión de la España combatiente había conmovido a Vallejo, por lo que su poética estuvo al servicio de la causa. Consta de 15 poesías y se considera el testamento poético de Vallejo. Estos versos manifiestan una prueba premonitoria de su amor por España y su miedo por la derrota de la que consideraba la causa justa.

Nicolás Guillén (1902-1989) y la poesía negra

En el Caribe, las vanguardias tuvieron un impacto tardío, tal vez por el arraigo del Modernismo y del Postmodernismo. Sin embargo, a partir de la Revista de Avance y con el grupo Minorista (1927-1930), comenzaron a abrirse nuevos rumbos con la aparición de dos tipos de poesía: la poesía pura y la lírica negra o afrocubana. La primera señala una continuación de la estética simbolista ejemplificada por Stéphane Mallarmé (1842-1898), que busca desentenderse de toda anécdota, sentimiento u objeto, y abreva únicamente en el lenguaje y en la fantasía. El mayor representante de esta poesía es Mariano Brull (1891-1956) que adoptó algunos de los elementos populares de tradicionales cantares españoles e integró efectos onomatopéyicos para dotar a sus poemas "puros" de ciertas resonancias vitales. Inventó la "jitanjáfora", basada en el puro juego fónico de las palabras, en la que el sentido reside en el sonido.

La poesía negra, con Nicolás Guillén a la cabeza, fue el punto de partida de una producción de corte social que aprovechó los elementos del folclore negro, sus temas y ritmos como raíces de la identidad cubana. En ella, se combina la protesta con la magia y con la música afrocubanas. Nicolás Guillén fue un renovador del lenguaje y reivindicador de los derechos de sus coetáneos frente a la agresión del imperio capitalista y reivindica el habla y la fonética propia de los negros.

Esta poesía florecerá también en la pluma del puertorriqueño Luis Palés Matos (1898-1959) quien, tras su participación en varios movimientos vanguardistas relativamente efímeros, escribió la obra maestra de la poesía negra, Tun-tun de pasa y grifería (1937).

Desde su juventud participó intensamente en la vida cultural y política cubana, lo que le costó el exilio en varias ocasiones. Ingresó en el Partido Comunista de Cuba en 1937, y luchó en el lado republicano durante la Guerra Civil española. Tras el triunfo de la Revolución Cubana, en 1959, desempeñó cargos y misiones diplomáticas de relieve.

Inició su producción literaria en el ámbito del posmodernismo y la afianzó en el de las experiencias vanguardistas de la década de 1920, en cuyo contexto se convirtió pronto en el representante más destacado de la poesía negra o afroantillana.

Obras

Motivos de son (1930)

Sóngoro cosongo. Poemas mulatos (1931). Creador del poema-son, la poética de Guillén está basada en la combinación de la música y el folclore cubanos con ritmos africanos y con el octosílabo, verso tradicional y popular de la lírica española, tal como aparecen combinados en Songoro Cosongo.

West Indies Ltd. (1934)

Guillén usó todos los recursos característicos de esa poesía con la voluntad de lograr una expresión auténtica para una cultura mulata, la propia de un país mulato como él mismo, y manifestó una preocupación social que se fue acentuando con el paso de los años. Desde West Indies Ltd., evolucionó rápidamente hacia esas preocupaciones políticas y sociales:

Cantos para soldados y sones para turistas (1937)

El son entero (1947) y

La paloma de vuelo popular (1958).

Mostró su compromiso con la patria cubana y americana, con sus hermanos de raza y con todos los desheredados del mundo. Con

Tengo (1964) manifestó su júbilo ante la Cuba revolucionaria, y

Poemas de amor (1964),

El gran zoo (1967),

La rueda dentada (1972),

El diario que a diario (1972).