SEVERO SARDUY

(Recop.) Justo Fernández López

 

SEMBLANZA

Severo Sarduy (Cuba, 1937-1993), narrador, poeta y ensayista cubano. Nació en Camagüey, donde transcurrió su infancia y adolescencia. Salió de Cuba a fines de 1959 con una beca para estudiar historia del arte en París por un año.

Cuando se le acabó la beca, decidió no regresar a Cuba. Vivió en París, ciudad en la que murió sin haber vuelto nunca a Cuba. Por su preferencia sexual, estaba seguramente enterado de la hostilidad del gobierno cubano hacia los homosexuales, que se manifestó abiertamente en 1965 con la creación de los campamentos de rehabilitación.

Murió en París en 1993, víctima del sida.

Obra

«Considerado como uno de los representantes más importantes del posboom latinoamericano, Severo Sarduy es también un exponente de la posmodernidad a partir de una obra literaria que se sustentó en el barroco, en las teorías estructuralistas y postestructuralistas sobre el lenguaje, así como en la experimentación formal. Su ideario estético conforma una teoría que contamina todos los géneros mediante los cuales se expresó, y que incluyen al teatro, la novela y la poesía.

La escritura de Sarduy se caracteriza por su ornamentación y espíritu paródico, lo cual en ocasiones se convierte en parábola. Sus obras se nutren de una polisemia que va desde la palabra hasta la estructura narrativa: el desdoblamiento puede manifestarse, por ejemplo, en personajes que sobrepasan los límites sexuales o en sus intentos de novelas-poemas, donde lo narrativo se violentaba dentro de sus propios límites. Apoyado en un gran caudal de información y en una vasta cultura, Sarduy aprovechó zonas del conocimiento que van de la cosmología al kitsch, del estructuralismo a la teoría del neobarroco, de los lenguajes de los medios de comunicación masiva, al  tejido del idioma. Además, estableció contactos con el psicoanálisis y con las teorías del lenguaje de Jacques Lacan.

Por otra parte, la obra literaria de Sarduy remite a horizontes tan sugestivos y diversos como las religiones afrocubanas, el barroco hispánico, la pintura taoísta, el estructuralismo o el arte del disfraz y el tatuaje; los cuales supo conjugar para abrir nuevos caminos a la creación contemporánea.

Sarduy propuso por primera vez el término neobarroco. La propuesta del neobarroco latinoamericano y caribeño de Sarduy se relaciona con la geometría fractal y otras perspectivas matemáticas que le permitieron crear el concepto de retombée (palabra francesa que significa ‘recaída’). A partir del estudio del barroco histórico, Sarduy afirmó que la elipse (en relación con las leyes de Kepler) recae o subyace en la poética de Góngora, en las pinturas de Caravaggio o en la arquitectura de Borromini; apoyado en esta teoría de la bicentralidad de la elipse, Sarduy explicó que la realidad es transgresiva por naturaleza.» [Enciclopedia de historia y cultura del Caribe (EnCaribe)]

Su estilo está emparentado con el de Lezama Lima y Cabrera Infante. Estuvo vinculado al círculo de pensadores y escritores que hicieron la revista francesa Tel Quel y trabajó como lector en Editions du Seuil, y como redactor en la Radiotelevisión francesa. Cultivó el ensayo y la poesía brillantemente, además fue un gran narrador perteneciente al neobarroco latinoamericano.

Su primera novela Gestos (1963) ya anunciaba la ruptura que en lengua española iba suponer la segunda, De donde son los cantantes (1967), que es un divertido pastiche en el que se conjugan las tres culturas, la española, la africana y la china, que han conformado la vida en la Cuba actual.

En Cobra (1972) investigó sobre la aproximación entre Oriente y Occidente, y el tema tuvo cierta continuidad en Maitreya (1978), su obra más celebrada, con una gran mezcla de barroquismo y humorismo que se articula en torno a las variaciones del buda futuro, entendido como un iluminado.

Posteriormente publicó Colibrí (1984), un relato de huidas y venganzas, y Cocuyo (1990), quizá menos vanguardista y más transparente, aunque siempre dentro del mundo característico de Sarduy, que carece de cualquier inhibición.

También es autor de libros de poemas como Big Bang (1974) y de ensayos, entre los que destacan Escrito sobre un cuerpo (1969) y Barroco (1974).

Todas sus novelas están estructuradas y escritas bajo las ideas que Sarduy expresa en sus ensayos Escrito sobre un cuerpo (1969), Barroco (1974) y La simulación (1982): sobre todo el lenguaje como cuerpo y el cuerpo como texto, el travestismo y la riqueza expresiva de la tradición literaria latinoamericana.

Novelas

Gestos (1963) adopta una poética objetivista del nouveau roman, el estilo es muy cuidadoso con el ritmo y deliberadamente reiterativo, en consonancia con la vida de sus protagonistas, condenados a vidas monótonas y despersonalizadas.

«El protagonista no es Fidel Castro ni ninguno de sus guerrilleros de la Sierra Maestra sino “ella”, la cantante mulata anónima. Ella trabaja en La Habana, lavando ropa de día y cantando por la noche en los clubes o haciendo el papel de Antígona en la obra teatral de Sófocles, siempre acompañada de un maletín que contiene aspirinas para sus dolores de cabeza implacables... y bombas. Sin embargo, no es retratada como una heroína revolucionaria totalmente incondicional. Por mucho que esté dispuesta a arriesgar la vida colocando una bomba en la planta eléctrica principal de La Habana, y tirando clavos en la calle para interrumpir el desfile del candidato presidencial, no puede compararse con los héroes históricos Fidel Castro y Che Guevara. Por ejemplo, al finalizar los planes para hacer estallar la planta eléctrica, parece participar en el acto terrorista no tanto por su pasión revolucionaria como por la pasión por su amante blanco: “Yo que siempre he tenido tanto miedo a la electricidad. Nunca he tenido un tocadiscos por miedo a electrocutarme. Poner una bomba no es difícil. Yo pondré las que tú quieras.”

Aún después de gritar de júbilo por la entrada triunfal de las tropas revolucionarias en La Habana, ella expresa la posibilidad de que, para cualquier persona común y corriente, el trabajo diario es más importante que los cambios políticos. ¡Las siguientes palabras son las últimas de la novela!: “He perdido toda la tarde. Toda la tarde. Ni siquiera he lavado”.

Gestos es, de cierta manera, una epopeya apócrifa de la Revolución, no tanto por su énfasis en las actividades clandestinas en La Habana sino por la protagonista mulata y el coro de negros.» [Seymour Menton]

De dónde son los cantantes (1967), segunda novela de Severo Sarduy, supuso el inicio de la etapa de más plena madurez del escritor y el despliegue total de elementos y recursos expresivos que configuraron uno de los mundos más personales, creativos y poéticos de la narrativa contemporánea en lengua castellana. Como escribe Roland Barthes en el revelador ensayo que precede a modo de prólogo, a la presente edición: «Cubanas, chinas, españolas, católicas, drogadas, teatrales, paganas, circulando desde las carabelas a los self-services y de un sexo a otro, las criaturas de Sarduy van y vienen a través de un cristal de un parloteo depurado que le pasan al autor, demostrando así que no hay tal cristal , que no hay nada que ver detrás del lenguaje. El texto de Severo Sarduy posee todos los adjetivos que forman el léxico del valor literario: es un texto brillante, ágil, sensible, divertido, inventivo, sorprendente y sin embargo claro, y hasta cultural, y constantemente afectuoso».

La novela presenta una estructura tripartita (tres fábulas); en cada una de estas partes intervienen tres personajes que van desenrollando tres aspectos de la cultura cubana (lo africano, lo chino y lo español) hasta conseguir mostrar una visión de La Habana disgregada a nivel identitario. El texto también incluye un poema que funciona como epitafio y diez escenas dramáticas en verso. Severo Sarduy afirmó sobre esta obra que había intentado hacer un "colage hacia adentro". El estilo y tono de esta novela es fuertemente paródico, carnavalesco, abundan los neobarroquismos y la subversión permanente del lenguaje.

«En De donde son los cantantes Sarduy renunció a muchos de los recursos de la novela, no ya la tradicional, sino también la de vanguardia –entre nosotros la del Boom–. De donde son los cantantes no tiene personajes que podamos reconocer como tales, aun si pensamos en los de Proust, Joyce o Faulkner, y todos los latinoamericanos que le preceden o fueron sus contemporáneos. Los personajes de Sarduy carecen de rasgos propios que nos recuerden a personas vivas; son producto de combinatorias lingüísticas del estilo “auxilio-socorro” o juegos de palabras, como los que rodean el nombre de Cobra. Son como pronombres; no tienen personalidad ni mucho menos interioridad o psicología. No se expresan de forma ni remotamente normal, en un lenguaje vulgar o culto, pero familiar e inteligible y típico de una clase social o grupo. Hablan, se comunican, a veces chillan, en frases hechas y lugares comunes, algunos tomados de la publicidad, o los medios en general y también de la literatura.

La franja cultural que Sarduy dignifica, en la que actúan sus personajes, es la de una chusmería (vulgaridad) en que todas las fuentes tradicionales de cualquier cultura que provengan han sido transformadas para crear una síntesis de un mal gusto provocador y programático. Los personajes sarduyanos carecen de familia, no hay padres, madres, hermanos; no hay generaciones de Buendías. La sucesión se logra mediante el aditamento improvisado al grupo de nuevos individuos, ya sea al teatro lírico de muñecas, a un sanatorio de enfermos de SIDA, a un emporio de lucha libre, a una procesión o comparsa. No conozco un proceso de deshumanización más radical en la literatura moderna o del pasado reciente o clásico (como no sea las Soledades de Góngora).» [Roberto González Echevarría]

Cobra (1972), ganadora del Premio Médicis. El argumento sufre un constante proceso de disgregación en el cual los personajes, empezando por el mismo Cobra, el protagonista, transmutan continuamente, nunca acaban de definirse. Las conexiones metaficcionales entre el novelista, su obra y el propio lector son por momentos más interesantes a este último que la propia historia.

«Ejemplo máximo de barroquismo, Cobra exagera hasta el infinito el artificio del lenguaje. Desdoblamiento de los personajes, escamoteo de sus identidades, ruptura de la voz narradora y de la instancia de la enunciación, problematización de los elementos constitutivos del relato –categorías de espacio, tiempo, causas y consecuencias, jerarquización de sucesos- interpolaciones, repeticiones de fragmentos son algunas de las estrategias textuales utilizadas con esta finalidad. [...]

Descomponer un orden para recrear la realidad componiendo un nuevo desorden a través de la elipsis y la digresión, el lenguaje barroco, lenguaje del descentramiento y la revolución, se ilumina a sí mismo para poner en evidencia la falsa totalidad de las representaciones modernas.» [Sonia Alejandra Bertón]

Maitreya (1978). «El logocentrismo de la sociedad occidental ha sido una constante durante siglos, y aún en algunos casos sigue siendo motor de pensamiento. Sarduy, un exiliado de Cuba, pero sobretodo un exiliado de América Latina, se cuestiona  en torno a éste, y lo hace a partir de las “verdades” acerca del cosmos, en las cuales  sus reflexiones poseen una metódica elaboración al plantear la “maqueta del universo” que pretenden elaborar físicos y astrofísicos.

El Barroco, que es el descentramiento de la realidad por esencia, será la respuesta a la teoría elíptica de Kepler, la realidad deformada, o más bien deconstruida es la base para avanzar hacia la múltiple significación y la  teoría de Deconstrucción de Derrida encuentra en Sarduy un nuevo defensor, que verá también en este “espejo de realidad” múltiples formas.

En Maitreya el diálogo es aglutinador, el discurso envuelve a la cultura china,  la cultura cubana,  incluyendo además la cultura pop de Estados Unidos. La alusión al buda, a la comida cubana, y la analogía “yanqui” van construyendo un texto polifónico que construye una dimensión atemporal, que mezcla, parodia y superpone diferentes estratos, Provocando constantemente un cuestionamiento en el lector: ¿Qué sucede en la historia?

La propuesta “Sarduyana” apuntará especialmente a ver en el Barroco, la parodia o carnavalización de la realidad. El texto se constituirá sobre la base de otro, y la relación intertextual será inherente a todo texto, y por sobre todo al ahora texto neobarroco.» [Marina Fierro Concha]

Colibrí (1983), una novela que inscribe en su escritura el tema de la crisis del sujeto entendido como identidad acabada, fija y estable.

«El personaje central de Colibrí es el artificio de la escritura. Muchos de los subtítulos de la novela son retratos de la escritura: la "mona blanca" es la página en blanco, el vacío que subyace bajo el disfraz de la escritura; el "regreso al país natal" es la imposibilidad de liberar a las palabras del espectáculo cerrado de la escritura. Las constantes alusiones metaliterarias en el uso de palabras como "parodias", "hipérboles", "ergo", "sic", "sílaba"; en la mención de otras escrituras (la Biblia, el periódico); y en la cita deformada de otras obras literarias, refranes y letras de canciones crea un juego de espejos o mise en abime típicamente (neo)barroca. La cita "original" sufre una violentación al ser traducida a un nuevo contexto.

En Colibrí asistimos a una hiperbólica teatralización de la escritura. Las palabras quedan inscritas en un espacio de escenificación cerrada, El espectáculo de la palabra escrita se desenvuelve en el texto con comienzo y fin. Los personajes son cuerpos verbales arbitrarios que actúan en diferentes escenarios lingüísticos artificiales (la selva, las calles, el estudio artístico) y en escenarios dentro de otros escenarios (el proscenio en la casona, el barco en la selva, el mostrador en la ciudad) que se contradicen mutuamente.» [Verónica Grossi]

Cocuyo (1990). Cocuyo fue la última novela de Sarduy publicada en vida. En ella se relata la historia de Cocuyo, personaje poco agraciado físicamente y de evidente ambigüedad sexual que, al sentirse rechazado por su familia, decide envenenarla en medio de un ciclón. Para no ser descubierto, ingiere una pequeña dosis de una pócima y simula ser una víctima más del crimen. A partir de aquí comienza un verdadero camino iniciático que marcará las experiencias vitales del protagonista en un mundo mágico-simbólico muy característico de la cultura cubana, en el que el lenguaje asume también un papel primordial.

Prodigioso juego verbal donde los ambientes de negreros y prostitutas, el muelle, el burdel y el hospital enmarcan la aventura de un nino que desde su inocencia inicial llega a una sabiduría parcial aportada por la experiencia.

Su obra experimental, como la de Cabrera Infante y Alejo Carpentier, ha sido minuciosamente estudiada por autores de otra generación, incluyendo entre ellos a los cubanos Leonardo Padura y Fernando Velázquez Medina cuya novela Última rumba en La Habana tiene evidentes puntos de contacto con De dónde son los cantantes o Tres tristes tigres.

Pájaros de la playa (1993). Novela póstuma. Recluidos en una isla, habitando una casona que parece ser al mismo tiempo un Hotel de lujo y un Hospital para enfermos terminales, los personajes “heridos de muerte” imaginan el pasado, el cuerpo y el fin. La enfermedad aquí es el motivo central de  la  novela,  una  enfermedad  mortal: “eran  jóvenes prematuramente  marchitados  por  la  falta  de  fuerza,  golpeados de  repente  por  el  mal”.

«Es imposible leer esta novela póstuma de Severo Sarduy, sin tener presente la circunstancia en la que éste escribió la novela. Se trata, en efecto, de la obra póstuma de Sarduy, terminada poco  antes  de  su  muerte  a  causa  del  Sida.  Este  antecedente  no debe considerarse como un elemento meramente circunstancial en relación a la escritura de esta novela y solo biográficamente significativo, porque lo que hace Sarduy aquí −esta es precisamente nuestra hipótesis de lectura− consiste en elaborar la enfermedad en su escritura, como un ensayo por hacerse sujeto de la enfermedad. Y, representada ésta como una progresiva desfuncionalización del organismo, podría pensarse también que se trata de hacerse sujeto de la catástrofe, hacerse sujeto de la des-sujeción.» [Sergio Rojas]

Poemas

Flamenco (1970)

Mood Indigo (1971)

Big Bang (1974)

Daiquiri (1980)

Un testigo fugaz y disfrazado (1985)

Ensayos

Escrito sobre un cuerpo (1969)

Barroco (1974)

La simulación (1982)

El cristo de la Rue Jacob (1987)

Nueva inestabilidad (1987)

Ensayos generales sobre el barroco (1987)