Visión de la Conquista por parte de los vencedores

(Recop.) Justo Fernández López


Desarrollo del descubrimiento de América

1492

Cristóbal Colón descubre la Española (hoy Haití y la República Dominicana)

1497

Juan Caboto explora las costas de EE UU y Canadá

1500

Álvarez Cabral explora las cosas de Brasil

1508

Juan Díaz de Solís explora la península de Yucatán (México)

1516

Ponce de León descubre Florida

1516

Vasco Núñez de Balboa descubre el Mar del Sur (Océano Pacífico)

1516

Juan Díaz de Solís descubre el Mar Dulce (Río de la Plata)

1519

Hernán Cortés sale de Cuba y parte a la conquista de México

1520

Fernando de Magallanes da la vuelta al mundo; llega al Pacífico por el estrecho que lleva su nombre

1521

Hernán Cortés conquista México

1522

Pedro de Alvarado y Conzález de Ávila conquistan la América Central

1524

Francisco Pizarro explora el litoral pacífico hasta Perún

1527

Sebastián Caboto se interna en el Río de la Plata hasta Paraguay

1528

Álvar Núñez Cabeza de Vaca va en EEUU de Florida a California

1530

Federmann, agente de los banqueros Welser, penetra en Venezuela

1531

Diego de Ordás remonta el Orinoco

1532

Francisco Pizarro y Diego de Almagro conquistan el Perú de los incas

1541

Francisco de Orellana recorre el Amazonas río abajo

1542

Hernando de Soto descubre el Mississipí

1543

Pedro de Valdivia emprende la conquista de Chile que no acabó Almagro

1543

Diego de Rojas y Francisco de Mendoza bajan del Perú a Argentina

1547

Martínez de Irala sube de Argentina al Perú

1580

Juan de Garay funda de nuevo Buenos Aires, destruida por los indios

A mediados del siglo XVI, la dominación española se extiende por todo el continente, excepto el norte descubierto y poblado por los franceses y del Brasil otorgado a Portugal por el Tratado de Tordesillas del 1494.

Los hombres que llegan al Nuevo Mundo estaban inspirados por las fuerzas espirituales del Renacimiento. Pero los conquistadores son en realidad ciudadanos de una España que con los Reyes Católicos acaba de alcanzar su unidad territorial y religiosa frente a los árabes; una España que entra en el Renacimiento apenas salida de la Edad Media. Venían de una España, donde el Rencimiento no había abandonado aún su legado medieval.

Eran hombres rudos, duros, impulsados a la acción más que a la contemplación, hombres que tenían a sus espaldas la reciente tradición de lucha contra los árabes. Los Reyes Católicos acaban de conquistar el reino de Granada y con ello dan fin a la Reconquista peninsular. Lo último que vieron en sus patrias debió de ser catedrales góticas. Al leer sus crónicas tenemos la impresión de estar leyendo contemporáneos del Gótico, más que a contemporános del Renacimiento. Su visión de la realidad está llena de emoción anticonvencional y admiración ante lo maravilloso.

En sus crónicas, las anécdotas reales andan por un lado y los símbolos cristianos por otro. Todo parece más bien una conversación humana. Les falta a sus crónicas unidad y congruencia, el orgullo literario y artístico del Renacimiento. Casi sin educación, escribían lo que creían o habían visto, llenos de una emoción a veces ingenua. Sin duda tenían un extraordinario temple viril y se abrieron paso por montañas, ríos, selvas y mares desconocidos y en todas partes levantaron los pilares para que se asentara el Reino de España recién reconquistado a los árabes.

De sus expediciones surgieron los cronistas: soldados y misioneros, portadores de la espada y la cruz, conscientes de la importancia que sus hazañas tenían para la reción unificada España de los Reyes Católicos y del emperador Carlos V más tarde. Escribían lo vivido y el placer de contar solía mejorarles la prosa inculta. La mayoría de ellos descubrió en América su vocación de escribir, y lo hicieron en una lengua bastante unificada, pero repentista, turbia y gruasa, más teñida del Gótico que del Renacimiento.

Los conquistadores eran lectores de libros de caballería, lectura favorita desde finales del siglo XV y primeros del XVI. Esos relatos de caballeros andantes en tierras lejanas y encantadas exaltaron la imaginación de los conquistadores en una época en la que todo libro impreso tenía el prestigio de la verdad, y movieron sus ánimos a empresas heroicas, con la esperanza de encontrar maravillas, tesoros, aventuras. La influencia de estas novelas se refleja de forma sutil, pero los cronistas no las citaban porque los moralistas del siglo XVI protestaban contra estas historias mentidas y en las “relaciones de servicios” no hubiera convenido apoar la propia crónica en una base prohibida. “Todos nos quedamos asombrados y dijimos que esas torres, templos, lagos, se parecían a los encantamientos de que habla Amadís” (Bernal Díaz del Castillo).

Bernal Díaz del Castillao es el único que hace alusión a los libros de caballería. Aquellos hombres que llegaron a América leían, sí, el Amadís. Del segundo ramo de los Amadises salió la toponimia americana:

California

nombre de la isla de las amazonas negras de las Sergas de Esplandián.

Patagonia

nombre que en Primaleón designaba a un monstruo con planta de hombre y rostro perruno.

Amazonas

a la búsqueda del País de la Canela, los españoles creyeron encontrarse en el país de las amazonas, mujeres que vivían allí apartadas de los hombres.

Muchas leyendas animaron y encendieron el ánimo de los españoles, como la búsqueda de El Dorado (Colombia), la Fuente de la Juventud, la Sierra de Plata, el País de la Canela (Amazonas).

La visión de la Conquista por parte de los vencedores

Lo primero que llama la atención al examinar el desarrollo de la prosa en los virreinatos de ultramar es la casi total ausencia de producción novelística. A este hecho se han dado diversas explicaciones. Por un lado, cabe citar las disposiciones legales del emperador Carlos V (dos en el breve lapso de 1532 a 1543), prohibiendo la redacción, pubicación y circulación de las obras de imaginación pura (libros de romance y materias profanas y fabulosas, así como libros de Amadís, libros de caballerías). Se temía que los indígenas, tan dados a la fantasía, pudieran tomar por reales las ficciones de las novelas, en especial las de caballerías y terminaran haciendo lo que don Quijote. Además, la precaria actividad editorial en América no facilitaba la edición y distribución de los libros.

No debe olvidarse tampoco que la censura y la Inquisición aparecieron muy pronto en el Nuevo Mundo. La situación de enfrentamiento religioso que vivía Europa influyó necesariamente en las colonias, y que España, convertida en bastión de la Iglesia Romana contra el luteranismo, trató por todos los medios que la semilla de la disidencia no llegar a América. Por ello, la censura de los libros de toda índole era sumamente cuidadosa y estricta.

De este modo será en las Crónicas de la Conquista y colonización donde se encuentren las más importantes manifestaciones de la prosa colonial. Hay que tener en cuenta la configuración ideológica de los cronistas, los mitas que ponen en circulación, el estilo, etc., sobre todo los cronistas más importantes como Bernal Díaz del Castillo, Fernández de Oviedo, Bartolomé de Las Casas y el Inca Garcilaso de la Vega.

Otras de las razones por las que en América no hubo literatura de ficción durante el periodo colonial es la poca necesidad que tenían los españoles de inventar aventuras y ficciones, cuando en la realidad estaban viviendo unas hazañas y hechos que superaban a toda fantasía; la realidad era más maravillosa que la pura ficción caballeresca del Viejo Mundo.

Crónica de Indias

Las Crónicas de Indias son narraciones de acontecimientos históricos ordenados cronológicamente, que dedican amplio espacio a circunstancias geográficas, etnográficas, bélicas y científicas relacionadas con el Nuevo Mundo. Su finalidad es eminentemente práctica: el acercamiento a todo lo referente a los indios es un paso para concerles mejor y facilitar su evangelización.

La suma curiosidad y avidez que despertaba el Nuevo Mundo entre los lectores europeos explica la gran profusión del género. Su variedad, por otra parte, se comprende por la diversidad social y cultural de sus autores (soldados, viajeros, clérigos, escritores profesionales).

Cabe distinguir tres principales familias de crónicas. La primera es la debida al propio protagonista de los hechos, el conquistador, que en su ocasional calidad de escritor suele relatar o evocar su experiencia en una prosa desaliñada y viva, expresión del habla y la mentalidad populares. En las antípodas del soldado-escritor se sitúa el historiador-huanista, nutrido en el estilo y el enfoque aristocrático (criterio selectivo, organización del relato en torno a la figura del héroe) propios de los autores clásicos latinos. Por último, se halla la categoría de los eclesiásticos, quienes aportan a la historiografía de Indias la discusión teológica y moral y los primeros sondeos científicos aplicados al estudio de la lengua y la cuotura precolombina (como por ejemplo, los debidos a Bernardino de Sahagún).

En el desarrollo de la historia indiana cabe distinguir una primera fase, a cargo de los principales actores de los sucesos. Se abre esta con el Diario y las Cartas de los cuatro viajes, obra del propio Colón. Poco a poco surgen, por una parte, la historia de la evangelización, preferentemente eclesiástica, y, por otra, las crónicas particulares y regionales, muchas de ellas escritas a base de recuerdos.

Algunas crónicas abarcan amplias zonas geográficas. Figuran entre ellas las obras de Pedro Mártir de Angelría, Gonzalo Fernández de Oviedo, Fray Bartolomé de las Casas, Girolamo Benzoni, Juan Ginés de Sepúlveda, Francisco López Gómara, etc.

Para México destacan las relaciones de Cortés; la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo; la Crónica de la Nueva España, de Francisco Cervantes de Salazar. A estos textos hay que añadir otros en lengua náhuatl o castellana. En la copiosa nómina de los peruanistas destacan De la chrónica del Perú (1553), de Pedro Cieza de Leßon, y los Comentarios Reales y la Historia General del Inca Garcilaso. 

Hay diversos tipos de crónica, como bien señala Esteve Barba (1964):

a)

La crónica escrita por un autor espontáneo que no es el cronista oficial. Por ejemplo, Bernal Díaz del Castillo, cuya crónica se considera como la más interesante de todas las crónicas de la Conquista.

b)

Cronistas humanistas, cuyo autor suele ser un intelectual renacentista de vasta preparación cultural. Siguen el esquema de la crónica greco-latina. Por ejemplo, las Décadas de Orbo Novo, escritas en latín por Pedro Mártir de Anglería, famoso humanista de la corte de los Reyes Católicos.

c)

Crónicas eclesiásticas escritas por misioneros, frailes y predicadores. Había una bula papal anatematizando a los que ocultaran noticias sobre las verdaderas circunstancias del descubrimiento y conquista de América. En este grupo entran algunas obras de denuncia de abusos de conquistadores y encomenderos. Por ejmplo, el padre Bartolomé de Las Casas, o el franciscano fray Toribio de Benavente, que adoptó el nombre náhuatl de Motolinía que significa 'el que es pobre'.

d)

Los cronistas indígenas son poco numerosos. El autor es un indio de elevado nivel cultural, que escribe siguiendo el modelo de los cronistas peninsulares.

e)

Entre los cronistas mestizos, el autor participa de la cultura indígena y de la española. Es el caso de la más valiosa crónica desde el punto de vista literario: Comentarios reales y la Historia general del Perú, del Inca Garcilaso de la Vega.

f)

Hay también otro tipo de escritores que, sin aspirar al título de cronista, pretenden narrar de manera objetiva algunos aspectos de lo ocurrido en América. Por ejemplo, las Cinco Cartas de Relación de Hernán Cortés a Carlos V, dándole cuenta de la conquista de la Nueva España; o el Diario del primer viaje de Cristóbal Colón.

Junto a los conquistadores-pícaros estaban los conquistadores-caballeros andantes. Las obras de caballería fueron perdiendo poco a poco su fascinación; Cervantes con el Quijote las pone en ridículo y les hace la crítica definitiva. Pero algunos de los conquistadores seguían teniendo algo de Quijotes con su aturdida oscilación entre realidad y fantasía, capaces de abnegación y de crueldad al mismo tiempo. Alguno de los conquistadores nos parece en verdad un Quijote.

Con motivo de la visita hecha al Consejo de Indias por Juan de Ovando, y como resultado de la preocupación real por recabar información indiana, fue creado en 1571, en la figura de Jual López Velasco, el cargo oficial de cronista mayor, inicialmente fundido con el de cosmógrafo. Ambos oficios reales fueron después desglosados, y Antonio de Herrera, desde 1596, fue en rigor el primer cronista mayor, con encargo oficial de redactar la historia de Indias.

En 1744 la Real Academia de la Historia recibió de Felipe V la concesión a perpetuidad de todos los cargos de cronista que quedaron vacantes, incluso del de Indias. Por último, la historiografía indiana amplió su temática, en el siglo XVIII, con los relatos de viajeros y economistas, y tomó nuevo impulso, a comienzos de la siguiente centuria, con los libros de memorias y los diarios de la guerra de la Independencia americana.