EL FLAMENCO Y EL JAZZ

Análisis comparativo

© Justo Fernández López


 

El flamenco y el jazz - análisis comparativo

 

En el Jazz hay que pensar, en el flamenco no.

[Paco de Lucía]

La música que no tiene sonidos negros no tiene pellizco.

[Manuel Torre]

El flamenco, el blues o el jazz hay que verlo. Cuando lo sientes entonces lo ves.

Si no tienes la suerte de tener ese ojo que ve eso, que es el tercer ojo del alma, no te enteras.

[Manuel Molino]

 

«Analizando la estructura global del flamenco y del jazz, nos damos cuenta de que no sólo coinciden en sus bases socio-culturales, sino también cronológicamente en las etapas fundamentales de su historia.

 

 Jazz

 Flamenco

1900-1920

Principios

(new-orleans) 

1780-1860 

Principios

1920-1935

Era del jazz

(Orquestas Swing) 

1860-1920

Cafés cantantes 

Fin años 30

Dixieland revival 

1922 

Concurso del Cante Jondo de Granada

 1940-1955

Bebop 

1925-años 50

Época teatral 

 

Principios:

Tanto gitanos como negros salen de un periodo trágico de su historia marcado por persecuciones y menosprecio, y si todavía no se les acepta, por lo menos se les tolera.

Con la llegada de los negros a Nueva Orleans llega el blues. Y con la obligación para los criollos de color de mezclarse a la minoría, empieza el proceso de síntesis de sus respectivas cultura, tradiciones y músicas, desembocando en la creación del estilo new-orleans.

Al igual que el blues, el flamenco sale, con los gitanos, del anonimato y se va mezclando su repertorio primitivo, creando una síntesis entre el arte que traen los gitanos y la música popular andaluza de la época. [...]

Estas dos músicas van penetrando diversas capas sociales, aunque siendo todavía más bien populares. Poco a poco se empieza a llamar a gitanos y negros repectivamente para animal fiestas; el flamenco normaliza su situación dentro del pueblo andaluz, y el jazz se va introduciendo en la cultura americana.

Estas condiciones favorables son reforzadas por dos guerras. Al jazz, la Primer Guerra Mundial [1914-1918] le ayudó a salir de las propias fronteras americanas, lo que concierne al flamenco, la Guerra de la Independencia [1808-1814] contra los franceses y el interés creciente por el Romancero y el Cancionero le ayudaron a implantarse definitivamente en la cultura andaluza.

Estos dos fenómenos paralelos y similares hicieron madurar estos dos músicas y desembarcaron en un periodo de éxico incomparable: la Era del jazz y la de los Cafés Cantantes.

La Era del jazz está marcara por los movimientos sociales que nacieron a raíz de la Primera Guerra Mundial. De un lado aparecen muchos grupos blancos por reacción a la ideología conservadora de la clase blanca; y de otra, la voluntad de los negros para salir definitivamente de su estado de servidumbre se caracteriza por una migración masiva hacia las grandes ciudades del norte, y también por la aparición de una nueva generación de músicos negros provenientes de los conservatorios del país reservados a músicos de color.

Los Cafés Cantantes cristalizaron el profesionalismo e intensificaron al máximo el intercambio entre los cantes gitanos y los populares andaluces. Se inició así una estrecha convivencia entre gitanos y andaluces. Con estes hecho aparecieron una cantidad de artistas no-gitanos. [...] También coinciden la Era del jazz y los Cafés Cantantes en la aparición de las primeras grandes figuras blancas y no-gitanas. Para el jazz, Bix Beiderbecke, y para el flamenco, Silverio Franconetti.

Dixieland revival y Concurso del Cante Jondo:

Al Era del jazz con si final en grandes orquestas swing hizo de esta música algo popular, esto desencadenó una reacción de retroceso por parte de los aficionados. [...] En lo concerniente al flamenco, los intelectuales y críticos también pensaron que lo antiguo era mejor, y que los Cafés y el profesionalismo eran responsables de la progresiva decadencia del arte gitano-andaluz. Manuel de Falla escribiír: "El vulgo de los españoles se aparta con desprecio del Cante, como de algo pecaminoso y emponzoñado. Y es esta actitud de perversión estética por lo que prefiere la cupletista al cantaor, con lo que, de seguir así, al cabo de pocos años no habrá quien cante, y el Cante jondo morirá". [...]

Tanto los responsbles del Dixieland revival como los del Primer Concurso Nacional de Cante Jondo [1922] pensaron que "todo tiiempo pasado fue mejor" y que sus respectivos artes se encontraban entre el pueblo y no entre profesionales.

Ambos movimientos fueron forzados y poco espontáneos. [...] Los dos grupos, cada uno por su lado, fracasaron y no consiguieron, siquiera, entorpecer el futuro ya en marcha.

Bebob y Época Teatral:

Así pues, el flamenco llegó tranquilamante al periodo más criticado de su historia, mientras que, siguiendo más o menos los mismos pasos, el jazz llegó al periodo más excitante de la suya. Tanto la Época Teatral como el bebop fueron muy criticados en su comienzo. [...]

La música de la Época Teatral absorbió a una cantidad de artistas únicamente por razones económicas y no por razones artísticas. [...] Al revés, el bebop no era rentable, pero se dirigía a los jóvenes. No fue sólo un cambio musical, sino también un cambio social. [...] Antes de Charlie Parker, el jazz se escuchaba en salones de baile como música para bailar. Con su llegada, el jazz se desplazó desde los grandes espacios de las salas de baila hacia el conjunto más íntimo; ya no se bailaba, sino que se escuchaba, y por primera vez era tomado en serio como género de música.

El flamenco, al contrario, aceptó representar en los escenarios su propia caricatura.

Es aquí donde los caminos evolutivos de jazz y del flamenco se separan definitivamente. Después del bebop, el jazz ha evolucionado, ha conocido otras grandes épocas - cool, modern jazz y free-jazz - y se puede decir que hoy sigue avanzando y enriqueciéndose. Tal vez no tan rápidamente como al principio de su historia, pero sigue adelante.

El flamenco, después de la Época Teatral, ha dado un paso atrás, volviendo a lo que era a finales del siglo XIX, a una forma no muy lejana de su época de los Cafés Cantantes.

El Cante parece haberse parado y cerrado sobre sí mismo como una concha en los años 50. [...] El jazz consigue adaptarse a los grandes escenarios y a los clubes; mantiene sus características en cualquier tipo de manifestación, mientras que el flamenco sólo se siente a gusto en las reuniones familiares o en los tablaos; no consigue llevar su ambiente emocional a los grandes teatros.

A la universalización de jazz se opone la introversión del flamenco.»

[Herrero, Germán, o. cit., p. 109 ss.]

«Entre las dos músicas se puede establecer un claro paralelismo de contextos sociológicos, a partir de que son pueblos transplantados a territorios distantes de su lugar de procedencia. Ambas prehistorias se encuentran muy poco documentadas, en parte porque su transmisión es anónima y no poseen memoria escrita; el flamenco y el jazz comenzaron como especies de autoterapia, no tuvieron su origen para el público ni fueron determinados por él. la música era su más importante forma cultural y en aquellos momentos era germen de una materia viva, capaz de crecer y multiplicarse, capaz de evolucionar.

El mestizaje está en el origen, como casi siempre. El mestizaje hace posible el blues (posteriormente el jazz) y el flamenco; además de los paralelismos en las coordenadas sociales, se pueden encontrar otras correspondencias espacio-temporales en los nacimientos del jazz y el flamenco: el tiempo de origen, aproximadamente a comienzos del siglo XIX; el clima y el marco geográfico, las llanuras del bajo Missisipi y del bajo Guadalquivir, ambos ríos navegables; su nacimiento tiene lugar en ciudades portuarias como Nueva Orleans y Cádiz y Sevilla... Entre los recursos expresivos, ambos extraños a la tradición musical de Occidente, existen también algunos acercamientos, ni siquiera resulta alocado enlazar el baile flamenco y el top dancing jazzístico, el zapateado y el claqué. Tiene lugar la identificación con la audiencia en pequeños escenarios de tableros y clubes, se produce el duende/feeling y el oyente tiende a expresarse con un olé/yeah.

Sin embargo, en los años 50, mientras en el jazz se produce la universalización, en el flamenco tiene lugar una introversión. El be-bop supondría una evolución que no cesa, el jazz siempre renovado; en cambio, en el flamenco se promueven investigaciones, compilaciones, la vuelta a los orígenes... El jazz gozó de aceptación mundial, lo americano estaba de moda y el interés por la cultura negra también; por contra, España se abotonaba del exterior tras la guerra civil. El jazz posee un espíritu de evolución, siempre buscando nuevas formas; el flamenco tiene temor a evolucionar, se encuentra en avanzado estado de fosilización: las variantes estilísticas se encuentran congeladas desde hace 60 años, inamovibles.» [Productos étnicos y válvulas de escape]

 

Diferencia ideológica entre negros y gitanos

 

«Desde el primer momento, el negro ha reivindicado sus derechos y, su historia lo demuestra, ha tratado siempre de mejorar su condición social, luchando por su libertad, con las posibilidades a su alcance, una de éstas fue la música. El negro ha reaccionado con agresividad frente a la opresión y al menosprecio, tratando de integrarse en la sociedad norteamericana, luchando por sus derechos con afán, y se puede decir que lo ha conseguido en una larga medida.

El gitano, al contrario, parece no desear su integración en la sociedad española, convivir sí, pero con límites. Frente a la desgracia parece plegarse y aceptarla; este hecho aparece en la copla flamenca, donde nunca se habla de rebelión. Parece consumir su condición de paria con indiferencia. [...] Hay que saber que la estructura social gitana sigue siendo tribal, arcaica y conservadora. [...]

El Cante tiene la reputación de ser hermético para el que no ha sido iniciado. [...] Este hermetismo que caracteriza también la sociedad conservadora gitana, es una de las aportaciones del pueblo gitano al flamenco, quien a su vez se cierra no sólo a extranjeros sino también a españoles no andaluces. Este fenómeno ha creado un nacionalismo que ha llevado a gitanos y andaluces a reivindicar la paternidad del Cante, cada uno por su lado. Por una parte, el andaluz piensa que el único hecho de ser andaluz le permite entender y saber de flamenco, y por supuesto, el Cante es inaccesible a todo no-andaluz. Por otra, el gitano piensa que el flamenco es genuinamente un arte gitano, y que todo no-gitano es incapaz de entenderlo. [...]

De lo único que no cabe la menor duda es de que el grado de verdad del cante o del baile depende del grado de verdad de quien lo ejecute, como se ha repetido tantas veces, lo que a la larga define el flamenco auténtico es la autenticidad flamenca del intérprete.

El fenómeno nacionalista existe también en el jazz, el negro piensa que el jazz le pertenece y que sólo él es capaz de tocarlo como tiene que ser. Pero desde principios del siglo XX el jazz ya no es una música del sur de loa EE.UU., es una música popular en todo el país y se encuentran profesionales, aficionados y especialistas en cualquier ciudad importante; además, la llegada de músicos europeos ha minimizado bastante la imagen del jazz como una música puramente negra. [...]

Otra diferencia esencial, es que el jazz ha estado siempre en estrecha relación con los movimientos sociales engendrados por los negros, pero también con los cambios sociales generales promovidos por blancos y gente de color. [...]

El flamenco, con todo su contenido de quejas hacia la sociedad, nunca incita a la rebelión y nunca ha estado ligado, salvo en 1898, a la rebelión de mineros, a cualquier tipo de movimiento o manifestación social importante.»

[Herrero, Germán: De Jerez a Nueva Orleáns. Análisis comparativo del flamenco y del jazz. Granada: Editorial Don Quijote, 1991, pp. 117-120]